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Tag Archives: creacion

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Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo

No desconocen lo inmaterial, lo rechazan activamente, las consecuencias han sido y serán devastadoras, la humanidad corre grave peligro

Tales, el gran milesio, uno de los siete sabios de Grecia, descubrió la ciencia, que el universo tiene una inteligibilidad intrínseca, que los fenómenos tienen un orden, conforme a leyes que proceden, según sabemos desde Sócrates, de su forma sustancial. Los modernos rechazan todo esto, por eso: que Dios nos agarre confesados

Tales, el gran milesio, uno de los siete sabios de Grecia, descubrió la ciencia, que el universo tiene una inteligibilidad intrínseca, que los fenómenos tienen un orden, conforme a leyes que proceden, según sabemos desde Sócrates, de su forma sustancial. Los modernos rechazan todo esto, por eso: que Dios nos agarre confesados

En la época y en la sociedad en que comenzó todo, no se conocía la inmaterialidad, la ciencia apenas despertaba, se hacía conciencia, pero estaba adormilada, no conocía todas las implicaciones de su propio existir: Tales de Mileto descubre la ciencia, que los fenómenos del mundo suceden conforme a unas “leyes” a un orden que no responde a espíritus detrás de las cosas, sino al ser mismo de cada ente, en sí mismo y en relación con los demás. Pero explicó todo con agua… Anaximandro, de Mileto también, mete el ápeiron (el infinito) a ser, con los opuestos, el origen del universo y su orden. Anaxímenes, discípulo de Anaximandro, dice que el origen es aire y retrocede; lo mismo sucede con Demócrito y Leucipo, que inventan el atomismo.

Luego de estos intentos iniciales de explicación del mundo, aparecen expresiones de la inmaterialidad un poco inconscientes, para los que las captan, y un poco muy fuertes para que ellos percibieran exactamente lo que estaban viendo: Empédocles dice que todo es mezcla de amor y odio que penetran la materia, en ciclos, en los que en la medida en que penetra el amor, huye el odio y viceversa. Anaxágoras descubre el Nous, el Intelecto (ojo con las estupideces moderno-nominalistas: que traducen nous como “pensamiento”, bah), como causa general, aunque no pudo verlo detrás de los fenómenos particulares, en los que sólo vio sujeto material y motor mecánico. Heráclito encuentra el Logos, al que llama “rayo” y “fuego”, pero sí lo ve detrás de los aconteceres, si bien, como se ve, no lo tiene por inmaterial, de manera distinta. Parménides se encuentra a ES, ve el abismo infranqueable [por nada que no tenga Poder Infinito y que no sea sumo Ser subsistente] de la nada al ser y, por eso, vio a un ES, acto puro, sin sujeto (por eso no se trata de un “esto es”, sino de ES, como en el Éxodo, 3,14: Dios es el que “ES”), eterno, sin partes, sin distinciones, sin aquí o allá, sin lugar, absolutamente necesario, completamente simple, que no podía ser material. Digo, Parménides no se dio plena cuenta, quizás (así lo hacen parecer sus expresiones), de que su ES no podía tener partes, que tenía que ser simple e inmaterial: por eso, dijo que era homogéneo y redondo (todo equidistante a un centro). También vio que era intelecto e intelección, verdad. Vio que era divino. Y vio que los mortales –Heidegger, que se pregunta, ¡insensato!, “¿por qué el ser y no la nada?”, por ejemplo–, no eran capaces de ver la verdad primigenia: a él mismo le revela todo una diosa… Pitágoras descubre que hay un orden de proporciones en la realidad, como el que se encuentra entre los números y cree que la realidad es número…

La inmaterialidad aparece en Tales, en un orden intrínseco, leyes internas de las cosas y de sus relaciones mutuas; Anaximandro ve la distinción, los cambios y algún algo infinito (ápeiron) que está detrás del ser; Anaxágoras ve que ese infinito, que pone leyes al mundo, un orden inteligible, es un Intelecto, Nous; Heráclito lo llama Logos, como lo haría luego San Juan (en el Principio existía el Logos… y el Logos era Dios… y todo fue hecho por Él y era la Luz del Mundo… y la Vida y Gracia y Verdad); y Empédocles vio que era Amor que produce la unidad de los seres unos y odio que causa la distinción (principio de no contradicción) y abre el paso para que se vea que la realidad es buena y amor (como en San Juan: Dios es Amor: su obra tiene que ser amor, si la causa es proporcional al efecto…); Pitágoras ensancha el camino de la captación del orden y abre la puerta de ese cuarto luminoso, el de la matemática aplicada a la realidad natural.

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Aristóteles y Santo Tomás: un tumba-rancho acaba con el Big Bang (3)

La Fe eleva a la razón; sin una razón abierta al mundo, la Fe es imposible

Creación, origen del mal, inicio de la materia: Tomás y Aristóteles muestran las relaciones sanas entre Fe y Razón
La Trinidad y la Asunción: dos misterios que superan con mucho las fuerzas de nuestra sola razón y que, por tanto, la elevan impresionantemente

La Trinidad y la Asunción: dos misterios que superan con mucho las fuerzas de nuestra sola razón y que, por tanto, la elevan impresionantemente

Lo dicho hasta ahora, sienta buenas bases intelectuales para acercarse a la fe, pues enseña que las verdades que encontramos con la sola razón son solidarias con las que no podríamos conocer si Dios no nos las revelara. Son cuando menos errores todas las opiniones y doctrinas que se dicen acerca de la doble verdad, de la corrupción de la razón por la fe, la contradicción entre ciencia y razón, por un lado, y fe, por el otro, etc. Lo que es una corrupción es el fideísmo, pues este mundo lo creó Dios, nosotros podemos conocerlo y por él podemos llegar al Creador, porque, por ser Él la causa eficiente y la final del mundo, nuestro ser guarda analogía con el Suyo. Eso es lo que dicen San Pablo, en la Carta a los Romanos (I, 18-23), y el libro de La Sabiduría (XIII). Y por ello fue que Aristóteles llegó a un conocimiento muy profundo del Ser de Dios, en tanto que puede ser conocido por nosotros. De modo que no es ni racional ni cristiano sostener con Lutero y con el fideísmo que el hombre se corrompió por el pecado original a tal punto que no puede conocer nada, por la pérdida total de su razón: ésta, creación de Dios, por la que guardamos en nuestro ser mismo una imagen del Creador, no es la “prostituta del diablo”, como afirmó el heresiarca cismático; más bien, desde esta perspectiva, esa afirmación es una blasfemia. Es una blasfemia que tuvo largo alcance en la historia de la filosofía moderna: compáresela con la tan importante declaración del secularista y ateo Hume: “la razón es la esclava de las pasiones”.

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Aristóteles y Santo Tomás: un tumba-rancho acaba con el Big Bang

¿El oscurantismo arrasa a la luz de la ciencia, ¡¡¡cómo es eso!!!? Es que no es ciencia, tonto

Cualquier movimiento material supone un movimiento anterior
Una explosión para sustituir a la Inteligencia suma subsistente

Una explosión para sustituir a la Inteligencia suma subsistente: tremendo absurdo

Todo movimiento, todo cambio de estado, todo paso de la potencia al acto, requiere e algo que se mueva y de un motor, de un agente del cambio. Supuesto eso, Santo Tomás, exponiendo a Aristóteles, muestra el asunto: “si el movimiento no existió siempre, es necesario admitir que los motores y los móviles fueron producidos alguna vez, de tal modo que antes no existían”. En este primer caso, pues, la alternativa es la creación, la producción de todo lo temporal y móvil, de la nada, por parte de un Poder infinito: si el movimiento tiene un comienzo temporal, si hay un principio, hay creación. Corolario 1: cuando el Evangelio según San Juan dice: “en el principio existía el Verbo”, siendo Éste, el Logos, anterior al principio, el mismo es Dios, pues no tiene principio; luego, lo que dice después: “el Verbo era Dios”, es mera explicitación, muy necesaria, por demás, para nuestras muy limitadas mentes. Ergo, corolario 2, la traducción de los testigos de Jehová, que alterando descaradamente el texto bíblico, niega la divinidad del Verbo, queda en evidencia de manera muy fácil.

Pero, ¿por qué es necesario que, si hay un primer movimiento, tenga que haber una causa inmóvil del mismo, fuera de las cadenas causales de móviles e inmóviles? Porque, de lo contrario, el movimiento tiene que ser infinito.

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Big Bang, extraterrestres, evolución, aliados de Dios

Todos contra Dios I

Pasteur, gran científico, cristiano insigne

Pasteur, gran científico, cristiano insigne

Éste es uno de los temas que más me gusta del mundo actual, aunque este aspecto del mundo tenga ya sus casi tres siglos. Amigos míos, hoy parece como si, desde el siglo XVIII, cuando la mal llamada ilustración surgió como caudal ideológico, cargando como dos de sus fuentes, afluentes y destinos a la religión del progreso y al cientificismo, la religión hubiera estado a la defensiva desesperada ante los embates de movimientos que superan la fuerza (mundana) del Cristianismo para dar respuesta a los retos que le plantean. En realidad, mucho se ha perdido, pero mucho permanece. La Iglesia no ha salido tan mal parada, sobre todo tomando en cuenta cuántos embates distintos ha recibido, no sólo de estos movimientos, sino de otros que les son afines. Sigue siendo la institución más venerable, la más antigua, la más estable, la más numerosa y en expansión del planeta. En cualquier caso, esto del progreso y la ciencia me encanta, quiero decir, como tema de discusión. En ellos, al proponer la verdad para que sea vista por todo el mundo, de acuerdo a mi capacidad para hacerlo, reluce tanto lo tonto o malvado de los enemigos de Dios, así como el brillo de la Iglesia, del ser, de la magnificencia divina, que la victoria parece siempre cuádruple, por parecer como dos Davides tumbando a dos Goliat. Por eso, me gustan tanto esas mentiras –o desmentirlas– de las que hablan Voegelin y Dawson, ésas que repiten los malvados para indisponer a la gente contra la Iglesia; cosas como que Colón le enseñó al mundo que la Tierra no era plana, que Galileo tuvo problemas por defender modelos astronómicos heliocéntricos y demás cosas así. La verdad es sencilla, pero no tanto, no siempre. Hoy en día, aparte de esos engaños particulares, se usan otros también particulares o algunos generales: los científicos son ateos, la ciencia es contraria a la religión, la Iglesia es oscurantista, hubo una ‘edad’ y ‘media’, para colmo. Los ataques son inclementes e incesantes. Pero hay tres que quisiera tratar detenidamente, en una serie de artículos: el llamado “big bang”, los extraterrestres y la evolución. Éstos son los que toca un artículo que quiero usar de guía para la serie: ¿Afecta a la fe cristiana que haya extraterrestres? (Julio de la Vega-Hazas Ramírez, en: Zenit, 04-06-2.011). El artículo, aparte de ser muy profundo y claro, está muy informado sobre la actualidad y sobre los hallazgos, en los aspectos más relevantes, del apasionante tema de los extraterrestres.

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