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A mis amigos tradicionalistas (II)

Hay males, es verdad, pero no están justificados para dejar la Iglesia

Juan Pablo II, en Varsovia, lanzó el ataque que derribó la Cortina de Hierro. Inmenso león de Dios: profetizó la crisis y la enfrentó como nadie más lo hizo

Juan Pablo II, en Varsovia, lanzó el ataque que derribó la Cortina de Hierro. Inmenso león de Dios: profetizó la crisis y la enfrentó como nadie más lo hizo

Amigos tradicionalistas, les escribo esta segunda carta, con buena inspiración, fajado, oyendo la Missa Papae Marcelli, de Palestrina: sublime. Espero haberme acercado a ustedes con el escrito de anterior y espero que, con éste, quedemos mucho más cerca. Porque, si ando en una “COMO” diatriba con ustedes, es porque quiero que nos acerquemos, por el amor de Dios, de su Iglesia, de los dones que se ha dignado darnos. Ahora voy a dirigirme al lado contrario. Ayer me fui a las traiciones infinitas de las que somos víctimas, nosotros y Dios… o nosotros los de Dios y nuestro Señor, Rey, General, Amo, Amado, Vida. Con este escrito, pretendo mostrar que hay cosas que ustedes tienen por traiciones horribles, de gente buena, y que no lo son; que, con todo el cariño del mundo se los señalo, tienen  un desenfoque sobre ciertos puntos centrales. Si los ven, el camino de la unidad estará más allanado. Sé que no es fácil, pero espero contribuir en algo a la gloria de Dios, con verdadero amor fraternal, en Nuestro Padre.

Tenemos, inevitablemente, que referirnos al Concilio Vaticano II y a los papas posteriores.

Trataré de echar luz sobre varios puntos, quizás no todos, pero sí varios importantes: que, si se ven errores importantes, puede que los otros queden en una posición de mayor “indefensión”. Claro, no les atribuyo a ustedes errores doctrinales (o no los que ustedes esperarían, quizás), sino errores en la valoración de dichos y aspectos de la gran Asamblea del siglo XX.

La lámpara de tu cuerpo es tu ojo, si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas

Lo primero es un asunto de actitud hacia el Concilio. Ustedes, es inmenso constatarlo, tienen las mismas opiniones sobre este tema que sus contrapartes “liberales” (tiranuelos, en realidad: miren a Kasper). Unos y otros hablan del Concilio como ruptura. Vamos a dejarlos a ellos a un lado, que después, juntos, los enfrentaremos y los sacaremos de la Iglesia o los obligaremos a convertirse, a dejar sus mentiras y maldades (aunque algunos lo hagan por brutos, borregos, ignorantes y demás excusas absolutorias o atenuantes). Lo de la ruptura: dicen lo mismo, ustedes y ellos, pero hay diferencias, diferencias de talante. Pongamos un ejemplo ilustrativo: el modo como se tratan las palabras que popularmente tienen doble sentido, en Venezuela, de donde soy, y en Chile, donde vivo desde hace más de siete años. En Venezuela, hay más mente-sucias, probablemente, que en Chile. En Chile, sin embargo, hay un matiz curioso, si la palabra tiene una “fama” fuerte de doble sentido, es grosería y no la puedes usar, de modo que los mente sucia ganan. Es como el arco iris y los homosexuales o el rojo y los comunistas: eso no es de ellos, es de Dios, de su naturaleza y del hombre, en general. Así, vamos a volver al Concilio, un texto cualquiera puede ser tergiversado; y un texto en el que entraron los cizañeros a meter confusión puede ser corrompido fuertemente. El trabajo de los buenos es, como el de Santo Tomás, mientras se aclaran las cosas, forzar la interpretación sana, no dar la razón a los malos. Y, señores, CUALQUIER TEXTO ES SUSCEPTIBLE DE CORRUPCIÓN INTERPRETATIVA: vean a los protestantes, las decenas de miles de sectas, salidas de los mismos pasajes bíblicos. ¿No rezaba el Aquinate, “DA MIHI […] INTERPRETANDI SUBTILITATEM”, “dame sutileza para interpretar”? Es verdad que, PROBABLEMENTE (¿qué será de la vida de la parábola de la cizaña?), no deberíamos estar en estas luchas, pero es lo que hay y es el modo como, hasta ahora, en el mundo presente, el de la corrupción más brava jamás vista (como muestra la “misa” a satán de Ocklahoma [y vendrán más y en todo el mundo, no lo dudes: allá sólo empieza todo, los demás repetimos como autómatas descerebrados: el progreso]; y todo lo que digo en el escrito anterior), es el modo, digo, en que Dios preservó a su Iglesia en este mundo… Y decir otra cosa es asegurar que las promesas y profecías de Jesús eran falsas, que Él no es omnipotente y omnisciente, es blasfemia, que lleva al cisma…

Alguno puede decir, como me dijo ese nuevo amigo, a quien respeto y aprecio tanto, Flavio Infante: “Pero el caso es que la convocatoria tan extemporánea a un concilio ecuménico que no venía ni a proclamar un dogma ni a anatematizar un error (oficio el más propio de tales asambleas, según lo comprueba la historia eclesiástica), y en un momento de delicada crisis interna de la Iglesia, que desaconsejaba una tal convocatoria (con la infiltración ya señalada por S. Pío X en la «Pascendi» y por Pío XII en la «Humani generis»), y con el golpe de mano dado por los novatores contra los esquemas previos del Concilio, entre otras circunstancias que no pueden obviarse, hacen que las vaguedades -que, por otro lado, jamás debieran colarse en documentos magisteriales- adquieran una intencionalidad difícil de objetar”. Es verdad, a lo mejor, no parecía lo humanamente prudente y la prudencia humana (la de verdad) tiene que ser tomada en cuenta, cuando se trata de aplicar la sobrenatural, de eso no hay duda. Pero, de este asunto, sólo los siglos podrán dar una visión clara: no podemos saber qué buscaba el Señor de la historia con este acontecimiento, pero bienes serán. Puede que sea que la podredumbre asomara la cabeza, para producir la purificación y para que ésta se viera a plena luz como obra del Altísimo, porque, hoy por hoy, el desastre se muestra, claramente como superando las fuerzas humanas, como un enigma más grande de lo que podamos imaginar, barruntar, vislumbrar: qué clase de traición tan monstruosa, queridos amigos… [UNA PAUSA PARA EL DOLOR… Y SEGUIMOS]

“Subsistir en” es lo mismo que “ser”

La cosa es así, pero, como argüiré más abundantemente abajo, no podemos echarle la culpa a la Iglesia de que haya Kaspers y Wuerls. Pero vamos a pasar a otros temas doctrinales que ustedes tienen por problemáticos. Vamos a hablar, en primer lugar de la Lumen Gentium, número 8. Este pasaje dice: “Ésta es la única Iglesia de Jesucristo, la cual en el Credo [el Símbolo] profesamos que es una, santa, católica y apostólica, la cual nuestro Salvador, después de su Resurrección le entregó a Pedro, para que la apacentara (cfr. Ioh 21,17); y le encargó también a los otros apóstoles que la difundieran y rigieran (cfr. Mt. 28,18); y que se erige para siempre como columna y fundamento de la verdad (cfr. 1 Tim. 3,15). Esta Iglesia, en este mundo está constituida y ordenada como sociedad, SUBSISTE EN LA IGLESIA CATÓLICA, es gobernada por el sucesor de Pedro y los obispos en comunión con él, aunque fuera de ella fuera de ella se encuentren muchos elementos de santificación y verdad, que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, impelen a la unidad católica”1. La frase resaltada es la manzana de la discordia: no dice que la Iglesia de Jesús SEA la Iglesia Católica, sino que, en este mundo, SUBSISTE EN LA IGLESIA CATÓLICA. Sin embargo, aquí hay que aplicar el principio, hay que interpretarla con corazón limpio y no como los “mente-sucia”: “subsistit in”, es verdad que puede sonar muy feo, pero también se puede entender de manera ortodoxa: la sustancia es el sentido principal del ens, del ente: ella subsistit in, sub, todo lo que inhiere en ella, es el sujeto y eso no es per accidens, sino universal y necesario, per se… Si se lee todo el contexto, es claro que nadie quiso establecer una relación accidental entre la Iglesia y la Iglesia, todo lo contrario. Apliquen los ojos limpios, que “si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo andará en tinieblas” (Mt. 6,23).

Nostra Aetate

Vamos a pasar a oro asunto delicado. La Nostra Aetate, que, sin dudas, constituye, a lo menos, un error “político”. Este documento puede entenderse católicamente, como voy a mostrar abajo, hablando de los musulmanes. Pero ha servido de punta de lanza para todos los enemigos, para que la Iglesia se acuse (casi siempre, ni se sabe por qué), mientras los otros la apuñalan. Con quienes esto es más evidente es con los judíos que son militantes anticristianos (no todos los judíos, hay que ser justos: a la gran mayoría, hoy por hoy, ni le importa nada de esto [al menos a los que han sido mis amados alumnos]; y la gente, que quiero tanto, de la Pave the Way Foundation, merece que se haga la aclaratoria), estos militantes, digo, han aprovechado para dar paliza tras paliza… y, si no, que lo digan la Obra de Oberammengau, Alemania, Pío XII y Mel Gibson.

Catolicismo e Islam tienen un mismo Dios

Vamos a ver el caso de los musulmanes, pues, como muestra de que lo que dice este documento, como otros muchos pasajes, no tiene nada de malo ni de particular. Alá es Dios: Santo Tomás no diría otra cosa; como el profesor Joseph Seifert tampoco lo haría [me consta, estudié con él 4 años en la International Academy of Philosophy at the Principality of Liechtenstein and the Catholic Pontifical University of Chile]. Compinche: creemos en el mismo Dios, que ellos tengan visiones desviadas de ese Dios, que eso venga de fuentes espurias, que le atribuyan, por ese origen de su fe, cosas indignas de Dios, es harina de otro costal. Es como si dos personas hablaran de mí, de que existo, de que soy padre de familia, de soy esposo de mi esposa, que hemos estado casados por 14 años, que soy venezolano; pero, como una de las dos tiene una biografía pirata, me empieza a atribuir cosas que no son verdad, que son desviaciones: que soy alto, que tengo un temperamento moderado, que veo a mis hijos media hora al día. En verdad, soy bajo, tengo mal carácter, digamos “cortánimo” (en vez de longánimo), veo a mis hijos un promedio de 5 horas diarias, de lunes a viernes, y de sol a sol los fines de semana (en vacaciones, de sol a sol todos los días). El de la biografía mala, se equivoca en rasgos, PERO HABLA DE MÍ, se trata de mí, un hombre, profesor universitario, venezolano, tomista, padre de familia, que estudió derecho, como primera carrera (gracias a Dios), y magíster y doctorado en filosofía, que tengo 45 años. Habla de mí, aunque menos perfectamente que el que escribió mi biografía oficial. Mucho mejor es ésta, con toda la verdad y sin error, pero aquella habla de mí, sin dudas. Como, volviendo al “caso” (teórico) de Dios, la Fe sobrenatural no admite desviaciones y ella es necesaria para la Salvación, nadie dice que el Islam sea equivalente al Cristianismo (nadie en este blog, digo), pero el Islam adora al mismo Dios, no hay dudas.

Otra cosa es como decir: “Jesús es la verdad; luego, el Islam no es verdad”. Uno le responde: “hijo, la verdad es un asunto del juicio intelectual, que es medido por la realidad; si un musulmán dice: ‘Dios existe, es todopoderoso, es uno, es creador, nos ama, se revela a los hombres, es eterno’, ¿qué le vas a decir, que no es verdad, porque Jesús es ‘LA VERDAD’? Claro que lo es, pero eso lo debes entender de manera correcta: léete la cuestión XVI de la primera parte de la Suma: Dios es la Verdad, pero hay verdades participadas y, en definitiva, dependen del principio de no contradicción… etc.…”. Ellos creen en el mismo Dios, aunque le atribuyan cosas que no le corresponden, aunque nieguen la Trinidad o la Encarnación o la Resurrección. Niegan aspectos clave y centrales, pero creen en el mismo Dios. ¿Qué Dios es absolutamente simple, no un sujeto de “aspectos”? No, claro, por favor, pero el modo del conocimiento depende de la naturaleza del cognoscente, es más, de la capacidad por la que conoce: nuestro intelecto conoce por el juicio que compone y divide, de ahí que digamos que Dios tiene “atributos”: no tenemos otro modo (Vid. Contra Gentiles, I, 31). ¿O qué, vas a decir que mejor es que los griegos no crean en la divinidad, porque eran politeístas, o que mejor que los africanos paganos sean materialistas radicales, a lo Marx, porque son animistas? Por favor, un poquito de espíritu del Doctor Angélico les daría nuevas perspectivas, más amplias y verdaderas.

El Concilio no dijo que los musulmanes fueran lo mismo que los católicos, que Mahoma fuera un profeta verdadero, que no hubiera que llevar la Salvación a todos. Lo que dijo es que, en ellos, hay semillas de verdad, que son reflejos del Espíritu, que son resplandores de la Fe verdadera, que pueden ser bases para un entendimiento y para la conversión. San Pablo los podría ayudar: dice de los paganos, politeístas, aberrados, griegos: “19 Porque todo cuanto de se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer, 20 ya que sus atributos invisibles –su poder eterno y su divinidad– se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras” (Romanos I). Si Trinidad, Encarnación, Resurrección son asuntos de sola Fe, entonces, díganme, por favor, ¿cómo es San Pablo, a ojos de ustedes, tan hereje que dice que los griegos, monoteístas, como Aristóteles o Platón, o politeístas, como la mayoría de los otros, tienen una revelación de Dios, una revelación en sus obras? Al buen entendedor… han de bastar estas palabras, las ya dichas, que no son pocas.

El novus ordo Missae

Este es un tema apasionante, sin dudas, para un católico de verdad: ¡¡¡cómo tenemos que amar la misa, la liturgia toda, ese entregarse de Jesús crucificado y resucitado y en su Gloria a nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo!!! Menos mal que nuestra capacidad de entender es débil, estallaríamos, si entendiéramos bien lo que eso significa. Yo entiendo que amen tanto la misa, que quieran tanto defenderla. Yo aborrezco a los curas que interpolan sus estupideces en la celebración del Santo Sacrificio; detesto muchas de las innovaciones, la comunión en la mano, las ministras de la comunión, la pseudo música ésa manchando lo sagrado, etc. Pero, hermanitos queridos, en verdad, ¿ustedes creen que las erupciones de rabia que uno ve por ahí contra el misal de Paulo VI son justificadas? Según he oído, se trata de que el rito de la misa, según las prescripciones del papa Montini son ilícitos, pues son una novación respecto de la misa tridentina, que Pío V declaró inamovible. Uno, a veces, oye diatribas que hacen que uno desee taparle los oídos a Cristo, de lo que se dice de su dignarse a bajar a santificarnos en el Altar. Es algo así como las invectivas de los pentecostales contra la Virgen: ¿ellos creerán de verdad que Jesús se alegra de que insulten así a su mamá?

Les voy a confesar: yo me enteré de que había otra misa, a los 40 años y soy perfectamente ortodoxo. Dicen que ese ritual llevaría a la apostasía total y no es el caso: yo soy un tomista, vivo leyendo a santo Tomás, enfrentándome al mundo, luchando contra la revolución, aquí, en Facebook, en mis clases, en mis conversaciones, donde sea. He leído a los padres: todos los apostólicos (Didaché, Carta a Barnabás, Carta de Diogneto, Clemente Romano a los corintios, Pseudo-Clemente, todas las cartas de San Ignacio de Antioquía, El Pastor de Hermas, el Martirio de San Policarpo, la Carta de San Policarpo), San Justino, Taciano, San Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Tertuliano, San Atanasio, San Agustín, profusamente, etc. He leído a San Buenaventura, a Duns Scoto, a Ockham, a Scoto Eriúgena, a Pseudo-Dionisio y pare de contar. Voy a misa todos los días; le doy clases de catecismo diarias a mis hijos; rezamos el Rosario en familia todos los días (mis hijos pueden rezar el Rosario, todos, desde los 5 años, sin ayuda); leo la Biblia todos los días, se la leo a mis hijos, unos 15 minutos del Evangelio, cada noche; rezamos el Ángelus, el Credo Niceno-Constantinopolitano, todos los días; leo latín. Hermanos: Y UN LARGO ETCÉTERA, no tengo que abundar más aquí, con eso, que les baste. Pero, convénzanse: soy ortodoxo y ni sabía que hubiera habido un cambio en la misa, en los ritos oficiales (que las porquerías de los desobedientes son otra cosa).

¿Que hay problemas con el ritual nuevo? Bueno, eso no es razón para el cisma: yo leí a Chevrot, Nuestra Misa, y lo entendí, creyendo que hablaba de eso a que yo conocía como la única misa: salvo el latín y la posición del cura y algunos cambios en algunas oraciones, uno no ve la tragedia (También he leído a Newman, a Rops, a Gilson, a Dawson, a Chesterton, a San Alfonso María de Ligorio y un enorme etcétera, porque me podría ir para atrás y unir a éstos con los que nombro en el párrafo anterior, por un puente de autores intermedios, cronológicamente hablando). Además, ¿ustedes han oído leído, la Plegaria eucarística IV, no es lo más bello que han visto? Puede que haya problemas, repito, pero no la tragedia de la que hablan. Puede que haya que hacer arreglos a los cambios de Pablo VI, que el cura vuelva a mirar a Dios, que se acabe el abuso de la comunión en la mano y se devuelva solemnidad y algunas fórmulas que se deben a la divina majestad, etc. Puede que haya que “liberalizar” de verdad el rito tridentino, pero, hermanos, no inventen un Lepanto donde no hay más que una riña de bebés… Y los abusadores, los arrabaleros que odian lo sagrado (vid. https://eticacasanova.org/2013/08/08/in-cultura-de-la-chabacaneria-vs-el-misterium-tremendum/), habrá que ponerles disciplina; pero el remedio no es rasgar la Iglesia que Cristo quería que fuera UNA, hacerle el juego a los gramscianos…

Dejo para el final, sin embargo, el asunto que puede ser más delicado: el supuesto cambio en el canon de la Consagración, que invalidaría las misas todas, desde 1969 hasta aquí. El canon de romano tradicional decía: «Simili modo postquam coenatus est, accipiens et hunc praeclarum Calicem in sanctas ac venerabilis manus suas: tibi gratias agens, bene dixit, deditque discipulis suis, dicens: Accipite et bibite ex eo omnes, MYSTERIUM FIDEI: qui pro vobis et pro multis effundetur in remissionem peccatorum. Haec quotiescumque feceritis, in meui memoriam facetis». La cláusula resaltada: “Mysterium fidei”, fue removida del misal de Paulo VI. De ahí que haya muchos que renieguen de la Misa en la actualidad. Esto, señores, es delicado: se supone que la misa cesó, que yo y millones de otros católicos hemos estado comiendo pan común sin levadura, por las últimas décadas, que nunca hemos recibido el Cuerpo y Sangre de Cristo (bueno, yo fui una vez a una Misa tradicional). Esto es grave: es grave que se diga tal falsedad con tanto “deportivismo”. Ni San Pablo ni ningún evangelista incluye esa frase: ¿habremos de suponer que los apóstoles eran apóstatas, que nunca celebraron Misa; que se aplica lo mismo a Nuestro Señor? Ningún padre de los primeros siglos coloca esa cláusula: ¿los padres también son apóstatas? Entonces, ¿qué queda de la Iglesia? ¿Es que el canon romano es una novación, que introduce cosas que no son; o es que el canon romano tradicional es la verdadera fundación de la liturgia, que Monseñor Lefebvre y sus seguidores son los restauradores oficiales? ¿Qué pasa con las otras liturgias que no incluyen la cláusula, son todas nulas? ¿Esto no parece una manera de gnosticismo? Hay que tener mesura, que esto no es nada sano. Esto es llevar a Gramsci a una nueva dimensión, a la Twilight Zone, la Dimensión desconocida, al menos para los humanos…

No me digan que Juan Pablo II es lo mismo que Francisco

Una vez, discutí con un amigo sobre el valor de Juan Pablo II, santo, aunque no nos guste quien lo canonizó: yo le rezaba desde que se murió, pues estaba seguro de su santidad. Se me encaraba que en el Catecismo se hablara de personas homosexuales y no de personas con tendencia homosexual. Yo respondía: “¿Cómo fue que Juan Pablo II, ese defensor de la Fe en la atribulada Polonia, nazismo y comunismo en sucesión, por 50 años, cuya vida misma era un riesgo de martirio, que enseñaba a Santo Tomás, en la única universidad religiosa, de Berlín a Pyongyang, fue a caer en semejante traición a las enseñanzas de la Iglesia?”. En realidad, eso no tiene problemas, es legítimo hablar de personas homosexuales, como hablamos de ladrones o de ingenieros, aunque nada de eso sea esencial: en la discusión con el lobby homosexual, sin embargo, la aclaratoria es de rigor, pues estas personas pretenden que la tal tendencia sea el meollo de la naturaleza, no humana, sino simpliciter. San Juan Pablo y su Catecismo no tienen nada de que responder por aquí. Pero hay gente que no tiene paz con el gran Papa que nos dirigió en el cambio de milenio. ¿Qué se puede decir? Que uno no puede andar comparando los párrafos 50-52 de la Relatio Post Disceptationem del reciente Sínodo, a sus autores y a su espíritu, con Juan Pablo II, no para equipararlos, para ponerlos en el mismo saco, por favor, se los ruego. Es como poner a Martini, quien odiaba a la Iglesia y a JP-II, en el mismo saco: no, no lo están, el tal Martini odiaba a la Iglesia y, por eso, odiaba a Juan Pablo II y a su fidelidad y a sus éxitos fulgurantes. Coge esta lista de Documentos: Salvifici Doloris, Mullieris Dignitatis, Familiaris Consortio, Redemptoris Custos, Redemptoris Mater, Fides et Ratio, Veritatis Splendor, Evangelium Vitae, Centessimus Annus, Solicitudo Rei Socialis; agarra Memoria e Identidad; toma los viajes, las homilías, la labor evangelizadora, la derrota del comunismo, las condenas, por ejemplo, de la teología de la liberación, la excomunión de los curas guerrilleros o propagandistas. Agarra todo esto y velo bien. Ahora dime, ¿vas a meter en el mismo saco a Wuerl, a Kasper, a Martini, a Forte, a Dolan, a Bernardin, a Víctor Manuel Fernández, por un lado, y a Juan Pablo II, por el otro? Eso no es la obra de un hombre bueno y correcto, la obra de un cristiano. Juan Pablo II, la Veritatis Splendor lo puede atestiguar, fue un grande de Cristo de todos los tiempos y será doctor de la Iglesia, sin dudas: es un monstruo, un titán, un esforzado león de Dios, un serafín de la Fe y la Razón, un querubín del amor, un guía insigne. Denostar de él: eso no ayuda a la Fe y a la moral, sólo sirve para decir que todos son malos y para hacer el trabajo de Gramsci, destrozar la autoridad y el bien por el que él peleó. Es fácil decir que éste o aquél son valientes: que hagan lo que hizo Karol Wojtyla, estudiar clandestinamente bajo los nazis, enseñar Santo Tomás bajo los comunistas, derribar el muro, sostener a Solidaridad. Que lo hagan, después hablamos…

No me digan que es culpa de la Iglesia que haya gente como Kasper y Wuerl, eso es Gramsci…

Yo he oído a algunos de ustedes decir, como doña Florinda, que no se sientan con la chusma, que un obispo bueno no se sentaría con el pedófilo o encubre-pedófilos belga Daneels, que si los obispos africanos lo hacían en el sínodo, era porque eran malos, traidores a la Fe. Comprendo, el tipo es malo, es un perverso, pero, si los buenos huyen le dejan el panorama libre a los malos. Para mí, ése es ya un argumento. Pero hay algo mucho más importante. Yo no invitaría a Daneels a mi casa, tal vez (no sé qué ataduras pueda poner la dura realidad) yo excomulgaría al malvado. Empero, si mi responsabilidad fuera ir a una asamblea de la Cristiandad, a dilucidar temas de la mayor trascendencia, la imagen dilecta de la relación de Cristo y su Iglesia y la presencia real de Cristo en el Sacramento-Sacrificio de nuestra Pascua, entonces no me quedaría otra que sentarme y enfrentar, con la mayor valentía de que fuera capaz, a los malvados. No es un asunto de mi preferencia, es responsabilidad y grave de los obispos…

Por otra parte, ustedes se van de la Iglesia porque en ella hay malos, porque están Kasper, Bernardin (el homosexual, corrupto, que corrompió la Fe en los EUA y, desde ahí, con el poder de ese país, la Fe del mundo, que hizo trampa para meter la comunión en la mano, que metió a Freud en conventos y seminarios, etc.), Daneels, Martini, etc. (¡ya está bueno de nombrarlos!). Los tipos son horribles. Pero, hermanos, ¿por eso vamos a dejar la Iglesia? Cristo no lo hizo y tenía a Judas entre sus apóstoles: ¿qué se creen ustedes? De Él a nosotros, en santidad la distancia es infinita y Judas es peor que todos estos mediocres: entonces, ¿Qué nos justifica a hacerle el juego a los gramscianos, que, ah?

***

Hermanos queridos: espero haber agregado algo a sus vidas, espero haberlos acercado a la comunión en el único Cuerpo de Cristo, a la unidad plena que Él tanto ama. Puede que sea inferior, que no aporte tanto, ténganme indulgencia, lo hago por el mismo amor. Yo sé que ustedes son buenos y quieren ser buenos; yo los aprecio, en serio. Por eso, los invito a luchar adentro, a no hacerle el juego a los gramscianos, a darle la gran batalla a los ateos infiltrados, marxistas, heideggerianos, straussianos, sodomitas, reichianos, freudianos, etc. Vamos a darles la batalla adentro. Vamos a vencer, con Cristo, nuestro Capitán, nuestro Comandante. Luchemos como los esforzados, hombro con hombro, en la fidelidad que espera sin entender, pues reconocemos que tratamos con misterios que nos superan. Vayamos a Cristo juntos, con Pedro, aunque un loco esté en el puesto de su sucesor; vayamos, por María, Madre tan bella, tan amable. Vayamos, vamos a ser rebelión, rebelión verdadera, rebelión del que permanece, rebelión de los fieles, rebelión de la Cruz, rebelión del martirio, de la anulación de la soberbia, de la cortedad de nuestros juicios, de la confianza en la Providencia. Rebelión, REBELIÓN, LA ÚNICA VERDADERA REBELIÓN, EN ESTOS TERRIBLES TIEMPOS DE REVOLUCIÓN, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

1 “Haec est unica Christi Ecclesia, quam in Symbolo unam, sanctam, catholicam et apostolicam profitemur(12), quam Salvator noster, post resurrectionem suam Petro pascendam tradidit (cf. Io 21,17), eique ac ceteris Apostolis diffundendam et regendam commisit (cf. Mt 28,18ss.), et in perpetuum ut columnam et firmamentum veritatis erexit (cf. 1Tim 3,15). Haec Ecclesia, in hoc mundo ut societas constituta et ordinata, SUBSISTIT IN ECCLESIA CATHOLICA, a successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata(13), licet extra eius compaginem elementa plura sanctificationis et veritatis inveniantur, quae ut dona Ecclesiae Christi propria, ad unitatem catholicam impellunt”

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3 comentarios

  1. Flavio I. dice:

    Gracias, Carlos, por el aprecio personal, que comparto y del que espero ser digno. Entre paréntesis: tenemos la misma edad (nací tres días antes del alunizaje del primer hombre).

    Imposible responder ordenada y detalladamente, como quisiera, a todos los asuntos aquí -y en la primera parte- puestos a controversia: o me falta el tiempo, o la agilidad en escribir. Pero rápidamente, pues:

    ¡Ah, la obediencia! No soy sedevacantista, y creo que es erróneo el sedevacantismo. Hasta que no se demuestre lo contrario, y aunque sobren las sospechas, consideraré, a mi pesar, a Francisco como el legítimo papa. No tengo (ni nadie tiene) potestad para juzgar al sumo pontífice: de aquí lo arduo y dramático de la cristiana condición ante este género de crisis. Pero, si «contra charitatem non est oboedientia», fácil es colegir que menos aún se puede seguir a la autoridad en aquello que atenta contra la fe. Más obediencia se le debe al Magisterio perenne que a la Jerarquía, que es susceptible de corromperse. Ahí está la crisis arriana para demostrarlo, que no se ahorró el escándalo de excomulgar a un santo.

    Creo que lo que puede quedar afectado -asegún la respuesta personal a la crisis- es el carácter visible de la Iglesia, más que la obediencia. Me explico: si cada cual monta una jerarquía paralela como respuesta a la crisis, unidad y visibilidad se disuelven. Pero creo que al Señor plugo ofrecer una respuesta extraordinaria al caos presente en la FSSPX, que no niega la autoridad del papa y de los obispos y, sin embargo y quién sabe por cuánto tiempo aún, goza de una “autonomía” que le da su falta de status canónico. Cuando le llueva de Roma la conminación a regularizarse, aceptando para ello el Vaticano II en pleno, ahí se verá qué refugio nos ofrece Dios en adelante. O si haya que aceptar la excomunión masiva (quedando aparentemente afuera) para no faltar a la Verdad.

    «Vengan a la Iglesia, peleen adentro. ¡Pues no estamos afuera! Lo están, en rigor, los innumerables apóstatas que se cobijan en la Iglesia para destruirla.

    Sobre las ambigüedades de tantos textos conciliares de que aprovechan los “mentes sucias”, vale aclarar que no puede compararse el caso de los escritos magisteriales (que han tenido siempre, de suyo, un carácter expositivo-declarativo) con las Sagradas Escrituras. Es cierto que a estas últimas recurrieron, forzando una exégesis errónea, herejes de todos los tiempos. Pero nunca ocurrió, hasta estos nuestros tiempos, que los herejes se apoyaran en los textos magisteriales, lo que es muy significativo. La renuncia a la obligada acribia en los documentos del Concilio permitió esta lamentable consecuencia. ¿O vamos a decir que, cuando Nostra Aetate declara que la Iglesia, en relación a los demás cultos, «no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero», no está enseñando algo inaudito, contrapuesto al axioma «Extra Ecclesia nulla salus»? El «subsistit in», al margen de cualquier argucia etimológica y conceptual («substantia» guarda más relación con sub-stare que con sub-sistere) podía haberse evitado en favor del «est» a secas, y se salvaría ese pasaje de ese carácter de transitividad de que quedó aquejado, casi como un sugestivo tributo al historicismo. ¡Qué distinto, cuánto más inequívoco lo que enseña Pío XI en Mortalium animos, 8!: «la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos». Acá no se sintieron convidados los herejes a abrevar.

    «Ved a Asís [nota: los pestíferos encuentros interreligiosos, con oraciones en común y profanación de templos católicos] a la luz del Concilio», se sinceró Juan Pablo II en una audiencia general (22/10/86). Se impone, entonces, la tesis rupturista, pese a que la sostengan también los progres. Ciertamente Juan Pablo II no es lo mismo que Francisco: aquel todavía conservaba una mentalidad católica, lamentablemente contaminada (por razones que no puedo juzgar: si por respetos humanos, si por ofuscamiento de la inteligencia, etc.); éste otro ya directamente es el retrato vivo de la apostasía, del más radical y trágico escepticismo, de la demencia autoidolátrica. Y -como dicen los muchachos- nos lo tenemos que fumar.

    P.S.: Sobre la Misa Nueva y su relación con la Tradicional, te recomiendo busques (se debe conseguir el texto por internet) «El drama litúrgico», de Augusto del Río: un muy preciso cuadro comparativo de las distintas partes de la Misa, lo que fue modificado en cada una, y su implicancia teológica. Es algo más que el abandono del latín y el volverle el celebrante la espalda a Dios, aunque esto ya sea mucho.

    • Hola, Flavio. Gracias por tus comentarios, hermano. Para empezar, tengo que confesarte algo: si quieres, fíjate en las fechas de mi blog, de los artículos, digo: de septiembre del año pasado a agoste de éste, no publiqué nada: la cuestión de la entrevista de Spadaro me dejó sin poder pensar en nada más, por casi un año. En todo ese tiempo, escribí, pero de manera privada a amigos y familiares. Estaba lo que se llama atacado. Cuando vi los gestos de ateo de esa entrevista, de demagogo, de… fue como si me cayera a patadas. Luego vino la de Scalfari… ni hablar: el Dios católico y la conciencia individual “subjetiva”. Un desastre. Gracias a mis alumnos volvía a escribir, aquellos artículos sobre la revolución de los que tú leíste, al menos, uno. Sólo con lo del Sínodo, me decidí a “hacer públicas” mis preocupaciones, a hablar de ellas en una cosa como un blog, que puede leer cualquiera (con los escrúpulos tan difíciles de vencer, en un caso como éste del Sucesor de Pedro).

      Yo sé que no eres sedevacantista. Yo no recuerdo cómo fue que llegué a tu blog, pero, al principio, leí un artículo, creo que fue en mayo, que me gustó mucho. Ahí empecé a leer artículos de tu blog, hacia atrás: pensé en enterarme de cosas de Argentina y Bergoglio. Fue bueno, como aprendizaje, malo en cuanto a las puñaladas que uno recibe de gente así. En uno de eso artículos criticas el sedevacantismo y dices que, hasta prueba en contrario, Francisco es Papa. Es lo que yo le decía a mis amigos que te cuento arriba: la prueba será cuando quiera cambiar la doctrina… (esperemos que no).

      Es muy interesante lo que dices de la SSPX, es una lástima que B-XVI no aguantara 1 ó 2 añitos más, todo sería distinto, hasta quizás, nos hubieran puesto una cosa mala, mejorando la presente, pero no ésta. Pero no lo digo tanto por eso, había varias cosas andando… por eso no lo dejaron seguir (creo yo). La misa, la SSPX y una conversión de muchos anglicanos y de otras confesiones protestantes históricas (no de estos locos gringos, a los que Francisco les dice que ellos son parte de la Iglesia; aunque sí de muchos del mundo anglo-parlante: gente asqueada con los caminos sexuales que han tomado sus “iglesias”). Lo que dices es verdad, es un claro peligro: estamos en una cornisa actualmente, pero sobre todo, la gente de la SSPX, así como congregaciones ortodoxas (como una que quizás conozcas: los del Verbo Encarnado, que ya tienen su historia con Bergoglio).

      Lo que dices de estar adentro y afuera. En estos días me insultó uno que creía que yo era un anti-Vaticano II y eso fue exactamente lo que le dije, que el que estaba fuera de la Iglesia era él, que creía en rupturas doctrinales del Magisterio, no yo. Por otra parte, hay que tener cuidado con eso del tratamiento de la historia reciente. para poner un caso con el que creo que estamos de acuerdo y que es el más evidente, te voy a proponer a los sedevacantistas: yo no dudo de las buenas intenciones de muchos de éstos, es más, en discusiones con ellos se puede aprender mucho. Es lo mismo con todos éstos que se llaman, convencionalmente, “tradicionalistas” (ser católico es ser tradicionalista, la Tradición es una parte de envergadura de la sustancia de la Iglesia). Pero bueno, con todas sus bondades, creo que no se puede decir que estén en plena comunión con la Iglesia; como ese medio locario que era Opus Dei y luego se metió a SSPX, al que aludo en el segundo artículo, que se puso a decir que las misas eran inválidas todas, para lo que citaba la cuestión 78 de la III parte de la Suma. Bueno, claro que permanecemos dentro, pero estamos en la cuerda floja, muchos no lo están y hay que mantenerse, para no dejar tranquilos a los impugna-novatores.

      Lo que dices de los documentos magisteriales y los herejes es verdad, pero sólo parcialmente. Desde Nicea han hecho trampa: la iota más famosa de la historia, ¿no? Las asquerosidades del modernismo-cientificismo aplicadas a la Escritura se apoyaron, en la época del Concilio, en una descarada mentira sobre la Divino Afflante Spiritu, de Pío XII. Pero es verdad, no es lo mismo decir ES, pura y simplemente, que decir “subsiste en”. En verdad, uno no niega que haya problemas, la cosa es que, a la manera de los abogados, uno haga decir a la ley, al texto, lo que es justo, sin forzarlo, aunque sea estirándolo. Eso lo reclama, nos lo reclama, la Voluntad del Señor, sin dudas, pienso yo; sin que implique que uno no diga de la tal necesidad; y denuncie a los fautores de la trampa, que se ha de “enmendar así”, etc. Es decir, Bugnini, Luis Alfonso Shoekel, SJ (el gran impulsor de los estudios crítico-históricos sobre las Sagradas Escrituras, en 1960 y para el Concilio), son unos apóstatas, gente a la que hay que enfrentar, gente que dejó, ¿qué duda cabe?, su impronta: lo legítimo es pelear con ellos: por eso es que no se puede uno situar más allá de la puerta (como decía el Fundador del Opus Dei [que no es, para nada, lo mismo que muchos de los miembros actuales de esa institución]). Por otra parte, uno tiene también ahí a Romeo, Ottaviani, Poncins, etc., defendiendo el bien; como otros de después. La Madre Angélica es alguien a quien amo, en este sentido, alguien que ha hecho inmensidades por la Iglesia de hoy… y por eso quedó relegada… Pero te voy a insistir en algo, aunque tú no vayas a estar de acuerdo nunca en esto: yo veo a JP-II como un grande, como uno de ésos que han defendido el bien con mucha fuerza (aunque le faltó excomulgar a más gente: la política de la suavidad tiene que llegar a su fin y la Inquisición tiene que volver, como dice mi hermano).

      Gracias por lo de la Misa y el texto de Augusto del Río, lo buscaré.

      Veo, finalmente, que soy mayor que tú, como un mes, yo nací el diecinueve, seis, del diecinueve, seis nueve… En tal virtud, te lo puedo decir: respeta a tus mayores, carajito (en Venezuela, esto de carajito no tiene nada de malo, aunque no lo puedes decir se estás almorzando con tu jefe).

      Seguimos hablando… eso espero. Una última cosa, si no es entrometerme: ¿tú tienes hijos? Como digo en el artículo, yo tengo tres, todavía chiquitos, aunque la grande ya está saliendo de esa categoría: 13 años.

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