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¿Destruir a la Iglesia por la modernidad? El sínodo contra la familia de Francisco

¿Pero qué ofrece ésta, si no totalitarismo y genocidio?

Una imagen que significa el momento presente: la jerarquía actual tratando de afiliar la Iglesia a la revolución modernista... en todas sus vertientes

Una imagen que significa el momento presente: la jerarquía actual tratando de afiliar la Iglesia a la revolución modernista… en todas sus vertientes

I.- La modernidad

El asunto se puede ver desde diversos puntos de vista, 1) desde una aséptica mirada a la historia del pensamiento, por ejemplo; 2) o desde la historia política de Occidente y su influencia planetaria; 3) o de su nefasta influencia en la religión. No importa desde dónde lo agarres, la modernidad, todas sus corrientes, sin excepción de una sola, está hecha de voluntad de poder gnóstica. Vamos verlo brevemente.

1) Descartes y su voluntad de dominio exacerbada, recogida en el Discurso del Método y en muchas de sus cartas, da la nota de la modernidad, una tradición que niega que lo sea, pero que lo es, efectivamente, que llega a su culmen cuando este pensador y, tras él, Kant, Condorcet, Hegel, Marx, Nietzsche decidieron que el hombre debía proclamar su propia apoteosis e instalar la religión de sí mismo, arrojando la verdad, el orden, a Dios, todo lo que suene a límite; en una palabra, cuando erigieron la religión del progreso. Eso, claro, viene del padre de todos, Guillermo de Ockham, para quien todo era un asunto de libertad como indeterminación absoluta y capacidad igualmente absoluta de la voluntad de autodeterminarse sin relación a nada fuera de sí ni a ninguna naturaleza o determinación esencial propia. Ahí, la moral es lo que diga el más fuerte, “dirigido” por una moral así. De Ockham a Hobbes, la diferencia es el tobogán que va de Dios-legislador al Leviatán; de Hobbes a Kant, el que va de Leviatán a la Voluntad humana; de ahí a Marx, el que va de una voluntad supuestamente racional al simple totalitarismo descarado ya…

2) En la historia política, la modernidad ha producido varios regímenes de gobierno, los más prominentes son el liberalismo, el comunismo y el nacional-socialismo. De éstos, el comunismo y el nacional-socialismo están justamente desprestigiados, con sus millones de muertos, fuera del vientre materno. El liberalismo, fuera de su asociación capitalista, goza de prestigio, incluso, entre algunos, en lo que a su aspecto económico se refiere. Bueno, que injusticia que, como forma de gobierno, este nefasto modo de tiranía y de hipocresía goce de buena salud hoy. La inspiración de la masacre de La Vendée, de las hambrunas de Irlanda, mediante las cuales el capitalismo británico acabó con millones de almas, en varias oportunidades, con la mayor crueldad, porque “el gobierno no debe intervenir”. Claro, no debe intervenir, debe erigirse en muro de contención, si se trata de favorecer a los plutócratas que controlan el gobierno de Inglaterra o los Estados Unidos, pero debe usarse como modo de abrir las barreras arancelarias de los países, a los que se los presiona hasta el cansancio para que permitan que las súper-empresas transnacionales puedan acabar con la industria nacional. O, si el caso fuera que un país con cierta capacidad de resistir, como China, la ejerciera, entonces vendrán, meterán opio de contrabando en el país y, cuando el gobierno trate de frenar la invasión maldita, vendrán los gobiernos, que no deben meterse nunca en economía, y harán las Guerras del Opio, para quebrar la resistencia. En la segunda Guerra Mundial, estas potencias buenas empujaron todo hasta la destrucción total de Japón y Alemania, para lograr la “rendición total”, que era el fin de los esfuerzos de guerra, según el pacto Churchill (buen muchacho él, santón del mundo contemporáneo) y Franklin Delano Roosevelt. Bombardearon ciudades alemanas y japonesas, destruyeron esos dos países hasta sus cimientos, lanzaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki, mataron millones de civiles y prepararon el ascenso de la Unión Soviética y la Guerra Fría. Antes, Churchill impuso políticas leoninas a la Alemania de la posguerra, entre el 18 y el 20, produciendo una hambruna que mandó al otro mundo a centenares de miles de almas. Y toda esta gente, unos y otros y todos asociados, levantan el actual monstruo chino y la maquinaria del filicidio (aborto) y el parricidio (eutanasia), que se ha llevado a casi dos mil millones de personas, sólo en los últimos 40 años. No se diga nada de las drogas, de la destrucción de la familia, la promoción de la aberración, de la chabacanería (por ejemplo: la “música” moderno-africanoide, en todas sus corrientes, la discoteca, los modos modernos de diversión, la entronización del dios diversión, etc.), pare de contar. Claro, todo estop se resume en una palabra, en el rasgo común en el que conectan todos estos modos de “organización” política: totalitarismo, fenómeno moderno por excelencia.

3) En cuanto a la corrupción de la religión, sólo consideren qué puede pasar a la religión del Crucificado, del máximamente humilde, puesta a ser “interpretada” bajo el prisma de estas rebeliones de la soberbia exacerbada. Esto va más allá de lo que vio el papa Pío X, no se obtiene de aquí, apenas, la “suma de todas las herejías”, eso será para algún tonto que crea que se puede ser moderno, estrictamente tal, y cristiano. Los hay, es verdad, y para ellos vale lo que dice el papa Sarto. En realidad, quien entiende bien esto lo que es es un cínico infiltrado, no un hereje, es un ateo que se metió donde podía destruir más, no uno con errores doctrinales. La cuadratura del círculo, la religión nihilista, historicista, sentimentalista y pare de contar, religión y mil cosas que la contradicen…

II.- El modernismo católico y el sínodo contra la familia de Kasper y Francisco

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