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Los judíos están en guerra

No digo que no estén en guerra contra otros, estoy hablando de una guerra intestina, ¿serán todos antisemitas?

El anterior video (véase, también, éste: https://www.youtube.com/watch?v=nMQ9C6vni0w), para los que no hablan inglés, presenta a un grupo de rabinos hablando en una reunión de más de 10 mil judíos en Nueva York, criticando al estado judío, llamado “de Israel”, porque parece que ese estado anda reclutándolos, es decir, a sus muchachos, a los “judíos ortodoxos”, para el ejército y ellos dicen que esa entidad no tiene derecho a hacer tal cosa, pues, según alegan, el llamado “Estado de Israel” es anti-judío, contra el verdadero judaísmo, quieren decir, el del estudio del Talmud; y el ejército de ese estado es una escuela de adoctrinamiento en la ideología nacionalista judía. Dicen que el “estado judío” no es el judaísmo y que no los representa… Los rabinos han declarado la guerra… Vaya usted a saber…

Digo, vaya a no meterse donde no lo llaman, en esta guerra declarada, entre facciones judías… No me meto, no lo hago, pero puedo comentar. E,. Michael Jones, a quien los judíos de Estados Unidos han llamado antisemita, por escribir libros citando a Gershom Scholem, Heinrich Graetz, Moisés Hess y otras fuentes judaicas, para hablar del espíritu revolucionario judío, habla sobre este espíritu… y lo debe hacer muy bien, pues yo lo he visto citado por periódicos judíos, que luego lo atacan, por decir lo que ellos han citado como hechos comprobados (vid. este caso paradigmático, sobre los judíos y la industria porn: http://www.jewishquarterly.org/issuearchive/articled325.html?articleid=38)… Bueno, Jones muestra, citando a estos y otros autores judíos, que ellos son revolucionarios, en su esencia, desde la destrucción del Templo y el rechazo de Cristo, del Logos mayor y el logos menor. Por eso se han mandado revolución tras revolución, desde Bar Kochba [criticado en el video de arriba], hasta el sionismo, pasando por todo el gnosticismo de la Mercabá, la Kábala, su apoyo a los hussitas, a Lutero (aunque era antijudío potente) hasta el día de hoy, a los puritanos, su adhesión a Shabbetai Tzevi, a la mal llamada “ilustración”, a Napoleón (al que nombraron Mesías), al nacionalismo, al socialismo (no se olvide que el sionismo nació de Hess, se inspiró en él, que era nacionalista y socialista: nacional socialista), al capitalismo, a la revolución bolchevique, que fue, en gran medida, judía (en Rusia: Trotsky, Sverdlov, Zinoviev, Radek, Kaganovich y pare de contar; en el financiamisnto: Jacob Schiff, Rothschild; en Alemania: Rosa Luxemburgo y Kurt Eisner; en Hungría: Bella Kun, Lukacs; en Estados Unidos, el CPA, era en gran medida judío, que lo atestigüen los neocons, antiguos trotskistas, desde Kristoll; en Frankfurt: Adorno, Horkheimer, Marcuse, etc.), el sionismo mismo y su “offshoot” el neoconservatism y sus guerras infinitas, etc. Jones se pregunta qué pasará con ese espíritu, ahora que tienen el poder en el mundo: no es que Goldman Sachs, por poner un ejemplo, sea judío, es Greenspan, Benrnanke, Yellen, los últimos 30 años de la Reserva Federal, es Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (agente de Goldman Sachs), es Strauss Kahn, es la señora Lagarde y todo el FMI, es Wolfowitz y todos los presidentes del Banco Mundial, es Jamie Dimon, de City Group, es los diamantes de áfrica, en manos de Rothschild, desde que se los “cedió” Cecil Rhodes, y pare de contar… digo, vuelvo a mi línea argumentativa, se pregunta Jones, ahora que tienen el poder ellos, ¿qué será de su espíritu inquieto, revolucionario? Mi pregunta coge ésta y la redirige: será que los judíos, ahora que no tienen a dónde lanzar ese espíritu, fuera de la subversión de la moral natural y cristiana, en todas partes, ¿se la habrán mandado los unos contra los otros? Me imagino que será, mayormente, de los inclinados al ateísmo, de los que, en el tal “estado de Israel”, son mayoría, contra la religión y el orden de Dios… a lo mejor, no. Como dije antes, no me meto, es cosa de ellos, sólo comento. Pero añado: ahora que tienen ese poder, parece como peligroso que se pongan a pelear así: ojalá esto se resuelva, con un triunfo del Logos, of course… ¡¡¡!!!

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Netanyahu, David Rothschild y el WJC, entre muchos, dicen que criticar al estado llamado “de Israel” es “antisemitismo”; estos judíos fieles, ¿son antisemitas? El antisemitismo es un problema de racismo, es decir, de odio racial, basado en la visión materialista del mundo según la cual los eventos dentro de éste se explican por lo que no es más que una ficción: la raza, como punto de apoyo para diferencias culturales, económicas, etc. Si uno se pasa la vida luchando contra ese materialismo de base y, por tanto, contra el racismo, no como odio, que es un derivado, sino en su base, en el mismo como teoría explicativa, ¿puede uno ser racista? Si eso es imposible, entonces es imposible ser antisemita: ¿puede uno que lucha contra el materialismo y, por tanto, contra el racismo, ser “antisemita”? Si lo defines como odio racial y uno es cristiano de verdad, ¿puede ser “antisemita”? Quiero decir, uno que cree en Cristo y que lo sigue, como Él dijo, cumpliendo la Voluntad del Padre (Mt. VII,21-23), negándose a sí mismo, tomando su Cruz de cada día y siguiéndolo, amando en la “libertad y la gloria de los hijos de Dios”, que “aman y hacen lo que quieren”, es decir, buscan el bien que quieren siempre y aman a los enemigos y oran por los que los persiguen y perdonando siempre, “setenta veces siete veces”: uno así, ¿puede ser antisemita? En alguna parte, hay algún escamoteo… Y, finalmente, ¿puede el cristiano, filósofo antimaterialista ser antisemita, dado que es doblemente opuesto de manera radical a los presupuestos mismos del “antisemitismo”? No me friegues, porque se la pasan diciendo que eso nos define, qué locos, que Dios los ilumine…

Miren este video, hecho por un judío, al que no conozco, pero que admiro, por su valor y su deseo de búsqueda de la verdad y la única verdadera reconciliación… en la verdad misma. ¡Qué de fomento del miedo, el odio y la división! Cuando yo trabajé en la Contraloría General de la República [de Venezuela] vi que los adecos (el partido social demócrata), cuando tumbaron a Pérez Jiménez (el último “dictador” militar) en el 58, al tomar el poder, se dedicaron a perseguir hasta a los contratistas de obras públicas del Coronel (auto-ascendido a General), bueno, los tipos hasta le quitaron la pensión de viuda de presidente a la señora Felizola, viuda de Medina Angarita (un presidente que fue derrocado por los mismos adecos, en 1945, generando el retroceso cívico del país, cuando apenas estaba recuperándose de todo el período posterior a la guerra Federal [1859-1863] y la devastación de su triunfador, Guzmán Blanco, hasta la cruenta tiranía de Juan Vicente Gómez [1908-1935]). Cuando, de 25 años, yo vi todo eso, mientras hacía un inventario del histórico de los dictámenes de la Contraloría, en el que tuve que pasar por todos los años 60, pensé: “esto no empezó bien, no puede terminar bien”… 4 años y piquito más tarde, Chávez estaba entrando como presidente del país al Palacio de Miraflores…

¿Qué conclusiones sacaría yo si fuera judío?

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El Cristianismo como la fuerza más opuesta al gnosticismo de la historia

O del gnosticismo como el más perfecto anticristo concebible

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Contenido

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

El anticristo gnóstico

Cristianismo, la religión del ser, verdad-bien-belleza, de su orden, de la libertad

Gracia y naturaleza, en el pensamiento de Santo Tomás

La Moral, las virtudes directrices y los dones del Espíritu

Sobre la capacidad natural de conocer la verdad y amar y realizar el bien y el auxilio de la gracia

Los sacramentos, vehículos por excelencia de la gracia, se diseñaron con miras en la naturaleza

Conclusión

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

“¿Qué hay en el origen? ¿La Razón creadora, el Espíritu creador que obra todo y suscita el desarrollo, o la Irracionalidad que, carente de toda razón, produce extrañamente un cosmos ordenado de modo matemático, así como el hombre y su razón? Ésta, sin embargo, no sería más que un resultado casual de la evolución y, por tanto, en el fondo, también algo irracional. Los cristianos decimos: ‘Creo en Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra’, creo en el Espíritu Creador. Creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad. Con esta fe no tenemos necesidad de escondernos, no debemos tener miedo de encontrarnos con ella en un callejón sin salida. Nos alegra poder conocer a Dios. Y tratamos de hacer ver también a los demás la racionalidad de la fe […]. Creemos en Dios. Lo afirman las partes principales del Credo y lo subraya sobre todo su primera parte. Pero ahora surge inmediatamente la segunda pregunta: ¿en qué Dios? Pues bien, creemos precisamente en el Dios que es Espíritu Creador, Razón creadora, del que proviene todo y del que provenimos también nosotros. La segunda parte del Credo nos dice algo más. Esta Razón creadora es Bondad. Es Amor. Tiene un rostro. Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. ‘El que me ha visto a mí, ha visto al Padre’, dice Jesús (Jn 14, 9). Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la Cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios” (Benedicto XVI, Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona, del 12 de septiembre de 2.006).

El anticristo gnóstico

El anticristo será lo opuesto de Cristo, luego, será un gnóstico, pues ésa es la gran diferencia: Jesús es la Verdad y el gnosticismo es la gran mentira y la más grande de las tentaciones, porque la verdad es lo inteligible y lo inteligible es el ser, el pecado es esclavitud y la verdad es lo que nos hace libres, el someternos a la naturaleza, a su ley, bajo Dios Creador; y el gnosticismo es rebelión contra esa realidad, contra la verdad, contra la libertad, es tiránico, totalitario, es una fantasía de la voluntad de poder, exactamente diabólica.

Es así desde el primer antagonismo que surgió contra el Logos encarnado. Porque, en él, se embarcaron los judíos, cuando, habiendo matado al Logos y, habiendo Éste resucitado, lo rechazaran, y su templo fuera destruido, con su sacerdocio y su religión. Inmediatamente asumieron un mesianismo destructor, el de Bar Kochba y Rabí Akiba, que llevaron a ese pueblo a las tragedias que terminaron con la construcción de Aelia Capitolina y la prohibición de que se acercaran al antiguo emplazamiento de Jerusalén. En un principio, el sanedrín combatió a la Biblia, torciendo la definición de los libros sagrados, en Jamnia. Pero muy pronto salió a la superficie que el antagonismo hacia el Logos no podía admitir a la Palabra que era Palabra suya. Así, la Mishná, la Mercabá y la Zohar, la Cábala (vid. Gershom Scholem, Origins of the Kabbalah, sobre las relaciones entre la mercabá y la cábala), con su Tikkun Olam, surgieron, relegando a la Palabra de Dios a un segundo plano, puesto que, según el Talmud, los rabinos derrotaron a Dios. Su guerra contra el logos y el Logos los llevó por la vía de todos los desastres, las barrabasadas del Talmud, Moisés de Creta, Shabbetai Tzebi y sus hijos, por la vía de Jakob Frank, la ilustración, el sanedrín napoleónico, Ricardo-Rothchild (la banca de reserva fraccionada, el sistema montado sobre el crédito: 90% on thin air, en manos de los banqueros, a intereses, pagados por el gobierno y los prestatarios particulares, en una pantalla de computadora [antes de eso, lo que regía era el gold standard, porque el oro estaba en sus manos y todo el mundo, ahorcado ya, podía quedar ahorcado]), Marx, Hess-Hertzl y el ultranacionalismo sionista, Freud, Reich-Marcuse-Bernays y su revolución cultural-sexual, Leo Strauss-Irwin Kristoll con sus neo-cons y sus guerras interminables, la pornografía y la ideología del género, etc. Una tragedia sin fin que atraviesa toda la historia de la Salvación, desde el Cumplimiento de la Promesa y como profetizó el Salvador. No es ninguna casualidad que los orígenes más remotos del gnosticismo moderno, sea “cristiano”, judío, musulmán o ateo (vid. Dawson, Historia de la cultura cristiana, ensayo XVIII: la secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso), deban emplazarse en Armenia y el Cáucaso: Khazars, iconoclastas-paulicianos-bogomiles y fatimitas.

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En San Ireneo (Adversus Haersses, I,1-5), se puede leer sobre el origen del gnosticismo, sobre las concepciones de los gnósticos del siglo II. Hay dos rasgos que saltan más que cualquier otro a la vista en esas fantasías abstrusas: en primer lugar, está el corte que hay entre el “mundo” divino del Pléroma (en el que los aeones, que son tan superiores que no se pueden ni vislumbrar, tienen sexo) y el universo en el que vivimos nosotros. En segundo lugar, está el hecho de que ellos concebían al mundo como el resultado de un pecado, del intento de un aeón, sabiduría-Achamoth (muy probablemente, del hebreo, hachmoth), de ocupar un lugar que no le corresponde, de las tinieblas que se siguen para ésta de su pecado y de las pasiones que se generaron del tal pecado. El mundo es pecado y pasión; la materia y la pasión son malas; y en el universo no hay luz ni inteligencia.  Esto es diametralmente opuesto a Génesis I (7.10.12.18.21.25 y, sobre todo, 31) y II, donde las cosas son causadas por un Dios infinitamente bueno, que las va viendo, mientras salen de su “boca”, y constata que son buenas, muy buenas. También dista una infinitud de Génesis III, pues el pecado original de la criatura, no del Creador, es el origen del mal.

Luego de que Occidente naciera y creciera como civilización cristiana, con sobresaltos y brotes gnósticos relativamente menores, hasta el siglo XVI, pero, sobre todo, hasta finales del XVII, cuando el gnosticismo ya era imparable, el mismo fue cada vez más haciéndose anticristiano, cada vez más abiertamente tal y cada vez más fuerte. Dawson relata su desarrollo secular, desde el principio, pero resumiré lo que dice, desde esta época crucial, la del nacimiento del rosacrucismo, de la masonería, de la ideología de la mal llamada ilustración, de la Revolución Gloriosa en Inglaterra. Luego de las divisiones en el Cuerpo de la Iglesia o, más bien, de las rupturas protestantes, la alta cultura no se dividió. Los hombres de ciencia estaban divididos étnicamente entre protestantes [Newton, Huygens, Leibniz, Kepler] y católicos [Descartes, Galileo, Mersenne, Pascal, Gassendi, Torricelli, Roberval, Copérnico]. Pero la cultura los unía; pues, culturalmente, a pesar de las divisiones, y de la intensa religiosidad que movía las disputas religiosas, la cultura permanecía siendo europea o pan-europea. En esa circunstancia, se tendió a buscar una religión común racional (esto es la masonería), común a toda la gente “sensata”: Montaigne, en el XVI, y Locke, Cherbury y Chillington, en el XVII [éstos dieron lugar a Tolland, Collins, Marchand, Rousset de Missy, en el XVIII; y éstos a Voltaire y d’Holbach, D’Alembert, Rousseau, Helvecio, Condorcet, Diderot, La Mettrie, Phillippe Égalité]: el naturalismo como religión mundial, de los ingleses a los philosophes franceses, en el XVIII [aparte del ateísmo, claro].

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Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo

No desconocen lo inmaterial, lo rechazan activamente, las consecuencias han sido y serán devastadoras, la humanidad corre grave peligro

Tales, el gran milesio, uno de los siete sabios de Grecia, descubrió la ciencia, que el universo tiene una inteligibilidad intrínseca, que los fenómenos tienen un orden, conforme a leyes que proceden, según sabemos desde Sócrates, de su forma sustancial. Los modernos rechazan todo esto, por eso: que Dios nos agarre confesados

Tales, el gran milesio, uno de los siete sabios de Grecia, descubrió la ciencia, que el universo tiene una inteligibilidad intrínseca, que los fenómenos tienen un orden, conforme a leyes que proceden, según sabemos desde Sócrates, de su forma sustancial. Los modernos rechazan todo esto, por eso: que Dios nos agarre confesados

En la época y en la sociedad en que comenzó todo, no se conocía la inmaterialidad, la ciencia apenas despertaba, se hacía conciencia, pero estaba adormilada, no conocía todas las implicaciones de su propio existir: Tales de Mileto descubre la ciencia, que los fenómenos del mundo suceden conforme a unas “leyes” a un orden que no responde a espíritus detrás de las cosas, sino al ser mismo de cada ente, en sí mismo y en relación con los demás. Pero explicó todo con agua… Anaximandro, de Mileto también, mete el ápeiron (el infinito) a ser, con los opuestos, el origen del universo y su orden. Anaxímenes, discípulo de Anaximandro, dice que el origen es aire y retrocede; lo mismo sucede con Demócrito y Leucipo, que inventan el atomismo.

Luego de estos intentos iniciales de explicación del mundo, aparecen expresiones de la inmaterialidad un poco inconscientes, para los que las captan, y un poco muy fuertes para que ellos percibieran exactamente lo que estaban viendo: Empédocles dice que todo es mezcla de amor y odio que penetran la materia, en ciclos, en los que en la medida en que penetra el amor, huye el odio y viceversa. Anaxágoras descubre el Nous, el Intelecto (ojo con las estupideces moderno-nominalistas: que traducen nous como “pensamiento”, bah), como causa general, aunque no pudo verlo detrás de los fenómenos particulares, en los que sólo vio sujeto material y motor mecánico. Heráclito encuentra el Logos, al que llama “rayo” y “fuego”, pero sí lo ve detrás de los aconteceres, si bien, como se ve, no lo tiene por inmaterial, de manera distinta. Parménides se encuentra a ES, ve el abismo infranqueable [por nada que no tenga Poder Infinito y que no sea sumo Ser subsistente] de la nada al ser y, por eso, vio a un ES, acto puro, sin sujeto (por eso no se trata de un “esto es”, sino de ES, como en el Éxodo, 3,14: Dios es el que “ES”), eterno, sin partes, sin distinciones, sin aquí o allá, sin lugar, absolutamente necesario, completamente simple, que no podía ser material. Digo, Parménides no se dio plena cuenta, quizás (así lo hacen parecer sus expresiones), de que su ES no podía tener partes, que tenía que ser simple e inmaterial: por eso, dijo que era homogéneo y redondo (todo equidistante a un centro). También vio que era intelecto e intelección, verdad. Vio que era divino. Y vio que los mortales –Heidegger, que se pregunta, ¡insensato!, “¿por qué el ser y no la nada?”, por ejemplo–, no eran capaces de ver la verdad primigenia: a él mismo le revela todo una diosa… Pitágoras descubre que hay un orden de proporciones en la realidad, como el que se encuentra entre los números y cree que la realidad es número…

La inmaterialidad aparece en Tales, en un orden intrínseco, leyes internas de las cosas y de sus relaciones mutuas; Anaximandro ve la distinción, los cambios y algún algo infinito (ápeiron) que está detrás del ser; Anaxágoras ve que ese infinito, que pone leyes al mundo, un orden inteligible, es un Intelecto, Nous; Heráclito lo llama Logos, como lo haría luego San Juan (en el Principio existía el Logos… y el Logos era Dios… y todo fue hecho por Él y era la Luz del Mundo… y la Vida y Gracia y Verdad); y Empédocles vio que era Amor que produce la unidad de los seres unos y odio que causa la distinción (principio de no contradicción) y abre el paso para que se vea que la realidad es buena y amor (como en San Juan: Dios es Amor: su obra tiene que ser amor, si la causa es proporcional al efecto…); Pitágoras ensancha el camino de la captación del orden y abre la puerta de ese cuarto luminoso, el de la matemática aplicada a la realidad natural.

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