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El Cristianismo como la fuerza más opuesta al gnosticismo de la historia

O del gnosticismo como el más perfecto anticristo concebible

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Contenido

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

El anticristo gnóstico

Cristianismo, la religión del ser, verdad-bien-belleza, de su orden, de la libertad

Gracia y naturaleza, en el pensamiento de Santo Tomás

La Moral, las virtudes directrices y los dones del Espíritu

Sobre la capacidad natural de conocer la verdad y amar y realizar el bien y el auxilio de la gracia

Los sacramentos, vehículos por excelencia de la gracia, se diseñaron con miras en la naturaleza

Conclusión

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

“¿Qué hay en el origen? ¿La Razón creadora, el Espíritu creador que obra todo y suscita el desarrollo, o la Irracionalidad que, carente de toda razón, produce extrañamente un cosmos ordenado de modo matemático, así como el hombre y su razón? Ésta, sin embargo, no sería más que un resultado casual de la evolución y, por tanto, en el fondo, también algo irracional. Los cristianos decimos: ‘Creo en Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra’, creo en el Espíritu Creador. Creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad. Con esta fe no tenemos necesidad de escondernos, no debemos tener miedo de encontrarnos con ella en un callejón sin salida. Nos alegra poder conocer a Dios. Y tratamos de hacer ver también a los demás la racionalidad de la fe […]. Creemos en Dios. Lo afirman las partes principales del Credo y lo subraya sobre todo su primera parte. Pero ahora surge inmediatamente la segunda pregunta: ¿en qué Dios? Pues bien, creemos precisamente en el Dios que es Espíritu Creador, Razón creadora, del que proviene todo y del que provenimos también nosotros. La segunda parte del Credo nos dice algo más. Esta Razón creadora es Bondad. Es Amor. Tiene un rostro. Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. ‘El que me ha visto a mí, ha visto al Padre’, dice Jesús (Jn 14, 9). Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la Cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios” (Benedicto XVI, Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona, del 12 de septiembre de 2.006).

El anticristo gnóstico

El anticristo será lo opuesto de Cristo, luego, será un gnóstico, pues ésa es la gran diferencia: Jesús es la Verdad y el gnosticismo es la gran mentira y la más grande de las tentaciones, porque la verdad es lo inteligible y lo inteligible es el ser, el pecado es esclavitud y la verdad es lo que nos hace libres, el someternos a la naturaleza, a su ley, bajo Dios Creador; y el gnosticismo es rebelión contra esa realidad, contra la verdad, contra la libertad, es tiránico, totalitario, es una fantasía de la voluntad de poder, exactamente diabólica.

Es así desde el primer antagonismo que surgió contra el Logos encarnado. Porque, en él, se embarcaron los judíos, cuando, habiendo matado al Logos y, habiendo Éste resucitado, lo rechazaran, y su templo fuera destruido, con su sacerdocio y su religión. Inmediatamente asumieron un mesianismo destructor, el de Bar Kochba y Rabí Akiba, que llevaron a ese pueblo a las tragedias que terminaron con la construcción de Aelia Capitolina y la prohibición de que se acercaran al antiguo emplazamiento de Jerusalén. En un principio, el sanedrín combatió a la Biblia, torciendo la definición de los libros sagrados, en Jamnia. Pero muy pronto salió a la superficie que el antagonismo hacia el Logos no podía admitir a la Palabra que era Palabra suya. Así, la Mishná, la Mercabá y la Zohar, la Cábala (vid. Gershom Scholem, Origins of the Kabbalah, sobre las relaciones entre la mercabá y la cábala), con su Tikkun Olam, surgieron, relegando a la Palabra de Dios a un segundo plano, puesto que, según el Talmud, los rabinos derrotaron a Dios. Su guerra contra el logos y el Logos los llevó por la vía de todos los desastres, las barrabasadas del Talmud, Moisés de Creta, Shabbetai Tzebi y sus hijos, por la vía de Jakob Frank, la ilustración, el sanedrín napoleónico, Ricardo-Rothchild (la banca de reserva fraccionada, el sistema montado sobre el crédito: 90% on thin air, en manos de los banqueros, a intereses, pagados por el gobierno y los prestatarios particulares, en una pantalla de computadora [antes de eso, lo que regía era el gold standard, porque el oro estaba en sus manos y todo el mundo, ahorcado ya, podía quedar ahorcado]), Marx, Hess-Hertzl y el ultranacionalismo sionista, Freud, Reich-Marcuse-Bernays y su revolución cultural-sexual, Leo Strauss-Irwin Kristoll con sus neo-cons y sus guerras interminables, la pornografía y la ideología del género, etc. Una tragedia sin fin que atraviesa toda la historia de la Salvación, desde el Cumplimiento de la Promesa y como profetizó el Salvador. No es ninguna casualidad que los orígenes más remotos del gnosticismo moderno, sea “cristiano”, judío, musulmán o ateo (vid. Dawson, Historia de la cultura cristiana, ensayo XVIII: la secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso), deban emplazarse en Armenia y el Cáucaso: Khazars, iconoclastas-paulicianos-bogomiles y fatimitas.

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En San Ireneo (Adversus Haersses, I,1-5), se puede leer sobre el origen del gnosticismo, sobre las concepciones de los gnósticos del siglo II. Hay dos rasgos que saltan más que cualquier otro a la vista en esas fantasías abstrusas: en primer lugar, está el corte que hay entre el “mundo” divino del Pléroma (en el que los aeones, que son tan superiores que no se pueden ni vislumbrar, tienen sexo) y el universo en el que vivimos nosotros. En segundo lugar, está el hecho de que ellos concebían al mundo como el resultado de un pecado, del intento de un aeón, sabiduría-Achamoth (muy probablemente, del hebreo, hachmoth), de ocupar un lugar que no le corresponde, de las tinieblas que se siguen para ésta de su pecado y de las pasiones que se generaron del tal pecado. El mundo es pecado y pasión; la materia y la pasión son malas; y en el universo no hay luz ni inteligencia.  Esto es diametralmente opuesto a Génesis I (7.10.12.18.21.25 y, sobre todo, 31) y II, donde las cosas son causadas por un Dios infinitamente bueno, que las va viendo, mientras salen de su “boca”, y constata que son buenas, muy buenas. También dista una infinitud de Génesis III, pues el pecado original de la criatura, no del Creador, es el origen del mal.

Luego de que Occidente naciera y creciera como civilización cristiana, con sobresaltos y brotes gnósticos relativamente menores, hasta el siglo XVI, pero, sobre todo, hasta finales del XVII, cuando el gnosticismo ya era imparable, el mismo fue cada vez más haciéndose anticristiano, cada vez más abiertamente tal y cada vez más fuerte. Dawson relata su desarrollo secular, desde el principio, pero resumiré lo que dice, desde esta época crucial, la del nacimiento del rosacrucismo, de la masonería, de la ideología de la mal llamada ilustración, de la Revolución Gloriosa en Inglaterra. Luego de las divisiones en el Cuerpo de la Iglesia o, más bien, de las rupturas protestantes, la alta cultura no se dividió. Los hombres de ciencia estaban divididos étnicamente entre protestantes [Newton, Huygens, Leibniz, Kepler] y católicos [Descartes, Galileo, Mersenne, Pascal, Gassendi, Torricelli, Roberval, Copérnico]. Pero la cultura los unía; pues, culturalmente, a pesar de las divisiones, y de la intensa religiosidad que movía las disputas religiosas, la cultura permanecía siendo europea o pan-europea. En esa circunstancia, se tendió a buscar una religión común racional (esto es la masonería), común a toda la gente “sensata”: Montaigne, en el XVI, y Locke, Cherbury y Chillington, en el XVII [éstos dieron lugar a Tolland, Collins, Marchand, Rousset de Missy, en el XVIII; y éstos a Voltaire y d’Holbach, D’Alembert, Rousseau, Helvecio, Condorcet, Diderot, La Mettrie, Phillippe Égalité]: el naturalismo como religión mundial, de los ingleses a los philosophes franceses, en el XVIII [aparte del ateísmo, claro].

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Ana Catalina Emmerick vaticinó a Francisco y la crisis presente

Es asombrosa la manera como se nos advirtió para fortalecer Fe y Esperanza

La película de Mel Gibson utilizó como fuente las revelaciones de la beata renana

La película de Mel Gibson utilizó como fuente las revelaciones de la beata renana

La mística monjita renana, con sus estigmas recurrentes, beata de la Iglesia, declarada tal por san Juan pablo II, vio hechos que ella misma aseguró que eran futuros (uso la versión de esta página web: profecías). Futuros para ella, ¿pero también para nosotros? En 1820, dio esta tremenda advertencia: “El tiempo del anticristo no está tan próximo como algunos creen. Habrá todavía algunos precursores. He visto en dos ciudades doctores, de cuya escuela podrían salir estos precursores”. No estaba tan próximo hace 200 años, pero, 20 décadas después, ¿qué debemos pensar? Nuestra señora, en Lasalette, le dijo a Melania que “Roma perdería su fe y el anticristo se sentaría en la silla de Pedro”. ¿Llegó ya esa época? Bueno, antes de estudiar las razones por las que creo que está aquí, que el día ha llegado, el de la gran batalla entre la Iglesia y la anti-iglesia, como dijo Juan Pablo II, para quien ya había llegado en 1974 (al menos), vamos a darle a los incrédulos algo que no puedan explicar, algo que los deje fuera de combate, algo de lo que no puedan decir “tú no eres sino otro ‘religioso’ que cree en cuentos de hadas” o algo así. Vean, señores, lo que dijo Ana Catalina sobre Rusia, 100 años antes de que Nuestra señora, en Fátima, hablara a los tres niños, tres pastores impúberes, de la “expansión de los errores de Rusia”, antes de la revolución Bolchevique y en su víspera. Dijo Ana Catalina: “He aquí la Moscovia trayendo con ella muchos males. Los habitantes eran de un orgullo inusitado. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados. Todo era sombrío y amenazante. Vi ahí a San Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados relucientes, al maligno que se sostenía en las agujas”, dispuesto a lanzarse sobre el mundo… ¿Tienen todavía lugar para la incredulidad?

¿Vimos la traición a Benedicto, 190 años antes de que sucediera, vimos a la “mafia de San Galo”?

El papa Benedicto XVI fue cruelmente traicionado, Tarcisio Bertone y Sodano parecían dirigir la movida; pero había muchos más: Martini, Fisichella, Müeller y muchos más en la Curia. Por Dios, el escándalo de los documentos filtrados, mejor conocido como Vati-leaks, tenía como protagonista a su mayordomo privado: la traición estaba muy, muy, dentro de la casa. Ana Catalina lo vio: “Vi al Papa en oración; estaba rodeado de falsos amigos que a menudo hacían lo contrario de lo que decía. Vi al santo Padre en una gran tribulación y una gran angustia que afectaba a la Iglesia. Le vi muy rodeado de traiciones. ¡Ellos [San Galo] quieren quitar al pastor el prado que le es propio! ¡Quieren imponer OTRO [Francisco, no se olvide, se dieron a llamar “team Bergoglio”, en sus intrigas] QUE DEJA TODO EN MANOS DE LOS ENEMIGOS! Entonces, tomada por la cólera, ella elevaba el puño cerrado diciendo: ¡Alemanes Bribones! ¡Escuchad! ¡no lo conseguiréis! ¡El pastor está en una rocalla! ¡Ustedes, sacerdotes, no se mueven! ¡Dormís y la granja arde por todos los lados!, ¡no hacéis nada! ¡Cómo lloraréis por eso un día! Vi que, en ciertos casos de extrema desdicha, el Papa tiene visiones y apariciones [quizás por eso permanece tan tranquilo en la destrucción presente]”.

Si todavía quedan dudas de que los profetizados por Ana Catalina son Martini, Daneels, Kasper, Lehmann, Murphy O’Connor, después de las revelaciones del propio Daneels y del periodista Austen Ivereigh, quien trabajaba con el inglés últimamente nombrado, en su oficina de prensa, cuando el mismo estaba en plena conspiración, consideren lo siguiente. En la constitución Pastor Dominici Gregis, de febrero de 1996, Juan Pablo II determinó la excomunión automática, latae sententiae, de los cardenales y demás personas que conspiraran para llevar al papado a algún candidato. Estamos hablando de la mafia san Galo, del Team Bergoglio, ¿no es así?, no hay que ser profeta para ello, en el 2015. ¿Pero qué tal en 1820? Miren lo que dijo Ana Catalina sobre ellos: “Veo una cantidad de eclesiásticos castigados de excomunión, que no parecen inquietarse ni incluso saberlo. Y sin embargo son excomulgados cuando toman parte en esas empresas, cuando entran en asociaciones y se adhieren a opiniones sobre las que pesa el anatema. Veo estos hombres rodeados de una nube como de un muro de separación. Se ve por esto cuanto Dios tiene en cuenta de los decretos, de las órdenes y de las defensas del jefe de la Iglesia y los mantiene en vigor cuando incluso los hombres no se inquietan de ello, reniegan de eso o se ríen”. Pero hay más todavía: “alemanes bribones”: todos sabemos cómo Alemania, desde Schleiermacher, hasta Kuhn y Kasper ha tratado de destruir la Iglesia; bueno, en el sínodo, toda la tramoya para engañar a todo el mundo, se hizo con el documento con las conclusiones del círculo menor alemán, con la autoridad de Müeller, la verdadera de prefecto del Santo Oficio y la falsa de defensor de la Fe del teoliberal…

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Progreso Vs. Cristianismo, la gran batalla

Inquisición, cruzadas, enemistad hacia la ciencia, Galileo, oscurantismo, todo al descubierto

En la guerra que no toma prisioneros, Galileo es usado como arma por los enemigos de su amada Iglesia, contra ésta, precisamente: pobre, una de las memorias más ultrajadas de la historia

En la guerra que no toma prisioneros, Galileo es usado como arma por los enemigos de su amada Iglesia, contra ésta, precisamente: pobre, una de las memorias más ultrajadas de la historia

I.- Nosotros venimos de la época en que la civilización occidental europea triunfaba, luego de la caída del Imperio romano, de varias oleadas de invasiones bárbaras, que duraron más de seis siglos. Esos bárbaros son los Godos, los Sármatas, los Vándalos, los Hunos. Luego, los Lombardos; y, finalmente, los magiares, los fineses, muchos eslavos, los búlgaros y, más que cualquier otro, los temibles normandos, que irrumpieron desde Escandinavia, de repente, como sin razón, y parecieron llenar al mundo en un santiamén. Cada vez que parecía que levantaría cabeza Occidente, venía otra oleada, que parecía hacer sucumbir todo. En el siglo XI, sin embargo, la victoria parecía asegurada: la civilización, saldría adelante. No sin antes, claro, acabar con muchos problemas, entre los que no es el menor el feudalismo, un barbarismo que, naciendo de Roma, se arraigó mucho, en una época en que, merced a las invasiones, no parecía que hubiera más salida. Pero Papado, Imperio, monarquías nacionales, monasterios, las parroquias y obispados y ciudades mostraron que el impulso civilizador era imparable. Se trata, entonces, de las páginas fundamentales de nuestra historia, los albores. Pero también de algo extremadamente luminoso, lo que somos, que es, si no lo más alto, de lo más alto que ha habido en esta Tierra nuestra…

II.- Ahora bien, hoy en día esto no se reconoce. De hecho, si vemos bien, la historia ignora este período, que va del siglo IV al XIV y se lo despacha como si fuera una sola unidad histórica monolítica: la “edad media”, que sería “el oscurantismo”. Además y para completar, las cuentas que se dan de esta historia incluyen ridiculizaciones, descarados anacronismos, falsificaciones y demás bellezas. “La edad media, oscurantista, fanática, bajo el malvado tirano de Roma, el Papa; con sus cruzadas, la inquisición, sin arte, con su gótico; sin contar con los abusadores monjes, las canonjías corruptas y el pueblo, en la miseria”. Añadamos: “ja, ja, qué oscurantista, la tierra plana, la tierra el centro” y muy poco más: esto es el cuadro de la cultura popular sobre la época del nacimiento de la civilización, de nuestros primeros padres, del surgimiento de una de dos sociedades totalmente cristianas del mundo, de, repito, una de las sociedades más luminosas, si no la más, que haya habido. Muchos cristianos hijos de la rebelión luterana creen que hacen un servicio a su cristianismo, asumiendo esta imagen secularista y anticristiana y falsa de la historia. Se hacen eco de enemigos de la verdad, de enemigos de Cristo, de gente que dice lo que dice porque quiere denigrar de todo vestigio cristiano: un gran servicio se hacen a sí mismos, en cuanto cristianos…

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Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll

Rolling Stones, las drogas y Play boy tienen abuelos y ascendientes, hasta un monjecito de 1300

La civilización cristiana, teología civil y revolución cultural

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas los masacraron

Adamitas, hippies de 1400, desnudos como Adán, hasta que los hussitas, sus compañeros revolucionarios, los masacraron

Hay dos tipos de revolución, de subversión del orden existente, reinante en la sociedad política o en la civilización como un todo. El primero es sencillo, se trata de quién está en el poder, la sociedad se comprende de una determinada manera, que va de lo profundo a lo superficial, siendo todo informado por aquello, y, dentro del marco cultural, al cual se deja intacto, que es ambiente común de todas las facciones, que no se pone en cuestión ni se sueña con hacerlo, un grupo conspira, con éxito o no, contra los gobernantes o, más ampliamente, la clase dominante. El otro modo de revolución es mucho más fundamental, más profundo, más decisivo: las sociedades son expresiones del orden universal, del orden del mundo, como dice Brownson, son “Pueblos Elegidos”, destinados a hacer un aporte a la humanidad. Siendo el hombre un animal político y teniendo su sociedad un orden y una finalidad natural intrínseca y trascendente, las mismas son respuestas estructuradas a ese movimiento humano hacia el sentido. Como el mismo se realiza en la historia, con una institucionalidad, unas creencias fundamentales, unos avatares y vicisitudes, unas expresiones de lo bello, una liturgia religiosa y civil, propios, la sociedad tiene lo que Voegelin llama una teología civil, al lado, posiblemente, de una trascendente. El segundo tipo de revolución ataca este nivel fundamental, tiende a adulterar la identidad de la sociedad, sus teologías, sus ideas directrices, su autocomprensión, el sentido de sus símbolos, sus mitos fundacionales, etc. Éstas se llaman “revoluciones culturales”. Vamos a barajar y volvamos a repartir, para que quede más claro: Cultura es el resultado, no cristalizado, vivo, de la acción del hombre en sociedad en la búsqueda de su plenitud. Incluye modos de comprensión de toda la realidad, del hombre, de la virtud, especialmente, de la propia sociedad, de su ser y de su condición de encarnación del orden cósmico, incluye modos de relación, símbolos, mitos, ritos, expresiones artísticas e institucionales. La revolución cultural ataca al núcleo de la cultura, por lo que implica una cierta adulteración de la identidad social, hasta eventualmente su aniquilación, en cuanto a esa identidad.

En Occidente, las creencias fundamentales, en sus etapas que Toynbee llama de nacimiento y crecimiento, eran creencias cristianas: de Cristo venía toda concepción sobre el mundo y la vida, en su orientación radical y total a lo divino. Era una civilización que no agotaba al Pueblo de Dios, a su Iglesia, en su peregrinar terreno, pero que se constituía en Cristiandad, que veía a la sociedad de los creyentes como una comunidad espiritual universal, actual y virtualmente, es decir, a la que pertenecían todos los bautizados, pero que debía difundirse hasta los confines de la Tierra. Tomando fuertemente en cuenta la Ley Natural, la Cristiandad tenía clara conciencia del carácter político del hombre, de la necesidad del Estado y de su autoridad terrena (“dad al César lo que es del César”), pero su inclinación a lo trascendente era intensa (“y a Dios lo que es de Dios”). Así, se seguían dos consecuencias: 1) la sociedad veía la subordinación de lo político a lo religioso, a pesar de su necesaria “autonomía”: el poder político era supremo en su ámbito, pero su ámbito no era el último y más alto, estaba subordinado a Dios: el rey no era sirviente del Papa, pero los mandamientos y leyes lo obligaban, en todos los ámbitos de la vida; esto implica, como consecuencia adicional, el carácter religioso del patriotismo y de la obediencia a la autoridad legítima (salvo corrupción de esa autoridad, en ciertos casos muy bien definidos). 2) La sociedad cristiana era internacional: lo era A) en cuanto todos los cristianos pertenecían a dos sociedades y eran hermanos por el bautismo, aparte de conciudadanos de sus connacionales; B) porque las naciones eran hermanas y se sabían partes de una realidad que las trascendía; C) porque estaban, en consecuencia, sometidas a un orden superior; C) porque había instancias meta-políticas, transnacionales, que se erigían como árbitros de los asuntos entre estados e, incluso, en lo que se refiere a la religión y la moral, internas a las naciones: el Papado y el Imperio, eran mucho más que lo que pueda esperarse hoy de la ONU u organizaciones similares. Para tener una idea más completa de la cultura que subyacía a esta estructura, se pueden recomendar muchas lecturas, de Toynbee y Voegelin, quienes no eran, ni por asomo, católicos, ni siquiera cristianos, pero me parece que el mejor de todos ha sido Christopher Dawson (The Making of Europe, Religion and the Rise of the Western Culture, El Cristianismo y surgimiento de la civilización occidental, The theological development of medieval culture, La secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso, etc.; hay una recopilación de ensayos, en castellano: Historia de la cultura cristiana); también es de primerísima línea Michael Jones. En éste, mi blog, recomiendo leer, al menos, los artículos: 1) La herencia del oscurantismo (I), 2) La herencia del oscurantismo (II) (no debe confundir el nombre de estos dos artículos: se trata de un sarcasmo destinado a atacar la estulticia contemporánea de quienes niegan la etapa de construcción de esta sociedad civilizacional, poniendo, de este modo, en serio peligro su destino); y 3) Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo.

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Rubén Blades: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al…”? (4): La Iglesia parió a Hispanoamérica

Y gritamos con los Cristeros: VIVA CRISTO REY, para “deleite” de los enemigos de Dios

El Beato José Luis Sánchez del Río, digno representante de la esencia hispanoamericana: fiereza indomable, a su corta edad, las torturas y lisonjas no lo llevaron a renegar de Cristo, sino a gritar: VIVA CRISTO REY

El Beato José Luis Sánchez del Río, digno representante de la esencia hispanoamericana: fiereza indomable, a su corta edad, las torturas y lisonjas no lo llevaron a renegar de Cristo, sino a gritar: VIVA CRISTO REY

Como hemos dicho, la Hispanoamérica contemporánea está infectada de materialismo y Leyenda negra anti-católica y anti-Hispana, es decir, está infectada de espíritu suicida, de espíritu contrario a nuestro propio ser. Nosotros no somos una raza, somos un Espíritu.

El Espíritu de Cervantes, de Vittoria, de Santa Teresa, de San Ignacio, de San Juan de la Cruz. Si no me creen, vean las reducciones jesuitas del Paraguay: Ignacio; Santa Rosa de Lima: dominica; la Virgen de Guadalupe, que es Méjico y es Madre de toda América, y la de Coromoto, la gran evangelizadora de Venezuela; vean a cada una de nuestras universidades, nacidas del seno de la Iglesia; las defensa de los indios, de los discípulos de Vittoria, de Santo Domingo, y de Bartolomé de las Casas; vean quién fundó las ciudades, quién fundó casi toda California, el franciscano Junípero Serra, vean los nombres de nuestras ciudades: Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, San José de Costa Rica, San Cristóbal, Santiago de Chile, Santiago de León de Caracas, La Asunción, La Paz, Santa María de los Buenos Aires, Santa Fe de Bogotá, San Martín, San Salvador, Veracruz y paremos de contar. Hasta la independencia fue un grito de Dolores del cura Hidalgo, en Méjico, o un no al napoleónico Emparan en Caracas, de parte del padre Madariaga…

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¿El ocio es la madre de todos NUESTROS vicios? No, el supermercado espiritual

Vicios adicciones y remedios: esclavitud y libertad (VII)

Una raíz del mal: increencia “ilustrada”, relativismo y supermercado espiritual

Vivimos en un mundo de total singularidad. Cuando los soñadores del siglo XVIII ponían las bases de la religión del progreso, de una manera que no imaginaron, decían verdad. El hombre occidental estaba cerca de lograr un carácter único; y, para sus parámetros, además, ése era el gran bien: abandonar a Dios y buscar en el hombre mismo la medida de todas las cosas (a la manera del viejo Protágoras), sin ninguna definición de su bien, o sea, de man

El new Age, anticristianismo, esoterismo, relativismo cultural y religioso; religión a la carta, materialismo-"espiritualista", date todo y "no tengas responsabilidad", vacío existencial, nihilismo: este es el panorama actual, de ahí nacen la mayoría de nuestros vicios; o ahí se fertilizan

El new Age, anticristianismo, esoterismo, relativismo cultural y religioso; religión a la carta, materialismo-“espiritualista”, date todo y “no tengas responsabilidad”, vacío existencial, nihilismo: este es el panorama actual, de ahí nacen la mayoría de nuestros vicios; o ahí se fertilizan

era atolondrada, según cualquier deseo que él mismo transforme en su norma, en tanto y en cuanto pueda encontrar una técnica “mejor” para satisfacerlo. Alguien puede objetar que algunos de éstos creían en Dios. Es verdad de algunos, pero no era sino un Dios, a lo más, lejano y a la medida de sus pequeños intelectos (aunque sean mil veces más inteligentes que yo: lo digo, más bien, en términos absolutos: comparándolos con el infinito que cualquiera puede ver que puede alcanzar la inteligencia, en cuanto de suyo no encierra límite, por lo que los límites que le conocemos provienen de sus sujetos, los hombres). Además, incluso en esos casos, ellos no querían una religión verdadera, que impregnara toda la vida del hombre, como reclama un Dios de verdad (según lo que Es en realidad); y para ellos el bien estaba en ese “progreso”. De ahí venimos, el “progreso” progresó, prosperó y fue desarrollándose como noción, hasta alcanzar lo que no podía sino ser su fin: es progreso del hombre-medida-de-todas-las-cosas el poder ser asesino masivo de sí mismo, si sus deseos o los de los ricos y poderosos convencen a los ignorantes y borregos de que serán “muy libres”, siguiendo sus deseos de manera irresponsable, aunque éstos sean de crueldad y desórdenes radicales. Así, los occidentales de hoy llegamos a ser únicos, “los que llegaron a la mayoría de edad”, hemos venido a ser “como dioses”. (más…)

Ecrasez l’Infame!

Él dio el grito de guerra

Él dio el grito de guerra

Grita Voltaire: “ecrasez l’Infame, ecrasez l’Infame”, “aplasten a la infame, aplasten a la infame”. ¿Quién es la “infame”? ¿Quién va a ser? La Iglesia, tonto, la Iglesia. Desde él, la fila, la paca, la pila de “gritaores”, ha sido muy larga y con nombres muy notables, Nietzsche, Marx; Massini, Kossuth, Cavour, Garibaldi, y demás revolucionarios europeos de mediados del XIX; los masones franceses que, a finales del siglo XIX, botaron a Dios de la logia y de los secularistas de ese país que, en 1905, lograron la “separación de la Iglesia y el Estado”; es el grito de Gramsci o el de Reich, revolucionarios sociales del siglo XX; o el de Heidegger o el de Hitler, que no necesitan presentación; es el grito de Paul Blanshard o Louis Wirth y los “re-ingenieros sociales” de Estados Unidos del último siglo.

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