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Qué bellos los niños, más bella es la familia

Deténganse un día y contemplen: he ahí un papá, una mamá, he ahí algo sublime

Navidad 2006. En mi casa, la Sagrada Familia se yergue sobre los regalos traídos por el Niño Jesús. La generosidad de Dios se refleja y se expresa en la Familia y las tradiciones cristianas

Navidad 2006. En mi casa, la Sagrada Familia se yergue sobre los regalos traídos por el Niño Jesús. La generosidad de Dios se refleja y se expresa en la Familia y las tradiciones cristianas

Estoy parado en una acera, el ambiente es bucólico, es otoño, el suelo está cubierto de hojas de varios árboles ahí erguidos, protectores de los que se cobijan bajo su sombra; cuando el Sol descansa, ellos sueltan su gran cubierta y dejan que se vea el cielo gris. A un lado, en la acera de enfrente, se oyen unas voces, en la oscuridad de la mañana, volteo y veo tres siluetas. Es una madre con sus dos hijitos, el varón de unos siete, la hembrita como de cinco. Están conferenciando sobre algo, el chiquito hace unos movimientos chistosos, la piojita está agarrada de su mami, más grande, mucho más, que los árboles de los alrededores, todos juntos, que no suelta nunca la cubierta y aconseja y enseña y corrige y enternece. De repente, todo se ilumina, es una luz radiante, una luz que atraviesa las nubes y alumbra al sol, que calienta las estrellas, pero no encandila y sólo da paz, no quema. La mamá comenzó a moverse y a hablar, a mostrar lo que es una madre, empezó a dirigir a los chiquitos, a sus pequeñas promesitas, a hacer lo que Dios manda: a administrar ese depósito que Él nos hace, cuando nos da un hijo: tenemos que devolverlos… con muchos años de intereses muy altos, de unos pedacitos de carne y germen de hombre a hombres crecidos, dechados de virtud, sabiduría, amor y servicio. La madre se movió, aconsejó y empezó a recoger unas cosas del suelo. Sentí un impulso imparable: “¿qué están recogiendo?”; “hojitas, para una tarea”… una tarea del varoncito; recogí una y mi día estuvo pleno, había ayudado a ese reflejo inmenso de Dios padre, “de Quien toma su nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios, 3,15).

Luego vino la reflexión. Los niños son bellos, un bebé es una ternura arrolladora. Eso atrapa a cualquier hombre que no sea pura depravación, digo, hay quienes los odian, pero son manifestaciones de una crisis sin precedentes en la humanidad, pero a ésos, ahorita, los dejo de lado. A una persona medianamente normal, un niño la desarma. Pero, en la virtud, unos papás, el amor de esposos, que procrea en cuerpos y almas, como dice Platón en El Banquete, en los cuerpos, a los chiquitos, en las almas, en su educación y su amor, en la verdad y en el bien, ese amor, es algo asombroso. Ese amor sí es como dice el poeta: es amor, porque, para esas almas fieles, “no se admite impedimento”: “al percibir un cambio [la vejez o lo que sea] NO cambia; ni propende con el distanciado a distanciarse… ¡OH, NO! Es un faro inmóvil, que contempla las tempestades y no se estremece nunca. Es estrella para dirigir el rumbo de sus chiquitos, cuya virtud se desconoce… y sólo Dios ha tomado su altura. No se pasa con las horas y las semanas rápidas, sino perdura hasta el fin de los tiempos”, hasta la Resurrección (paráfrasis del soneto XCVI de Shakespeare); es un amor real, incondicional, hasta el Infinito… y nada más, un amor verdadero, contra el que nadie puede nada: los hijos no tienen que hacer nada para que los quieran, no pueden hacer nada para que no los quieran. Así los forman en el Amor divino, el Amor del Padre del hijo pródigo. Así los llevan a la virtud; al punto en que, en la responsabilidad, pagarán la generosidad de los padres, en su responsabilidad de pastores o de padres de familia. Los niños son bellos, la familia es lo más bello. Por la familia, imagen especial del Padre, que toma su nombre de Él, de manera eminente, vale la pena morir…

***

Uno está en una reunión de padres del colegio, se trata de los chiquitos, de niños todavía preadolescentes. Ve las tonterías de los papás, ve cómo corrompen a sus hijos, con celulares, permitiéndoles ver todas las porquerías que salen de Hollywood y de la industria de la pseudo-música, con juegos de videos, con malacrianzas sin fin, llevándolos a fiestas que no son propias de su edad, spas y salones de belleza y discotecas para impúberes: qué horror, qué asco. Uno alerta, hace la del profeta y, como el profeta, sale con las tablas en la cabeza. Es peor, uno los ve (a algunos), hablando de sus novias y novios nuevos, llevando las cargas de sus defecciones, del divorcio… no, no, no, montándoselas a sus hijos…

¿Es que los papás ya no son bellos? Los papás son bellos, la familia es lo más bello, la familia, escuela de virtud, sabiduría y amor, es lo más bello, el lugar privilegiado del amor asombroso, de la fecundidad infinita, de Dios. ¿Pero qué pasa? Hermanos: estamos en una tremenda crisis. Imagínense, la familia en ese estado… y eso no toca, todavía, el tremendo ataque bajo el cual está, desde todos los flancos. Los plutócratas cortan empleos, mientras bajan los salarios reales, tienen en eso, al menos, 4 décadas; mientras promueven, más y más, la impotencia de los padres llamada ‘derechos de los niños’, la destrucción activa, con los homosexuales y el divorcio, y el disolvente cultural televisivo, las drogas, la pseudo-música, la pseudo-diversión de discoteca, etc. El egoísmo llamado feminismo atropella, de manera invisible, a ese puntal hermoso, llamado mujer, ser hecho de entrega abnegada, lo más alto imaginable, la medida de Dios. LA GENTE ESTÁ INDEFENSA, ESTÁ SIENDO ARROLLADA DE MANERA INMISERICORDE Y NO SABE NI DÓNDE PARARSE, NO SABE QUE ESTÁ BAJO ATAQUE, ES UN VERDADERO ESPANTO, EL PEOR MAL DE LA HISTORIA, SIN DUDAS.

***

Ante ese panorama, sólo queda algo que decir, todo lo demás sobra: Juro solemnemente, sin que me quede nada por dentro, sin guardarme nada, que lucharé hasta siempre, por la familia, contra la revolución. JURO SOLEMNEMENTE QUE MANTENDRÉ VIVA LA REBELIÓN, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA: POR EL BIEN Y LA FAMILIA, POR EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA…

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