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El Cristianismo como la fuerza más opuesta al gnosticismo de la historia

O del gnosticismo como el más perfecto anticristo concebible

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Contenido

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

El anticristo gnóstico

Cristianismo, la religión del ser, verdad-bien-belleza, de su orden, de la libertad

Gracia y naturaleza, en el pensamiento de Santo Tomás

La Moral, las virtudes directrices y los dones del Espíritu

Sobre la capacidad natural de conocer la verdad y amar y realizar el bien y el auxilio de la gracia

Los sacramentos, vehículos por excelencia de la gracia, se diseñaron con miras en la naturaleza

Conclusión

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

“¿Qué hay en el origen? ¿La Razón creadora, el Espíritu creador que obra todo y suscita el desarrollo, o la Irracionalidad que, carente de toda razón, produce extrañamente un cosmos ordenado de modo matemático, así como el hombre y su razón? Ésta, sin embargo, no sería más que un resultado casual de la evolución y, por tanto, en el fondo, también algo irracional. Los cristianos decimos: ‘Creo en Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra’, creo en el Espíritu Creador. Creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad. Con esta fe no tenemos necesidad de escondernos, no debemos tener miedo de encontrarnos con ella en un callejón sin salida. Nos alegra poder conocer a Dios. Y tratamos de hacer ver también a los demás la racionalidad de la fe […]. Creemos en Dios. Lo afirman las partes principales del Credo y lo subraya sobre todo su primera parte. Pero ahora surge inmediatamente la segunda pregunta: ¿en qué Dios? Pues bien, creemos precisamente en el Dios que es Espíritu Creador, Razón creadora, del que proviene todo y del que provenimos también nosotros. La segunda parte del Credo nos dice algo más. Esta Razón creadora es Bondad. Es Amor. Tiene un rostro. Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. ‘El que me ha visto a mí, ha visto al Padre’, dice Jesús (Jn 14, 9). Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la Cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios” (Benedicto XVI, Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona, del 12 de septiembre de 2.006).

El anticristo gnóstico

El anticristo será lo opuesto de Cristo, luego, será un gnóstico, pues ésa es la gran diferencia: Jesús es la Verdad y el gnosticismo es la gran mentira y la más grande de las tentaciones, porque la verdad es lo inteligible y lo inteligible es el ser, el pecado es esclavitud y la verdad es lo que nos hace libres, el someternos a la naturaleza, a su ley, bajo Dios Creador; y el gnosticismo es rebelión contra esa realidad, contra la verdad, contra la libertad, es tiránico, totalitario, es una fantasía de la voluntad de poder, exactamente diabólica.

Es así desde el primer antagonismo que surgió contra el Logos encarnado. Porque, en él, se embarcaron los judíos, cuando, habiendo matado al Logos y, habiendo Éste resucitado, lo rechazaran, y su templo fuera destruido, con su sacerdocio y su religión. Inmediatamente asumieron un mesianismo destructor, el de Bar Kochba y Rabí Akiba, que llevaron a ese pueblo a las tragedias que terminaron con la construcción de Aelia Capitolina y la prohibición de que se acercaran al antiguo emplazamiento de Jerusalén. En un principio, el sanedrín combatió a la Biblia, torciendo la definición de los libros sagrados, en Jamnia. Pero muy pronto salió a la superficie que el antagonismo hacia el Logos no podía admitir a la Palabra que era Palabra suya. Así, la Mishná, la Mercabá y la Zohar, la Cábala (vid. Gershom Scholem, Origins of the Kabbalah, sobre las relaciones entre la mercabá y la cábala), con su Tikkun Olam, surgieron, relegando a la Palabra de Dios a un segundo plano, puesto que, según el Talmud, los rabinos derrotaron a Dios. Su guerra contra el logos y el Logos los llevó por la vía de todos los desastres, las barrabasadas del Talmud, Moisés de Creta, Shabbetai Tzebi y sus hijos, por la vía de Jakob Frank, la ilustración, el sanedrín napoleónico, Ricardo-Rothchild (la banca de reserva fraccionada, el sistema montado sobre el crédito: 90% on thin air, en manos de los banqueros, a intereses, pagados por el gobierno y los prestatarios particulares, en una pantalla de computadora [antes de eso, lo que regía era el gold standard, porque el oro estaba en sus manos y todo el mundo, ahorcado ya, podía quedar ahorcado]), Marx, Hess-Hertzl y el ultranacionalismo sionista, Freud, Reich-Marcuse-Bernays y su revolución cultural-sexual, Leo Strauss-Irwin Kristoll con sus neo-cons y sus guerras interminables, la pornografía y la ideología del género, etc. Una tragedia sin fin que atraviesa toda la historia de la Salvación, desde el Cumplimiento de la Promesa y como profetizó el Salvador. No es ninguna casualidad que los orígenes más remotos del gnosticismo moderno, sea “cristiano”, judío, musulmán o ateo (vid. Dawson, Historia de la cultura cristiana, ensayo XVIII: la secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso), deban emplazarse en Armenia y el Cáucaso: Khazars, iconoclastas-paulicianos-bogomiles y fatimitas.

***

En San Ireneo (Adversus Haersses, I,1-5), se puede leer sobre el origen del gnosticismo, sobre las concepciones de los gnósticos del siglo II. Hay dos rasgos que saltan más que cualquier otro a la vista en esas fantasías abstrusas: en primer lugar, está el corte que hay entre el “mundo” divino del Pléroma (en el que los aeones, que son tan superiores que no se pueden ni vislumbrar, tienen sexo) y el universo en el que vivimos nosotros. En segundo lugar, está el hecho de que ellos concebían al mundo como el resultado de un pecado, del intento de un aeón, sabiduría-Achamoth (muy probablemente, del hebreo, hachmoth), de ocupar un lugar que no le corresponde, de las tinieblas que se siguen para ésta de su pecado y de las pasiones que se generaron del tal pecado. El mundo es pecado y pasión; la materia y la pasión son malas; y en el universo no hay luz ni inteligencia.  Esto es diametralmente opuesto a Génesis I (7.10.12.18.21.25 y, sobre todo, 31) y II, donde las cosas son causadas por un Dios infinitamente bueno, que las va viendo, mientras salen de su “boca”, y constata que son buenas, muy buenas. También dista una infinitud de Génesis III, pues el pecado original de la criatura, no del Creador, es el origen del mal.

Luego de que Occidente naciera y creciera como civilización cristiana, con sobresaltos y brotes gnósticos relativamente menores, hasta el siglo XVI, pero, sobre todo, hasta finales del XVII, cuando el gnosticismo ya era imparable, el mismo fue cada vez más haciéndose anticristiano, cada vez más abiertamente tal y cada vez más fuerte. Dawson relata su desarrollo secular, desde el principio, pero resumiré lo que dice, desde esta época crucial, la del nacimiento del rosacrucismo, de la masonería, de la ideología de la mal llamada ilustración, de la Revolución Gloriosa en Inglaterra. Luego de las divisiones en el Cuerpo de la Iglesia o, más bien, de las rupturas protestantes, la alta cultura no se dividió. Los hombres de ciencia estaban divididos étnicamente entre protestantes [Newton, Huygens, Leibniz, Kepler] y católicos [Descartes, Galileo, Mersenne, Pascal, Gassendi, Torricelli, Roberval, Copérnico]. Pero la cultura los unía; pues, culturalmente, a pesar de las divisiones, y de la intensa religiosidad que movía las disputas religiosas, la cultura permanecía siendo europea o pan-europea. En esa circunstancia, se tendió a buscar una religión común racional (esto es la masonería), común a toda la gente “sensata”: Montaigne, en el XVI, y Locke, Cherbury y Chillington, en el XVII [éstos dieron lugar a Tolland, Collins, Marchand, Rousset de Missy, en el XVIII; y éstos a Voltaire y d’Holbach, D’Alembert, Rousseau, Helvecio, Condorcet, Diderot, La Mettrie, Phillippe Égalité]: el naturalismo como religión mundial, de los ingleses a los philosophes franceses, en el XVIII [aparte del ateísmo, claro].

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Antisemita

El mundo, desde la perspectiva del racismo… y fuera del sinsentido sólo-para-mediocres que es el tal racismo

El Número 13 es Carlos Lwanga. Ellos son corona de Cristo, gente hermosa, caridad y heroísmo

El Número 13 es Carlos Lwanga. Ellos son corona de Cristo, gente hermosa, caridad y heroísmo

Contenido

Precisando los términos: no digas ‘raza’, por favor, no seas marginal

El materialismo como causa del racismo, la extrañez del mismo para el Cristianismo

Hess, racismo judío y antisemitismo

¿Cristiano y antisemita? Qué contradicción tan estúpida

¿Pero no persiguieron los cristianos a los judíos siempre?

Pero tú eres antisemita, ¿no?

Conclusión y reflexión final

Boston, junio de 1979. Apenas han pasado 11 años desde el asesinato de Martin Luther King Jr. La batalla por los derechos civiles es algo muy reciente. La migración masiva de negritos “sharecroppers” del sur hacia el norte, desde lugares como Mobile, Alabama, a lugares como Boston, que comenzó con la Segunda Guerra Mundial y terminó, más o menos, con las amenazas de King Jr., usando a la banda criminal de los Blackstone Rangers, a los lituanos de Chicago de que les quitarían sus casas a la fuerza, también era algo de extremada reciente data. Yo acababa de cumplir 10 años, cuando me dirigía, vía Boston, a un camping de muchachos, en New Hampshire, en la época en que los venezolanos hacíamos cosas así sin ningún problema, sin pensar en el gasto. Por la calle, nos encontramos a una familia de negritos, una señora con sus hijos, uno de los cuales era un chiquita, de unos 2 años, si recuerdo exactamente. Íbamos mi papá, mi hermano mayor, mi primo Edgar y yo. Yo era el chiquito de nuestro grupo; y tuve un impulso: le hice un cariño a la negrita linda… Mi papá me regañó. ¿Racista?, se preguntarán. Obviamente, NO, rotundamente, NO. El problema es que mi papá tenía 41 años (casi, los cumpliría una semana más tarde): él sabía la clase de problema que eso nos podría generar: un niño, inocente, de 10 años, acariciando a una chiquita, inocente, de 2… Habría sido, y mi papá tenía suficiente discreción para saberlo, como una de esas escenas de película en que el policía blanco, Steve Zahn, es acosado por el violentamente racista ciudadano negro, Martin Lawrence, porque el otro, por definición, es racista y éste, por definición, es víctima…

Precisando los términos: no digas ‘raza’, por favor, no seas marginal

En junio del 2013, publiqué una serie de artículos llamados Rubén B.: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al hombre, pero no matan la idea”? (fueron 7 y éste es el enlace del primero). La idea era destruir esa típica cadena del mundo de hoy, forjada por algún mediocre radical, en la rama de “racista radical” de los mediocres radicales, según la cual todo rechazo a otro es “racismo” o “clasismo” (éste, claro, tiene tanto sentido como el otro [0, cero, nada, niente, nothing, nihil], pero no es el tema de este artículo). “Es que los gringos son unos racistas, por eso la tienen cogida con nosotros, los latinos [nombrecito sin sentido aquí, dicho sea de paso]”. Éste era el espíritu de mi espiritual serie de artículos: “Imagínense esta propaganda de televisión: van saliendo imágenes de 2 segundos de Bernie Williams, el Negrón pelotero puertorriqueño, con Bárbara Palacios, la Miss Universo venezolana; Pampita, la modelo argentina, con Pelé y Alex Aguinaga, el ecuatoriano; Cecilia Bolocco, la Miss Universo chilena, con Fernando Valenzuela el pitcher mexicano con rasgos indianos; Javier Sotomayor, el saltador de alto cubano, con alguna de las muchachas peruanas que hacían nubeluz; Messi con Glebys Ibarra la actriz morenaza venezolana de ojos verdes; Rubén Blades y Oscar D’León; el “Pibe” Valderraba, junto a Carlos Vives, Shakira, Juanes y la bella muchacha que protagonizó aquella telenovela, Café, con aroma de mujer o con Betty, la fea; Arturo Peniche y Talía, con Wilfrido Vargas. Al principio, Rubén se pregunta, ‘¿por qué aquí no matan la idea?’, todos van preguntándoselo. Al final, se responden: ‘es que nosotros no somos una raza… Iberoamérica es un espíritu…’. Y todo bajo un fondo musical de Celia Cruz, con una orquesta dirigida por Dudamel y Baremboim, con fotos de Bello, Neruda, Borges, Gardel, Bolívar, Sanmartín, Sucre, Juan Pablo Duarte, José Martí, Teresa Carreño, Romero, la Virgen de Guadalupe, la Coromoto, San Martín, Santa Rosa, San Roque Santa Cruz, San Juan Diego Cuauhtlatoatzín, etc., etc. We didn’t start the fire…”. Era una burla a sinsentidos como éste: “Dice Juan Luis Guerra, de su justamente querida República Dominicana, en la bella isla de La Española, más bien, de su simpático y alegre pueblo, que son ‘una raza encendida, negra, blanca y taína’”: ¿una raza de tres razas, no será un espíritu, lo que Briceño Iragorry llama un “mestizaje cultural”, espiritual, geniecito?

Seamos formales: la raza, en la especie humana, es más un constructo que una realidad.

Cuando uno habla, refiriéndose a la categoría de la sustancia, de especies y géneros, en metafísica, uno está hablando de cosas esenciales, del ser mismo de algo, de una cosa, de una realidad que existe en y por sí misma. En biología, las clasificaciones zoológicas y botánicas tienen un sentido derivado del metafísico y, precisamente, las definiciones tienen que ver con niveles de generalidad y especificidad proporcionales. Sin embargo, por esa vía, se llega a un punto en que las diferencias no son esenciales, se llega a la última especie, al perro, por ejemplo. Más “abajo” de esto, se pasa a diferencias dentro de modos de ser de una misma esencia: se trata, entonces, de diferencias ACCIDENTALES. Uno tiene un REINO (animal), que se bifurca en DIVISIONES (vertebrado), que se divide en CLASES (mamífero), que se dividen en ÓRDENES (carnívoro), que se clasifica por FAMILIAS (cánido), bajo las cuales encontramos a los GÉNEROS (can), a los que pertenecen las ESPECIES (perro). Éstas últimas, coinciden con la ‘especies’ metafísicas y los ‘géneros’, con los “géneros próximos” de las definiciones aristotélicas, según las clasificaciones dialécticas de Platón (por ejemplo: en El Político y en El Sofista). Por debajo de las especies, están las razas. Biológicamente (y aún para el comercio), tiene sentido ver que hay pastores alemanes y chihuahuas; pero, metafísica y éticamente, la diferencia es insignificante, pues, ‘perro’ se dice unívocamente de ambos, son lo mismo, se definen de la misma manera y, por tanto, valen lo mismo, en cuanto seres…

Eso es así, en lo que se refiere a los perros, ¿qué será en lo referente a las personas corpóreas? Para un perro, puede que el tamaño y la fuerza sean punto clave, pues, alguien puede querer una ayuda para cuidar el ganado o un compañero para los niños. Pero no se ve que tenga ninguna relevancia a la hora de medir cuánto vale uno cuya madurez esté atada no a la capacidad de defenderse de las fieras o de procrear, sino de la inteligencia, la verdad, la capacidad de amar, el bien, la virtud. Lo peor es que, en este ámbito, casi el único criterio es el color de la piel y muy poco más y el color de la piel es un asunto simple de pigmentación, casi una nadería… salvo para los menos que mediocres, sobre los que vamos a hablar ahora, en un minuto.

Vean una película de ésas gringas de vaqueros, Los siete magníficos, por ejemplo: un “blanco” se enfrenta a un “indio” y por ahí hay unos mejicanos: ¿qué distingue al gringo y a los mejicanos? No será la cultura occidental de unos y otro, por más que unos sean hispanos de Catolicismo escondido en la película (aunque en su pueblo haya Iglesia) y el otro anglosajón-protestante, esta diferencia es menor, en cuanto a la identidad cultural. Pero ¿qué distingue al “indio” de los mejicanos? No será la raza, pues son de exactamente el mismo origen. El gringo y los mejicanos son más lo mismo que los mejicanos y el indio, ¿qué les parece?, qué resultado tan paradójico… para el mediocrísimo mundo de hoy, gobernado por gente muy baja, en los medios de comunicación, sobre todo…

Es lo mismo que uno ve cuando vive para asombrarse y ver a un judío ashkenazi, catirito (rubiecito, en venezolano), con su pelo amarillo y sus ojos azules, acusando a un árabe de “antisemita”. El sinsentido es demasiado evidente para que nos pase desapercibido. Ahí tiene que haber un problema adicional, porque ¿cómo puede un NO-semita, bajo ninguna consideración, acusar a un semita por los cuatro costados de “antisemita”? Ahí, de nuevo, está operando alguna grave corrupción de la razón.

Una corrupción parecida aparece cuando, a alguien de una cultura no materialista, la gente, haciendo proyecciones desde la actualidad occidental, le lanza acusaciones de racismo. Es como si, Aristóteles o Platón pudieran ser racistas. Alguien puede decir que los griegos lo eran, que trataban a todos los demás de “BÁRBAROS”. Pero eso es una proyección, como les digo, los griegos, quizás, algunos de entre ellos, eran xenófobos; muchos otros, muy probablemente, fueran conscientes de su superioridad cultural patente y, por ello, estuvieran afectados de algún tipo de orgullo nacionalista. Claro, eso no afectaba a Platón, quien decía que la susodicha distinción no tenía base. Sin embargo, aunque tuviera formas incipientes en otras sociedades, el racismo es una forma revolucionario-materialista, post-cristiana, moderna, occidental; y, en cuanto tal, es una ensoñación gnóstica; y, en cuanto tal, es una guerra contra la realidad, que causa tremendas distorsiones, en la comprensión de la misma y en el actuar en el mundo, no en balde es un factor importante en la ignición de la más grande guerra en que se ha enfrascado la humanidad [no era sobre racismo la historia, pero éste fue un importante factor de ignición].

Uno entiende, sin embargo, estas peleas entre grupos de identidad étnica diferente, aunque con las distorsiones del gnosticismo post-“pseudo-ilustración”. Cuando un ashkenazi le dice a un árabe ‘antisemita’, está reaccionando a un condicionamiento, se trata de algo que le enseñaron desde chiquito, que todo conflicto de este tipo es racial y que él es semita y que todos los demás son antisemitas, sobre todo, si en ciertos medios informativos y ciertas organizaciones líderes judías así lo señalan. Es así, aún cuando la raza NO es [evito el subjuntivo sea, para evitar cualquier confusión: no estoy hablando en sentido deprecatorio, sino negando una actualidad] materia de identidad nacional, cultural, étnica. Miren a las tribus del África, a los hutus matando tutsis, en Ruanda, negros matando negros, mientras que uno, desde afuera, no sabía cómo se distinguían entre ellos… Es como la guerra Irak-Irán o el odio entre sikhs e hindúes o el odio entre indios hindúes y musulmanes, etc. Son odios reales, muy acerbos, pero no RACIALES, eso sería completamente ridículo, son problemas étnico-culturales, lo que es muy distinto.

El materialismo como causa del racismo, la extrañez del mismo para el Cristianismo

Pero ¿de dónde sale el racismo? Bueno, tiene dos fuentes. 1) El racismo “empírico es uno típico de los ingleses, por ejemplo. Ellos inventaron que eran superiores y se lo creyeron con mucha fuerza, cuando empezaron a tener tremendos éxitos en el comercio internacional, lo que les formó (junto a su no tener límites, sobre todo en el aspecto de “despiadados”) un imperio y los hizo el país más rico del mundo (bueno, sus clases dominantes, porque los demás pueden verse en su extrema miseria en los libros de William Cobbett, los de Dickens o en El Capital, de Marx). En ese momento, en el surgir del imperio, gente como Hume se elevó a la prominencia, diciendo que la moral consistía en las maneras de los lores ingleses y sus ladies. Si eso era así, lo que no fuera inglés o lo que a ellos no les gustara era desechable, algo esperando para ser destruido. Y, por el contrario, si a los ingleses les convenía, eso debía ser moral y muy digno y bueno: el tráfico de drogas en Asia, sobre todo para quebrar a las poblaciones lugareñas, China y la India, y para percibir los pingües beneficios, en cuya defensa armaron TRES GUERRAS (las Guerras del Opio); o, también, la destrucción de naciones y culturas, como la cultura tabú hawaiiana; o formar estados artificiales que, a la salida de los ingleses, fueran hervideros de desorden y odio étnico, con la potencia del estado nacional occidental y sus modos de organización: Birmania-Myanmar y sus continuas masacres puede ser un ejemplo bastante claro de esto (vean Rambo IV: una pequeña ojeada). En este ámbito, los negritos son muy diferentes de los ingleses, por tanto, son feos; sus sociedades no tienen las valoraciones intraculturales de los ingleses, por eso, son brutos, bárbaros, estúpidos y otras cosas así: en una palabra, son “NATIVOS”: esta palabra significa, que uno nació, pero, en boca de los ingleses, degeneró en SALVAJE, que es como se entiende hoy. Ahí tienes un racismo, el “ingenuo”, superficial, si bien trágico, en manos de los ingleses, al menos.

2) El otro es el del nacionalismo, “post-cristiano”, europeo, que, por post-cristiano, es materialista. Cuando los europeos rechazaron a Cristo y a su Iglesia, se quedaron sin nada que dijera quiénes eran ellos: eso es lo que significa “post-cristiano”, el suicidio de Europa. Lo que quedó fue gente como Nietzsche (aunque él sea tardío: es sólo un ejemplo), diciendo que la nobleza era ser alemán, germano, un guerrero, con vitalidad salvaje: así nació Hitler. Aunque faltan datos. Quedó gente como el ideólogo gringo Madison Grant, diciendo que Europa tiene tres razas, la eslava, la germana y la latina (lo que es, por supuesto, falso, como muestran galos, anglos, íberos, etc., aunque esto sea, claro, irrelevante); y que la noble es la germana, faltaba más, que tiene derecho al imperio y, aún, a buscar la subyugación y degradación de las otras razas europeas y hasta su reducción, por la eugenesia y la eutanasia; no digamos nada del resto del mundo. Por supuesto, tanto Nietzsche como Grant son productos de movimientos anteriores, porque esto sale de gente que escribe y habla muy temprano, luego de la mal llamada ilustración y su revolución francesa. Negada la identidad espiritual, rechazada la identidad espiritual, lo que queda es rechazar el espíritu y afirmar una ficción: la afirmación de que lo que explica logros europeos es una raza superior, que ahora podría lanzarse a la justa conquista del mundo, pues se ha deshecho del lastre de la fantasía anti-científica cristiana y del yugo de la cultura latina, con su oscurantismo y su inferioridad frente a la verdadera nobleza… Como es común en todos estos movimientos gnósticos, modernos, este racismo ideológico, programa de acción y de justificación de una tiranía salvaje, se presenta como la explicación CIENTÍFICA de la realidad, basada en la herencia (y luego de Darwin y Spencer, en la evolución y la selección natural), en este caso, y puesta como alternativa a las explicaciones teológicas y FILOSÓFICAS, no en balde el positivismo reformó las universidades para expulsar la filosofía de los claustros, en una operación tan profunda que hasta el lenguaje se vio fuertemente afectado: de ahí que “ESPECULACIÓN” ya no sea sinónimo de conocer efectivo, sino de ELUCUBRACIÓN, y TEORÍA sea un término peyorativo y, a lo más, sinónimo de HIPÓTESIS. De gente como ésta (y otra de igual altura intelectual) viene la otra ficción ésa de que la ciencia es materialista.

En una cultura cristiana, como la europea pre-revolucionaria, cuando Occidente se elevaba a su verdadera talla, ahora tan deprimida, luego de dos siglos de ataque incesante e inercia que hizo creer, en la bestial ceguera espiritual, que todo estaba muy bien (a pesar de las guerras y todo el desastre), en una cultura cristiana, el racismo no cabe. Los cristianos somos del espíritu y adoramos en Espíritu y Verdad; nuestra genealogía es espiritual, lo mismo que toda la sustancia de nuestras relaciones. Basta abrir el Nuevo Testamento, donde lo agarres, sea en los evangelios o en los Hechos o en las epístolas o en el Apocalipsis, nada ahí impulsa a lo carnal, de hecho, parte esencial de ser cristiano estriba en un total rechazo de la carnalidad (no de la materia, claro: “el Verbo se hizo carne”, en el vientre virginal de Santa María), sin rechazar la naturaleza, a la manera gnóstica: “No es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre; pero lo que sale de la boca, eso es lo que al hombre le hace impuro […], lo que sale de la boca procede del corazón, y eso hace impuro al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo XV,11.18-19). Reconviene Jesús a los fariseos, que dicen ser “simiente de Abraham”, a la manera carnal, mientras que la verdadera herencia de Abraham es para quienes aceptan al Mesías y los que descienden de él en la Fe, como dice la Carta a los Hebreos. Es decir, se trata de una descendencia espiritual, no de una “raza”, nada de ADN o de “simiente” o vientres: no, se trata del bautismo, que usa agua, como materia, pero que es en Espíritu Santo y Fuego. Jesús, Creador de la naturaleza, afirma la naturaleza, aunque la eleve por la gracia. Por eso manda dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César; y, por eso, abole el divorcio, pues por naturaleza el matrimonio es indisoluble. Ese mismo Jesús dice que la Salvación viene de los judíos, pero que es para toda la humanidad (Juan X). Y, así, Él mismo era judío, como la Virgen y los apóstoles… y judíos semitas originales, descendientes de David y de Abraham, Isaac, Jacob y Judá, pero cristianos son los europeos y los chinos y los indios de la India y los indios americanos y los filipinos y los australianos y San Pablo Miki, el protomártir japonés, y San Carlos Lwanga, el mártir de Uganda, y los mártires mejicanos y los vietnamitas y los rusos y los polacos y los alemanes y los caldeos y los árabes: y los cristianos no hacemos ficciones de que todos somos de una raza, no lo somos, porque el Cristianismo es universal, porque es del Espíritu; y viene de los judíos, pero no es para los semitas ni está para preparar el imperio semita universal ni el ario ni el chino ni el de Fu Manchú. El Reino de Jesús no es de este mundo; es levadura, es simiente, catalizador, para que haya justicia y paz, la única verdadera, la de la verdadera caridad y hermandad universal, de modo que tiene que operar en la sociedad humana; PERO NO ES DE ESTE MUNDO, aunque las sociedades humanas lo tengan como modelo eminente; como decía aquel gran autor hispano-venezolano, Manuel Gracía Pelayo, padre de nuestros estudios constitucionales: El Reino de Dios, arquetipo político

Rechazado esto, en nombre de la raza y, posteriormente, del ADN, entonces lo que queda es racismo desnudo… En ese ámbito entra Moritz-Moisés Hess, inspirador del sionismo y padre del racismo judío contemporáneo, en la línea del racismo alemán entre el que vivió.

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Observatorio antitiranía: Alemania, perla revolucionaria

Desde Lutero y Müenzer, hasta Marx y Ángela Merkl, el país exuda revolución

Jakob Böhme, místico-mago alemán de tremenda influencia en el mundo revolucionario-gnóstico contemporáneo

Jakob Böhme, místico-mago alemán de tremenda influencia en el mundo revolucionario-gnóstico contemporáneo

Billy Joel hace su lista de personas y asuntos que han encendido al mundo, en un fuego del que él y un “nosotros” en el que se incluye, aparentemente, no tienen la culpa. Alemania tiene una larga lista de fuego, de personas fogosas, nacionalistas, internacionalistas, religiosas, anti-teístas, abortistas, feministas, judíos, anti-judíos, antisemitas, protestantes, pseudo-católicos, de todos los tipos y raleas: Luis de Baviera, Eckhart, Reuchlin, Lutero, Muenzer, Phillip de Hesse, Jakob Böhme, Paracelso, Agrippa, Weishaupt, Lessing, Kant, Schleiermacher, Hegel, Feuerbach, Heine, Marx, Hess, Engels, Otilie Assing, Lasalle, Otto von Bismark, Nietzsche, Rosa Luxemburgo, Kurt Eisner, Hitler, Heidegger, Gadamer, Bultmann, Wilhelm Reich, Marcuse, Von Balthasar, Kasper, cardenal Marx, Angela Merkl. Esto es una de candela y revolución de tal calibre, que da miedo, la máquina está a punto de estallar. Y, como ven, Hitler, nacido en Austria está en la lista: PORQUE NO PUEDE SER DE OTRO MODO, porque Hitler era, por encima de todas las cosas, un chauvinista germano, del tipo puro y, por eso, era el líder de gente como el chauvinista Heidegger, nazi de uña en el rabo, hasta después de la caída del Tercer Reich. Así, con esta ampliación hitleriana, abriendo el arco, podemos meter a gente como Freud, Jung, Barth, Küng en la lista y completar así un elenco estelarísimo de la revolución mundial.

Imagínense, un tipo como Bismark, en esta lista con Marx, ¡qué maravilla, ¿nooo?! ¿Y qué los une? Una palabra: REVOLUCIÓN; y, agárrense, porque uno y otro y todos los demás son piezas clave en esa historia épica del alzamiento de un poder mundial… tiránico, de hecho, totalitario. Engels, ponderador, con Marx, de las ventajas de la globalización, del “mercado mundial”, para preparar el camino de la revolución mundial proletaria, antirreligiosa, antifamilia, anti-orden del mundo, destinada a la opresión radical, bendice, por darles un ejemplo, la suerte de la Alemania del 1525, en la que había revolucionarios de verdad: Thomas Müenzer y su desquiciada hasta el paroxismo “Guerra campesina”… Ahí tienes a Merkl, llevando la ideología de género al mundo, fustigando a Nicaragua (¡¡¡a Nicaragua!!!), porque ese país, por el voto UNÁNIME de sus representantes, decidió prohibir de manera absoluta el aborto (Alemania presiona a nuevo Presidente de Nicaragua por aborto terapéutico, MANAGUA, 14 Ene. 07, ACI-prensa)… Es un país poderoso éste, un país líder mundial, responsable estelar de esa entidad llamada la Unión Europea, desde el principio hasta el final, responsable que una cosa que sea unión de países europeos, en su “constitución”, no haga ninguna mención de Cristo y su Iglesia: díganme ustedes si esto no es revolucionario y tiránico y, por supresión de la verdad de una manera orwelliana, totalitario… Es más, Alemania es una eminencia revolucionaria… y, por eso, no está lejos de un colapso de los machos, de los estruendosos e impresionantes e increíbles: no tienen hijos, viven en una inmoralidad galopante y están a dos o tres décadas de desaparecer del mapa, por pura presión demográfica, a manos de los turcos: ya la selección alemana de fútbol tiene más gente de áfrica que alemanes (sarcasmo-ironía, pero no tan lejos de la realidad: africanos, polacos, turcos, brasileros, uno ha visto de todo, en los últimos 10 años: el sueño de Hitler, pura superioridad racial).

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Bruen y el derecho post-nietzscheano

6 ilegitimidades jurisprudenciales gringas acaban con la racionalidad en el mundo entero

Racist Margaret. En nombre de su odio, la emprendió contra la moral, para destruir la sociedad, corrompiendo a la mujer. A engendros como éste es que Kasper y compañía quieren que la Iglesia de Jesucristo dé su aprobación

Racist Margaret. En nombre de su odio, la emprendió contra la moral, para destruir la sociedad, corrompiendo a la mujer. A engendros como éste es que Kasper y compañía quieren que la Iglesia de Jesucristo dé su aprobación

Hace unos días, tuve una discusión de ésas… una discusión de las que te arrancan el corazón. No era la primera vez que un estudiante llegaba a los extremos a los que llegaron estos hijitos míos, nada por el estilo, pero, por primera vez, me di cuenta de hasta dónde llega la hecatombe revolucionaria. De unas premisas, se sigue válidamente la conclusión correspondiente sólo si ésa es mi verdad. Dos más dos es igual a cuatro, sólo si ésa es mi verdad. Si no hay verdad, si no hay orden, si no lo podemos conocer, se impone lo que a cada quien le parezca, lo que le dé la gana, sólo si ésa es mi verdad. No ha quedado parado nada ante el ataque revolucionario, no ha quedado en pie la lógica. No hay un concepto, una intención mental, una dignidad: el principio de no contradicción es verdadero, si ésa es mi verdad, es principio si es mi verdad, es el primer principio absolutamente ineludible para decir lo que sea, para pronunciar, siquiera mentalmente, una palabra, ¡¡¡sólo si ésa es mi verdad!!! Ésos, los enemigos, los demonios, han logrado el éxito más apabullante que hubiera podido soñar un Diderot, un Marx, un Nietzsche. Dios no puede hacer lo contradictorio (Contra Gentiles, I, 84), pero los revolucionarios, los antropoteístas pueden más: ellos pueden negar el principio, contradecirse, etc.: ¿no es eso lo que pide la ortopraxis de Marx? Por supuesto, esto requeriría un libro entero para explicarlo, pero, en términos sencillos: ellos no incurren en contradicción estricta, eso es imposible; y Dios no hace lo contradictorio, porque eso repugna al ser y la perfección, por lo que repugna a Dios, como el mal. Lo que importa, no obstante, es que la gente ha llegado a tal nivel, que ya nadie es capaz de ver este tremendo escamoteo y su peligro imponente.

James Bruen[i], un abogado escritor, compañero del gran Michel Jones en Culture Wars Magazine, hace una exposición fantástica, fuera de serie, del modo en que la revolución aplicó estos principios, desde la Corte Suprema de los Estados Unidos, como ya había confesado el guerrero cultural Leo Pfeffer, jactándose de la paliza que los revolucionarios habían dado a la Iglesia Católica, para imponer el mal al mundo entero, desde el poder y la influencia y el dinero gringo. No se engañen, hermanitos, que no los ofusque la envidia, la revolución se impuso en Estados Unidos y… de gringolandia, para el mundo…

Bruen comienza por describir de manera que un chiquito pueda entender lo que es el escepticismo, el postmodernismo, el nietzscheanismo. “Es un modo de pensar que ha llegado a ser general en el Occidente. De acuerdo con el postmodernismo, nosotros creamos nuestra propia realidad; no hay verdad”.

Nuestro intelecto vive por la realidad. Nosotros, como personas, seres conscientes, vivimos por la realidad, pues somos conscientes por el intelecto, él es nuestro rasgo más esencial. La realidad, en cuanto inteligible, es la luz del intelecto y la fuente de su estructura: por eso, el arte imita a la naturaleza: la realidad es una estructura de imponente consistencia, ella nos enseña el principio de no contradicción, el del tercero excluido; el del que el todo es mayor que las partes; todo efecto se sigue de una causa, la causa es anterior al efecto; la proporcionalidad entre fines y medios; la razón del medio procede, depende, de la razón del fin; causa y efecto son proporcionados; lo bueno es lo apetecible, lo bello lo deleitoso, etc. La realidad es la fuente, es el horizonte, el origen de la conciencia, pues el intelecto despierta al captarla, al distinguir en ella sus seres, de donde capta su primer principio; y, así, es su bien primario y fundamental. La mentira, el error, la alucinación, cualquier desviación de ella, es un gran problema, hasta la locura, pasando por borracheras, estados de estupefacción (de causas naturales o inducidos artificialmente), etc. La realidad tiene una consistencia impresionante, quien la desconoce introduce tremendas distorsiones. Es lo que dice Solzhenitsyn. “la historia es un río; éste tiene sus propias leyes que gobiernan su flujo, sus curvas, su serpenteo. Entonces viene una gente inteligente que dice que el río es un estanque y debe ser desviado a otro canal mejor; todo lo que se debe hacer es escoger un lugar mejor y cavar un nuevo cauce para el río. Pero el curso de un río no puede ser interrumpido –pártelo unos centímetros y él ya no fluirá más–. Y se nos dice que el cauce debe ser desviado forzosamente varios millares de metros. Los lazos entre las generaciones, lazos de institución, tradición, costumbre, son los que mantienen las márgenes del cauce del río unidas y sostienen a la corriente en flujo […]. Puede que sean incognoscibles [las leyes que gobiernan el flujo del río]. A todo evento, no se hallan en la superficie, donde cualquier tonto lleno de ocupaciones puede buscarlas. Las leyes de la sociedad humana perfecta sólo se pueden encontrar en el orden total de las cosas. En el propósito del universo. Y en el destino del hombre (Alexander Solzhenitsyn, August 1914, Farrar, Straus and Giroux, New York, 1.971, pp. 410-411).

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Matrix: abraza la verdad, te hará libre

Arranca la corteza purulenta de las ideologías mentirosas del mundo revolucionario

Neo, que está empezando a creer, a ser libre, se enfrenta a males terribles, superiores al hombre: a Smith el agente, el maltusiano, progresista, odiador de la humanidad, encarnación de muchos de los gnosticismos que oprimen hoy al hombre

Neo, que está empezando a creer, a ser libre, se enfrenta a males terribles, superiores al hombre: a Smith el agente, el maltusiano, progresista, odiador de la humanidad, encarnación de muchos de los gnosticismos que oprimen hoy al hombre

Todo se resume en una simple elección: eres Thomas Anderson, un trabajador gris, de una empresa gris, con un jefe gris y unos compañeros grises. O eres Neo, un rebelde, uno que rechaza lo que ve, el borreguismo, el mundo de mentira, de la ilusión, de los códigos explicativos absurdos del gnosticismo prevaleciente en el mundo de hoy. Eres Tomás, el apóstol incrédulo, el que se transformó luego de ver; o eres El Tipo, el Mesías, uno que, creyendo en Él, participa de su misión, de un Reino que es pura verdad y no es de este mundo, un Reino que es de la Verdad, que aceptamos y nos hace libres.

Neo quiere ser libre; él sabe que algo anda mal, pero no sabe qué es. Mas tiene una tremenda suerte: un grupo de libertadores muy conocidos lo han contactado y parece que quieren que él se les una. Trinity, Trinidad, un famoso elemento de ese grupo le ha pedido que la contacte: “sigue al conejo blanco”, al conejo de Alicia, la del país de las maravillas, al conejo de Pascua, al que trae huevos de regalo, en la celebración de la Resurrección de  Cristo. Neo es un hacker y hace trabajos a destajo para malandros del underground de alguna ciudad del Occidente contemporáneo.

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Nietzsche y Aristóteles de acuerdo

Di cualquier palabra: hay verdad, hay Dios

Nietzsche, inspirador de tiranos, enemigo de Dios y de la verdad, quiso acabar con la gramática, para afirmar el poder humano, ¿qué más se puede pedir de nihilismo y voluntad de poder?

Nietzsche, inspirador de tiranos, enemigo de Dios y de la verdad, quiso acabar con la gramática, para afirmar el poder humano, ¿qué más se puede pedir de nihilismo y voluntad de poder?

En filosofía, innumerables veces, para conocer la verdad adecuadamente, debe hacerse cargo el investigador de afirmaciones de otros que apuntan a lo profundo. Se trata de aquélla según la cual “mucho me temo que no conseguiremos librarnos de Dios mientras sigamos creyendo en la gramática…” (Nietzsche, El ocaso de los ídolos, La “razón” en filosofía, n. 5). Si en el mundo hay un orden racional real, incluso en las construcciones de la lengua, a diferencia, por ejemplo, de lo que pensaría un empirismo-materialismo-ocasionalismo radical, que lleve a sus cultores a un nihilismo, hay Dios. Por un momento, uno puede omitir, al menos al principio, las implicaciones de teología natural de semejante frase y concentrarse en uno de los presupuestos de la misma. Ella puede provenir de pensamientos radicales como aquél que afirma que “Por su origen el lenguaje pertenece a otra época de la forma más rudimentaria de la psicología” (ibíd.). Y, así, se puede abrir paso a la consideración de la necesidad misma de estructuras “racionales” en la base de la posibilidad misma de la comunicación, con todo lo que ella entraña. Entonces, se puede plantear, en un principio, la hipótesis de que el lenguaje es sólo un caso particular muy paradigmático de la estructura del mundo, que el ser es estructura o, más bien, estructurado, de suyo; y, por tanto, hecho a la medida del intelecto o el intelecto a su medida o ambos, cada uno a la medida del otro.

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(In-)Cultura de la chabacanería VS. el Misterium Tremendum

Se hinca ante peloteros pinchados y no se arrodilla ante Dios

Parménides, padre de la metafísica y de nuestro conocer lo inmaterial: él supo bien  la inmensidad de lo divino, su infinitud y santidad

Parménides, padre de la metafísica y de nuestro conocer lo inmaterial: él supo bien la inmensidad de lo divino, su infinitud y santidad

Un amanecer, Pitágoras, luego de pasar toda la noche meditando sobre la unidad, se retiró tembloroso ante el misterio… Algo parecido ocurrió a otro grande de entre los precursores de la ciencia: Platón: el Ateniense se asombraba ante el hecho de que uno y uno fueran dos, que se pudieran reunir en una unidad nueva más amplia, que los reunía, que era real, por encima de sus respectivas unidades. Hoy en día, uno mismo, como muchos antes, se pasma ante el hecho increíble que dejó a Sócrates en plena fecundación: no crecemos porque se peguen carnes a las carnes y huesos a los huesos, la asimilación de materia por nuestro cuerpo no es mera adición mecánica, es algo muy superior a la suma de uno y otro, que totalizan dos, el átomo es más que mera contigüidad material, la molécula supone formalidades superiores, la célula es una totalidad impresionante y subir de ahí, por tejidos, órganos, aparatos, a la unidad del ser vivo que asimila los nutrientes y los hace partes reales de sí nos deja casi fuera de combate… Pero viene un muchachito y publica un libraco de 500 páginas sobre la unidad y ni se asoma que pasara por las perplejidades del maestro Jonio, mucho menos por las de Platón o las de Sócrates…

Vivimos en una época impresionante. La época de la insolencia, hermana siamesa de la ceguera espiritual… El materialismo toma caras terribles, en la interpretación del mundo, pero también en la moral de las personas: un mundo de gente dispuesta a vender su alma por unos cuantos papelitos verdes… Mientras tanto, multitudes se rinden en adoración a un jugador de pelota o una “modelo”, una que pone su cara bonita o no tan bonita para que le tomen fotos, con tal o cual ropa puesta, vaciedad total la de estos modelos… Puede también que se idolatre a algún “artista”, “cantante”, de pseudo música, o actor, en películas en las que lo que importa son los efectos especiales y los colores y el “sex appeal” de los actores… Es igualmente posible encontrar a innumerables obnubilados porque hay un aparatico que tiene unas lucecitas: los adelantos de la “ciencia”, de la tecnología, querrán decir: el “progreso”, ya no necesitamos a Dios. Lo de la “música” no es de poca importancia: una cosa inspirada por la divinidad para la divinidad y para elevarnos a Ella, usada como arma del desorden, el vicio y el materialismo: la corrupción de lo mejor es la peor: rock and roll, salsa, pop music, reggae, reggaetón, hip hop, rap y pare de contar: un arma de inmensa potencia revolucionaria, “chabacanizadora”, perdónese la horripilancia del neologismo.  Y la promoción activa y directa de la “libertad”, una especie de afirmación universal de la deificación, que va desde las posibilidades de tener sexo como se quiera, hasta crearse su propio dios o, aún, panteón y ponerlo donde uno quiera: fuera, dentro; y hasta matar al fruto de las antedichas relaciones sexuales; y hasta fabricar muchachitos sin sexo… jijijiji…

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