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Tag Archives: revolución gloriosa

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Avara iglesia, que venda sus bienes, se acabará la pobreza

Misma cantaleta, desde los desgraciados lores que lanzaron el capitalismo inglés

Guzmán Blanco, el "Ilustre Americano" y, en cuanto tal, el Chávez del siglo XIX en Venezuela. Él "secularizó bienes", robó a la Iglesia

Guzmán Blanco, el “Ilustre Americano” y, en cuanto tal, el Chávez del siglo XIX en Venezuela. Él “secularizó bienes”, robó a la Iglesia

Un homeless, Francisco y los bienes de la Iglesia

“En una nueva entrevista [del pasado 27 de octubre], el Papa Francisco ha respondido a las preguntas de un sintecho (una persona sin hogar) para la revista holandesa Straatnieuws”. El hombre le preguntó al pontífice: “Su homónimo San Francisco eligió la pobreza radical y vendió también su evangeliario. En cuanto Papa y Obispo de Roma, ¿se siente alguna vez bajo presión por vender los tesoros de la Iglesia?” Y ésta fue su incompleta, aunque inesperada, respuesta: “Papa Francisco: Esta es una pregunta fácil. No son los tesoros de la Iglesia, sino que son los tesoros de la humanidad. Por ejemplo, si yo mañana digo que La Piedad de Miguel Ángel sea subastada no se podría hacer porque no es propiedad de la Iglesia. Está en una iglesia, pero es de la humanidad. Esto vale para todos los tesoros de la Iglesia. Pero hemos comenzado a vender los regalos y otras cosas que me dan. Y los beneficios de las ventas van a Mons. Krajewski, que es mi limosnero. Y después está la lotería. Estaban los carros que han sido todos vendidos o dados a través de una lotería y lo recaudado se ha usado para los pobres. Hay cosas que se pueden vender y estas se venden” (https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-entrevista-al-papa-francisco-de-la-revista-callejera-holandesa-straatnieuws-77696/).

Los tesoros espirituales de la humanidad en cajas fuertes de millonarios no cristianos

“El Vaticano tiene que vender sus tesoros; sí, tiene que hacerlo, los pobres muriéndose de hambre y esos curas con esos lujos”… Imagínense el asunto, todo lo que hay en los museos vaticanos, todas las esculturas de la Basílica de San Pedro, todo, vendido a Bill Gates, a Jamie Dimon (judío presidente de JP Morgan Chase), a Spielberg, a Geffen (promotor de la marihuana y el rock and roll), a Aviv Nevo (ciudadano israelí, el mayor accionista de Goldman Sachs y de Time Warner), a Soros (el multimillonario de origen dudoso que quiebra bancos y promueve la inmoralidad y el desarraigo), a Sheldon Adelson (el de los casinos en Las Vegas y, principalmente, en China), a Bob Iger (presidente de Disney), a Jerome Kohlberg o Henry Kravis (monstruos de los leveraged buyouts de Wall Street desde los años 70), ninguno de los cuales es cristiano ni le interesa, todos los cuales, menos el primero (que sepamos) son judíos, supermillonarios-amos del universo, comprando, para sus colecciones privadas, para meter en sus casas y pavonearse, el David, la Piedad, el San Pedro, de Miguel Ángel, la Liberación de San Pedro, la Transfiguración, etc., de Rafael, y así sucesivamente. El gran tesoro de la humanidad, en manos de millonarios inescrupulosos, a los que les importa un pito el espíritu cristiano, la justicia, los pobres, el espíritu (en general), la humanidad, los prójimos, la altura cultural ni nada de nada, salvo Israel y sus bolsillos y su poder. Mientras, la Iglesia recauda un billón de dólares, para dar de comer a mil millones de pobres, a 10 dólares diarios, por 100 días…

El tesoro de la humanidad, lo es porque es el más importante acervo de belleza de la Tierra, para que el hombre apunte a lo divino, para que el hombre sepa dónde apuntar, cuando busca el sentido… Tesoro de Dios, porque es de la Iglesia y la Iglesia es de Dios y es Dios, su Cuerpo, es Cristo, porque no se distingue en nada de Él: “Al que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que actúa en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones, por los siglos de los siglos” (Efesios III,20-21): ésta es una versión de esa oración que concluye la plegaria eucarística desde el primer siglo: “per Ipsum”: la Iglesia es Cristo… Por eso, sus bienes son de Cristo, de Dios: en esos bienes, la humanidad comparte con Dios, de una manera muy singular, porque son bienes espirituales… Pero la Iglesia los debe vender. De nuevo, imaginen al tesoro de los tesoros del mundo dilapidado así, en manos de los más millonarios del planeta, de los asaltantes ésos llamados Oligarcas rusos, de la mafia y los abusadores, a jeques musulmanes y narcotraficantes, de los ingleses y gringos y alemanes y franceses que lanzaron las guerras del opio, que, así, lanzaron el narcotráfico mundial (que controlan todavía hoy), quedándose con esos tesoros de la Humanidad y de Dios… para que un puñado de pobres (si es que el dinero va, en verdad, a dar a la Iglesia, etc.) comiendo por tres meses, por cuatro meses, siendo los ejecutores de la operación los mismos que compraron las obras, que terminan pagándose y dándose el vuelto.

Marx, la ruptura luterana, el capitalismo inglés y la “secularización” de bienes eclesiásticos

“El Vaticano tiene que vender sus tesoros; sí, tiene que hacerlo, los pobres muriéndose de hambre y esos curas con esos lujos”. Imagínense… ¿Qué diría Karl Marx, el que inspiró a estos tipos? Hay dos hechos que deben saberse de este personaje. El primero es obvio: él odiaba a la religión. Desde que su papá se hizo cristiano para ganar más dinero, la odiaba. Pero, más tarde, la odiaba con motivos más “altos”, más diabólicos, odiaba a la religión porque odiaba a la realidad y a la humanidad y quería revolucionar el mundo, ponerlo de cabeza. Por eso, su “filosofía” no busca la verdad, busca la ira y la ortopraxis, esto es, lo que convenga a la acción revolucionaria, que, de paso, determinará lo que sea verdad: algo como las distinciones pastorales kasperianas: se separa doctrina, verdad, y práctica pastoral, porque eso conviene a la revolución, porque, más profundamente, el mundo católico no le aceptará pretender el cambio, de frente, de los dogmas que vienen del mismo Cristo y del Espíritu. Eso es lo primero que hay que saber de Marx, lo segundo es que él vivía pensando en cómo hacer para que el comunismo triunfara, sin importar las porquerías que perpetrara: que, como los socialdemócratas tienen la posibilidad de ascender al poder, se debían pegar de ellos, para luego darles la puñalada, etc. Esto tiene tremendas repercusiones en el modo de argumentar en sus dos obras más importantes: El Capital y El manifiesto comunista. En El Capital, el capitalismo es malo, porque es inmoral, antifamilia, producto del robo y robo el mismo; de hecho, aparte de en proponer su pretendida ciencia económica, en eso consiste esta obra, que justificaría una sociedad gobernada por sus principios. En el Manifiesto, Marx dice que no hay familia ni moral ni religión ni justicia ni cultura ni, siquiera, sociedades políticas, que todo es radicalmente economía y que el partido comunista debe gobernar la economía: es decir, debe gobernar totalitariamente al mundo entero, reduciendo todo a economía, lo más posible, a lo material. Así, en El Capital,  habla con mucha mayor apariencia de sensatez y, de hecho, ahí hace historia, de la de verdad y hace historia de una manera que contrarresta la historia oficial “inglesa” de Occidente, desde la rebelión luterana y más atrás, diseñada, entre otros, por David Hume (aunque con importantísimos antecedentes y con fuertes impulsos masónicos, whig, de todo tipo de modernismos, incluyendo del marxismo…).

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Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll

Rolling Stones, las drogas y Play boy tienen abuelos y ascendientes, hasta un monjecito de 1300

La civilización cristiana, teología civil y revolución cultural

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas los masacraron

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas, sus compañeros revolucionarios, los masacraron

Hay dos tipos de revolución, de subversión del orden existente, reinante en la sociedad política o en la civilización como un todo. El primero es sencillo, se trata de quién está en el poder, la sociedad se comprende de una determinada manera, que va de lo profundo a lo superficial, siendo todo informado por aquello, y, dentro del marco cultural, al cual se deja intacto, que es ambiente común de todas las facciones, que no se pone en cuestión ni se sueña con hacerlo, un grupo conspira, con éxito o no, contra los gobernantes o, más ampliamente, la clase dominante. El otro modo de revolución es mucho más fundamental, más profundo, más decisivo: las sociedades son expresiones del orden universal, del orden del mundo, como dice Brownson, son “Pueblos Elegidos”, destinados a hacer un aporte a la humanidad. Siendo el hombre un animal político y teniendo su sociedad un orden y una finalidad natural intrínseca y trascendente, las mismas son respuestas estructuradas a ese movimiento humano hacia el sentido. Como el mismo se realiza en la historia, con una institucionalidad, unas creencias fundamentales, unos avatares y vicisitudes, unas expresiones de lo bello, una liturgia religiosa y civil, propios, la sociedad tiene lo que Voegelin llama una teología civil, al lado, posiblemente, de una trascendente. El segundo tipo de revolución ataca este nivel fundamental, tiende a adulterar la identidad de la sociedad, sus teologías, sus ideas directrices, su autocomprensión, el sentido de sus símbolos, sus mitos fundacionales, etc. Éstas se llaman “revoluciones culturales”. Vamos a barajar y volvamos a repartir, para que quede más claro: Cultura es el resultado, no cristalizado, vivo, de la acción del hombre en sociedad en la búsqueda de su plenitud. Incluye modos de comprensión de toda la realidad, del hombre, de la virtud, especialmente, de la propia sociedad, de su ser y de su condición de encarnación del orden cósmico, incluye modos de relación, símbolos, mitos, ritos, expresiones artísticas e institucionales. La revolución cultural ataca al núcleo de la cultura, por lo que implica una cierta adulteración de la identidad social, hasta eventualmente su aniquilación, en cuanto a esa identidad.

En Occidente, las creencias fundamentales, en sus etapas que Toynbee llama de nacimiento y crecimiento, eran creencias cristianas: de Cristo venía toda concepción sobre el mundo y la vida, en su orientación radical y total a lo divino. Era una civilización que no agotaba al Pueblo de Dios, a su Iglesia, en su peregrinar terreno, pero que se constituía en Cristiandad, que veía a la sociedad de los creyentes como una comunidad espiritual universal, actual y virtualmente, es decir, a la que pertenecían todos los bautizados, pero que debía difundirse hasta los confines de la Tierra. Tomando fuertemente en cuenta la Ley Natural, la Cristiandad tenía clara conciencia del carácter político del hombre, de la necesidad del Estado y de su autoridad terrena (“dad al César lo que es del César”), pero su inclinación a lo trascendente era intensa (“y a Dios lo que es de Dios”). Así, se seguían dos consecuencias: 1) la sociedad veía la subordinación de lo político a lo religioso, a pesar de su necesaria “autonomía”: el poder político era supremo en su ámbito, pero su ámbito no era el último y más alto, estaba subordinado a Dios: el rey no era sirviente del Papa, pero los mandamientos y leyes lo obligaban, en todos los ámbitos de la vida; esto implica, como consecuencia adicional, el carácter religioso del patriotismo y de la obediencia a la autoridad legítima (salvo corrupción de esa autoridad, en ciertos casos muy bien definidos). 2) La sociedad cristiana era internacional: lo era A) en cuanto todos los cristianos pertenecían a dos sociedades y eran hermanos por el bautismo, aparte de conciudadanos de sus connacionales; B) porque las naciones eran hermanas y se sabían partes de una realidad que las trascendía; C) porque estaban, en consecuencia, sometidas a un orden superior; C) porque había instancias meta-políticas, transnacionales, que se erigían como árbitros de los asuntos entre estados e, incluso, en lo que se refiere a la religión y la moral, internas a las naciones: el Papado y el Imperio, eran mucho más que lo que pueda esperarse hoy de la ONU u organizaciones similares. Para tener una idea más completa de la cultura que subyacía a esta estructura, se pueden recomendar muchas lecturas, de Toynbee y Voegelin, quienes no eran, ni por asomo, católicos, ni siquiera cristianos, pero me parece que el mejor de todos ha sido Christopher Dawson (The Making of Europe, Religion and the Rise of the Western Culture, El Cristianismo y surgimiento de la civilización occidental, The theological development of medieval culture, La secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso, etc.; hay una recopilación de ensayos, en castellano: Historia de la cultura cristiana); también es de primerísima línea Michael Jones. En éste, mi blog, recomiendo leer, al menos, los artículos: 1) La herencia del oscurantismo (I), 2) La herencia del oscurantismo (II) (no debe confundir el nombre de estos dos artículos: se trata de un sarcasmo destinado a atacar la estulticia contemporánea de quienes niegan la etapa de construcción de esta sociedad civilizacional, poniendo, de este modo, en serio peligro su destino); y 3) Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo.

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Dan Brown vuelve a servir a la humanidad: nuevo libro, su Inferno dantesco

Según él, “el demonio es la superpoblación”; ergo, a tener hijos, los que Dios mande

El Inferno de Dan Brown: libro maltusiano, sobre el mito de la superpoblacion, la contracepción, el aborto. Si Brown lo dice, seguro lo que hay que hacer es tener hijos sin tardanza

El Inferno de Dan Brown: libro maltusiano, sobre el mito de la superpoblacion, la contracepción, el aborto. Si Brown lo dice, seguro lo que hay que hacer es tener hijos sin tardanza

Si Jesús es, para este hijo de la mentira, el profeta de la diosa feminista radical-pagano-new age, entonces, hay que saber que el mundo necesita de una poderosa y vigorosa política de promoción de la natalidad. En efecto, como a él hay que entenderlo al revés, para que tenga un poco de sentido lo que afirma, dado que dice que el problema es la superpoblación, que su nuevo libro trata de que el Inferno dantesco no es un descripción poético-teológica del “lugar” del castigo sin fin, sino una profecía sobre los males que acaecerían a este mundo cuando terminara de superpoblarse, entonces hay que buscar familias fuertes y muy numerosas, para salvar a esta humanidad en grave crisis. Así tenemos que presentar este nuevo servicio que el autor de El código Da Vinci hace a la humanidad.

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Código da Vinci vs. Newton, la ciencia y la Fe

Newton: un grande, cristiano, protestante, calumniado por Dan Brown

Newton: un grande, cristiano, protestante, calumniado por Dan Brown

Isaac Newton fue un gran genio, ¿quién podría dudarlo? Fue matemático y físico de lo más grande que ha dado la humanidad, poniendo el primer gran sistema astronómico coherente de atracción universal, en el que se resolvían los problemas de las órbitas, de acuerdo a las elipses de Kepler, y un sistema mecánico que ponía coronación a muchos siglos de investigaciones de muchos sabios, desde la Grecia helénica, pasando por Bizancio (donde destaca Juan Filopón, que, entre sus muchos aportes, postuló la idea del ímpetus, antecedente más importante del principio de inercia) y los primeros califatos musulmanes, mayormente el omeya y el fatimita, la Cristiandad latina y los aportes de muchos cristianos, incluidos Teodorico de Freiberg, Ockham (monje franciscano), Roberto Grossetesta (monje), Nicolás de Oresme (obispo de Lyon), Tomás Bradwardino, Copérnico (cura), Tico Brahe, Kepler (protestante), Galileo (fiel católico), Descartes (fiel católico criado y educado por los jesuitas de La Fleche), Roberval (fiel católico) y paremos de contar y citamos a éstos para citar varios de los más destacados.

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