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El suicidio hispanoamericano

Aceptamos “comunistismos”*, aunque rechacemos el “populismo”, siempre que vengan del “primer mundo”

Hay que apreciar a Obama, ha logrado que la subversión típica de su revolucionario país, afecte al mismísimo: ahora el sambenito está enfilado para allá... también

Hay que apreciar a Obama, ha logrado que la subversión típica de su revolucionario país, afecte al mismísimo: ahora el sambenito está enfilado para allá… también

* Comunistismo: ‘cualquier idea o modo de obrar o criterio de juicio comunista’: porque ‘comunismo’ es otra cosa y no creo que exista otra palabra, inventé el neologismo, valga, aunque sea por esta vez, con su venia y sus disculpas…

Llena de candor ver a venezolanos aplaudiendo a cualquier porquería que no sea Chávez y su combo, aunque se trate de un aliado internacional [el de Uruguay o la de Chile, por ejemplo] de la plaga de Barinas [Chávez]. Daría risa, si no fuera tremenda tragedia. Todo viene de la época en que el “Ilustre [Americano] se iba a París a viví y empobrecía el soldado a quedá”. Desde allí, muchas veces, hemos dado “la media vuelta, [dado] la vuelta entera”… Pero Hispanoamérica sigue siendo la misma: “no un temperamento igual de corazones heroicos”, como el Ulises de Tennyson, sino una manada de borregos liderados por un poco de masones, llenos de entreguismo intelectual, a los que no les llegó el eco del discurso del 17 de septiembre de 1843 de Bello, en la inauguración de la Universidad de Chile: primero tenemos que vernos a nosotros, conocer lo profundo en nosotros (con los clásicos griegos y cristianos, que inspiraron nuestro ser, añadamos), y luego se podría ver por dónde van europeos y gringos. Cappelletti observa que la Venezuela del Ilustre (Guzmán Blanco: gobernó directamente o por interpuesta persona, desde 1863 hasta 1889) y hasta los años 80 el país se hizo presa increíble del positivismo, su progresismo de base y del evolucionismo; tanto, tan profundamente, que ya no hubo, por más de un siglo, filósofos propiamente tales en el país, sino historiadores, médicos, físicos, químicos, literatos, pedagogos, con pensamientos profundos: ellos constituirían la “filosofía” del país. Puede que el caso venezolano sea único, por la impronta del tirano, que duró tantos decenios, pero tiene evidentes paralelos en todo el continente. Brasil no tiene en su bandera el lema de Comte por casualidad: Orden y Progreso… México y Uruguay atestiguan mucho de esto. Y, finalmente, con la debacle del catolicismo de los últimos 50 (y pico de) años y otros avatares hasta países como Argentina, Colombia o Chile, con más estabilidad institucional en la etapa “republicana” (y con mucho menos interferencia gringa que la pobre Centro América, México, el pobre Caribe hispano y Venezuela), han venido a caer de la manera más miserable. Hoy, a países con poblaciones, todavía, con más de 80% de cristianos, aunque ya no todos católicos, les meten “matrimonio” homosexual y no pasa nada: es el progreso. Europa se manda por caminos neo-comunistas disfrazados, Inglaterra se sale y un poco de “intelectuales” venezolanos, enemigos acérrimos (sinceros) del comunismo chavista se rasgan las vestiduras. Mientras, aplauden a Hillary y a Obama, los pupilos, auto-proclamados, de Alinsky, el rebelde comunista de Chicago. Los estudiantes chilenos deploran el estado actual de Venezuela, pero se lanzan a destruir las universidades, con lemas sacados de las proclamas más incendiarias, del más rojo y extremo de los discursos del demonio de Sabaneta [Chávez].

En ese marco, se da la siguiente conversación, que tuvo lugar realmente, letra por letra, aunque yo haya cambiado algunas partes del hecho, al transcribirla aquí. Todo empezó con mi amigo, Arturo Salazar, que siempre está despierto, buscando puntos que amenazan, ofenden o dañan al bien de la Iglesia, del orden del mundo, de la cultura patria, etc. Arturo es chileno, es un dato importante, porque la conversación tiene varios modismos y, aún, cosas de la cotidianidad de este país. Pero se pudo producir en cualquier lugar de nuestro continente amado, aunque no sepamos que es así, que es de todos, de todos los herederos de Cristóbal Colón, Diego de Lozada, de Hernán Cortés, de Gonzalo Pizarro, de Pedro de Valdivia, Bartolomé de las Casas y de tantos misioneros de Cristo y la civilización que vinieron a levantar en estas tierras un mundo con los más altos principios de la cultura y el orden cívico. Les dejo la conversación (con aclaratorias terminológicas mías); y, al final, les pongo un pequeño comentario:

Arturo: En el post-Chile, vegano, anilmalista, feminista, asambleísta, marihuanero, cuir [queer], autónomo, diverse [se pronuncia la ‘e’, la idea es que se ponga la palabra en una forma “sin-género”] empiezan a prohibir el rodeo huaso [un deporte con toros, como hay tantos, en estas tierras hispanas renegadas]; enraizado en la tradición campesina de nuestros antepasados, como inseparable de la identidad chilena profunda. Hemos reemplazado huasos por flaites [niches, diríamos en Venezuela, arrabaleros, palurdos, marginales culturales “ilustrados”] y pronto tendremos empanadas veganas y diverses para todes [ibíd.: “sin-género”]. Prohíben las empanadas con carne “alto en calorías”, la marraqueta [el tipo de pan más popular en Chile], quizás pronto la chorrillana [un plato con papas, carne, salchichas, huevo], el sanguche [sic, a la chilena] tan chileno. ¡Coma productos veganos, mejor! Un pueblo sin raíces, sin tradición, sin la honra de los antepasados y sus esfuerzos no sólo es un pueblo ingrato sino un pueblo manipulable por el Comunismo.

Dormido 1: Está bien no más, las tradiciones no son buenas de suyo. Si fuera por eso, que en México se siga haciendo la guerra florida. Me extraña Arturo que un paladín como tú caiga en el juego relativista.

Bobo 2: Ahí no estamos tan de acuerdo. No creo que una tradición sea buena por el hecho de ser tradición; si no, habría que avalar que en México se hagan sacrificios humanos, o en Corea del Sur (que vive una primavera de cristianización) se mantengan sus tradiciones paganas. “Creo en Dios Padre Todopoderoso (…)”, el resto es challa…

Al oír estas intervenciones, me enervé y, habiendo querido permanecer como espectador, me tuve que lanzar tremendo discurso:

“Bueno, se puede decir que las tradiciones no son algo bueno… siempre y cuando estés dispuesto a admitir que la identidad no es nada bueno. Una vez que lo hagas, no digas que eres chileno, di que eres X; no digas que te llamas Pedro, Juan o Diego [esto es una paráfrasis del nombre de un popular establecimiento de comida chilena: Pedro, Juan Y Diego], Miguel, Mauricio, Enrique o Martín; no digas que eres católico, abogado, etc. La identidad no es buena y, por tanto, las tradiciones no son buenas. Pero defender animalitos, contrariando las leyes de la naturaleza, que es de lo que se trata, en el ataque a las tradiciones (que proceden de nuestra naturaleza intemporal y en búsqueda de sentido), a la familia, al sexo, a la vida, a la comunidad política, a la cadena alimenticia, defender animalitos, digo, es mucho más importante que la identidad. Defender la identidad, el patriotismo, no es cosa sino de nazis… los únicos que pueden defender su identidad son los sionistas en el llamado ‘estado de Israel’. No me vengas con que patriotismo no es lo mismo que nacionalismo; porque eso no calza en el nihilismo, que es, por supuesto, el estadio más alto de la cultura, como lo demuestra el mundo contemporáneo del progreso. Ahí tienes a Corea del Sur, abandona su identidad, para hacerse católica… ¿Qué, que los misioneros católicos de siempre respetaron la identidad, la lengua y los símbolos culturales, cristianizándolos, transfigurando las culturas? ¿Que Bernardino de Sahagún escribió la primera historia de los Aztecas, en Náhuatl, que escribió la gramática de esta lengua y fue la gran obra de ese idioma azteca, que tradujo evangelios y salmos al mismo idioma? ¿Que así nació la etnografía comparada, de la obra misionera? Exactamente, eso es lo que hacen los oscurantistas católicos, los reaccionarios contrarrevolucionarios; nosotros, los nihilistas, los laudados por el Heidegger de la Carta sobre el Humanismo, los marxistas (culturales), infiltrados en la iglesia o no, buscamos la ‘inculturación’, que la Fe se transforme al contacto con las culturas, quedando sin sentido una y otras, ganando pingües beneficios en nihilismo. Tienen razón todos. Eso de Bello (Derecho Romano), eso de que las costumbres son ley pues se entienden como sancionadas por la autoridad, que vela por el bien común; y, por tanto, debe velar porque en ellas no haya nada contra la moral y el orden público, es una soberana pendejada de un mentecato que no tiene ninguna importancia en la historia de la humanidad, de Chile o de Venezuela…

“Por cierto, fuera de sarcasmos, a los que dicen que las tradiciones no deben preservarse, porque en México hacían sacrificios humanos: En México nunca se han hecho sacrificios humanos, quiero decir, sin que sea delito perseguido por la justicia. En Tenochtitlán, se hacían sacrificios humanos, pero en México, en los Estados Unidos Mexicanos, no. Fíjate, son dos entidades históricas distintas, que confundes por asuntos geográficos y de propaganda comunisto-indigenista, al estilo Chávez-Leonardo Boff, etc. México, la república occidental, el estado católico, aún en su etapa revolucionaria (digamos, desde Porfirio [Díaz]) y postrevolucionaria, desde el PAN, no adora a Huitzilopochtli ni a Nezahualcóyotl ni espera a los enviados de Quetzalcóatl. Es como mi hijo: hace un trabajo del colegio, en el que se dice que, ganaban las batallas los españoles, se hacían ciudades, ganaban los araucanos, se destruían ciudades… ganaban los españoles, retrocedía Chile, a según, de acuerdo con la lógica comunista imperante en los colegios de este país; ganaban los destruye-ciudades, ganaba Chile… No importa que Chile sea sus ciudades y sus instituciones occidentales, de las que los españoles son artífices. No importa que, como dice Don Mario Briceño Iragorry, que ‘Los españoles no descubrieron Venezuela, ésa es el primer error histórico que hay que aclarar; cuando llegaron los españoles a las costas de la actual Coro, Venezuela no existía. Más bien, hay que decir que Venezuela venía en las carabelas, en la potencia del espíritu español, que la construyó, cuando levantó las ciudades, los cabildos, las iglesias, los seminarios, la universidad’ [esto es una paráfrasis o una cita “libre”, en una conversación, de Tapices de Historia Patria, I tapiz]. No hay institución civil americana, casi, que no haya llegado en aquellas venerables carabelas, hoy en día sólo recordadas para el denuesto más injusto, para nuestras prácticas de tiro al blanco, cuando competimos para ver quién escupe mejor para arriba… En México nunca ha sido legal el sacrificio humano…

“Ay, se me olvidó: mi hijo, que tiene 13 años, y yo lo hablamos. Me dijo: ‘¿Qué quieres que haga, papi? Si pongo eso, el profesor me destroza…’: Suicidio colectivo… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!”.

Luego de mi largo parlamento, tuve que irme, mis jóvenes amigos habrán sido benevolentes con este viejo (de 47)… o eso espero. Tuve que irme a dar una clase de cultura contemporánea, en la que vemos películas judías, es decir, de Hollywood, y música negra o inspirada por “afroamericanos” de todos los tipos, principalmente, de los Estados Unidos y el Caribe: Rock and Roll, de los distintos pelajes, Pop Music, Punk, Disco Music, Rap, Hip Hop, Electro, Jazz, Blues, Gospel, Rythm and Blues, Calypso, Merengue, Salsa, Reggae, Reggaetón, Guaracha, Samba y Lambada, cumbia y ballenato, promocionada por disqueras judías… ¿Dónde habrán ido a parar nuestras expresiones, que quedan para ciertas ocasiones y como un momento curioso-fastidioso? Eso, está claro, es asunto de connaturalidad, de conformidad, por conformación, de naturalezas; y, esto último, problema de educación…

Puede que la cultura popular no dé la nota, que la cultura sea más que pintores callejeros y folklore. Es mucho más, del folklore griego no sabemos nada, salvo los eruditos; sabemos de Aristóteles, de Platón, de Tucídides y Heródoto y Plutarco, de Sófocles, de Hierón y Aristarco e Hiparco y Ptolomeo, de Homero y Hesíodo, Aristófanes y Jenofonte… Pero hay algo muy claro: la España del gran Siglo de Oro es la España de las coplas populares más bellas, aquélla tan querida en Venezuela del “duérmase mi niño que tengo que hacer, lavar los pañales, sentarme a coser, ese niño quiere que lo duerma yo, que yo soy su madre la que lo parió”. Es la España de Vittoria y De Soto, de Santa Teresa, San Juan de La Cruz, San Ignacio, San Francisco de Borja, San Francisco Javier, Laínez, Cisneros, la Biblia políglota, San Pedro de Alcántara, Luis Vives, Sebastián El Cano, el Greco, Zurbarán, Velázquez, Murillo, Cervantes, Calderón, Tirso de Molina, Quevedo, Garcilazo de la Vega, Ercilla, Lope (del que Cervantes dijo: “el monstruo de la Naturaleza”), la España de Cortés, de la Inquisición, de Ginés Sepúlveda, de Sahagún y Motolonía, de la Virgen de Guadalupe, de mi Reina Isabel, de Carlos V y Felipe II, del Inca Garcilazo de la Vega y los conquistadores, de los Pizarro, de San José de Calasanz, de tanta altura, de tanto monstruo, es el Siglo de Oro de la Humanidad. Ese Siglo de Oro, además de nuestro origen, da esas coplas benditas. Lo dice Don Marcelino Menéndez Pelayo, en el Siglo de Oro, para donde voltees, encuentras alta expresión de la lengua, arte y belleza: hasta en Servet, los hermanos Valdés y demás heterodoxos…  Porque, como dice Bello, la altura de la élite, se derrama a la sociedad toda. Ese Siglo de Oro tiene paralelos históricos, en el siglo de Parménides, Heráclito, Heródoto y Tucídides, Sócrates, Platón y Aristóteles; o en el siglo de Santo Tomás, San Alberto, San Francisco, Santo Domingo, Nicolás de Oresme, Roberto Grossetesta, Roger Bacon, las traducciones y la asimilación y superación de la ciencia griega; hasta en el mal, hasta en Ockham y Marsilio, macabramente brillantes, se trata de un Siglo de Oro. De esos siglos, queda poco sobre las maneras del pueblo, porque queda mucho sobre Aristóteles, Cervantes o Santo Tomás; pero, lo que se ve del pueblo, lo que se transparenta, es un cierto brillo, aún en el caso griego, que se produce, precisamente, como reflexión sobre la crisis terminal de esa sociedad, al menos, en los más importantes, los clásicos… Entonces, la arepa no es Venezuela ni la sopaipilla es Chile o los tacos, México, o la sobrebarriga, Colombia. Pero, en la identidad de nuestros países, en la identidad de nuestros pueblos, alguien tiene que levantarse a defender la Fiesta Brava, la cadena alimenticia, el joropo, el merengue, a los charros, el tango, la cueca, las hallacas, el pan de jamón, el trompo… y la alimentación balanceada, con grasas, vegetales, harinas, cereales, frutas, carnes, azúcar (¡¡¡que es lo natural y no da cáncer!!!) y todo lo demás que necesita nuestro cuerpo. Tenemos que defender nuestra identidad de una manga de gnósticos que pretenden engañar a la gente, diciendo que ellos hallaron que la familia es una estructura opresiva y la alimentación balanceada y la cadena alimenticia, que la naturaleza nos ha hecho perseguir, DE MANERA NATURAL, son nocivas para la salud y VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS ¡¡¡HUMANOS!!! DE LOS POLLOS Y, A LO MEJOR [lo he visto, han sido tan osados] DE LAS ALCACHOFAS…

O hacemos eso, o no va a quedar nada de la humanidad. Una vez, fuimos “el continente de la esperanza”, de la esperanza de la humanidad y de la Iglesia: un continente joven, que procreaba, que valoraba la familia, a pesar de los altos índices de hijos naturales (que vienen, no del abandono de la familia, sino de la incompleta asimilación cultural), que tenía hijos, en el que la gente se bautizaba y hacía la Primera Comunión. Entonces vinieron violaciones descaradas de nuestro ser, como el “día de las iglesias protestantes” de Bachelet o el Panteón Nacional de Guzmán Blanco, con Bolívar como sustituto de Cristo… Ahora estamos defendiendo hasta la arepa y la sopaipilla, el tamal y el mangú (dominicano). Pronto será políticamente incorrecto ser venezolano o boliviano, ser indiecito, mulato, zambo, blanco, negrito. Será políticamente incorrecto ser humano; ya andan unos en fuerte campaña contra la conciencia, pues es una perturbación del universo: fíjate, newagers y materialistas de acuerdo, unos, por la razón dicha, otros, porque no se puede aceptar que haya causalidades diferentes de las físicas y químicas, en el universo causalmente cerrado, por definición de ellos: o sea, es lo mismo y lo que cambia son los términos pseudo místicos o pseudo científicos que se asuman en los dos tipos de materialismos. Éstos mismos, herederos de Nietzsche, para quien, en el Ocaso de los Ídolos, el lenguaje debía abandonarse, porque suponía gramática, que suponía a Dios, herederos de Marx, para quien religión, familia, cultura, ética, ciencia, estado-ciudadanía-nación, arte, etc., eran estructuras artificiales y opresivas, opio, domesticación del proletario, para que no se una a la revolución, ésos, newagers y materialistas, gnósticos todos, ésos son los que andan tras la arepa y la sopaipilla, tras los toros coleados y el rodeo y la Fiesta Brava, tras la familia y el heteropatriarcado heterobinario, tras la propiedad privada y el pudor…

Y la mayoría aplaude o no se da por aludida. ¿Sabes?, es el progreso, hay que ser tolerantes, como dijo Barney, “todos somos especiales”; “lo que pasa es que tú eres un fanático”; o, como inventó el diablo en Venezuela, si eres serio, si eres consecuente, si quieres ser profundo y buscar las causas y los principios, si no eres un completo atolondrado frívolo, “eres un fumao”, un adicto a las drogas… Y Rosales, un profesor de filosofía de alto prestigio, dice que él sólo escribe en alemán… me imagino que será para no mezclarse con la chusma… ¡qué bueno que, cuando se me presentó decidir, en vez de ese idioma, preferí ponerme a aprender matemática!… Es falso, ojalá hubiera podido aprender ambos, pero, claro, no para leer a Rosales, que, no teniendo quien lo lea en castellano, debe holgarse mucho de ser leído en alemán, sólo por sí mismo… que es lo que importa, al final, el único que sabe apreciar su genialidad… entre la gente de lengua castellana… Uno lo ve y no sale de su asombro… pero soy yo nada más: por eso, en los foros de fútbol en época de eliminatorias del mundial, que son los únicos en los que participa “mi gente”, claro, los insultos van y vienen; y el preferido absoluto es “bananero”, es decir, el mote que inventó Eddie Bernays para que la United Fruit Company subvirtiera Guatemala y derrocara el gobierno de ese país, “banana republic”: esta partida de estúpidos, a los que les gusta mear contra el viento, acomplejados, se llaman unos a otros como el que los desprecia a todos… Así, ¿cómo no va a ser cuesta arriba defender la identidad, natural y nacional, frente a los embates del gnosticismo, si hasta los insultos del enemigo a la propia gente son aceptados por ésta con tanta fruición?…

Hay que rescatar el “orgullo” bueno, es decir, esa satisfacción fundamental, que no es soberbia, sino agradecimiento, por ser quienes somos, por haber nacido y crecido en este vecindario, en esta familia, en esta ciudad, de este país, de esta sociedad hispana, única en el mundo, esa satisfacción por ser éste que soy, por haber recibido la Revelación de Dios y la Hispanidad, y la venezolanidad o chilenidad o mexicanidad o argentinidad o guatemalidad, etc., la masculinidad y la femineidad, por ser cada uno YO… Y saben cómo es la cosa con ser YO, sólo soy YO en el abismo de la Verdad, como descubrió San Agustín, pues el Sentido, el núcleo, el corazón y el destino, Él, es más íntimo a mí que lo más íntimo de mí… Hay que rechazar el nominalismo y el gnosticismo y todas las ideologías revolucionarias, provenientes de la magia, de la rebelión contra el ser y su orden, que no lo anulan, de ningún modo, sino destruyen todo a su paso. De otro modo, estamos condenados a tiranías espantosas, a ser meros lacayos de vivarachos de afuera, que nos desprecian y odian y nos quieren usar como preservativos… Y estaremos condenados a desaparecer, con MUCHO ¡¡¡DOLOR!!!, del mapa de la historia. LA ÚNICA SALIDA, LA ÚNICA SALVACIÓN, ES LA REBELIÓN, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN…

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