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Tag Archives: parmenides

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El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, I

El significado y el padre de una tradición poderosa: Avicena

Avicena, médico, abogado, matemático, filósofo, uno de los más grandes pensadores de la historia

Avicena, médico, abogado, matemático, filósofo, uno de los más grandes pensadores de la historia

I.- La inteligibilidad de lo actual y el idealismo esencialista

Antes de pasar a tratar sobre Avicena (Ibn Sina, 980-1037), en este mismo artículo, y de otros pensadores y problemas del esencialismo, en general, voy a hacer un breve estudio de la inteligibilidad quoad nos (respecto de nosotros) del objeto del intelecto humano, el ser. Siendo ése el fin de esta serie (juntamente con que se vea bien esta corriente y sus escuelas derivadas, en especial, la fenomenología), se tomará a las esencias en cuanto tales y como ejemplares en la mente de Dios, como materia a estudiar; en ese trámite, se tomará a la dilucidación del ser de las matemáticas, así como de los objetos ficticios del arte, el ser de los ángeles, las almas, Dios mismo, varias de las virtudes humanas más importantes, etc., como ejemplos relevantes en los que ver aspectos de la estructura metafísica de la realidad y su inteligibilidad. Por otra parte, el examen de éste, el más importante y fundamental de los asuntos filosóficos (a saber, el ser y su inteligibilidad), en sí mismo, lo dejaré para otra serie de artículos, que escribiré pronto; aquí, como lo que trataré de hacer es exponer y analizar críticamente al esencialismo y sus derivados, no buscaré dar respuestas a las cuestiones clave, sino en cuanto a lo que toca a este gran río esencialista y a lo que de verdadero tenga, así como a determinados errores conceptuales que pueden verse en esta tradición filosófica y una de sus sub-tradiciones, a saber, la fenomenología y, especialmente, la realista. Dentro de esa tradición esencialista, trataré sobre varios de los autores más importantes, como lo son Avicena, Escoto (y, en un segundo plano, Descartes); y, en la fenomenológica, se prestará particular atención a un autor cristiano actual: el profesor Josef Seifert, quien posee especial relevancia en el pensamiento católico contemporáneo; aunque rastrearé a sus padres intelectuales: el mismo Scoto, Descartes [y, en alguna medida, Kant], Brentano, Husserl, Reinach, Von Hildebrand. En una plabra, se verá una importantísima raíz de la modernidad, que es, a la vez, una fuerte tendencia en el pensamiento cristiano contemporáneo.

La idea es mostrar que nuestra experiencia comienza y está completamente signada por lo sensible, en lo que captamos lo inteligible y a partir de lo cual se asciende a otras regiones del ser, incluso la de lo que no es de ningún modo sensible, sino totalmente inteligible, incluso hasta Dios. Es decir, cuando nos elevamos sobre lo material, lo hacemos partiendo de esto, por lo que, al considerar lo espiritual, siempre estamos condicionados por el origen sensible de la consideración: al pensar en Dios, por ejemplo, la imaginación tiene que intervenir, ya que el intelecto, principiando en los objetos que ella le “transmite”, sólo puede operar (en esta vida, al menos), si ella opera. Y, dado que, para llegar a Dios, arrancamos de lo sensible, nuestros conceptos sobre Él están llenos de las limitaciones propias de este ser, por lo que continuamente tenemos que estar purificándolos [como en las primeras 20 cuestiones de la Pars Prima de la Suma Teológica]. Aparte de que, en la experiencia de lo que no es sensible, lo que nos está más presente, nuestro propio intelecto, sólo puede ser conocido reflexivamente, luego de operar. Esa operación se da al captar entes sensibles y materiales: el alma no está inmediatamente presente a sí misma, por lo que el método adecuado a su estudio, supone sus operaciones y sus objetos, comenzando por los exteriores. El esencialismo ignora fuertemente este rasgo de la realidad…

Dado ello, digo, dado ese rasgo, en nuestro conocimiento, no entra nada que no provenga de lo sensible o que no dependa de ello para ser conocido (por nosotros), sea que lo conozcamos directa o indirectamente, como a Dios. Entre los cognoscibles puramente inteligibles que conocemos de manera natural sólo se hallan el intelecto y la voluntad y lo que les pertenece, los cuales conocemos directamente, es decir, por experiencia inmediata (si bien la misma requiere de las operaciones que ellos realizan sobre otros entes). Mientras que a Dios, por ejemplo, lo conocemos sólo indirectamente, por prueba impropia, a partir de sus efectos.

Entre lo que le pertenece al intelecto, hay unas ideas o intenciones suyas, que son abstractas. Entre ellas, a su vez, están los números, las figuras geométricas, sus propiedades y proporciones mutuas. En efecto, el número es medida abstracta de la cantidad discreta; las figuras son límite cuantitativo visible de los entes materiales y, por materiales, cuantitativos; y uno de dos tipos de relaciones y proporciones son las cuantitativas. La matemática estudia a unos y otros, en cuanto abstraídos de lo sensible.

Por ello, por ejemplo, a los niños se les enseñan las matemáticas a partir de medidas cuantitativas concretas, como monedas (caso típico chileno) o distancias (como yo les enseñé a mis hijos). Las distancias, con ayuda de dibujos en el papel, son muy útiles: se coloca una línea, con tres hitos, la casa de la Caperucita en el medio, la de la amiguita de la Caperucita a la izquierda y la de la abuelita a la derecha. El punto cero es el medio, la de la abuelita es cien, por ejemplo, y la de la amiga es menos cien. Se hacen las divisiones respectivas y se comienza a andar hacia delante o a retroceder; como el objeto de la salida de la niña es llegar a casa de la mamá de su mamá, si no hace caso y se dirige a la casa de la amiguita, se pone en negativo; si, por el contrario, toma el camino hacia la derecha, se acerca y va en positivo, en consecuencia. Puede detenerse en cualquier punto, sea una división entera o ésa más alguna fracción; puede retroceder o avanzar continuamente o dando saltos (suma y resta de enteros o de infinitesimales), puede dar saltos que sean varias veces alguno más pequeño (multiplicación); y así sucesivamente. También pueden usarse cajitas, que contienen otras cajitas, que contienen otras cajitas o que contienen ya individuales, para enseñarles el sistema decimal. Se puede utilizar una inmensa diversidad de métodos. Quien lo haya hecho sabe lo difícil que es que el niño capte las proporciones; pero, sobre todo, lo difícil que es que haga la abstracción a partir de los ejemplos concretos; y sabe también el salto que se da al realizar la referida abstracción.

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Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo

No desconocen lo inmaterial, lo rechazan activamente, las consecuencias han sido y serán devastadoras, la humanidad corre grave peligro

Tales, el gran milesio, uno de los siete sabios de Grecia, descubrió la ciencia, que el universo tiene una inteligibilidad intrínseca, que los fenómenos tienen un orden, conforme a leyes que proceden, según sabemos desde Sócrates, de su forma sustancial. Los modernos rechazan todo esto, por eso: que Dios nos agarre confesados

Tales, el gran milesio, uno de los siete sabios de Grecia, descubrió la ciencia, que el universo tiene una inteligibilidad intrínseca, que los fenómenos tienen un orden, conforme a leyes que proceden, según sabemos desde Sócrates, de su forma sustancial. Los modernos rechazan todo esto, por eso: que Dios nos agarre confesados

En la época y en la sociedad en que comenzó todo, no se conocía la inmaterialidad, la ciencia apenas despertaba, se hacía conciencia, pero estaba adormilada, no conocía todas las implicaciones de su propio existir: Tales de Mileto descubre la ciencia, que los fenómenos del mundo suceden conforme a unas “leyes” a un orden que no responde a espíritus detrás de las cosas, sino al ser mismo de cada ente, en sí mismo y en relación con los demás. Pero explicó todo con agua… Anaximandro, de Mileto también, mete el ápeiron (el infinito) a ser, con los opuestos, el origen del universo y su orden. Anaxímenes, discípulo de Anaximandro, dice que el origen es aire y retrocede; lo mismo sucede con Demócrito y Leucipo, que inventan el atomismo.

Luego de estos intentos iniciales de explicación del mundo, aparecen expresiones de la inmaterialidad un poco inconscientes, para los que las captan, y un poco muy fuertes para que ellos percibieran exactamente lo que estaban viendo: Empédocles dice que todo es mezcla de amor y odio que penetran la materia, en ciclos, en los que en la medida en que penetra el amor, huye el odio y viceversa. Anaxágoras descubre el Nous, el Intelecto (ojo con las estupideces moderno-nominalistas: que traducen nous como “pensamiento”, bah), como causa general, aunque no pudo verlo detrás de los fenómenos particulares, en los que sólo vio sujeto material y motor mecánico. Heráclito encuentra el Logos, al que llama “rayo” y “fuego”, pero sí lo ve detrás de los aconteceres, si bien, como se ve, no lo tiene por inmaterial, de manera distinta. Parménides se encuentra a ES, ve el abismo infranqueable [por nada que no tenga Poder Infinito y que no sea sumo Ser subsistente] de la nada al ser y, por eso, vio a un ES, acto puro, sin sujeto (por eso no se trata de un “esto es”, sino de ES, como en el Éxodo, 3,14: Dios es el que “ES”), eterno, sin partes, sin distinciones, sin aquí o allá, sin lugar, absolutamente necesario, completamente simple, que no podía ser material. Digo, Parménides no se dio plena cuenta, quizás (así lo hacen parecer sus expresiones), de que su ES no podía tener partes, que tenía que ser simple e inmaterial: por eso, dijo que era homogéneo y redondo (todo equidistante a un centro). También vio que era intelecto e intelección, verdad. Vio que era divino. Y vio que los mortales –Heidegger, que se pregunta, ¡insensato!, “¿por qué el ser y no la nada?”, por ejemplo–, no eran capaces de ver la verdad primigenia: a él mismo le revela todo una diosa… Pitágoras descubre que hay un orden de proporciones en la realidad, como el que se encuentra entre los números y cree que la realidad es número…

La inmaterialidad aparece en Tales, en un orden intrínseco, leyes internas de las cosas y de sus relaciones mutuas; Anaximandro ve la distinción, los cambios y algún algo infinito (ápeiron) que está detrás del ser; Anaxágoras ve que ese infinito, que pone leyes al mundo, un orden inteligible, es un Intelecto, Nous; Heráclito lo llama Logos, como lo haría luego San Juan (en el Principio existía el Logos… y el Logos era Dios… y todo fue hecho por Él y era la Luz del Mundo… y la Vida y Gracia y Verdad); y Empédocles vio que era Amor que produce la unidad de los seres unos y odio que causa la distinción (principio de no contradicción) y abre el paso para que se vea que la realidad es buena y amor (como en San Juan: Dios es Amor: su obra tiene que ser amor, si la causa es proporcional al efecto…); Pitágoras ensancha el camino de la captación del orden y abre la puerta de ese cuarto luminoso, el de la matemática aplicada a la realidad natural.

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(In-)Cultura de la chabacanería VS. el Misterium Tremendum

Se hinca ante peloteros pinchados y no se arrodilla ante Dios

Parménides, padre de la metafísica y de nuestro conocer lo inmaterial: él supo bien  la inmensidad de lo divino, su infinitud y santidad

Parménides, padre de la metafísica y de nuestro conocer lo inmaterial: él supo bien la inmensidad de lo divino, su infinitud y santidad

Un amanecer, Pitágoras, luego de pasar toda la noche meditando sobre la unidad, se retiró tembloroso ante el misterio… Algo parecido ocurrió a otro grande de entre los precursores de la ciencia: Platón: el Ateniense se asombraba ante el hecho de que uno y uno fueran dos, que se pudieran reunir en una unidad nueva más amplia, que los reunía, que era real, por encima de sus respectivas unidades. Hoy en día, uno mismo, como muchos antes, se pasma ante el hecho increíble que dejó a Sócrates en plena fecundación: no crecemos porque se peguen carnes a las carnes y huesos a los huesos, la asimilación de materia por nuestro cuerpo no es mera adición mecánica, es algo muy superior a la suma de uno y otro, que totalizan dos, el átomo es más que mera contigüidad material, la molécula supone formalidades superiores, la célula es una totalidad impresionante y subir de ahí, por tejidos, órganos, aparatos, a la unidad del ser vivo que asimila los nutrientes y los hace partes reales de sí nos deja casi fuera de combate… Pero viene un muchachito y publica un libraco de 500 páginas sobre la unidad y ni se asoma que pasara por las perplejidades del maestro Jonio, mucho menos por las de Platón o las de Sócrates…

Vivimos en una época impresionante. La época de la insolencia, hermana siamesa de la ceguera espiritual… El materialismo toma caras terribles, en la interpretación del mundo, pero también en la moral de las personas: un mundo de gente dispuesta a vender su alma por unos cuantos papelitos verdes… Mientras tanto, multitudes se rinden en adoración a un jugador de pelota o una “modelo”, una que pone su cara bonita o no tan bonita para que le tomen fotos, con tal o cual ropa puesta, vaciedad total la de estos modelos… Puede también que se idolatre a algún “artista”, “cantante”, de pseudo música, o actor, en películas en las que lo que importa son los efectos especiales y los colores y el “sex appeal” de los actores… Es igualmente posible encontrar a innumerables obnubilados porque hay un aparatico que tiene unas lucecitas: los adelantos de la “ciencia”, de la tecnología, querrán decir: el “progreso”, ya no necesitamos a Dios. Lo de la “música” no es de poca importancia: una cosa inspirada por la divinidad para la divinidad y para elevarnos a Ella, usada como arma del desorden, el vicio y el materialismo: la corrupción de lo mejor es la peor: rock and roll, salsa, pop music, reggae, reggaetón, hip hop, rap y pare de contar: un arma de inmensa potencia revolucionaria, “chabacanizadora”, perdónese la horripilancia del neologismo.  Y la promoción activa y directa de la “libertad”, una especie de afirmación universal de la deificación, que va desde las posibilidades de tener sexo como se quiera, hasta crearse su propio dios o, aún, panteón y ponerlo donde uno quiera: fuera, dentro; y hasta matar al fruto de las antedichas relaciones sexuales; y hasta fabricar muchachitos sin sexo… jijijiji…

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Jorge Luis Borges y la razón de su agnosticismo

O sobre la pequeñez de ánimo del hombre

Jorge Luis Borges, genio y buen hombre. No fue cristiano, pero no fue enemigo de Cristo; más bien, fue su amigo, por parte de su mamá. Ella, con su Fe, puede haber hecho de su hijo un "obrero de la undécima hora"

Jorge Luis Borges, genio y buen hombre. No fue cristiano, pero no fue enemigo de Cristo; más bien, fue su amigo, por parte de su mamá. Ella, con su Fe, puede haber hecho de su hijo un “obrero de la undécima hora”

Jorge Luis Borges fue un gran genio, de eso no hay duda. Fue un hombre capaz de entender todo y de ponerlo en una gran clave literaria, convirtió todo en estética. Además, fue un hombre bueno, un hijo piadoso. A petición de su madre, rezó el Ave María todas las noches de su vida y Dios lo premió: en los últimos instantes de su vida fue asistido por un  sacerdote y recibió los últimos auxilios. Quizás, a quien premió fue a la madre del literato, que se preocupó siempre, cual moderna Santa Mónica, de la salvación eterna de su Agustín. A lo mejor, la Virgen le consiguió esa postrera gracia. No podemos saberlo en esta vida. Posiblemente todo sea una combinación de todas las anteriores.

Borges fue un tipo que tuvo una desgracia en su gran inteligencia. No soy un experto en el autor ni nada por el estilo, pero creo saber que, él entendió mucho de los sistemas pseudo-filosóficos modernos y postmodernos y se infectó de un rasgo de esa postmodernidad: el no creer en nada, el ver a todo como invención humana. Pensaba, Borges, que el hombre es demasiado pequeño para todo, absolutamente todo: incluso para el bien o el mal…

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La participación platónica y la limitación humana

Una mirada a los fundamentos racionales de la Fe y a la desquiciada deificación usurpadora de los revolucionarios

Platón, ql descubrir la participación, dio uno de los pasos más importantes que haya dado nunca la razón humana, para comprender a Dios, al mundo y a nosotros mismos: la analogía y la distancia del Ser per se y los entes por participación

Platón, ql descubrir la participación, dio uno de los pasos más importantes que haya dado nunca la razón humana, para comprender a Dios, al mundo y a nosotros mismos: la analogía y la distancia del Ser per se y los entes por participación

La doctrina de la participación es una de las más importantes, a la misma vez, del platonismo y del tomismo, es uno de esos puntos en los que el genio de Santo Tomás trasciende las diferencias de mera apariencia en las doctrinas, concretamente, entre el platonismo y el aristotelismo. Al causar un generador hace participar de algo suyo a lo generado; al crear, dar el ser de manera absoluta a lo que no lo tenía de ningún modo, se participa algo fundamental a la causa: el ser mismo. Dios crea, Dios da de su propia naturaleza a unos otros que “saca” de la nada: les participa su propia gloria.

Platón introduce su explicación más importante de la participación en El Sofista, para refutar, a una, a Parménides y a los sofistas, precisamente; mientras define al ser, objeto de la ciencia filosófica y, por ende, al cultor de esta disciplina. El ser, que define como capacidad para actuar y padecer (como una preparación de Aristóteles y Santo Tomás: naturaleza determina modos de obrar, nada causa si no está en acto, todo obra según su ser, etc.), es común a todas las cosas que son y, por tanto, debe ser participado a todas. También son comunes los pares “movimiento-reposo”, “uno-múltiple”, esto es: los términos del principio de no contradicción: el ser y el no ser, el ser éste y NO ninguna OTRA cosa. Pero no todo puede participar de todo: lo contradictorio directamente no puede participar de lo directamente contradictorio. Es aquí donde Platón introduce la definición del filósofo: éste es el que sabe qué cosas pueden participar de qué otras; y el ser es el objeto propio de su arte. “Dividir las cosas de esta manera por géneros y no tomar en modo alguno por otra forma una que es idéntica ni tomar por idéntica una que es distinta, ¿acaso no vamos a decir nosotros que ésta es la obra de la ciencia dialéctica [herramienta básica del filósofo]?”

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La Razón verdadera: la luz del Hinduismo y sus sombras

En la Tradición teológica greco-occidental, tenemos un tesoro inigualable

Este artículo es el tercero de la serie Una Luz en las tinieblas y las sombras de muerte, sobre Cristianismo, racionalidad, orientalismos y el carácter benéfico de la religión.

dioses hindúes, con sexo, brazos, de todo. arriba, Kali

dioses hindúes, con sexo, brazos, de todo. arriba, Kali

Al acercarse a una doctrina, uno tiene que limpiarse bien los ojos, no vaya a ser que por las impurezas que están dentro de nosotros, no veamos el bien que yace ahí o que lo distorsionemos. Uno no va a ver cómo es que el otro está equivocado, uno va a ver qué dice, luego pondera y ve lo que hay de verdadero, lo que hay de enseñanza para uno y, finalmente, si es el caso, lo que hay de falso. Para eso tenemos inteligencia y para eso hay maestros impresionantes en la historia y, por encima de ella, el Maestro que se nos revela, nos crea y redime. Si se trata de doctrinas que han sido la sustancia social de admirables civilizaciones, compuestas por miles de millones, por milenios, no se puede pensar que sean puras patrañas insostenibles: algo tienen que tener que han elevado a tantos hombres y han dado lugar a verdaderos ejemplos de generosidad y de tantas otras virtudes.

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