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Tag Archives: historicismo

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Se puede juzgar a las culturas

Si indios americanos eran antropófagos o tiranos o sacrificaban humanos, dale, dilo, ahí había algo muy malo

Caníbales americanos, deplorable... cuidado, cuidado, no lo puedes decir, los revolucionarios te van a arrasar

Caníbales americanos, deplorable… cuidado, cuidado, no lo puedes decir, los revolucionarios te van a arrasar

Vivimos en la época de la revolución sexual, una etapa más en el desarrollo secular de la revolución occidental contra el Logos (Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll). Estos tiempos se caracterizan por ser la época en la que la revolución alcanzó la plena penetración en las capas populares de la población, como nunca antes había sucedido. Uno de los rasgos en que se manifiesta el desastre es en el de la brutal extensión que ha tomado el relativismo. Los lectores “no iniciados” se preguntarán “pero ¿qué es eso del relativismo?” La respuesta es muy sencilla y fácil de entender, pues, además, como dije, se trata de una creencia de máxima extensión en el mundo de hoy: “cada quien tiene su verdad; todo es relativo; lo que pasa es que tú eres de derecha, de izquierda, conservador, tradicionalista, liberal, etc.; eso es un asunto cultural; no puedes juzgarlos, ésa es su cultura” y así sucesivamente, en una gama infinita de formulaciones que significan todas lo mismo (aunque no sean iguales): no hay verdad, no la podemos conocer. Eso, claro, conlleva consecuencias, todo en esta vida conlleva consecuencias, empezando por las ideas [y las acciones libres]. Si no podemos conocer la verdad, si no hay verdad, es porque la realidad es incognoscible, entonces, a lo Kant, lo que tenemos en nuestras mentes es un conjunto de contenidos que tienen sentido ahí “adentro”, en la conciencia, quiero decir, sin relación discernible entre ella y algo real… realmente tal: lo real y la relación de nosotros a él. Así, sea como sea lo que haya dicho Kant concretamente, luego de él, surgieron los historicismos, los, vamos a llamarlos, “culturalismos” [primos de los anteriores], los subjetivismos. Sobre todo, luego de Marx y Nietzsche.

En resumen: el relativismo consiste en que “cada quien tiene su verdad”; entonces, no podemos conocer qué sea, en verdad, verdadero; entonces, no sabemos qué sea la realidad ni nuestra relación con ella; entonces, todo es subjetivo, relativo, todo lo que podemos afirmar es que tenemos datos de conciencia. Puede que la persona que afirme la primera proposición –“cada quien tiene su verdad”– no sea plenamente consciente de lo que ella significa, de lo que conlleva e implica; pero eso es indiferente a los conceptos y a sus consecuencias lógicas: 2 + 2 es igual a cuatro, me guste, no me guste, lo sepa, no lo sepa, es indiferente. Los órdenes de la realidad y de la mente, en gran medida correspondientes, tienen modos de obrar, nos guste o no: son independientes de nosotros y los ignoramos para nuestro peligro: los que se dan el golpe somos nosotros con la realidad, no al revés. Así, la refutación de Kant y de los que sostienen proposiciones como éstas es fácil, es fácil reducirlos al absurdo, es más, es una “mantequilla”, dicen en Venezuela; y lo único que necesita es que la gente esté dispuesta a aceptar la refutación, más fácil que cualquier cosa: “¿estamos hablando, yo soy tu interlocutor, tú me entiendes, conoces mis palabras, su orden semántico y sintáctico, sus significados? ¿Sí? Luego, Kant es insostenible, como es insostenible el relativismo”.

Ahora bien, como dije arriba, el relativismo tiene muchas presentaciones. Incluso, hay algunas, como la del historicismo, que son muy conformes con hábitos arraigados en la [In-]cultura contemporánea. Como hoy por hoy todo es “experiencia”, lo que puedas “sentir”, como algo que es TU experiencia y como se concibe todo así, entonces, por ejemplo, para muchos, incluso encopetados teólogos, lo que importa no es Jesús, el verdadero, el histórico, sino la experiencia que de él tuvieron sus contemporáneos, a la que reducen las noticias documentales que tenemos de Él, incluso la Biblia. Esa experiencia de los testigos, no en cuanto a lo atestiguado, sino al testimonio mismo, traída a mi experiencia actual, eso sería la religión cristiana, desde Scheleiermacher, hasta Rahner, Bultmann, Heidegger, Gadamer: “fenomenología”, a la manera nihilista, historicista, heideggeriana. Todo es un asunto de “experiencia” (a esto, en gran medida, es a lo que se refirió el papa san Pío X, cuando condenó la herejía del modernismo, en la encíclica Pascendi [Pascendi Dominici gregis]). Otro relativismo-subjetivismo es el ideologismo: no hay verdades políticas, ni siquiera históricas: Stalin y Mao no se habrían despachado unos 150 millones de personas al otro mundo, eso sería mera invención de los “burgueses, capitalistas, gusanos ésos”. O tú te opones a los desmanes de la “shock therapy” porque eres nada más que un “socialista, cumbayá, gusano de porquería”; sostienes que hay moral, que hay familia, que hay fidelidad, “porque eres un conservador”, digamos, para resumir: “y un larguísimo y anchísimo etcétera”…

Lo que nos interesa aquí es el relativismo cultural. Él consiste, básicamente, en una especie particular del relativismo moral[eso es de manera principal, porque también es estético, al menos], es decir, la creencia en que no hay verdad sobre lo que sea bueno para el hombre, ni en universal, en lo que toca al sentido de su vida, ni en particular, en esta o aquella circunstancia. Así, el relativismo cultural es una forma de ese más amplio moral; de acuerdo con él, cada cultura es un mundo aparte, el resultado de arbitrariedades inconexas entre sí, que no responden a ningún orden absolutamente, ni a naturaleza humana ni a nada en el mundo. De ese modo, los rasgos culturales son meras construcciones arbitrarias; nada puede quedar de pie, cuando esto se toma como principio de interpretación de lo humano… ¡¡¡y lo divino!!!: el sexo sería mera construcción social, lo mismo que la familia, la religión, las instituciones, el sentido concreto de la comunidad de que se trate, sus manifestaciones artísticas, su historia, la propiedad, la autoridad, etc. Una cultura que se mire a sí misma así es un ente en vías de la comisión del delito del suicidio… pues será netamente consciente, no producto de enfermedad mental alguna, con plena premeditación. Porque, así, la cultura es un mero sinsentido arbitrario, que se sostiene por inconsciencia de su carácter (supuestamente) opresivo. Así, no se puede juzgar sobre los rasgos enfermos de las sociedades, no se comprenden las otras comunidades humanas, no hay comunicaciones entre ellas… Y la propia identidad es un constructo opresivo, sin sentido.

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A mis amigos tradicionalistas (II)

Hay males, es verdad, pero no están justificados para dejar la Iglesia

Juan Pablo II, en Varsovia, lanzó el ataque que derribó la Cortina de Hierro. Inmenso león de Dios: profetizó la crisis y la enfrentó como nadie más lo hizo

Juan Pablo II, en Varsovia, lanzó el ataque que derribó la Cortina de Hierro. Inmenso león de Dios: profetizó la crisis y la enfrentó como nadie más lo hizo

Amigos tradicionalistas, les escribo esta segunda carta, con buena inspiración, fajado, oyendo la Missa Papae Marcelli, de Palestrina: sublime. Espero haberme acercado a ustedes con el escrito de anterior y espero que, con éste, quedemos mucho más cerca. Porque, si ando en una “COMO” diatriba con ustedes, es porque quiero que nos acerquemos, por el amor de Dios, de su Iglesia, de los dones que se ha dignado darnos. Ahora voy a dirigirme al lado contrario. Ayer me fui a las traiciones infinitas de las que somos víctimas, nosotros y Dios… o nosotros los de Dios y nuestro Señor, Rey, General, Amo, Amado, Vida. Con este escrito, pretendo mostrar que hay cosas que ustedes tienen por traiciones horribles, de gente buena, y que no lo son; que, con todo el cariño del mundo se los señalo, tienen  un desenfoque sobre ciertos puntos centrales. Si los ven, el camino de la unidad estará más allanado. Sé que no es fácil, pero espero contribuir en algo a la gloria de Dios, con verdadero amor fraternal, en Nuestro Padre.

Tenemos, inevitablemente, que referirnos al Concilio Vaticano II y a los papas posteriores.

Trataré de echar luz sobre varios puntos, quizás no todos, pero sí varios importantes: que, si se ven errores importantes, puede que los otros queden en una posición de mayor “indefensión”. Claro, no les atribuyo a ustedes errores doctrinales (o no los que ustedes esperarían, quizás), sino errores en la valoración de dichos y aspectos de la gran Asamblea del siglo XX.

La lámpara de tu cuerpo es tu ojo, si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas

Lo primero es un asunto de actitud hacia el Concilio. Ustedes, es inmenso constatarlo, tienen las mismas opiniones sobre este tema que sus contrapartes “liberales” (tiranuelos, en realidad: miren a Kasper). Unos y otros hablan del Concilio como ruptura. Vamos a dejarlos a ellos a un lado, que después, juntos, los enfrentaremos y los sacaremos de la Iglesia o los obligaremos a convertirse, a dejar sus mentiras y maldades (aunque algunos lo hagan por brutos, borregos, ignorantes y demás excusas absolutorias o atenuantes). Lo de la ruptura: dicen lo mismo, ustedes y ellos, pero hay diferencias, diferencias de talante. Pongamos un ejemplo ilustrativo: el modo como se tratan las palabras que popularmente tienen doble sentido, en Venezuela, de donde soy, y en Chile, donde vivo desde hace más de siete años. En Venezuela, hay más mente-sucias, probablemente, que en Chile. En Chile, sin embargo, hay un matiz curioso, si la palabra tiene una “fama” fuerte de doble sentido, es grosería y no la puedes usar, de modo que los mente sucia ganan. Es como el arco iris y los homosexuales o el rojo y los comunistas: eso no es de ellos, es de Dios, de su naturaleza y del hombre, en general. Así, vamos a volver al Concilio, un texto cualquiera puede ser tergiversado; y un texto en el que entraron los cizañeros a meter confusión puede ser corrompido fuertemente. El trabajo de los buenos es, como el de Santo Tomás, mientras se aclaran las cosas, forzar la interpretación sana, no dar la razón a los malos. Y, señores, CUALQUIER TEXTO ES SUSCEPTIBLE DE CORRUPCIÓN INTERPRETATIVA: vean a los protestantes, las decenas de miles de sectas, salidas de los mismos pasajes bíblicos. ¿No rezaba el Aquinate, “DA MIHI […] INTERPRETANDI SUBTILITATEM”, “dame sutileza para interpretar”? Es verdad que, PROBABLEMENTE (¿qué será de la vida de la parábola de la cizaña?), no deberíamos estar en estas luchas, pero es lo que hay y es el modo como, hasta ahora, en el mundo presente, el de la corrupción más brava jamás vista (como muestra la “misa” a satán de Ocklahoma [y vendrán más y en todo el mundo, no lo dudes: allá sólo empieza todo, los demás repetimos como autómatas descerebrados: el progreso]; y todo lo que digo en el escrito anterior), es el modo, digo, en que Dios preservó a su Iglesia en este mundo… Y decir otra cosa es asegurar que las promesas y profecías de Jesús eran falsas, que Él no es omnipotente y omnisciente, es blasfemia, que lleva al cisma…

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A mis amigos tradicionalistas (I)

Abandonando la autoridad, han hecho el trabajo de Gramsci, no pueden seguir

En un momento de la historia, la Iglesia pareció romperse, en 1965.

Arrio, creó una gran crisis en el siglo IV. La actual deja aquella como un juego de niños. La fidelidad tiene que ser heroica, más que nunca

Arrio, creó una gran crisis en el siglo IV. La actual deja aquella como un juego de niños. La fidelidad tiene que ser heroica, más que nunca

Estos dos artículos “gemelos” los considero cartas y van en continuación de mis tres artículos sobre el Papado como constitutivo esencial de la Iglesia (que cito abajo) y de los otros que he escrito sobre el desastre que es el Pontificado actual, de las últimas semanas.

Vamos a estar claros, en la ruptura luterana hubo defecciones, traiciones, toda clase de excesos y males. Cuando Arrio, un número importante de clérigos se fue tras la cristología falsa, contraria a la Revelación bendita, los cristianos de verdad estuvieron fuertemente a la defensiva, bajo un asedio que parecían no poder soportar, por el número de los otros, por los poderes que los sostenían. En la época del Gran Cisma y del temporal triunfo del conciliarismo de Ockham y Marsilio, el Papado vivió un oscuro eclipse, cualquiera hubiera podido ver ahí señales de tiempos muy malos por venir; y sí que vinieron. Todas esas épocas fueron terribles, entre los momentos peores de la historia de la Iglesia, tremendas rupturas, imponentes pérdidas, de almas, de la unidad, graves confusiones, la barca parecía zozobrar, grandes injusticias contra los verdaderamente fieles. Pero ninguna de esas épocas se compara a los dolores actuales.

Se ha dicho mucho que el siglo IV se parece mucho a la actualidad, el número de los infieles, su carácter sacerdotal, la soledad del laicado, la persecución a los buenos. Hay, en verdad, similitudes, pero las desemejanzas también son impactantes: los poderes que se levantan hoy para sostener a los malvados son muy superiores a los que apoyaron a los arrianos; además, los potentados de hoy no son cristianos con una visión desviada, son gente que odia a Cristo como es imposible que se lo pueda odiar más, por seres humanos, en esta vida terrena; las disputas no son filosóficas y teológicas, no se trata de la imagen de Dios, sobre la que puedes estar en el error, pero bajo principios elevados, lo de hoy es un ataque dirigido y orquestado desde la entrepierna, en el que lo que está en juego son las perversiones más degradantes y los bienes más básicos, desde la familia, célula fundamental de la sociedad, semillero de la humanidad.

Lo de hoy es un mal desatado, consciente, virulento, nunca antes visto, es el nihilismo, la corrupción luego de que la semilla evangélica germinara, es la peor corrupción, es la corrupción de lo mejor, de lo más elevado; por eso, es una corrupción que no parece tener límites, es una deificación usurpadora y consciente, es la reunión de todas las tiranías, de todos los gnosticismos, todos los sofismas, todas las herramientas de la mentira y la opresión, es la corrupción más grande que pueda pensar la humanidad, sin lugar a la más mínima duda. Jamás encontrarás a un Heidegger caminando por las calles de Grecia, de Roma, de la Persia Sasánida, del mundo del viejo brahmanismo: un demonio que reúne a Descartes, Kant, Husserl, Hegel, Marx y Nietzsche, con lenguaje sacado de los clásicos griegos, con conciencia respecto de los presocráticos, con una visión de las religiones del mundo, de las divisiones del Cristianismo, con los ataques positivistas, con los “avances” psicoanalíticos. No encontrarás a un Freud, a un Reich, a un Sartre, a un Foucault, a un Rahner, a un Bultmann, a un Kühg, y para de contar. Por eso, no ha habido antes mundos que sean paraísos de la adicción a las drogas, de la destrucción de la familia, con más de 2.000 millones de bebés muertos en las barrigas de sus mamás y una miríada de gente, mientras tanto, defendiendo los derechos humanos de los animales, los derechos de las mujeres a matar a sus hijos, a jueces metiendo presos a los papás de esos niños que quisieron evitar que fueran asesinados, a “filósofos”-ideólogos conocidos mundialmente como Peter Singer, confesando que el aborto es homicidio, pero que las mamás tienen derecho a eso, pero los animales no han de ser tocados… y comer carne es, cada vez más, motivo de fuerte preocupación, cerca de ser proscrito… salvo que seas un “indígena” y quieras comer carne humana. Jamás encontrarás a cinco países líderes del mundo actual (Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia y Estados Unidos), enemigos de la Iglesia, traficando opio, como política oficial, a un sexto país (China), para destruirlo y derribar a su gobierno, porque al mismo no le interesa comerciar con las baratijas de la industria del “progreso”: las guerras del opio. Jamás el hombre se había deificado de esta forma; jamás había sido bienvenida, de manera consciente, toda aberración; jamás se había atacado a la fe con armas tan poderosas y sutiles, a la manera de Orwell, 1984, y de Huxley, Un mundo feliz. Jamás se había intentado de manera consciente y programada un experimento como el de la “religión mundial”, con sus avanzadas de sincretismo universal, nunca antes visto, en el que se reúnen todas las religiones del mundo, en una sola amalgama sin sentido, todas en pie de igualdad, fuertemente corrompidas, sin ningún cuidado de la verdad y para destruirlas a todas, salvo las que sean sincretistas y arrabaleras de suyo.

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Aquelarre socialista del siglo 21 en el Vaticano

La nueva sede del Foro [comunista] de Sao Paulo

Para perpetua memoria: Evo, hijo de Chávez, hijo de Fidel, hijo de Pachamama, indígena, ícono de los excluidos, presidente comunista de su país. Junto a él de su vecina, Argentina, Francisco, Papa, por la gracia de Dios. Imagen más que reveladora

Para perpetua memoria: Evo, hijo de Chávez, hijo de Fidel, hijo de Pachamama, “indígena”, ícono de los excluidos, presidente comunista de su país. Junto a él, de su vecina Argentina, Francisco, Papa, por la gracia de Dios. Imagen más que reveladora

Ya no hay que debatir más, los hechos hablan por sí solos. Del 27 al 29 de octubre, se reunieron en el Vaticano una serie de agrupaciones de “excluidos”, de “movimientos populares”, muchos, al menos, si no todos (sin dudas que es lo más probable) son  comunistas: indignados de España, cartoneros de Argentina, sin tierra de Brasil, Frente Comunal Bolivariano de Venezuela, “indígenas” bolivianos, de Kenia, de Suráfrica, de Irlanda, de la India, de Corea, de Francia, Vascos (hispano-franceses o franco-españoles), del mundo entero (copio abajo la lista). En su discurso del 28, Francisco nos informa claramente: cuando dice “hay que ir a las periferias”, eso significa “hay que ser la vanguardia del proletariado” (vid. discurso, en: http://www.celam.org/noticelam/detalle.php?id=MTA5NQ==). Claro que, como siempre, lanzó su disclaimer, se desmarcó del comunismo: “Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista”. Con este encuentro, este discurso, la Evangelii Gaudium y la asociación con Víctor Manuel Fernández, ya hemos llegado más allá del “disclaimer”, del escurrir el bulto, de escurrir ese fardo: you have been nailed, diría cualquier película hollywoodense: has sido capturado, pajarito. Y, fíjense, se ha asociado a sí mismo con el pajarito de Nicolás Maduro, sátrapa de Venezuela, con Hugo Chávez, quien, asegura su sucesor, se le aparece en forma de pajarito… Sobre eso, volveré después.

Ya no nos basta dirigir un ataque de escala total, una guerra de exterminio, contra la Fe cristiana, con generales de altísima graduación, cardenales, arzobispos, generales de los jesuitas, directores generales de Civiltates Cattolicas. Ya no basta con poner a la alta jerarquía de la Iglesia a unir la misericordia de Dios, que atendiendo a los ruegos de Abraham, salvaría a Sodoma y su hediondez, si había en ella 10 inocentes, con unir esa Misericordia infinita al pecado de los destruidos en esa ciudad depravada. No basta con decir que la torpeza, en cuanto tal, precisamente, es un aporte a la humanidad, que Cristo asumió para salvarnos. No basta con tener como mandamases a Cardenales arzobispos de Brasilias a Joaos Braces de Avices, jefes del Foro Espiritual Mundial, la religión mundial, es decir, de este mundo, enemiga de Dios. Con poner a este Cardenal a destruir congregaciones fieles. No basta. No basta con poner a Víctor Manuel Fernández a redactar documentos pontificios, cargándolos de comunismo y heideggerismo. Nada de esto basta. Hay que llegar al final. ¿Cuál es el final? Lo dijo Gilson, en Las metamorfosis de la Ciudad de Dios: el marxismo “el más importante esfuerzo histórico por instaurar el reino del anticristo en la Tierra”.

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