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Monthly Archives: noviembre 2014

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A mis amigos tradicionalistas (II)

Hay males, es verdad, pero no están justificados para dejar la Iglesia

Juan Pablo II, en Varsovia, lanzó el ataque que derribó la Cortina de Hierro. Inmenso león de Dios: profetizó la crisis y la enfrentó como nadie más lo hizo

Juan Pablo II, en Varsovia, lanzó el ataque que derribó la Cortina de Hierro. Inmenso león de Dios: profetizó la crisis y la enfrentó como nadie más lo hizo

Amigos tradicionalistas, les escribo esta segunda carta, con buena inspiración, fajado, oyendo la Missa Papae Marcelli, de Palestrina: sublime. Espero haberme acercado a ustedes con el escrito de anterior y espero que, con éste, quedemos mucho más cerca. Porque, si ando en una “COMO” diatriba con ustedes, es porque quiero que nos acerquemos, por el amor de Dios, de su Iglesia, de los dones que se ha dignado darnos. Ahora voy a dirigirme al lado contrario. Ayer me fui a las traiciones infinitas de las que somos víctimas, nosotros y Dios… o nosotros los de Dios y nuestro Señor, Rey, General, Amo, Amado, Vida. Con este escrito, pretendo mostrar que hay cosas que ustedes tienen por traiciones horribles, de gente buena, y que no lo son; que, con todo el cariño del mundo se los señalo, tienen  un desenfoque sobre ciertos puntos centrales. Si los ven, el camino de la unidad estará más allanado. Sé que no es fácil, pero espero contribuir en algo a la gloria de Dios, con verdadero amor fraternal, en Nuestro Padre.

Tenemos, inevitablemente, que referirnos al Concilio Vaticano II y a los papas posteriores.

Trataré de echar luz sobre varios puntos, quizás no todos, pero sí varios importantes: que, si se ven errores importantes, puede que los otros queden en una posición de mayor “indefensión”. Claro, no les atribuyo a ustedes errores doctrinales (o no los que ustedes esperarían, quizás), sino errores en la valoración de dichos y aspectos de la gran Asamblea del siglo XX.

La lámpara de tu cuerpo es tu ojo, si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas

Lo primero es un asunto de actitud hacia el Concilio. Ustedes, es inmenso constatarlo, tienen las mismas opiniones sobre este tema que sus contrapartes “liberales” (tiranuelos, en realidad: miren a Kasper). Unos y otros hablan del Concilio como ruptura. Vamos a dejarlos a ellos a un lado, que después, juntos, los enfrentaremos y los sacaremos de la Iglesia o los obligaremos a convertirse, a dejar sus mentiras y maldades (aunque algunos lo hagan por brutos, borregos, ignorantes y demás excusas absolutorias o atenuantes). Lo de la ruptura: dicen lo mismo, ustedes y ellos, pero hay diferencias, diferencias de talante. Pongamos un ejemplo ilustrativo: el modo como se tratan las palabras que popularmente tienen doble sentido, en Venezuela, de donde soy, y en Chile, donde vivo desde hace más de siete años. En Venezuela, hay más mente-sucias, probablemente, que en Chile. En Chile, sin embargo, hay un matiz curioso, si la palabra tiene una “fama” fuerte de doble sentido, es grosería y no la puedes usar, de modo que los mente sucia ganan. Es como el arco iris y los homosexuales o el rojo y los comunistas: eso no es de ellos, es de Dios, de su naturaleza y del hombre, en general. Así, vamos a volver al Concilio, un texto cualquiera puede ser tergiversado; y un texto en el que entraron los cizañeros a meter confusión puede ser corrompido fuertemente. El trabajo de los buenos es, como el de Santo Tomás, mientras se aclaran las cosas, forzar la interpretación sana, no dar la razón a los malos. Y, señores, CUALQUIER TEXTO ES SUSCEPTIBLE DE CORRUPCIÓN INTERPRETATIVA: vean a los protestantes, las decenas de miles de sectas, salidas de los mismos pasajes bíblicos. ¿No rezaba el Aquinate, “DA MIHI […] INTERPRETANDI SUBTILITATEM”, “dame sutileza para interpretar”? Es verdad que, PROBABLEMENTE (¿qué será de la vida de la parábola de la cizaña?), no deberíamos estar en estas luchas, pero es lo que hay y es el modo como, hasta ahora, en el mundo presente, el de la corrupción más brava jamás vista (como muestra la “misa” a satán de Ocklahoma [y vendrán más y en todo el mundo, no lo dudes: allá sólo empieza todo, los demás repetimos como autómatas descerebrados: el progreso]; y todo lo que digo en el escrito anterior), es el modo, digo, en que Dios preservó a su Iglesia en este mundo… Y decir otra cosa es asegurar que las promesas y profecías de Jesús eran falsas, que Él no es omnipotente y omnisciente, es blasfemia, que lleva al cisma…

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A mis amigos tradicionalistas (I)

Abandonando la autoridad, han hecho el trabajo de Gramsci, no pueden seguir

En un momento de la historia, la Iglesia pareció romperse, en 1965.

Arrio, creó una gran crisis en el siglo IV. La actual deja aquella como un juego de niños. La fidelidad tiene que ser heroica, más que nunca

Arrio, creó una gran crisis en el siglo IV. La actual deja aquella como un juego de niños. La fidelidad tiene que ser heroica, más que nunca

Estos dos artículos “gemelos” los considero cartas y van en continuación de mis tres artículos sobre el Papado como constitutivo esencial de la Iglesia (que cito abajo) y de los otros que he escrito sobre el desastre que es el Pontificado actual, de las últimas semanas.

Vamos a estar claros, en la ruptura luterana hubo defecciones, traiciones, toda clase de excesos y males. Cuando Arrio, un número importante de clérigos se fue tras la cristología falsa, contraria a la Revelación bendita, los cristianos de verdad estuvieron fuertemente a la defensiva, bajo un asedio que parecían no poder soportar, por el número de los otros, por los poderes que los sostenían. En la época del Gran Cisma y del temporal triunfo del conciliarismo de Ockham y Marsilio, el Papado vivió un oscuro eclipse, cualquiera hubiera podido ver ahí señales de tiempos muy malos por venir; y sí que vinieron. Todas esas épocas fueron terribles, entre los momentos peores de la historia de la Iglesia, tremendas rupturas, imponentes pérdidas, de almas, de la unidad, graves confusiones, la barca parecía zozobrar, grandes injusticias contra los verdaderamente fieles. Pero ninguna de esas épocas se compara a los dolores actuales.

Se ha dicho mucho que el siglo IV se parece mucho a la actualidad, el número de los infieles, su carácter sacerdotal, la soledad del laicado, la persecución a los buenos. Hay, en verdad, similitudes, pero las desemejanzas también son impactantes: los poderes que se levantan hoy para sostener a los malvados son muy superiores a los que apoyaron a los arrianos; además, los potentados de hoy no son cristianos con una visión desviada, son gente que odia a Cristo como es imposible que se lo pueda odiar más, por seres humanos, en esta vida terrena; las disputas no son filosóficas y teológicas, no se trata de la imagen de Dios, sobre la que puedes estar en el error, pero bajo principios elevados, lo de hoy es un ataque dirigido y orquestado desde la entrepierna, en el que lo que está en juego son las perversiones más degradantes y los bienes más básicos, desde la familia, célula fundamental de la sociedad, semillero de la humanidad.

Lo de hoy es un mal desatado, consciente, virulento, nunca antes visto, es el nihilismo, la corrupción luego de que la semilla evangélica germinara, es la peor corrupción, es la corrupción de lo mejor, de lo más elevado; por eso, es una corrupción que no parece tener límites, es una deificación usurpadora y consciente, es la reunión de todas las tiranías, de todos los gnosticismos, todos los sofismas, todas las herramientas de la mentira y la opresión, es la corrupción más grande que pueda pensar la humanidad, sin lugar a la más mínima duda. Jamás encontrarás a un Heidegger caminando por las calles de Grecia, de Roma, de la Persia Sasánida, del mundo del viejo brahmanismo: un demonio que reúne a Descartes, Kant, Husserl, Hegel, Marx y Nietzsche, con lenguaje sacado de los clásicos griegos, con conciencia respecto de los presocráticos, con una visión de las religiones del mundo, de las divisiones del Cristianismo, con los ataques positivistas, con los “avances” psicoanalíticos. No encontrarás a un Freud, a un Reich, a un Sartre, a un Foucault, a un Rahner, a un Bultmann, a un Kühg, y para de contar. Por eso, no ha habido antes mundos que sean paraísos de la adicción a las drogas, de la destrucción de la familia, con más de 2.000 millones de bebés muertos en las barrigas de sus mamás y una miríada de gente, mientras tanto, defendiendo los derechos humanos de los animales, los derechos de las mujeres a matar a sus hijos, a jueces metiendo presos a los papás de esos niños que quisieron evitar que fueran asesinados, a “filósofos”-ideólogos conocidos mundialmente como Peter Singer, confesando que el aborto es homicidio, pero que las mamás tienen derecho a eso, pero los animales no han de ser tocados… y comer carne es, cada vez más, motivo de fuerte preocupación, cerca de ser proscrito… salvo que seas un “indígena” y quieras comer carne humana. Jamás encontrarás a cinco países líderes del mundo actual (Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia y Estados Unidos), enemigos de la Iglesia, traficando opio, como política oficial, a un sexto país (China), para destruirlo y derribar a su gobierno, porque al mismo no le interesa comerciar con las baratijas de la industria del “progreso”: las guerras del opio. Jamás el hombre se había deificado de esta forma; jamás había sido bienvenida, de manera consciente, toda aberración; jamás se había atacado a la fe con armas tan poderosas y sutiles, a la manera de Orwell, 1984, y de Huxley, Un mundo feliz. Jamás se había intentado de manera consciente y programada un experimento como el de la “religión mundial”, con sus avanzadas de sincretismo universal, nunca antes visto, en el que se reúnen todas las religiones del mundo, en una sola amalgama sin sentido, todas en pie de igualdad, fuertemente corrompidas, sin ningún cuidado de la verdad y para destruirlas a todas, salvo las que sean sincretistas y arrabaleras de suyo.

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El mundo de la tolerancia

Un arbitrio sin límites se abre para todos, sólo los poderosos sobrevivirán

Un mundo feliz: todos hacen lo que les dé la gana, los deseos son derechos y éstos ley. El poderoso no tiene cortapisa, el hombre común será aplastado... muy feliz

Un mundo feliz: todos hacen lo que les dé la gana, los deseos son derechos y éstos ley. El poderoso no tiene cortapisa, el hombre común será aplastado… muy feliz

Hablemos de la TOLERANCIA:

Cinco pastores protestantes de Houston están bajo amenaza, con órdenes de someter sus sermones y toda su correspondencia, aún sus emails, a las autoridades, que andan viendo si, siguiendo la Biblia, han estado hablando en contra de la homosexualidad (http://www.archgh.org/blog/main.asp?Tid=1654&id=461&cat=Archdiocesan).

Dos pastores de Idaho están amenazados de cárcel, si no convienen en celebrar mal llamadas bodas “gay” (http://www.adfmedia.org/News/PRDetail/9364).

En Nueva York están por permitir el incesto, entre tíos y sobrinos, y muy pronto esto quedará atrás, como todos los “tabús” (https://www.lifesitenews.com/news/new-york-appeals-court-unanimously-oks-some-incestuous-marriages).

De eso se trata, de acabar con el orden natural, porque cada quien tiene que poder hacer todo lo que le dé la gana… La gente cree ser libre cuando cada quien hace lo que le da la gana. El problema es que, cuando eso es así, no hay quien ponga freno a las ganas de los poderosos, que podrán acabarte, si les da la gana. Y no habrá quien pueda quejarse, ya que la ley es la de la gana. De hecho, si te quejas, les darán, sin dudas, gana de acabarte más rápido. Al final, en el desastre, alguien tendrá ganas de que haya un semblanza de orden, ya no el natural, sino uno que le salga de la gana. El totalitarismo será imparable. No se preocupen, ya estamos llegando a eso… Sigan hablando de tolerancia, queriendo decir, inmoralidad sin límites, la vamos a pasar bien todos.

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