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Tag Archives: etienne gilson

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El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, III

La tradición esencialista del esse obiectivum, de Scoto a Seifert, pasando por Ockham y Descartes

Duns Scoto, padre de la tradición del esse obiectivum, es, entonces, padre de Ockham, Descartes y seifert, entre una gran progenie

Duns Scoto, padre de la tradición del esse obiectivum, es, entonces, padre de Ockham, Descartes y seifert, entre una gran progenie

En el artículo anterior (El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, II), se trató principalmente de la constitución metafísica del mundo y del ser en general, hasta Dios. En éste, tal estructura es mayormente un supuesto fundamental, pero el foco estará dirigido, más bien, a una pretensión de los pensadores esencialistas occidentales, de Scoto a Seifert, pasando por Descartes y por un Ockham capaz de negar toda inteligibilidad a lo sensible, salvo que, por un acto arbitrario suyo, Dios nos comunique una independiente de la experiencia y de los seres concretos. Se trata del esse objectivum, precisamente, de esa pretensión escotista según la cual el universal y los particulares son concebidos por operaciones diversas de nuestra mente, ese ser que tiene un modo de ser propio de la mente, sea divina, angélica o humana. Aquí se verán puntos muy importantes, como el hecho de que la referida es una tradición real. Así como su influencia en toda la filosofía moderna, aunque sólo de manera implícita. También, cómo el esencialismo lleva a que se abra la puerta para posturas cercanas a la de la necesidad de la iluminación o del carácter preternatural de nuestra captación intelectual, por no ser capaz de explicar de una manera adecuada la composición del ens, del ente, del que tenemos experiencia, el sensible, así como la relación de éste con el acto creador y la sabiduría de Dios, como fundamento más profundo de la obra creadora (puntos todos vistos en el artículo anterior). Asimismo, será claro cómo estas posturas son muy cercanas al nominalismo, en cuanto sacan del mundo a la inteligibilidad y ponen, por tanto, a la intelección también fuera de él. De este modo será mucho más claro el talante del esencialismo, en general, y la filosofía del profesor Seifert, en particular[i].

“Ya sabemos, por la crítica a la epoché husserliana que Seifert atribuye realidad ‘objetiva’ a las esencias. Esto lo repite al criticar a Descartes en la p. 38 del Discurso sobre los métodos: ‘El objeto del conocimiento objetivo a priori no son las ideas subjetivas innatas creadas en nuestras mentes por Dios, sino las naturalezas y esencias objetivas, que se caracterizan por una necesidad interna, absoluta y altamente inteligible, conocida con evidencia y certeza […]’. Pero inmediatamente, Seifert remite a ciertos pasajes de las Meditaciones y toma su doctrina como propia. Si obviamos los fragmentos en que Descartes insiste en la doctrina criticada por el filósofo de Salzburgo, podemos extraer, quizá, cierta luz: en nuestra mente hay ideas que ‘no han sido fingidas por mí […] sino que tienen sus verdaderas e inmutables naturalezas. Como, por ejemplo, cuando imagino un triángulo, aun cuando quizá no haya en ninguna parte del mundo, fuera de mi pensamiento, una figura como esa, ni la haya habido jamás, sin embargo no deja de haber cierta naturaleza o forma o esencia determinada de esa figura, la cual es inmutable y eterna y yo no he inventado y no depende en manera alguna de mi espíritu; lo cual se ve bien porque se pueden demostrar varias propiedades de ese triángulo […]; esas propiedades deben ciertamente ser todas verdaderas, ya que las concibo claramente; y por ende son algo y no una pura nada; pues es bien evidente que todo lo que es verdadero es algo, siendo la verdad y el ser una misma cosa; y he demostrado ampliamente más arriba que todo lo que conozco clara y distintamente es verdadero (pp. 38-39, nota 30 [Discurso sobre los métodos, de Seifert])”.

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El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, I

El significado y el padre de una tradición poderosa: Avicena

Avicena, médico, abogado, matemático, filósofo, uno de los más grandes pensadores de la historia

Avicena, médico, abogado, matemático, filósofo, uno de los más grandes pensadores de la historia

I.- La inteligibilidad de lo actual y el idealismo esencialista

Antes de pasar a tratar sobre Avicena (Ibn Sina, 980-1037), en este mismo artículo, y de otros pensadores y problemas del esencialismo, en general, voy a hacer un breve estudio de la inteligibilidad quoad nos (respecto de nosotros) del objeto del intelecto humano, el ser. Siendo ése el fin de esta serie (juntamente con que se vea bien esta corriente y sus escuelas derivadas, en especial, la fenomenología), se tomará a las esencias en cuanto tales y como ejemplares en la mente de Dios, como materia a estudiar; en ese trámite, se tomará a la dilucidación del ser de las matemáticas, así como de los objetos ficticios del arte, el ser de los ángeles, las almas, Dios mismo, varias de las virtudes humanas más importantes, etc., como ejemplos relevantes en los que ver aspectos de la estructura metafísica de la realidad y su inteligibilidad. Por otra parte, el examen de éste, el más importante y fundamental de los asuntos filosóficos (a saber, el ser y su inteligibilidad), en sí mismo, lo dejaré para otra serie de artículos, que escribiré pronto; aquí, como lo que trataré de hacer es exponer y analizar críticamente al esencialismo y sus derivados, no buscaré dar respuestas a las cuestiones clave, sino en cuanto a lo que toca a este gran río esencialista y a lo que de verdadero tenga, así como a determinados errores conceptuales que pueden verse en esta tradición filosófica y una de sus sub-tradiciones, a saber, la fenomenología y, especialmente, la realista. Dentro de esa tradición esencialista, trataré sobre varios de los autores más importantes, como lo son Avicena, Escoto (y, en un segundo plano, Descartes); y, en la fenomenológica, se prestará particular atención a un autor cristiano actual: el profesor Josef Seifert, quien posee especial relevancia en el pensamiento católico contemporáneo; aunque rastrearé a sus padres intelectuales: el mismo Scoto, Descartes [y, en alguna medida, Kant], Brentano, Husserl, Reinach, Von Hildebrand. En una plabra, se verá una importantísima raíz de la modernidad, que es, a la vez, una fuerte tendencia en el pensamiento cristiano contemporáneo.

La idea es mostrar que nuestra experiencia comienza y está completamente signada por lo sensible, en lo que captamos lo inteligible y a partir de lo cual se asciende a otras regiones del ser, incluso la de lo que no es de ningún modo sensible, sino totalmente inteligible, incluso hasta Dios. Es decir, cuando nos elevamos sobre lo material, lo hacemos partiendo de esto, por lo que, al considerar lo espiritual, siempre estamos condicionados por el origen sensible de la consideración: al pensar en Dios, por ejemplo, la imaginación tiene que intervenir, ya que el intelecto, principiando en los objetos que ella le “transmite”, sólo puede operar (en esta vida, al menos), si ella opera. Y, dado que, para llegar a Dios, arrancamos de lo sensible, nuestros conceptos sobre Él están llenos de las limitaciones propias de este ser, por lo que continuamente tenemos que estar purificándolos [como en las primeras 20 cuestiones de la Pars Prima de la Suma Teológica]. Aparte de que, en la experiencia de lo que no es sensible, lo que nos está más presente, nuestro propio intelecto, sólo puede ser conocido reflexivamente, luego de operar. Esa operación se da al captar entes sensibles y materiales: el alma no está inmediatamente presente a sí misma, por lo que el método adecuado a su estudio, supone sus operaciones y sus objetos, comenzando por los exteriores. El esencialismo ignora fuertemente este rasgo de la realidad…

Dado ello, digo, dado ese rasgo, en nuestro conocimiento, no entra nada que no provenga de lo sensible o que no dependa de ello para ser conocido (por nosotros), sea que lo conozcamos directa o indirectamente, como a Dios. Entre los cognoscibles puramente inteligibles que conocemos de manera natural sólo se hallan el intelecto y la voluntad y lo que les pertenece, los cuales conocemos directamente, es decir, por experiencia inmediata (si bien la misma requiere de las operaciones que ellos realizan sobre otros entes). Mientras que a Dios, por ejemplo, lo conocemos sólo indirectamente, por prueba impropia, a partir de sus efectos.

Entre lo que le pertenece al intelecto, hay unas ideas o intenciones suyas, que son abstractas. Entre ellas, a su vez, están los números, las figuras geométricas, sus propiedades y proporciones mutuas. En efecto, el número es medida abstracta de la cantidad discreta; las figuras son límite cuantitativo visible de los entes materiales y, por materiales, cuantitativos; y uno de dos tipos de relaciones y proporciones son las cuantitativas. La matemática estudia a unos y otros, en cuanto abstraídos de lo sensible.

Por ello, por ejemplo, a los niños se les enseñan las matemáticas a partir de medidas cuantitativas concretas, como monedas (caso típico chileno) o distancias (como yo les enseñé a mis hijos). Las distancias, con ayuda de dibujos en el papel, son muy útiles: se coloca una línea, con tres hitos, la casa de la Caperucita en el medio, la de la amiguita de la Caperucita a la izquierda y la de la abuelita a la derecha. El punto cero es el medio, la de la abuelita es cien, por ejemplo, y la de la amiga es menos cien. Se hacen las divisiones respectivas y se comienza a andar hacia delante o a retroceder; como el objeto de la salida de la niña es llegar a casa de la mamá de su mamá, si no hace caso y se dirige a la casa de la amiguita, se pone en negativo; si, por el contrario, toma el camino hacia la derecha, se acerca y va en positivo, en consecuencia. Puede detenerse en cualquier punto, sea una división entera o ésa más alguna fracción; puede retroceder o avanzar continuamente o dando saltos (suma y resta de enteros o de infinitesimales), puede dar saltos que sean varias veces alguno más pequeño (multiplicación); y así sucesivamente. También pueden usarse cajitas, que contienen otras cajitas, que contienen otras cajitas o que contienen ya individuales, para enseñarles el sistema decimal. Se puede utilizar una inmensa diversidad de métodos. Quien lo haya hecho sabe lo difícil que es que el niño capte las proporciones; pero, sobre todo, lo difícil que es que haga la abstracción a partir de los ejemplos concretos; y sabe también el salto que se da al realizar la referida abstracción.

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La Cátedra de Pedro, principio constitutivo de la Iglesia, reconocida universalmente, en todo el Primer Milenio

Sin Pedro, no hay Iglesia, no se es verdaderamente cristiano

Segunda Parte

El Primado en el Primer Milenio

Principios historiográficos fundamentales

Honorius_I

Honorio I, en el siglo VII, se ganó el “honor” de ser el único Papa de la historia condenado por un concilio. Aunque eso fue una confusión: él dijo que en la humanidad de Cristo (no en la Persona de Cristo) había una voluntad: pareció, pero no fue un hereje monotelita. Un Papa no puede hacer declaraciones heréticas ex Cátedra

Es fácil reproducir los nombres y años de todos los pontífices de la historia, se trata de una sucesión tan importante que, para San Ireneo, es la gran garantía contra los gnósticos, como mostré arriba. Es una sucesión que es Voluntad de Dios, así como también lo es que en esa Sede apostólica se ejerza un ministerio primacial sobre toda la Iglesia Universal, asamblea de Dios creador del cielo y de la tierra, del Dios Uno. Es importante ver cómo la conciencia cristiana sobre ese ministerio se fue actualizando con los siglos. Es menester tener en cuenta varios principios de interpretación de esa historia de fundamental relevancia. En primer lugar, ha de aplicarse sobre el punto y para los primeros siglos –y cada vez menos– esto que dice Gilson de los Padres Apologistas del Siglo II:

Los apologistas del siglo II no se preocuparon nunca de construir sistemas filosóficos, mas no por ello interesa menos directamente su obra a la historia de la filosofía. Nos enseña, en primer lugar, qué problemas debían atraer más tarde la atención de los filósofos cristianos: Dios, la creación, el hombre considerado en su naturaleza y sus fines. En ellos vemos, además, cómo ha obrado sobre la filosofía la acción del Cristianismo. La nueva Fe impuso inmediatamente cambios masivos de perspectiva, cuya previa aceptación motivó después su interpretación filosófica. No se pasó del universo griego al universo cristiano por vía de una evolución continua; más bien se tiene la impresión de que el universo griego se derrumbó súbitamente, en el espíritu de hombres como Justino y Taciano, para dejar paso al nuevo universo cristiano. Lo que presta mayor interés a estas primeras tentativas filosóficas, es que sus autores parecen andar en busca no de verdades por descubrir, sino más bien de fórmulas con que expresar las que ya han descubierto. Ahora bien, sólo disponen de la técnica filosófica de estos mismos griegos, cuya filosofía necesitan reformar y cuya religión precisan refutar simultáneamente. Los apologistas del siglo II han emprendido, por tanto, una tarea inmensa, cuya amplitud real no se había de poner de manifiesto hasta los siglos siguientes: expresar el universo mental de los cristianos en una lengua concebida de propio intento para significar el universo mental de los griegos. Nada de extraño tiene que tropiecen a cada paso en esta primera búsqueda de una verdad que abarcan globalmente, pero que no penetran en toda su profundidad. Es que su verdad sobrepasa lo que saben de ella y apenas bastarán once siglos de esfuerzos y colaboración de muchos genios para reducir a fórmulas lo que los hombres pueden saber de esta verdad” (La filosofía en la Edad Media. Gredos. Segunda Edición, quinta reimpresión. Madrid, 1.989. pp. 33,3-34,1).

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La Cátedra de Pedro, principio constitutivo de la Iglesia, reconocida universalmente, en todo el Primer Milenio

Sin Pedro, no hay Iglesia, no se es verdaderamente cristiano

Primera parte

Este escrito (dos artículos) se lo dedico a todos los machos (las mujeres son más valientes, también ellas entran en la dedicatoria: MACHAS, sin ninguna necesidad de que dejen de ser femeninas hasta la pared de enfrente, de que abandonen el ejercicio de la gran belleza de este mundo) que en la crisis actual no hallan qué hacer y están por perder la Paciencia. Hermanos, vean las promesas, vean la historia, vean la certeza del favor divino, aquí se los ofrezco resumidamente. La Iglesia saldrá triunfante. Y, a mis amigos “tradicionalistas”: yo los incluyo a todos en la dedicatoria, aunque algunos se consideren fuera de la comunión con Roma. Y les ofrezco algo: la semana que viene o la siguiente publicaré un artículo en el que ustedes serán el tema. Hoy por hoy, todos los que deseemos luchar por que la Iglesia surja de la sima en la que se encuentra tenemos que formar un frente común, el frente de la rebelión, de la REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS HORROROSOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN

El origen divino de Iglesia y Papado

San Clemente Romano, 4to papa de la historia. Su carta a los corintios es el primer testimonio histórico del ejercicio de la autoridad del sucesor de Pedro, en la Sede de su Martirio

San Clemente Romano, 4to papa de la historia. Su carta a los corintios es el primer testimonio histórico del ejercicio de la autoridad del sucesor de Pedro, en la Sede de su Martirio

Cristo es Dios, es la Segunda Persona de la Trinidad divina, que asumió en todo nuestra naturaleza humana, menos en el pecado (Heb. IV,15). Y su palabra es espíritu y vida, por ese motivo, lo mismo que, por ello, tiene palabras de vida eterna (Jn. VI, 63 y 68). Porque sus palabras son Palabra de Dios, que nos ama hasta la muerte y muerte de Cruz. De ahí que no devuelva la vida al hijo de la viuda de Naím, por ejemplo, en nombre de otro; y que realice todos los demás milagros en nombre propio: pues puede hacer que se actualice una potencia obediencial que las criaturas tienen respecto de Él, como Creador de las mismas, de cuyo Ser participan aquellas, siendo esta relación entre ambos esencial a ellas, pues sin Él no existirían. Y, de ahí también que haya resucitado por su propio Poder, pues Él es el Señor de toda la creación y mucho más: es Dios mismo, que asumió nuestra naturaleza. Sabiendo estas cosas, podemos entender en su justa medida las palabras del Señor respecto del origen de la Iglesia.

En Cesarea de Filipo, tiene lugar uno de los acontecimientos más importantes de la historia, como cada gesto de Aquél, por quien se hermanaron Dios y los hombres. Jesús de Nazaret está en intimidad con sus discípulos y les pregunta: “¿y quién piensan ustedes que soy yo?”. Y Pedro se adelantó y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Jesús respondió: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que atareis en la Tierra será atado en el Cielo; lo que desatareis en la Tierra será desatado en el cielo” (Mt, XVI, 13-19). Ésa es una declaración contundente de la unidad de la Iglesia de Jesús y de su deseo de que tuviera una cabeza y, por tanto, una jerarquía; que, para revelar con claridad que estos rasgos de la Iglesia son voluntad de Dios, va acompañada de la revelación por el Señor de su divinidad, de su relación con el Padre y de la relación que tuvo lo sostenido por Pedro, por la Roca, con una revelación del propio Padre del cielo.

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