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Hans Kelsen, positivista: ser vs deber; voluntad de poder y derecho

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental, en el último siglo; . Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: todo es pura materia, no hay ninguna formalidad, ningún orden, vale tudo, como dicen los brasileños

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental, en el último siglo; . Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: todo es pura materia, no hay ninguna formalidad, ningún orden, vale tudo, como dicen los brasileños

El 22 de marzo de 2009, el Papa Benedicto XVI se dirigió al Bundestag, al parlamento federal alemán, el cuerpo legislativo nacional más poderoso de Europa. Era una ocasión muy especial, el Papa alemán, uno de los profesores universitarios más influyentes de ese país desde la postguerra, se dirigía al Parlamento de su tierra natal y amada. Era un paso crucial, si se tienen en cuenta la importancia de Alemania en la unidad de Europa, la trascendencia de Europa en el concierto internacional, en la geopolítica, y, en consecuencia, en las relaciones, incluso familiares, en todo el mundo. Si no me creen, vean lo que pasó en Nicaragua: en 2006, ese país, por unanimidad de la Asamblea Nacional, aprobó una Constitución que proscribía el nefando crimen del aborto; las presiones de Alemania, de Europa, por órgano de la Canciller alemana, Ángela Merkel fue aplastante[i]. En África, ha habido réplicas idénticas de la actuación alemana en Nicaragua: en materias de aborto, homosexualidad y otros asuntos de moral sexual (llamada hoy “salud reproductiva”: ‘salud’ en cuanto muerte e inmoralidad, ‘reproductiva’, entendida como ‘sexo’; entones: ‘muerte e inmoralidad sexual’). Aunque todavía está sobre la balanza el destino de las naciones africanas… teniendo en cuenta el carácter global de las sombras que se ciernen hoy sobre las personas y las familias, la debilidad material de las sociedades africanas, las divisiones tribales y los genocidios que han producido (resabios de la acción de los pseudo-ilustrados europeos, abuelos de estos posmo de ahora), la típica debilidad moral de los dirigentes que sienten la presión de los problemas sobre sus hombros, la susceptibilidad de manipulación que se da en circunstancias como éstas, la posibilidad cierta de manipulación de los modos de ascenso al poder de las personas en estas sociedades y, en fin, el poder material de europeos y gringos y sus aliados, no le auguro una larga resistencia a los pobres negritos queridos del África subsahariana. Más aún, tomando en cuenta la presión del Islam en zonas amplias de este subcontinente, la presión de las religiones animistas supersticiosas (madres de nuestras santerías, candomblé, vudú, umbanda, etc.), por una parte; y, por la otra, el hecho de que éste es el continente de la expansión más admirable de la Iglesia (se triplicaron los fieles en 30 años) y el continente de los obispos fieles, a los que detesta el masón-cardenal Kasper, las perspectivas se cierran más y más. Y, en la misma proporción, se ve la importancia de la Unión Europea y del Parlamento federal alemán. Se ve la importancia del discurso del Papa Benedicto, cuyo nombre “natural” era Joseph Ratzinger.

El centro del discurso tiene que ver con los ejemplos que puse. El Papa quería llamar la atención de la responsabilidad de los parlamentarios, de los legisladores, y su necesaria sujeción al bien según la verdad, al derecho natural, al orden de las cosas y al orden de las relaciones sociales, según su naturaleza, a la manera como lo captaron con tanta fuerza los juristas romanos, influidos fuertemente por Aristóteles (vid. Theodor Viehweg, Topik und Jurisprudenz; y Tomás de Aquino, Comentarios a la Ética a Nicómaco, libro V). Cuando presenta, en su discurso lleno de espíritu académico, el contrapunto, habla del positivismo jurídico y toma como su representante ejemplar a Hans Kelsen y la absurda separación entre el ser y el deber, sólo concebible en un radical nominalismo: como el que reina en el Occidente posmo. Vale la pena citar a Benedicto XVI, de manera completa, se verán la importancia de Kelsen y los términos esenciales del problema:

Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido por la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo a la razón y la naturaleza, en su mutua relación, como fuente jurídica válida para todos. Esta opción la había tomado ya san Pablo cuando, en su Carta a los Romanos, afirma: “Cuando los paganos, que no tienen ley [la Torá de Israel], cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos… son ley para sí mismos. Esos tales muestran que tienen escrita en su corazón las exigencias de la ley; contando con el testimonio de su conciencia…” (Rm 2,14s). Aquí aparecen los dos conceptos fundamentales de naturaleza y conciencia, en los que conciencia no es otra cosa que el ‘corazón dócil’ de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Si con esto, hasta la época de la Ilustración, de la Declaración de los Derechos humanos, después de la Segunda Guerra mundial, y hasta la formación de nuestra Ley Fundamental, la cuestión sobre los fundamentos de la legislación parecía clara, en el último medio siglo se produjo un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término”.

Hasta aquí, de una manera muy general, el Papa expone cómo fue que las ideas de los grandes clásicos griegos, juntamente con los estoicos y los neoplatónicos (en medida mucho menor) y los jurisconsultos romanos,  llegaron a informar al pensamiento cristiano y, así, se constituyeron en una parte esencial del espíritu de nuestra civilización occidental. A diferencia de casi toda otra religión en el mundo, el Cristianismo decidió irse, con San Pablo, San Juan, San Justino, San Ireneo, Clemente, Orígenes, San Ambrosio, San Agustín, tras una síntesis de lo mejor del pensamiento humano y de la Fe bíblica. Esto llegó a su apogeo, cuando, en el siglo XIII, luego de las traducciones impresionantes, en España y el sur de Italia, de los árabes, los griegos y de absolutamente todo el mundo, la gran creación de la humanidad, la gran creación institucional del brillantísimo Cristianismo (lo de “oscurantismo” es calumnia diabólica), la universidad, se lanzara a asimilar, analizar, poner en cuestión, incorporar, rechazar, tomar, superar, etc., toda la ciencia humana que se había acopiado hasta ese momento. Pero, entonces, con los siglos, se llegó a la crisis y la ruptura. De ella, habla el Papa:

Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista de naturaleza adoptada hoy casi generalmente. Si se considera la naturaleza – con palabras de Hans Kelsen – ‘un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos’, entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que tenga de algún modo carácter ético. Una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza de manera puramente funcional, como las ciencias naturales la entienden, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino dar nuevamente sólo respuestas funcionales. Pero lo mismo vale también para la razón en una visión positivista, que muchos consideran como la única visión científica. En ella, aquello que no es verificable o falsable [alusión bastante directa a Karl Popper] no entra en el ámbito de la razón en sentido estricto. Por eso, el ethos y la religión han de ser relegadas al ámbito de lo subjetivo y caen fuera del ámbito de la razón en el sentido estricto de la palabra. Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista – y éste es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública – las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que afecta a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella”.

A esa discusión es que pretendo aportar algo con este trabajo y dando a conocer el mismo a los lectores de mi blog y a mis compañeros abogados; en especial, a mis amigos queridos y compañeros de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas. Por eso, tomo como ejemplo de la influencia de Kelsen a su acción sobre el derecho venezolano, según la pude ver, estudiando derecho y filosofía en ese país y ejerciendo el derecho en mi patria amada, por 14 años… El caso dicho, puesto luego de esta presentación y del discurso de Benedicto XVI, evidentemente, puede servir como ilustración importante para cualquier régimen jurídico contemporáneo.

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Sexo, Catolicismo y modernidad

El sexo: algo sublime en el amor y la gracia de Dios, mancillado por el ateísmo revolucionario

De Luca Giordano: San Joaquín, Santa Ana y la Virgen [inmaculada]: modelo más grande de familia, en la que el sexo es expresión de pura santidad y belleza divina

De Luca Giordano: San Joaquín, Santa Ana y la Virgen [inmaculada]: modelo más grande de familia, en la que el sexo es expresión de pura santidad y belleza divina

“Quien, en el amor casto, ve la belleza y no piensa que la carne es bella, sino el espíritu, admirando, como juzgo, al cuerpo como una imagen, por cuya belleza se transporta a sí mismo al Artista y a la verdadera Belleza; exhibiendo el símbolo sagrado de la rectitud a los ángeles que esperan la ascensión; quiero decir, la unción de la aceptación, la cualidad de la disposición que reside en el alma que se alegra por la comunicación del Espíritu Santo” (Clemente de Alejandría, Stromata, IV,18). Esto es el sexo para un católico: una manifestación y una comunicación profunda de la persona, del espíritu, de la verdad del propio ser, de la Gracia misma de Dios, que nos comunica con su Espíritu. Es una manifestación sublime del amor, de la entrega mutua, una consecuencia, como dice Platón, en el Banquete, de esa “procreación en los cuerpos y en las almas”, que es el amor. Es una característica propiamente nuestra, propia del hombre, “única criatura en la Tierra a la que Dios ha amado por sí misma”, la cual “sólo puede encontrar su plenitud, en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, n. 24). El amor es fuerza de unión, de conservación, de entrega y recepción del don personal del otro; el sexo es su manifestación. Se da sanamente entre amantes verdaderos, entre gente dispuesta a darse totalmente. Entre gente que, como una característica esencial del hombre es la temporalidad, implica la entrega de todo el tiempo, hasta la muerte: “permítaseme que no admita impedimento al enlace de las almas fieles: no es amor el amor que al percibir un cambio cambia ni el que propende con el distanciado a distanciarse. Oh, no, el amor es un faro inmóvil, que contempla las tempestades y no se estremece nunca. El amor es la estrella para todo barco sin rumbo, cuya virtud se desconoce aunque se tome su altura. El amor no es juguete del tiempo, aunque lleguen al alcance de su corva guadaña los labios y las mejillas de rosa; el amor no se pasa con las horas y las semanas rápidas, sino que perdura, hasta el fin de los días. Si esto es error y puede probárseme, entonces yo no he escrito nunca ni hombre alguno ha amado jamás” (Shakespeare, Soneto CXVI). El sexo, manifestación del amor, se da plenamente en la entrega abierta a la vida y a la entrega del otro, excluyendo todo egoísmo buscador del propio placer, excluyendo el ser del otro. Como dice Víctor Frankl, los actos naturalmente establecidos para la entrega tienen que dirigirse a ella, de lo contrario, al ir cerrándose en el egoísmo, los caminos de la realización en la entrega van cerrándose, una vez cerrados, no hay quien vuelva a abrirlos. Por eso, Quien “revela el hombre al propio hombre”, Jesucristo, establece al matrimonio como sacramento, una vez que, en la creación, se establece como medio natural de realización, que es, de suyo, indisoluble (Mt. XIX,3-9; Mc. X,2-12). Y, así, el sexo pleno está en el matrimonio, el sexo que está ligado a la realización existencial, en santidad, de los cónyuges: así “el tálamo nupcial es un altar” (San Josemaría).

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Hitos y música de la revolución

De Cristo a Play Boy-Play Gay, de Beethoven a Daddy Yankee: el mundo anda en ¡¡¡puro progreso!!!

Daddy Yankee, modelo de juventudes y expresión musical de la revolución, del mundo del progreso, con grandes premios de enorme prestigio

Daddy Yankee, modelo de juventudes y expresión musical de la revolución, del mundo del progreso, con grandes premios de enorme prestigio

El arte es ascenso espiritual, meditación profunda, técnica de expresión de ésta última, espíritu del pueblo, centro de cohesión, formación cívica, explicación penetrante hasta el sentido trascedente de la vida, pionero de caminos de espiritualidad humana, forjador del espíritu patrio. No en balde sus temas son lo divino, lo humano y lo político, la misericordia de Dios, su triunfo, su favor a la comunidad, la belleza espiritual del ser humano, las virtudes cívicas, las grandes gestas de la patria, su orden y magnificencia.

Pero, por lo mismo, las crisis espirituales lo afectan del mismo modo que a la religión fundamental, bajo cuya égida se ha formado el pueblo soberano o, en un marco más amplio, la civilización. Por ello, en algún momento, se quiebra la unidad expresiva, así como los temas de inspiración; lo mismo sucede con la valoración de los asuntos. Infinidad de veces comienza a perder profundidad espiritual, que puede llegar a la más arrabalera chabacanería expresiva y de los temas, gana en patetismo y pierde en riqueza, dentro de las miles de formas que comienzan a pulular, que desmerecen severamente del esplendor pasado. Muy frecuentemente, en épocas de esplendor, el arte popular tiene gran valor y va a la saga del arte culto; al producirse la quiebra o la crisis espiritual, el populacho toma la delantera y los dirigentes tienden a imitarlo, quedando el pueblo sin guía, llegándose a una vulgaridad desprovista de respeto por lo valioso. Así, por ejemplo, en la época de las invasiones de los nórdicos, el arte románico está lleno de vida, de profundidad, de belleza, de ímpetu espiritual, de optimismo, a pesar de las circunstancias tan adversas, puestas, precisamente, por los invasores. Hoy en día, en la época del “progreso”, el arte deja mucho que desear. Vamos a echar un vistazo a la música.

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