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Wall Street, capitalismo puro: dinero y poder

Gekko y su inspiración en la historia, la ideología y la malignidad “científica”

Gordon Gekko-Michael Douyglas, con Henry Kravis, la inspiración de su personaje, en el Super Bowl de 2014: pura depredación (foto credit: http://www.businessinsider.com/henry-kravis-michael-douglas-super-bowl-2014-2)

Gordon Gekko-Michael Douglas, con Henry Kravis, la inspiración de su personaje, en el Super Bowl de 2014: pura depredación (foto credit: http://www.businessinsider.com/henry-kravis-michael-douglas-super-bowl-2014-2)

Contenido:

La película

El espíritu del capitalismo

La historia de las finanzas internacionales: la modelo para los cuadros de Stone: 1980-2016

Acto I: Los leveraged boyouts y la Fed de Volker, en la era Reagan

Acto II: Alan Greenspan, la desregulación y la crisis del 2008

Acto III: las perspectivas presentes, en la superburbuja más grande de la historia


La película

Cuando tradujeron el título de esta película, en Méjico, se le puso el nombre que ya tenía, el de la calle de Nueva York que es sede de la bolsa de valores de Estados Unidos; pero se le añadió un subtítulo muy acertado: El poder y la avaricia. En la película, el bobo, el imberbe, el novato sin experiencia, el muchacho que no sabe nada de la vida, Bud Fox, es la avaricia. El sabido y corrido, el resentido, el que desearía haber sido un rico de cuna, un lord inglés, el que desconocía todo límite, el astuto y completamente corrompido, Gordon Gekko (‘gekko’: lagartija), estaba, por supuesto, más claro, el verdadero sentido del capitalismo, como de toda ideología y desvío del recto orden social, es el poder.

Claro, la película tiene una contra-cara. Tiene varias contracaras. Una de ellas, da la razón a Charlie Sheen-Bud Fox: Steeples, el perdedor, el corredor fracasado, el desprovisto de talento y suerte, que, en medio de ríos de dinero, no logra sobrevivir económicamente y, en medio de la trama de la película, recibe su “justa” recompensa. Tiene la contracara de Manheim (Hal Holbrook), el corredor veterano que sabe que hay que tener límite y que “el triunfo y el fracaso son dos impostores”, como dice Kipling. Pero la gran contracara, la figura que hala a Fox en otra dirección, en una dirección que, se supone, es distinta del nihilismo, capitalista, Carl Fox, el padre de Bud.

Al comenzar el drama, Bud es un muchacho todavía inocente, con mucha ambición, bastante inmoral sexualmente hablando y con un gran amor y aprecio por su papá, un sindicalista de una línea aérea de tamaño mediano. Vive en la mentira capitalista, de apariencias mentirosas, muy caras, que le jalan la mayor parte de sus no despreciables ingresos. Es un “bolsa sin valores”: me explico: en Venezuela, un “bolsa” es un estúpido y, a finales de los 80 y principios de los 90, en la época en que ser un yuppie era lo que estaba que “aldía”, era la nota, lo in, lo de moda, uno pasaba por la bolsa de valores de Caracas y veía a esa paca de muchachitos, pequeños Buddie Foxes, con trajes muy caros, “que valen más que ellos”, como ellos mismos creían: que el flux, el traje, terno, caro los hacía importantes, valiosos: “lo que me da valor vale más que yo…”. Bud es, pues, un “bolsa sin valores”, uno que cree que lo inferior, el dinero, hace valioso a lo superior, el hombre. Esto es clave. Quiere entrar al círculo de Gordon Gekko, quiere portarse bien, pero no le molesta infringir alguna regla, faltar a la confianza de su padre: entra al inner circle, proveyendo información secreta, que tenía de su papá: la línea había salido airosa en un asunto legal y sus acciones iban a dispararse, cuando el asunto se hiciera público. Cree que engaña a Gekko, pero éste es un avión: Bud va y él ya volvió y dio dos o tres vueltas. En la celebración lo atrapa: una mujer, una limusina, champaña, coca, sexo oral en la limo. Los yuppies de los 80, “derechistas”, comparten más de un asunto con los hippies de los 60…

“¿Quieres seguir conmigo? No lo olvides, yo soy mentiroso y padre de la mentira… homicida desde el principio”. El anzuelo estaba echado, Bud Fox tenía que pasarse de lleno al lado oscuro, tenía que hacer su pacto con el diablo: tenía que ayudar a Gekko a destruir a un rival, a uno de ésos a los que él envidiaba desde lo profundo: Sir Larry Wildman. Fox muerde el anzuelo y espía a Wildman, se lo da en bandeja de plata a Gekko y aprende: los idiotas apuestan, los vivos van sobre seguro, consiguen información interna, espían, hacen todo tipo de trapisondas. De ahí en adelante… la cima del mundo: “obtiene” a ese personaje tan emblemático, Darien Taylor, la diseñadora bella, vacía, ambiciosa, que mezcla los tres tipos de amistad de Aristóteles: en lo útil, lo deleitable y lo honesto: ama, AMA, a Bud Fox y, por eso, le es fiel… pero a condición de que le dé lujos y la ayude a subir, que se mantenga en el círculo de Gekko: deja Fox al diablo y deja Darien a su macho… Consigue su apartamento de 950 mil $ (de 1985, o sea, como 3MM de hoy) en la parte de los ricos de Manhattan. Compra su propia agencia de espionaje industrial: una compañía de limpieza de oficinas…

Llega la cumbre de la película, el clímax. Gekko se apodera de Papelera Teldar y da su famoso discurso de despedida a los administradores de la compañía. Comienza bien: ellos no arriesgan nada, no tienen dinero invertido, pero se pagan como si fueran los únicos dueños y tienen una burocracia inútil: bien. Pero sigue con aquello de “la avaricia es buena, la avaricia funciona, la avaricia mueve a las personas, la avaricia es sana, puedes ser avaro y bueno y sentirte bien contigo mismo”. El teatro se viene abajo. Y Bud Fox ama a este Gran Hermano. Decide comprar la aerolínea del papá con Gekko como financista. Éste accede y esconde su plan, su intención, lo que consideraba el tarro de miel de Winnie Pooh: el fondo de pensiones, 75 millones de machacantes: homicida, mentiroso y padre de la mentira, haz tratos con él, perderás, porque él cobra…

En este contexto, en su clímax, cuando las emociones de la audiencia están en su pico, Oliver Stone muestra el poder de la inteligencia humana. Presenta eso a lo que iba: el comunismo, en su cara mesiánica y… mendaz. Carl Fox, es bueno, espiritual, moral, no-nihilista (disculpen esta doble negación, creo que no había alternativa), de hecho, dados todos los datos que da de él la película, Carl Fox es un sindicalista católico, por el apellido, de origen irlandés. Por su parte, el capitalismo, Gordon Gekko, es lo que es, naturalmente, esencialmente, malo, materialista, nihilista. Carl, el veterano, le asegura a su hijo: “Bud, sucederá lo que siempre ha sucedido y sucederá: que los ricos explotarán a los pobres”… Buddie, con las agallas infladas por la avaricia, responde, en construcción lingüística clave: “¿Y qué si no tienes razón, si la naturaleza no es naturaleza, que el sol no sale por el este [que los ricos no explotan a los proletarios]?”… Respuesta nuestra, glosando a la película: “no es posible, la naturaleza es naturaleza, cuando conviene a la ortopraxis de Marx, pues, para un materialista radical como él, la naturaleza no existe… En este caso, pues, no es posible, aunque todo sea caos absoluto y total, hay orden natural y necesario y consiste en que los ricos explotan a los pobres y Gekko es malo, es el diablo. Y, si no lo es, en realidad, es un juguete suyo”. Se puede ser comunista y contradecirse así, no hay problema, la revolución, sus intereses, subsanan todo vicio intelectual. Pero hay más, pues el hombre bueno y de familia, el trabajador honrado y fiel, el padre responsable y amoroso, el hombre con visión y que ve las malas intenciones del malvado, ése, el sindicalista católico, formula la máxima comunista. Y ella, en el contexto de la película [y de la historia real que la subyace], no puede sino presentarse como lo único plausible, Gekko se encargará de hacerlo más que plausible, profético…

Cuando el fraude y la traición están consumados, Buddie recrimina a Gekko: “¿Por qué lo haces?”… “amiguito, te quejas ahora, aprovecha, somos ricos, tienes a Darien: fuiste con tanta fuerza al pote de miel, que se te encajó en él la cabeza”. Bud replica con fuerza: “¿Cuánto dinero hace falta, con cuánto te darás por satisfecho?”… Y aparecen sus verdaderos colores, se le sale la clase, se da a conocer: “no, no, no, no, compinche, lo del dinero es ilusión [en lengua marxista: alienación], yo creo ilusiones [alienación], lo que importa es el poder”. Todo es función totalitaria, la verdad última es el nihilismo…

Bud acude a su padre y a Larry Wildman, se venga y salva a la aerolínea y los empleos. Pero hubo daños en este juego de avaricia, mentira y poder: el papá sufre su segundo infarto y Buddie va preso, no sin antes llevarse consigo a Gekko, convirtiéndose en informante del FBI. Cuando va a ver a su papá en la clínica, todavía en el clímax, todo el teatro con los pañuelos afuera, limpiando lágrimas y moco tendido, dice Bud a Carl Fox: “tú eres el mejor hombre”: el mejor hombre ha hablado, los ricos son explotadores. Y la moraleja la dejan para el final, Bud va a la cárcel, pero, como dice el mejor hombre: entre dos males, el menor es un bien: “al final terminamos bien, un período en la cárcel es mejor que que seas corredor de bolsa capitalista”…

El espíritu del capitalismo

“El liberalismo, la economía liberal, el capitalismo, no es tan asesino y no es totalitario como el […] comunismo. Pero es desmoralizador y genera fuerte opresión: la avaricia, la inmoralidad, la voluntad de poder, un economicismo de signo contrario al comunista, el mismo materialismo radical, pero, en vez de odio y resentimiento, nos ofrece sus contrapartidas: avaricia y desprecio del desafortunado, por parte de los que tuvieron fortuna, gracias al trabajo de los anteriores y ¡a su infortunio! Propugna la “libertad”, queriendo decir inmoralidad, por una parte, y, por la otra, ausencia de obstáculos para que los ricos ejerzan la usura, prácticas agresivas de explotación, sea del trabajador, sea del consumidor, sea de uno y otro, sea de toda la sociedad, de todas las maneras que se le puedan ocurrir, sin violar la ‘libertad’. Se define como ‘usura patrocinada por el estado’ (Michael Jones, los datos). Y define al estado, siguiendo a Locke, como ‘protector de las ganancias de la avaricia’. Y la avaricia es el único criterio moral [como dice Gekko]; por lo que corrompe, por publicidad que destruya la libertad de la gente; si hace falta, vende drogas, para abrir las fronteras de la sociedad que se le oponga, que no desee comprar tus baratijas industriales, como lo hicieron, con China, Inglaterra, Estados Unidos, Rusia, Alemania y Francia, en el siglo XIX, en las Guerras del Opio…” (vid. Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll). Genera las hambrunas de Irlanda de 1846, 1,5 MM de muertos, y las de la India, 1873 y 1876, 5,5 MM de muertos, como el comunismo generó la de Ucrania, 1933, 12 MM de muertos, y la de Corea del Norte, 1996, 2 MM de muertos. En su materialismo extremo, niega, como los comunistas, como Marx, toda dimensión humana que no sea económica y material; por eso, Locke, su padre, no niega directamente la soberanía, pero sí dice que la sociedad política es un conjunto de terratenientes, como si yo tuviera la ciudadanía chilena por poseer un pedazo de terreno en Chile y como si, por sobre esa relación que tengo yo sobre esa tierra, no esté, a otro nivel, más profundo e importante, la soberanía del estado chileno, que me reconoce el derecho, por asunto de bien común y, por tanto, sometido a ese bien y, por tanto, con derecho a cobrarme impuestos sobre el mismo y, aún, a expropiármelo, de ser necesario a la utilidad pública (a cambio de un precio justo).

“No existe el orden del mundo, no hay verdad, no hay bien en lo sensible, no hay dignidades, no hay moral, pues no hay verdad ni orden real. Sobre esa base, se monta el comunismo para instaurar el totalitarismo. Sobre esa base los liberales capitalistas se montan para ejercer la opresión económica de los débiles, la ‘libertad’. Búsquense a alguien que diga: ‘no traten de tumbar estructuras, no hagan la guerra, desmoralicen; contesten a la autoridad, desautoricen; den drogas, prometan ‘libertad’, sexo sin control; díganle a la gente que tiene derecho a todo lo que le dé la gana, que nadie le puede decir que su gana no sea ley; díganle que la familia es la mayor opresión de la libertad entendida como lo que les dé la gana; infiltren las instituciones espirituales, que de la Iglesia y la universidad salgan las voces desmoralizadoras, libertadoras’ […]. Hay que añadir a gente como Lenin, Hitler, Goebbels, Eddie Vernays [sobrino de Freud, padre de la publicidad y las RR.PP. modernas], que llevaron esas políticas a la publicidad: ‘la gente es estúpida, una cuerda de borregos, inventa cinco slogans, repítelos, así, asá y asao y sancochao, los dominarás como te dé la gana, si los repites todo el tiempo, los tendremos en nuestras manos’. Cojan toda la doctrina revolucionaria, redúzcanla a cinco slogans, lemas del mal; cuando hayan alcanzado una etapa de desmoralización, pasen a la siguiente; luego a la otra, mientras vamos legalizando el nivel alcanzado: divorcio, pornografía, anticonceptivos, liberación de la mujer, aborto, divorcio express, homosexualidad, drogas, otras perversiones en la línea de la homosexualidad, poligamia, incesto, bestialidad… sigue por ahí: the sky is the limit” (ibíd.). Así, por ejemplo, trajeron a la mujer a ser un ser “liberado”: las del “destape”, pasaron a ser carne de catre, objeto erótico de hombres onanistas, para la venta de mercancías “capitalistas”, cigarros, licores, lavaplatos, licuadoras, baldosas, pañales; las trabajadoras, esclavas de empresarios muy vivos, que convirtieron en fuerza laboral a estas luchadoras, que abandonaron niños y cónyuges, a cambio de que los salarios reales disminuyeran dramáticamente, a menos de la mitad, en dos décadas, para empobrecimiento de los hogares… y para el beneficio de los ingenieros sociales, que, a través de la televisión y el colegio, los programas “educativos”, que ya los papás no tenían tiempo para revisar, cogieron a sus hijos para moldearlos como plastilina, a su satisfacción, no PRECISAMENTE con los principios que ellas habrían querido inculcarles (todo para que, después, los psicólogos y los sociólogos, ingenieros sociales por definición [quiero decir, por su entrenamiento, por las capaciddes que poseen, no porque, de suyo, tengan mala voluntad], pudieran luego posicionarse mejor explicando, dando cuenta del desastre y sus causas, según la nomenclatura revolucionaria: todo es un asunto de “brecha generacional”, los muchachos de ahora no son como los de siempre, ellos, ahora, no hacen caso a tradiciones ni imposiciones intolerantes y trasnochadas, anti-progreso, encarnadas por sus papás; los papás de ahora reconocen la libertad y la superioridad de sus hijos, sobre todo, cuando les faltan el respeto de la manera más descarada; es Cindy Lauper: “oh, dear mom, we are not the fortunate ones, and girls, they wanna have fun”…).

La historia de las finanzas internacionales: la modelo para los cuadros de Stone: 1980-2016

Acto I: Los leveraged boyouts y la Fed de Volker, en la era Reagan

Históricamente, Wall Street es fenomenal, en serio. Oliver Stone y su gente capturaron de manera magistral, si bien con prismas ideológicos, el momento histórico, así como el carácter revolucionario del capitalismo ochentoso, de la era de Reagan y Paul Volker. Celebraron la parte revolucionaria general, denunciaron competentemente la parte específicamente capitalista de la década que vio caer a la cuarta parte de las empresas del Fortune 500 de 1985; la década que vio cómo, merced a las políticas pro-bancos de Volker, anti-sindicaros de Reagan y a los Leveraged Buyouts de Wall Street, de la bolsa, 11, ONCE, diez más 1, millones de empleos en los Estados Unidos. Stone se concentró en las transacciones financieras abusadoras del sur de Manhattan. Stone se concentró en una historia que protagonizan Kohlberg, Kravis y Roberts, Iván Boeski (quien, en la vida real, dio el famoso discurso de Gekko en Papelera Teldar sobre la avaricia, sólo que lo dio en la Universidad de California en Berkeley), Dennis Levine, Michael Miliken, el banco Drexler, Burham y Lambert… Es la historia de la rapiña más asombrosa que ha visto la humanidad, por lo inmenso de la misma, por lo destructivo, por la manera impávida en que los protectores del bien común permitieron que un grupo de desafectos, antisociales, de hecho, acabaran con las bases económicas, materiales, del mismo de la manera más impune…

El genio maligno es Jerome Kohlberg, quien, en los 70, se dio cuenta de que él podía manejar cuentas de bancos de inversión… de una manera, ¿cómo decir?, “caribeadora” [caribear: “bullying”, en Venezuela], pero haciendo que la víctima cargara con el pago de los platos rotos y, después, sacando máximo provecho de la movida. Coge, invierte en una firma comercial, haz que levante vuelo, dependiendo, como siempre, del financiamiento, que le cortarás oportunamente, ahorcándola. Cuando ya no pueda seguir operando, cómprala a precio de gallina flaca. Luego, por un vacío legal, di que los intereses que tienes que pagar por tus propios créditos son costos de operación, convirtiendo, de hecho, el crédito en un problema inexistente. Baja los salarios todo lo que puedas, crea una burbuja comercial alrededor de este “activo”. Véndelo por partes, a precios astronómicos, por encima de lo que dicen los libros, al “precio de mercado”, inflado con la burbuja. Así, Jerome Kohlberg logró ganancias asombrosas, de miles por 100, en períodos de 3, 4 y 5 años. Ésta es la forma en que empezó todo…

Luego, se hicieron más agresivos. Comenzaron a usar información interna de las compañías, que obtenían de maneras ilegales. Manipulaban el mercado de esa forma. Compraban agresivamente, de manera anónima, días antes de anunciar su conquista ofensiva. Además, cuando obtenían ganancias, las pasaban al fondo de pensiones de las compañías, para no pagar impuestos ni dar réditos a los accionistas y usaban el dinero para seguir con sus “inversiones”. Boesky, que paró en la cárcel, en 1987, porque Dennis Levine lo delató, se dedicaba al arbitraje: hacía de intermediario en conflictos entre firmas y entre empresarios y sindicatos, etc. Lo atraparon en sus manejos, lo que trajo la quiebra de Drexeler, Burham y Lambert… FIN DEL PRIMER ACTO

Acto II: Alan Greenspan, la desregulación y la crisis del 2008

Luego de eso, sin embargo, los desafueros no se detuvieron. Todo lo contrario, fueron en aumento, hasta las grandes fusiones de finales de los 90 y principios de los 2000; y hasta la derogación en 1999 de la ley de regulación de actividad bancaria Glass-Steagal, que impedía que los bancos de inversión y los comerciales se unieran en entidades únicas, para la protección del público. Todo esto fue a parar a la crisis de 2008 y, Dios nos ampare, a la que está por venir… En este plan, los fondos de pensión han sido arrasados, mientras que los bienes raíces y el arte han sido tomados por millonarios inescrupulosos como Henry Kravis. Es un proceso paralelo a la inmensa apropiación de los bienes de la ex Unión Soviética, por parte de George Soros, Jeffrey Sachs (asesor de Yeltsin y jefe del programa de Harvard para el desarrollo internacional, a la misma vez), un grupo de Chicago Boys (entre los que estaba Stanley Fisher, director de administración del Fondo Monetario Internacional), los oligarcas rusos (los de Yeltsin, no confundir con los de Putin [aunque algunos sean los mismos]: Boris Berezovsky, Alexander Smolensky, Mikhail Khodorkovsky, Alex Konanykhin, Mikhail Fridman, Anatoly Chubais, Vladimir Gusinsky, Vitaly Malkin y Vladimir Potanin), la universidad de Harvard, presidida por Lawrence Summers*

El segundo acto siguió en esta vorágine en que la usura alcanzó su apogeo mundial, un grupo de muy pocas personas se quedó con todo en absoluto, unos banqueros, que, como dice Gordon Gekko, no producen nada de nada, terminaron con el producto del trabajo de todos los demás en sus bolsillos, en una situación muy particular, cuando la industria estadounidense se ha disminuido dramáticamente, por la depredación de estos prohombres del capitalismo y por el patriotismo de políticos y empresarios que hicieron o dejaron hacer, según corresponde, llevándose el dinero, las plantas, los empleos, la investigación, a China y otros destinos deseables por el sistema virtualmente esclavista impuesto por gobiernos comunistas y otras amenidades. Y, para rematar, estos admirables varones y damas, dando dinero a las campañas electorales y decidiendo qué entra en los noticieros de los canales de televisión que poseen o financian, deciden la agenda política y son dueños, a todo efecto práctico, de los partidos políticos, dirigen las campañas de los candidatos. Sus compañías son el destino laboral de los políticos, cuando salen de sus cargos, representantes suyos dirigen las instituciones que regulan el mercado financiero (como es el caso, por ejemplo, de Goldman Sachs, de la que salen los directores de la Reserva Federal, los jefes del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y hasta del Banco Central Europeo [Mario Draghi]). Deciden la programación del entretenimiento; dirigen las galerías de arte (como en la película: en esto, Gordon Gekko encarna a Henry Kravis, aunque también a otros). Contribuyen con las universidades y violan flagrantemente la autonomía universitaria, hasta el punto en que hoy por hoy las universidades de ese tan influyente país del mundo contemporáneo son, mayormente, semilleros de zombis de la corrección política: el totalitarismo contemporáneo…

El segundo acto tuvo un cierre, entre 2008 y 2011, cuando la crisis financiera bestial impuso un cierre. Es el tema de la segunda Wall Street, el dinero nunca duerme. Como los Leveraged Buyouts trabajan sobre burbujas, como esquemas Ponzi, hubo muchas empresas en severos problemas. Pero lo más importante fue la caída de Lehman Brothers, el banco centenario que [como Kuhn and Loeb] hasta financió la revolución rusa de octubre de 1917, y la de American International Group, de Maurice “Hank” Greenberg, la aseguradora más grande del mundo, envuelta, por ejemplo, en la guerra de aseguradoras y contra-inteligencia, durante la Segunda Guerra Mundial… En esta eventualidad, Wall Street, en su bailout, su salvataje, se engulló más de 3 millones de millones, tres billones de dólares. AIG se empujó 150 mil millones, antes de perecer, aunque sus directivos se pagaron bonos millonarios la Navidad anterior, aunque la empresa era de judíos; Goldman Sachs, sin embargo, batió el récord, con más de 700 mil millones en auxilios financieros.

Acto III: las perspectivas presentes, en la superburbuja más grande de la historia

Se cerró en segundo acto, pero entramos en el tercero de lleno. La bolsa de Nueva York, en una depresión industrial fuerte, está a niveles históricamente altos; la Reserva Federal conserva una política de dinero barato, que beneficia la burbuja, la subida artificial del precio de las acciones; y varios de los 10 bancos más grandes del mundo (JP Morgan, City-Chase, Barclays, HSBC, entre otros) ya han sido atrapados dos veces, en el 2009, en Inglaterra, y, en el 2014, en Estados Unidos, manipulando el mercado mundial de divisas, en niveles de billones de dólares: han sido multados por centenares de millones y nadie ha ido preso… Y la mesa está servida para otra gran crisis orquestada, de ésas en que se benefician los banqueros… y Oliver Stone, junto a Michael Douglas-Gordon Gekko, sacando otra película que recoja la maldad detrás del tinglado de la moderna “ciencia económica”…

Después se extrañan de que, más atrás que el capitalismo, venga su hermano violento y demoledor, el marxismo…

***

Gekko-Kravis-Boesky-Kohlberg es un animal de nuestra fauna moderna, de la era del progreso. Da un poco de risa hoy ver su entusiasmo por las baratijas que hace 30 años eran tenidas por “grandes avances”, el televisorcito, las computadoras y qué sé yo qué más. Lo que no da risa es que ese espíritu de la religión del progreso y de la voluntad de poder están hoy más vigentes que nunca, causando estragos y devastación. Los Gekko del mundo tienen el poder, como ellos desean; y, por tanto, sólo se puede esperar que sus maniobras sigan sin freno para la subyugación de la humanidad. Un punto extraordinario es hasta qué punto su secuestro de la libertad económica verdadera, tan saludable, pasa hoy por ley de la política sana, por su comparación con su contracara comunista. Un poco de amplitud histórica, de cultura, nos vacunaría contra semejante engaño, equivocación. Es decir, nos vacunaría: a los pocos que quedemos para resistir el aplastamiento de una tiranía mundial, que reúne comunismo, a la manera china, tal como es promovido en la ONU, y capitalismo bancario y de unas pocas súper-industrias planetarias, que se asocian para dictar nuestros destinos hasta niveles nunca antes vistos, desmoralizando fuertemente a la población, acabando con la resistencia de los pocos representantes electos que quedan todavía: algo a la manera de Robocop 2, cuando Detroit fue comprada por Omni Consumers Products. Pero a escala planetaria. “Moral y luces, dijo Bolívar, son nuestras primeras necesidades”: hoy más que nunca la virtud, la sabiduría y la Fe trascendente se requieren para vivir una vida digna de ser vivida; eso u, paradójicamente, la búsqueda de micro-comunidades de familias y de fieles católicos, por ejemplo, que nos permitan expandir el ser, como lo requiere la naturaleza. Ante la globalización, la respuesta es la reviviscencia étnica (cultural, ojo, no racial); Juan Pablo II estaba muy claro sobre este particular. LO QUE SE REQUIERE ES REBELIÓN, REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTE TIEMPO DE REVOLUCIÓN DE LA PLUTOCRACIA MUNDIAL…


* “Luego de orquestar un golpe de estado que depuso a Mikhail Gorbachov, Boris Yeltsin disolvió la Unión Soviética e invitó a [Jeffrey] Sachs a hacer su magia friedmaniana en Rusia. Se puso a Sachs a cargo de la banda de Chicago Boys de Yeltsin y, juntos, orquestaron una expedición de saqueo del tipo del que no había visto el mundo desde la [ruptura] protestante. Para cuando terminó, 225.000 compañías estatales habrían sido subastadas y vendidas a centavo por dólar de su valor real. Luego de que Yeltsin abriera la economía rusa a sus depredaciones, Chicago Boys como Stanley Fisher, quien era en aquel momento director de administración del FMI, y Lawrence Summers de la administración Clinton y quien pronto sería presidente de la Universidad de Harvard, se apuraron e hincaron el diente profundamente en la caparazón de compañías estatales ricas. El valor de esas compañías fue transferido a una ‘gavilla de nuevos ricos’ que vino a conocerse como ‘los oligarcas’. Los oligarcas, entonces, se asociaron a los Chicago Boys y ‘le arrancaron al país casi todo lo que fuera de valor, moviendo enormes beneficios al extranjero a una tasa de 2 mil millones de dólares mensuales’. Las compañías estatales rusas fueron privatizadas a centavo por dólar. Yokos [la petrolera], que tiene ahora una ganancia neta de 3 mil millones de dólares anuales, fue vendida por 309 millones de dólares” (E. Michael Jones, Barren Metal, a History of Capitalism as the Conflict between Labor and Usury, Fidelity Press, Indiana, 2014, pp. 1352-1353). Jones continúa contando las peripecias de Summers, Sachs y Harvard, que actuó como concesionaria del gobierno de los Estados Unidos, cómo este gobierno le rescindió el contrato y la metió en problemas en los tribunales… para que toda consecuencia negativa, luego de este peculado de centenares de miles de millones, fuera una multa de 26,5 millones…

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