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Observatorio Antitiranía: 6, el colonialismo se desborda en muerte

Para Obama, Nigeria merece Boko Haram, pues no abraza su gnosticismo

Imagen terrible de las masacres de Boko Haram. Ante esto, el tirano Obama prefiere aprovecharse para obligar a Nigeria a aceptar la perversión

Imagen terrible de las masacres de Boko Haram. Ante esto, el tirano Obama prefiere aprovecharse para obligar a Nigeria a aceptar la perversión

En 1953, Mario Briceño Iragorry, el más importante intelectual venezolano, después de Andrés Bello, escribía su Aviso a los Navegantes. En él, incluía un capítulo-mini ensayo, al que llamó Control de la vida y de la muerte. Describe los métodos colonialistas y su asociación a la industria de la muerte y la anti vida, por la contracepción, el aborto y la guerra. Él asistió a la III Asamblea General de la Liga Unión Internacional para la Protección de la Naturaleza (oh, mi Dios, cómo hemos progresado: a los estúpidos no se le ha ocurrido ni una idea nueva), celebrada en Caracas. El delegado gringo, señor Vogt, dijo que había que promover aborto y contracepción, porque “en el mundo sobra la mitad de la actual población humana, a causa del analfabetismo, la desnutrición y la falta de higiene con que se resuelve su vida” (comentario: Ibíd., ver el anterior paréntesis). Don Mario se revuelve ante la perfidia de los maltusianos, pero la empareja con el guerrerismo, con la promoción de la industria de las armas, introducida en el mundo entero por el colonialismo y practicada efectivamente por los imperios. ¡Bien harían en fomentar educación, nutrición y salud, en lugar de la guerra! El colonialismo se usa, exactamente, para aumentar la industria guerrera, pero también para ubicar los productos comerciales de los poderosos, a la manera de la India y las guerras del Opio, en China. Necesitan mano de obra a precios irrisorios, que les proveen los lambucios países conquistados, como hoy lo hacen esos países asiáticos de la mano de obra esclava. En los 50, Vietnam daba a Estados Unidos el 80% del caucho que necesitaba y el 52 del estaño. Y Estados Unidos paga con las plagas denunciadas por Vogt y con la muerte de sus políticas poblacionales. Y se justifican con las mentiras de la falta de pan, los desequilibrios ambientales y la superpoblación. Los médicos que preservan la vida, son enemigos de la humanidad; quizás por eso es que hoy los quieran obligar a ser agentes de la muerte, forzándolos a practicar abortos y eutanasia. En realidad, todo es un problema de egoísmo, como lo prueban los desechos de alimentos, para mantener precios altos, como lo prueba que hoy tenemos capacidad instalada para producir alimentos para varias veces la población mundial actual (¿qué podríamos decir de la de hace 60 años, cuando la población del mundo era la mitad de la actual?). Para ver hasta qué punto la cháchara maltusiana es falsa, léase, además de El Principito, este artículo: Bernardo Kliksberg, Director del Fondo España-PNUD/ONU, Algo debe cambiar urgente, El Universal, periódico venezolano de circulación nacional diaria, del 21-10-2.009 (http://www.eluniversal.com/2009/10/21/opi_art_algo-debe-cambiar-ur_1619175). Lo que ha cambiado desde el Aviso de Don Mario hasta aquí es que la revolución ha avanzado y, por tanto, ha hecho mucho más obvia su naturaleza depravada… Es así como Barack Obama, el “cristiano” gobierno de Malta, etc. Quieren obligar a poblaciones enteras, de gente en grave peligro, en oportunidades, a aceptar la perversión, dejando a toda persona decente asqueada ante el desafuero. He aquí otra serie de denuncias del Observatorio que está hecho para que despiertes ante el hecho cierto de que hay una tiranía, que es totalitaria y mundial. Aquí van.

Contenido

En Nigeria, ataca Boko Haram, pero la plaga son Obama y Angela, Cameron y Hollande

Boko Haram II: la amenza del ISIS y su alianza con los africanos

El UNFPA ataca de nuevo: los niños tienen, a según, derecho al sexo, a la sodomía, las drogas, la prostitución y el aborto para reducir la población

China: la política del hijo único y los abortos forzosos no ha cesado, no ha amainado

Apple, como Mozila o los productores de Superman, practica políticas “liberales”, tolerantes, en sus políticas de contratación de asesores externos

Malta amenaza a papás que no estén en línea con la tolerancia: están multados, si no dejan que corrompan a sus hijos. Como Alemania

Otra de Obama, en línea con la UNICEF: le dice a institutos religiosos de asistencia a refugiados que tienen que referir a los niños que entren al país a centros de aborto

 


 

En Nigeria, ataca Boko Haram, pero la plaga son Obama y Angela, Cameron y Hollande

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Bruen y el derecho post-nietzscheano

6 ilegitimidades jurisprudenciales gringas acaban con la racionalidad en el mundo entero

Racist Margaret. En nombre de su odio, la emprendió contra la moral, para destruir la sociedad, corrompiendo a la mujer. A engendros como éste es que Kasper y compañía quieren que la Iglesia de Jesucristo dé su aprobación

Racist Margaret. En nombre de su odio, la emprendió contra la moral, para destruir la sociedad, corrompiendo a la mujer. A engendros como éste es que Kasper y compañía quieren que la Iglesia de Jesucristo dé su aprobación

Hace unos días, tuve una discusión de ésas… una discusión de las que te arrancan el corazón. No era la primera vez que un estudiante llegaba a los extremos a los que llegaron estos hijitos míos, nada por el estilo, pero, por primera vez, me di cuenta de hasta dónde llega la hecatombe revolucionaria. De unas premisas, se sigue válidamente la conclusión correspondiente sólo si ésa es mi verdad. Dos más dos es igual a cuatro, sólo si ésa es mi verdad. Si no hay verdad, si no hay orden, si no lo podemos conocer, se impone lo que a cada quien le parezca, lo que le dé la gana, sólo si ésa es mi verdad. No ha quedado parado nada ante el ataque revolucionario, no ha quedado en pie la lógica. No hay un concepto, una intención mental, una dignidad: el principio de no contradicción es verdadero, si ésa es mi verdad, es principio si es mi verdad, es el primer principio absolutamente ineludible para decir lo que sea, para pronunciar, siquiera mentalmente, una palabra, ¡¡¡sólo si ésa es mi verdad!!! Ésos, los enemigos, los demonios, han logrado el éxito más apabullante que hubiera podido soñar un Diderot, un Marx, un Nietzsche. Dios no puede hacer lo contradictorio (Contra Gentiles, I, 84), pero los revolucionarios, los antropoteístas pueden más: ellos pueden negar el principio, contradecirse, etc.: ¿no es eso lo que pide la ortopraxis de Marx? Por supuesto, esto requeriría un libro entero para explicarlo, pero, en términos sencillos: ellos no incurren en contradicción estricta, eso es imposible; y Dios no hace lo contradictorio, porque eso repugna al ser y la perfección, por lo que repugna a Dios, como el mal. Lo que importa, no obstante, es que la gente ha llegado a tal nivel, que ya nadie es capaz de ver este tremendo escamoteo y su peligro imponente.

James Bruen[i], un abogado escritor, compañero del gran Michel Jones en Culture Wars Magazine, hace una exposición fantástica, fuera de serie, del modo en que la revolución aplicó estos principios, desde la Corte Suprema de los Estados Unidos, como ya había confesado el guerrero cultural Leo Pfeffer, jactándose de la paliza que los revolucionarios habían dado a la Iglesia Católica, para imponer el mal al mundo entero, desde el poder y la influencia y el dinero gringo. No se engañen, hermanitos, que no los ofusque la envidia, la revolución se impuso en Estados Unidos y… de gringolandia, para el mundo…

Bruen comienza por describir de manera que un chiquito pueda entender lo que es el escepticismo, el postmodernismo, el nietzscheanismo. “Es un modo de pensar que ha llegado a ser general en el Occidente. De acuerdo con el postmodernismo, nosotros creamos nuestra propia realidad; no hay verdad”.

Nuestro intelecto vive por la realidad. Nosotros, como personas, seres conscientes, vivimos por la realidad, pues somos conscientes por el intelecto, él es nuestro rasgo más esencial. La realidad, en cuanto inteligible, es la luz del intelecto y la fuente de su estructura: por eso, el arte imita a la naturaleza: la realidad es una estructura de imponente consistencia, ella nos enseña el principio de no contradicción, el del tercero excluido; el del que el todo es mayor que las partes; todo efecto se sigue de una causa, la causa es anterior al efecto; la proporcionalidad entre fines y medios; la razón del medio procede, depende, de la razón del fin; causa y efecto son proporcionados; lo bueno es lo apetecible, lo bello lo deleitoso, etc. La realidad es la fuente, es el horizonte, el origen de la conciencia, pues el intelecto despierta al captarla, al distinguir en ella sus seres, de donde capta su primer principio; y, así, es su bien primario y fundamental. La mentira, el error, la alucinación, cualquier desviación de ella, es un gran problema, hasta la locura, pasando por borracheras, estados de estupefacción (de causas naturales o inducidos artificialmente), etc. La realidad tiene una consistencia impresionante, quien la desconoce introduce tremendas distorsiones. Es lo que dice Solzhenitsyn. “la historia es un río; éste tiene sus propias leyes que gobiernan su flujo, sus curvas, su serpenteo. Entonces viene una gente inteligente que dice que el río es un estanque y debe ser desviado a otro canal mejor; todo lo que se debe hacer es escoger un lugar mejor y cavar un nuevo cauce para el río. Pero el curso de un río no puede ser interrumpido –pártelo unos centímetros y él ya no fluirá más–. Y se nos dice que el cauce debe ser desviado forzosamente varios millares de metros. Los lazos entre las generaciones, lazos de institución, tradición, costumbre, son los que mantienen las márgenes del cauce del río unidas y sostienen a la corriente en flujo […]. Puede que sean incognoscibles [las leyes que gobiernan el flujo del río]. A todo evento, no se hallan en la superficie, donde cualquier tonto lleno de ocupaciones puede buscarlas. Las leyes de la sociedad humana perfecta sólo se pueden encontrar en el orden total de las cosas. En el propósito del universo. Y en el destino del hombre (Alexander Solzhenitsyn, August 1914, Farrar, Straus and Giroux, New York, 1.971, pp. 410-411).

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