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La herencia del oscurantismo (II)

La Luz del mundo, Cristo, brilló con potencia; pero las oscuridades, entre otros, los modernos, no la recibieron

El universo visible: una parte del "territorio" del Reino de Cristo

El universo visible: una parte del “territorio” del Reino de Cristo

En el artículo pasado vimos los aportes de las grandes sociedades a las que la nuestra les debe tanto. Ahora toca ver cómo Occidente tomó eso y lo aprovecho. Cuando hablamos de Grecia, Roma y el antiguo Israel, hablamos de las sociedades, hasta entonces, más luminosas de la historia…

…Pero el Cristianismo coge todo eso y lo mejor de todo eso y lo sintetiza en un todo coherente que, para colmo, supera todo lo anterior. A) Fustel de Coulanges muestra que una sociedad, en toda la historia, tiene como elementos fundamentales sus creencias religiosas, de modo que la familia admitía en el hogar sólo a los miembros iniciados o sujetos a la divinidad por nacimiento; y sociedades más amplias requerían de divinidades que abarcaran ámbitos superiores de humanidad como las tribus o las ciudades. Así, la única vez y el único sitio en que la humanidad ha sido abarcada toda en una doctrina de hermandad universal se dio con el surgimiento de la primera y única religión universal, que ha venido a mostrar de manera diáfana, como nunca antes, la unidad de la humanidad: el Cristianismo, (cfr. Jn. X y Mt. XXVIII, entre infinitos lugares), religión bajo cuya égida nace Occidente. B) También y en la misma línea, San Agustín, en la Ciudad de Dios, muestra que esta Ciudad no pertenece a ninguna agrupación humana particular, asegurando así la plena comprensión de la no pertenencia de la religión al estado [ni siquiera a la civilización, ni siquiera a Occidente] y la distinción neta y tajante de las esferas gubernativas y religiosa, como nunca antes en la humanidad, en la línea de Cristo mismo: “mi Reino no es de este mundo” y “no tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no se te hubiera dado de lo alto”, lo mismo que a la emboscada del Sanedrín: “dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (cfr. Jn., XVII,36, XIX,11, y Mt., XXII,21, respectivamente).

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La herencia del oscurantismo (I)

Como dice Oewell, quien controla el presente controla el pasado, quien controla el pasado controla el futuro

Monjes de órdenes de los siglos XII y XIII: símbolos de oscurantismo puro

Monjes de órdenes de los siglos XII y XIII: símbolos de oscurantismo puro

Si bien todas las civilizaciones están en un mismo nivel, en cuanto a lo que aportan a la humanidad, en cuanto a su capacidad para poner condiciones para el despliegue de lo humano, la sociedad occidental, en su etapa cristiana, es, indudablemente, la sociedad más oscurantista de la historia. En Grecia, se encontraron muchos puntos centrales que ponen a esa civilización, la helénica, en un lugar muy especial. En Roma, se desarrolló el derecho, el espíritu cívico y la conciencia de una sola humanidad, como en ninguna otra parte. En el antiguo Israel, se defendieron puntos de moral, de dignidad y de teología de enorme trascendencia. Pero sólo Occidente, el verdadero, el original, el cristiano, reúne lo aportado por griegos, romanos y  e israelitas supera en una síntesis admirable sus aportaciones. No es que las otras sociedades no tengan sus particularidades capaces de enseñarnos cosas relevantes; no es que haya existido una sociedad humana perfecta absolutamente, pues nada humano lo es. Pero el Occidente cristiano, con sus limitaciones y sus sombras, es un faro enorme de luz.

Eric Voegelin da la clave para saber qué hace luminosa u oscura, más luminosa o más oscura a una sociedad. Hoy en día se dice que se trata de renegar de Dios y de que el hombre tenga dignidad y alma; pero puede que, desde la perspectiva que responda a la realidad, esos “criterios” de esta del Occidente, la progresista, la de la religión del progreso, sean la que terminen por condenarla: en el juicio de la historia… así como a los dolores más espectaculares, bajo los totalitarismos y las guerras, verdaderas o ficticias, a lo Orwell, entre ellos. No se hacen sociedades humanas por los niveles de producción ni con electricidad ni con aparatos electrónicos. Herramientas muy buenas no dan un fin elevado. Eso, sinceramente, da vergüenza y lástima. La elevación de la sociedad procede de una espiritualidad superior. Una sociedad bárbara es una en la que las relaciones se conciben como de sangre y el poder como propiedad familiar. La civilización VE las relaciones cívicas y el poder como un servicio al bien común, un mandato público, del todo social en cuanto tal. La altura social supone una concepción elevada del hombre y de su valor y una distinción neta entre los aspectos de lo humano: lo gubernativo, lo religioso y lo sapiencial, en primer lugar. Una sociedad que cree que el hombre no es más que un poco de plstilina, que se puede moldear como se quiera, como quieran quienes puedan, los poderosos; que ellos pueden asesinar y desterrar y atropellar a la religión y a la sabiduría, es una sociedad de lo último. Un totalitarismo es uno que no reconoce esas distinciones. El Occidente del progreso, el revolucionado, el que se define por la revolución, éste, es una pobre sociedad, si se puede llamar así, a este mundo de drogas y de Play Boy y de play station.

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La verdadera ciencia es de la esencia

El alma y la ciencia (2)

Einstein: sin inteligibilidad, sin el orden y armonía del mundo, no hay ciencia.

Einstein: sin inteligibilidad, sin el orden y armonía del mundo, no hay ciencia.

Lo primero que hay que aclarar, obviamente, es qué significa la palabra ‘ciencia’. Puede significar varios sentidos relacionados, pero, en este contexto, se trata de un cierto estudio racional y metódico. Se trata de un estudio de fenómenos, de hechos percibidos, de sus causas. Más precisamente, se trata del estudio de un ámbito de fenómenos o de fenómenos relacionados por pertenecer a un mismo estrato de la realidad; y desde una cierta perspectiva. Así, un físico ve una cosa que se mueve de un sitio a otro o que cambia de temperatura y quiere saber la causa de esos cambios, en ese ámbito; un biólogo ve que lo que se traslada y cambia de temperatura es tal animal y busca describir e investigar las causas desde una perspectiva muy diferente, en la que el cambio no es un mero “movimiento”, sino una operación de un ser vivo. Esas causas pueden ser de varios tipos, entonces, porque la física parece quedarse con las mecánicas, eficientes y materiales; mientras que la biología tiene en cuenta una cualidad central, una formalidad: la vida. Pero esto es engañoso, la física también busca cualidades, formalidades: fuerzas, energías, trabajo, temperaturas, etc. Así, cada ciencia tiene un objeto bien definido y una perspectiva desde la que lo mira, su punto de vista, y aún, dado el objeto y el punto de vista, tiene una manera de enfrentarlo, un método, que tiene que ser adecuado a lo que se va a estudiar, debe haber proporción, nadie puede pretender que el modo de proceder de la matemática sea el mismo del de la física, el de la química o el de la geología.

Ahora bien, hay un concepto al que el mundo de la revolución, representado aquí por el cientificismo, le tiene alergia: los fines. La ciencia tiene fines y para ella es esencial que en la naturaleza haya un orden finalístico, teleológico. La ciencia, de suyo, lo que busca es conocer la realidad; posteriormente y con dependencia más o menos intensa de lo que se conoce, se puede producir tecnología, pero la ciencia es distinta de la técnica. La ciencia, entonces, supone que el mundo es ordenado y objeto de captación intelectual, o sea, inteligible: “con la ayuda de las teorías físicas tratamos de encontrar el camino de los hechos observados; ordenar y entender el mundo de nuestras sensaciones. Desearíamos que los hechos observados resultaran consecuencia lógica de nuestro concepto de realidad. Sin la creencia de que es posible asir la realidad con nuestras construcciones teóricas, sin la creencia en la armonía interior de nuestro mundo, no podría existir la ciencia” (Einstein e Infeld, La evolución de la física).

Ahora, si una ciencia se define por el objeto, el punto de vista desde el que lo mira y el método; y si, como actividad racional, parte de unos principios conocidos, que apoyan la actividad pero no se apoyan en ella, entonces la ciencia tiene unos fundamentos, unas determinaciones, que son su base ineludible, pues, si estas cosas no están determinadas, la ciencia no puede existir. Así, sin estas determinaciones, no hay ciencia, por lo que, para que la misma no sea un castillo en el aire, estos puntos tienen que ser hallados por la inteligencia y de manera verdadera.

Pero hay más todavía. Es algo tan claro, tan casi infantil, que se suele pasar por alto. No hay ciencia en cualquier sociedad; la ciencia

Voegelin: si se abandonan los hallazgos del Cristianismo y los clásicos griegos, si se abandona la sabiduría que afirma al alma como sensorio de trascendencia, el hombre sólo puede caer en graves desórdenes y la ciencia caerá

Voegelin: si se abandonan los hallazgos del Cristianismo y los clásicos griegos, si se abandona la sabiduría que afirma al alma como sensorio de trascendencia, el hombre sólo puede caer en graves desórdenes y la ciencia caerá

sólo se ha dado en algunas comunidades humanas. En Grecia, en Occidente, en una etapa de la vida del Islam, paradigmáticamente. Occidente puso sus bases, las bases de su expansión espiritual, por ser religión del Logos y puesto que, como dice Voegelin (The New Science of Politics), incorporó los avances de humanidad de los clásicos que, poniendo al alma por sobre todo lo material y como sensorio de orden y trascendencia, y con el rigor racional en todas las áreas, desde las universidades autónomas, de Paris, Oxford, Padua, etc. Así, el Occidente cristiano preparó avances teóricos y prácticos sin precedentes. Lo que hoy en día está en grave peligro de desaparición, por haber abandonado el hombre occidental sus visiones de trascendencia, libertad y superioridad sobre lo meramente material: cuando un cientificista, constructivista, deconstructivista, marxista, nihilista, existencialista, evolucionista, de hoy dice que el hombre no es más que materia, que no hay verdad, que todo es irracional, que somos producto de acomodaciones azarosas, que no hay orden alguno y no tenemos realmente capacidad para conocer nada, no solamente está preparando el camino de la tiranía, está preparando formas de sujeción espantosas y el fin de la ciencia.

El alma la conocemos desde ese sensorio de trascendencia que es ella misma, en esa actividad intelectiva, que fundamenta a la propia ciencia. Esto es uno de los grandes pilares de la esencia. Uno de los puntos en que nos sentimos más legitimados para dar la gran lucha, la lucha contra la revolución. Lucha que continuaremos en el próximo de esta serie…