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La tiranía de la homo-phobia y la revolución de la irracionalidad, I

En su realismo mágico, no-argumentos convencen a todos

Platón y Aristóteles. Platón es un caso emblemático del personaje histórico que el lobby homosexual quiere presentar como uno de los suyos, para ganar respetabilidad, cuando fue un fuerte opositor de toda forma de sexo que no fuera la natural en un matrimonio como Dios manda

Platón y Aristóteles. Platón es un caso emblemático del personaje histórico que el lobby homosexual quiere presentar como uno de los suyos, para ganar respetabilidad, cuando fue un fuerte opositor de toda forma de sexo que no fuera la natural en un matrimonio como Dios manda

A mi ahijado, David, que Dios lo ilumine

Cirilo – Hola, Macrobio, desde aquella vez que hablamos de Homofobia, Misantropía [léanlo, éste es continuación de aquél] que no nos encontrábamos, ¿no? ¿Te acuerdas?

Macrobio – Por supuesto, Cirilo. Ese día sí estuvo buena la conversa, yo recuerdo eso de que los gemelos monocigóticos muestran que los argumentos “biologistas” de los del lobby que usa a los homosexuales como arietes son puras pamplinas: éste, que sería su mejor argumento, vuela por los aires, sólo un número que va, según los estudios, del 10 al 40 y dele % de los casos, cuando uno tiene tendencia homosexual, el otro también la tiene, ¿no? ¿Cómo sería genético, si números tan pequeños, explicables más por la educación común, observan la coincidencia?

C – Así mismo es.

M – Para mí, ese argumento es bastante inolvidable, pero todavía tengo muchas dudas.

C – ¿Sobre qué, sobre lo de la “homofobia”, en vez de ‘misantropía’?

M – No, chico, eso está más que claro, la palabra ‘homo-phobia’ es un neologismo estúpido lingüísticamente, un sinsentido, un invento de un estúpido que no sabe nada de griego ni de cómo llegaron las palabras del griego a las lenguas romances. Da lástima que la gente repita así, como lora, esa payasada. Sobre todo porque, como tú dijiste, nadie le tiene “miedo” (phobia) a nadie, de lo que se trataría sería de que eso es inmoral, punto. El problema lo tengo ahí.

C – ¿Dónde?

M – En dos cosas, en realidad. En que, según dijiste, eso no es un asunto de los homosexuales, sino de grupos diferentes, que usan alguna aspiración que pueda parecer de éstos, que pueda usarse para manipular a la sociedad, unos que quieren ejercer el gnosticismo. También que lo que dijiste de la inmoralidad de la homosexualidad todavía no la veo, es decir, tú parece que argumentaste concluyentemente, pero, de todos modos, no me convence.

C – Ay, Macrobio, sigues siendo un tipo interesante, con razón me gusta discutir contigo, porque te aprecio y me haces explicarme a la plenitud de mi capacidad. El otro día, escribí un artículo sobre cierto tema en el que tocaba este asunto: cómo las masas de hoy, más que nunca antes, son caldo de cultivo para una tiranía sin precedentes. Das argumentos concluyentes, irrefutables, y no los aceptan, por no ser lo que ven en la televisión; mientras que, en ésta, los bombardean de “no-argumentos”, de paja barata, y se la comen con sal y pimienta. Una vez, yo le dije a un alumno que, dadas unas premisas, la conclusión se seguía de manera necesaria, si se cumplían los requisitos de validez: el genio me respondió que eso era “MI VERDAD”; traté de hacerle ver que lo que decía era locura y no había manera de que entendiera. ¿Ves?, la tiranía ya puede hacer lo que quiera, la gente cree que la lógica y la matemática, por hablar de dos ámbitos de necesidad absoluta, que están al alcance de las masas, son asuntos de los que se puede disponer, que son “subjetivos”…

M – ¿O sea que me estás aplicando la receta a mí, Cirilo, yo soy uno de ésos?

C – Cálmate, compinche, la cosa es que yo creo que el otro día argumentamos concluyentemente y me dices que no te convence. Déjame acordarme: hablamos de la biología, lo de los gemelos, que ya tú nombraste y que no pones en discusión [porque, en verdad, es indiscutible]. Dijimos que ni ellos se lo creían y que,  por eso, lanzan argumentos de que el hombre tiene el poder sobre la materia y la naturaleza y, por tanto, puede tener “libertad” para violar la naturaleza y su cuerpo; que la “identidad de género” es un asunto de la conciencia y los sentimientos, sin cortapisas biológicos; que el sexo es un asunto biológico irrelevante; que es una mera construcción cultural (como si la cultura fuera una arbitrariedad sin sentido)…

M – Bueno, sí, ese día destrozamos estos argumentos que ellos aducen para justificarse, eso no lo pongo en duda. Eso no es lo que me inquieta, de hecho, es tontería: decir que, como manipulamos cosas naturales, todo lo natural es manipulable o que no hay orden natural es de una ingenuidad, de un candor, enternecedor, ¿no?, como si, porque yo puedo aliar metales o hacer que haya ciertas reacciones químicas, que cambien la composición de los materiales, yo pudiera también hacer que las reacciones se dieran de la manera que a mí me diera la gana y no como son, según la naturaleza de las cosas, eso que llaman “leyes”. O, también, como si, porque podemos comer pollo, entonces pudiéramos también cortarnos el brazo para calmar el hambre o porque nos parece que, como el sofá se ve mejor de ladito, el cuerpo se ve mejor siendo asimétrico: qué loco, ¿no?, qué argumento tan bárbaro, una especie de justificación inepta de la voluntad de poder: como puedo manipular, toda manipulación me es lícita…

C – ¡Bien dicho, Macrobio! Pero, entonces, ¿cuál es el problema?

M – El problema es que, destruir sus “justificaciones” no equivale a mostrar que la homosexualidad es mala, decir eso es un ad hominem, por más que ellos, todos y los más inteligentes de entre ellos y de entre los que los favorecen tengan mucho tiempo y hayan dedicado mucho esfuerzo al asunto, eso no quiere decir que se hayan dicho todos los argumentos posibles. La cosa es demostrar que la cosa es mala, no que el que la hace no la sabe justificar.

C – ¡¡¡Compañero y amigo, perdóname y una loa para ti!!! ¡Qué bárbaro, me siento un enano: venir a insultar a uno que es mejor que yo! Me merezco que me pongas una penitencia, man.

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Sobre los jerarcas misericordinos, la homosexualidad y las consecuencias del desorden

Mirada a 12 estudios que muestran el nivel del desastre

Cardenal Oscar Andrés Rodriguez-Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, jefe del consejo de los 8 cardenales para gobernar la Iglesia universal, mano derecha de Francisco, Papa, presidente de Caritas Internationalis, uno de los mayores promotores de la homosexualidad en el mundo de hoy, revolucionario bravo

Cardenal Oscar Andrés Rodriguez-Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, jefe del consejo de los 8 cardenales para gobernar la Iglesia universal, mano derecha de Francisco, Papa, presidente de Caritas Internationalis, uno de los mayores promotores de la homosexualidad en el mundo de hoy, revolucionario bravo

De acuerdo con el “combo-Francisco”, una serie de curas de alta jerarquía vaticana, cizaña sembrada por satanás en lo alto del Pueblo de Dios, de acuerdo con monseñor Bruno Forte, Antonio Spádaro, SJ (jefe de Civiltá Cattolica), Adolfo Nicolás, SJ (Prepósitio General de los jesuitas), y Lorenzo Baldisseri (Secretario General del Sínodo de los Obispos), según los cardenales Nichols, Maradiaga y Daneels, lo mismo que según Wuerl o Dolan, Marx o Schönborn, Kasper o Lehmann, ser misericordioso es decir que no hay pecado o no llamar pecado al pecado u olvidarse de todo esto, de la doctrina, que es de “ideólogos”, según el señor Francisco, Papa, o, también puede ser, de las Tradiciones, que, según el mismo Francisco, son de fariseos y pelagianos, hay que olvidarse de esto y, MISERICORDINAMENTE, hay que dar la comunión a los divorciados que viven con otras personas, a los arrejuntaos, a los homosexuales activos. Todos éstos deben ser recibidos en la Iglesia como si nada, deben recibir la Comunión, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, deben poder hacer todo lo que hacen todos los demás.

Vamos a estar claro: 1) aquí, por ahora, no voy a hacer una disquisición teológica sobre que quien come y bebe del Cuerpo y la Sangre, sin distinguirlos, come y bebe su propia condenación; no voy a traer una retahíla de padres de la Iglesia que hablan sobre el particular, no por ahora. 2) Debe quedar claro que nadie dice que haya que ir por la vida cazando, literalmente, a gente viviendo en relaciones irregulares: todos podemos tener gente querida en estas circunstancias, los queremos, rezamos por ellos, los aconsejamos, les hacemos sentir el amor de Dios que hay en nosotros. 3) Tiene que ser diáfano, además, que no es lo mismo, pongamos como ejemplo hipotético, mi hermana, que está “casada” por el civil, luego de divorciarse de mi cuñado, que un fulano que viva en relación homosexual pública con otro invertido: hay grados de mal y grados de escándalo: no es inmediatamente evidente a mis hijos que mi hermana ande con un segundo hombre, como lo sería que mi primo llegara a mi casa, como si nada, con un “marío” o una “tamara”, no es lo mismo. Porque, para colmo, mi hermana no anda depredando o buscando relaciones promiscuas con frecuencia frenética, como puede caber presumir de un homosexual, sin que eso los afecte a todos. En mi casa, una hermana que fuera así podría entrar, con la condición clara de que no anduviera denigrando de las doctrinas de la Iglesia, bajo ningún concepto. El familiar homosexual no podría entrar, salvo muy claras condiciones, que incluyen el total destierro de su “compañero”, el decoro, el cuidado de las maneras, del vocabulario y del discurso, así como la total exclusión de la posibilidad, siquiera remota, de que se quedara solo con mis hijos menores de 21 años, entre otras. 4) Y, lo más importante, debe quedar claro que esos curas no son misericordiosos, son revolucionarios; debe quedar claro que revolución es guerra, que los revolucionarios, en sus guerras, no toman prisioneros, son guerras de exterminio, en las que no puede quedar nada del enemigo y, lo que se les escape, debe quedar como renegado o esclavos parias. Si fueran católicos, serían misericordiosos de verdad; si fueran curas católicos, estarían formados y sabrían en qué consiste la misericordia de Dios; si fueran curas católicos misericordiosos, sabrían cuán misericordiosa es la doctrina de la Iglesia sobre los pecados dichos. Sabrían cuán importante es una sexualidad sana, que se da sólo en el compromiso sincero de amor para toda la vida, llamado MATRIMONIO; que eso es lo bueno para los cónyuges, para sus hijos, para la sociedad humana y para la Iglesia de Dios. Sabrían que promover otra cosa equivale a introducir severos daños para todo el mundo, como, por ejemplo, lo pueden atestiguar los millones de hijos con vidas destrozadas por la claudicación de sus padres; o los millones de destrozados por sus propias claudicaciones; o las sociedades vueltas un desastre por su permisividad con la claudicación, la irresponsabilidad, la inconstancia, la lujuria desatada; o como lo atestiguan las inmensas aberraciones que siguen a esa caída de la humanidad, que están a nuestra vista para que las veamos, sin ningún  problema: drogas, promiscuidad, homosexualidad, amenazas de bestialismo e incesto, depresión como mal endémico, graves desórdenes sociales, ruptura de los vínculos sociales y entre las generaciones, suicidio y pare usted de contar. ¿Qué misericordiosos ni qué misericordiosos? Tiranos totalitarios, revolucionarios gnósticos, cizaña en la Esposa y Cuerpo Místico, enemigos de Dios, gente a la que hay que combatir: eso es lo que son.

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