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El Político de Platón como punto de partida: breve análisis crítico

El Rey Filósofo, Bien Común, el Mito de los ciclos cósmicos y más

Los clásicos, los hombres que pusieron las bases, en la esencia misma de la realidad, para la elevación y la profundización, hasta la plenitud de la razón, en su contemplación de la realidad

Los clásicos, los hombres que pusieron las bases, en la esencia misma de la realidad, para la elevación y la profundización, hasta la plenitud de la razón, en su contemplación de la realidad

Contenido

1.- Análisis del diálogo

1.A.- Político verdadero o rey filósofo

1.B.- La ocupación del político: el Bien Común

1.C.- Bien Común, legalidad, prudencia y diversidad de regímenes

II.1.D.- Sabiduría, crisis y regímenes falsos

2.- Saldo del estudio a El Político

2.A- Carencias de El Político como modelo de estudio de la autoridad

2.B- Verdades que han de destacarse

3- Epílogo: más allá de El Político, puntos centrales a ser estudiados y que no entran en la consideración de esta obra; y puntos centrales en los que la misma es punto de partida de la investigación

 

Un estudio sobre la autoridad política en el autor Ateniense puede centrarse en el diálogo cuyo comentario emprendo, mas es necesario tener en cuenta que el mismo es parte de una estructura superior, que comienza en El Sofista. Es más, este diálogo es parte de una trilogía de la que el Teeteto es la primera parte[i]. Sin embargo, el presente artículo trata sobre la temática de la que habla El Político; sin olvidar su carácter de texto parcial.

Por otra parte, las intenciones de Platón deben completarse revisando otras obras, como La República, Leyes, Fedón e, incluso, la Política de Aristóteles, sin pretender un estudio completo del tema en la filosofía del Ateniense, pues no es ése el objeto de este artículo.

En lo que se refiere a esta obra, en primer lugar, se realizará su análisis; en segundo, se observarán carencias que el mismo presenta como una visión de la autoridad política; y, por último, se tratarán de obtener las enseñanzas pertinentes como punto de partida para el estudio que podría realizarse en una escala mayor, en una tesis en filosofía política.

1.- Análisis del diálogo

El análisis tiene que empezar con la ubicación precisa del diálogo dentro de la trilogía referida, pues de ese modo serán claras las intenciones de Platón, así como sus deseos de esconder ciertos aspectos de la doctrina contenida en el mismo. Igualmente, este análisis requiere de la precisa definición del hombre de estado por excelencia en la concepción del autor, ya descrito en La República, aunque bajo otra óptica. Y, por último, se debe ver el papel en la sociedad política en la que vive y sus relaciones con el pasado de la comunidad, así como con su futuro; lo que equivale a la comparación de el político con los otros tipos de personas que ocuparán puestos de responsabilidad y de gobierno en la comunidad, pero en ausencia de aquél.

1.A.- Político verdadero o rey filósofo

En la casa del filósofo Euclides, en Megara, éste y Terpsión, hablan sobre Teeteto, quien ha emprendido la vuelta a Atenas, herido en la batalla de Corinto y grave por la disentería; el anfitrión cuenta que ha pedido al ateniense que se quede en Megara para curar sus heridas, pero éste no accede a ese pedido. Euclides recuerda la predicción que Sócrates ha hecho sobre la vida del joven Teeteto poco antes de la muerte del gran maestro. También había transcrito una conversación filosófica a la que atribuye gran importancia, tal como le fue reportada por el propio Sócrates y le pide a un esclavo que le traiga el rollo y se lo lea a él y a su amigo. Esos apuntes de Euclides constituyen tres diálogos: Teeteto, El Sofista y El Político[ii]. En las respectivas conversaciones, que tienen lugar en días sucesivos (en el primero, Teeteto y, en el segundo, El Sofista y El Político), se anuncia que el plan es tener estas charlas junto con una cuarta[iii], que nunca ocurre. La razón de ello no está en la falta de tiempo, el olvido o alguna otra carencia. En realidad, no se omite estudiar al filósofo, ya que, en El Sofista y en El Político, queda definido este personaje de “linaje divino”[iv]. El filósofo es, entonces, aquel personaje del que el sofista es una mala imitación y el verdadero político que, algunas veces y por fortuna, “vigilan desde su altura la vida de los hombres”[v].

Eric Voegelin apunta que, mediante la forma literaria del diálogo, Platón busca crear distancia entre las opiniones vertidas en estas obras, en especial en El Político, y su propia persona; lo que agudiza por el uso de cambios en el personaje principal de cada uno de los diálogos. Más aún, puesto que presenta los diálogos como meros reportes de conversaciones pasadas de otras personas, se separa todavía un grado más de dichas opiniones y doctrinas[vi]. Platón tiene plenamente en cuenta el peligro de la situación de un filósofo con sus posturas, especialmente a raíz del destino que tuvo su maestro[vii]. Según el comentarista alemán, “el golfo entre el condenado orden público [habría que decir, pues Platón así lo habría hecho, ‘desorden público’] y los representantes del espíritu se ha hecho insalvable”[viii]. En realidad, como se verá, el propio Platón no ha perdido la esperanza del todo, aunque está convencido de que sólo algo análogo a un milagro podría salvar la situación.

El Ateniense dirá en qué podría consistir ese hecho extraordinario y la parte en la que más directamente alude a él es en el mito de los ciclos cósmicos, como se verá también. Ahora interesa anotar que, si el autor expresa su esperanza de manera directa sólo por un medio tan oscuro y diseñado para oscurecer, es porque sabe el peligro que representa para él el sostener como único recurso para la salvación de la polis helénica lo que presenta en esta obra.

A pesar de la inmensa crisis que aqueja a la polis, Platón no considera que haya que abandonarla, no obstante que él sufra por la maraña de falsedades y maldades que se han entrelazado en ella y que, por lo mismo, sus mejores hombres tienen que retraerse o morir a manos de los malvados, como Sócrates. Sobre este particular, como se adelantó arriba, Platón es oscuro como nunca antes, pero una lectura detenida de los dos diálogos gemelos, a saber, El Sofista y El Político, revela sus intenciones. Mas el punto culminante de la exposición es el mito de los ciclos cósmicos[ix].

Éste es, en resumidas cuentas, el tenor literal de este mito. El mundo es compuesto por el Demiurgo y de Él recibe inteligencia. Mas, en un tiempo, Cronos gobernó el mundo y éste seguía el curso que le daba el dios. Mas, en su oportunidad, el mundo es dejado a su propio movimiento; y, por imitar a la naturaleza divina que lo produjo, puesto que no puede ser eterno como ella, se mueve de la manera más perfecta: circularmente y de manera retrógrada, tratando de volver a su origen; he ahí, pues, el origen de los ciclos cósmicos. En una etapa, es conducido hacia delante por el gobierno de una divinidad encargada de ello; en la siguiente es dejado a su capacidad motriz, que lo hace retroceder. Cada vez que se produce un cambio de sentido en el movimiento cósmico, se producen grandes cataclismos, que prácticamente arrasan con la vida. Cuando va en un sentido, los animales nacen, envejecen, mueren y vuelven a la tierra; cuando va en el opuesto, todo lo temporal se desarrolla de manera inversa.

En una etapa anterior, la era de Cronos, todo el mundo era gobernado por divinidades, parte por parte, e incluso los ganados tenían como cuidadores a genios encargados de ello, los cuales proveían de todo lo necesario a los rebaños que tenían a su cuidado. Así, no podía haber entre los seres vivos guerras ni querellas de ninguna clase. Los hombres eran apacentados por la divinidad principal, que era su pastor, “a la manera en que hoy en día los hombres, raza más divina, apacientan a otras razas animales, que les son inferiores”[x]; por eso, no necesitaban trabajar para vivir. Igualmente, bajo el gobierno del dios, no se necesitaban constituciones, leyes, poseer a las mujeres o los hijos, ya que no había procreación. Si esa vida era mejor o peor que la de la siguiente era, en la que vivían Platón y los personajes de sus diálogos, la de Zeus, dependía de si en esa época las personas filosofaban o no, si podían realizar el bien que constituye la felicidad, el bien y la verdad más altos o sólo se conformaban con las fabulas con las que suelen conformarse. Pero sobre este punto los mitos no dicen nada.

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