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La batalla filosófica

Género, transhumanismo, transcapacidad, racismo tienen una raíz modernista común

Adorno, Horkheimer, Marcuse, Habermas: el dream team de la revolución marxista cultural. Famta Gramsci, el que podría ser el capitán del equipo, ¿o no?

Adorno, Horkheimer, Marcuse, Habermas: el dream team de la revolución marxista cultural. Falta Gramsci, el que podría ser el capitán del equipo, ¿o no?

Contenido:

Los cimientos del gnosticismo modernista: la corrupción de la metafísica y la antropología

El nominalismo

Materialismos y dualismos

Relativismo

Nihilismo

El mundo moderno en la madre de todos los sumarios, el sumario extremo

La guerra contra la realidad y la libertad como arbitrio omnipotente

La ideología de género

Trans-capacidad

Transhumanismo, el mundo de Huxley, potenciado con el futurismo del XXI

El racismo, explicación materialista del mundo y lo político

Refutación breve del modernismo

El cientificismo estafador y la imposibilidad del materialismo y del nominalismo

Nominalismo, nihilismo, la estructura de lo real y el ser como “padre” del hombre consciente: el carácter infernal de la guerra contra la realidad

Tiranía modernista y “tolerancia”

 

Hay una guerra contra la realidad, guerra contra Dios, contra el orden que Él puso al mundo, contra el hombre, su comunidad natural, la política, sus instituciones más básicas, empezando por la familia, sus relaciones más cercanas, su identidad, su racionalidad y su mismo cuerpo, proceden de concepciones filosóficas y de la suplantación diabólica de la filosofía y la sensatez llamada gnosticismo, mejor conocido como ideologismo, el cual, a su vez, depende del nominalismo ockhamiano y de la voluntad de poder instalada por el propio Ockham en el corazón de Occidente, pero convertida por Descartes en la bandera de la civilización, hasta que Marx y Nietzsche la erigieron, como en la profecía de Shakespeare asentada en Troilo y Crésida, escena III, acto I, en el único principio, llevada por el lobo universal del apetito, que está por tragarse a todo en absoluto, incluido él mismo… La guerra se da en todos los flancos y niveles, en todos los aspectos de la humanidad: la historia, la política, la ciencia, el arte, la música. Toca ver la batalla más profunda, en la región en que toman su fundamento todas las cosas… Toca ahora la batalla filosófica, para mostrar cuán insostenible es la revolución, satanás y todas sus seducciones… para ver a dónde lleva el principio dicho: “Supriman el rango y vean qué discordia sigue. Cada cosa se encontraría con la otra en calidad de opuesta y diferente. Las aguas confinadas levantarían su seno más alto que las costas, inundando el globo; la fuerza bruta dominaría, inconsciente, y el hijo grosero mataría a golpes a su padre. El poder sobrepasaría al derecho o, más bien, a lo recto y lo torcido, entre cuya discordia se derrumbaría la justicia, perderían sus nombres, lo mismo que la justicia. Ya que así todo se sume en el poder, el poder en la voluntad y la voluntad en el apetito; y el apetito, lobo universal, secundado por ambos, la voluntad y el poder, hace presa de todo… y termina por tragarse a sí mismo”

Los cimientos del gnosticismo modernista: la corrupción de la metafísica y la antropología

Primero, obviamente, hay que exponer cuáles son las doctrinas modernistas que más directa y relevantemente fundamentan la revolución, aparte del vicio que la impulsa, la pasión desordenada hasta el paroxismo por el poder. Hay muchas doctrinas extremadamente importantes que no tocaré aquí, como el historicismo, el relativismo cultural o religioso, el normativismo moral, el cientificismo, el racionalismo, el irracionalismo; pues, para empezar, las doctrinas que tocaré son fundamentales, en gran parte para éstos y, quitada la base, caído el castillo; además, este artículo no es un libro sobre las bases gnoseológicas y metafísicas de la revolución; más aún, muchos de éstos ya han sido tocados en este blog de manera profusa y nos podemos remitir a los artículos respectivos…

Hay que recordar en qué consiste la revolución: la guerra contra la realidad. ¿Qué doctrinas pueden hacer coherente esa guerra? Puedo decirlo con un puñado de nombres, que explicaré a continuación: 1) nominalismo; 2) una serie que se refieren a la composición ontológica de las cosas materiales y, entre ellas, el hombre: materialismo a secas, dualismo metafísico-antropológico, materialismo folk, materialismo de propiedades; 3) relativismo; y 4) nihilismo.

 

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La revolución y el fin del mundo

A mis estudiantes queridos, empezando por Verónica, Carlos Santiago y Ana Sofía

Kathleen Wynne, premier de Ontario. Por una mujer destruyó su familia, la vida de cada uno de sus miembros, ella incluida. Ahora, quiere imponer un régimen educativo en el que la pornografía y la perversión se imparten a niños de 5 años, un programa realizado por un pedófilo convicto y confeso, Benjamin Levine

Kathleen Wynne, premier de Ontario. Por una mujer destruyó su familia, la vida de cada uno de sus miembros, ella incluida. Ahora, quiere imponer un régimen educativo en el que la pornografía y la perversión se imparten a niños de 5 años, un programa realizado por un pedófilo convicto y confeso, Benjamin Levine

Contenido:

Introducción: Es esto el fin del mundo o la época del progreso

La era del progreso…

… y de la revolución del marxismo cultural

La tiranía revolucionaria

El totalitarismo y la historia

Sociedad cristiana vs. economía liberal

Oscurantismo modernista y astronomía y geografía

Fanatismo, Inquisición y cruzadas

Inquisición vs. los experimentos de la CIA contra la población

Las cruzadas vs. the war on terror, la “victoria total” en el 45 y otras hazañas

Pío XII, el odio a Cristo y la identidad de Occidente

La pederastia clerical

La última etapa revolucionaria: la revolución cultural-sexual-musical y de las drogas, sex drugs, and rock and roll y and more

Sobre el mito del carácter popular de la revolución

La batalla filosófica

Metafísica y antropología

Teoría política

Conclusión: no pode no ser “fin-de-mundo”


Introducción: Es esto el fin del mundo o la época del progreso

Un amigo venezolano decía esto en un foro de Facebook sobre el proceso constituyente que Bachelet, luego de Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, y las vicisitudes de Zelaya en Honduras, pretende infligirle a Chile. Decía mi amigo, entre otras cosas: “Me preguntaba en estos días, viendo el estado del mundo, que quizás lo que estamos viendo no es casual. Quizás se trata de un cambio epocal profundo que implica la caída de la ilusión de legitimidad de las democracias modernas. ¿Podía ser de otro modo en un mundo que optó por ser relativista y nihilista? En un mundo así todo es posible y no hay sostén para nada: ni para normas morales, ni para normas jurídicas. Estamos quizás asistiendo al nacimiento del mundo del Übermensch nietzscheano, que, como cualquier cristiano racional debería saber, no puede ser sino una pesadilla violenta en la que los más fuertes, después de aplastar a los más débiles, terminarán devorándose entre ellos mismos. No hay que olvidar que, ‘si Dios no existe, todo está permitido’. Perdóname lo apocalíptico, pero vengo del supermercado [experiencia aterradora en la Venezuela actual, la que quedó luego de la destrucción de Chávez, los Castro y sus secuaces], lo que es la experiencia más apocalíptica que uno se pueda imaginar”.

A eso, la respuesta es bastante obvia, es la mejor descripción de la revolución del marxismo cultural, la de la contracultura que se impuso desde los 60, que se ha ensayado hasta el presente, yo se la puse en Facebook, apenas leí su comentario: “Supriman el rango y vean qué discordia sigue. Cada cosa se encontraría con la otra en calidad de opuesta y diferente. Las aguas confinadas levantarían su seno más alto que las costas, inundando el globo; la fuerza bruta dominaría, inconsciente, y el hijo grosero mataría a golpes a su padre. El poder sobrepasaría al derecho o, más bien, a lo recto y lo torcido, entre cuya discordia se derrumbaría la justicia, perderían sus nombres, lo mismo que la justicia. Ya que así todo se sume en el poder, el poder en la voluntad y la voluntad en el apetito; y el apetito, lobo universal, secundado por ambos, la voluntad y el poder, hace presa de todo… y termina por tragarse a sí mismo” (William Shakespeare, Troilo y Crésida, acto I, escena III).

Vivimos en ese mundo, el mundo de la revolución. Pero, ¿eso justifica que se crea que éste es el fin del mundo? Para responder, hay que acudir a las profecías cristianas sobre el mismo, muy potentemente acreditadas (entre infinidad de cosas que se pueden abonar, aquí hay una pequeña muestra: https://eticacasanova.org/2013/08/07/a-los-que-niegan-las-profecias-de-cristo-sobre-el-fin-de-jerusalen/). Vamos a Mateo 24 y 2 Tesalonicenses 2.

“Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerra; pero no os turbéis, porque es preciso que esto suceda, mas no es aún el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares; pero todo esto es el comienzo de los dolores. Entonces os entregarán a los tormentos y os matarán, y seréis aborrecidos de todos los pueblos a causa de mi nombre. Entonces se escandalizarán muchos y unos a otros se harán traición y se aborrecerán; y se levantarán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos, y por el exceso de la maldad se enfriará la caridad de muchos; mas el que perseverare hasta el fin, ése se salvará. Será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, testimonio para todas las naciones, y entonces vendrá el fin. Cuando viereis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, en el lugar santo! […]. Habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá, y, si no se acortasen aquellos días, nadie se salvaría; mas, por amor de los elegidos, se acortarán aquellos días. Entonces, si alguno os dijere: ‘Aquí está el Mesías’, no le creáis, porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos. Mirad que os lo digo de antemano. Si os dicen, pues: ‘Aquí está, en el desierto’, no salgáis; ‘Aquí está, en un escondite’, no lo creáis, porque como el relámpago, que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre. Donde esté el cadáver, allí se reúnen los buitres. Luego, en seguida, después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz y las estrellas caerán del cielo y las potestades del cielo se conmoverán. Entonces, aparecerá el estandarte del Hijo del hombre y se lamentarán todas las tribus de la tierra; y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y majestad grande. Y enviará sus ángeles con poderosa trompeta y reunirá de los cuatro vientos a los elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro […]. Cuando veáis todo esto, entended que está próximo, a las puertas […]. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. De aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre. Porque como en los días de Noé, así será la aparición del Hijo del hombre. En los días que precedieron al diluvio comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca; y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrebató a todos; así será a la venida del Hijo del hombre” (6-15.21-33.35-39).

Vamos a preguntarnos: ¿es ésta una época de guerras, rumores de guerra, terremotos, hambre, en la que aparecen falsos profetas y engañadores, una época de apostasía y una gran tribulación, en la que, sin embargo, la gente vive en la total inconsciencia, la del individualismo extremo y el divertimento, del fútbol, el béisbol, las drogas, la pornografía y demás anestesias morales? Bueno, sería casi ridículo pretender negarlo. Entonces, en cuanto a la profecía de Cristo, parece que no hay muchas dudas, la presente es una época que es candidata indiscutible, como ninguna en el pasado, con su globalización y el arrollamiento avasallante de todas las culturas del planeta, candidata indisputable por ninguna anterior a época de la que habló Jesús como la antesala a su Segunda Venida. Vamos a ver la otra, la de San Pablo de 2 Tesalonicenses 2,3-12:

“Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la anomia, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo. ¿No recordáis que estando entre vosotros ya os decía esto? Y ahora sabéis qué es lo que le contiene, hasta que llegue el tiempo de manifestarse. Porque el misterio de iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado. Entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con el esplendor de su venida; aquel inicuo, cuya venida, por acción de Satanás, irá acompañada de todo género de portentos, señales y prodigios engañosos, y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición, por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyendo en la verdad, se complacieron en la iniquidad”.

¿Hoy por hoy se manifiesta un poder satánico, fuertemente antagonista de Dios, del orden, de la verdad, del bien, del hombre, y, sin embargo, hay una inmensa mayoría de las personas que estén a favor de las desoladoras prácticas, doctrinas, pseudo-leyes, arrasadoras del mundo? Una vez más, habría que ser un absoluto mentecato para no darse cuenta de que tal es el caso. Pero, de nuevo, ¿será ésta la época? Y, no obstante, pienso que es crucial demostrar que vivimos en la época del Übermensch de Nietzsche, de la que habla mi amigo. Es decir, ¿en verdad yo creo que esta época de progreso, democracia y libertad es tan mala como la pinté arriba; y no será que yo soy un oscurantista trasnochado o una viuda de la civilización del oscurantismo, del cuento de hadas cristiano, un nostálgico del pasado que amo y no volverá? Sobre eso tendré que argumentar ahora, después de todo, se me acusa de estar con los tiranos de la Inquisición, los fanáticos de las cruzadas, los burros de la Tierra plana y centro del universo, los que mataron a Galileo, que detuvieron el avance de las ciencias, que estaban con los malvados monarcas que manipulaban para sostener su absolutismo diciendo que su poder venía de Dios…

La era del progreso…

Obviamente, ésta es la era del progreso, vamos a ver algún aspecto suyo:

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El Cristianismo como la fuerza más opuesta al gnosticismo de la historia

O del gnosticismo como el más perfecto anticristo concebible

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Tikkun Olam, reparar el mundo. No suena tan mal. El problema es que arranca de una visión de la realidad como caída, como pecado a combatir

Contenido

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

El anticristo gnóstico

Cristianismo, la religión del ser, verdad-bien-belleza, de su orden, de la libertad

Gracia y naturaleza, en el pensamiento de Santo Tomás

La Moral, las virtudes directrices y los dones del Espíritu

Sobre la capacidad natural de conocer la verdad y amar y realizar el bien y el auxilio de la gracia

Los sacramentos, vehículos por excelencia de la gracia, se diseñaron con miras en la naturaleza

Conclusión

La definición del asunto, en palabras de Benedicto XVI

“¿Qué hay en el origen? ¿La Razón creadora, el Espíritu creador que obra todo y suscita el desarrollo, o la Irracionalidad que, carente de toda razón, produce extrañamente un cosmos ordenado de modo matemático, así como el hombre y su razón? Ésta, sin embargo, no sería más que un resultado casual de la evolución y, por tanto, en el fondo, también algo irracional. Los cristianos decimos: ‘Creo en Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra’, creo en el Espíritu Creador. Creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad. Con esta fe no tenemos necesidad de escondernos, no debemos tener miedo de encontrarnos con ella en un callejón sin salida. Nos alegra poder conocer a Dios. Y tratamos de hacer ver también a los demás la racionalidad de la fe […]. Creemos en Dios. Lo afirman las partes principales del Credo y lo subraya sobre todo su primera parte. Pero ahora surge inmediatamente la segunda pregunta: ¿en qué Dios? Pues bien, creemos precisamente en el Dios que es Espíritu Creador, Razón creadora, del que proviene todo y del que provenimos también nosotros. La segunda parte del Credo nos dice algo más. Esta Razón creadora es Bondad. Es Amor. Tiene un rostro. Dios no nos deja andar a tientas en la oscuridad. Se ha manifestado como hombre. Es tan grande que se puede permitir hacerse muy pequeño. ‘El que me ha visto a mí, ha visto al Padre’, dice Jesús (Jn 14, 9). Dios ha asumido un rostro humano. Nos ama hasta el punto de dejarse clavar por nosotros en la Cruz, para llevar los sufrimientos de la humanidad hasta el corazón de Dios” (Benedicto XVI, Homilía en la explanada de Isling de Ratisbona, del 12 de septiembre de 2.006).

El anticristo gnóstico

El anticristo será lo opuesto de Cristo, luego, será un gnóstico, pues ésa es la gran diferencia: Jesús es la Verdad y el gnosticismo es la gran mentira y la más grande de las tentaciones, porque la verdad es lo inteligible y lo inteligible es el ser, el pecado es esclavitud y la verdad es lo que nos hace libres, el someternos a la naturaleza, a su ley, bajo Dios Creador; y el gnosticismo es rebelión contra esa realidad, contra la verdad, contra la libertad, es tiránico, totalitario, es una fantasía de la voluntad de poder, exactamente diabólica.

Es así desde el primer antagonismo que surgió contra el Logos encarnado. Porque, en él, se embarcaron los judíos, cuando, habiendo matado al Logos y, habiendo Éste resucitado, lo rechazaran, y su templo fuera destruido, con su sacerdocio y su religión. Inmediatamente asumieron un mesianismo destructor, el de Bar Kochba y Rabí Akiba, que llevaron a ese pueblo a las tragedias que terminaron con la construcción de Aelia Capitolina y la prohibición de que se acercaran al antiguo emplazamiento de Jerusalén. En un principio, el sanedrín combatió a la Biblia, torciendo la definición de los libros sagrados, en Jamnia. Pero muy pronto salió a la superficie que el antagonismo hacia el Logos no podía admitir a la Palabra que era Palabra suya. Así, la Mishná, la Mercabá y la Zohar, la Cábala (vid. Gershom Scholem, Origins of the Kabbalah, sobre las relaciones entre la mercabá y la cábala), con su Tikkun Olam, surgieron, relegando a la Palabra de Dios a un segundo plano, puesto que, según el Talmud, los rabinos derrotaron a Dios. Su guerra contra el logos y el Logos los llevó por la vía de todos los desastres, las barrabasadas del Talmud, Moisés de Creta, Shabbetai Tzebi y sus hijos, por la vía de Jakob Frank, la ilustración, el sanedrín napoleónico, Ricardo-Rothchild (la banca de reserva fraccionada, el sistema montado sobre el crédito: 90% on thin air, en manos de los banqueros, a intereses, pagados por el gobierno y los prestatarios particulares, en una pantalla de computadora [antes de eso, lo que regía era el gold standard, porque el oro estaba en sus manos y todo el mundo, ahorcado ya, podía quedar ahorcado]), Marx, Hess-Hertzl y el ultranacionalismo sionista, Freud, Reich-Marcuse-Bernays y su revolución cultural-sexual, Leo Strauss-Irwin Kristoll con sus neo-cons y sus guerras interminables, la pornografía y la ideología del género, etc. Una tragedia sin fin que atraviesa toda la historia de la Salvación, desde el Cumplimiento de la Promesa y como profetizó el Salvador. No es ninguna casualidad que los orígenes más remotos del gnosticismo moderno, sea “cristiano”, judío, musulmán o ateo (vid. Dawson, Historia de la cultura cristiana, ensayo XVIII: la secularización de la cultura occidental y el surgimiento de la religión del progreso), deban emplazarse en Armenia y el Cáucaso: Khazars, iconoclastas-paulicianos-bogomiles y fatimitas.

***

En San Ireneo (Adversus Haersses, I,1-5), se puede leer sobre el origen del gnosticismo, sobre las concepciones de los gnósticos del siglo II. Hay dos rasgos que saltan más que cualquier otro a la vista en esas fantasías abstrusas: en primer lugar, está el corte que hay entre el “mundo” divino del Pléroma (en el que los aeones, que son tan superiores que no se pueden ni vislumbrar, tienen sexo) y el universo en el que vivimos nosotros. En segundo lugar, está el hecho de que ellos concebían al mundo como el resultado de un pecado, del intento de un aeón, sabiduría-Achamoth (muy probablemente, del hebreo, hachmoth), de ocupar un lugar que no le corresponde, de las tinieblas que se siguen para ésta de su pecado y de las pasiones que se generaron del tal pecado. El mundo es pecado y pasión; la materia y la pasión son malas; y en el universo no hay luz ni inteligencia.  Esto es diametralmente opuesto a Génesis I (7.10.12.18.21.25 y, sobre todo, 31) y II, donde las cosas son causadas por un Dios infinitamente bueno, que las va viendo, mientras salen de su “boca”, y constata que son buenas, muy buenas. También dista una infinitud de Génesis III, pues el pecado original de la criatura, no del Creador, es el origen del mal.

Luego de que Occidente naciera y creciera como civilización cristiana, con sobresaltos y brotes gnósticos relativamente menores, hasta el siglo XVI, pero, sobre todo, hasta finales del XVII, cuando el gnosticismo ya era imparable, el mismo fue cada vez más haciéndose anticristiano, cada vez más abiertamente tal y cada vez más fuerte. Dawson relata su desarrollo secular, desde el principio, pero resumiré lo que dice, desde esta época crucial, la del nacimiento del rosacrucismo, de la masonería, de la ideología de la mal llamada ilustración, de la Revolución Gloriosa en Inglaterra. Luego de las divisiones en el Cuerpo de la Iglesia o, más bien, de las rupturas protestantes, la alta cultura no se dividió. Los hombres de ciencia estaban divididos étnicamente entre protestantes [Newton, Huygens, Leibniz, Kepler] y católicos [Descartes, Galileo, Mersenne, Pascal, Gassendi, Torricelli, Roberval, Copérnico]. Pero la cultura los unía; pues, culturalmente, a pesar de las divisiones, y de la intensa religiosidad que movía las disputas religiosas, la cultura permanecía siendo europea o pan-europea. En esa circunstancia, se tendió a buscar una religión común racional (esto es la masonería), común a toda la gente “sensata”: Montaigne, en el XVI, y Locke, Cherbury y Chillington, en el XVII [éstos dieron lugar a Tolland, Collins, Marchand, Rousset de Missy, en el XVIII; y éstos a Voltaire y d’Holbach, D’Alembert, Rousseau, Helvecio, Condorcet, Diderot, La Mettrie, Phillippe Égalité]: el naturalismo como religión mundial, de los ingleses a los philosophes franceses, en el XVIII [aparte del ateísmo, claro].

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El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, VI

Fenomenología y f. realista, tradición fundamental del siglo XX

Husserl, padre de la fenomenología, con Edith Stein (luego: Santa Teresa Benedicta de la Cruz). Husserl le abrió una brecha de infinito a Stein, esa brecha se hizo horizonte con Santa Teresa de Jesús

Husserl, padre de la fenomenología, con Edith Stein (luego: Santa Teresa Benedicta de la Cruz). Husserl le abrió una brecha de infinito a Stein; esa brecha se hizo horizonte con Santa Teresa de Jesús

Contenido

I.- Una tradición que quiere superar la modernidad, pero aceptando todos sus condicionamientos

II.- El origen de la fenomenología: Edmund Husserl y sus “reducciones”

  1. A) El sentido de las “reducciones”
  2. B) las reducciones mismas, en acción
  3. C) Observaciones

III.- El giro “realista” de la fenomenología

  1. A) Reinach, el campeón de las esencias, la intuición que usa de la reducción psicológica
  2. B) Análisis crítico

IV.- La génesis del esencialismo del profesor Josef Seifert y el valor de su filosofía

 

I.- Una tradición que quiere superar la modernidad, pero aceptando todos sus condicionamientos

Es muy importante, para cerrar esta serie, ver el origen de otro esencialismo, el del profesor Josef Seifert. Este estudio nos lleva a indagar sobre una gran tradición del siglo XX, tanto en la filosofía general, como en el pensamiento cristiano. La etiología de la doctrina de Seifert posee, digamos así, tres etapas. Dietrich Von Hildebrand, maestro de Seifert, simboliza dos de ellas. En primer lugar, la moderna, en la que destacan las influencias de Descartes, Kant, Hegel, Brentano, Husserl, Scheler. Donde pueden verse claras influencias tanto nominalistas como inmanentistas e idealistas. En Husserl y Brentano hay, sin embrago, una pequeña reacción y Brentano, por ejemplo, trata de recuperar la intencionalidad de los siglos pasados, aunque en versiones cercanas a Duns Scoto, más que a Santo Tomás, de una manera, por tanto, cercana a Wolff y, en consecuencia, a Suárez, al esencialismo, ya en su veta modernista, inmanentista, incluso. En este cuadro, destacan, por tanto, el desprecio del mundo material, el desecho del mismo, en cuanto objeto de una teoría que se precie de tal, la necesidad de demostración de su existencia; la creencia correspondiente en que la filosofía consiste en ideas o mundos ideales; el consecuente dualismo, tanto metafísico como antropológico; el estimar que la ética se refiere a valores fuera de este mundo y que las pasiones humanas y la búsqueda de sentido final y, por tanto, la prudencia, como virtud que busca y endereza los medios hacia ese fin trascendente, sean inmorales, por contrarias al valor y egoístas. Pero Von Hildebrand, maestro de Seifert, siguiendo a Reinach se lanzó por el lado de la fenomenología realista, que trata sobre esencias puras y no sobre contenidos de conciencia, aunque todavía conserva fuerte influencia del inmanentismo y el nominalismo. Cuando Seifert, siendo él mismo, por su investigación de la verdad, el origen de su propia tercera etapa, abandone o le pase la epoché a las reducciones de Husserl, en nombre de la intuición cartesiana, todavía quedará fuertemente inscrita en él ese hábito intelectual, contrario al ser sensible, a la realidad, a la formalidad de lo concreto, a la verdad sobre el orden divino en lo concreto.

II.- El origen de la fenomenología: Edmund Husserl y sus “reducciones”

A) El sentido de las “reducciones”

En el “intencionalismo” de Brentano hay un giro importante, porque señala que la investigación debe dirigirse a los objetos a los que tienden, a los que se refieren, los actos de nuestra mente. En eso consiste la fenomenología, en un poner entre paréntesis todo lo que no sea el objeto mental a estudiar, de manera que se evite el psicologismo y se logre un verdadero “objetivismo”. Esas puestas entre paréntesis son llamadas reducciones por Husserl.

Para entender a Husserl, pues, hay que entender el sentido de estas reducciones. Para eso, a su vez, hay que situarlas en la historia de la filosofía. Husserl tiene en frente a Kant, el esquema de las capacidades humanas del Rector de la universidad de Königsberg; también tiene presente a Descartes, en el lado positivo, es decir, como influencia que se acepta si bien interpretado como un idealista absoluto (muy probablemente o, al menos, eso es lo que le reprocharon sus estudiantes “realistas”); tiene a Hume, en lo que toca a la interpretación de la experiencia sensible, que es meramente tal, pero nos da en efecto al mundo; y tiene, en el lado negativo al propio Kant, a la parte “dialéctica”-anti razón [y anti-conocimiento, en general], de su Crítica, y a todos los que aseguran que no hay conocimiento, sino condicionamientos psicológicos [mayormente, materialistas].

Así, entender a Husserl requiere de conocer, aunque sea, el esquema de las capacidades cognoscitivas que Kant coloca en su Crítica de la razón pura. Con poca aplicación del método platónico de estudio del alma (La República, libro IV; cfr. De Anima, III), Kant coloca su esquema. Sin embargo, no ignora completamente el método, cuando dice que las categorías de la “espontaneidad de las ideas” o intelecto no pueden venir de la sensibilidad (de ahí que llame “espontaneidad” al intelecto), pues lo sensible es ininteligible, muestra que entre el objeto, por un lado, y la capacidad y sus actos, por el otro, debe mediar una proporción; igualmente lo hace, cuando dice que sus esquemas de la imaginación, tienen que ser intelectivos, ya que van a compatibilizar los datos sensibles y las ideas del intelecto: tienen que alcanzar la naturaleza de lo más alto, porque, si no llegan ahí, ¿cómo harían su trabajo? Husserl pretende abrir el campo para un análisis de la conciencia que no sea un mero esquema, como el de Kant, sino que sea más abierto; y, sin embargo, en lo básico, acepta al “königsbergués” [regiomontano]: sus reducciones tendrán por ámbito lo sensible, el intelecto (yo empírico, fenoménico, objeto) y el yo trascendental.

Entonces, ver el esquema de Kant es esencial, como punto previo: a) todo empieza por la sensibilidad, que es, en cuanto a su naturaleza, como la interpretó Hume, pura sensibilidad; en cuanto a su alcance: incapaz de darnos el mundo tal cual es, o nos lo da de un modo que está adulterado, es sólo “así para mí” o no es así de ningún modo… o, en el mejor de los casos, no puedo saber si es realmente así o no. Ella se divide en los sentidos externos, los cinco, que son receptividad pasiva, de los datos, según su modo, es decir, adulterados como ya expliqué. Ahora, esos datos de los sentidos externos, son un caos, un desorden que requiere de conformación: eso es el trabajo de los sentidos internos o formas de la sensibilidad, el espacio y el tiempo, interpretados, a la newtoniana, como absolutos independientes de lo temporal y lo ubicado y extenso, pero con el añadido de que son, evidentemente, inmanentes, no dimensiones reales, sino de la conciencia. Ellos fundan la geometría, el espacio, y la aritmética, [sorpresivamente] el tiempo; así como la física pura a priori, es decir, independiente de la experiencia.

b) Por encima de la sensibilidad, está la inteligencia, que es una especie de caja de ideas genéricas, en las que se subsumen los fenómenos sensibles, los datos de la sensibilidad ya conformados. Esa subsunción da lugar a la síntesis del Yo-pienso [cartesiano]; y, en cuanto consciente, es la unidad de apercepción. Eso es el objeto del conocimiento: sin los datos sensibles, las ideas son cáscaras, conchas, vacías; los fenómenos son puras subjetividades, si no se subsumen. Pero, además, eso es el conocimiento mismo, que es una gran tautología: se conoce el objeto del conocimiento, NO, POR EJEMPLO, EL SER.

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El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, III

La tradición esencialista del esse obiectivum, de Scoto a Seifert, pasando por Ockham y Descartes

Duns Scoto, padre de la tradición del esse obiectivum, es, entonces, padre de Ockham, Descartes y seifert, entre una gran progenie

Duns Scoto, padre de la tradición del esse obiectivum, es, entonces, padre de Ockham, Descartes y seifert, entre una gran progenie

En el artículo anterior (El esencialismo, como corriente filosófica que atraviesa los siglos, II), se trató principalmente de la constitución metafísica del mundo y del ser en general, hasta Dios. En éste, tal estructura es mayormente un supuesto fundamental, pero el foco estará dirigido, más bien, a una pretensión de los pensadores esencialistas occidentales, de Scoto a Seifert, pasando por Descartes y por un Ockham capaz de negar toda inteligibilidad a lo sensible, salvo que, por un acto arbitrario suyo, Dios nos comunique una independiente de la experiencia y de los seres concretos. Se trata del esse objectivum, precisamente, de esa pretensión escotista según la cual el universal y los particulares son concebidos por operaciones diversas de nuestra mente, ese ser que tiene un modo de ser propio de la mente, sea divina, angélica o humana. Aquí se verán puntos muy importantes, como el hecho de que la referida es una tradición real. Así como su influencia en toda la filosofía moderna, aunque sólo de manera implícita. También, cómo el esencialismo lleva a que se abra la puerta para posturas cercanas a la de la necesidad de la iluminación o del carácter preternatural de nuestra captación intelectual, por no ser capaz de explicar de una manera adecuada la composición del ens, del ente, del que tenemos experiencia, el sensible, así como la relación de éste con el acto creador y la sabiduría de Dios, como fundamento más profundo de la obra creadora (puntos todos vistos en el artículo anterior). Asimismo, será claro cómo estas posturas son muy cercanas al nominalismo, en cuanto sacan del mundo a la inteligibilidad y ponen, por tanto, a la intelección también fuera de él. De este modo será mucho más claro el talante del esencialismo, en general, y la filosofía del profesor Seifert, en particular[i].

“Ya sabemos, por la crítica a la epoché husserliana que Seifert atribuye realidad ‘objetiva’ a las esencias. Esto lo repite al criticar a Descartes en la p. 38 del Discurso sobre los métodos: ‘El objeto del conocimiento objetivo a priori no son las ideas subjetivas innatas creadas en nuestras mentes por Dios, sino las naturalezas y esencias objetivas, que se caracterizan por una necesidad interna, absoluta y altamente inteligible, conocida con evidencia y certeza […]’. Pero inmediatamente, Seifert remite a ciertos pasajes de las Meditaciones y toma su doctrina como propia. Si obviamos los fragmentos en que Descartes insiste en la doctrina criticada por el filósofo de Salzburgo, podemos extraer, quizá, cierta luz: en nuestra mente hay ideas que ‘no han sido fingidas por mí […] sino que tienen sus verdaderas e inmutables naturalezas. Como, por ejemplo, cuando imagino un triángulo, aun cuando quizá no haya en ninguna parte del mundo, fuera de mi pensamiento, una figura como esa, ni la haya habido jamás, sin embargo no deja de haber cierta naturaleza o forma o esencia determinada de esa figura, la cual es inmutable y eterna y yo no he inventado y no depende en manera alguna de mi espíritu; lo cual se ve bien porque se pueden demostrar varias propiedades de ese triángulo […]; esas propiedades deben ciertamente ser todas verdaderas, ya que las concibo claramente; y por ende son algo y no una pura nada; pues es bien evidente que todo lo que es verdadero es algo, siendo la verdad y el ser una misma cosa; y he demostrado ampliamente más arriba que todo lo que conozco clara y distintamente es verdadero (pp. 38-39, nota 30 [Discurso sobre los métodos, de Seifert])”.

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Observatorio Antitiranía: prueba de su existencia y definición del mal

Lo que dijo JP-II: La erupción del mal, más o menos

El Gran Hermano, hoy por hoy, no aplasta a "Oceanía", oprime al mundo entero

El Gran Hermano, hoy por hoy, no aplasta a “Oceanía”, oprime al mundo entero

Contenido

La ideología es la nada, la nada donde mi poder llena todo, he ahí el “término devotamente apetecible

Ejemplo 1: Argentina

De Argentina al mundo todo

La ideología de género y el cartesianismo: el encuentro de Yogyakarta, Indonesia

La orfandad del “matrimonio de género”: sólo “sirve” al 0,25% de sociedades aberradas

El gnosticismo modernista de la ideología de género

El gnosticismo modernista y la reingeniería de la realidad: el totalitarismo

El totalitarismo es homicida: confiesan gnósticos, abortistas

La fuera detrás del triunfo homosexual: ellos no tienen la fuerza, su causa es tergiversada y blandida por poderes superiores

La ONU al ataque, la acompañan la OEA, la OMS, la Ford Foundation, la Bill y Melinda Gates Foundation, la Hewlett Foundation, Suecia y para de contar

El PSOE se une a la comparsa

USAID, USAID, siempre USAID, el departamento de estado y la CIA no pueden perder oportunidad de protagonismo en la gran lucha

Las cumbres Iberoamericanas, escenarios de avance revolucionario: los niños son el objetivo

El género como arma revolucionaria, la familia como bastión del orden y la decencia: las fundaciones gringas atacan de nuevo

Hollywood aporta en grande al mal

El gnosticismo la tiene robada, pues: el mundo está asociado a su favor, hay un gobierno mundial

Pero ni el aborto ni los anticonceptivos ni nada de esto sirve a nadie, sino a los maltusianos: el mito de la superpoblación

¿Por qué la ideología de género? La voluntad de poder resplandece en ella

Tiranía mundial, “erupción del mal” y el fin del mundo


 

La ideología es la nada, la nada donde mi poder llena todo, he ahí el “término devotamente apetecible

Vivimos en un mundo dominado por el gnosticismo ideológico-modernista, lo que yo llamo “ideologismo”, así como “antropoteísmo”, antropoteísmo (hombre-dios) gnóstico de la voluntad de poder, nihilista (nada da sentido a nada), historicista (no hay verdades universales, sólo formulaciones de creencias y modos que únicamente tienen sentido en una sociedad, en un momento histórico determinado), cientificista (sólo la ciencia es racional), fuertemente nominalista (nada es inteligible en el mundo, por lo que no hay orden, ni verdad, ni bien, ni naturaleza humana), psicologista-psicoanalista (toda creencia se debe a disposiciones de nuestra psique o cerebro-se debe a movimientos inconscientes sensibles, mayormente sexuales y bien retorcidos), materialista, economicista, sea liberal o comunista, tendiente, sin dudas, al totalitarismo, como lo vio diáfanamente Eric Voegelin (The New Science of Politics, University of Chicago Press, Chicago, Illinois, 1952, pp. 128 y ss.). Este espíritu, que niega que el espíritu exista, puede formar una teología civil y constituir formas de representación social conforme a ella. De hecho, eso es lo que está pasando en el mundo de hoy y opera en unos modos claramente definidos. Tal tema lo expuse en este artículo: https://eticacasanova.org/2015/01/27/tirania-mundial-prudencia-y-patriotismo-hoy/, que inaugura toda esta serie que muestra a la tiranía mundial, de muestra su existencia, enseña los modos como opera, como oprime al hombre decente, que es fuertemente anticristiana. En este artículo, así como en uno que publicaré próximamente, voy a mostrar que la tiranía existe, es decir, todos los artículos de la serie muestran esto, pero necesitan un pequeño apoyo: al ver una corte obrando aquí, un presidente por allá, una compañía acullá, un colegio profesional más acá, un grupo de presión más allá, puede parecer que se trata de una mera expresión universal de la misma IN-cultura. Bueno, lo es, por supuesto, pero, por encima de eso, esta cultura es impuesta desde arriba, desde las esferas del poder mundial. Este artículo mostrará cómo las instancias de poder, del más alto poder financiero y político tiene la cuchara metida en muchas, en casi todas, de hecho, las “manifestaciones culturales” anti-humanidad que se ven por la calle hoy por hoy, en Venezuela, en Estados Unidos, en Tailandia, en Eritrea, en Libia, en Chile, en México, etc. Claro, en los artículos anteriores, he puesto, por ejemplo, al UNFPA ligado a la política del hijo único de China y a senadores demócratas gringos; a parlamentarios europeos y el terrorismo anticristiano de la Libia “liberada”; a los arquitectos de la Primavera Árabe… Ejemplos nada pequeños, pero tienen que ampliarse. Eso haré en éste. Será un poco largo, pero valdrá la pena…

Ejemplo 1: Argentina

Se puede comenzar, poniendo un ejemplo muy ilustrativo. Argentina es un país en el que la constitución (artículo 2) y el código civil reconocen el estatus especial a la Iglesia, entre todas las religiones y a pesar de la libertad de culto prevista por el artículo 14 constitucional. Incluso se establece el deber del Estado de sostener a la Iglesia. Además, el pueblo argentino es en una inmensa mayoría católico: cerca de un 88% de los argentinos son bautizados y aproximadamente un 76% se confiesan católicos (Dirección de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo [del gobierno argentino], Informe Internacional sobre la Libertad de Culto 2009, 26 de octubre de 2009. Publicado en el sitio web: http://www.state.gov/documents/organization/132726.pdf). Sin embargo, aún cuando la Iglesia, fundada, aparte de en la Fe, en la ley natural, en la naturaleza del matrimonio y de los sexos, tal como se presentan en el mundo natural, defiende que el matrimonio es una unión a perpetuidad de un hombre con una mujer, por ley 26.618, el congreso de ese país aprobó el “matrimonio” entre personas del mismo sexo. En lo que es, claramente, una violación del orden natural y de las creencias más profundas de una gran mayoría del pueblo argentino; el cual, además, como toda Hispanoamérica y, aún, toda Iberoamérica, fue formado por el Catolicismo y su institucionalidad se debe a las católicas España y Portugal y a la Iglesia misma*. Es decir, violando el orden de Dios, las creencias de sus gobernados y la historia e identidad de su país, en una clara traición a todo lo que es valioso para el ser humano, ya que, para rematar, esta ley tiene en la mira la destrucción de la familia y, con ella, de todo el orden civil, republicano, de ese país.

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Historia de la física de Pierre Duhem

El más importante historiador de la física, que fue importante físico y filósofo de la ciencia

A continuación, publico uno de los posts más importantes de este blog, en toda su historia. Se trata de la historia de la física que escribió para la Catholic Enyclopedia of America el gran Pierre Duhem, cuya semblanza coloco en el prólogo que escribí para la traducción. La misma es muy importante y, lo mejor, es altamente resumida. Duhem escribió una gran historia en 10 tomos, que le requirió décadas de trabajo. Es tan importante, para el hombre de hoy, que yo hice la traducción pensando en los estudiantes de la universidad Santo Tomás de Santiago de Chile, en la que me desempeño, con la seguridad de que un escrito como éste serviría para derrotar, sin duda alguna, a la revolución en el alma de los muchachos. Excediendo los planes editoriales de la universidad, entonces me creo en la libertad y en el deber de ponerla a la disposición de todo el público de habla hispana. Pueden pensar que es megalomanía hablar así, que mi blog lo leen centenares de personas. Soy consciente de ello, no es megalomanía, pero, como dice Frank Morera, de EWTN, Dios nos dice: “habla”, no “que te oigan”: esta segunda parte no depende de mí, yo sólo hago lo mejor que pueda, por amor a Dios, a la Verdad, a la que Él Es y a las que participan de Él en nuestro intelecto, en su relación judicativa con la realidad, por amor a mis hermanos los hombres.

Como digo en el prólogo, les pongo notas muy importantes, me parece. Para empezar, notas aclaratorias de los conceptos físicos y, para culminar, notas que amplían los conceptos filosóficos, así como la visión histórica, de la sola historia física, a la historiografía general, especialmente de Occidente, aunque también la más amplia, de la humanidad entera. Sólo lean la primera nota final, sobre las supuestas edades y la “edad media” de los historiógrafos ideologistas y tendrán una primera degustación. Espero que este trabajo les deje los grandes frutos que espero de él, del brillo de Duhem, puesto al alcance del público de habla hispana, y de mis humildes comentarios: de seguro, como lo fue para mí, este escrito cambiará toda su visión de la realidad, en un sentido ampliamente luminoso… los acercará a la Luz de las naciones y Gloria de su Pueblo, el Nuevo Israel, la Iglesia Católica… Todo esto es lo que necesitamos, intensa y extensa REBELIÓN, REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN…

 

Historia de la Física

Catholic Encyclopedia: http://www.newadvent.org/cathen/12047a.htm  //

Prólogo-Presentación, del traductor, del promotor del blog

Pierre Duhem (París, 1861-1916, Cabrespine, Francia), fue un físico, filósofo e historiador de la ciencia francés. Fue importante en varios campos de la física, como la termodinámica, la electrodinámica y elasticidad. Además, destacó en la filosofía de la física y las ciencias básicas, en general, de modo que, en las discusiones sobre el valor de las proposiciones científicas, se lo pone en conversación con Popper, Quine, Hume, Kant, Aristóteles, entre otros nombres grandes. Por otra parte, en el campo de la historia de la física, “la importancia de Duhem, como fundamento para la posición neo-aristotélica, yace en que él revolucionó la historia de la ciencia, una revolución que rehabilitó la importancia científica de los pensadores [mal llamados] medievales[i]. Él generó esta revolución dado que fue el primer historiador que prestó una consideración real (o aún leyó) los textos claves [mal llamados, n. t.] medievales; una consideración que lo llevó a concluir que la así llamada ‘revolución científica’ no ocurrió para nada en el siglo XVII, y no fue ninguna revolución, sino, en lugar de ello, fue un proceso continuo que empezó en la [mal llamada] edad media. Esta conclusión significa que la visión de la [mal llamada] ilustración [nota de pie de página] es falsa[ii]; y que la metafísica aristotélica no es incompatible con la ciencia, ya que la misma fue aceptada por científicos [mal llamados] medievales que fueron los que levantaron del suelo al proyecto científico moderno”[iii].

Duhem es, como hemos dicho, un pensador de estatura y cuyas observaciones sobre la relación entre el experimento y la teoría (en La física, su objeto y su estructura, pp. 173 y ss) sugirieron a Einstein la teoría de la relatividad general[iv]. Y, si bien las obras más importantes de este pensador, que influyó también en el más renombrado de los filósofos de la ciencia estadounidense de las últimas décadas, W. O. Quine[v], son La teoría física, su objeto y su estructura[vi] y El sistema del mundo: historia de las doctrinas cosmológicas de Platón a Copérnico, una historia de la ciencia en 10 tomos[vii], la historia que traducimos en esta edición, publicada originalmente en inglés, en 1912, en la Catholic Encyclopedia[viii], es un excelente esquema y una valiosa introducción, tanto a la historia de esta ciencia básica, como a la propia disciplina, que siempre se ha visto aquejada, en su enseñanza secundaria y básica universitaria, por una irrealidad: el ser presentada como ecuaciones en el aire, que resuelven problemas, pero sin que se transmita de dónde surgieron, bajo qué esquemas conceptuales, respondiendo a qué tipo de planteamientos científicos y por qué personas y de cuál talante. Lo cual ayudaría inmensamente a su más adecuada comprensión. Por otra parte, la obra presente tiene el mérito de haber dejado el relato del avance secular de la ciencia en el momento previo a la gran revolución que fue para la disciplina el trabajo de Plank, Marie Curie, Einstein, Bohr, Heisenberg, Dirac, Schrödinger, De Broglie, etc., a finales del XIX y principios de XX. De esa forma, teniendo una adecuada imagen del estado de la ciencia en el momento previo, así como de la manera en que se llegó a ese momento, puede ser mucho más claro el alcance, el significado y la importancia de los derroteros que ha ido tomando esta disciplina, en esta época posterior. Así, este trabajo que presentamos cumple una importante función propedéutica, para legos y, aún, para expertos en la disciplina. Faltaría, quizás, una buena introducción matemática que explicara la importancia que ha tenido el análisis para el progreso de la física; y cómo la nueva geometría, el giro de esta ciencia hacia posturas pre y post-euclidianas, contribuyeron decisivamente al avance de la ciencia natural. Y a eso habría que añadir el desarrollo de los métodos de observación y medición y la relación entre éstos y la física clásica. Heisenberg[ix], por un lado, y Einstein e Infeld[x], por el otro, han dedicado obras importantes a la información sobre estos temas. Finalmente, esta misma historia puede ampliarse, en cuanto a la física y a otras disciplinas científicas, además de con el trabajo citado de Duhem, con la Historia de la Ciencia de Agustín a Galileo, de A. C. Crombie[xi].

Ahora bien, el trabajo que presentamos tiene otros puntos de interés que quisiéramos destacar. Al leer una historia completa de la física, así sea una breve, como la presente –si esa historia es realmente completa–, saltan a la vista una serie de hechos, desconcertantes para el lector contemporáneo. El primero y más obvio es el ya señalado: Aristóteles no es un autor de fantasías trasnochadas metafísicas y anticientíficas, como se hizo popular en el siglo XVIII, en una postura que Kant llevó a su expresión más acabada y a límites “escatológicos”. De hecho, queda bastante claro que la ciencia vivió en un mundo filosófico aristotélico, aunque buena parte de su historia consistiera en un derribar el paralelo (sólo paralelo) universo de la física del Estagirita y de la parte de la cosmología que dependía de esa física. Eso sólo comenzó a cambiar de manera significativa con Descartes, en un momento muy tardío, en el segundo cuarto del siglo XVII.

De hecho, como apunta también Lamont: “El epicureísmo, por otra parte, cuyo atomismo fue el más cercano equivalente de la antigüedad a las posiciones filosóficas anti-aristotélicas celebradas por la visión de la [mal llamada, n. t.] ilustración, no hizo ninguna contribución significativa a la ciencia. (Epicuro mismo fue notorio por sostener, en su carta a Pitoclés, que el Sol era más o menos del mismo tamaño del que nos parecía a nosotros, unos 30 centímetros de diámetro, como lo refiere Cicerón; y sus sucesores fueron hostiles a la noción misma de geometría)”[xii]. Ya, por este solo punto, este trabajo es de inmensa importancia.

Pero hay mucho más. Siempre se cita al cardenal Newman cuando dijo que “conocer la historia es ser católico”. El converso cardenal, proveniente del anglicanismo, se refería a que, si se lee a los padres de la Iglesia y se sigue la historia, desde esos albores, hasta el mundo de hoy, se puede ver claramente la continuidad de una sola institución que nos trae la obra de Cristo y nos conecta con sus primeros discípulos y apóstoles: la Iglesia. Quizás, el cardenal no tenía una conciencia de la inmensa amplitud que puede tener su aserción. Si se conoce la historia, se ve que la inquisición no es la obra de gran malignidad que se nos ha dicho o que las cruzadas no fueron la empresa de agresión de los fanáticos, se ve que la Iglesia no persiguió a la ciencia ni España o el catolicismo fueron responsables de genocidios. Si se conoce la historia se sabe que, desde Platón, se sabía que la Tierra era esférica y hasta se había medido, con cierta precisión su perímetro, que no tuvimos que esperar a que Colón “se diera” con América para conocer estas cosas; que, desde Platón, desde la Academia, Heráclides Póntico había lanzado la primera hipótesis heliocéntrica de la historia y que esa hipótesis fue sostenida con fuerza por una persona importante, Aristarco de Samos, en el siglo III a. C. Quien conoce historia sabe que todos los científicos hasta el siglo XVIII fueron creyentes, que no hay incompatibilidad entre ciencia y religión, sino todo lo contrario. Quien conozca historia sabrá que muchos de los físicos más importantes de la vida han sido católicos: Filópono, Grossetesta, Roger Bacon, Freiberg, Ockham (monje franciscano), Oresme (obispo de Lyon), Buridán, Maricourt, Da Vinci, Nicolás de Cusa (cardenal), Domingo de Soto (dominico), Copérnico (sacerdote), Galileo, Roberval, Descartes, Mersenne (sacerdote), Gassendi (sacerdote), Torricelli, Pascal, Grimaldi (jesuita), Boscovich (jesuita), Fresnel, Navier, Marie Curie, Lemaitre (sacerdote). O aún cristianos, si bien protestantes: Tyco Brahe, Kepler, Leibniz, Huygens, Newton. Se le podría sacar punta a la frase del Cardenal John Henry Newman en muchos más sentidos, pero los dichos son extremadamente relevantes en el trabajo presente y tienen que ser tomados en cuenta y aún resaltados.

Así, pues, en una sustancial cantidad de pasajes de la obra que traducimos, añadimos notas de pie de página con aclaratorias de todos los tipos, que van desde la física a la historiografía, pasando por la filosofía, en general, y la filosofía de la ciencia, en particular, la historia, y otra serie de temas.

Finalmente, es una impresión común, al leer estas historias de la física y otros trabajos de divulgación, que el autor que tiene la venia de acercar al gran público la luz de la disciplina respectiva comete una falta –a veces inevitable–: usa términos técnicos, que da por sabidos, pero que terminan constituyendo un grave obstáculo para el correcto entendimiento y aprovechamiento consecuente del trabajo, por parte de sus destinatarios. Termina no teniendo sentido o no realizándolo plenamente. Por ello, aportamos una serie de notas, tratando de aclarar todo lo posible los conceptos físicos que el autor va manejando.

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