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Dios es Misericordia y hace milagros y se revela

Con Santa Faustina y contra los modernos, la Fe sigue invicta

Jesús resucita a Lázaro, para manifestar la Gloria de Dios y que Él es la Resurrección; con su Resurrección, a su vez, nos mostró que Él vence a todos los enemigos, el demonio, el pecado, la muerte, el dolor... y el mundo, con sus mundanos. Resurrección de Lázaro, José de Ribera, Museo del Prado

Jesús resucita a Lázaro, para manifestar la Gloria de Dios y que Él es la Resurrección; con su Resurrección, a su vez, nos mostró que Él vence a todos los enemigos, el demonio, el pecado, la muerte, el dolor… y el mundo, con sus mundanos. Resurrección de Lázaro, José de Ribera, Museo del Prado

Contenido:

“¿De verdad tú crees que Dios abrió el mar?”

El mundo determinista, causalmente cerrado

La ciencia es atea, el big bang y la evolución acaban con la Biblia

La ciencia y la filosofía que reivindican los rasgos de la Fe más escarnecidos, inopinadamente

Dios, con el universo en su puño, por su Sabiduría, hace milagros

Dios-todopoderoso, Amor que se desborda, Misericordia creadora

Dios-Misericordia se revela


 

“¿De verdad tú crees que Dios abrió el mar?”

Hace muchos años o hace un tiempo para mí muy largo, como 35 años o algo así, que un primo querido mío me hizo una de esas primeras objeciones a la Fe serias y que uno se tomó en serio, aunque se la despachara, como es debido. Me dijo: “¿tú crees que se abrió el mar de verdad?”. Yo le dije, siendo todavía un impúber: “claro, chamo, Dios lo puede todo, ¿cuál es el problema?”. Toda la vida le di vueltas a nuestra primera experiencia dialéctica, tipo universidad de la Cristiandad latina [mal llamada “medieval”]. Hoy en día y desde mis primeros días de profesor de filosofía de la Universidad Metropolitana en Caracas, tengo lo que creo que es mi respuesta definitiva a la pregunta (y no soy capaz de ver que haya una humanamente mejor): Dios, que creó todo, que tiene el mundo en sus manos, que sacó de la nada las galaxias, las partículas, las leyes del acontecer y la vida, tiene poder para abrir el mar: crear una partícula, sacarla de la nada y mantenerla en el ser, requiere un poder infinito, Dios hace mucho más, como acabo de decir, ¿no va a poder abrir el mar, cuando eso no requiere sino un poder bastante limitado, cuando hasta nosotros lo podemos abrir, mediante técnicas basadas en las leyes que Dios creó? Es sencillo. Dios claro que puede.

El mundo determinista, causalmente cerrado

Ahora, ¿es razonable pensar que lo haga, puede él violar su propio orden? En estos días, mi hermano, gran doctor filósofo [fuera de juego], publicó en una revista chilena dos excelentes artículos de tipo académico sobre el tema de la Revelación (yo sólo tengo el vínculo para uno de ellos [el otro, él me lo mandó manuscrito por email]: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-92732016000100006&lng=es&nrm=iso&tlng=es). En ellos, trata el tema de una manera completa y respondiendo a muchas objeciones de los ateo-gnóstico-“filosofistas” pensadores de hoy en día, “modernos” o modernistas. Por lo que leí, está muy bueno el trabajo del primer hijo de Beatriz [yo soy el tercero de 5], pero mi perspectiva aquí va en sentido contrario. Es decir, según este trabajo, entre muchos otros puntos y argumentos que trata allí mi hermano, Hume, el genio que, puesto que negó que tuviéramos intelecto, pasó a negar que en el mundo hubiera inteligibilidad, como si, una vez despojado de la capacidad para captar algo, pudiera uno captar la nada de ese algo, Hume, el genio éste, negaba la posibilidad del milagro; y eso desde el punto de vista de la “observación” “natural” [Hume negaba que hubiera naturaleza, pues la misma es inteligible], es decir, desde el punto de vista de la distorsión gnóstica de la experiencia natural humana. Según el escocés que traicionó a su país en favor de los ingleses revolucionarios, por su amor a la revolución, no puede haber milagros (ni ninguna otra intervención de Dios en el mundo) porque las leyes del cosmos están fijas. Eso recuerda a otro de estos genios del mundo de hoy, a John Searle, quien, como es tan común [una postura estándar], dice que, dada la ley de la conservación de la energía, el universo físico es causalmente cerrado y, por tanto, no puede existir la libertad, esto es, un tipo de causa que perturbe la cerrazón causal del sistema del mundo, será, me imagino, por otra obligada, por definición, cerrazón del universo, no sólo causal, sino en absolutamente todo ámbito.

Así, para responder a estos tipos, se tiene que ir a la experiencia natural e, incluso, a sus propias obras, a sus contradicciones. Por ejemplo, Hume, por su negación de la inteligibilidad, niega que haya causas, dice que no son sino postulados por asociación nuestros, debidos a que vemos cómo se repite el sucederse de las cosas. ¿Entonces, David, cómo es la cosa, las causas no existen, todo es un ocasionalismo, una mera asociación, en lo individual, no digamos en un orden universal, entre antecesores y sucesores; o hay unas leyes fijas que no puede violar ni Dios? La contradicción la pone de manifiesto mi hermano, quien muestra así, hagamos esto extensivo, cómo es el espíritu del ateísmo contemporáneo: para negar que el hombre sea inteligente, vale negar que existen las causas; para negar que exista Dios y que Él pueda intervenir en el mundo, vale decir que las mismas son tan fijas, que no hay ninguna manera de desviarlas, siquiera, en lo individual: hasta allí llega su coherencia, no en cuanto a lo que dicen, que es un absurdo de pe a pa, sino en su odio a Dios, al hombre, al orden y al bien…

Lo mismo, más o menos, vale para el asunto del universo causalmente cerrado y la ley de la conservación de la energía: se trata de absurdos y negaciones de la evidencia, tan palmarias, que da vergüenza. Decir libremente que no hay libertad porque eso perturba la imagen mecanicista que yo elijo por voluntad de poder, negando toda la experiencia, incluso la que se tiene al decir la barrabasada y la que se estima que tengan los que leen los artículos y libros y oyen las conferencias, es algo tan estúpido que parece no presentar ninguna necesidad de respuesta. Sobre todo porque, aunque el universo fuera realmente causalmente cerrado [cosa muy estúpida: un seculum senescens, un mundo tan contingente y sujeto al perecer, como éste no puede sino reclamar un algo a lo que PERTENEZCA el ser en absoluta propiedad, necesaria y eternamente, es decir, Alguien que SEA Ser, de ahí que San Agustín diga que Él Es ES], eso sería en lo que se refiere a causas eficientes mecánicas, no a la posibilidad de contingencias y a otros niveles causales. Es decir, que la cantidad total de energía sea la misma, no implica que, ahorita, por contingencias, no haya, por ejemplo, una cantidad X inactiva, de manera potencial, y otras en estado de energía química o mecánica o eléctrica o térmica; o que esté chocando esto con aquello. Como no obsta eso para que yo dirija mi cuerpo, con su ATP, hacia mis clases en la Universidad en la que trabajo. Sin contar con que eso no es explicación para el origen de la materia, la energía y sus leyes, entre las que está las de la transferencia y transformación de la misma… Y, finalmente, en el supuesto negado de que eso fuera una razón buena para probar algo en absoluto, eso se circunscribiría a las causas eficientes mecánicas, no, por supuesto, a otros niveles causales, como cuando le doy a las teclas para escribir: que las teclas se hundan se debe a que yo lo quiero, a que yo las empujo, a que yo quiero decir algo, a mi amor a la verdad, etc.: es muy tonto el materialista que niega que haya otra explicación de los fenómenos que la fuerza motriz.

La ciencia es atea, el big bang y la evolución acaban con la Biblia

Entonces, uno ve estos sencillos ejemplos, tratados por mi hermano, junto a todo un cuerpo de razones muy bien estructuradas, y ve un discurso que va de nuestra experiencia a los fenómenos, para asumir la perspectiva de los pensadores a los que hay que refutar. Se puede asumir otra perspectiva. Yo la voy a asumir, en un momento, antes, quiero tocar otro pequeño asunto que me hace hervir la sangre: es decir, yo amo mucho a Dios y hablar de Él me pone fogoso… pero, si uno ve tantas mentiras y estupideces cuantas se dicen hoy en día, no puede menos que calentarse. Claro, los temas son infinitos, como ése de que la ciencia es atea, cuando las ciencias tratan de sus objetos, estrictamente, no pueden tratar de nada que se salga de los mismos y no hay ciencia empírica o básica que trate sobre la existencia de Dios; si bien, dado que ellas suponen un mundo inteligible, como dicen Einstein y Platón, entre miríadas de pensadores, y un mundo así, un mundo ordenado y proporcionado a nuestro entendimiento, susceptible de ser captado por nuestra inteligencia, es un mundo que apunta al Creador, como dice, por ejemplo Newton en su Óptica.

Los puntos son miles, como ése del big bang, cuyos cultores prominentes –por la fama– postulan la inteligibilidad casi inmovilista del mundo [creen saber lo que pasó hace miles de millones de años y lo que sucederá dentro de otros miles de millones, a partir de lo que ven hoy y creen poder encontrar un primer movimiento incausado o sin causa o causa de sí, es decir, anterior a sí…], al lado de una cantidad de absurdos y otras imposibilidades como que la nada explota, que el ser viene de la nada, que del caos, de una explosión, viene el orden, el cosmos, nada más y nada menos, y la vida de lo inanimado y la conciencia de lo inconsciente, etc. Claro, a éstos, al menos aquí, no vale la pena responderles, pues no estamos tratando sobre la existencia de Dios, sino sobre su poder para revelarse a nosotros y para intervenir de manera extraordinaria en los eventos mundanos.

De lo que quiero hablar es de algo distinto, por el tipo de argumentación, de lo dicho sobre Hume y Searle, pero emparentado con ello, en cuanto se trata de la veracidad de la Revelación divina en la Biblia. Mi hermano nos invitó a muchos a leer sus artículos, vía Facebook. Entonces, un señor que no conozco intervino para hacer unas objeciones sinceras, es decir, que él tiene por importantes y que desearía poder responder, en su búsqueda honesta de la verdad. Su problema era que había muchos homínidos, hallados en muchas partes del mundo, a miles de kilómetros de distancia: ¿cómo se sostiene ahí que venimos de Adán y Eva, que de ellos nos venga el pecado original y, por tanto y ultimadamente, de dónde viene la necesidad de un Mesías, salvador universal? Hubo quien trató de poner en cuestión que la Fe tuviera como dogma a la primera pareja. Ahí tuve que intervenir… “Adán y Eva son padres de toda la humanidad, eso es así y, además, es de Fe que es así (véase, entre otros lugares, los nn. 385-421 del Catecismo de la Iglesia Católica). Hay que tener mucho cuidado con eso de los “homínidos” y la evidencia fósil, hay mucho más de fraude que de investigación seria. El Neanderthal, el cromañón, el australopithecus (la famosa Lucy, una chimpancé), the Nebraska Man [un diente de cochino de monte, del que sacaron toda una estatua “homínida” y toda una historia] y una pléyade más son cosas que se presentan todavía hoy –en libros muy editaditos, en manuales escolares, en museos, etc.– como eslabones evolutivos cuando hace décadas que se demostraron falsos y, aún [Nebraska, australopithecus], fraudulentos. Sin contar los dibujos de Haeckel de los embriones de todas las especies y mil cosas más. Es más, en el caso de que la evolución fuera verdadera, de ningún modo, bajo ningún punto de vista, está eso en ningún tipo de impasse con la verdad del origen en Adán y Eva, todo lo contrario. Lo que dice usted sobre sus dudas respecto a los indios australianos, que vengan de un ancestro común a todos los hombres, puede tener muchos orígenes, pero, conociendo el ritmo relampagueante de, por ejemplo, las volkerwanderung de tantos pueblos, de las invasiones del mongol que, de un momento a otro, aparece en China y luego en Europa (con muy pocas décadas de distancia); sabiendo el origen mismo de los pueblos americanos, relativamente reciente y muy “relampagueante”, eso no tiene ningún problema. El todo está en no ver uno cosas que pueden ser bastante obvias, con que uno considere los casos reales, ¿no? Nada de lo que se dice arriba es verdadero problema para la Fe”. Los fósiles, hasta ahora, fuera de engaños, ensoñaciones y fraudes, no hacen sino mostrar monos y al hombre apareciendo completo, de una sola vez; y el hecho cierto de la velocidad con que se desplazan los pueblos por la Tierra, explican el fenómeno de la población de toda la superficie terrestre por parte del hombre.

La ciencia y la filosofía que reivindican los rasgos de la Fe más escarnecidos, inopinadamente

Hay puntos en los que la ciencia y la técnica han mostrado cómo los milagros que daban pie e las burlas de los secularistas no tienen tanto de extraordinario. Tal es el caso de la concepción virginal del Verbo divino, por parte de su Madre, Santa María: hoy, cualquier mujer puede ser “virgen y madre”, es decir, madre, sin “conocer varón”: la clonación, la fecundación in vitro y la inseminación artificial. Y, aunque puede alguien pensar que esto es blasfemia, no lo es, es sólo aplicación del principio asentado arriba: ¿cómo no va a poder hacer Dios, omnipotente, lo que el hombre, tan limitado? Hoy, el misterio no es tanto la concepción virginal, el Misterio es la Encarnación, que Dios se haya hecho hombre. Por supuesto que la concepción de Cristo por la Virgen es un prodigio y, hecho por Dios, no es violación del orden del ser, pero no es inconcebible: Dios espíritu Santo tomó un óvulo de la Madre y lo dotó de toda la información genética necesaria para la generación de un hombre nuevo. Esa naturaleza humana es asumida por el Verbo, Quien, de esta manera, se une a Sí personalmente dicha naturaleza, de modo que, habitando cada naturaleza en la otra, en total compenetración, y subsistiendo el Verbo en la naturaleza humana de Cristo, la única Persona divina subsiste en dos naturalezas…

Algo análogo sucede con la Resurrección, tan hilarante para los judíos [o tan causa de su urticaria]. Conociendo a Aristóteles, no tiene nada de particular creer en la resurrección. El alma no es una cosa que habita en otra, el cuerpo, que sería, según algunos, su cárcel. ¡¡¡NO!!! El alma es un constitutivo natural de ser vivo material, siendo el otro constitutivo, precisamente, el cuerpo. No son dos cosas, son dos constitutivos de una sola cosa: el viviente. En el caso del hombre, el alma intelectual, por ser espiritual, por ser el intelecto una capacidad que no está inmersa en la materia, de modo que puede obrar y subsistir sin el cuerpo, la misma puede subsistir, luego de la muerte; y, siendo vida e incorruptible, por ser absolutamente simple, en el nivel sustancial, entonces es inmortal e indestructible. Puesto que ella no es el hombre, no es una realidad completa, ella reclama el ser reunida con el cuerpo, para formar al ente que ambos constituyen. No es una “Ley”, pues no está en su poder, en sus capacidades naturales volver a producir la unión. Pero, supuesto el poder de dios, lo razonable, lo más razonable, de hecho, es que ambos se reúnan. Como Cristo es Dios y la Vida y Señor de la vida, era lógico que resucitara, sobre todo porque, sin la Resurrección, “vana serían nuestra Fe y nuestra Esperanza” (cfr. I Corintios 15,14). Puede uno seguir pasando por todos los puntos de la Fe, muchos no pueden probarse, nos superan, pero se muestran como completamente razonables, dado Quién es Dios, el orden del mundo, en el que Él se revela, etc. Piensen en el mal: no puede venir de Dios, que es absolutamente bueno; no puede venir de la Creación, pues ella es obra de Dios omnipotente, infinitamente sabio, que ama necesariamente el Bien que Es Él mismo; pero existe: viene de que el mundo fue hecho para el hombre y, siendo éste libre, para poder cumplir su destino, la Gloria de Dios, consciente y libremente, traicionó, se alzó, contra el Creador y “conoció el bien y el mal” (cfr. Génesis 3). No hay respuesta más razonable, se los aseguro, aunque sea estrictamente de Fe.

Dios, con el universo en su puño, por su Sabiduría, hace milagros

Bueno, pero éstos son sólo ejemplos de lo que quiero decir en realidad. Es decir, como dice Shakespeare, “lo pasado es prólogo”. El asunto es éste. Antes les decía que Hume ponía peros al milagro, aparte de por enemigo de Dios –punto–, por ver las cosas desde “este lado”: por ver que hay un orden y creer que es inviolable: así de estable es la ley que Dios da a SU naturaleza, es decir, a la naturaleza, que es de su propiedad. Pero hay que verlo desde “el otro lado”: desde Dios, una vez que uno ha llegado a conocerlo, por la razón natural, por la filosofía, y, más importante aún, por la Fe.

Santo Tomás, comentando el libro VI de la Metafísica de Aristóteles, sobre el asunto de la Providencia, la presciencia de Dios y la contingencia y la libertad, anota lo siguiente: Dios produce todo, de la nada, Crea, de modo que produce todo, con todas sus determinaciones, absolutamente. Él hace al ser necesario y al contingente; y, para uno, prepara causas próximas necesarias y contingentes, según la proporción. De modo, podemos comentar, que todo ser, necesario o contingente, pertenece a Dios. En Analíticos Posteriores, se muestra que pertenece a la ciencia lo que sucede de manera necesaria universalmente y per se. Eso se da como rasgos genéricos y específicos de seres contingentes: yo soy contingente, pude no existir, pero, dado que soy y que soy hombre, soy animal racional, histórico, libre, político, animal que ríe, etc.: eso es necesario universalmente y per se, todo hombre, por naturaleza, posee esas propiedades de nuestra esencia. Pero la ley primera de todo ser es su pertenencia a Dios, incluso en sus rasgos más necesarios, todo es producido y mantenido en el ser por el Creador providente, de modo que si, en su Sabiduría, Ley máxima de todo el universo, de la totalidad y de las partes, Él decide que algo obre de manera distinta a esas “leyes” que son rasgos menos profundos de la naturaleza, frente a las que Él es plenamente libre, pues lo es respecto de toda la creación, para lograr más cumplidamente su Designio [causa de la Cruz y los padecimientos de Cristo: Isaías 53,11]; entonces, no tiene nada de particular, es peanuts, para el que saca las galaxias y la vida de la nada, con todas sus leyes, hacer que el ciego vea o multiplicar los panes o abrir el mar o lo que sea que no implique imperfección o mal de Su parte, para que todos Lo conozcamos y Lo glorifiquemos y nos salvemos… Es como un juego de niños esto de los ateillos, a la Hume, ¿no? Daría risa, si no fuera tan trágico y si no diera tanta lástima y tanta rabia, por las ofensas al Creador y la pérdida de las almas…

Dios-todopoderoso, Amor que se desborda, Misericordia creadora

Pero vamos a darle un poquito más lejos. Dios crea. Pero eso es un misterio tremendo. Es decir, nosotros no tenemos experiencia de ninguna producción de la nada y, si tuviéramos acceso racional al hecho de que Dios creara, no sería porque viéramos nada similar, sino porque sabemos que Él es la causa universal del ser, incluso de la materia, y porque, habiendo hecho todo con un orden tan luminoso, el mismo orden brilla poniendo a Dios como causa anterior que la misma materia (Contra Gentiles II,16)… Eso escapa de nuestra experiencia, pero lo podemos probar con la razón y, aunque eso no nos dé el acto creador, sí lo vislumbramos en el poder de Dios. Eso nos supera, pero todavía hay puntos superiores, que nos exceden en más. Más misteriosa es la motivación de la Creación: el que obra lo hace por un fin, por algo que espera alcanzar: Dios está infinitamente, eternamente, totalmente, completo en Sí mismo, no parece poder tener razón para crear. La Fe dice que es para comunicar su Gloria y es verdad, pero nos deja con un abismo… Al indagar en él, se abre aún más: ese abismo, sin embargo, se llena por la naturaleza misma de Dios, la naturaleza del Amor, que es más propio, cuando es más gratuito, más desinteresado. Ahí está la clave: Dios crea por un desbordamiento de generosidad, que es su Amor, el Amor que Él ES, por la Sabiduría que Él ES. Ahora bien, en la Suma Teológica, I, 21, Santo Tomás muestra que todas las obras de Dios son justicia y misericordia: justicia, porque, aunque Dios no estuviera obligado a crear y lo hace libremente, da a cada cosa según la naturaleza que Él diseñó; y misericordia, porque da a todo a unos otros que no merecen nada, radicalmente, dado que les da el propio existir y toda posibilidad de merecer… Así, esa misericordia es lo mismo, de algún modo, que la razón por la que Dios crea: su inefable generosidad, el desbordamiento de su Amor. Por eso, en sentido absoluto, se puede decir que Dios ES misericordia, sin violar nada de su Majestad que no depende en nada de la Creación ni de ninguna referencia a ella. Dios es misericordia. En la Suma Teológica, I, 13, el Aquinate dice que los nombres de Dios son más propios o menos propios, según la referencia en la que se los atribuyamos, pues Él es, en realidad, el Inefable; por eso, se puede decir con propiedad que él sea misericordia. Pero yo hallo que, en absoluto, en su propio Ser, Él es misericordia, pues es Amor, amor infinito, creador, desbordado, indescriptible, infinitamente superior a nuestro entender, más aún que todopoderoso-creador… Santa Faustina dijo verdad, Jesús le dio su secreto más profundo y nos lo ha entregado en esta época aciaga…

Dios-Misericordia se revela

Así podemos poner un último punto que se plantea todo el que se enfrente a la religión cristiana y se tome en serio a Dios: Él se revela. Es un espanto ver tantos ataques a la Revelación de Dios, de todos los tipos: ataques a la profecía, ataques a que Dios se ocupe del mundo o de los hombres, a que hable en lenguaje humano, a que la Biblia sea revelación, al Evangelio, a la Encarnación, al hecho de que esa encarnación de Cristo sea el acontecimiento máximamente revelador de la propia vida íntima, trinitaria, del Altísimo. No voy a responder a todos estos ataques, sólo quiero que quede claro que es completamente razonable que dios se revele… y en palabras humanas, así como en la Encarnación. Lo acabamos de decir: Dios crea por un desbordamiento de Amor, por un acto de generosidad pura, que entrega todo a los que no merecen nada o, como dice santo Tomás, por su misericordia infinita. Y Dios crea personas como Él, seres conscientes, libres, conocedores, amantes, nos crea a nosotros y a los ángeles. Y Dios crea el universo sensible para nosotros, en un dechado de magnificencia inaudito: miles de millones de galaxias, con miles de millones de estrellas cada una, todo para el hombre, una inmensidad y, en un rincón de ella, un planeta con vida, con condiciones asombrosas, un planeta privilegiado, como dice el doctor Guillermo González (https://www.youtube.com/watch?v=QmIc42oRjm8), de un tamaño, con una composición, con un campo magnético, con un campo gravitatorio, con una atmósfera, a una distancia perfecta de una estrella perfecta, en el lugar perfecto, de la galaxia perfecta, con movimientos perfectos, con el perfecto satélite natural, a la distancia perfecta, con los movimientos perfectos, un planeta perfecto para la vida, llenando, literalmente, centenares de condiciones, aparte de las generales del universo (leyes de la química y la física), para albergar la vida en su seno… y para permitirnos el estudio de la astronomía… Un mundo en el que Dios pone su impronta, al que pone como raíz más profunda una actualidad de su propia naturaleza, una dimensión divina, dice Aristóteles, el propio ser, que es, para colmo, inteligible y apetecible, en su razón propia, en cuanto perfección actual, de perfecta proporción con nuestro intelecto y nuestra capacidad de amar, la voluntad; y todo, por ser nosotros imagen y semejanza suya: es demasiado. Viendo la caída del hombre, la herida que sobrevino al universo y a nuestra naturaleza, el desorden y la debilidad con que estamos heridos y la ignorancia y la ceguera en que vivimos, ¿no iba a apiadarse de nosotros y elegir un pueblo para la misión profética de manifestarse al mundo y no iba a venir Él a pagar por nuestra culpa y a curarnos, elevarnos y perfeccionarnos por la gracia y, por ella, abrirnos las puertas del Cielo, restableciendo la amistad de Sí mismo con nosotros? Parece locura que el que creó por tan inefable amor pudiera luego vivir para desentenderse y vengarse de ésos a los que dio tanto. Ahora nos dio mucho más, pero eso es sólo un paso más en el revelarse de ese Amor infinito y es, después de todo, la forma como Él llevó su plan, su designio, al pleno cumplimiento (Isaías 53,11), como ya dije arriba.

***

En el mundo actual, gente como Hume, Hobbes, Kant, Marx, Nietzsche, Freud, son blandidos como estandartes de la liberación del hombre. Una “liberación” lograda por el abandono de Dios, “muerte”, le dicen… Simultáneamente, la “liberación” ha seguido las vías que le quedan a un mundo sin Dios: el materialismo, el ocasionalismo, el caos, el azar. Y, simultáneamente también, al hombre se le ha negado su intelectualidad y, por ello, se lo ha puesto como una especie de fuente y marioneta, a una, de una pasiones ciegas, sin naturaleza, sin ton ni son. Esas pasiones, en el cruce del materialismo y el nominalismo radical (hermanos siameses que no estuvieron conscientes el uno del otro sino hasta fecha muy tardía), vino a dar, primero, en la interpretación de nuestra libertad como mera ausencia de obstáculos al paso de la naturaleza, entendida como mecanismo; y, luego, a la más coherente negación sencilla de la misma. Todo esto sucede en momentos en que la investigación científica, aunque se vende como que está en su apogeo, se halla en uno de los mayores peligros históricos, por el abuso de los poderosos y, aún, la muy extendida corrupción de investigadores e instituciones que los albergan; así como por la tremenda amenaza a las academias por su supuesta inutilidad. Y sucede en tiempos en que la libertad humana se pone en cuestión por todos lados, mientras se ensalza al ecosistema y se pone al hombre como enemigo público número 1 de la nueva religión naturalista, materialista y atea; y se enarbola la bandera de la eugenesia y el maltusianismo, hasta el punto en que los potenciales genocidas ya no esconden sus intenciones de acabar con más del 90% de la humanidad.

Y todo esto desde los más variados cuarteles de maltusianos, feministas, “generistas” (de la ideología del género, valga el neologismo), capitalistas, marxistas “clásicos”, marxistas nuevos del marxismo cultural, posmos, ecologistas y new agers, infinidad de veces –las más de las veces– confundidos o entremezclados unos con otros, en un “todos contra a decencia y el orden” aterrador… En este ámbito, las fuerzas políticas actuales, así como las “autoridades” espirituales promovidas mundialmente (por los medios y los demás poderosos), se erigen como inmensas amenazas; y, puesto que a la pobre gente se le ha desprestigiado la única salida real del enorme problema, Cristo y su Iglesia, parece como si el mundo estuviera atrapado y sin salida. La situación revolucionaria es extrema, como lo muestran las persecuciones ue están sufriendo los cristianos en todo el mundo, que sea tema prohibido el hablar de ellas (https://eticacasanova.org/2013/07/10/la-correccion-politica-el-verdadero-odio-totalitario-del-mundo-de-hoy/), las guerras absurdas en el medio oriente, el aborto, las drogas, la liberación sexual y hasta el hecho horrendo de que el actual papa, Vicario de Cristo, sea un confeso comunista (https://eticacasanova.org/2015/10/02/la-internacional-comunista-papista-en-los-estados-unidos-de-la-urss/).

Ante todo esto, se levanta Dios, “creador, padre y redentor nuestro”, que se revela, que interviene en la historia, que es Señor de ésta, que hace milagros, que nos ama en un amor que nos supera infinitamente y en todas direcciones, que es Misericordia, que es la Fuente de todo el ser, su Causa universal. Frente a todo esto está Cristo, nuestro Señor, el Señor de la Belleza (Sabiduría 13,1-9), el sumo Bien, la suma Sabiduría y Verdad subsistentes… CON ÉL, POR ÉL, EN ÉL, POR AMOR AL PADRE, VIVIFICADOS POR EL ESPÍRITU, NOS REBELAMOS, NOS LANZAMOS POR EL ÚNICO CAMINO, CRISTO, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN…

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