Kalós

Inicio » Posts tagged 'Scoto'

Tag Archives: Scoto

Anuncios

El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, VI

Fenomenología y f. realista, tradición fundamental del siglo XX

Husserl, padre de la fenomenología, con Edith Stein (luego: Santa Teresa Benedicta de la Cruz). Husserl le abrió una brecha de infinito a Stein, esa brecha se hizo horizonte con Santa Teresa de Jesús

Husserl, padre de la fenomenología, con Edith Stein (luego: Santa Teresa Benedicta de la Cruz). Husserl le abrió una brecha de infinito a Stein; esa brecha se hizo horizonte con Santa Teresa de Jesús

Contenido

I.- Una tradición que quiere superar la modernidad, pero aceptando todos sus condicionamientos

II.- El origen de la fenomenología: Edmund Husserl y sus “reducciones”

  1. A) El sentido de las “reducciones”
  2. B) las reducciones mismas, en acción
  3. C) Observaciones

III.- El giro “realista” de la fenomenología

  1. A) Reinach, el campeón de las esencias, la intuición que usa de la reducción psicológica
  2. B) Análisis crítico

IV.- La génesis del esencialismo del profesor Josef Seifert y el valor de su filosofía

 

I.- Una tradición que quiere superar la modernidad, pero aceptando todos sus condicionamientos

Es muy importante, para cerrar esta serie, ver el origen de otro esencialismo, el del profesor Josef Seifert. Este estudio nos lleva a indagar sobre una gran tradición del siglo XX, tanto en la filosofía general, como en el pensamiento cristiano. La etiología de la doctrina de Seifert posee, digamos así, tres etapas. Dietrich Von Hildebrand, maestro de Seifert, simboliza dos de ellas. En primer lugar, la moderna, en la que destacan las influencias de Descartes, Kant, Hegel, Brentano, Husserl, Scheler. Donde pueden verse claras influencias tanto nominalistas como inmanentistas e idealistas. En Husserl y Brentano hay, sin embrago, una pequeña reacción y Brentano, por ejemplo, trata de recuperar la intencionalidad de los siglos pasados, aunque en versiones cercanas a Duns Scoto, más que a Santo Tomás, de una manera, por tanto, cercana a Wolff y, en consecuencia, a Suárez, al esencialismo, ya en su veta modernista, inmanentista, incluso. En este cuadro, destacan, por tanto, el desprecio del mundo material, el desecho del mismo, en cuanto objeto de una teoría que se precie de tal, la necesidad de demostración de su existencia; la creencia correspondiente en que la filosofía consiste en ideas o mundos ideales; el consecuente dualismo, tanto metafísico como antropológico; el estimar que la ética se refiere a valores fuera de este mundo y que las pasiones humanas y la búsqueda de sentido final y, por tanto, la prudencia, como virtud que busca y endereza los medios hacia ese fin trascendente, sean inmorales, por contrarias al valor y egoístas. Pero Von Hildebrand, maestro de Seifert, siguiendo a Reinach se lanzó por el lado de la fenomenología realista, que trata sobre esencias puras y no sobre contenidos de conciencia, aunque todavía conserva fuerte influencia del inmanentismo y el nominalismo. Cuando Seifert, siendo él mismo, por su investigación de la verdad, el origen de su propia tercera etapa, abandone o le pase la epoché a las reducciones de Husserl, en nombre de la intuición cartesiana, todavía quedará fuertemente inscrita en él ese hábito intelectual, contrario al ser sensible, a la realidad, a la formalidad de lo concreto, a la verdad sobre el orden divino en lo concreto.

II.- El origen de la fenomenología: Edmund Husserl y sus “reducciones”

A) El sentido de las “reducciones”

En el “intencionalismo” de Brentano hay un giro importante, porque señala que la investigación debe dirigirse a los objetos a los que tienden, a los que se refieren, los actos de nuestra mente. En eso consiste la fenomenología, en un poner entre paréntesis todo lo que no sea el objeto mental a estudiar, de manera que se evite el psicologismo y se logre un verdadero “objetivismo”. Esas puestas entre paréntesis son llamadas reducciones por Husserl.

Para entender a Husserl, pues, hay que entender el sentido de estas reducciones. Para eso, a su vez, hay que situarlas en la historia de la filosofía. Husserl tiene en frente a Kant, el esquema de las capacidades humanas del Rector de la universidad de Königsberg; también tiene presente a Descartes, en el lado positivo, es decir, como influencia que se acepta si bien interpretado como un idealista absoluto (muy probablemente o, al menos, eso es lo que le reprocharon sus estudiantes “realistas”); tiene a Hume, en lo que toca a la interpretación de la experiencia sensible, que es meramente tal, pero nos da en efecto al mundo; y tiene, en el lado negativo al propio Kant, a la parte “dialéctica”-anti razón [y anti-conocimiento, en general], de su Crítica, y a todos los que aseguran que no hay conocimiento, sino condicionamientos psicológicos [mayormente, materialistas].

Así, entender a Husserl requiere de conocer, aunque sea, el esquema de las capacidades cognoscitivas que Kant coloca en su Crítica de la razón pura. Con poca aplicación del método platónico de estudio del alma (La República, libro IV; cfr. De Anima, III), Kant coloca su esquema. Sin embargo, no ignora completamente el método, cuando dice que las categorías de la “espontaneidad de las ideas” o intelecto no pueden venir de la sensibilidad (de ahí que llame “espontaneidad” al intelecto), pues lo sensible es ininteligible, muestra que entre el objeto, por un lado, y la capacidad y sus actos, por el otro, debe mediar una proporción; igualmente lo hace, cuando dice que sus esquemas de la imaginación, tienen que ser intelectivos, ya que van a compatibilizar los datos sensibles y las ideas del intelecto: tienen que alcanzar la naturaleza de lo más alto, porque, si no llegan ahí, ¿cómo harían su trabajo? Husserl pretende abrir el campo para un análisis de la conciencia que no sea un mero esquema, como el de Kant, sino que sea más abierto; y, sin embargo, en lo básico, acepta al “königsbergués” [regiomontano]: sus reducciones tendrán por ámbito lo sensible, el intelecto (yo empírico, fenoménico, objeto) y el yo trascendental.

Entonces, ver el esquema de Kant es esencial, como punto previo: a) todo empieza por la sensibilidad, que es, en cuanto a su naturaleza, como la interpretó Hume, pura sensibilidad; en cuanto a su alcance: incapaz de darnos el mundo tal cual es, o nos lo da de un modo que está adulterado, es sólo “así para mí” o no es así de ningún modo… o, en el mejor de los casos, no puedo saber si es realmente así o no. Ella se divide en los sentidos externos, los cinco, que son receptividad pasiva, de los datos, según su modo, es decir, adulterados como ya expliqué. Ahora, esos datos de los sentidos externos, son un caos, un desorden que requiere de conformación: eso es el trabajo de los sentidos internos o formas de la sensibilidad, el espacio y el tiempo, interpretados, a la newtoniana, como absolutos independientes de lo temporal y lo ubicado y extenso, pero con el añadido de que son, evidentemente, inmanentes, no dimensiones reales, sino de la conciencia. Ellos fundan la geometría, el espacio, y la aritmética, [sorpresivamente] el tiempo; así como la física pura a priori, es decir, independiente de la experiencia.

b) Por encima de la sensibilidad, está la inteligencia, que es una especie de caja de ideas genéricas, en las que se subsumen los fenómenos sensibles, los datos de la sensibilidad ya conformados. Esa subsunción da lugar a la síntesis del Yo-pienso [cartesiano]; y, en cuanto consciente, es la unidad de apercepción. Eso es el objeto del conocimiento: sin los datos sensibles, las ideas son cáscaras, conchas, vacías; los fenómenos son puras subjetividades, si no se subsumen. Pero, además, eso es el conocimiento mismo, que es una gran tautología: se conoce el objeto del conocimiento, NO, POR EJEMPLO, EL SER.

(más…)

Anuncios

El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, V

La realidad, piedra de toque de la filosofía, esencialismo y Platón

Profesor Seifert, un pensador que superó los constreñimientos dela modernidad, volviendo al amplio río de la filosofía cristiana

Profesor Seifert, un pensador que superó los constreñimientos dela modernidad, volviendo al amplio río de la filosofía cristiana

Con lo que se lleva hasta aquí en esta serie, se estima que la metafísica tomista ha quedado en pie, por sí misma, mientras el esencialismo ha quedado refutado. Mas, para que quede afianzada la investigación sobre los fundamentos más sólidos, se emprenderá el estudio que haré a continuación, en el que aplicaré de manera más amplia la metafísica a los problemas que pueda plantear el esencialismo, como gusta decir el profesor Seifert (siguiendo a Husserl), en el ámbito de “las cosas mismas”, de las realidades estudiadas.

Se ha de decir, sin embargo, que las discusiones son inagotables, ya que hay una infinitud de objeciones posibles a cualquier tesis (mucho más a un conjunto amplio de ellas). No se puede, por tanto, tratar de responder a todas las objeciones que se pueden levantar contra la metafísica que se ha presentado, que es obviamente la más verdadera y, por ello, la de mayor altura a que ha llegado la humanidad. Al mismo tiempo, no se puede esperar que los esencialistas que lean este escrito se queden simplemente perplejos, sin ninguna palabra que responder y “convirtiéndose” al tomismo, por más que sin ningún temor a equivocarme lo consideraría un enorme bien para ellos. Y, no obstante, es importante saber que, en la infinitud potencial de una discusión, cuando las razones son suficientes, se ha de dar el investigador por contento; hay una prudencia que guía a la actividad teórica que, como en todo, tiene como faro a la sabiduría.

Sin embargo, lo dicho anteriormente no implica que no haya verdades en los filósofos esencialistas, pretender eso sería una injusticia y un flaco servicio a la humanidad. Lo que se dice es que el esencialismo es, como doctrina o conjunto de doctrinas, que afirman a la posibilidad esencial como corazón y médula de la realidad actual y en cuanto afirma eso, falso. Además, no se pretende, de nuevo, que los esencialistas que lean esto dejarán de ser tales, sino que aquí el esencialismo es refutado realmente y que así se debería ver y que con toda honestidad quien así sea capaz de verlo, tiene el deber de comenzar de nuevo a “construirse” un universo, siguiendo el camino que trazó Santo Tomás. Si no se ve y puede haber muchas causas de muchos tipos para ese no-ver, entonces no se dará lo “conversión”, sencilla pero lamentablemente; y, todavía, algunas causas serán justificadoras, otras, no tanto, otras, nonada, otras, agravantes…

I.- Aclaratoria sobre el pretendido platonismo de los pensadores esencialistas: teología y composición del ser sensible

Se ha pretendido infinitas veces que el esencialismo es un descendiente del platonismo, ya que Platón tenía por uno de los fundamentos de lo real, además de al Demiurgo y a la materia-chora, a las ideas. Éstas serían lo mismo que las esencias puras de los esencialistas. Nada más lejos de la realidad que esta asimilación. En realidad, Platón es padre de Aristóteles y de Tomás de Aquino, mucho más que del esencialismo. Y éste es más una desviación en el camino que un hijo legítimo de cualquiera de los anteriores. En el primer artículo de esta serie (El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, I), en el apartado sobre el origen del esencialismo (III), se explicó en qué consiste esa desviación, de dónde procede, y cómo es inadecuada la respuesta de Gilson a este problema; también se verá que Platón no es padre del neoplatonismo, ni Aristóteles del averroísmo. Mas ahora lo importante es separar a Platón de la poderosa corriente del esencialismo y, en este trámite, ver varios defectos de gran importancia de estas doctrinas.

En primer lugar, en lo que se refiere a la teología y la cosmogonía. El Dios de Platón, digamos, con todo el respeto que se merece ese padre de la filosofía, es un Dios nacido de una concepción teológica cargada de ciertas ingenuidades. El Demiurgo no es un sumo Ser subsistente, que posea en sí todas las perfecciones del ser y, por tanto, sea Verdad, Bien y Belleza infinitos. Es uno que, para producir, mira a las ideas todas, según los casos, pero siempre a la de Kalós o Agathón, bien y belleza sumos. Además, la relación del Demiurgo con el ser es muy complicada, porque, al dar el ser a las cosas, las hace participar de la idea de ser, pero él mismo no se sabe qué relación tenga con la misma, si participa de ella, si él es algo otro que el ser (lo que queda descartado, pues Platón nunca habría dicho una locura tal) o si, siendo de su misma naturaleza, él la poseía de una manera distinta y misteriosa (lo que parece ser lo más acertado). En cualquier caso, cuando Aristóteles critica la doctrina de las ideas y cuando identifica ser, verdad, bien y belleza, diciendo, entonces, que Dios es sumo Ser, Verdad, Bien y Belleza, resuelve de un solo plumazo todos los problemas y da la “imagen” de Dios más alta y verdadera a la que puede aspirar el hombre por su sola razón. En Dios, acto puro, quien Es de manera sustancialmente distinta de los demás seres, no puede haber distinción ninguna ni ningún modo de composición, es Noesis Noeseos. Y en lo que Él cause tiene que haber un algo, un modo formal de ser, que responda a algún arquetipo, que está en Dios, pero a la manera como está en Él, sin ninguna distinción posible respecto de su Ser. En Tomás de Aquino, se da la síntesis entre el platonismo y el aristotelismo y los causados por Dios son creados, producidos de la nada, con una actualidad fundamental que es participación del mismo ser divino, “producto” de la causalidad eficiente. Mientras que esa participación se da según un modo, que depende de una formalidad, que es reflejo de un arquetipo, que está en Dios, sin distinguirse en nada de su Ser.

(más…)

El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, III

La tradición esencialista del esse obiectivum, de Scoto a Seifert, pasando por Ockham y Descartes

Duns Scoto, padre de la tradición del esse obiectivum, es, entonces, padre de Ockham, Descartes y seifert, entre una gran progenie

Duns Scoto, padre de la tradición del esse obiectivum, es, entonces, padre de Ockham, Descartes y seifert, entre una gran progenie

En el artículo anterior (El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, II), se trató principalmente de la constitución metafísica del mundo y del ser en general, hasta Dios. En éste, tal estructura es mayormente un supuesto fundamental, pero el foco estará dirigido, más bien, a una pretensión de los pensadores esencialistas occidentales, de Scoto a Seifert, pasando por Descartes y por un Ockham capaz de negar toda inteligibilidad a lo sensible, salvo que, por un acto arbitrario suyo, Dios nos comunique una independiente de la experiencia y de los seres concretos. Se trata del esse objectivum, precisamente, de esa pretensión escotista según la cual el universal y los particulares son concebidos por operaciones diversas de nuestra mente, ese ser que tiene un modo de ser propio de la mente, sea divina, angélica o humana. Aquí se verán puntos muy importantes, como el hecho de que la referida es una tradición real. Así como su influencia en toda la filosofía moderna, aunque sólo de manera implícita. También, cómo el esencialismo lleva a que se abra la puerta para posturas cercanas a la de la necesidad de la iluminación o del carácter preternatural de nuestra captación intelectual, por no ser capaz de explicar de una manera adecuada la composición del ens, del ente, del que tenemos experiencia, el sensible, así como la relación de éste con el acto creador y la sabiduría de Dios, como fundamento más profundo de la obra creadora (puntos todos vistos en el artículo anterior). Asimismo, será claro cómo estas posturas son muy cercanas al nominalismo, en cuanto sacan del mundo a la inteligibilidad y ponen, por tanto, a la intelección también fuera de él. De este modo será mucho más claro el talante del esencialismo, en general, y la filosofía del profesor Seifert, en particular[i].

“Ya sabemos, por la crítica a la epoché husserliana que Seifert atribuye realidad ‘objetiva’ a las esencias. Esto lo repite al criticar a Descartes en la p. 38 del Discurso sobre los métodos: ‘El objeto del conocimiento objetivo a priori no son las ideas subjetivas innatas creadas en nuestras mentes por Dios, sino las naturalezas y esencias objetivas, que se caracterizan por una necesidad interna, absoluta y altamente inteligible, conocida con evidencia y certeza […]’. Pero inmediatamente, Seifert remite a ciertos pasajes de las Meditaciones y toma su doctrina como propia. Si obviamos los fragmentos en que Descartes insiste en la doctrina criticada por el filósofo de Salzburgo, podemos extraer, quizá, cierta luz: en nuestra mente hay ideas que ‘no han sido fingidas por mí […] sino que tienen sus verdaderas e inmutables naturalezas. Como, por ejemplo, cuando imagino un triángulo, aun cuando quizá no haya en ninguna parte del mundo, fuera de mi pensamiento, una figura como esa, ni la haya habido jamás, sin embargo no deja de haber cierta naturaleza o forma o esencia determinada de esa figura, la cual es inmutable y eterna y yo no he inventado y no depende en manera alguna de mi espíritu; lo cual se ve bien porque se pueden demostrar varias propiedades de ese triángulo […]; esas propiedades deben ciertamente ser todas verdaderas, ya que las concibo claramente; y por ende son algo y no una pura nada; pues es bien evidente que todo lo que es verdadero es algo, siendo la verdad y el ser una misma cosa; y he demostrado ampliamente más arriba que todo lo que conozco clara y distintamente es verdadero (pp. 38-39, nota 30 [Discurso sobre los métodos, de Seifert])”.

(más…)

El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, II

Scoto, padre del esencialismo cristiano, precursor del nominalismo

Duns Scoto, buen monje, hombre que luchó por la santidad, defensor del Papa y precursor del movimiento que llevó a la declaración del dogma de la Asunción de la Virgen; su metafísica, sin embargo, aunque profunda, está afectada de errores importantes

Duns Scoto, buen monje, hombre que luchó por la santidad, defensor del Papa y precursor del movimiento que llevó a la declaración del dogma de la Asunción de la Virgen; su metafísica, sin embargo, aunque profunda, está afectada de errores importantes

Duns Scoto es el padre del esencialismo cristiano. Avicena comienza la tradición, pero ella halla tierra fértil en el Occidente cristiano, pero luego de que Scoto haga ciertas “traducciones”, que veremos en seguida; esa tradición, ahora bautizada, va a convertirse en un inmenso torrente luego de que, en el siglo XIV, la abrace una cantidad de pensadores, Ockham mismo asuma aspectos importantes suyos, Suárez la continúe y la ensanche, la modernidad, con Descartes, se inspire en ella, y toda Alemania, vía Wolff y Leibniz, la hagan un trazo característico del sello alemán. Pero, asimismo, en cuanto padre del esencialismo cristiano, Scoto se hace precursor del nominalismo, de un nominalismo en cierto sentido radical, aunque todavía no tan plenamente desarrollado, como el de Ockham. Y, así, la tradición dicha queda fuertemente marcada por una desviación teológica, en cuanto a la relación entre Dios, sus ideas, su voluntad y su acción transeúnte, creadora; y queda marcada, igualmente, por una quimera “filosófica”, un invento que inicia toda esta tradición de esencialismo, nominalismo y modernidad, se trata del esse obiectivum.

I.- Las ideas de Dios, que son Dios, pero no son Dios, el ser como modo de la esencia y la prioridad ontológica y de dignidad del posible respecto del actual

Las esencias, para Scoto[i], son lo mismo que para Avicena, simplemente esencias, toda determinación real o lógica que pueda advenirles no es más que “accidente” (vid. El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, I). Sólo que, por la tendencia de Scoto al realismo metafísico, en lugar de hablar de esencias, habla de naturalezas, las cuales no son ni universales ni singulares: en la definición de ‘animal’ no está incluido el ser actual o la unidad, el ser universal o particular, por ejemplo; luego, la esencia de animal no es ninguna de esas determinaciones.

En el origen, la esencia escotista no es otra cosa que un objeto de la mente divina; pero que, por supuesto, no tiene un ser independiente de Dios: en Él, las ideas son Dios mismo. Es decir, son, pero no son, se identifican con Él, pero se distinguen de Él… He aquí la introducción del peligro: al aceptar el idealismo de Avicena, todo empieza mal, pero al separar de Dios sus ideas, el nominalismo se abrirá pasó, de manera invicta. Las esencias, según Scoto, tienen un ser propio de lo que pertenece a la mente, sea cual sea la misma, divina, angélica o humana: tienen, pues, un “ser de objeto”, “esse objectivum”. Estos “seres de objeto” son puramente inteligibles y hay una infinidad en esa Mente infinita y están eternamente presentes a la misma. Que estas ideas pasen a ser criaturas actualmente existentes depende de la Voluntad de Dios, que es infinitamente libre, es lo que luego, en Ockham, se llamará “libertad de indiferencia”, una capacidad de determinación que es indiferente para el sí o el no, que sólo consiste en la posibilidad de decir uno u otro, en la que lo esencial es la capacidad misma, la indiferencia respecto de las opciones, el poder autodeterminarse. Ésta es una libertad de indiferencia, que permanece en total indeterminación respecto del sí y el no, hasta que ella se autodetermina, sin más referencia que la propia autodeterminación. De modo que las esencias, en la mente de Dios, no son siquiera posibles; llegan a serlo cuando Dios así lo decide por su voluntad absolutamente desligada de cualquier determinación o necesidad. Así las esencias adquieren el ser posibles, creables, ése es su ser propio, a partir del momento en que Dios las elige: el ser posible, un ser menguado, un esse diminutum, pero ése es su ser, el ser de la posibilidad. Es la esencia de Avicena, capaz de recibir la universalidad o la singularidad, pero que no es sino esencia. Así, Scoto supera el determinismo aviceniano (no “greco-árabe”, como dice Gilson), por la infinitud de la mente de Dios y su Voluntad infinitamente “libre”, con libertad de indiferencia.

(más…)