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Kelsen vs. sus peores enemigos: los “dualismos”

Iusnaturalismo, derechos subjetivos y abogados bajo ataque ius-gnóstico

Jurisconsulto Ulpiano, según Kelsen, él, Papiniano, Paulo, Pomponio, Gayo y todos sus colegas de los siglos y las civilizaciones son unos perturbadores del derecho, de la ciencia. Ahí tienen, eso debería bastar

Jurisconsulto Ulpiano, según Kelsen, él, Papiniano, Paulo, Pomponio, Gayo y todos sus colegas de los siglos y las civilizaciones son unos perturbadores del derecho, de la ciencia. Ahí tienen, eso debería bastar [foto de wikipedia en inglés]

[Éste es el 6° artículo de una serie, precedido por éstos: Hans Kelsen, positivista: ser vs deber; voluntad de poder y derechoReducción del Derecho a “ciencia” en la Teoría Pura del Derecho (I), Reducción del Derecho a “ciencia” en la Teoría Pura del Derecho (II), Los fundamentos políticos de la Teoría pura del derecho de Hans Kelsen, La descripción del Derecho y la interpretación, aplicación y determinación normativas en la Teoría Pura].

Puede decirse que estos “dualismos” son los más grandes enemigos de Hans Kelsen[i], según él ve el asunto. El iusnaturalismo y los derechos subjetivos no son los únicos dualismos, también hemos visto, en los artículos anteriores, que las distinciones entre Estado y derecho, entre derecho público y privado, entre Ley nula y válida, entre hecho ilícito y legalidad, entre derecho internacional y derechos nacionales, son “dualismos” frente a los que el iusfilósofo austríaco tiene actitudes firmes. Pero en el iusnaturalismo y en los derechos subjetivos es donde él ve mayores problemas, como pondré de manifiesto.

Los “pecados” comunes a todo dualismo se reducen a estos dos: 1° el objeto de la ciencia es unitario y los dualismos introducen, a su modo de ver “contradicciones”; y 2° todos los dualismos son otras tantas expresiones de la voluntad de poder de quienes los sostienen: todo dualismo es ideológico (113,2).

1.- Respuesta al iusnaturalismo

La consideración de este “dualismo” ha de empezar por el estudio de su evolución, tal como el autor la expone. La misma se da en tres etapas: 1° comienza el desarrollo con las religiones “primitivas”, que creen que todos los entes, incluso los minerales, son animados; 2° a continuación se ubica la visión de las religiones “más evolucionadas”: creen en el Dios único: el iusnaturalismo es necesariamente religioso, pues el mismo se sustenta en un orden superior al de las leyes, que incluye los derechos innatos e inmodificables por el derecho positivo; 3° el mayor “avance” corresponde a los racionalistas modernos, que distinguen el derecho natural del divino, fundándose sólo en la razón humana, son los más eminentes representantes del iusnaturalismo. Estos últimos son los filósofos de la Ilustración y sus sucesores que, como muestra MacIntyre, pretendieron dar un fundamento de una razón autónoma (sin Dios) a la moral y no hicieron más que recoger algún tipo de moral cristiana –católica o protestante– recibida de la cultura de nuestra sociedad, pero despojada del “elemento” que le daba sentido originalmente[ii]. Kelsen concentrará sus críticas en éstos (102,3-103,3).

Veamos los “pecados” del iusnaturalismo, los cuales pueden ser separados en dos grupos: uno referido a los pecados contra la ciencia; y, el otro, a los pecados por el vicio de la ideología, que hace que los autores iusnaturalistas modernos, objeto de su consideración, incurran en diversas contradicciones.

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La descripción del Derecho y la interpretación, aplicación y determinación normativas en la Teoría Pura

La “Pirámide de Kelsen” en acción

La famosa "pirámide de Kelsen". En realidad, no representa sino el "aspecto estático" del ordenamiento jurídico y de manera IN-completa: no señala a la norma fundamental, sin la que no se entiende nada; no señala las constituciones anteriores, no aclara que la constitución actual es producto de la acción, física, del que gane la última revolución. Es, entonces, un arma de embrutecimiento, mediante la superficialidad... Y no dice nada de los problemas fundamentales de interpretación y aplicación...

La famosa “pirámide de Kelsen”. En realidad, no representa sino el “aspecto estático” del ordenamiento jurídico y de manera IN-completa: no señala a la norma fundamental, sin la que no se entiende nada; no señala las constituciones anteriores, no aclara que la constitución actual es producto de la acción, física, del que gane la última revolución. Es, entonces, un arma de embrutecimiento, mediante la superficialidad… Y no dice nada de los problemas fundamentales de interpretación y aplicación…

Como consecuencia de todo lo expuesto en los artículos anteriores de esta serie [véase la totalidad de los mismos, publicados en este orden: Hans Kelsen, positivista: ser vs deber; voluntad de poder y derechoReducción del Derecho a “ciencia” en la Teoría Pura del Derecho (I), Reducción del Derecho a “ciencia” en la Teoría Pura del Derecho (II), Los fundamentos políticos de la Teoría pura del derecho de Hans Kelsen], Kelsen dedica su actividad “científica”, en la Teoría pura del derecho[i], a describir el derecho, es decir, según él, el “sistema” jurídico, el conjunto de las normas positivas; y la descripción realizada está en perfecta consonancia con los fundamentos asentados.

En primer lugar, el ordenamiento positivo constituye una estructura jerárquica (147-161), en la que la norma más alta y fundamental es, fuera de la hipótesis básica, la Constitución (147-148).  Conforme a ella, en primer lugar, el derecho regula su propia creación (147,1), pues se da una subordinación de normas, que, como se dijo en el artículo Reducción del derecho a ciencia, II [vínculo copiado arriba], sección segunda de la primera parte [La univocidad del objeto de la ciencia jurídica], adquiere unidad de orden por reducción de cada norma a su superior, hasta que la Constitución se reduce a la norma fundamental (147,1). De aquí que la Constitución se defina como la norma que regula a los órganos que crean normas y prescribe ciertos contenidos (147,2-148,1).

Entre tanto, la Ley determina los órganos y procedimientos y el contenido mismo de las normas individuales, que han de ser dictadas por las autoridades judiciales y administrativas, por ello, pertenecen al derecho formal y material. La Constitución se ocupa poco o nada de los contenidos, se concentra en lo formal; mientras que la Ley determina los contenidos de las normas inferiores y se ocupa también de lo formal (149,2).

Las sentencias crean normas, porque la relación entre el hecho ilícito y la Ley es abstracta y general, mientras que en la sentencia se comprueba su existencia y se aplica una sanción (152,1-2). Lo mismo sucede con la Administración y sus actos (152,3-153,2). Sin embargo, a estas razones por las que la jurisdicción y la Administración crean normas, hay que añadir algo que se verá más abajo: la interpretación, al final, busca “aplicar” la norma legal, pero, en perfecta coherencia con los fundamentos metafísicos y antropológicos, sobre la base de un voluntarismo irracional.

Mas se ha de recordar que, en realidad, el último eslabón de la “pirámide”, de la jerarquía, no es una norma del derecho nacional, sino el derecho internacional; y la norma fundamental es la que sustenta a éste, que luego sustenta a los distintos derechos nacionales. La norma fundamental “absoluta” es, por tanto, la del derecho internacional; las de los derechos nacionales son simplemente normas fundamentales “relativas” (206,1).

Pasemos ahora al tema de la aplicación y creación del derecho. En primer lugar, ha de tenerse en cuenta que las normas inferiores son aplicación de las superiores y, al aplicar, éstas se crean normas nuevas. Así, toda aplicación crea, menos la última, la de los actos directamente coactivos; toda creación aplica, menos la primera, la de la norma fundamental.

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Sobre el derecho y la noción de “derechos humanos”

En Roma y la filosofía clásica, no aparece nada similar

París, Septiembre de 1948, en el Palais de Chaillot, se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos

París, Septiembre de 1948, en el Palais de Chaillot, se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Contenido

I.- Introducción: el estudio la esencia del derecho de manera abstracta y en su contexto político

II.- Los sentidos del ‘derecho’ y sus avatares históricos

1.- La sorprendente visión del derecho de Santo Tomás y la inconmensurabilidad de las tradiciones clásica y “moderna” de lo jurídico

2.- Sobre las distintas acepciones del ‘derecho’ y su definición

3.- El quiebre histórico y la miopía historiográfica

III.- Derecho y derechos humanos

1.- El derecho, la institucionalidad de las relaciones políticas, los tópicos de la racionalidad jurídica y el bien común

2.- Crítica a la noción individualista de derechos humanos

A.- A la noción misma

B.- A los abusos que se cometen en su nombre

3.- Una noción de los derechos humanos compatible con el republicanismo clásico y el ius de los jurisconsultos romanos

 

I.- Introducción: el estudio la esencia del derecho de manera abstracta y en su contexto político

Antes de pasar a ver el sentido de los derechos humanos y su relación con otros significados de la palabra ‘derecho’, su función política y jurídica y los distintos modos como pueden comprenderse, es necesario, por supuesto, estudiar la esencia del derecho y su lugar en la comunidad política de la que es un aspecto clave. Así, pues, el presente artículo se divide en dos partes, una introductoria, en la que se hace este estudio sobre la esencia del derecho; y una segunda, en la que se trata de ver las relaciones entre el derecho, en general, y los derechos humanos. En esta segunda parte, se vuelve, de nuevo, sobre el ser del derecho, se hacen precisiones sobre su relación con lo institucional y, a partir de ello, se trata someramente sobre la racionalidad jurídica y, una vez más, sobre el papel del derecho en la política. Puede que esta descripción del trabajo lo muestre como parcialmente redundante y, por eso, se ha de justificar esa redundancia. Las motivaciones para escribir de un mismo punto en diversas partes del texto son diversas y, por lo mismo, la perspectiva varía un poco, de modo que la información que se vierte en uno y otro caso es distinta y complementaria. Cuando se habla de la esencia del derecho en la primera parte, simplemente se trata de exponer el asunto en sí mismo; cuando se hace lo propio en la segunda, se tiene en mente defender lo dicho de ciertas tendencias intelectuales. Lo mismo sucede con el bien común y la justicia distributiva. De ese modo, se pretende sostener las verdades que se exponen de un modo más claro y sólido.

II.- Los sentidos del ‘derecho’ y sus avatares históricos

1.- La sorprendente visión del derecho de Santo Tomás y la inconmensurabilidad de las tradiciones clásica y “moderna” de lo jurídico

En la Pars secunda secundae de la Suma Teológica, cuestiones 57-59, Santo Tomás hace unas afirmaciones muy sorprendentes para un lector contemporáneo. Hay que fijarse en varias de ellas, para ver cuán distinta era su perspectiva de la de la abrumadora mayoría de los pensadores de nuestros días. Citando al jurisconsulto romano Celso, pone la famosa –incluso hoy– frase: “el derecho es el arte de lo bueno y lo equitativo” (“ius est ars boni et aequi”)[i]. Citando a San Isidoro y sus Etimologías, dice que la ley es una especie de derecho (“lex iuris est species”)[ii]. Continúa el Aquinate, en el “sed contra” de este artículo, diciendo, según San Isidoro, en el mismo lugar citado anteriormente, que se le llama “ius” al derecho, porque es justo y lo justo es objeto de la justicia, por lo que dice Aristóteles, en el libro V de la Ética, ‘todos quieren llamar justicia al hábito por el cual realizan cosas justas’; por lo tanto, el derecho es el objeto de la justicia (“Sed contra est quod Isidorus dicit, in eodem, quod ius dictum est quia est iustum. Sed iustum est obiectum iustitiae, dicit enim philosophus, in V Ethic., quod omnes talem habitum volunt dicere iustitiam a quo operativi iustorum sunt. Ergo ius est obiectum iustitiae”). Pero todavía se hallarán puntos, al menos, igualmente sorprendentes. Hasta ahora, de acuerdo con el Aquinate, el derecho es un arte y es la ley y es el objeto de la justicia. Pero eso implica alguna labor de aclaratoria, pues la definición es, precisamente, lo contrario de esta suerte de indeterminación, un término significa algo uno o no significa nada, esto lo reclama el principio de no contradicción y es la evidencia más importante de su absoluta necesidad[iii]. Esa aclaratoria la hace Santo Tomás: el ‘derecho’ es un término pros hen, como lo es la ‘medicina’ o el ‘ser’ o el ‘ens[iv].

Dice el Aquinate:

“Es de costumbre que los nombres se desvíen de su primer sentido a la significación de otras cosas, como el nombre ‘medicina’ es impuesto primero para significar el remedio que se presta al enfermo para su curación; de ahí se traslada al arte que hace esto [la curación]. Así también este nombre ‘derecho’ primero se impone para significar la misma cosa justa [recta]; luego, sin embargo, se deriva al arte por el que se conoce que sea lo justo; y posteriormente para significar el lugar en el que se imparte el derecho, como se dice que alguien acude ante el derecho; y, más tarde, se dice también derecho a lo que es dado [la sentencia] por aquél a cuyo oficio pertenece hacer justicia, aunque también lo que decida sea inicuo” (“Ad primum ergo dicendum quod consuetum est quod nomina a sui prima impositione detorqueantur ad alia significanda, sicut nomen medicinae impositum est primo ad significandum remedium quod praestatur infirmo ad sanandum, deinde tractum est ad significandum artem qua hoc fit. Ita etiam hoc nomen ius primo impositum est ad significandum ipsam rem iustam; postmodum autem derivatum est ad artem qua cognoscitur quid sit iustum; et ulterius ad significandum locum in quo ius redditur, sicut dicitur aliquis comparere in iure; et ulterius dicitur etiam ius quod redditur ab eo ad cuius officium pertinet iustitiam facere, licet etiam id quod decernit sit iniquum”)[v].

Entonces, pues, el derecho es lo justo, el objeto de la justicia, en primer lugar y en sentido pleno; pero de ese primer sentido, de acuerdo con Santo Tomás, se traslada a otros. Tal es el caso de la ley:

“Así como de aquellas cosas que se realizan por el arte en el exterior poseen una razón preexistente en la mente del artífice, que se llaman reglas del arte; así también de aquellas obras justas que la razón determina hay una cierta razón preexistente en la mente, algo como una regla de prudencia. Y esto, si está formulada de manera escrita, se llama ley, pues la ley es, según Isidioro, una constitución escrita[vi]. Y, por eso, la ley no es el derecho mismo, sino una razón del derecho” (“Ad secundum dicendum quod sicut eorum quae per artem exterius fiunt quaedam ratio in mente artificis praeexistit, quae dicitur regula artis; ita etiam illius operis iusti quod ratio determinat quaedam ratio praeexistit in mente, quasi quaedam prudentiae regula. Et hoc si in scriptum redigatur, vocatur lex, est enim lex, secundum Isidorum, constitutio scripta. Et ideo lex non est ipsum ius, proprie loquendo, sed aliqualis ratio iuris”).

Ésta es, como se anunció, una visión del derecho desconcertante para la inmensa mayoría de los autores contemporáneos, para quienes lo primero que viene a la mente al planteárseles el ser del derecho es la ley. Yo recuerdo, cuando estaba en primer año de derecho, al profesor de “sociología jurídica” interpretar el aforismo: “summum ius, summa iniuria”, como significando: “la máxima regulación es el máximo daño”; en lugar del verdadero sentido: “si, por ejemplo, daño a mi padre, causo el máximo daño”…

Puede ser, no obstante, que la visión del derecho de Santo Tomás sea una simple especie de “locura” del Aquinate y sólo de él, que nadie nunca la haya compartido ni en su época ni antes ni después; ni en Occidente ni en ninguna otra civilización. Nadie, aparte de aquéllos para los que la filosofía y la teología consiste en ver qué fue lo que dijo Santo Tomás. Mas no es muy difícil mostrar que no es así, que la locura ha sido el apartarse tan lejanamente de la tradición clásica de comprensión del derecho, sepultando el sentido de una tradición que era bastante unánime (desde Ciceron y, antes, de Aristóteles y la sociedad griega helénica), a tal punto que hoy, al interpretar los textos antiguos de los grandes maestros, en la teoría política y jurídica, en el propio derecho y en la filosofía en general, cuando algún autor tiene la decencia y la fortaleza para vencer la miopía histórica que caracteriza al mundo de hoy, no hay modo en el que se entiendan las palabras mismas de los autores, como en el ejemplo que acabo de poner de mi profesor de primer año de derecho. ¿Qué podrían decir Kelsen, Hart, MacCormick, Alexi, o Dworkin (los más conspicuos o, al menos, varios de los más notorios iusfilósofos del mundo de hoy) de esta frase, una de las más famosas de todo el Corpus Iuris Civilis y la más famosa del jurisconsulto Paulo: “ius non a regula sumatur; sed a iure quod est regula fiat”, el derecho no se extrae de la regla, es ésta la que se formula partiendo del derecho existente[vii]? Kelsen, quizás, habría aprovechado para ensalzar a nuestro mundo, el de la ciencia, y se hubiera burlado de los antropomórficos romanos, que interpretan lo humano de un modo que supone que el hombre es hombre, y, posiblemente, habría dicho que eran unos tiranos del espíritu, como Nietzsche, o, lo más probable, unos burgueses enmascarados, como Marx.

Para ver que Santo Tomás no estaba solo en su comprensión de lo jurídico y que, en consecuencia, hay un abismo entre lo clásico, incluso cristiano, y nosotros, hay que empezar por observar las fuentes que cita: Isidoro, Aristóteles, el Corpus Iuris Civilis. También se puede recordar que el Aquinate tenía gran cultura jurídica, lo mismo que filosófica y teológica (aparte de matemática y en otras disciplinas), y que él es una especie de resumen de mucho de lo que se sabía en su época (en buena parte, mucho más de lo que se sabe hoy, salvo en algunos campos). Pero, claro, este maestro podría estar tergiversando lo dicho por otros, sacándolo de contexto, por ejemplo. De Aristóteles, sin embargo, sabemos que éste no es el caso. Lo mismo puede decirse de los textos del Corpus Iuris Civilis, interpretados de ese modo por Villey[viii] y, por ejemplo, por un autor tan distinto del anterior como Eduardo García de Enterría. Pero se debe parar este tipo de discusión, para pasar a una que se considera más fructífera, potencialmente: el estudio del derecho mismo, para ver si lo que dice Santo Tomás es plausible.

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Aristóteles y Santo Tomás: un tumba-rancho acaba con el Big Bang

¿El oscurantismo arrasa a la luz de la ciencia, ¡¡¡cómo es eso!!!? Es que no es ciencia, tonto

Cualquier movimiento material supone un movimiento anterior
Una explosión para sustituir a la Inteligencia suma subsistente

Una explosión para sustituir a la Inteligencia suma subsistente: tremendo absurdo

Todo movimiento, todo cambio de estado, todo paso de la potencia al acto, requiere e algo que se mueva y de un motor, de un agente del cambio. Supuesto eso, Santo Tomás, exponiendo a Aristóteles, muestra el asunto: “si el movimiento no existió siempre, es necesario admitir que los motores y los móviles fueron producidos alguna vez, de tal modo que antes no existían”. En este primer caso, pues, la alternativa es la creación, la producción de todo lo temporal y móvil, de la nada, por parte de un Poder infinito: si el movimiento tiene un comienzo temporal, si hay un principio, hay creación. Corolario 1: cuando el Evangelio según San Juan dice: “en el principio existía el Verbo”, siendo Éste, el Logos, anterior al principio, el mismo es Dios, pues no tiene principio; luego, lo que dice después: “el Verbo era Dios”, es mera explicitación, muy necesaria, por demás, para nuestras muy limitadas mentes. Ergo, corolario 2, la traducción de los testigos de Jehová, que alterando descaradamente el texto bíblico, niega la divinidad del Verbo, queda en evidencia de manera muy fácil.

Pero, ¿por qué es necesario que, si hay un primer movimiento, tenga que haber una causa inmóvil del mismo, fuera de las cadenas causales de móviles e inmóviles? Porque, de lo contrario, el movimiento tiene que ser infinito.

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Cómo cansa el materialismo: para ser coherente, hay que ser un titán

Imagínense toda una política materialista: pa locos

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental, en el último siglo; . Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: todo es pura materia, no hay ninguna formalidad, ningún orden, vale tudo, como dicen los brasileños

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental, en el último siglo; . Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: todo es pura materia, no hay ninguna formalidad, ningún orden, vale tudo, como dicen los brasileños

El 22 de septiembre de 2011, Benedicto XVI dio un discurso ante el parlamento alemán. Se trataba de las relaciones entre ley y moral. El contrapunto elegido por el Papa no tenía nada de casual, se trataba del pensador más influyente en el derecho occidental en los últimos 100 años.

De acuerdo con Kelsen, el hombre no es libre, está sometido a la causalidad física, que presenta cadenas infinitas. Además, la ciencia del derecho se refiere al ‘hombre’ como cosa susceptible de ser imputada “arbitrariamente” por alguna ley: no se puede referir a él de ningún otro modo. Como la ley es producto de “actos [estúpidamente llamados] humanos”, no es “arbitraria” en realidad, ya que no tenemos arbitrio, por supuesto, pues nuestros movimientos son productos de cadenas causales infinitas.

***

Llevemos esto, con coherencia, hasta donde llegue, sin psicolgías folk, por favor. Yo no estoy escribiendo, sucede que hay un pedazo de materia [que yo, sin fundamento, llamo “YO”] que, por cadenas causales infinitas y completamente azarosas, está oprimiendo, no por fuerza ni por nada cualitativo (obviamente, eso se saldría del materialismo estricto), “pedazos” de otro trozo de materia, que, por una convención, que no deciden, sino que sucede, de la misma manera, a otros pocos de materia, llamamos ‘computadora’. La “convención” es llamada ‘lingüística’, por otra “convención”… y así al infinito… Y, obviamente, la llamada ‘computadora’, ese pedazo de materia, no tiene, a su vez, pedazos, partes, como si ella fuera un todo, siquiera artificial y de orden, “ella” es, como todo lo “demás”, un mero conglomerado de átomos o de una masa informe y continua, infinitamente divisible –es indiferente que seas atomista o no–, sus “partes” no son sino materia reunida por azar, sin orden formal alguno. Y, faltaba más, nadie llama a nada de ninguna manera, ni siquiera ‘computadora’, eso es una ilusión… Creer que hay algún orden formal no es más que una ilusión; no importa que haya que preguntarse cómo caben aquí ilusiones-cualitativas, ni que, si hay ilusión hay ilusionado: no importa, pues la primera ilusión es que haya ilusiones e ilusionados…

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Rubén Blades: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al…”? (7): México vence a la revolución

El cacique “amerindio” quería gritar: viva España, Hispanoamérica y yo también, bien, bien

Los "indigenistas" pretenden que nosotros seamos esto, que hagamos sacrificios humanos, etcétera. Lo mejorcito de esto que ahora es América, Mayas, Aztecas, Incas, los practicaban. Cristo acabó con estos abusos y trajo el amor de Dios... Que lo digan Juan Diego o el Inca Garcilazo de la Vega...

Los “indigenistas” pretenden que nosotros seamos esto, que hagamos sacrificios humanos, etcétera. Lo mejorcito de esto que ahora es América, Mayas, Aztecas, Incas, los practicaban. Cristo acabó con estos abusos y trajo el amor de Dios… Que lo digan Juan Diego o el Inca Garcilazo de la Vega…

Según Hans Kelsen, quien no cree que existan patrias, a lo Marx, a lo Hobbes, a la manera del materialismo radical, a la manera del gnosticismo extremista, una comunidad política es una ficción (ya que no hay humanos) que consiste, en realidad, en un juego de fuerzas físicas. Una de esas fuerzas se impone, al azar, sobre las otras y dicta una constitución y un cuerpo legal. Hay una hipótesis fundamental, una norma primera meta-ordenamiento que ordena obedecer al mismo y es, así, el fundamento de todo. Kelsen se da cuenta de la contradicción: ¿cómo hay leyes y racionalidad jurídico-científica, si todo es fuerzas físicas, materiales? Para defenderse, dice que él cree en la racionalidad jurídica de manera ciega, es una fe a la manera de Lutero, del fideísmo, contraria a la razón: “la ciencia del derecho es a la sociología jurídica, lo que la teología es a la sociología de las religiones”, dice. Sobre esa base, se ha pretendido imponer cualquier cosa en este mundo, por la vía de leyes irrespetuosas de lo humano. Sobre base así y por la ignorancia, un materialismo “folk” y la fuerza de la propaganda gnóstico-ideológica, se nos ha querido hacer cree que somos indios, que, sin comunidad política, tienen una continuidad mística con nuestras repúblicas progresistas, luego de haberse deslastrado del “yugo español”. Chile y Venezuela nos han servido de ejemplos para ver el tamaño de la locura y el despropósito.

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Rubén Blades: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al…”? (6): Venezuela y Hans Kelsen

Venezuela es la mezcla de maquiritares, timotocuicas, caracas, guaiqueríes, caribes, tamanacos, chacaos, goajiros y pare de contar, en guayuco, nada de estado nacional; pero también es la “república” ilustrada: con razón hay tanta gente tan confundida

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental y venezolano, en el último siglo; siguiéndolo a él, habría que decir que Venezuela fue constituida por Chávez. Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: la justicia no existe, la ley puede decir lo que sea y hay que obedecerla, punto...

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental y venezolano, en el último siglo; siguiéndolo a él, habría que decir que Venezuela fue constituida por Chávez. Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: la justicia no existe, la ley puede decir lo que sea y hay que obedecerla, punto…

El 22 de septiembre de 2011, Benedicto XVI dio un discurso ante el parlamento alemán. Se trataba de las relaciones entre ley y moral. El contrapunto elegido por el Papa no tenía nada de casual, se trataba del pensador más influyente en el derecho occidental en los últimos 100 años. De acuerdo con Kelsen, el hombre no es libre, está sometido a la causalidad física, que presenta cadenas infinitas; además, la ciencia del derecho se refiere al hombre como cosa susceptible de ser imputada “arbitrariamente” por alguna ley. Como la ley es producto de catos humanos, no es “arbitraria” en realidad, ya que no tenemos arbitrio, por supuesto, pues nuestros movimientos son productos de cadenas causales infinitas y yo no estoy escribiendo, sucede que hay un pedazo de materia que, por cadenas causales infinitas, está oprimiendo pedazos de otro trozo de materia, que, por una convención, que no deciden, sino que sucede, de la misma manera, a otros pocos de materia, llamamos computadora. La “convención” es llamada lingüística, por otra “convención”… y así al infinito… Claro, es muy científico decir todo esto, esto es ciencia, ciencia del derecho, además; como lo es que el hombre es un rematado egoísta y que debe dejar de ser interpretado como si fuera hombre, es decir, antropomórficamente. A esto se enfrentaba el Papa, éste es el pensador más influyente de los últimos 100 años… de revolución oscura, porque Kelsen, hermanitos, es pura revolución: Kant, Marx, Comte, Nietzsche están plenamente representados en su síntesis. Él es el pensador más influyente, sin duda alguna, en el derecho venezolano. Según él, la ley se debe cumplir, por una categoría kantiana, que es, vista en el espejo, la hipótesis básica de la ciencia del derecho y la piedra angular del sistema jurídico. Él tiene toda una explicación respecto el origen de las patrias, muy distinta de la que di en el artículo anterior. Hay que verla, porque, cuando un revolucionario habla de Amerindia, habla como los bobos, sin pensar en fundamentos y lo hace, para colmo y como vimos, de manera muy inciherente: nos constituimos en la independencia, nos constituimos en la prehistoria “indígena”, somos indios y “progresistas-pseudoilustrados”… y paremos de contar.

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