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Teología del cuerpo, sexo y modernidad

Sobre cómo los tradicionalistas, obsesionados con el modernismo, caen en la gnosis

Una discusión en internet

Monseñor Richard Williamson, atribuye la teología del cuerpo a una iluminada y no a una profunda visión antropológica y teológica: se equivoca

Monseñor Richard Williamson, atribuye la teología del cuerpo a una iluminada y no a una profunda visión antropológica y teológica: se equivoca

En estos días, como siempre hago, pues me gusta bastante, participé en un blog de internet, cuyo nombre prefiero dejar en blanco, por mi respeto al autor del blog y para que no le salpiquen lo que digan sus lectores. Yo expresaba mi preocupación por un asunto muy grave, que ahora no viene al caso, un hecho revolucionario terrible; yo decía lo siguiente, en un contexto más amplio: “la moral sexual cristiana, la moral matrimonial [está] enraizada en LA TEOLOGÍA DEL CUERPO y en la de las relaciones de Dios y el mundo, de la Alianza, de Cristo y su Iglesia”, y, sin embargo, los revolucionarios infiltrados en la Iglesia estiman que estos puntos, los más importantes que se puedan concebir en el sentido de la vida del hombre sobre la Tierra, “han sido superadas por la modernidad”, decía. Parece como si no hubiera nada que objetar a eso, sobre todo si eres católico o alguien decente, aunque profeses la religión de Shaka Zulu: quiero decir, es ley natural [la constitución natural del hombre y su repercusión en la moral sexual], en parte, y, de lo demás, parece algo que cualquiera que crea en Dios y en nuestra dependencia respecto de Él podría aceptar o creer plausible sin problema, si se le explicara lo que significa. Claro, no para los infiltrados, que no son gente decente, que eso es lo que significa su infiltración, ¿no es la cosa? Entones, todo decente debería asentir, ¿no? Bueno, espérense un minuto, entre los “tradicionalistas” católicos hay gente que no tiene paz con nada que haya dicho ningún papa, en los últimos 57 años, así sea el Padre Nuestro.

Un anónimo del blog, me salió con que eso de la “teología del cuerpo” era modernismo… por eso lo resalto tanto arriba. Citando un documento titulado Los que creen que han ganado (http://www.statveritas.com.ar/Cartas/CartaWilliamson11.htm), del obispo Williamson, de la SS Pío X, me mandó una andanada de retos. Parece que este hombre cree que, cuando me refiero a la teología del cuerpo, me refiero a unas loqueras que Von Balthasar sacó de una supuesta mística llamada Adriana von Speyr. Ella habría ejercido una enorme influencia en la “teología conciliar” (término despectivo con que los Pío X se refieren al Concilio Vaticano II). Esa influencia se extendería a varios temas; entre ellos, a según, la “teología de la sexualidad”, que sería nada más y nada menos que la teología del cuerpo de Juan Pablo II. Speyr, mientras tanto, habría tenido unas revelaciones en las que algún ser celestial le habría “revelado” que debe tenerse un gran aprecio por “el amor erótico”, por el “‘valor positivo’ de la ‘corporeidad’”; eso habría llegado a extremos que habrían debilitado a miles de vocaciones.

La inadecuación histórica de la acusación

A esto puede responderse de dos maneras. Una histórica y otra filosófico-teológica, que incluye un poco de historia de la teología, es decir, de la teología de Juan Pablo II, que no debe nada a ninguna señora Speyr. Para empezar, la caída en el pansexualismo de la Iglesia, a lo mejor, en algunos casos, tuvo que ver con esa señora; a lo mejor (puede que sí, puede que no), en la generalidad, encontró en su relación con Von Balthasar un importante impulso. Pero, para poner un caso inmenso, en los Estados Unidos, eso viene de curas, religiosos y obispos que eran homosexuales, mucho antes de que Von Balthasar fuera conocido fuera de su casa en Suiza. Ellos, en 1972, usaron a un tal padre Kennedy, que ha abandonado el sacerdocio, que era freudiano y que se dedicó a difundir prácticas psicoanalíticas, con el aval de Dearden, de Detroit, y el rey de la Iglesia gringa, del 68 al 2005, Joseph Bernardin, conocido homosexual, desde mucho antes de su ascenso impresionante (http://www.renewamerica.com/columns/abbott/060818). Esta operación es la causa principal del escándalo de los abusos en ese país (http://www.culturewars.com/2004/ModernPsych.html). El complejo jugó un papel central, el complejo que es hoy tan central en la pérdida de la Fe, el complejo frente a la “ciencia” que, para rematar, es “moderna”. La mediocridad, pues, que hizo que se sucumbiera a Freud, que se avergonzarán de decir que había milagros (“¿tú de verdad crees que Cristo alimentó a 15.000 con 5 panes?”), de admitir que hubiera profecía… Freud, Rogers, Watson, así como Buda, el Hinduismo y el New Age en general, entraron en los conventos y los seminarios… Eso, ni es Concilio ni es Speyr ni es Von Balthasar ni es teología del cuerpo de Juan Pablo II. Hacer estas cuentas históricas así es como vivir en un ensueño y no saber ni dónde se está parado… Y, lo peor del caso, ponerse en el filo, al menos, del cisma, sobre base tan firme: la casita sobre la roca, mi pana.

Un Padre de la Iglesia expone admirablemente la teología del cuerpo

Por otra parte, saliendo de la historia y entrando a la filosofía y la teología, Williamson, en la cita de mi compañero de blog, parece estar en un ámbito gnóstico. Es decir, a lo mejor, no es así, a lo mejor está martilleando a una mujer medio histérica que clama por el otro extremo gnóstico: una exaltación enferma de lo sexual, algo como un tantra católico. Sin embargo, cuando pone como algo deplorable el aprecio de la corporeidad, parece ponerse él en el extremo gnóstico contrario, a lo Basílides. A éste, con teología del cuerpo, como dicen en inglés, in full swing, le responde Clemente de Alejandría (Stromata, IV, XXVI): según él, los que dicen que lo corporal es malo están muy equivocados y muy evidentemente equivocados: los sentidos nos son indispensables para conocer la verdad [Platón en el Timeo dice que vista y oído son divinos, precisamente por este motivo], al tiempo que el cuerpo está conformado para mostrar y contemplar el bien, la verdad, la belleza; el mismo fue hecho para el alma [es dualista y cree que el cuerpo es una “morada” del alma, que la recibe: y, con todo y eso, aprecia al cuerpo], para recibir al Espíritu como su Templo y para ser dignificado por la Encarnación [y la Resurrección]. No puede tener razón Basílides: el cuerpo y el mundo no pueden ser malos, pues todo viene de Dios, añadamos, en cuanto es.

Santo Tomás, el más grande cultor de la teología del cuerpo de todos los tiempos

Esto es, precisamente, lo que, en Juan Pablo II, se llama ‘teología del cuerpo’, como mostraré abajo. Antes, un poco de teología del cuerpo de Santo Tomás. En la cuestión 91 de la Pars I, de la Suma Teológica, artículo 3, dice el Aquinate:

“Respondo: Todo lo natural ha sido hecho por el arte divino; por eso, en cierto modo, es obra artesanal de Dios mismo. Ahora bien, todo artista se propone dar a su obra la disposición más conveniente, no en absoluto, sino en relación con el fin […]. Así, pues, también Dios ha dado a cada cosa la correcta disposición, no absolutamente, sino en orden a su propio fin. Es exactamente lo que dice el Filósofo en II Physic.: Porque así es más digno, no en absoluto, sino con respecto a lo sustancial de cada cosa.

“Pero el fin próximo del cuerpo humano es el alma racional y sus operaciones; pues la materia se ordena a la forma, y el instrumento a la acción del agente. Por lo tanto, decimos que Dios hizo el cuerpo humano en la mejor disposición para tal forma y operaciones. Si parece que hay algún defecto, hay que tener presente que se trata de una consecuencia necesaria de la misma materia que se precisa para que se dé la debida proporción entre el cuerpo y el alma y sus operaciones del alma”.

En los comentarios a la Física (libro III, lección V, n. 222), habla Santo Tomás sobre el hábito, como género metafísico. Lo que dice es sde lo más relevante en la antropología… y en la teología del cuerpo: Hay algo especial en el hombre. Pues los otros animales poseen por naturaleza lo que es necesario para la conservación de la vida, como los cuernos para defenderse; los dientes y colmillos fuertes y filosos para despedazar a las presas; pelos y piel gruesa para defenderse del frío, las inclemencias climáticas y ambientales; uñas y pezuñas para defenderse y andar sin lastimarse, etc. Así, para tales animales, decir que están calzados, vestidos o armados, no viene de nada extrínseco a ellos. De ahí que estas cosas se dicen de ellos según el predicamento de la sustancia, como del hombre se dice que tiene manos y pies. Pero estas cosas no se le pudieron dar al hombre por naturaleza, puesto que, dado que él tiene razón y ésta obra de manera multiforme, no sólo unos instrumentos determinados se acomodan a él; y porque su complexión es muy sutil. De modo que lo que para otros animales es intrínseco, como estar armado, vestido o calzado, para el hombre es extrínseco, pues el ens humano se procura estas cosas con su razón. Luego, en el hombre se da un predicamento especial, estrictamente suyo: el hábito. Y he aquí la causa metafísica más profunda de la necesidad de propiedad y demás derechos reales, para el hombre.

La teología del cuerpo a plena vista

En lo que al sexo se refiere, Clemente de Alejandría da las explicaciones más sublimes de la teología del cuerpo (Stromata, IV, XVIII): “Quien, en el amor casto, ve la belleza y no piensa que la carne es bella, sino el espíritu, admirando, como juzgo, al cuerpo como una imagen, por cuya belleza se transporta a sí mismo al Artista y a la verdadera Belleza; exhibiendo el símbolo sagrado de la rectitud a los ángeles que esperan la ascensión; quiero decir, la unción de la aceptación, la cualidad de la disposición que reside en el alma que se alegra por la comunicación del Espíritu Santo” (Clemente de Alejandría, Stromata, IV,18). Esto es el sexo para un católico: una manifestación y una comunicación profunda de la persona, del espíritu, de la verdad del propio ser, de la Gracia misma de Dios, que nos comunica con su espíritu. Es una manifestación sublime del amor, de la entrega mutua, una consecuencia, como dice Platón, en el Banquete, de esa “procreación en los cuerpos y en las almas”, que es el amor. Es una característica propiamente nuestra, propia del hombre, “única criatura en la Tierra a la que Dios ha amado por sí misma”, la cual “sólo puede encontrar su plenitud, en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, n. 24). El amor es fuerza de unión, de conservación, de entrega y recepción del don personal del otro (Cfr. STh, ); el sexo es su manifestación. Se da sanamente entre amantes verdaderos, entre gente dispuesta a darse totalmente.

Entonces, ya aclarado el marco filosófico, metafísico-antropológico, de la teología del cuerpo, así como su adscripción a la Tradición viva de la Iglesia, que no puede ser contradicha, aunque pueda crecer orgánicamente, respondiendo a los problemas que se le planteen al hombre, en plena consonancia con la Revelación plena de Dios en Jesucristo, podemos verla a ella misma; así como su contraste severo con la modernidad.

La teología del cuerpo se enfrenta a la modernidad

En la modernidad, el sexo y las relaciones conyugales son vistos de manera muy diferente a como se ven en la Iglesia. Vamos a ver al más grande representante de la modernidad: Immanuel Kant. Según Kant, el matrimonio monogámico (y sólo éste) y el sexo, dentro de él, son legítimos, siendo una forma de esclavitud y de hacerse cada uno objeto de placer sensible del otro, puesto que es esclavitud y rebajamiento mutuos, por lo que, según el “filósofo” de Koeningsberg, hace que cada uno se recupere, al ser dueño de su dueño. Su concepción cercana al materialismo se aclara más en lo que dice sobre el fin (natural) de la procreación: si eso fuera todo el sentido de la unión matrimonial, de acuerdo con este prohombre, la unión matrimonial se acabaría al cesar los cónyuges de ser capaces de engendrar-concebir, no al criarlos, ni siquiera, como en Locke (Segundo ensayo sobre el gobierno civil, párrafos 77-80). El matrimonio se sostiene, sobrevive a la procreación sola, por el derecho al disfrute, que es legítimo por la propiedad mutua, como la que se tiene sobre el papel higiénico del baño, porque todo derecho, dice, es un derecho a algo. Cada cónyuge adquiere los órganos sexuales del otro, pero, al adquirir eso, se adquiere toda la persona, que es una: luego, el dueño de la parte es dueño del todo. He aquí la reducción de toda la persona a la parte material de su sexualidad (Waldstein, op. cit., pp.56-57, nota 127; lo dicho por el autor citado se apoya en referencias textuales de la obra de Kant, de la Metafísica de las costumbres).

En contraste con esta reducción materialista cartesiano-kantiana del hombre, se puede decir, siguiendo a Karol Wojtyla, como lo hace Waldstein que “el amor esponsal parece estar ausente en la explicación de Kant. Juan Pablo II ve el acto sexual como una ‘palabra natural’ (naturale verbum) conectada con ‘el significado esponsal del cuerpo’. Por su misma naturaleza en tanto que creado por Dios, independientemente de cualquier elección o determinación hecha por los seres humanos, el cuerpo humano tiene el poder de expresar amor, hablar amor en su propia ‘palabra natural’ [he ahí la refutación de la ideología del género y su interpretación cartesiana del cuerpo, así como de todo el nominalismo modernista, completamente radical]. De acuerdo con esta naturaleza, las relaciones sexuales no despersonalizan, más bien, son una profunda realización de la persona por el don de sí. Wojtyla encuentra formulaciones agudamente anti-kantianas al describir este don del yo: ‘la persona ya no desea ser su propia posesión exclusiva, busca, en lugar de ello, convertirse en la propiedad de ese otro. Esto significa la renuncia a su autonomía e inalienabilidad. El amor procede a la manera de la renuncia, guiado por la profunda convicción de que ella no lo disminuye o empobrece, sino todo lo contrario: agranda y enriquece la existencia de la persona’. Uno puede ver de nuevo la importancia del principio expresado unos cinco años después, en Gaudium et Spes, 24,3: ‘el hombre no puede encontrar su propia plenitud sino en la entrega sincera de sí mismo a los demás’. Los personalismos carmelita y kantiano son máximamente opuestos en este punto” (Ibíd., 57, últ.-58,1; la cita de Wojtyla, según la nota 130, es de Amor y responsabilidad).

Los “tradicionalistas” fuera de foco

No se puede pedir más, en el sentido de oposición a la modernidad. Mas para muchos amigos “tradicionalistas” no valen las pruebas, la cuestión está zanjada, por definición. ¿Definición de qué? Definición de su propio ser “tradicionalistas”: si no pudieran pensar que Juan Pablo II o Pablo VI son porquerías modernistas con patas, su vida sería un infierno; es más, ésa sería la suma de todos los miedos para estos señores, la imposibilidad de ponerse en una posición de superioridad moral e intelectual frente a la malvada “Iglesia conciliar” y a los malvados o tontos rematados que dicen que quienes están en contra de las palabras de Cristo son ellos, al decir que la Sede de Roma pueda ser hereje, en cuanto Sede de Roma, del apóstol Pedro, en el lugar de su Martirio; y que, para rematar, ellos no son capaces de distinguir entre la marea de rebelión e infiltración a la Igkesia y la batalla entre los verdaderos fieles, por un lado, y, en dos frentes, los “puros”, ellos, y los infiltrados y acomplejados y revolucionarios modernistas…

El “tradicionalista” no ve a la modernidad, sólo “la herejía modernista”, que le endilga a todo lo que no sea “tradicionalista”

Eso me trae a un último punto. El “tradicionalista” que me ataca, como muchos de sus compañeros de armas, no tienen en la boca sino unas pocas palabras y la favorita es ‘modernismo’, acompañada por la ‘herejía modernista’ (hay otras: Williamson, Monseñor Lefebvre, novus ordo, ‘apostasía’). Lo que yo no he visto es que jamás se hayan puesto a exponer y mostrar los errores del materialismo en sus múltiples variantes, que expongan y critique a Ockham y al nominalismo, el Gran Río, con sus hijos de todos los cuños, al gnosticismo, al gnosticismo modernista (a la manera de Voegelin, Dawson, Brownson), al inmanentismo cartesiano, el metodologismo, el empirismo, el ideologismo, la ideología trascendentalista de Kant o Husserl, al historicismo, al existencialismo –de Kierkegaard y Nietzsche a Heidegger y sus infinitos seguidores, empezando por los marxistas–, al idealismo absoluto de Berkeley o Hegel, al ocasionalismo, al nihilismo, al straussismo. Jamás los he visto hablando de Marsilio, de los cainitas de Hollywood, del orientalismo, del new age. Marx y sus secuaces les roban poca o ninguna tinta. Claro, de Heidegger no pueden hablar, porque es posterior al syllabus de Pío X. Cuando alguna vez nombran estas cosas, es porque oyeron que tal católico estaba influido por una de ellas; hacen acuse de recibo y la emprenden contra la “Iglesia conciliar” y los “papas conciliares”, como en el monopolio, sin pasar por Go ni cobrar los 200. Citan a Von Hildebrand, que, en verdad fue un fiel y un luchador de la Fe… ¡¡¡PERO ERA UN KANTIANO!!! Claro, eso no importa, porque escribió El caballo de Troya en la Ciudad de Dios, hablando, ¿de qué?, de la “Iglesia conciliar”: patente de corso, que le dicen.

Entonces, hablamos contra la Iglesia conciliar, por “modernista” y ni nos molestamos por la modernidad y los verdaderos enemigos; y no distinguimos buenos de malos, porque, si no hablas pestes de la “Iglesia conciliar”, eres un modernista, seguro, mandinga en persona… o tremendo bobo-borrego…

No digo yo que todos los tradicionalistas sean así, pero hagan examen de conciencia, brother. Ponerse a pelear con uno cuya vida es defender a la iglesia de la “GNOSTICISMO ANTROPOTEÍSTA DE LA VOLUNTAD DE PODER TOTALITARIA MODERNISTA, IDEOLOGISTA, AUTODEFINICIONISTA, USURPADORA, HISTORICISTA, PSICOANALISTA, NIHILISTA, INMANENTISTA, CIENTIFICISTA, ECONOMICISTA, PANSEXUALISTA”, como yo la defino, porque soy un tonto que, a según, sigo a una iluminada de habla alemana, de la que nunca había oído hablar. Todo fundado en un trabajo de Williamson…

***

La revolución tiene un carácter siniestro, convierte a la gente, mayormente, en pervertida sexual o defensora de la perversión sexual; de tremendos desórdenes. Lleva a muchos a la desesperación y al aturdimiento como huida. Tiene infinidad de matices destructores, cierra la trascendencia, hace que se pierdan innumerables vidas, en la más triste, lastimera, miseria, bajo pasiones sin control, expectativas cerradas y malditas. Pero tiene todavía otros problemas: ha hecho que los que reaccionan contra ella, se enfrasquen, infinidad de veces por ignorancia, en explosiones que no son menos destructivas. Muchos tradicionalistas van por aquí; si no es que, en alguna medida, todos ellos incurren en el asunto. Yo, en verdad, considero admirable su deseo de fidelidad; pero veo que está descaminado en muchos puntos. El otro día escribí un artículo sobre cómo el Papado de Francisco ha sido, de intento, un movimiento anti-Juan Pablo II (https://eticacasanova.org/2015/01/21/francisco-vs-juan-pablo-ii/); un obispo polaco ha dicho exactamente lo mismo sobre la, hasta ahora, obra más importante del Pontificado: el sínodo de octubre (https://www.lifesitenews.com/news/the-church-betrayed-john-paul-ii-at-synod-on-the-family-polish-archbishop); muchos de ustedes, sin embargo, dicen que son lo mismo y eso es asombroso, es estar completamente fuera de foco, lean ese artículo, con la certeza de que, si ves en Francisco a un alumno de la “escuela de Woytila”, entonces tienes mal tu mira. Poner esto de relieve, por el bien de toda la Iglesia es rebelión. Y LO QUE SE NECESITA ES LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

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4 comentarios

  1. Carlo dice:

    “del obispo Williamson, de la SS Pío X”
    Si me permite una pequeña corrección, Williamson no es más obispo ni miembro de la SSPX desde 2012.
    http://www.dici.org/en/documents/comunicado-de-la-casa-general-de-la-fraternidad-san-pio-x-23-de-octubre-2012/

    • Gracias, Carlo, tienes toda la razón. Y, sin embargo, el episodio de la “expulsión” (me perdonas mi léxico) de Williamson me pareció lamentable (http://www.culturewars.com/2009/Williamson.htm). Williamson habló de la Segunda Guerra Mundial, en el 2008, sobre la matanza de judíos; y eso fue utilizado para dañar a la Iglesia y a la SSPX y, sobre todo, a Benedicto XVI. Y gente muy trascendental de la SSPX se le lanzó encima para quedar bien con… ¿quién?… Mejor no lo decimos, para que no se nos echen encima a nosotros. Williamson cometió un “crimental” un crimen del pensamiento, penado por la tiranía mundial, eso sin duda; ese crimen lo sacó del juego y puso al asunto del cisma y la reconciliación en sordina, hasta que, sacado Benedicto, se acabó el asunto y la Iglesia y los millones de fieles de la SSPX quedaron esperando el gran evento: la reconciliación. Ahora tenemos a uno, en el lugar de Benedicto, que le dice a los anglicanos que no se hagan católicos y, a los llamados “ortodoxos”, que la Iglesia no les pide nada para declarar que nunca ha habido, siquiera, un cisma, sino en las mentes de gente “farisea, avinagrada, etc.”: sí todos los fieles católicos, todos los papas y todos los griegos y demás miembros del archipiélago constantinopolitano-moscovita, desde el cisma de Focio para acá, salvo lo ocurrido en el Concilio de Florencia, muy brevemente y truncado todo por las fuerzas turcas, que vencieron en 1453. Tristes tiempos, en que los “fidelísimos” “tradicionalistas” lanzan debajo del autobús a uno de sus cuatro líderes indiscutibles, por asuntos de crímenes del pensamiento; dejando de lado el asunto centtral que interesa a la Iglesia: la unidad. Y, sin embargo, se lo cita, en escritos tan cuestinables como el comentado aquí arriba, como si fuera Palabra de Dios, hablada por el Ángel Moroni, en de los mormones…

  2. Flavio I. dice:

    Carlos: lamentablemente no faltan entre los “tradicionalistas” algunos tipos picados de manías que acaban por desmerecer la inobjetable causa de la Tradición. No conozco lo suficientemente en detalle la «teología del cuerpo» de JPII, pero supongo que fue un intento de desarrollar desde un pensamiento todavía cristiano -en este progresivo eclipse de la fe que aqueja a la Iglesia- algunos temas candentes en la actualidad, que nunca hubiesen sido abordados (de hecho, nunca lo fueron) por pontífices de otras edades (digamos, del pre-concilio: en la «Casti connubii» brilla un lenguaje más púdico -no digo jansenista- del que hoy por hoy se estila). Con esto, habrá que discernir si el polaco no hizo sino tomar el toro por las astas o bien pagar su tributo al temario que impone la modernidad. Carezco de la respuesta.

    Lo otro es la tacha de “Iglesia conciliar”, que evoca -y con justicia- al conciliarismo, triste herejía de los tiempos del Cisma de Occidente. La paulatina fuga de la constitución monárquica de la Iglesia con miras a su horizontalización (creación de las Conferencias Episcopales, y ahora la diarquía implícita, con la inaudita institución del “Papa emérito”, y el consejo de los “ocho cardenales” de Francisco, etc.) no hacen sino destacar la similitud. La superinflación de citas de los documentos del Vaticano II (en los textos de los últimos pontífices, en los estudios teológicos, etc.) a los fines de erigirlo en superdogma, no hace sino corroborar la presunción. Hay una vasta literatura que denuncia esta artera sustitución, sin necesidad de recalar en la -por otro lado muy honorable- FSSPX: léase mons.Gherardini, Romano Amerio, Enrico Maria Radelli, etc.

    Quienes señalan los lamentables pasos en falso del Concilio (y esa cita de la Gaudium et Spes acerca del hombre como “la única criatura que Dios ha querido por sí misma” es elocuente, y ha sido rebatida como herética por más de un sagaz estudioso de la apostasía en curso) saben que los males vienen de lejos. Entre nosotros, Rubén Calderón Bouchet, en un volumen titulado «La luz que viene del norte» repasa la progresiva infiltración de las ideas iluministas en la Iglesia desde unas cuantas décadas antes del Concilio. Sí, señor: se debe denunciar al gnosticismo, al psicoanálisis, al logicismo, etc. etc. Todas pestes de larga data a las que se les abrió oficialmente la puerta a partir del Concilio.

    Mal está auto-citarse, pero te mando un enlace alusivo:

    http://in-exspectatione.blogspot.com.ar/2013/11/la-deriva-gnostica-de-la-iglesia.html

    • Hola, Flavio. En primer lugar, eso de citarse a sí mismo puede ser malo, pero bajo algunas circunstancias, es decir, si hay un tema que has tratado antes y que no tienes que tratar ahora, puedes remitir a tu escrito anterior. Lo malo es cuando todo tu sistema de referencias eres tú mismo. Ése no es tu caso, ni por asomo y yo lo sé muy bien, no te preocupes; aparte de que leí tu artículo y me parece bastante bueno. Antes de responderte a tus comentarios, te aviso que, por un tiempo, al menos, estoy haciendo un acervo de los abusos, excesos, etc., de la tiranía mundial totalitaria. Espero que, en unos meses, varios cientos de artículos con sucesos de todo el mundo demuestren, por encima de cualquier duda, que la tiranía existe, que es anticristiana, que es perversa, que busca corromper con depravaciones sin precedentes… Te invito a que sigas los artículos; mañana voy a sacar uno en el que trato del UNFPA, de China, del senado gringo, de la corte canadiense, de varios abusos educativos en varias partes, de la milicia asirio-cristiana que se está formando, de un abuso bravo de una corte colombiana contra el cristianismo, la promoción de la homosexualidad por parte de Hallmark (la empresa de tarjetas de felicitación) etc.
      Como siempre, es difícil responderte, porque manejas cosas muy profundas, buenas, eruditas. En el artículo trato de distinguir entre varios tipos de “tradicionalistas”… porque yo podría ser un tradicionalista, si eso permitiera una total sumisión a la totalidad de la historia de la Iglesia, incluidos los últimos 57 años. De hecho, pienso que el peor pecado de absolutamente todos los “tradicionalistas” consiste, aparte del cisma de muchos, si no la mayoría, en que, al ponerse en esa posición, minan aún más la ortodoxia, dejando el campo abierto a los “liberales” y, sobre todo, a los que dicen que todo se reduce a batallas entre facciones de ciegos contrarios (lo que llamo “ideologismo”), a lo Kelsen. Uno no puede decir que JP-II era un “modernista”, sin más, como si no hubiera librado una batalla a capa y espada contra las corrientes de pensamiento más importantes del modernismo verdadero (diferente del que tienen en su cabeza muchos “tradicionalistas”). Que no enfrentara New Age, orientalización, cartesianismo, kantismo, marxismo, existencialismo, capitalismo, con fuerza grande e igual. Los amigos de los que hablamos no distinguen, en una enormidad de casos, entre Gustavo Gutiérrez y Juan Pablo II; éste y Ratzinger sacaron documentos contra los comunistas, contra el new age, contra el capitalismo, el relativismo, el historicismo, el consecuencialismo… Se afirmó la primacía del tomismo y se pusieron en su lugar los límites de otras tradiciones de pensamiento cristiano, incluso el existencialismo católico y la fenomenología realista, tan importantes hoy (pronto publicaré unos artículos sobre esencialismo y fenomenología realista, porque yo estudié con Seifert, el discípulo de Von Hildebrand). Se habló de psicología, se publicaron documentos importantes en este sentido. Otra cosa es la desobediencia que opera aquí más que en cualquier otro campo… Y, finalmente, para mí la cosa es que, en la Iglesia, hay mucha gente mala hoy en día, por supuesto, pero no sólo del lado de los “liberales”, el caso de Williamson y las traiciones de que fue objeto, como le comenté aquí arriba a Carlo (citando al gran E. Michael Jones), es bastante paradigmático: Fellay y Ferrara, entre otros prominentes miembros de la SSPX, lo apuñalaron por la espalda, para quedar bien con la tiranía mundial… Mientras tanto, la Iglesia es la Iglesia y el Papa es el Papa, hasta cuando es Bergoglio-Francisco (que no se parece en nada a sus predecesores: ni siquiera al débil Pablo VI). El canon 210,3 me permite corregirlo, guardando el respeto y la caridad. Puede que yo reconozca que el actual da demasiadas señales de no ser de nuestro equipo, pero, como David con Saúl, hay que tener en cuenta que es el ungido del Señor; y que, bajo esas coordenadas es que hay que combatir la acción destinada a destruir, directamente, de intento, a la Iglesia… Y, por otro lado, para terminar, sinceramente, yo leo la Veritatis Splendor y leo un documento de altura; uno puede ver los documentos y darse cuenta de que no desmerecen a Santo Tomás, a Aristóteles, a Platón, a San Agustín, a lo que uno sabe del Cristianismo, del Evangelio, de los padres. A lo mejor hay puntos técnicos de liturgia y demás cosas así que se me escapen… al parecer, hay algunos problemas, que pueden expresarse recordando los nombres de Bugnini y de Marini, pero de ahí a poner en duda que haya habido consagraciones eucarísticas en los últimos 40 años es como demasiado. Y, entonces, uno desde aquí, me parece, puede volver sobre cosas como la manera de interpretar textos: es verdad, en la Contra Gentiles, Santo Tomás dice que Dios se ama sólo a Sí mismo, por Sí mismo, y, en Sí, ama lo demás; pero, lo de que Dios ama al hombre en sí mismo se refiere a que la Creación sensible fue hecha para el hombre y, por eso, el pecado humano es causa de que “la creación entera gima y sufra con los dolores del parto”… Creo que cada punto puede leerse así; para mí, al menos, esto es lo natural, porque no puedo ver sino ortodoxia en la Iglesia que Dios prometió asistir cuando el Sucesor de Pedro, en la Sede de su Martirio, interviniese formalmente, lo que la historia confirma ampliamente.
      Espero que esto sirva de algo; tus comentarios y artículos, para mí, siempre son importantes. Seguimos en contacto, espero.

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