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Pío XII: Salvador de 800.000 judíos (1)

Acusado: “El Papa de Hitler”

Primero de la serie: el Santo calumniado por la revolución
Quizás, la persona que más vidas de un genocidio ha salvado en la historia de la tierra, Pío XII, terriblemente calumniado. Aquí está la imagen de ese frío e inhumano pontífice, que pinta Saul Friedlander

Quizás, la persona que más vidas de un genocidio ha salvado en la historia de la tierra, Pío XII, terriblemente calumniado. Aquí está la imagen de ese frío e inhumano pontífice, que pinta Saul Friedlander

El 14 de marzo de 1.937, Pío XI publicaba su encíclica Mit brennender sorge, que fue la primera condena internacional del Nacional Socialismo: una condena sin paliativos, publicada en Alemán, para que no quedarán equívocos: “Todo el que tome la raza, o el pueblo, o el Estado, o una forma determinada del Estado, o los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana […] y los divinice con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios”. Pacelli era el Secretario de Estado de Pío XI, su encargado de relaciones internacionales, su ministro de relaciones exteriores, su canciller y había estado como nuncio en Alemania del 19 al 29, en el surgimiento del nazismo: todo el mundo sabía que él estaba detrás de este ataque a Hitler y su banda de malandros. El 21 de marzo, la encíclica se leyó desde todos los púlpitos de Alemania, en las más de 11.000 iglesias germanas… Y los revolucionarios, conscientes de la ignorancia reinante en el oscurantismo revolucionario, en la época del “analfabetismo teórico”, como lo llama Voegelin, siamés de la total abulia intelectual de la época del “progreso”, la época en que un tal Dan Brown asegura que no se sabe nada de Cristo y que el único que sabe es él, que dice que fue un pagano creyente de divinidades con cuerpo y femeninas, en esta época, los revolucionarios, que saben que pueden mentir sobre lo que pasa hoy, como con la pedofilia de los curas, vienen y se dedican a difamar a la Iglesia y a Pío XII, “el Papa de Hitler”, como titula su libro de 1.999 uno de los grandes calumniadores, John Cornwell…

Nadie creyó nunca esto, hasta que los revolucionarios quisieron, empezando en el Moscú de los bolcheviques…

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Aristóteles y Santo Tomás: un tumba-rancho acaba con el Big Bang (2)

La Luz verdadera no viene de un big bang, se manifiesta en la inteligibilidad del mundo

Si puedo hablar de física o de lo que sea, hay un orden inteligible
Platón y Aristóteles: constituyen un paso decisivo en la conciencia de la humanidad

Platón y Aristóteles: constituyen un paso decisivo en la conciencia de la humanidad: ellos volverían a morir mil muertes, si vieran la estulticia sofística que se ha apoderado del mundo, en estos tiempos oscuros de la revolución

En el artículo anterior, vimos que cualquier movimiento supone una causa anterior y que, por tanto, al nivel de los movimientos particulares, es imposible hallar un movimiento primero y origen de los demás: algo como el big bang es una simple estupidez. Además, los bigbanguistas o bigbanguianos no pretenden dar un movimiento como el primero de todos: uno ve a Stephen Hawkins y se da plena cuenta de que él habla de cómo se dispusieron las partículas para la supuesta explosión y de cómo ésta se explica por la naturaleza de las tales partículas. Semejante estulticia es asombrosa: así quieren ser líderes del mundo… y, lo peor, lo son: ¡¡¡!!! Pero ella llega a lo supino cuando te das cuenta de que lo que quieren es decir que el mundo es material, que Dios no existe, que no hay orden, que todo es producto del azar, que el mundo actual se explica por una especie de virtualidad de esa explosión, a veces, unido todo esto a una ley: la evolución. Como si se pudiera ser materialista y, coherentemente, creer en leyes: las leyes no son materia. Además: si todo es materia, no hay naturaleza y no puedes decir lo que fue el pasado viendo el presente. Vamos a ver a las formas de Aristóteles, que son las formas de lo real, obrando, dejando su huella en las cosas materiales más elementales. Así haremos la rebelión de la esencia. Démosle, pues:

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El Big Bang y la ciencia, el Big Bang y la Fe

Todos contra Dios II

Después del artículo anterior, no nos sorprende que alguien nos diga que ciencia y Fe son muy amigas o eso espero. Podríamos añadir

Cardenal Scönborn: pastor, modelo de Fe, modelo de Razón, es un personaje a tomar en cuenta en el diálogo contemporáneo Fe-razón

Cardenal Scönborn: pastor, modelo de Fe, modelo de Razón, es un personaje a tomar en cuenta en el diálogo contemporáneo Fe-razón

más razones de esa amistad, compañeros. La Fe puede orientar la formación de muchos modos de cosmología; una Fe bien entendida puede hacerlo todavía más. En este último caso, las cosmologías tendrán siempre el ingrediente de una concepción optimista frente a las inquietudes de Einstein: el mundo, en efecto, es inteligible, es más, el mundo está hecho para nuestro entendimiento, diría cualquier fiel católico, puesto en autos sobre este asunto, como dicen los abogados. Así, esas cosmologías siempre serán impulso para la ciencia, no lo contrario. Así fue históricamente, aunque los movimientos masivos ideológico-gnósticos falseen la historia como ellos quieran. Ahora bien, hay muchos más puntos que pueden sorprendernos, sea de la historia concreta de las relaciones ciencia-Fe, sea de lo universal de esas relaciones. Las ciencias tienen objetos propios, que no tienen de suyo, nada que ver con la Fe. Que los objetos se atraigan o que el calor se transfiera “así o asao” no tienen nada que ver con la Encarnación o la Resurrección. Aunque, como dijimos antes, las leyes sobre esos puntos del universo muestren cierto orden, que no puede venir del azar. Sin embargo, un científico es un hombre y, como tal, tiene sus ideas sobre todos los temas; ellas pueden ser contrarias a la Fe. Así, este hombre presentará como científico algún aspecto de su pensamiento que sea favorable o desfavorable a la creencia en Dios, como la típica objeción atea de un universo causalmente cerrado [en el ámbito físico] que no admite ni la acción de Dios ni, una pelusa, la libertad humana, entre otras insignificancias, como nuestra propia mente y nuestra identidad.

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La verdadera ciencia es de la esencia

El alma y la ciencia (2)

Einstein: sin inteligibilidad, sin el orden y armonía del mundo, no hay ciencia.

Einstein: sin inteligibilidad, sin el orden y armonía del mundo, no hay ciencia.

Lo primero que hay que aclarar, obviamente, es qué significa la palabra ‘ciencia’. Puede significar varios sentidos relacionados, pero, en este contexto, se trata de un cierto estudio racional y metódico. Se trata de un estudio de fenómenos, de hechos percibidos, de sus causas. Más precisamente, se trata del estudio de un ámbito de fenómenos o de fenómenos relacionados por pertenecer a un mismo estrato de la realidad; y desde una cierta perspectiva. Así, un físico ve una cosa que se mueve de un sitio a otro o que cambia de temperatura y quiere saber la causa de esos cambios, en ese ámbito; un biólogo ve que lo que se traslada y cambia de temperatura es tal animal y busca describir e investigar las causas desde una perspectiva muy diferente, en la que el cambio no es un mero “movimiento”, sino una operación de un ser vivo. Esas causas pueden ser de varios tipos, entonces, porque la física parece quedarse con las mecánicas, eficientes y materiales; mientras que la biología tiene en cuenta una cualidad central, una formalidad: la vida. Pero esto es engañoso, la física también busca cualidades, formalidades: fuerzas, energías, trabajo, temperaturas, etc. Así, cada ciencia tiene un objeto bien definido y una perspectiva desde la que lo mira, su punto de vista, y aún, dado el objeto y el punto de vista, tiene una manera de enfrentarlo, un método, que tiene que ser adecuado a lo que se va a estudiar, debe haber proporción, nadie puede pretender que el modo de proceder de la matemática sea el mismo del de la física, el de la química o el de la geología.

Ahora bien, hay un concepto al que el mundo de la revolución, representado aquí por el cientificismo, le tiene alergia: los fines. La ciencia tiene fines y para ella es esencial que en la naturaleza haya un orden finalístico, teleológico. La ciencia, de suyo, lo que busca es conocer la realidad; posteriormente y con dependencia más o menos intensa de lo que se conoce, se puede producir tecnología, pero la ciencia es distinta de la técnica. La ciencia, entonces, supone que el mundo es ordenado y objeto de captación intelectual, o sea, inteligible: “con la ayuda de las teorías físicas tratamos de encontrar el camino de los hechos observados; ordenar y entender el mundo de nuestras sensaciones. Desearíamos que los hechos observados resultaran consecuencia lógica de nuestro concepto de realidad. Sin la creencia de que es posible asir la realidad con nuestras construcciones teóricas, sin la creencia en la armonía interior de nuestro mundo, no podría existir la ciencia” (Einstein e Infeld, La evolución de la física).

Ahora, si una ciencia se define por el objeto, el punto de vista desde el que lo mira y el método; y si, como actividad racional, parte de unos principios conocidos, que apoyan la actividad pero no se apoyan en ella, entonces la ciencia tiene unos fundamentos, unas determinaciones, que son su base ineludible, pues, si estas cosas no están determinadas, la ciencia no puede existir. Así, sin estas determinaciones, no hay ciencia, por lo que, para que la misma no sea un castillo en el aire, estos puntos tienen que ser hallados por la inteligencia y de manera verdadera.

Pero hay más todavía. Es algo tan claro, tan casi infantil, que se suele pasar por alto. No hay ciencia en cualquier sociedad; la ciencia

Voegelin: si se abandonan los hallazgos del Cristianismo y los clásicos griegos, si se abandona la sabiduría que afirma al alma como sensorio de trascendencia, el hombre sólo puede caer en graves desórdenes y la ciencia caerá

Voegelin: si se abandonan los hallazgos del Cristianismo y los clásicos griegos, si se abandona la sabiduría que afirma al alma como sensorio de trascendencia, el hombre sólo puede caer en graves desórdenes y la ciencia caerá

sólo se ha dado en algunas comunidades humanas. En Grecia, en Occidente, en una etapa de la vida del Islam, paradigmáticamente. Occidente puso sus bases, las bases de su expansión espiritual, por ser religión del Logos y puesto que, como dice Voegelin (The New Science of Politics), incorporó los avances de humanidad de los clásicos que, poniendo al alma por sobre todo lo material y como sensorio de orden y trascendencia, y con el rigor racional en todas las áreas, desde las universidades autónomas, de Paris, Oxford, Padua, etc. Así, el Occidente cristiano preparó avances teóricos y prácticos sin precedentes. Lo que hoy en día está en grave peligro de desaparición, por haber abandonado el hombre occidental sus visiones de trascendencia, libertad y superioridad sobre lo meramente material: cuando un cientificista, constructivista, deconstructivista, marxista, nihilista, existencialista, evolucionista, de hoy dice que el hombre no es más que materia, que no hay verdad, que todo es irracional, que somos producto de acomodaciones azarosas, que no hay orden alguno y no tenemos realmente capacidad para conocer nada, no solamente está preparando el camino de la tiranía, está preparando formas de sujeción espantosas y el fin de la ciencia.

El alma la conocemos desde ese sensorio de trascendencia que es ella misma, en esa actividad intelectiva, que fundamenta a la propia ciencia. Esto es uno de los grandes pilares de la esencia. Uno de los puntos en que nos sentimos más legitimados para dar la gran lucha, la lucha contra la revolución. Lucha que continuaremos en el próximo de esta serie…