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Deconstruyendo a Body

No a Harry, la sátira de Woody Allen, es a Mystical Body, la tragedia de Francisco

Francisco, cuando hizo eso, se estaba poniendo en la línea del Guasón, el de la película de Christopher Nolan

Francisco, cuando hizo eso, se estaba poniendo en la línea del Guasón, el de la película de Christopher Nolan

¿Quién es el encargado de la deconstrucción de la Iglesia?

Acabo de leer el discurso de Francisco en Florencia, a la Iglesia Italiana. No pude evitar acordarme, insistentemente, de una película Deconstruyendo a Harry, aquí estamos Deconstruyendo al Cuerpo Místico [en inglés: Mystical Body, que se pronuncia ‘bary’, “diconstrocting bary”]… Fue una tremenda cháchara sobre “humanismo cristiano”: si se preguntan a qué viene eso, lean el discurso y lean la Carta sobre el Humanismo de Heidegger, entenderán por qué me recuerda tanto a Woody Allen, su atroz película y el deconstructivismo que la inspira. Que si el pelagianismo y el conservadurismo, que si el “agnosticismo” (que él ha llamado “gnosticismo”, “nominalismo” e “ideología”, no significando ninguna expresión lo que significan de verdad en castellano): poner la Fe en ideas (o sea, pensar sobre la Fe, hacer teología) y en ideas que están divorciadas de la realidad y son estériles (Marx diciendo que el asunto no es sobre la verdad, sino sobre la “praxis” revolucionaria, que determina lo que sea verdad [nominalismo del más radical: el esse obiectivum de Scoto, pero no creado por Dios, sino por la revolución]). Que si hay que predicar a Cristo, sin complicarlo con “doctrinas complicadas”, pura ternura y Evangelii Gaudium. Que para encontrar a Dios hay que estar en el diálogo. Que hay que ser creativos y no quedarse en la seguridad de las normas, las estructuras, la Fe, que hay que adaptarse a la realidad y abandonar formulaciones ARCAICAS (como dijo en el discurso de cierre del sínodo)… PARE DE CONTAR. Deconstruyendo al [Mystical] Body. Y, entonces, después de eso, me acuerdo de un artículo publicado por Flavio Infante, en su blog in-exspectatione.blogspot.com (http://in-exspectatione.blogspot.cl/2015/11/bergoglio-bifronte.html), en el que Francisco en persona dice que él hace X (intervenir a los Franciscanos de la Inmaculada) y que el que hace X (la referida intervención) es el    demonio, me acuerdo de que “dos cosas idénticas a una tercera son idénticas entre sí”… Veo las dos cosas, las comparo, me acuerdo de que Jesucristo dijo que a su Iglesia la trataría de deconstruir el diablo y quedo lelo: ¡No sé qué pensar!… Que quede claro, no lo digo yo, lo dice él, ése fue su discurso a los atribulados Franciscanos de la Inmaculada.

***

Los pecados mortales: la multiplicidad de sus nombres

A) Preparando el terreno

Recuérdese que aquí vinimos a “reflexionar sobre el humanismo cristiano” (https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-con-los-participantes-del-v-congreso-nacional-en-la-catedral-de-florencia-62788/). En realidad, el papa fue a Florencia a dar un discurso al V Congreso Nacional de la Iglesia Italiana, para dar su versión heideggeriana, a la manera de la Carta Sobre el Humanismo, del “humanismo cristiano”. Comienza diciendo una verdad, algo bueno, en sí mismo: “podemos hablar del humanismo sólo a partir de la centralidad de Jesús, descubriendo en Él los rasgos del rostro auténtico del hombre”: el Cristianismo sólo puede ser un humanismo al considerar la Humanidad de Cristo, porque el Cristianismo, en cualquier otra conexión NO ES un humanismo, es la Religión auténtica, pues es el camino de religación del hombre a Dios, trazado por Dios mismo hecho Hombre. En el Creador y Redentor es, pues, verdad decir que hay una dignidad de la humanidad, porque Adán es “imagen y figura del que había de venir” (Romanos V,14). Claro, Francisco tiene que estirar esto hasta que se rompa y, por eso, dice que “el humanismo cristiano al que estáis llamados a vivir afirma radicalmente la dignidad de toda persona como Hijo de Dios”. Puede que sea verdad que, por Cristo, se “establece entre cada ser humano una fundamental fraternidad, enseña a comprender el trabajo, vivir en la creación como una casa común, proporciona razones para la alegría y el humor, también en medio de una vida dura”; pero otra muy distinta es que todo hombre sea hijo de Dios, porque la filiación divina es un don del Espíritu, que sólo pueden recibir los bautizados. Pero continúa Francisco: “es la contemplación del rostro de Jesús muerto y resucitado que recompone nuestra humanidad, también la fragmentada por las fatigas de la vida, o marcada por el pecado”. Hasta aquí, sin tomar en cuenta el contexto, el discurso parece inocuo, si no bueno, a pesar del exabrupto sobre la filiación divina. Pero entonces entra todo se tuerce, súbitamente…

Hay un punto digno de investigar: las razones de que Francisco sea tan caótico. Uno lo ve como una especie de encarnación de la famosa “destrucción creadora” de los marxistas y el ordo ab chao de los masones: la andanada de veces que lo ha dicho es apabullante: “hagan lío”, “salgan de las seguridades”, “hay que descentrarse”, “una Iglesia en salida”, “el dios de las sorpresas”, “hay que abrirse a lo nuevo, “no se puede ser autorreferente”, etc. Dice en este mismo discurso: “La humanidad del cristiano está siempre en salida, no es narcisista, autorreferencial”. En este discurso pone una expresión que hay que entender en ese marco: “No debemos domesticar la potencia del rostro de Jesús. El rostro es la imagen de su trascendencia. Es el ‘rostro de la misericordia’. Dejémonos mirar por Él. Jesús es nuestro humanismo”. Estamos, entonces, en un ámbito que ya no nos es familiar, es el ámbito del humanismo de Heidegger, el que alaba el nihilismo marxista, por sobre todo otro nihilismo, incluso el sartriano. Estamos en ámbitos en que no se puede domesticar a la realidad.

Y en un ámbito en que Jesús es el camino, pero si se lo pone en el lugar del “Cristo Histórico”, el pueblo proletario en el camino de su “liberación” [sobre la amplia gama de actuaciones y confesiones que prueban esta adscripción, véase: comunista-papistaaquelarre chavista-vaticano y Laudato Marx]: “El rostro de Jesús es similar al de tantos hermanos nuestros humillados, hechos esclavos, despojados. Dios ha asumido su rostro. Y ese rostro nos mira”. “Si no nos ‘abajamos’ no podremos ver su rostro. No veremos nada de su plenitud si no aceptamos que Dios se ha despojado. Y entonces no entenderemos nada del humanismo cristiano y nuestras palabras serán hermosas, educadas, refinadas, pero no serán palabras de fe”. “Serán palabras que suenen vacías”. O sea, no es por la contemplación mística, sino por una contemplación del pobre, que podemos conocer a Jesús: la Madre Teresa decía que todo lo hacía (los beneficios a los pobres) por amor a Jesús, lo que supone una especie de elevación mística; Francisco nos dice que el asunto es al revés, para ver a Jesús, hay que contemplar al pobre, no a un amor trascendente, infinito, que se encarna en cualquier realidad humana, en el pobre y nos atrae al Cielo desde ahí; sino un ver hacia abajo, al pobre, en su mundanidad, y a Cristo en él, abajado y en cuanto abajado, “despojado”… Será por eso que, para no ser fariseo, hay que ser fariseo y para no sentarse en la cátedra de Moisés hay que, como Moisés, permitir el divorcio, porque ser como Jesús es ser un cerrado de corazón inmisericorde: en seguida lo veremos, ésta es una manera heideggeriana de tratar la realidad, a la manera de las etimologías de rector Martín…

Según él, por otra parte, el humanismo cristiano consiste en “los sentimientos [SENTIMIENTOS] de Jesucristo”. Humildad [sentimiento], sin buscar la propia gloria sino la de Dios, que “no coincide con la nuestra”; generosidad [sentimiento], buscar la felicidad del prójimo, “en salida”, sin ser “autorreferencial”; felicidad, beatitud, ser “beato” [no en la acepción común, sino como bienaventurado], como los santos, pero, sobre todo, como los pobres [no puede evitarlo, la propaganda comunista, el uso de cualquier cosa para ponerlo al servicio de la revolución es un imperativo, puede verse, al respecto: ]. Dentro de la explicación del segundo “sentimiento”, dice que ser generoso equivale a no “encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa protección, en las normas que nos transforman en juicios implacables, en los hábitos en los que nos sentimos tranquilos”: como quedó claro en el discurso de cierre del sínodo: el que no dice que los divorciados y vueltos a casar pueden comulgar, es un egoísta, punto, uno que no ve que “el Evangelio sigue siendo para la Iglesia una fuente viva de eterna novedad, contra quien quiere «adoctrinarlo» en piedras muertas para lanzarlas contra los demás. [El sínodo recién terminado] Significa haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas. Significa haber afirmado que la Iglesia es Iglesia de los pobres de espíritu y de los pecadores en busca de perdón, y no sólo de los justos y de los santos, o mejor dicho, de los justos y de los santos cuando se sienten pobres y pecadores. Significa haber intentado abrir los horizontes para superar toda hermenéutica conspiradora o un cierre de perspectivas para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible”.

De procurar poseer esos sentimientos, se siguen dos consecuencias: 1) la Iglesia no estará obsesionada con el poder [¿?]; 2) la Iglesia será feliz [o sea, si es humilde, generosa y feliz, será feliz], será una Iglesia “descentrada”, no “autorreferente”, que no busca sus propios intereses, será como mandan las bienaventuranzas, espejo que no miente de la Iglesia: una Iglesia que sabe meter novedades, las del “dios de las sorpresas”.

La deconstrucción de la Iglesia

Para que la Iglesia no se desvíe de su camino de felicidad y sea la imagen adecuada, debe evitar las dos grandes tentaciones, que se unirán, claro, al gran pecado, del que habló en los Estados Unidos: la peor tentación, “frente a la que debemos estar en guardia, es el reduccionismo simplista que ve sólo bien y mal; o, si prefieres, a los rectos y los pecadores”, dando patentes de corso a los enemigos de la Iglesia (https://www.lifesitenews.com/news/maybe-the-pope-will-convince-republicans-to-fund-planned-parenthood-obama). Estas tentaciones de la Iglesia son muy heideggerianas, en cuanto consisten en redefiniciones locas de las palabras, como hace Heidegger con “fisis”, “espíritu”, “lógica”, “aleteia”, “ser”, “logos”,  “nous”, “noein”, “diké”, etc. [Introducción a la Filosofía, III parte]*. Vamos ver definiciones insólitas de “pelagiano” y de “agnóstico”:

La Iglesia debe evitar ser pelagiana: “Empuja a la Iglesia a no ser humilde, desinteresada y alegre [o sea, esto va contra los tres sentimientos descritos arriba]. Y lo hace con la apariencia de un bien. El pelagianismo nos lleva a tener confianza en las estructuras, en las organizaciones, en las planificaciones perfectas porque son abstractas. A menudo nos lleva también a asumir un estilo de control, de dureza, de normativas. La norma da al pelagianismo la seguridad de sentirse superior, de tener una orientación precisa”. Y aquí “encuentra su fuerza, no en la ligereza del soplo del Espíritu”. “Ante los males o los problemas de la Iglesia es inútil buscar soluciones en conservadurismos y fundamentalismos, en la restauración de conductas y formas superadas que ni siquiera culturalmente tienen capacidad de ser significativas”, ARCAICAS, pues.  Pelagio era uno que creía que la salvación se lograba por las solas fuerzas humanas, es un abuso heideggeriano decir que lo puesto arriba es pelagianismo, lo que pasa es que se quiere tergiversar para subvertir: Creer en la Fe y en la moral que ella inspira, es ser pelagiano, conservador, arcaico, superado, un que no se da cuenta de que YA no pueden ser “significativas”

La doctrina cristiana “No tiene un rostro rígido, tiene un cuerpo que se mueve y se desarrolla, tiene carne tierna: se llama Jesucristo”. Por eso, “todo será posible con ingenio y creatividad” y “dejándose conducir por el Espíritu”. Por eso habla antes de Cristo como definición, heideggeriana, de nuevo, del “humanismo cristiano”, está en clave revolucionaria, iglesia pobre, de la revolución de la ternura, la que justifica, como en Marx, el elogiado nihilista de la Carta sobre el Humanismo, torcer todo juicio, pues la verdad depende de la “ortopraxis”, como dice el socio de Francisco, Gustavo Gutiérrez.

Así llegamos a la que dice es la segunda tentación, a saber: el AGNOTICISMO: Esta segunda tentación “lleva a confiar en el razonamiento lógico y claro, el cual pierde la ternura de la carne del hermano”. “La fascinación del agnosticismo es la de una fe encerrada en el subjetivismo, donde interesa únicamente una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que se creen puedan reconfortar e iluminar, pero donde el sujeto en definitiva permanece cerrado en la inmanencia de la propia razón o de sus propios sentimientos”.  Aquí, está hablando de la doctrina de la Iglesia y de su comprensión por nuestro intelecto; mientras que antes estaba hablando de la moral. Y lo hace, de nuevo, tergiversando las definiciones: ‘agnosticismo’ es, literalmente, no (a) saber (gnosis); y se refiere a una postura contra-filosófica, a lo Gorgias de Leontinos: la inaccesibilidad del ser para nuestras capacidades cognoscitivas. ¿Qué tiene que ver eso con lo que dice Franc? Nada, como es usual en el heideggeriano Pontifex. Y, como es su costumbre, esto es una máscara: usa un nombre o un adjetivo correspondiente feos, para endilgarle a algún enemigo la desprestigiada palabra. El mal es lo que en otras ocasiones ha llamado, en su acostumbrada “tergiversadera” [dirían en Venezuela], “ideología”, esto es, TEOLOGÍA, el mal de los “especialistas del logos”, un pecado, de nuevo, contra la revolución de la ternura, el mismo mal del que habla Heidegger, qué casualidad, en la Introducción a la Filosofía, ya varias veces citada. El mal está en pretender ser lógico y metafísico, en conocer y pretender que hay sentido. El mal está en no ver lo estrictamente particular siempre, a Cristo, que es un particular, y al pobre, que es particular y pobre: en ellos está la ternura, el ámbito de la revolución. He aquí la solución al problema teológico de nuestro tiempo, al gran enigma: “el Dios spray”: ¿cómo lo define en el mismo parlamento en que lanzó su existencia, como David Geffen lanzaba discos de Aerosmith? Así: “Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: SON PERSONAS, NO SON UNA IDEA EN EL AIRE… ¡Este Dios spray no existe! ¡Existen las personas! Jesús es el compañero de camino que nos da lo que le pedimos; el Padre que nos cuida y nos ama; y el Espíritu Santo que es el don, es ese plus que da el Padre, lo que nuestra conciencia no osa esperar” (http://www.religionenlibertad.com/no-existe-un-diosspray-sino-un-diospersonas-el-padre-el-hijo-38083.htm). Por eso, “Francisco indicó que ‘la diferencia entre la trascendencia cristiana y cualquier forma de espiritualismo agnóstico está en el misterio de la encarnación’”. Es la tensión de Evangelii Gaudium, 231-233: la idea que se fabrica (a lo nominalista) y la realidad que es, la idea que debe acomodarse a la realidad (no es, por naturaleza, una imagen especular suya, una asimilación intencional del intelecto, debe “acomodarse”), la que no puede ser un mero nominalismo estéril (nunca es teórico el problema): “No poner en práctica, no conducir la Palabra a la realidad, significa construir sobre la arena, permanecer en la pura idea y degenerar en intimidades que no dan fruto, que hacen estéril su dinamismo”. Esto es revolución comunista de la ternura, expresada a la heideggeriana: El Pontífice también recordó que “cercanía a la gente y oración son la clave para vivir un humanismo cristiano popular, humilde, generoso, alegre. Si perdemos este contacto con el pueblo fiel de Dios perdemos en humanidad y no vamos a ninguna parte”. A los obispos, claro, les dio la gran recomendación, como su hermano mayor en el episcopado que es él, obispo de Roma: “Como pastores no seáis predicadores de complejas doctrinas, sino anunciadores de Cristo, muerto y resucitado por nosotros”. Una vez que despojemos a la religión del Logos hecho carne de todo Logos, entonces el Logos inmisericorde llegará a ser misericordioso como Moisés, para superar la dureza de los enfrascados en la ley de Moisés…

Todo esto se remata con el poner a la Iglesia como un mero interlocutor político, que debe reconocer, además, que hay otros interlocutores, con la misma legitimidad y, claro, esto nos ayuda a superar la IDEOLOGÍA, los deseos de entender, la teología, metafísica y lógica para el intellectus fidei: “‘No debemos tener miedo del diálogo, es más, el enfrentar opiniones y la propia crítica nos ayuda a preservar la teología de transformarse en ideología’”. Una respuesta entre otras: “Francisco afirmó que ‘la Iglesia también sabe dar una respuesta clara ante las amenazas que emergen en el interior del debate público’ y ésta es ‘una de las formas de contribución específica de los creyentes a la construcción de la sociedad común””. “La nación no es un museo, sino una obra colectiva en permanente construcción en la que se debe poner en común las cosas que diferencian, incluidas las pertenencias políticas o religiosas”.

Así se dilucida el “enigma de Blake” o la obra guasoniana del papa

El padre Ray Blake (en su extraordinario blog http://marymagdalen.blogspot.com) se plantea usualmente el enigma de un papa que manda a “armar lío” y da el ejemplo y se lo toma literalmente. Un papa que dice que la Iglesia se va a dividir en conferencias y sedes episcopales y en parroquias cada una con una fe distinta de las otras, en un verdadero desastre… y todo por orden del Vicario de Cristo, el responsable de mantener la unidad, el titular del Servicio Primacial de Unidad, que ordena la disolución. Pone ejemplos realmente buenos el padre. Queda estupefacto de que el papa invite a un hombre que públicamente ha aparecido como encubridor de pedófilos, promotor, a través del catecismo, de la pornografía entre niños, defensor del aborto y del pseudo-matrimonio homosexual, a un sínodo, ¡Y SOBRE LA FAMILIA, “ENTRE TODAS LAS COSAS”! Que un tipo como Daneels sea invitado especial del papa. Al padre le impresiona que no haya libros en el estudio papal, se pregunta si será que tiene fobia a ser “especialista del Logos”, “doctor de la Ley”, “ideólogo” [el inteligente padre capturó ésta, de la que he visto que dudan algunos], el desdén por los intelectuales de todo tipo, salvo ateos confesos como Kasper, “sugeriría que la captación intelectual de la Fe es algo antipático para él”. Le impresiona que, para Francisco, sea un sinsentido pensar que la Iglesia sea algo que ha subsistido desde hace 2000 años, pasando por el Vaticano II (o sea, cree que es algo que nació ayer): será por eso que rechaza lo “ARCAICO” o, más bien, será que ésa es su iglesia, una nacida ayer, porque él es un anti-“ARCAICO”. “Como muchos eclesiásticos de su edad, él parece pensar que la Iglesia es un evento del AHORA, con poco sentido de su pasado o, mucho más preocupantemente, de su futuro a largo plazo”.

Ése es el “enigma Blake”: ¿a qué se debe todo esto, cómo se resuelve el enigma? A lo que queda muy claro del discurso en Florencia: es historicista, cree que los significados son intra-históricos, que no hay manera de comunicación entre un Jesús real y nosotros que vivimos en esta época. Es alguien que detesta el conocimiento intelectual y a quienes lo cultivan; por eso detesta la verdad… y detesta a los que quieren ser morales, mantenerse en una moral con rasgos intemporales (ninguna moral puede ser totalmente intemporal, aunque esté enraizada, toda moral, en Dios, que es eterno, y en nuestra naturaleza, que, en cuanto universal y necesaria per sé, es intemporal), los detesta en sí mismos y porque son un obstáculo para la integración de la Iglesia al momento histórico y para su participación en el reparto del poder.

Claro que esto es un fuerte contrasentido, porque ¿cómo podría haber arcaísmos, cómo podría haber gente enraizada en la moral de otras sociedades, si todo estuviera en un flujo “cratiliano” [de Cratilo]? ¿No es, además, absurdo tener que trabajar por lo que se supone que es una ley inconmovible de la historia? Pero, cuando una gente está empecinada en una ensoñación ideológica y está empecinada en llevar a cabo la revolución, no hay modo de que pueda captar absurdos así: la revolución es su todo. Es lo que sucede con todos ellos, desde el mismísimo profeta Marx: es la ética y la mística y la disciplina revolucionarias, que se embarcan en la causa, que embarcan todas las energías de tantos, para lograr lo que se supone que es inexorable.

Ahora, ¿por qué el “lío” que asombra tanto al padre Ray? Porque eso es la revolución y eso es lo que dicen los masones y los comunistas: ordo ab chao, destrucción creadora, “mientras peor mejor”, es el mundo de la confusión, es lo que dicen en Venezuela: “río revuelto, ganancia de pescadores”… Y, en la Iglesia de la claridad total, de la santidad invicta, de las seguridades, como le dice el Guasón a Harvey Dent (en El Caballero de la Noche, de Christopher Nolan), hay que introducir la anarquía: “¿sabes de lo que me he dado cuenta? Nadie entra en pánico cuando las cosas salen ‘de acuerdo con el plan’, aún si el plan es algo aterrador. Si, mañana, le digo a la prensa que un Mafioso va a ser baleado o que un camión lleno de soldados será volado en pedazos, nadie se asusta, porque todo es ‘parte del plan’. Pero, cuando digo que un simple alcalde morirá, bueno, entonces, ¡todo el mundo pierde la cabeza! Introduce un poco de anarquía. Perturba el orden establecido y todo se volverá un caos. Yo soy un agente del caos. Ah y ¿sabes algo del caos? Es justo”. En un recinto tan prístino, mete un torbellino y todo se desquiciará, en el desquiciamiento, el daño va a ser monumental… Así, hay que salirse de las seguridades, armar lío, descentrarse, dice Franc; y Heidegger: hay que hacer violencia, meterse en la juntura del ente y en el desorden, ir a lo no familiar, evadirse en lo no dicho, irrumpir en lo no pensado, constreñir a lo no acontecido, hacer aparecer lo no visto [todo esto es lo no ente], hay que estar siempre en riesgo; querer sujetar al ser y, por eso, someterse a los embates del no-ente, a las rupturas, a lo inconstante, a lo no unido, a lo desordenado.

Resuelto el “enigma de Blake”, del padre Ray, aclarado el problema de la semántica en Heidegger y sus seguidores y la necesidad de volver todo de cabeza, entonces la reflexión vuelve sobre el “pelagianismo”, el ataque sin cuartel a la moral católica y sobre el “agnosticismo”-“gnosticismo”-“ideologismo”, el intento de destrucción de la metafísica y la teología cristianas. Por eso, Kasper es el hombre ideal, es el que hace “teología serena”, “de rodillas”, como le recomendó que hiciera a la Facultad de teología de la Universidad Católica Argentina, en su centenario, una teología que niega la Trinidad, que dice que dios es inmanente y que se identifica con la historia, que su omnipotencia consiste en que se hace capaz de sentir, como los que tienen cuerpo, que, si Dios es un absoluto, trascendente, entonces hay que ser “absolutamente ateos” (“Gott in der Geschichte”, Gott heute: 15 Beiträge zur Gottesfrage, Mainz, 1967); un tipo que niega que Jesús sea la salvación y que niega la moral católica y los sacramentos, públicamente. Que hace todo esto en el consistorio de los cardenales, con patente emitida por Franc, quien saca un libro con las intervenciones de Kasper en ese consistorio, cuando prohibió al resto de los cardenales hablar sobre sus intervenciones y publicar nada sobre el mismo. Y todo luego de que publicara un libro con Müeller y Gustavo Gutiérrez, en el que rehabilitan a la teología de la liberación, con prólogo del papa.

Todo esto lo definió admirablemente Alfred Pennyworth, mayordomo de Bruce Wayne, cuando le explicó a Batman la naturaleza del Guasón, antes expuesta, en las propias palabras de este personaje: había en Birmania un bandido que generaba el caos, como el Guasón en Gótica, Bruce inquirió sobre sus motivaciones, Alfred explicó: “bueno, porque a él le pareció un buen deporte, porque algunos hombres no están buscando nada lógico, como el dinero: ellos no pueden ser comprados, acosados, y con ellos no se puede negociar; algunos hombres sólo quieren ver el mundo arder”. Lo mismo sucede con los ciborgs, con Terminator, que es la encarnación del revolucionario verdadero: “con él no se puede negociar, no se puede razonar; ¡él no siente dolor o remordimiento o miedo!; ¡¡¡y absolutamente nunca se detendrá, ¡jamás!, hasta que estés muerta!!!”, le dijo Kyle Reese a Sarah Connor, al explicarle la naturaleza de la amenaza que pesaba sobre su cabeza. Esas palabras siempre se las apliqué a Chávez, el revolucionario que, por el poder, era capaz de hacerle a Venezuela lo que el Guasón a Ciudad Gótica o Skynet al planeta Tierra. Así parece quedar explicado el “enigma Blake”: la deconstrucción de la Iglesia, la aplicación a ella de la teología serena de Kasper y de Gustavo Gutiérrez, de Heidegger y Marx, Derridá puro.

***

“Alzarse en armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas”, eso es, Hamlet, lo más elevado para el espíritu, cuando algo puede hacer. Si no, entonces, habrá que “sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna”, hasta el martirio, porque sabemos que hay un Viajero que ha atravesado el confín “de la muerte, esa ignorada región”, para los que no hemos atravesado su umbral; ese Viajero nos da la Esperanza, la Promesa y por eso confiamos. Nos levantamos, tenemos que levantarnos… ser orden, en la época del caos, del “lío”, del “enigma Blake”, del padre Ray; ser agua para apagar los intentos de poner el mundo a arder; ser estructura para contrarrestar los intentos de deconstrucción. HAY QUE SER REBELIÓN, REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE DECONSTRUCCIÓN REVOLUCIONARIA…

 


 

* Pongo aquí una más clara y amplia y “técnica” explicación de la adscripción de las maniobras del papa al heideggerismo, al desbarajuste del orden y a desquiciamiento de las etimologías y la semántica, para confundir y avanzar posturas insostenibles, sin que la gente se dé cuenta: En un caso concreto de su tergiversación descarada del lenguaje, Heidegger dice que el espíritu no es inteligencia, es, a la heideggeriana, “estar abierto a la esencia del ser […] es la autorización concedida a los poderes del ente como tal y en totalidad. [Con esto, alcanzamos lo que se requiere para el despertar del espíritu] y con ello [el despertar] del mundo originario de la existencia histórica”: aquí está la salvación de la Tierra, por Europa y, concretamente, por Alemania, la salvadora de la Humanidad, por ser la portadora del espíritu. Lo dice él: este libro es, entonces, la salvación de la humanidad, por el nuevo profeta gnóstico (Introducción a la filosofía, p. 87,1).

Véase este otro pasaje, nuevo ejemplo de tergiversación: toma al ‘ser’, al ‘ser’ en lengua heideggeriana, para declararse salvador de la humanidad. El lenguaje y el entender tienen origen en el ser, pues se entiende y se habla del ente y éste, en su razón propia, está vinculado al ser; de otro modo, no habría hombres tampoco, es decir, entes hablantes: el ser es la fuente del entender y el hablar, o sea que es fuente de lo que somos; es la fuente de la dignidad de nuestra existencia, que siempre es histórica (ibíd., p. 120,1-2). Parece cercano a una metafísica clásica, puesta la cosa así, pero, si se profundiza, se verá claramente la tergiversación. Él separa el ser de los entes, porque estima que hay un solo SER y una multitud de entes, ninguno de los cuales puede reclamarlo para sí (Ibíd., p. 125,2, en concordancia con p. 126,2). De este modo, el gnóstico, descubridor del agua, tibia o de cualquier modo, en Ser y tiempo, fue el primero que preguntó, en toda la historia del universo, por el sentido del ser; y el tal sentido es la plena manifestación del ser y no sólo del ente (Ibíd., pp. 121,6-122,1). El ente es el aparecer del ser, que se esconde al aparecer; y el hombre es un sensorio de ese aparecer. Pero esto no es nada, hay que ir más al fondo.

En ese fondo de la “filosofía” heideggeriana, se halla, además, la coartada de la tergiversación etimológica: el sabio, el creador, hace violencia, se mete en la juntura del ente y en el desorden, va a lo no familiar, se evade en lo no dicho, irrumpe en lo no pensado, constriñe a lo no acontecido, hace aparecer lo no visto [todo esto es lo no ente], siempre está en riesgo; quiere sujetar al ser y, por eso, se somete a los embates del no-ente, a las rupturas, a lo inconstante, a lo no unido, a lo desordenado. Mientras más sobresale la cumbre del existente histórico, “tanto más abierto está el abismo para una repentina caída en lo no-histórico, lo cual arrastra a la confusión sin salidas y, al mismo tiempo, despojada de sitios” (Ibíd., pp. 197,4-198,1). Saratustra abre caminos a gran riesgo personal, pero se levanta sobre lo simplemente humano, lo histórico. A partir de aquí (Ibíd., p. 198,3), va a dedicarse él mismo a la violencia, a ser un súper-hombre, a buscar en lo no-dicho, por procedimientos no-científicos. La ruina, la quiebra del llegar a lo sin salida es una necesidad del hombre frente a lo prepotente, el ser, fisis que impera el brote [el aparecer]; porque la fisis, lo prepotente, necesita patentizarse, aparecer imperando: así se patentiza el ser del hombre histórico, el ser, estar-ahí: “ser puesto como brecha en la que irrumpe y aparece la primacía del ser, para que la brecha misma se quiebre en el ser” (Ibíd., p. 199,1-2). Él es uno que explora, hace violencia, patentiza, por una necesidad que le impone el ser, que quiere patentizarse y usa al hombre (-Heidegger) como su instrumento, especialmente cuando suscita genios, creadores (Ibíd., p. 199,3), para eso le da el habla y la comprensión.

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