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Héroes, héroes, ¿dónde se han ido? Los necesitamos, santos

Un vistazo a la devastación iconoclasta del mundo de hoy

San Pío de Pietralcina. Su cadáver incorrupto, aunque murió hace más de 47 años, visita el Vaticano, la gente se apiña para ver a este héroe...

San Pío de Pietralcina. Su cadáver incorrupto, aunque murió hace más de 47 años, visita el Vaticano, la gente se apiña para ver a este héroe…

Peter Parker va a visitar a su Tía May, por primera vez, después de que le confesara haber tenido alguna parte en la muerte del tío Ben, al no detener, por cierta venganza, al asesino, en un robo anterior al incidente que terminó en la partida de quien fungió como su padre. La tía lo recibe con su calor habitual, con un cariño que le asegura al héroe que su tía no tiene resentimiento alguno hacia él. La tía se está mudando, el banco la está desalojando, embargándole su casa, ejecutando la hipoteca. Henry Jackson, un vecinito de los Parker, está ayudando a la tía. A él se refiere ella, cuando comienza esta conversación con Peter:

Tía May: Él quiere ser el Hombre Araña.

Peter Parker: ¿Por qué?

Tía May: Él reconoce un héroe cuando lo ve. Hay muy pocos por ahí, volando de ese modo, salvando a muchachas viejas como yo. El Señor sabe que niños como Henry necesitan un héroe: gente valiente y dispuesta a sacrificarse, poniendo el ejemplo para todos: ¡todo el mundo ama a un héroe! La gente hace colas para verlos, los aúpan, gritan sus nombres y años después todos contarán cómo resistieron bajo la lluvia por horas, sólo para echar una ojeada a aquél que les enseñó a resistir otro segundo. Yo creo que hay un héroe en todos nosotros, que nos mantiene honestos, que nos da fuerzas, que nos hace nobles y, finalmente, nos permite morir con orgullo, aún cuando, algunas veces, hemos tenido que quedarnos quietos y renunciar a las cosas que anhelábamos más, hasta nuestros sueños. El hombre Araña hizo eso por Henry y él se pregunta adónde habrá ido. Él lo necesita…

***

Estamos en la época de la iconoclasia absoluta. Judíos y judaizantes-protestantes han triunfado; iglesias católicas son vaciadas de antiguas decoraciones. El arte ya no pinta figuras, como en Roma, Grecia o el Renacimiento, ya no se ve a Cristo victorioso, triunfando en el fin del mundo, impartiendo justicia misericordiosa, lanzando a los malvados a su castigo merecido, cargando consigo a los humildes, a los que se acogieron a la misericordia, como el publicano de la parábola (Lucas 18,9-14); como lo pintó Miguel Ángel en la Sixtina. Entre Cristo y nosotros está la gnosis, la de los dichos y de los modernistas todos. En el lugar de los publicanos de todos los tiempos, de los que se abrazaron a Cristo y la justicia y la generosidad heroica, con humildad total y olvido de sí mismos, se han levantado muros horrendos, paredes sin decoración, arquitectura sin sentido y unas, ajam, “artes” “visuales” desprovistas de toda imagen de humanidad, belleza y nobleza; y hombres espantosos ocupan los lugares de próceres, mártires y santos. Es la época de la iconoclasia y los narcisos y soberbios. La época en que LeBron James o Roger Federer son elevados a la categoría de ídolos y modelos, por la gente sedienta de ellos. Época de desolación…

Y lo peor es el  contraste. Lo peor es que, por ejemplo, los estultos protestantes, los seguidores de Lutero, nos acusan de idólatras a los católicos, por sostener los ejemplos heroicos, que son, principalmente, la ilustración más potente del poder salvador de Cristo y la historia viva de su acción redentora en el trajinar del hombre sobre la Tierra. Si yo amo y venero a San Bonifacio es porque veo en él al fundador de una civilización entera, al hombre que vio a Cristo haciendo de fermento para la erección de la cultura más noble y sublime de la historia, en la que se producirían santos, héroes de Dios hecho hombre, incontables, que trajo la monarquía merovingia la esfera del papa y al papa a la esfera de esa monarquía fundamental; veo en San Bonifacio a un héroe indomable, que fundó infinitos monasterios y llevo la cultura a una tierra baldía de donde salió, nada más y nada menos que Alemania; veo al hombre que fue donde los frisios, luego de haber logrado tanto y tanto, después de una entrega incansable, y le entregó su vida a Dios, en un martirio que a los ojos es espantoso, pero lo esencial es invisible a los ojos… Con los santos, en medio de la revanchista propaganda judía, se fue el espíritu cristiano, que siempre exaltó las virtudes del mártir, por encima del odio al verdugo, por el que siempre se dio gracias a Dios, desde San Esteban, primer mártir de nuestra Fe (Hechos 6 y 7).

Terrible daño, éste de la iconoclasia, éste que se perpetra en nombre, para empezar, de un entendimiento pervertido de la Biblia y de la naturaleza humana. La Biblia manda a no adorar a otro que a Dios, no dice nada de la ilegitimidad de la veneración a los héroes de la patria, por ejemplo. Es más, sí dice, dice que es bueno, empezando por el cuarto mandamiento o por libros como los de los Macabeos o las historias de personajes como Moisés, Josué, Ruth, Judit, Ester, Abraham, Jacob, José, etc. Lo mismo sucede con las imágenes: la Biblia prohíbe los ídolos, no representaciones pictóricas, que es algo muy diferente: si la Biblia prohibiera esto último, le prohibiría al hombre ser hombre, vivir según su naturaleza, y tal cosa no puede ser de Dios: es ridículo y gnóstico. Peor aún es la locura ésa del tal Lutero, según la cual Jesús no nos transforma, no nos cura y eleva con su gracia, sino que, estando completamente corrompidos, lo que hace es cubrirnos para que la mierda que somos no le huela mal a Dios… eso es completamente contrario a lo que se nos revela en el Evangelio; es más, es una contradicción: ¿cómo puede hablar él con verdad y tener la buena voluntad de enseñarla a otros, si está tan corrompido en su médula misma? Él, muy probablemente, fuera muy corrupto, pero eso era él, en particular, no la naturaleza humana. Ahora, la otra fuente de la prohibición de venerar héroes, en general, proviene del ateísmo y del odio contemporáneo al hombre, surgido, por ejemplo, de pensamientos como el de Nietzsche o el de Marx o de adoraciones a la tierra como las de la ecología profunda y, en general, el new age…

***

Santos, santos, por favor, vuelvan, vuelvan, héroes, como lo hizo el Hombre Araña en la película. Señor, mándalos de nuevo, necesitamos saber que tenemos a los héroes con nosotros. Necesitamos su ejemplo. Necesitamos saber que la humanidad se eleva a su altura. Necesitamos saber que no sólo hay cobardes, mentirosos, vengativos, odiosos, avaros, lujuriosos, resentidos, drogadictos, sedientos de poder, hasta la masacre masiva de poblaciones enteras. Necesitamos fe; necesitamos ánimo, necesitamos saber que Tú nos elevas. SANTOS, SANTOS, LOS NECESITAMOS, NECESITAMOS, EN ESTOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN, SU SABIDURÍA, SU AMOR, SU LIMPIEZA, SU VISIÓN, SU CONFIANZA EN DIOS, HOY, ELLAS SON PURA REBELIÓN, LA QUE SE NECESITA, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

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