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Cuando ellas dejaron de querer just fun

El panorama de las relaciones hombre-mujer, a 5 décadas del triunfo revolucionario

La mujer con la jarra de alabastro, de Margaret Starbird, inspiradora del Código Da Vinci, un ícono del feminismo radical

La mujer con la jarra de alabastro, de Margaret Starbird, inspiradora del Código Da Vinci, un ícono del feminismo radical

En un país de Iberoamérica, hace 15 ó 20 años, el pobre muchacho tiene que ir la perorata. Tiene dos años de casado, una niña bella, de meses, y una esposa en la flor de la edad, aunque no en la flor del espíritu. “Yo no cargo carajitos, ¿qué crees tú, que yo voy a estar como las estúpidas ésas, como las que andan cocinando y dedicadas a su ‘casita’ como idiotas? Eso se lo dejas a tu mamá”. El muchacho, rápido y agudo, responde: “¿como la estúpida, pajúa, imbécil, idiota, tarada, retrasada, anormal de TU MAMÁ?”… “¿viste?, tú odias a mi mamá, eres una basura, como todos los hombres… es que no hay hombres… blablablá”. El muchacho vuelve: “no, hija, tú insultaste a mi mamá, yo no estoy insultando a la tuya, te estoy señalando la patraña de ceguera que estás repitiendo como lora, porque, sin darte cuenta, estás insultando a tu ídolo”… “¿viste?, tu odias a mi mamá, basura, inservible, anda a trabajá, a ve si haces algo”… “Yo trabajo y, además, me ocupo de los chiquitos, alguien lo tiene que hacer”… “ah, bueno, sí, a la miseria que ganas, le podemos agregar los 400 mil que nos ahorramos de sirvienta, gracias a ti”… El anterior cuento es repetición fiel de discusiones actuales, verdaderas, que tienen lugar, en la IN-cultura de la ideología del género, el feminismo, el comunismo, el cato-socialismo. Es la discusión de una niña de su casa, educada en un hogar católico; en un hogar de ésos, en los que los niños llegaron a la adolescencia por 1980, cuando la revolución sexual golpeaba con fuerza nuestro mundo, para que perdiéramos completamente la inocencia, para que los HOMBRES DEJARAN DE SER HOMBRES, LAS MUJERES DEJARAN DE SER MUJERES, EL AMOR PASARA A SER, A LO MARX, RELACIÓN DE PODER. Es la época en la que las señoras de su casa, especialmente las que no habían estudiado en la universidad, empezaron a sentir resentimiento contra los hombres, se empezaron a sentir inseguras con ellos, empezaron a querer dejarlos, pero a no hacerlo, por miedo, acrecentando el resentimiento. En un ambiente así, crecieron sus hijas; si el padre tuvo poca influencia en la casa, la madre fue el mundo de los niños y no sucedió, como en mi casa, donde mi papá era el “héroe absoluto”, que el papá tomó un lugar preeminente, por el curso normal de la naturaleza. 10 años más tarde, ya la revolución había triunfado y, ahora, ya no hay mujeres que estén en sus casas, prácticamente… y ay de las que están, son las “estúpidas” descritas antes: son de ésas de las que la gente, con desdén absoluto dice: “es floja, es estúpida, es sumisa, es sometida, es una medieval: NO TRABAJA”.

Norteamérica, 1995. Una reunión de feministas. la heroína seleccionada como oradora de turno: “Hermanas, me siento muy bien, hoy cumplo 20 años de mi primer aborto, afirmé mi libertad, en un mes estaré cumpliendo 15 de mi primera masturbación y 13 desde que salí del closet: la independencia está cerca, el falo ya no significará nada para nosotros, sólo una manguera de material biológico para producir a nuestros hijos del mañana… EL MAÑANA, EL MAÑANA, VIENE LA HORA FELIZ DE LA SOCIEDAD AMAZÓNICA, EL ESTADO FEMINISTA DE DERECHO, ESTÁ A LA MANO, YA SOMOS MÁS EN LA FUERZA LABORAL, YA LLENAMOS LAS JUNTAS DIRECTIVAS, HASTA DE LAS ASOCIACIONES DE MONJAS CATÓLICAS, YA NUESTRAS IDEAS IMPREGNAN EL MUNDO ENTERO, VIETNAM ACABA DE CAER, NO HAY QUIEN NOS PARE. El único obstáculo son las falsas feministas, las que ponen a la mujer como carne para la masturbación masculina, pero ellas nos sirven también: se hacen estúpidos los enemigos y caen en la cultura de la violación, desprestigiando aún más a la alicaída especie masculina…”.

Norteamérica, 1994. Una muchacha lleva un enorme contrabajo por la inclinada Charles Street de Baltimore. Un muchacho le ofrece ayuda, se negó; lo mismo sucedió al día siguiente, casualidades de la vida; y se repitió al tercer día… Sólo lo salvó un tendero que vio la cosa: la buena muchacha había decidido llamar a la policía: el tipo había incurrido en el delito de acoso sexual o, al menos, así lo creía ella… En realidad, era un pobre polaco católico, que, acabando de salir de la cortina de hierro, no tenía idea de estas derivas IN-culturales extrañas. “O sea que puedo ayudar a un viejito, a un físicoculturista, a un niño, pero no a una mujer, la caballerosidad es delito en América“, pensó.

Iberoamérica, 2005. La muchacha deja al marido, por feo, por inútil, por fracasado, porque ronca, porque sufre de migrañas, porque “ya no es el mismo”, porque le dan malos humores, porque “el amor acaba”… Y SE VA CON SU MAMAÍTA, QUE SÍ ES UN ÁNGEL.

Cualquier lugar del mundo, cualquier momento de los últimos 25 años. La muchacha deja al muchacho… ES QUE EL PANADERO ESTABA MÁS BUENO… ¿O ERA QUE TENÍA MÁS PLATA?… O ERA QUE… LO QUE SEA… Lo que dijo la Chilindrina, en 1978: “si una mujer te dice que te cases con ella, te amuelas“, obedeces sin chistar, sin mohínes, sin majaderías…

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Ése es, más o menos, el cuadro del feminismo contemporáneo, incluido el llamado “feminismo de cuarta generación”, el último grito, ya no tan nuevo: la libertad de la mujer, la que buscaban las grandes, desde Godwin hasta la Sanger, pasando por la Kollontai y todas las demás, es la libertad del falo y la del estado feminista de derecho… Es la Woman with the Alabaster JarLa mujer con la jarra de alabastro, inspiradora del Código Da Vinci: es Margaret Starbird y sus fantasías locas sobre María Magdalena, su relación con un Jesús pagano, new age, de hecho, gnóstico, propugnando una vuelta al estado de inocencia, al de las diosas femeninas, en un mundo idílico matriarcal, luego del pecado de la caída en el patriarcalismo, con sus guerras y desequilibrios…

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En verdad, uno ve el cuadro y ve la inconsciencia de nuestra gente frente al tamaño del mal, aunque últimamente se ha ido develando su fea cara: ya como que estamos maduros para que los ideólogos salgan de sus círculos esotéricos y revelen la verdad al público en general, eso que llaman salir del closet. Es lo que hizo el cura irlandés el otro día, en plena misa, dijo que era invertido, que había que apoyar el cambio de la ley en ese país; es lo que mostró la gente que lo oía, la que lo ovacionó (vid.: http://www.irishcentral.com/news/politics/Dublin-priest-says-he-is-gay-during-Mass–receives-standing-ovation.html). Muy bien, la cara ha salido, pero vamos a retomar la cosa, en el nivel de inconsciencia de nuestra generación, la de los que tenemos 45; y que los de 20 nos digan si ellos sabían, en general, más… Así, uno ve la inconsciencia de nuestras mujeres, primas, amigas, esposas, hermanas, repitiendo slogans feministas, de nuestras mamás, de las mamás de nuestros amigos, de nuestras tías; uno la contrasta con la maldad de Freud, misógino radical (recuérdese, nada más, el complejo de castración…), inspirador de las feministas y de la revolución sexual toda, para quien el “amor” es “identificación”, como para un cristiano, sólo que con la diferencia de que, para él, eso significa, no un movimiento extático-celestial, sino una especie de aspiradora radical demoníaca, en la que el yo se apropia de toda la realidad, pues sólo vive para el autoerotismo y el narcisismo absolutos. Uno ve eso; uno las ve repitiendo partes de discursos que continúan con la independencia fálica, asumiendo toda esa maldad, esa depravación. Uno ve cómo se corrompieron millones de hogares cristianos, de seminarios, de vocaciones, en nombre de esta gente, de estos mequetrefes, inferiores, pobres carajos, medios hombres, cuarto de mujeres. Uno ve todo esto y el dolor es inmenso. Es, de verdad, indescriptible. A mí me abruma, puede más que yo. Tengo que pedir fuerzas al Cielo para poder sobrellevarlo: Y QUE VALGA MI CONFESIÓN…

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Sólo es química y física, uo-oh, de tu cuerpo y mi cuerpo… y una técnica para convertirse en La Cantante, Orgasmopermanente

¿Qué nos queda? Que la estupidez, hoy por hoy, es mundial y se llama, también, ‘ciencia’…

Hablan los científicos

Helen Fisher, cuando dice que ama su trabajo con pasión, quiere decir que, al pensar en la oxitocina, segrega grandes cantidades de oxitocina

Helen Fisher, la más importante científico del amor, cuando dice que ama su trabajo con pasión, quiere decir que, al pensar en la oxitocina, segrega grandes cantidades de oxitocina

Cindy Hazan es una gran científico, con fama mundial en su área de trabajo, las relaciones hombre-mujer, macho-hembra, será mejor decir. Aunque trabaja en Cornell, en la universidad de esa ciudad del estado de Nueva York, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, podemos ver a gente hablando de ella en Chile o Venezuela y aparece en artículos de wikipedia en una cantidad de idiomas, empezando, claro, por el inglés y el castellano. Cindy, gran maestra de progreso, ciencia, modernidad, nos da una de las claves del universo: “El amor posee un tiempo de vida lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño. En términos de la evolución, no necesitamos de corazones palpitantes y sudor frío en las manos” (citada por: Efraín Castillo, La química acaba, ¿Y EL AMOR?, publicado en: http://www.eluniversal.com/estampas/anteriores/080209/tendencia). Por supuesto, se trata del ‘amor’ como hormona-neurotransmisor-impulso eléctrico cerebral, de eso es de lo que habla nuestra amiga y maestra… respecto de la cual, recomendamos, “no estén queriendo casarse con ella, muchachos, no anda para compromisos”. Según ella, el hombre es una “máquina de amor”, “que no tiene otro objetivo primario que el de la procreación para preservar la especie” (ibíd.).

Helen Fisher, quien, según en.wiki, es la principal investigadora biológica del amor y la atracción humana, asegura que eso (la atracción física del enamoramiento y su base hormonal) es amor, aunque no el único tipo de amor, que el mismo tiene etapas, que, luego de la atracción vehemente de la primera etapa del romance, puede venir la etapa del afecto. La autora de “Anatomy of Love, le da dos años [al “amor” como efervescencia hormonal]. ‘Dos, tal vez tres. Durante esta etapa, que yo llamo estar locamente enamorado, usted experimenta un aumento de los niveles de norepinefrina y dopamina en el cerebro, al igual que testosterona, dado que se presenta también un enorme deseo sexual’, dice. ‘Cuando pasa a la fase del afecto, donde tiene un incremento de vasopresina y oxitocina, las otras hormonas regresan a su normalidad. La mayoría de las parejas en esta etapa tienen menos sexo que aquellas en la etapa del enamoramiento’. La frase “adicto al amor” se aplica a las mujeres y los hombres que desean ardientemente la excitación (y el sexo) del enamoramiento, y van flotando de un romance intenso al siguiente, dejando tras de sí una cantidad de personas que buscaban una relación duradera, con el corazón roto”. Como tiene un tiempo de caducidad tan corto, por eso somos fieles, al parecer: “esa cumbre de químicos corporales disminuye a medida que pasa el tiempo, probablemente porque el cerebro produce menos sustancias o porque los receptores del organismo se adormecen. El amor se deteriora y evoluciona, y este avance es lo que nos permite establecer distinciones entre varias parejas potenciales o conservar la energía del apareamiento y enfocarla sólo en una pareja” (La química acaba, ¿Y EL AMOR?, cit.). También por eso, esta heroína de la humanidad tiene recetas y técnicas para prolongar el enamoramiento, dar celos, hacerse el duro, viajar, pelear, cosas así, para que la gratificación de la pasión se sostenga, para que el cerebro permanezca activo.

Empero, la fidelidad como que viene de otra fuente, según grandes científicos alemanes, avalados por la Academia de las ciencias estadounidense. Sí, científicos de la universidad de Bonn lo han descubierto: como producimos una hormona llamada oxitocina, conocida “popularmente” como la “hormona del amor” que nos hace atractiva nuestra jeva, nuestra cuaima, la mujer, el pellejo, el cuero, la mina, la costilla, entonces no le montamos cachos, cuernos (Una hormona del cuerpo está relacionada con la fidelidad masculina, en: http://www.eluniversal.com/vida/131125/una-hormona-del-cuerpo-esta-relacionada-con-la-fidelidad-masculina). Hermoso. Hay, entonces, un gran científico mejicano, de la UNAM, que quiere producir el elixir del amor, que por tanto tiempo buscó la humanidad y que ayudaría a prolongar los matrimonios, vendría, eso sí, en spray (Científicos están cerca de desarrollar elixir del amor, en: http://www.eluniversal.com/2007/07/26/ccs_art_cientificos-estan-ce_376494).

Es más, médicos israelitas y holandeses, de las universidades de Negev y Ámsterdam, dirigidos por el doctor Shaul Shalvi, publicados por periódicos españoles, por el ABC, muestran que el interés por el bien común es un asunto de esa hormona oxitocina (Las mentiras de la «hormona del amor», en: http://www.abc.es/ciencia/20140407/abci-mentiras-hormona-amor-201404071157.html).

¿Qué nos queda? Que la estupidez, hoy por hoy, es mundial y se llama, también, ‘ciencia’…

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El Príncipe domesticado

Iba buscando a un hombre y, de un Zorro, aprendió la medida de todas las cosas

Antoine de Saint Exupery y El Principito: ellos dos nos domesticaron, nos mostraron nuestro valor y el sentido de la existencia

Antoine de Saint Exupery y El Principito: ellos dos nos domesticaron, nos mostraron nuestro valor y el sentido de la existencia

Una mañana, luego de que el Principito hiciera todas sus labores, de que deshollinara los volcanes de su planeta, de que limpiara la superficie, no fuera que un baobab creciera y destruyera al pequeño astro, como aquellas raposas que hay que cazar, no sea que destruyan la viña (Cantar de los cantares, 2,15), después de todo eso, fue a hablar con su rosa. Ella era orgullosa y gustaba de humillar al muchacho… lo hirió y él prefirió irse, desgarrándose de dolor.

Recorrió varios planetas: el del contador, metido en los números y el dinero; el del geógrafo, buscando siempre un explorador que le contara de las formaciones y el relieve, pero que nunca vio nada de aquello sobre lo que escribía; el del Rey, que, por sobre todo, quería súbditos; el del farolero, en aquel planeta en  que el día y la noche duraban minutos, apaga-prende, apaga-prende: algo útil, pero un sinsentido… Ésa era la vida de todos estos personajes, con posiciones y ocupaciones, soplos de viento, naderías. Pero la peor era la del borracho: “- ¿para qué bebes?; – para olvidar; – ¿para olvidar qué?; – la vergüenza; -¿vergüenza de qué?; – de que bebo…”. La vida en un círculo, en un círculo vicioso…

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Sexo, Catolicismo y modernidad

El sexo: algo sublime en el amor y la gracia de Dios, mancillado por el ateísmo revolucionario

De Luca Giordano: San Joaquín, Santa Ana y la Virgen [inmaculada]: modelo más grande de familia, en la que el sexo es expresión de pura santidad y belleza divina

De Luca Giordano: San Joaquín, Santa Ana y la Virgen [inmaculada]: modelo más grande de familia, en la que el sexo es expresión de pura santidad y belleza divina

“Quien, en el amor casto, ve la belleza y no piensa que la carne es bella, sino el espíritu, admirando, como juzgo, al cuerpo como una imagen, por cuya belleza se transporta a sí mismo al Artista y a la verdadera Belleza; exhibiendo el símbolo sagrado de la rectitud a los ángeles que esperan la ascensión; quiero decir, la unción de la aceptación, la cualidad de la disposición que reside en el alma que se alegra por la comunicación del Espíritu Santo” (Clemente de Alejandría, Stromata, IV,18). Esto es el sexo para un católico: una manifestación y una comunicación profunda de la persona, del espíritu, de la verdad del propio ser, de la Gracia misma de Dios, que nos comunica con su Espíritu. Es una manifestación sublime del amor, de la entrega mutua, una consecuencia, como dice Platón, en el Banquete, de esa “procreación en los cuerpos y en las almas”, que es el amor. Es una característica propiamente nuestra, propia del hombre, “única criatura en la Tierra a la que Dios ha amado por sí misma”, la cual “sólo puede encontrar su plenitud, en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, n. 24). El amor es fuerza de unión, de conservación, de entrega y recepción del don personal del otro; el sexo es su manifestación. Se da sanamente entre amantes verdaderos, entre gente dispuesta a darse totalmente. Entre gente que, como una característica esencial del hombre es la temporalidad, implica la entrega de todo el tiempo, hasta la muerte: “permítaseme que no admita impedimento al enlace de las almas fieles: no es amor el amor que al percibir un cambio cambia ni el que propende con el distanciado a distanciarse. Oh, no, el amor es un faro inmóvil, que contempla las tempestades y no se estremece nunca. El amor es la estrella para todo barco sin rumbo, cuya virtud se desconoce aunque se tome su altura. El amor no es juguete del tiempo, aunque lleguen al alcance de su corva guadaña los labios y las mejillas de rosa; el amor no se pasa con las horas y las semanas rápidas, sino que perdura, hasta el fin de los días. Si esto es error y puede probárseme, entonces yo no he escrito nunca ni hombre alguno ha amado jamás” (Shakespeare, Soneto CXVI). El sexo, manifestación del amor, se da plenamente en la entrega abierta a la vida y a la entrega del otro, excluyendo todo egoísmo buscador del propio placer, excluyendo el ser del otro. Como dice Víctor Frankl, los actos naturalmente establecidos para la entrega tienen que dirigirse a ella, de lo contrario, al ir cerrándose en el egoísmo, los caminos de la realización en la entrega van cerrándose, una vez cerrados, no hay quien vuelva a abrirlos. Por eso, Quien “revela el hombre al propio hombre”, Jesucristo, establece al matrimonio como sacramento, una vez que, en la creación, se establece como medio natural de realización, que es, de suyo, indisoluble (Mt. XIX,3-9; Mc. X,2-12). Y, así, el sexo pleno está en el matrimonio, el sexo que está ligado a la realización existencial, en santidad, de los cónyuges: así “el tálamo nupcial es un altar” (San Josemaría).

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El Amor: una apertura saciada en el Infinito y nada más

Serie sobre el amor en José Luis Perales, 3

El Cántico Espiritual de San Juan de La Cruz, obra sobre el amor infinito, inspira a Dalí, que nos da esta representación de un infinito de amor inenarrable. Perales, otro español, va por estos caminos

El Cántico Espiritual de San Juan de La Cruz, obra sobre el amor infinito, inspira a Dalí, que nos da esta representación de un infinito de amor inenarrable. Perales, otro español, va por estos caminos

Uno puede imaginar, ya que no “todavía” vivir, un amor en la plenitud de la virtud, un amor completamente puro, “sin mancha ni arruga” (Efesios 5,22), un amor sin sombras de duda, de corrupción, de mudanzas del ánimo, de debilidad, de estar sujeto a “los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne”, como dice Hamlet. Uno puede imaginar un amor de intensidad máxima, sin miedo a que el cuerpo se rompa, sin miedo a no ser correspondido en la misma intensidad o sin considerar, siquiera, que eso sea un problema, un amor de perfecta humildad y generosidad. Un amor de un Bien que satisfaga completamente todas las ansias y para siempre, un amor que cumpla la promesa del amor personal: “te amo para siempre”; un amor que no pueda no cumplirla. Uno imagina o puede imaginar una entrega mutua tan espectacular que, afirmando el ser de cada amante, queden los dos fundidos en una unidad espiritual indescriptible. Uno puede imaginar… leyendo a Santa Teresa, sus Moradas, esos éxtasis en los que Jesús se dignó a entregarse a esta criatura… y la dejó tan sublime; se pueden imaginar sus “flechazos” en su alma, harían que Lewis viera que en esta vida, aunque halles a Cristo, le creas y lo ames y le des tu vida, siempre puedes sentir lo que él llamó la “alegría”: el vislumbre y el deseo del infinito, cuando no lo conoces. Siempre la podemos sentir, ahí están los flechazos de Santa Teresa, ahí están la santa castellana y su amigo Juan de la Cruz: muriendo porque no mueren, porque a tanta dicha esperan, porque viven si vivir en sí.

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