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Sobre el mito del socialista que vestía capitalista, comía capitalista, licuaba…

La verdad es que la ideología efectiva era MATERIALISTA

El mito en un meme

El mito en un meme

Yo puedo ser total, completa y absolutamente anti-comunista, pero el meme es falso. Los zapatos y el smart phone son hechos en China, como los electrodomésticos, por empresas gringas y europeas, que, en realidad, viven del “crony capitalism” y no tienen madre.

Hollywood no es nada capitalista y, es más, mayormente, es comunista. Vean a Bert Schneider y Warren Beatty en la entrega del Oscar en el 75, la película Reds, de Beatty, del 81. Vean a Oliver Stone o la película sobre Sarah Palin, la de Julianne Moore; vean Avatar o Titanic. Consideren quién es David Geffen, el hombre más rico de Hollywood. Vean la película Agente Internacional. Lo del mismo sucede con el rock, será gringo-británico, pero no es nada capitalista, de hecho, toda su idea, desde Albert Grossman y demás es revolucionaria; de hecho, todo el movimiento que llegó hasta él, salió del comité central del partido comunista ruso en 1927 sin contar que es una pieza de la revolución de los 60, la de Reich, Marcusse, Sartre, Beauvois, Sanger: puro comunista… Hay que dejarse de esto de capitalista-comunista; si algo debíamos haber aprendido de estos últimos 25 años y del boom de China es que eso de capitalismo-comunismo, como dijo 100 años antes León XIII (Rerum Novarum), no es una verdadera dicotomía.

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Algunos hasta creen que somos parte de una camarilla secreta trabajando contra los mejores intereses de los Estados Unidos, caracterizando a mi familia y a mí como “internacionalistas” y [nos acusan] de conspirar con otros de todo el mundo para construir una estructura política y económica global más integrada –un NUEVO MUNDO, si lo deseas–. Si ese es el cargo, entonces yo me declaro culpable y estoy orgulloso de ello.

Es más, para los aspirantes actuales a tiranos mundiales, desde David Rockefeller, al menos, el modelo es la China comunista-capitalista; como, por otra parte, hizo saber su agente, en los asuntos climáticos de la ONU, Christiana Figueres, en todo el proceso ecologista del año pasado.

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Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll

Rolling Stones, las drogas y Play boy tienen abuelos y ascendientes, hasta un monjecito de 1300

La civilización cristiana, teología civil y revolución cultural

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas los masacraron

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas, sus compañeros revolucionarios, los masacraron

Hay dos tipos de revolución, de subversión del orden existente, reinante en la sociedad política o en la civilización como un todo. El primero es sencillo, se trata de quién está en el poder, la sociedad se comprende de una determinada manera, que va de lo profundo a lo superficial, siendo todo informado por aquello, y, dentro del marco cultural, al cual se deja intacto, que es ambiente común de todas las facciones, que no se pone en cuestión ni se sueña con hacerlo, un grupo conspira, con éxito o no, contra los gobernantes o, más ampliamente, la clase dominante. El otro modo de revolución es mucho más fundamental, más profundo, más decisivo: las sociedades son expresiones del orden universal, del orden del mundo, como dice Brownson, son “Pueblos Elegidos”, destinados a hacer un aporte a la humanidad. Siendo el hombre un animal político y teniendo su sociedad un orden y una finalidad natural intrínseca y trascendente, las mismas son respuestas estructuradas a ese movimiento humano hacia el sentido. Como el mismo se realiza en la historia, con una institucionalidad, unas creencias fundamentales, unos avatares y vicisitudes, unas expresiones de lo bello, una liturgia religiosa y civil, propios, la sociedad tiene lo que Voegelin llama una teología civil, al lado, posiblemente, de una trascendente. El segundo tipo de revolución ataca este nivel fundamental, tiende a adulterar la identidad de la sociedad, sus teologías, sus ideas directrices, su autocomprensión, el sentido de sus símbolos, sus mitos fundacionales, etc. Éstas se llaman “revoluciones culturales”. Vamos a barajar y volvamos a repartir, para que quede más claro: Cultura es el resultado, no cristalizado, vivo, de la acción del hombre en sociedad en la búsqueda de su plenitud. Incluye modos de comprensión de toda la realidad, del hombre, de la virtud, especialmente, de la propia sociedad, de su ser y de su condición de encarnación del orden cósmico, incluye modos de relación, símbolos, mitos, ritos, expresiones artísticas e institucionales. La revolución cultural ataca al núcleo de la cultura, por lo que implica una cierta adulteración de la identidad social, hasta eventualmente su aniquilación, en cuanto a esa identidad.

En Occidente, las creencias fundamentales, en sus etapas que Toynbee llama de nacimiento y crecimiento, eran creencias cristianas: de Cristo venía toda concepción sobre el mundo y la vida, en su orientación radical y total a lo divino. Era una civilización que no agotaba al Pueblo de Dios, a su Iglesia, en su peregrinar terreno, pero que se constituía en Cristiandad, que veía a la sociedad de los creyentes como una comunidad espiritual universal, actual y virtualmente, es decir, a la que pertenecían todos los bautizados, pero que debía difundirse hasta los confines de la Tierra. Tomando fuertemente en cuenta la Ley Natural, la Cristiandad tenía clara conciencia del carácter político del hombre, de la necesidad del Estado y de su autoridad terrena (“dad al César lo que es del César”), pero su inclinación a lo trascendente era intensa (“y a Dios lo que es de Dios”). Así, se seguían dos consecuencias: 1) la sociedad veía la subordinación de lo político a lo religioso, a pesar de su necesaria “autonomía”: el poder político era supremo en su ámbito, pero su ámbito no era el último y más alto, estaba subordinado a Dios: el rey no era sirviente del Papa, pero los mandamientos y leyes lo obligaban, en todos los ámbitos de la vida; esto implica, como consecuencia adicional, el carácter religioso del patriotismo y de la obediencia a la autoridad legítima (salvo corrupción de esa autoridad, en ciertos casos muy bien definidos). 2) La sociedad cristiana era internacional: lo era A) en cuanto todos los cristianos pertenecían a dos sociedades y eran hermanos por el bautismo, aparte de conciudadanos de sus connacionales; B) porque las naciones eran hermanas y se sabían partes de una realidad que las trascendía; C) porque estaban, en consecuencia, sometidas a un orden superior; C) porque había instancias meta-políticas, transnacionales, que se erigían como árbitros de los asuntos entre estados e, incluso, en lo que se refiere a la religión y la moral, internas a las naciones: el Papado y el Imperio, eran mucho más que lo que pueda esperarse hoy de la ONU u organizaciones similares. Para tener una idea más completa de la cultura que subyacía a esta estructura, se pueden recomendar muchas lecturas, de Toynbee y Voegelin, quienes no eran, ni por asomo, católicos, ni siquiera cristianos, pero me parece que el mejor de todos ha sido Christopher Dawson (The Making of Europe, Religion and the Rise of the Western Culture, El Cristianismo y surgimiento de la civilización occidental, The theological development of medieval culture, La secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso, etc.; hay una recopilación de ensayos, en castellano: Historia de la cultura cristiana); también es de primerísima línea Michael Jones. En éste, mi blog, recomiendo leer, al menos, los artículos: 1) La herencia del oscurantismo (I), 2) La herencia del oscurantismo (II) (no debe confundir el nombre de estos dos artículos: se trata de un sarcasmo destinado a atacar la estulticia contemporánea de quienes niegan la etapa de construcción de esta sociedad civilizacional, poniendo, de este modo, en serio peligro su destino); y 3) Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo.

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Discutes racionalidad: fanático, promotor del odio

El personaje “Arturo” dice que soy promotor del odio, por contar hechos concretos que están sucediendo y discutir su racionalidad

Un energúmeno señala el nombre de su obsesión, obviamente: "Jesús". Éste, queriendo razonar, sobre política, religión, ética, antropología: qué fanático... razonando, dime tú

Un energúmeno señala el nombre de su obsesión, obviamente: “Jesús”. Éste, queriendo razonar, sobre política, religión, ética, antropología: qué fanático… razonando, dime tú

Al principio de la película Ojos de serpiente, de Brian De Palma, una reportera, en el bulevar de los casinos de Atlantic City, dice que está ahí, bajo el “Huracán Jezabel”. La paran y la reprenden, tiene que decir que es “Tormenta Jezabel”. Para el final, había que rendirse ante la evidencia: la resentida periodista le dice a los televidentes: “well, it appears that tropical storm Jezabell was a hurricane, after all”, “bueno, tal parece que la tormenta tropical Jezabel, era un huracán, después de todo”.

Así funciona la revolución del gnosticismo modernista. Así, en dos sentidos diversos. Primero no parecía sino tormenta y resultó ser huracán que devasta todo: cada día son más los que creen que esta inmoralidad desatada es el fin de los tiempos.

Cada vez es más claro que, si te le opones, tienes que negar la realidad y meter el rabo entre las piernas, te guste o no. Di que hay que discutir la racionalidad de la homosexualidad: “FANÁTICO”. ¿Crees que Dios existe? FANÁTICO. Di, oh, atrevida sabandija: “la homosexualidad es mala”: “Me rasgo las vestiduras, tenemos a un promotor del odio”. Atrévete a decir que la policía en Francia obró de manera tiránica contra manifestantes pacíficos,defensores de Francia, de su ser y su bien,contra familias, contra ancianos y niños, contra una manifestación pacífica de más de un millón de personas, la más grande en ese país desde 1.968: mereces que se te pase la aplanadora.

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La revolución sex drugs and rock and roll, la aventura comienza

Revolución es contracultura, o sea, tu destrucción (B)

Hippies, el culmen del espíritu revolucionario, poor un lado; el otro es Stalin o Pol Pot...

Hippies, el culmen del espíritu revolucionario, poor un lado; el otro es Stalin o Pol Pot…

Occidente se ha hecho revolución; de esa forma, nada extraña que se hayan dado tantas y tantas revoluciones en nuestras sociedades. Las hay de todos los tipos. Es la inquietud que sigue a la barrida del sentido, impulsada por la voluntad de poder, que pretende que el hombre se auto-produzca, hasta producir todo, hasta su definición en nuevos “géneros”.

Pero el culmen de todo esto es nuestra revolución. Cuando en este blog se dice que estamos en “tiempos de revolución”, eso puede significar los tiempos del Occidente barrido y hecho revolución o la revolución de la contracultura. El sentido paradigmático es éste último, porque entendemos que la revolución por excelencia, la que terminó de barrer todo, es la cultural. Los hippies lograron lo que los Whig, Voltaire, Robespierre, Napoleón, Massini, Cavour, Kossuth, Emerson, Napoleón III, Lenin, Stalin, Hitler, Gramsci, Mao, Tito, Ho Chi Minh, Pol Pot y pare de contar no pudieron: barrieron a la decencia y la verdad y al orden interior. Lograron eso a lo que temían Eowyn, de El Señor de los anillos, o San Jerónimo, carta 132, del 409: forjaron unas cadenas, que, de oprimir, hicieron olvidar la libertad y que los gestos heroicos son más que leyenda… de estúpidos, en el juicio de los oprimidos por estas cadenas, a lo Matrix. Claro, los hippies no son los únicos héroes: los beats, los folk, los bohemios de Greenwich Village, los black power, Hollywood. Más de un héroe en esta historia.

¿Por qué lograron tanto? Es fácil: ninguna otra revolución se presentó sin armas, como liberación individual y “subjetiva” de una opresión existencial, más que institucional. Ella no cambió instituciones. Pero, como las instituciones dependen de la cultura, y ella barrió la cultura, ella, como dicen en inglés washed out, arrasó, le pasó la aplanadora a todo el sentido institucional de Occidente. Gobierno, valentía y patriotismo (ergo: ejército y disciplina militar), familia, universidad, Iglesia. Todos éstos están en grave crisis. Luego de 1789, se proclamaba el fin del Cristianismo, pero eso no era sino un sueño de radicales; y surgían las vocaciones y la santidad entre la juventud, a borbotones. Hoy, puedes irte a Australia y ver que las vocaciones religiosas han disminuido 70% en cuarenta años (Aciprensa, 07-04-13). Estamos en límites históricos. Claro, una sociedad que ama a Jim Morrison, su depravación sexual y su esclavitud frente a las drogas, sólo porque producía estridencia y despreciaba a la autoridad y al orden; una sociedad que canta con Ozzy Osbourne: “We’re not gonna take it,¡NO!, we’re not gonna take it, we’re not gonna take it, any mooore… we got the right to choose and we’re never gonna loose it”; una sociedad que canta “We are young […] no one can tell us we are wrong”, con Pat Benatar, no puede amar los rigores de una vida radical de renuncia en Cristo, incluso a los propios criterios. Esto sí es revolución. “Carlitos, eres un pendejo, mucho más sabe Bobby, él es mucho más, cuando está ‘rambbling, gambling and a very long way home’”…

No, Carlitos, no eres un pendejo, eres un profeta. Marx es la gran inspiración: él vio muy claramente la orto-praxis, vio cómo barrer sentido diciendo que no existe, diciendo que todo es necesidad material, económica… y odio: esto es, alguna pasión baja. Luego, sus seguidores lo adaptaron a las circunstancias y lo afinaron. Como muchos autores y muchos movimientos, de materialistas nihilistas capitalistas (a lo Ayn Rand o Von Mises), materialistas nihilistas nietzscheanos, nihilistas pansexualistas freudianos (a lo Reich), materialistas autonomistas radicales-marxisto-heideggeriano-kierkegaardiano-nietzscheano-cartesiano nihilistas (a lo Sartre y su definición del hombre como náusea y como una pasión inútil), cientificistas materialistas nihilistas (como los positivistas) y otros fueron dominando la universidad y el panorama civilizacional; como eso fue así, muy pronto el alma de los muchachos, en universidades no católicas, fue sucumbiendo ante la marejada de nihilismo, desorden y voluntad de poder. Estas mezclas y muchas más, pero de los mismos elementos, terminaron por forjar una ideología nueva: una en que no hay que expresar nada, porque no hay nada que expresar, a lo Derridá o, más bien, a lo Cratilo. Y el ingrediente que termina de hacer que esto cuaje en las almas de los muchachos es la contestación intergeneracional, un “cállate la boca, mamá”, como el de Pat Benatar citado arriba: Kinsey diciendo que así son las cosas, que somos esclavos del sexo, al tiempo que desarmaba a los papás de los 50, que, a según, al querer imponer la moral sexual, no eran otra cosa que hipócritas, como lo sabíamos todos por la ciencia de Kinsey.

Gramsci, diseñando el plan de destrucción de la familia y la Iglesia, o Reich, diciendo “que se masturben, que así dejan de rezar”, son

Mick Jagger, símbolo de la revolución

Mick Jagger, símbolo de la revolución

paradigmas totales de la revolución. Otro es Margaret Sanger, interpretando las relaciones hombre-mujer como Marx interpretaba las relaciones obrero empresario. Una vez que éstos triunfan, ya todo está dado: Jack Kerouac puede ser el héroe de las chicas y los chicos. Lo mismo que los Beatles o Mick Jagger.

Sólo hicieron falta unos pocos impulsos. Los derechos civiles de los negros, echaron leña al fuego. Fue cuajando el anticristianismo, emparejado con el orientalismo, en el new age, a esto se unió el anticapitalismo, que se equiparaba, ramplona y materialistamente al antioccidentalismo; el sexismo de Sanger y Reich y Freud encontraron paja seca para su fuego. Y llegó la Guerra de Vietnam: puuuum, estalló la revolución. Un oficial estadounidense en Indochina, apresado por el Vietkong, es torturado de manera horrenda física, pero también psicológicamente: “ustedes nos ganarán con sus armas, pero nosotros les ganamos la guerra, con todos esos traidores que tienen ustedes allá…”.

Ahí vienen, el pop, en música y expresión pictórica, vienen los punks, La discoteca como órgano revolucionario favorito, el disco-music, el arte pobre, la disgregación. Ahí está todo, el sex, drugs and rock and roll.