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La Mujer Vs. el anticristo feminista

¿Iglesia Misógina? Las verdaderas mujeres refutan la calumnia, we didn’t start the fire

Santa Juana de Arco, con el estandarte del Cordero, símbolo de la derrota del mal, por parte de La Mujer

Santa Juana de Arco, con el estandarte del Cordero, símbolo de la derrota del mal, por parte de La Mujer

Contenido:

La Mujer que vence al enemigo místico, Mélcor

La liberación revolucionaria, el rechazo del “yugo” de la Cruz: Dios madre, mujeres sacerdotisas, aborto y más

“La Gran Tribulación, como no ha habido desde el principio ni habrá”

La verdadera liberación en Cristo: el elenco de la Gracia, we didn’t start the fire: santas incontables, heroínas inigualables

La libertad de las hijas de Dios, frente a los horribles modelos mundanos

Conclusión

 

La Mujer que vence al enemigo místico, Mélcor

“Una Mujer, Revestida del Sol, con la Luna a sus pies y una Corona de doce estrellas sobre su cabeza”. San Juan vio un gran Signo en el cielo… El profeta Isaías también vio el gran Signo: “se os dará una señal: ‘la Virgen dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel’ [que quiere decir, Dios-con-nosotros]” (7,14). Es el mismo, lo dice el propio Apocalipsis: La Mujer, “estando encinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de parir […]. Dio a luz a un varón, que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro [cfr. salmo 2, sobre el Mesías], pero el Hijo fue arrebatado a Dios y a su trono […]. Oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo” (12,2.4.5.10). Es la más antigua profecía: Dios dice a la serpiente, luego de que convenciera a nuestros  primeros padres de que Lo desobedecieran, “pongo enemistad entre ti y La Mujer, entre tu linaje y el Suyo, Él, te aplastará la cabeza cuando tú quieras morder su calcañar” (3,15). “Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el Dragón, y peleó el Dragón y sus ángeles, y no pudieron triunfar ni fue hallado su lugar en el cielo. Fue arrojado el Dragón grande, LA SERPIENTE ANTIGUA, llamada diablo y satanás, que extravía a toda la redondez de la tierra, y fue precipitado en la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados. Oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios de día y de noche. Pero ellos lo han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio, y menospreciaron su vida hasta morir” (Apocalipsis 12,7-11): la serpiente antigua, el diablo, nuestro acusador, trató de comerse al “Hijo de La Mujer”, la que trajo sobre nosotros Su Reino –“ella dijo a los sirvientes (luego de que Él dijera ‘¿qué nos va a ti y a mí, Mujer, si mi tiempo aún no ha llegado?’)– ‘haced lo que Él os diga’ […]; y manifestó su Gloria y los discípulos creyeron en Él” (Juan 2,4.5.11), y Él la venció y comunicó su Victoria a sus discípulos, los que, creyéndole, lucharon con Él, hijos todos de La Mujer.

Anda y resuelve el Misterio: de cabo a rabo de la Biblia, de la teología fundamental cristiana auténtica, católica, LA MUJER, es el personaje central, ¿no que la Iglesia era misógina?… Espera, espera: ¿dónde fue que yo leí que había un calumniador, un “acusador de nuestros hermanos”, dónde, dónde, ¡¡¡DÓNDE!!!? Aaaaaaaahhh, ya me acordé, lo acabo de transcribir, en el Apocalipsis, el diablo es “el acusador” y es el “homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8,44)… Entonces, si la Iglesia tiene por el personaje fundamental a una Señora, Madre de Dios y Madre de sus discípulos y soldados del Gran Comandante en la batalla, y hay unos tipos que dicen que es misógina, hay una “disonancia cognitiva”, ¿no es así? Sí, es la del mentiroso y padre de la mentira, calumniador, acusador de los hermanos: quienes repiten la mentira, puede que no sean todos malos, que tengan buenas intenciones, incluso, de ésas con las que está empedrado el camino del infierno, pero están repitiendo descaradas mentiras, incluso, cuando lo hacen por ignorancia: mienten, al hablar de lo que no conocen, mínimo…

La liberación revolucionaria, el rechazo del “yugo” de la Cruz: Dios madre, mujeres sacerdotisas, aborto y más

Un pequeño compendio de la TEOLOGÍA de género (capítulo especial de la IDEOLOGÍA del tal), en su apartado feminista: “Hoy, claro, todo es mucho mejor, hemos progresado… y hemos puesto a la Iglesia malvada (bueno, a la jerarquía patriarcal) en su sitio, a la misógina ésa. No quiere aceptar que las mujeres sean sacerdotisas, con cuentos inaceptables de un Dios masculino, patriarcal. Claro, por eso se ponen en el camino de la liberación de la mujer, los curas ésos, Jesús fue un revolucionario, señores. Razón tenía Nietzsche, los curas son unos neurasténicos, con su moral sinsentido, queriendo decidir por las mujeres sobre sus cuerpos, atándolas a las cadenas matrimoniales, con sus fetos y embarazos y la cocina y la maternidad. Dios es Madre, Jesús abrió caminos, predicó la divinidad femenina y el lado femenino de la feminidad”…

Da mucha risa… o lo haría, si no fuera un asunto trágico. Cristo se hizo hombre, no se podía hacer hermafrodita, se tenía que hacer hombre o mujer, se hizo hombre… ¡¡¡¡¡PERO NO POR RAZONES DEL SEXISMO CONTEMPORÁNEO!!!!! Se hizo hombre, ¿y?, es su potestad, es Dios, Él sabe infinitamente más, no de todo en absoluto, sabe infinitamente más que yo de aquello de lo que yo creo saber más: de mí mismo. Y, cuando ordenó a los primeros sacerdotes, a los apóstoles, pudiendo hacer lo que le diera la gana, ordenó a 12 hombres, incluido el traidor Judas, sabiendo que ya lo iba a entregar (Juan 13,2). A un nivel próximo, sabemos por qué fue así: el ministro del Altar obra in Persona Christi, por lo que tiene que ser varón, no hay más nada que hacer… ¿Eso es ir contra los “derechos de la mujer”? La pregunta sola es una pesadilla: nadie tiene derecho a ser Sacerdote, no es un derecho, es una Vocación, una llamada y la llamada de Dios es la identidad de la persona, cuya verdad de vida es adecuarse al plan que su Creador tenga para ella, punto. No se ha visto todavía al varón reclamándole a Dios su derecho a ser madre: en su identidad, eso no cabe y ¿cuál es el problema?

En ese ámbito anda lo de Dios “madre”, ¿qué es eso, no les da ninguna vergüenza? No les basta tener unos parámetros culturales enfermos, no les basta proyectarlos al pasado, a toda otra época, para, adulterando como los machos, juzgar con la peor injusticia, luego, incluso, de “acomodar los hechos” a sus relatos, a sus desquiciadas y malvadas fantasías orwellianas, ahora han dado el paso de los pasos: su sexismo se lo han mandado a Dios, para condenarlo. En Europa, se está atacando términos del “patriarcalismo”: se está borrando, en esta operación masiva de transformar al mundo en una mezcla perfecta del 1984 y A Brave New World, del lenguaje todo lo que recuerde a la naturaleza, hasta que sea una versión lo más aberrada posible de la neolengua (newspeak): términos como papá y mamá, esposos, los pronombres masculinos y femeninos, etc. Los baños están siendo convertidos en zonas “unisex”, la Biblia está siendo expurgada, en edición tras edición (con el aval, ahora, del tal Franc, el que ocupa temporalmente la Sede bendita del Apóstol), de todo lo que huela a “patriarcalismo”… Ya pocas niñas saben que pueden formar familias estables, uno se los dice en clases y lo ven raro; y se molestan, MUCHAS, cuando uno se pone a defender la vida frente al aborto, etc.

“La Gran Tribulación, como no ha habido desde el principio ni habrá”

Mientras tanto: la Gran Tribulación. El Cristianismo, en realidad y como demostraré abajo, es la más grande y única verdadera liberación de la humanidad… y, por tanto, ¡¡¡¡¡DE LA MUJER!!!!! Las mujeres están, cada vez más, metiéndose en caminos horrendos de esclavitud y están arrastrando a toda la humanidad. Las negritas gringas son un buen ejemplo: en 1963, entre los negros de los Estados Unidos, la tasa de hijos extramatrimoniales, era de 18%; hoy es de más de 80. Mientras crecen las drogas, la tasa de violaciones, de prostitución, de pobreza, de abortos. Es una hecatombe de enormes proporciones, para hablar en términos bíblicos.

Mientras tanto, la Gran Tribulación. Hoy por hoy, 50 millones de mujeres al año, en todo el mundo, deciden matar a sus hijos antes de nacer: es, por paliza, el más grande genocidio de la historia. Desde que se aprobara el aborto en los Estados Unidos, en 1973, hasta hoy, van unos 2.000 MM de abortos en el mundo, la política del hijo único, en China, se llevó más de 390 MM de chinitos al otro mundo antes de que vieran la luz del Sol. Y, lo peor, cada año, el número de mujeres con el síndrome postaborto, ese tabú del que nadie puede hablar, pues hasta en “la enciclopedia libre” te censuran por hacerlo (vid. La píldora anestesia y wikipedia es libre). Es como con la ayuda a los pobres homosexuales que quieren superar su mal: si alguien los ayuda, en ciertos estados de los libérrimos Estados Unidos, el país de la libertad, esa persona puede ir presa, perder su licencia médica, ser sometida a severas multas. Las niñas (porque, en edad de parir y abortar, las mujeres son mayormente muy jóvenes; y porque, casi siempre, éstos son problemas de muchachas adolescentes) matan a sus hijitos, muchas veces llevadas por alrededores inescrupulosos, para tapar el abuso sexual de un padre o un padrastro, y se les niega el derecho a reconocer que se sienten mal.

Gran tribulación… ESO ES LO QUE SE PRESENTA COMO LIBERACIÓN.

La verdadera liberación en Cristo: el elenco de la Gracia, we didn’t start the fire: santas incontables, heroínas inigualables

Billy Joel, el cantante, tiene aquella canción, ya saben, en la que nombra una cantidad de figuras del espectáculo, la política, los deportes gringos, juntamente con catástrofes, hechos históricos mundiales de diversos tipos, tiranos del siglo XX, etc. Todo de entre los años 1949 y 89, desde su nacimiento hasta que cumplió 40 años. Los pone en varios grupos y dice que él y su generación no encendieron el fuego, didn’t start the fire, que el mismo ha estado ardiendo desde que el mundo da vueltas. Se puede hacer una lista similar, del verdadero fuego que ha encendido a este mundo, desde la primera promesa del Mesías a nuestros primeros padres, hasta la Plenitud del Fuego que vivifica bajado a este mundo, el día de Pentecostés, hace ya 1985 años, aproximadamente, que ha estado ardiendo sin parar desde entonces, con Candela omnipotente, a pesar de que, según los protestantes, dejó de arder, a pesar de las promesas de Cristo, hasta que fue llegando cada uno de ellos: Lutero, Calvino o el último “pastor” gringo, al que la semana pasada le llegó el Espíritu y lo hizo un “born again christian” o algo así.

We didn’t start the Fire, ese Fuego, el Fuego del bautismo de Cristo, el del Espíritu, es eterno y sopla donde quiere… Pero ese Fuego fecundó el vientre virginal de Santa María, Keharitomene, Llena-de-Gracia, es su nombre, desde que el ángel la llamó así, utilizando no un adjetivo, ‘plere’, como, por ejemplo, a san Esteban (keharito-plere), sino un pronombre, ‘mene’ (keharito-mene), siendo la única persona, en toda la Biblia, que es llamada de tal modo. A esa Llena-de-Gracia, la Virgen que dio a Luz al Mesías (Isaías 7,14, y Apocalipsis 12), La Mujer que venció con su Hijo a la serpiente antigua y a su hijo (Génesis 3,14, y Apocalipsis 12), la mentira (Juan 8,44), la “Madre de mi Señor”, del Kirios, del Adonay, de Dios, llamada así por el propio Espíritu (Lucas 1,43), ella, la criatura más excelsa, Dios le dio esa participación tan especial en ese fuego, convirtiéndose, entonces, en estereotipo de toda mujer, Madre de los discípulos de Cristo, Madre de la Iglesia, Reina de todo lo creado, modelo a imitar por todo hombre… A ella, la “nueva Eva”, “bendita entre las mujeres” (Lucas 1,42), sucesora según la carne de las grandes Sara, Rebeca, Raquel, Ruth, Judith, Esther, la acompañaría y seguiría una pléyade de valientes mujeres, desde sus parientes Isabel, madre del Bautista, el Precursor, y María de Cleofás, madre de los “hermanos de Jesús”, apóstoles Judas y Simón y Santiago (cfr. Mateo 12,46, habla de los “hermanos” de Jesús, 13,55, dice que esos “hermanos” se llaman Santiago, José, Simón y Judas, 27,56 y Marcos 15,40, dicen que estos Santiago y José son hijos de María la de Cleofás; Mateo 10,3 dice que Santiago, “el menor”, el mismo de Mateo 27,56, y Judas Tadeo son hijos de Alfeo; mientras que Juan 19,25 dice que esta María de Cleofás es familia de la Virgen María). María de Cleofás y María Magdalena y la Madre de Santiago el Mayor y de San Juan estarán al pie de la Cruz, con la Virgen y San Juan mismo, como los únicos discípulos valientes que fueron fieles hasta el final, en esta hora tan dura para aquella primera comunidad. Las mujeres, el modelo de valentía y fidelidad para toda la Cristiandad…

Ellas mismas son las que van a embalsamar a Jesús. Y son dos mujeres las que lo hacen declararse Resurrección y Vida, sus amigas de Betania, Marta y María, modelos de vida activa y de vida contemplativa, respectivamente y para siempre. María Magdalena, entre las que estuvieron al pie de la Cruz y de las que fueron a embalsamar su Cuerpo, será la primera testigo de la Resurrección, escogida como tal por el Verbo que nos trajo el Fuego, el Logos, Luz del mundo y su calor; ésta es, nada más y nada menos, la apóstol de los apóstoles, la primera testigo que fue encargada de evangelizar a los Doce (Once, en este punto)… De ahí hacia abajo, Tabita y las mujeres de Jerusalén y las demás benefactoras de San Pablo y más allá, hasta nosotros, la línea de valientes, elevadas, inteligentes, modelos, héroes, por las que, incluso, se nos acusa falsamente de idólatras es un verdadero honor. We didn’t start the fire

Entre los cristianos de segunda y tercera generación la Palabra del Dios encarnado ya había logrado progresos asombrosos y, aunque estaba sobre todo en capas medias y bajas de la población citadina, grandes damas, como Flavia Domitila, la santa de familia imperial, que sufrió bajo la persecución del emperador Tito Flavio Domiciano, la que inspiró la escritura del Apocalipsis de San Juan y la que pone las circunstancias de la Carta de San Clemente Romano a los corintios.

En el 163, se levantó el fuego de la persecución en Lyon, la Iglesia local fue barrida por el gobierno pagano. Para la posteridad, este martirio de Lyon será también conocido como el de Santa Melania la intrépida y sus compañeros mártires… En el martirologio romano, destacan, pues están en el propio canon de la Misa, Lucía, Águeda, Cecilia, Inés, Anastasia, Felicidad y Perpetua, veneradas en el momento mismo en que se ofrece el Sacrificio puro, inmaculado y santo, al Padre celestial, casi nada.

En época del Imperio, todavía se pueden resaltar muchas, como las primeras eremitas, entre las que se destaca la precursora Santa Sinclética, pero, entre todas, Santa Helena, emperatriz, madre de Constantino, quien lo hizo, incluso, arrepentirse de masacres despiadadas, quien halló de manera milagrosa la Vera Crux, merece una mención especial. En este siglo, junto a ellas, otra asceta se levanta frente a nuestra vista, la gran pecadora pública, prostituta, que por amor a la Madre de Dios dejó su vida de espanto, santa María Egipciaca. Finalmente, esa madre insigne, la que dio a luz dos veces a su hijo, cuando salió de su vientre y cuando logró la conversión de la más grande figura del Cristianismo del primer milenio, pasado el período apostólico, santa Mónica, madre de San Agustín, amante esposa, extraordinaria madre, mística, luz para todos los tiempos.

En los siglos de caos y oscuridad que forman el interregno entre la caída de la civilización romana y la cristiana, en los siglos de las invasiones bárbaras, en los siglos de paciente construcción para ver como todo era barrido en un segundo, hasta el momento en que la civilización se impuso a las oleadas de semisalvajes y elevara a los pueblos a un principio espiritual común, cuatro mujeres pueden ponerse como signo de estos tiempos. Habrá que empezar con Santa Clotilde, esposa de Clovis, fundadora del imperio merovingio, antecesor y precursor del Carolingio. Clotilde, católica, perteneciente a la verdadera Fe, convence a su esposo, rey de los francos, de convertirse y de ayudar a los católicos sometidos a los bávaros godos, quienes profesaban el arrianismo. Clovis accede y lanza un movimiento bendito que haría triunfar a la Fe en la divinidad de Cristo, amenazada por la barbarie… Grande, inmensa, Clotilde. Antes de Clotilde, París tuvo una salvadora: Genoveva; cuando los hunos de Atila arrasaban todo a su paso y se dirigían a París, Genoveva armó la defensa, salió al encuentro del demonio y lo encaró, salvando a la ciudad; antes, siguiendo a aquéllas heroínas que estuvieron al pie de la Cruz, tratando de que la gente no huyera ante la amenaza, lanzó esas palabras inmortales, que describen a la mujer cristiana auténtica: “que los hombres huyan, si lo desean, si no son capaces de luchar más. Nosotras, las mujeres, rogaremos tanto a Dios, que Él atenderá nuestras súplicas”. Descomunal, Genoveva. En época en que el faro de la Cristiandad brillaba en la isla-monasterio de Irlanda, una figura cristiana se erigía como señora absoluta de la vida del país más culto de la época en aquella Europa seminal: Brígida de Kildare, la grande de Irlanda, factor decisivo para lanzar ese movimiento de conquista para Cristo del globo terráqueo que llevó a los irlandeses a los confines de la Tierra, hasta la aparición de Brendan el Navegante y la conquista del Polo Norte y de Islandia. Enorme, Brígida. Junto a ellas, hay que colocar a esa matriarca del monacato occidental, a la gran Santa Escolástica, hermana de San Benito de Norcia: si éste es uno de los indiscutibles padres de Occidente, ella, que, según dicen, fue más grande, pues amó más, tiene que ser madre, pues ambos compartieron la obra. Inmensa, Escolástica.

Luego del parto de esta civilización, uno se encuentra a gente de primera línea, como la cofundadora de los hermanos menores, la contrapartida del gran San Francisco, la gran Clara de Asís, ese monumento de ternura y fortaleza y fidelidad, madre de una de las grandes obras de la Cristiandad. Antes de Clara, en territorio germano, en la Renania, ese genio peculiar, esa enciclopedia, médico, doctora teólogo, músico de enorme importancia, abadesa, Hildegarda de Bingen legaba su inmensidad al mundo, cristal por el que brilló la luz de Dios. Mientras que, en la orden de los cistercienses de San Bernardo, hacia finales del siglos XIII, sucedía un acontecimiento singular: cuatro espíritus de altura difícilmente igualable se encontraban para vivir sus vidas, conviviendo en un mismo monasterio: las dos Matildes y las dos Gertrudis de Helfta nos transmitían sus incontables tesoros espirituales.

En el siglo siguiente, el XIV, el difícil siglo del Papado en Aviñón, de la Peste Negra, del Gran Cisma, una princesa sueca, familia de jueces de Uppland, Brígida de Suecia dedicó su vida, desde muy niña, a la contemplación mística, teniendo infinidad de visiones e influyendo en la política de su época, de manera que preparó el camino para la más importante personalidad del siglo en toda Europa: Catalina de Siena. Santa Catalina fue la fuerza motriz de una Europa decadente, cansada y ya entrando en fuertes dudas sobre sí misma que parecía encaminada a entrar en una severa crisis. Eso no asustó a la gran mantelata, terciaria dominica, simple e insignificante mantelata, que rigió el acontecer europeo en esta difícil era; esta doctora, esta analfabeta que escribió los documentos más altos, sabios, místicos e influyentes de su época, que movió al papa y a los reyes y no se amilanó ante nadie, este faro de luz incandescente, mística del Cuerpo del señor, del que vivió por años, esta mujer abnegada, que se dedicó a cuidar enfermos, en las epidemias más arrasadoras y terminó cayendo, elevándose, en una de ellas.

Del siglo XIV, son también esas figuras reales y dulces, emparentadas una y la otra, que llevaban el mismo nombre de la gran madre del Bautista, paradigma de esposa fiel: Isabel, de Portugal y de Hungría, reina y princesa. Una se enfrentó a la guerra civil y familiar, pues su esposo no quería transmitir la corona a su hijo y éste estuvo dispuesto a tratar de tumbar a su padre. En una oportunidad este modelo de madre y esposa y de mujer de estado se paró en pleno campo de batalla a evitar que se derramara sangre portuguesa y que padre e hijo se enfrentaran de manera cruenta. Su sobrina del Mar del Norte, fue una esposa profundamente enamorada, un modelo de esposa amante, dedicada completamente a su familia; desdichada, por la muerte de su consorte, dedica su vida a Dios y los pobres; es perseguida por su familia, cae en la total pobreza, vuelve al palacio real y decide consagrarse al servicio de Dios en los pobres del reino.

Con la llegada del siglo XV, se levanta una figura gigante y bastante única en la historia de toda la humanidad: Juana de Arco, la Doncella de Orleáns, la Dama, Libertadora de Francia. La Guerra de los 100 años, ya parecía perdida por Francia, cuando apareció en Chinón una pequeña figura, la hija de unos pobres campesinos de Domremy, diciendo que Dios la había enviado a salvar a Francia: tres meses más tarde, luego de la gran batalla de Patay, Francia había ganado la tal guerra, guiada por la eximia mano de esta inopinada, milagrosa, heroína, que terminaría ofrendando su vida en el martirio, a manos de traidores a su amada patria (el pérfido Cauchon-Couchon)…

Este siglo vio a otro fenómeno cristiano de dulzura y amor conjugados con heroísmo invencible: la hija ejemplar, esposa heroica, madre de abnegación inigualable, monja mística y milagrosa: Rita de Casia, esposa de un miembro de una de esas familias italianas renacentistas, cuyas riñas homicidas de las que Shakespeare disfrutaba tanto de ridiculizar, al que hizo que se convirtiera y que renunciara a su vida de homicidio y venganza; venganza de la que apartó también a sus hijos, cuando quisieron vengar al padre asesinado… Esa Rita fue al convento, fue rechazada, por su pertenencia a esa familia de asesinos, y fue introducida en el mismo milagrosamente por Dios, a continuación; vivió una vida conventual insigne, murió en el 1457, a los 76 años, y su cuerpo está todavía, luego de 568, incorrupto y se lo puede visitar (vid. la foto).

Santa Rita, murió hace 568 años y su cuerpo está incorrupto, como se ve aquí

Santa Rita, murió hace 568 años y su cuerpo está incorrupto, como se ve aquí

Este siglo culminaría con la obra de una de los personajes más importantes de la historia de la humanidad, que resulta que era mujer y católica y santa: Isabel de Castilla, mi reina. Ella, casi nada, acabó con las divisiones que paralizaban a Castilla, unificó a España, completó la Reconquista añorada por toda la Cristiandad por más de 7 siglos, lanzó la conquista del mundo, puso los cimientos para la formación del primer “Imperio en el que no se oculta el Sol”.

En su hermosa Castilla y en la gran España por ella unificada, muchos personajes colmarían las páginas de la historia universal y del santoral cristiano en las siguientes décadas: Cisneros, Jorge Manrique, Fernando, su consorte, sus descendientes Carlos I y Felipe, San Ignacio, San Francisco de Borja, San Francisco Javier, Francisco Suárez, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Cervantes, Quevedo, Velásquez, Zurbarán, San Juan de la Cruz, Bartolomé de las Casas, Santo Toribio, Juan Sebastián Elcano, Cortés, Lope de Vega, calderón de la Barca, Fray Luis de León, Tirso de Molina, Garcilaso de la Vega. Pero hay una que se destaca entre todos, una de la que Bergson dijo que era el máximo modelo de la humanidad, la que produjo la conversión de Edith Stein, la que ha dejado uno de los rastros de luz más luminosos de la historia, amor querido, sin dudas, del salvador: Teresa de Jesús, la grande, la primera doctora de la Iglesia, la más grande mística de la historia de Occidente… Sobran las palabras.

A finales del siglo XVI, en el Nuevo Mundo, la Cristiandad iba a recoger una gran flor, quizás, la más bella que hayan parido estas tierras: Rosa de Lima, hija de Santo Domingo, hija de Santa Catalina, asceta incomparable, mujer cristiana, mística comtemplativa, servidora de los pobres y los enfermos. Defensora de Lima y del Santísimo Sacramento, cuando los corsarios holandeses amenazaban con sus continuos ultrajes y sacrilegios.

Un poco más después del paso de Santa Rosa a la Casa del Padre, caminó por Francia una mujer que debe ser destacada, el apóstol elegido por Cristo mismo de su sagrado Corazón: Santa Margarita María, profetiza de Nuestro Señor, muerta en 1690, su cuerpo permanece incorrupto, hasta el día de hoy. Otro heraldo del Cielo fue escogido en las tierras de santa Genoveva, Santa Catalina Labouré, mensajero de la Virgen Milagrosa, quien dio el anuncio y permaneció escondida en su convento, sin embargo, por más de décadas, hasta su muerte, en 1876; su cuerpo permanece incorrupto hasta el día de hoy.  Francia dio a otra mística profetisa ha cautivó nuestros corazones: la gran Bernardette Soubirous, amiga de la Virgen, en Lourdes, la pobrecita campesina francesa, del mayor candor, cuya biografía fue digna de un Oscar, en 1942; apóstol de la Inmaculada Concepción: ella, una niña que tuvo problemas para llegar a hacer la Primera Comunión, proclamó que el nombre que la virgen le había dicho era ése en 1858, cuando Pío IX había definido el dogma 3 años antes: era la confirmación del Cielo. Bernardette es apóstol de uno de los temas recurrentes en los mensajes místicos de los últimos siglos: “penitencia, penitencia, penitencia”. Mientras tanto, de Alemania nos llega otra gran mujer de origen humilde y vocación religiosa, un poco anterior a Bernardette, aunque del mismo siglo XIX: Ana Catalina Emmerich, quien fue la primera profetisa, en 1820, del comunismo salido de Rusia, del daño que causaría la masonería y de la actual crisis de la Iglesia; sus visiones sobre la Pasión del señor fueron llevadas al cine por Mel Gibson.

Hacia el último cuarto de este siglo XIX, Don Bosco es una figura dominante de la Iglesia; y, como San Benito o San Francisco, tiene una cofundadora femenina para la rama respectiva de la orden: la gran Santa María Mazzarello, mujer de gran tenacidad, generosidad, preocupación por los pobres, los niños: una verdadera gran mujer del mundo moderno, de la educación y de Cristo.

La Santa piamontesa, paisana de Don Bosco, estaba caminando este mundo, al mismo tiempo que un Caminito era trazado en el sur de Francia, al tiempo que se escribía la Historia de un alma, que Dios con su pincel imbatible ponía los rasgos de Santa Teresita del Niño Jesús y de la santa Faz: Corazón de la Iglesia: “Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad. Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo de amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno. Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado»”. Teresita inspiraría a otra Teresita, la de Los Andes, en Chile, que inspiraría, a su vez, a Nuestra Lucía del Niño Jesús y de la santa Faz, fundadora del Carmelo venezolano y de carmelos en México y la propia España, fuente inagotable del Espíritu en el mundo.

A principios del siglo XX, la Iglesia se vio inundada de santidad infantil, algo bastante único en la historia; y la mayoría de estos santicos son mujeres: Lucía de Fátima, la mártir del amor filial, Laura Vicuña, de Chile y Argentina, hija de María Mazzarello, la gran María Goretti. Su santidad eximia, llevó a que su violador frustrado y asesino, se convirtiera y tuviera la oportunidad de asistir con su madre, que lo había perdonado, a la canonización de la Santa.

Llegamos, entonces, a dos grandes luces, dos luces del mundo actual, llamadas también Teresa: Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, la fenomenóloga tomista-teresiana, que, desde el ateísmo y el judaísmo entró al Carmelo, cuando descubrió el infinito que buscaba en las moradas de Santa Teresa; y Teresa de Calcuta, esa pequeñita albanesa, que se fue a la india a mostrar cómo el amor de Cristo es más grande que toda la miseria y el error que campean en aquellas tierras.

Y puedo cerrar esta lista, que es como una pequeña degustación, con esas dos esposas insignes, una italiana, otra española. Gianna Beretta Molla, la médico y madre que prefirió, proféticamente, en 1962, en la civilización de la muerte, entregar su vida por su hijo por nacer, que hacerse un tratamiento que habría acabado con el bebé de sus entrañas. Y Amparo Portilla, santa de la vida ordinaria, de la entrega sin condiciones a cristo, en su esposo y sus hijos…

La libertad de las hijas de Dios, frente a los horribles modelos mundanos

Qué tremendo camino de luz, qué cantidad de testimonios de todos los tipos, cómo se muestra fecunda la gracia de nuestro Dios, que “da lo que manda y pide lo que quiere”, como decía San Agustín; y manda y quiere que seamos santos: “ésta es la Voluntad de Dios: que seáis santos” (1 Tesalonicenses 1,3-4), “sed santos, porque Yo, Yahwéh, soy santo” (Levítico 11,44), “sed, pues, perfectos como vuestro padre del cielo es perfecto” (Mateo 5,48). Pero, en lo que nos importa en este artículo, qué tremendos ejemplos, de todos los tipos, para todos los gustos, de verdadera libertad femenina, de mujeres que viven “en la libertad y la gloria de los hijos de Dios” (Romanos 8,21). La única verdadera libertad, la del que es capaz de, venciendo a sus tendencias naturales básicas, por realizar el sentido de la vida, por vivir una vida digna de ser vivida, es capaz de entregar este cuerpo mortal a las llamas o las bestias o el deseo de ser madre por una entrega perfecta, espiritual, a Dios, o vivir el matrimonio y la maternidad como un camino de santificación, en la entrega total, sin guardarse nada. La libertad que lleva a mujeres, aparentemente débiles y pobres, a ser fuerzas dominantes, absolutamente, en sus sociedades, sin aspavientos y sin pretensiones y con total señoría.

¿Qué ofrece el mundo? A la racista-eugenesista, sinvergüenza, que abandonó a su hija en el lecho de muerte, por ir a acostarse con hombres que no eran su esposo, que luchó por lograr que los negros fueran borrados del mapa de la Tierra, la malvada Margaret Sanger. O Alejandra Kollontai, la ministra bolchevique que, con su feminismo inmoral, llevó a Rusia, a 10 años de su revolución a una crisis familiar como no había visto nunca la humanidad. ¿Qué ofrece el mundo? Aborto, lesbianismo y masturbación, para lograr la “libertad del falo”. ¿Qué ofrece el mundo, que no sea inmoralidad, cadenas y muerte y frustración? Lo que ofrece el mundo es el único camino que puede ofrecer, que es el de la tiranía, ése en el que se rechaza e orden moral, la ley natural, para que la gente crea que se libera, cuando lo que hace es abrir las puertas para que los ricos y poderosos se salgan con la suya, pues no hay un bien que pueda medir sus acciones y la gente está demasiado anestesiada con sexo, drogas, alcohol, diversión, avaricia, televisión como para hacer les frente. Eso ofrece el mundo. Ofrece enmendar la obra de Dios, ofrece acabar con las “cadenas” familiares y con el compromiso de por vida, con la necesidad de la generosidad y con los lazos que reclaman responsabilidad, a toda costa… eso ofrece el mundo: un infierno en el que lo único que puede salir es tremendas cadenas, de parte del poder… y de los hombres irresponsables e inmorales, para las pobres incautas que creen en la trampa… No hay alternativa.

Conclusión

Dios fecunda la Tierra: “Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y vuelven allá sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para comer, así la boca que sale de mi boca no vuelve a mí vacía, sino que hace lo que yo quiero y cumple su misión” (Isaías 55,10-11). Ése es el centro de la doctrina católica sobre los santos: nuestro héroes, modelos, intercesores, amigos y una poderosa razón de nuestra esperanza: la Palabra de Dios es fecunda, en concreto, y puede salvarnos a todos: puede convertir en un modelo para los siglos, un modelo de ascetismo inigualable, a la prostituta María Egipciaca, puede lo que sea, es omnipotente, es Dios, Cristo mismo, Quien, para colmo, se hizo uno de nosotros, para santificar todo lo humano. En ese ámbito, Cristo abre el camino de la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Con los siglos, la esclavitud cedería, como institución social, y eso daría paso a los tremendos avances económicos de la primera revolución industrial, de los siglos XII y XIII. Para las féminas, lideradas por la Virgen María y las amigas y seguidoras de Jesús, que la acompañaron, se abrió un campo desconocido: el de esa santidad y esa libertad. Algo como eso, sólo en contados casos se había asomado en la historia de las sociedades humanas. Es decir, el espíritu pro-femenino que muestra Platón en La República no es lo más común del mundo. La lista de arriba demuestra sin lugar a equívocos la inmensidad de los caminos que Cristo abrió a todos, empezando por las mujeres… Hoy, esto está fuertemente en peligro, con aberraciones tiránicas, sin precedentes, también: el rechazo de Cristo por una sociedad tiene que dar lugar a males inigualables: “la corrupción de lo mejor es la peor”, dice Santo Tomás. Oponerse a este camino de perversión totalitaria es una necesidad ineludible. DEFENDER LA VERDADERA FEMINEIDAD Y LA LIBERTAD Y LA GLORIA DE LAS HIJAS DE DIOS ES REBELIÓN, REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE RUPTURA REVOLUCIONARIA…

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