Kalós

Inicio » Actualidad » En la Independencia, nuestros obispos le dan una clase a Francisco, Kasper and co.

En la Independencia, nuestros obispos le dan una clase a Francisco, Kasper and co.

Un admirable espíritu católico primaba en el país

La Mafia de San Gallo, tiene el objetivo a la mano: destruir la Iglesia

La Mafia de San Gallo, tiene el objetivo a la mano: destruir la Iglesia

Adelante la Fe le ha publicado un tremendo artículo, un artículo esencial, en sentido estricto, con todo rigor, sin exageraciones ni grandilocuencia ocasional, a John Vennari, el incansable compañero del Padre Grüner y de Chriss Ferrara en Fátima tv: El programa destructivo que Francisco está preparado para imponerse a través de la descentralización (http://www.adelantelafe.com/el-desmantelamiento-la-reestructuracion-de-la-iglesia-por-medio-de-la-sinodalidad/). En él, el católico tradicionalista (SSPX, de hecho, por lo que creo que hay que tomar algunas afirmaciones, de las que me desmarco, con cuidado) narra cómo, desde hace mucho tiempo, el grupo, “la mafia San Galo”, compuesta por Martini, Daneels, Murphy O’Connor, Bergoglio, Lehmann, Kasper, Quinn y varios más (cuya existencia fue confirmada incluso por la conferencia episcopal de Suiza, como relata LifeSiteNews: YYTTRRERDTF), estuvo conspirando para tumbar a Benedicto XVI tomar el Papado (según contó públicamente el propio Daneels) y aplicar la receta de destrucción de la Iglesia diseñada por el último arzobispo nombrado, en un libro llamado The Reform of the Papacy.

Monseñor Francisco Ibarra, primer arzobispo de Venezuela

Monseñor Francisco Ibarra, primer arzobispo de Venezuela

La idea era destruir a la Iglesia mediante la neutralización del Servicio Primacial de Unidad que ejerce el sucesor de Pedro en la Sede de su Martirio; dar autonomía a las conferencias episcopales, “descentralizar”, dice Francisco en el documento Evangelii Gaudium, 16, 32 y 33, así como en el discurso del 17 de octubre pasado, que pronunció con ocasión del 50 aniversario del Sínodo. La idea es acabar con la universalidad de la Iglesia y dar la posibilidad de derivas morales y doctrinales disímiles, produciendo un alejamiento continuo de las iglesias nacionales, mientras todo esto se hace más tragable para cismáticos y herejes “ortodoxos”, anglicanos y demás protestantes. Francisco ha expresado su adhesión al grupo en diversas oportunidades, como en la entrevista a Scalfari, recogida por Vennari; aunque también en la entrevista a Spadaro, de Civiltá Cattolica, ambas del último cuatrimestre del 2013. Pero hay más, aparte, claro, de declaraciones oficiales, como la “exhortación apostólica” y el discurso en pleno sínodo contra la familia. “En el libro The Reform of the Papacy del arzobispo John Quinn, publicado en 1999. Quinn aboga por: un aumento de la colegialidad y sinodalidad según los dictados propuestos por el cardenal Martini; mayor descentralización del gobierno de la Iglesia; participación de sacerdotes y seglares en la elección de los obispos; un proceso de elección de obispos similar al de la Iglesia oriental cismática y la Iglesia anglicana; más comunicación horizontal e internacionalización; mayor participación de los laicos, especialmente de las mujeres, en los puestos directivos de la Curia romana; un cambio en el papado en atención al ecumenismo (una de las razones que se esgrimen para ello es que, tanto anglicanos y evangélicos como ortodoxos encontrarían desalentadora una intromisión excesiva del papado en cuestiones doctrinales, pastorales y litúrgicas)”. Por esta vía, como es claro del evento ése que se ha realizado en Roma en las últimas tres semanas, en el que se ha puesto a obispos de todo el mundo, secuestrados, a aparecer como que son conniventes en toda esta tramoya, por esta vía, se tratará de ordenar mujeres, casar homosexuales, decir que todos los cristianos, sin condiciones, forman un solo cuerpo, salvo los católicos ortodoxos de verdad, que los sacramentos son meros símbolos, que no hay pecado, etc…. Hasta que no hay Dios trascendente, que todo creyente en algo semejante a una divinidad (como los hindúes, budistas, taoístas, sintoístas, animistas de todos los cuños, teósofos y demás) es parte de la Iglesia, etc., ahora sí.

Ése es el ecumenismo de Francisco, la religión mundial, que lanzaron él y Simón Peres en el Vaticano; eso es lo que lanzó en Brasilia, el arzobispo de esa ciudad, presidente de la congregación vaticana para los institutos de vida religiosa, Joao Braz De Avis. Ésa es la que Francisco llama “teología de rodillas, serena”, de Kasper: anulación de los sacramentos, un dios metafísicamente consustancial con la historia, un dios capaz de sentir pasiones, que los judíos no necesitan a Cristo para salvarse, sus extrañas presentaciones de la Trinidad beatísima. Ese dios inmanente es el del documento Laudato si. Y las pruebas se acumulan: “Siendo todavía arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio le comentó al arzobispo Quinn que había leído su libro y que tenía la esperanza de que sus propuestas pudieran llevarse a cabo” (Vennari, en ibíd.; éste cita, a su vez: Quinn to priest group: ‘Church poised at a momento of far reaching consequences’, National Catholic Reporter, 7 de Julio 2014). Todo está donde ellos quieren.

Pero quiero, humildemente, en verdad, proponer un contraste, proponer a los obispos de un rincón apartado del planeta, de una sociedad que apenas había sido un conjunto de provincias de diversos virreinatos durante la mayoría del período hispánico, que apenas en 1777 había alcanzado la categoría de Capitanía General, que acababa de atravesar una guerra arrasadora de más de 15 años, que llevó a sus hijos a pelear a distancias lejanísimas, en el altiplano peruano, hoy llamado Bolivia. Quiero proponer la gallardía y la fidelidad de los obispos de mi patria, dignos predecesores del gran Cardenal Urosa, defensor de la Fe, confesor de la Iglesia Católica, siempre en la pluma inmortal de nuestro don Mario Briceño Iragorry, en el séptimo de sus Tapices de Historia Patria:

Contemplando la labor de los obispos coloniales desde su posición católico-romana, necesario es que nos detengamos en una circunstancia de invalorable significado para el porvenir religioso de los pueblos de América. Concedido a los Reyes de España, a título personal, el Patronato sobre las Iglesias de Indias, y alentadas las pretensiones de la Corona por las teorías regalistas en boga, el Consejo de Indias llegó a ser forzoso intermediario entre los obispos y la Sede Romana. El Papa y su autoridad se proyectaban en América a través del Consejo: las comunicaciones de los prelados para el Romano Pontífice eran tamizadas en la asamblea indiana. Diríase que la palabra de Roma, aunque siempre pura y sin torcidos medros, llegaba sólo a nuestros pueblos como un contraeco de Sevilla, y las Cédulas de ruego y encargo dirigidas a los Cabildos eclesiásticos, permitieron que algunos obispos ejercieran jurisdicción sin el ascenso pontificio. Pero a pesar de esta ausencia de comunicaciones directas, las Iglesias se sentían tan íntimamente unidas a la Silla de San Pedro, que roto con la independencia política el vínculo del Patronato regio, lejos de ocurrir el más leve síntoma de escisión y aunque el Libertador hubiera echado mano al viejo expediente de las elecciones medievales en el caso desesperado de la Diócesis de Guayana, tanto las autoridades eclesiásticas, muchas tocadas de regalismo y aun de jansenismo, como los representantes de la política secular, liberales y liberalizantes, ocurrieron al unísono cerca del Romano Pontífice en busca de la fórmula que definiera la futura situación de las Iglesias de América, esto hecho y realizado con acierto, pese a la actitud del pontificado contra los principios de la independencia. Colombia misma, cuando se declaró en ejercicio del viejo y caduco derecho patronal, puso en la propia ley que lo reglamenta la necesidad de recabar la aprobación pontificia. Maravilloso ejemplo de lo que fue la egregia misión de aquellos obispos autónomos y solitarios, que nunca vieron en sus Diócesis representantes especiales de la persona de los Papas: maravilloso ejemplo de disciplina y catolicidad que aún mantiene y mantendrá estrechamente unidas las Iglesias americanas a la legítima autoridad del Supremo Pastor instituido por Cristo para ser por siempre Siervo de los Siervos de Dios”.

Las iglesias americanas, de todo el mundo hispano, no sólo de mi Madre, se mantuvieron heroicamente unidas a la Sede apostólica, testificando la universalidad. Ante peligros serios, fueron adamantes de la adhesión al Principio, a la Cabeza y al Vivificador. Mientras Bergoglio y sus secuaces no tienen excusa ninguna. Resistir, hermanos, resistir, hoy, es una necesidad. Resistir  la autodenominada “mafia de San Galo”, que de santa sólo tiene el nombre de la ciudad en que urdían su maldito complot masónico-comunista. REBELIÓN, REBELIÓN DE FIDELIDAD, DE ESPERANZA CONTRA TODA ESPERANZA, REBELIÓN DE FIDELIDAD Y AMOR A CRISTO Y A LA HERENCIA DE ESOS HÉROES QUE GESTARON NUESTRA IDENTIDAD: REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN, DE GOBIERNO DE LA MAFIA SAN GALO…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Respicite

His autem fieri incipientibus respicite et levate capita vestra quoniam appropinquat redemptio vestra

voiceofthesheepblog

...Should not shepherds feed the sheep? Ezekiel 34:2

James Perloff

formerly refugebooks.com

HERMANOS ESPERADOS

Apologética catolica

A %d blogueros les gusta esto: