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Tag Archives: kantismo

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Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll

Rolling Stones, las drogas y Play boy tienen abuelos y ascendientes, hasta un monjecito de 1300

La civilización cristiana, teología civil y revolución cultural

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas los masacraron

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas, sus compañeros revolucionarios, los masacraron

Hay dos tipos de revolución, de subversión del orden existente, reinante en la sociedad política o en la civilización como un todo. El primero es sencillo, se trata de quién está en el poder, la sociedad se comprende de una determinada manera, que va de lo profundo a lo superficial, siendo todo informado por aquello, y, dentro del marco cultural, al cual se deja intacto, que es ambiente común de todas las facciones, que no se pone en cuestión ni se sueña con hacerlo, un grupo conspira, con éxito o no, contra los gobernantes o, más ampliamente, la clase dominante. El otro modo de revolución es mucho más fundamental, más profundo, más decisivo: las sociedades son expresiones del orden universal, del orden del mundo, como dice Brownson, son “Pueblos Elegidos”, destinados a hacer un aporte a la humanidad. Siendo el hombre un animal político y teniendo su sociedad un orden y una finalidad natural intrínseca y trascendente, las mismas son respuestas estructuradas a ese movimiento humano hacia el sentido. Como el mismo se realiza en la historia, con una institucionalidad, unas creencias fundamentales, unos avatares y vicisitudes, unas expresiones de lo bello, una liturgia religiosa y civil, propios, la sociedad tiene lo que Voegelin llama una teología civil, al lado, posiblemente, de una trascendente. El segundo tipo de revolución ataca este nivel fundamental, tiende a adulterar la identidad de la sociedad, sus teologías, sus ideas directrices, su autocomprensión, el sentido de sus símbolos, sus mitos fundacionales, etc. Éstas se llaman “revoluciones culturales”. Vamos a barajar y volvamos a repartir, para que quede más claro: Cultura es el resultado, no cristalizado, vivo, de la acción del hombre en sociedad en la búsqueda de su plenitud. Incluye modos de comprensión de toda la realidad, del hombre, de la virtud, especialmente, de la propia sociedad, de su ser y de su condición de encarnación del orden cósmico, incluye modos de relación, símbolos, mitos, ritos, expresiones artísticas e institucionales. La revolución cultural ataca al núcleo de la cultura, por lo que implica una cierta adulteración de la identidad social, hasta eventualmente su aniquilación, en cuanto a esa identidad.

En Occidente, las creencias fundamentales, en sus etapas que Toynbee llama de nacimiento y crecimiento, eran creencias cristianas: de Cristo venía toda concepción sobre el mundo y la vida, en su orientación radical y total a lo divino. Era una civilización que no agotaba al Pueblo de Dios, a su Iglesia, en su peregrinar terreno, pero que se constituía en Cristiandad, que veía a la sociedad de los creyentes como una comunidad espiritual universal, actual y virtualmente, es decir, a la que pertenecían todos los bautizados, pero que debía difundirse hasta los confines de la Tierra. Tomando fuertemente en cuenta la Ley Natural, la Cristiandad tenía clara conciencia del carácter político del hombre, de la necesidad del Estado y de su autoridad terrena (“dad al César lo que es del César”), pero su inclinación a lo trascendente era intensa (“y a Dios lo que es de Dios”). Así, se seguían dos consecuencias: 1) la sociedad veía la subordinación de lo político a lo religioso, a pesar de su necesaria “autonomía”: el poder político era supremo en su ámbito, pero su ámbito no era el último y más alto, estaba subordinado a Dios: el rey no era sirviente del Papa, pero los mandamientos y leyes lo obligaban, en todos los ámbitos de la vida; esto implica, como consecuencia adicional, el carácter religioso del patriotismo y de la obediencia a la autoridad legítima (salvo corrupción de esa autoridad, en ciertos casos muy bien definidos). 2) La sociedad cristiana era internacional: lo era A) en cuanto todos los cristianos pertenecían a dos sociedades y eran hermanos por el bautismo, aparte de conciudadanos de sus connacionales; B) porque las naciones eran hermanas y se sabían partes de una realidad que las trascendía; C) porque estaban, en consecuencia, sometidas a un orden superior; C) porque había instancias meta-políticas, transnacionales, que se erigían como árbitros de los asuntos entre estados e, incluso, en lo que se refiere a la religión y la moral, internas a las naciones: el Papado y el Imperio, eran mucho más que lo que pueda esperarse hoy de la ONU u organizaciones similares. Para tener una idea más completa de la cultura que subyacía a esta estructura, se pueden recomendar muchas lecturas, de Toynbee y Voegelin, quienes no eran, ni por asomo, católicos, ni siquiera cristianos, pero me parece que el mejor de todos ha sido Christopher Dawson (The Making of Europe, Religion and the Rise of the Western Culture, El Cristianismo y surgimiento de la civilización occidental, The theological development of medieval culture, La secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso, etc.; hay una recopilación de ensayos, en castellano: Historia de la cultura cristiana); también es de primerísima línea Michael Jones. En éste, mi blog, recomiendo leer, al menos, los artículos: 1) La herencia del oscurantismo (I), 2) La herencia del oscurantismo (II) (no debe confundir el nombre de estos dos artículos: se trata de un sarcasmo destinado a atacar la estulticia contemporánea de quienes niegan la etapa de construcción de esta sociedad civilizacional, poniendo, de este modo, en serio peligro su destino); y 3) Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo.

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Acreedor del agradecimiento de Dios (2)

Dios existe, crea todo y hay mal: las causas segundas introducen su sello realmente, podemos ayudar a Dios, podemos introducir terribles distorsiones o contribuir con grandes aportes

¿Cómo habrá pagado el Dios que no se deja ganar en generosidad la generosidad de la Virgen y San José, de los reyes y los pastores? ¡¡¡Qué envidia de la buena!!!, la que no es tristeza por el bien de otro, sino deseo intenso de participar en él,¿ah?

¿Cómo habrá pagado el Dios que no se deja ganar en generosidad la generosidad de la Virgen y San José, de los reyes y los pastores? ¡¡¡Qué envidia de la buena!!!, la que no es tristeza por el bien de otro, sino deseo intenso de participar en él,¿ah?

Hay gente que reniega de Dios. Hay gente que cree poder demostrar que Dios no existe, a partir de lo creado, como si el Creador dependiera de las criaturas, la causa del efecto. Hay unos que creen que pueden probar la nada de las relaciones de Dios y el mundo: los hechos negativos absolutos son de imposible prueba, dicen los abogados que estudian las pruebas: no se puede demostrar la nada; aunque sí se pueda demostrar algún  hecho que implique la negación de otro asunto. De ahí que el asunto del mal, su misterio, su interpelación, siempre haya sido la más poderosa razón contra un Dios creador, omnipotente, omnisciente, que tiene un gobierno infalible sobre todo lo que ocurre y ama infaliblemente al Bien. Parece, claro, una contradicción. O Dios no es omnipotente o no gobierna o no es puro Bien o no es creador o no existe. Por supuesto, la última alternativa significa que el hecho evidente de la existencia del mal presta una razón como la que digo arriba: no hay relaciones Dios-mundo, pues, de ser así, no debería haber mal. Sin embargo, esto es claramente muy tonto: para empezar, porque es más razonable alguna de las alternativas, ya que, en realidad, el mal no es, en toda lógica, ese hecho que se anteponga a un tercer asunto y que sea un impedimento dirimente de su existencia. Eso se ve de manera diáfana por las otras alternativas: un Dios que tampoco es todopoderoso o que no ama necesariamente al bien o que no gobierna, que no se interesa por nuestros asuntos. No hay modo de probar que Dios no exista, pues esa prueba se refiere a la afirmación de la nada de las relaciones de Dios y el mundo, a la afirmación de la dependencia de la Causa respecto de sus efectos o, lo peor, la captación de la nada misma de Dios. Así, quien niega a Dios tiene, si se quiere, una posición cómoda: no puede tener la carga de la prueba, pues lo de imposible prueba no puede ser objeto de prueba. La carga de la prueba la tienen los que afirman la existencia de Dios, en la discusión entre unos y otros. Por supuesto, vienen los negadores y aducen argumentos que sean piedras de escándalo de los que afirman. Una es la del mal, 1) otra es la de los del big bang, 2) otra la de los que afirman las cadenas causales infinitas, 3) otra la de las cadenas circulares de causalidad, 4) otra la de los que dicen que estamos en un universo causalmente cerrado, 5) otras son los que pone Kant, quien asegura, a lo Lutero y Ockham, que se habla de lo que no es objeto de nuestro habla, que Dios y sus relaciones superan nuestras capacidades. Es decir, ellos dicen: “no hay relación, ni aquí ni allí ni allá ni acullá; y eso contradiría esto y aquello, así y asao y sancochao”. Los que afirman tienen una carga dura, si lo que quieren es presentar PRUEBAS. Por supuesto, siempre se puede recurrir a este expediente: “sus objeciones son baladíes, no representan verdaderos impedimentos, son manifestación de estulticia”. Es verdad que lo son; pero también es verdad que eso no nos muestra a Dios: la vía tiene que ser otra… Primero, creo yo, hay que mandar a la porra esas objeciones, luego vendrá la afirmación, quizás, como consecuencia de la respuesta a algunas de las objeciones. Vamos a verlas, pues: 1) la del big bang es muy estúpida, no hay un movimiento material que se pueda presentar como el primero (vid. artículos Aristóteles y Santo Tomás: un tumba-rancho acaba con el Big Bang 1, 2 y 3, de este blog).

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ONU, C. de Seguridad, vs. ONU-mujer e ideología del género

¿Serán promotores del odio?

A esta pobre gente, que ha perdido todo y pasa realmente las de Caín, le quieren imponer, para colmo, la ideología de género. En su nombre, Dios no lo ha permitido: el Comnsejo de Seguridad puso un importantísimo parao

A esta pobre gente, que ha perdido todo y pasa realmente las de Caín, le quieren imponer, para colmo, la ideología de género. En su nombre, Dios no lo ha permitido: el Comnsejo de Seguridad puso un importantísimo parao

La ONU es una agencia de un imperialismo. No del “imperialismo yanqui”, cosa que existe, por supuesto, nadie lo duda. Yo hasta he visto programas sobre Teddy Roosevelt como el inaugurador de esta línea política. También es conocido el debate entre los chauvinistas wasp del centro-este de los EUA, liderados por Charles Lindberg e inspirados en Madison Grant, inspirador de Hitler, que no querían ir a la Segunda Guerra Mundial, sino el encierro total de ese país al mundo, vs. la oligarquía wasp de la costa este, liderada por John D. Rockefeller II e inspirada en Malthus, Locke y otros, que, queriendo ir a la guerra, cedió un piso de su torre en NY a la inteligencia británica, para que ésta hiciera fácilmente campañas de lobby, desinformación, asesinato, desprestigio de opositores, etc. Es más que sabido que ganaron los del este, los yanquis, y los EUA fueron a la guerra europea, con 16 MM de efectivos y luego, junto a Rusia, dominaron al mundo, hasta que lo hicieron solos…

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