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Tag Archives: antonio guzman blanco

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La claudicación de la clase media

En un colegio católico, le dije a un muchacho: “canta el himno nacional”, y se lanzó: “ooh, say, can you see?”; le dije que cantara el Gloria al bravo pueblo y me respondió: “¡qué raya!”

Un veneinglés, un yuppi cualquiera, en la esquina de los bolsas sin valores, en El Rosal, 1992

Un veneinglés, un yuppi cualquiera, en El Rosal, 1992

Don Mario Briceño-Iragorry escribió La traición de los mejores, sobre las manipulaciones egoístas de los venezolanos con mayores dones de la Fortuna, de la oligarquía caraqueña y valenciana, que se arrimaron siempre al poder, que beneficiaron al tirano, al hombre fuerte que se asomaba en el horizonte, para moverlo hacia sus propios fines. Nuestro más grande intelectual del siglo XX (muy posiblemente, segundo sólo de Bello, en la totalidad de nuestra historia), nuestro más grande historiador, asegura que eso se manifestó desde los tiempos de Páez, hasta el día en que escribió tal obra, pasando por los intelectuales positivistas y los potentados de la primera parte del siglo XX, lisonjeros de Castro y Gómez. Hoy hay que dirigirse a otro fenómeno, uno de no menor importancia, sobre todo en la Venezuela petrolera, en la que se abrió una brecha inmensa para que millones alcanzaran en oportunidad de crecimiento personal a aquellos pseudo-aristócratas de antaño (aristos, significa ‘mejor’, en superlativo, y ésos no califican para el título). La claudicación de la clase media es un nuevo aspecto del drama nacional.

Wall Street, Gecko y Fox, ídolos de los veneingleses

Wall Street, Gecko y Fox, ídolos de los veneingleses

En otras ocasiones, he hablado de los otros dos rasgos más devastadores: la marginalidad cultural ilustrada (cáncer que invade, hoy por hoy, a todo el cuerpo social y que se erige como epidemia mundial) y, peor aún, la ceguera de los responsables frente a esta catástrofe humanitaria, vergüenzas para la especie humana.

La claudicación de la clase media. La misma, que yo sepa, ha tenido una violenta mutación; o, más bien, la cepa original ha crecido y tomado rasgos que no eran evidentes o necesarios en su etapa incipiente. En los años 70, con los orígenes de Fundayacucho, la claudicación era un asunto de talleres de orientación sobre vocación profesional. No hubo gente de clase media que tomara la senda de las carreras sacrificadas y que constituyen apostolados, religiosos o civiles. Los jóvenes de clase media, en la época de la hecatombe hippie, se mandaron más por el lado de la búsqueda del dinero fácil, de las carreras en las que “hubiere”, las que fueran puentes de fortuna. La deserción fue, a todo efecto relevante, total. Ya no hubo curas, militares, maestros, funcionarios públicos, jueces, provenientes de sus filas. Apenas los médicos, obligados por el “rural” de ley, ejercían un servicio “desinteresado” a su patria. Las consecuencias no son de menor alcance. Esos puestos quedaron desiertos, sólo los peores promedios del bachillerato terminaban, por ejemplo, en las aulas de las escuelas de educación; sólo gente (de valor, sin duda) procedente de estratos bajos, escapando de la marginalidad, llegaban a esas posiciones, muchas veces, provenientes de establecimientos educativos públicos, deficientes, que no tenían la calidad de los privados, en especial, de los mantenidos por órdenes religiosas. Quizás, la ola de modernismo en la Iglesia haya tenido alguna influencia, ya los curas no estaban transmitiendo el amor cristiano con vocación de servicio hasta el martirio, sino, tal vez, alguna versión de Freud, mezclado con Marx, Heidegger y algún hijo de Comte. Pero eso no puede ser todo, pues, en otros países, la Iglesia recibió los mismos embates y la gente no abandonó a su patria de manera tan cruel: los nuestros estaban ahí, sólo porque había oportunidades infinitas de hacerse millonario, sin muchos inconvenientes. De ahí a la corrupción, el paso era corto. Pero de eso se tiene que hablar más tarde.

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Mercado, propiedad y dinero, necesidades humanas naturales

La justicia, la libertad, el orden de lo humano, excluyen comunismo y capitalismo

Karl Marx, uno de los padres del ideologismo de hoy, padre del peor comunismo que ha visto la historia, rematado de materialismo radical y totalitarismo aplastante

Karl Marx, uno de los padres del ideologismo de hoy, padre del peor comunismo que ha visto la historia, rematado de materialismo radical y totalitarismo aplastante

Ayer (en el artículo La ética y el capitalismo desbocado) mostré que la ética y el capitalismo están fuertemente reñidos: el capitalismo es, simplemente, una máscara de nihilistas, avaros, que buscan el poder, amando el dinero, vale decir, OLIGARCAS. Hoy podemos hablar de cómo el comunismo es una fuerte negación de la naturaleza humana. Y nótese algo, que quede muy claro: no estoy diciendo “marxismo”, éste es sólo un tipo horrendo, aterrador de comunismo: yo estoy hablando de todo comunismo POLÍTICO (que nada tiene que ver con la comunidad profunda de todo tipo de bienes de los primeros fieles de la Iglesia, cuyas alma y corazón eran UNO), incluso del platónico, el del libro V de La República, al que pulveriza Aristóteles, en el libro II de La Política, aún cuando éste lo defiende Platón, en nombre no del gnosticismo usurpador de Dios, como el de Marx, sino de muy elevados principios de justicia, unidad de la comunidad política, desprendimiento humano, preocupación por el bien público y paz y amistad ciudadanas.

Platón (La República, libro II), muestra que una cierta precariedad, unida paradójicamente a una riqueza, del hombre, constituyen la necesidad del mismo de pertenecer, de vivir, en sociedades, ya que él no es capaz de resolver solo todos los problemas, incluso materiales, de su existencia, mientras que puede, en conjunción con otros, resolver unos pocos de muchas personas; de modo que todas ellas, reunidas, se hacen capaces de satisfacer todos los requerimientos de la vida. En ese mismo libro II de La República, el Ateniense muestra que, dada esa diversidad de producciones, se requiere de comerciantes y de un mercado, en el que todas ellas puedan ponerse a disposición de todos, ya que los que producen no pueden ser, a la misma vez, mercaderes. Aristóteles (Etica a NIcómaco, V) atribuye a estos intercambios la exigencia de dinero, como medio de intercambio, como medida de las cosas a intercambiar, de naturaleza tan disímil, que no pueden sino ser, de otro modo, inconmensurables: se vive en comunidad pues nos necesitamos unos a otros, por naturaleza, es decir, vivimos para el amor y la justicia, lo que se manifiesta, incluso, en nuestras necesidades corporales y, sin dinero, que posibilita el intercambio de los bienes, aún los espirituales, en algunos casos (como en el pago de la educación o de los libros o de la entrada para el museo o del cine o el teatro), no sería posible la participación de todos en todos los bienes, que es lo que mueve la sociedad, en primer lugar. Aquí se entra en el terreno de la justicia conmutativa.

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Rubén Blades: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al…”? (6): Venezuela y Hans Kelsen

Venezuela es la mezcla de maquiritares, timotocuicas, caracas, guaiqueríes, caribes, tamanacos, chacaos, goajiros y pare de contar, en guayuco, nada de estado nacional; pero también es la “república” ilustrada: con razón hay tanta gente tan confundida

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental y venezolano, en el último siglo; siguiéndolo a él, habría que decir que Venezuela fue constituida por Chávez. Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: la justicia no existe, la ley puede decir lo que sea y hay que obedecerla, punto...

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental y venezolano, en el último siglo; siguiéndolo a él, habría que decir que Venezuela fue constituida por Chávez. Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: la justicia no existe, la ley puede decir lo que sea y hay que obedecerla, punto…

El 22 de septiembre de 2011, Benedicto XVI dio un discurso ante el parlamento alemán. Se trataba de las relaciones entre ley y moral. El contrapunto elegido por el Papa no tenía nada de casual, se trataba del pensador más influyente en el derecho occidental en los últimos 100 años. De acuerdo con Kelsen, el hombre no es libre, está sometido a la causalidad física, que presenta cadenas infinitas; además, la ciencia del derecho se refiere al hombre como cosa susceptible de ser imputada “arbitrariamente” por alguna ley. Como la ley es producto de catos humanos, no es “arbitraria” en realidad, ya que no tenemos arbitrio, por supuesto, pues nuestros movimientos son productos de cadenas causales infinitas y yo no estoy escribiendo, sucede que hay un pedazo de materia que, por cadenas causales infinitas, está oprimiendo pedazos de otro trozo de materia, que, por una convención, que no deciden, sino que sucede, de la misma manera, a otros pocos de materia, llamamos computadora. La “convención” es llamada lingüística, por otra “convención”… y así al infinito… Claro, es muy científico decir todo esto, esto es ciencia, ciencia del derecho, además; como lo es que el hombre es un rematado egoísta y que debe dejar de ser interpretado como si fuera hombre, es decir, antropomórficamente. A esto se enfrentaba el Papa, éste es el pensador más influyente de los últimos 100 años… de revolución oscura, porque Kelsen, hermanitos, es pura revolución: Kant, Marx, Comte, Nietzsche están plenamente representados en su síntesis. Él es el pensador más influyente, sin duda alguna, en el derecho venezolano. Según él, la ley se debe cumplir, por una categoría kantiana, que es, vista en el espejo, la hipótesis básica de la ciencia del derecho y la piedra angular del sistema jurídico. Él tiene toda una explicación respecto el origen de las patrias, muy distinta de la que di en el artículo anterior. Hay que verla, porque, cuando un revolucionario habla de Amerindia, habla como los bobos, sin pensar en fundamentos y lo hace, para colmo y como vimos, de manera muy inciherente: nos constituimos en la independencia, nos constituimos en la prehistoria “indígena”, somos indios y “progresistas-pseudoilustrados”… y paremos de contar.

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