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El beisbol se coronó con la lengua de Cervantes

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo... Latino

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo… Latino

Se acercó en octubre el elegante John Lowe, con su sombrero y su corbata, a saludarnos en San Francisco, antes de que comenzara el primer juego de la Serie Mundial. Este colega, luego de sus afectuosas palabras, contaba que estaba aprendiendo español. “Es una necesidad ya a estas alturas”, nos contaba.
Muchos de los cronistas estadounidenses, poco a poco, se han dado cuenta de que los latinos, los hispanos, dominan el juego. Los oriundos del Caribe han llegado a los máximos niveles de rendimiento de tal manera que en este momento nadie puede negar que los mejores exponentes del bateo y pitcheo, muchos de ellos, comparten nuestra identidad. (más…)

Dominicana Vs. Puerto Rico

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo, ¿estará inspirado en la final?

Robinson Canó, segunda base de los Yanquis y emblema de República Dominicana, uno de los mejores del mundo, ¿estará inspirado en la final?

Hace dieciocho años, en una Semana Santa, fui a jugar fútbol en una casa de retiros del Opus Dei. Me invitó un amigo que estaba ahí, haciendo una convivencia. En esa actividad, participaban miembros de esa institución, claro, pero principalmente de Venezuela, aunque recibían como anfitriones a unos dominicanos y unos “puertorros”. Jugué y la pasé buenísimo, con amigos de la universidad y esa gente bullanguera: unida a los locales, el relajo estaba asegurado. Luego del juego, fuimos a merendar y un cura me preguntó si quería ir a misa. Le dije que por supuesto y asistí a un acto singular: era en una capillita donde sólo cabía el cura y un monaguillo, cuyas veces hice yo. Me sentí amado de Dios ese día. El cura era dominicano. Luego me fui a mi casa y dejé a todos esos numerarios en su actividad de Semana Mayor. Un poco más tarde, ese mismo año, fui invitado a Santo Domingo y llamé al padre Juan Carlos, mi compañero de aquella misa memorable. Me invitó a su casa, un centro del Opus Dei de esa ciudad. Casualmente, había otra convivencia y, de nuevo, dominicanos y puertorriqueños compartieron conmigo momentos muy agradables.

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