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El cura Feng Shui y su fiel compañero, Regalón

Una colección de barbaridades desuelan la Misa de la mañana

La Elevación Mayor, momento de suma solemnidad, el sacerdote presenta al salvador y lo eleva. El universo caería inmediatamente, si cesaran las misas

La Elevación Mayor, momento de suma solemnidad, el sacerdote presenta al salvador y lo eleva. El universo caería inmediatamente, si cesaran las misas

Un marzo*(ruego ver la nota al final, antes de leer el artículo), el buen cura está diciendo su misa matutina, de 7 y media, en la “comuna” céntrica del Santiago de Chile de hoy. Es miércoles, porque los otros días de la semana quien la celebra es el cura “Robin”, esto es, el que no es “el jefe”. Con una paciencia digna de que me canonicen en esta vida, antes de llegar a Aquello que “sí es Vida”, yo asisto ahí todas las mañanas, pues es donde puedo asistir y por otra razón que TENGO que reservarme. Me consuelo con la verdad más importante de todas: “Misa es Misa, la Cruz es la Cruz y Cristo es Dios que se nos da ahí”. Con eso, ya no hay que decir más: “habrá que calárselos” (dicen en Venezuela). Pero esa mañana, ese miércoles, ese día de verano de 2038 fue muy importante. Al final de la Misa, antes de decirnos que podíamos “ir en Paz”, nos pidió que rezáramos por un miembro de la comunidad. Cosa muy buena, muy loable y recomendable. El problema fue el tenor de su petición: “vamos a rezar por Fulano, que está convaleciente y necesita que LE MANDEMOS ESA ENERGÍA POSITIVA”. Fue importantísimo, ese día, se ganó su título honorífico: EL CURA FENG SHUI. Qué honor, qué impresionante.

A ver, el cura Feng Shui es mejor que el “siempre chévere”, Don Regalón, es decir, en chileno, “el consentido”; no, como ustedes creían, “el que regala”, no; estoy en Chile, ‘regalón’, aquí, significa consentido. Pero, ¿qué pasa con el Consentido, con el Cura Regalón? Bueno, vamos a dirigirnos un rato a nuestros amigos tradicionalistas: ustedes saben, hermanos, que, aunque los quiero sinceramente, hay muchas cosas en las que estoy en desacuerdo con ustedes. Por ejemplo, a ustedes (o a muchos de entre ustedes) les encanta atacar al Opus Dei, el otro día vi una muy buena página de Youtube de un grupo de tradicionalistas (se las recomiendo: defeat modernism) que no era totalmente perfecta, tenía un video según el cual el Opus Dei es una organización comunista; hay otra que vi que decía de Escrivá era un cripto-judío: “cosas veredes, Sancho”. En fin, vamos a concentrarnos en la Misa del Regalón: yo creo que la despreciada por ustedes Misa “Novus Ordo” es algo que se puede y, quizás, se debe mejorar, puede que haya sido instituida por malvados, por juguetes del demonio, pero es Misa y está llena de la Santidad de Cristo. Puede mejorarse, puede reformarse, pero es Misa; y, durante los siglos, el oficio y la Liturgia han sufrido modificaciones, adiciones, sustracciones, etc. Bueno, a veces, muchos de entre ustedes han atacado la Misa actual por los abusos de los curas particulares, es como si la mujer fuera la culpable de su propia violación, es como si estos curas anarquizados estuvieran para sujetarse a formas porque fueran de órdenes viejas o nuevas. Mi prueba es el Cura Regalón, aunque podría haber pruebas por patadas hoy en día, es como si tiraras una piedra y cayera un maletín lleno de mangos de la mata, con un cuchillo para que los pelaras y los picaras… El Regalón, mi panita, hace lo que le da la gana, no reza las oraciones, se “come” como media Misa, es más, ni siquiera sabe hablar, en vez de decir “daos fraternalmente la Paz”, dice “salúdense unos CON otros”. Ahí está, el Regalón, que no sabe ni hablar, ¿qué va a saber lo que es la Misa? Lo único que le falta es decir mal el canon de la Consagración, pero, se los aseguro, porque lo ha expresado (aunque no en palabras): las ganas las tiene, casi no las puede contener; por eso, siempre termina de manera distinta: “hagan esto en memoria, en recuerdo, en… [algo que sea sinónimo de ‘conmemoración’, pero que no sea la palabra que usa el Misal]”. El Regalón habla, conversa, echa chistes, cuenta cuentos, invita a la gente a rezar, asegura que los servicios de “nuestros hermanos evangélicos” son mejores, porque cantan [él llama a esos alaridos música: tampoco aquí se muestra como un digno fruto del seminario en que sea que haya estudiado]… Da la comunión a unos muchachitos que le acaban de decir que no van a Misa los domingos, se voltea en plena comunión para echar un chiste; interrumpe para lanzar una “enseñanza” a los niños, invita a hablar a la gente, invita a que los esposos se hagan de ministros ad hoc de la comunión, invita a gente del “público” a “poner la mesa” o a “participar especialmente”, a comer el pan y beber el vino que quedan en el Altar, mientras él da la comunión, incluso a mujeres… o a niños. Es un desastre el Regalón, una desolación.

Pero el Feng Shui, que no comete tantas barrabasadas, no es la estrella mundial. Ya saben por qué es que es el Feng Shui, ahora veamos otros rasgos de su sacerdocio, bastante dignos de destacarse. Lo he visto, varias veces, pedir que, al pasar frente al Altar, se haga una reverencia, porque “el altar representa a Jesús”. Ni una palabra, hermanitos, sobre que el Pan y el Vino sean Jesús mismo, “ante quien se dobla toda rodilla en el Cielo, en la Tierra y en el abismo” (Filipenses 2,10). De ahí, pues, que, en esa iglesia, casi nadie se arrodille, pero sí hagan gestos y movimientos raros al entrar al templo o al pasar por el Altar. Una vez, yo le dije al Regalón que debía haber alguien que hiciera de maestro de ceremonias y le enseñara a la gente cuando pararse, sentarse y arrodillarse… me dijo que era una gran idea… y ahí quedó: qué ingenuo he sido tantas veces en mi vida; pero yo aprendo, no se preocupen.

Amigos tradicionalistas, aquí tienen una para su arsenal: un día, el Feng Shui, que no dice homilías, empezó a despotricar contra la Misa en Latín, porque “nadie entendía nada”. Yo pensé dos cosas: 1) “bueno, eso se arreglaba con un Misal bilingüe, muy fácil, sin contar con que hoy en día entienden mucho menos, no tienen ni idea, punto”; y 2) “hay que tener una buena dosis de cara dura para ser cura en una comunidad en la que los muchachos de 12 años no saben qué es la Comunión, que se portan en Misa como en una verbena, delante de ti, y venir a decir esta sandez”.

Entre muchas cosas más que podría reportar de mis misas matutinas, no podía irme sin contar sobre las aclaratorias que el Feng Shui, que no dice homilías, hace cada vez que en las lecturas se habla de profecías catastróficas o del diablo o la condenación. Se adelanta siempre a explicar a su desatenta audiencia que el Discurso Escatológico no es un anuncio de catástrofes por venir de parte de Jesús, que eso se refiere a la destrucción de Jerusalén, que ya ocurrió. O el asunto puede ser que Sara perdía a sus maridos, no por celos de Asmodeo, el demonio, sino porque ninguno de ésos era el que a ella correspondía.

Pero, aunque parezca una “loquera”, hay un rasgo desolador, de nuevo, en la conducta de Feng Shui. Déjenme que les explique. Hace 4 ó 5 años, Feng Shui se portaba mucho mejor, decía su Misa y punto, pedía atención, prohibía el relajo en el momento de dar la paz. Decía que Dios era bendito, “Dios del Universo, por este pan, fruto de la vid y del trabajo del hombre Y DE LA MUJER, que recibimos de tu generosidad”; pero, de resto, él se portaba bien. En los últimos tiempos ha andado desbocado. Yo digo que se trata del “Francis effect”, porque asumo que el cambio vino, no cuando eligieron Papa al arzobispo del vecino país, sino cuando se rebeló como el Liberalizador que es. Ahora anda mucho más suelto, mete incisos en la Misa a cada rato, quiere ser “el chévere regalón”, deja que se forme la verbena en el momento de dar la paz, nada como el Regalón, que se baja del Altar y convierte aquello en desastre mayúsculo, pero sí es muy fuera de lugar.

Así, a mí me aterra que me digan que tengo que ir a Misa con mi familia, a casa del Feng Shui y el Regalón, con su feligresía criada por este par de portentos. Entre la que no hay ninguna piedad, gente que va a Misa por inercia, niños que se portan mal, seriamente mal, que se acuestan en los bancos, que hay que regañar… porque juegan con los corporales que acaban de recibir al pie del Altar… Con profesores de Catecismo que niegan la Fe, que dicen, por ejemplo, que una representación de la Multiplicación de los Panes y de los Peces no es un modo de explicación sensible de 7 x 3 mil, sino un “encuentra en el cuadro los panes escondidos”… Que el milagro consistió en que la gente tenía los panes “encaletados”, “en la caleta”, dicen en mi tierra, y Jesús movió sus corazones a compartir: un match entre la desmitificación de Bultmann y el sentimentalismo tributario de Hume-Adam Smith… Saquen la cuenta, carrrculen… Ahí, con mi familia, ni loco: ahí sólo para poder tener el privilegio inmerecido de recibir a Cristo todos los días, con el sacrifico de mi parte que eso implica…

***

Mientras tanto, uno tiene que rezar por Feng Shui, Regalón y toda su feligresía. Hay que rezar por la Iglesia, que esto es más que común y aún poca cosa, comparado con otros muchos desafueros que me han tocado, como aquella Iglesia de jesuitas, en la que, de vez en cuando, el comunista trasnochado nos bañaba de rojo podrido durante el Sacrificio de la Cruz. Hay que rezar mucho… y hay que desagraviar aún más. Rezar y desagraviar, como los machos es rebelión, REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN DE LA REVOLUCIÓN…


 

* Este artículo se escribe con un profundo respeto por el sacerdocio ministerial cristiano, instituido por Dios Salvador, en su Última Cena, al instituir la Eucaristía, Sacramento de la alianza Nueva y Eterna. Por ese amor a Cristo y sus ministros ordenados en la Tierra, escribo: por el tremendo dolor de ver a estos “pastores” manchando su Nombre y su Persona, que se puso en sus manos, para algo muy distinto… Que Dios los ilumine, que sea pronto, que sea a tiempo, para que se puedan salvar…

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