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Monthly Archives: noviembre 2014

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Mío

¿Qué es, en realidad, mío, si mi ser no lo es?

Éste es, probablemente, el mejor libro de Lewis

Éste es, probablemente, el mejor libro de Lewis

Dice el muchachito de tres años: “mío”… y, por arte de ilusionismo, hace SUYAS todas las cosas. “Oye, tienes que ser mi amigo, fíjate, tu mami es mi hermana”; “¡¡¡NNOOOOOO, ELLA ES MÍÍÍAA!!!”. Su peluche es suyo, su pelota es suya. “Vamos a jugar, mira, ahí está esa pelota sin usar”; “¡nnoooo, mi peota e mmíííaa!”. Esta forma de mío es la forma favorita del infierno, en todo aquello que no sea un niño de tres años, como señala C.S. Lewis de manera tan acertada, en Cartas del diablo a su sobrino (The Screwtape Letters). De hecho, al pobre niño cuyos papás no lo saquen de esa dimensión de mío, le esperan momentos muy difíciles… y no digamos nada de quienes caigan en sus manos. En el mundo de hoy, una fuerte corriente cultural ha hecho la más grande de las magias gnósticas: ha hecho que todos se queden en el mío del niño de tres años sin educar, del hijo único, de padres desapegados, ricos y consentidores, de tres años. Oh, tragedia.

“Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende, y, en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son y ninguno lo entiende […]. ¿Qué es la vida? Una ilusión, ¿Qué es la vida? Un frenesí, un engaño, una ficción, porque el mayor bien es pequeño y toda la vida es sueño y los sueños sueños son”, dice el gran poeta Calderón (La vida es sueño). “¿De qué le vale al hombre ganar el mundo, si ha de perder su alma?”, preguntó aquella Persona divina, la que se unió a nuestra humana limitación, sin limitarse en nada. “¿Quién tiene el poder? O Dios o el hombre, sólo una es verdad, cada respuesta excluye a la otra”: ésta es la respuesta del mago gnóstico, el inspirador de nuestro mundo: Marx. Él dijo “despertemos”, y quería decir “soñemos, vamos a soñar que somos dioses”. Y cada quien dijo, en nombre del comunismo, “soy dios, el mundo es mío, yo me defino, yo defino al mundo”.

Dijo la feminista: “mi cuerpo es mío, mato chiquitos, me independizo del falo”; dijo el avaro “liberal-capitalista”: “tengo ésta o aquella baratija, soy dueño absoluto”. Dijo el new age: “soy dios, me hago dios, construyo mi panteón y yo en el altar mayor, que se inmole el mundo ante mí, el portador del cristo cósmico, el hijo predilecto del universo”. Dijo el curita marxista-ateo-teólogo-teoliberal: “cristo es mío, es mío, porque soy el pueblo, soy el representante, el único, la avanzada del proletario en su lucha [intra-]histórica por la revolución, por destruir al opresor capitalista de todos los tiempos; la historia es mía y yo proyecto a otras sociedades las categorías que me den las ganas; y después digo que todo es intrahistórico y que cristo no puede hablarnos, pues es sólo un sentimiento sepultado por la historia”. Dice el homosexual: “mi cuerpo es mío, yo me defino, más aún, yo defino el parámetro de mi definición, yo soy un HOMO, y eso es bilogía, pero no, es elección libre, porque los sexos son biológicos y culturales, porque es cultural lo que yo diga, y la cultura la dicto yo, y yo soy HOMO, me reduzco a mis apetencias sexuales, y el que diga otra cosa es un nazi, según mi definición, que es mía”.

***

¿Qué es mío, los latidos de mi corazón? No, yo no  dispongo de ellos. ¿Los cabellos de mi cabeza? Que lo diga el calvo, que querría tener su melena, a la que añora en su vanidad. ¿Mi vida? Nadie sabe el día ni la hora: ¿de qué le vale al hombre ganar el mundo, si ha de perder su alma? ¿Qué daría a cambio de su alma? ¿El mundo? Al morir, dice Gandalf, atravesamos la cortina gris del mundo: ¿de qué nos valdría ganar el mundo, con su cortina gris, cuando todas las formas quedan derogadas?

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Team Bergoglio: excomulgado; pero la nulidad no es una opción

Si se pudiera impugnar cada elección, la Iglesia quedaría a la deriva

MurphyO'connorAyer hablamos del libro de Austen Ivereigh, que aporta potentes revelaciones sobre la elección del actual Papa, que, de hecho, levanta serias dudas sobre su validez, incluso, levanta dudas sobre la pertenencia efectiva de Jorge Mario Bergoglio y una serie de cardenales llamados “liberales”, que se agavillaron, que se asociaron en una mancomunidad, llamada “el Team-Bergoglio”, a la Iglesia. Este libro todavía no ha salido a las librerías, pero ya ha causado una tremenda reacción. Ayer yo me preguntaba si ciertos nombramientos recientes no han sido una respuesta anticipada ante la presión que está por levantarse: Sarah y Napier, los “africanos ésos, negros mojinos” de Kasper. Sin embargo, al hablar de reacciones, no me estoy refiriendo a esto, que no es sino conjetura mía. Sin lugar a la elucubración, la secretaria de prensa del Cardenal Murphy O’Connor, salió a la palestra a la defensa de su jefe: publicó una carta al editor en el periódico inglés Daily Telegraph, en la que niega, no las maniobras de su patrono, sino su participación en el último cónclave, el que eligió a Francisco. Además Maggie Doherty, hablando expresamente en nombre de Cormac Murphy O’Connor, asegura que su empleador no contactó antes del Cónclave al Cardenal Bergoglio para pedirle ser candidato al Papado; lo que, hasta el punto en que él puede ver, tampoco lo hizo ningún otro cardenal. Finalmente, recuerda que las ocurrencias del cónclave son secretas.

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Un señor Br. Alexis Bugnolo reporta la acción de la Mrs. Doherty, en un artículo (en: https://fromrome.wordpress.com/2014/11/25/if-ivereigh-is-to-be-believed/), en el que publica una copia escaneada de un ejemplar del Daily Telegraph, que es donde se lee lo dicho por la dama. Para él, esta negación es tan sospechosa que elige darle un buen beneficio de crédito a Ivereigh, pues le parece darle una importancia desmedida al asunto. Parece, solamente, pues, si se lee la ley eclesiástica y se juzgan desde su perspectiva las revelaciones de Ivereigh, Murphy está en un grave aprieto, lo mismo que sus cófrades en la ideología. Hay que revisar esa normativa.

El bloguero citado se fija en la ley sobre elecciones papales dictada el 22 de febrero de 1996, por Juan Pablo II: Universi Dominici Gregis. La referida ley establece penas de excomunión, latae sententiae, para los que violen el deber de mantener en secreto los aconteceres del Cónclave o de las Congregaciones Generales anteriores al mismo, lo que incluye a los cardenales que no participen en el Cónclave, aunque sí en las Congregaciones (58 y 59). En la misma pena incurren los “cardenales electores que establezcan pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier especie”, que los pretendan obligarse a dar o negar sus votos a cualquier o cualesquiera personas; tales compromisos son nulos y no son vinculantes para nadie (81). Pero la ley continúa: prohíbe el establecer pactos para tomar determinados cursos de acción en el caso de que alguno salga electo: tales pactos son absolutamente nulos y no obligan a nadie (82): un pacto tal, según ha confesado Francisco y varios cardenales (entre los que está Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York), fue asumido en el último Cónclave.

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Un libro de nuevos datos para dudar: el Team Bergoglio desenmascarado

No hay nada oculto entre cielo y tierra, ¿qué creían?

El Team Bergoglio:  no es el San Lorenzo de Almagro, no es nada santo. Se trata de una macilla de anticatólicos con púrpura, buscando tumbar a la Iglesia desde adentro.Pero han sido exposed

El Team Bergoglio: no es el San Lorenzo de Almagro, no es nada santo. Se trata de una macilla de anticatólicos con púrpura, buscando tumbar a la Iglesia desde adentro.Pero han sido exposed

Uno no se debe alegrar del mal, por supuesto que no. Mucho menos cuando se trata del mal de lo que más quieres. En casos así, cabría la pregunta: “¿qué, eres masoquista?” Pero hay un mal que nos puede llenar de gozo, con toda justicia, un mal que es Providencia de Dios. Un mal análogo a la obra del antibiótico: el bien es el ser, en cuanto que, por perfecto, es apetecible: no debería haber un bien que fuera un “anti”-nada. Pero sí lo hay… de seguro, a causa de la caída de la naturaleza: “la creación entera gime y sufre con los dolores del parto” (Rom. VIII,20) y “maldita sea la Tierra por tu culpa” (Gen. III,17). Es como el prólogo del De Beata Vita de San Agustín: la borrasca que lleva al malvado, del naufragio y el dolor, a la redención. Es como la recta indignación de Aristóteles (Ética a Nicómaco, libros II y IV). El antibiótico es bueno, no porque mate a la bacteria, en cuanto tal, sino en cuanto que ésta nos quita la salud y, por tanto, al matarla, la salud se restituye. Ahora parece que hemos hallado un poderoso antibiótico, se llama libro del autor Austen Ivereigh, antiguo empleado de la oficina de prensa del Cardenal Cormac Murphy O’Connor, jefe de la Iglesia de Inglaterra, hasta hace apenas meses (pobre Iglesia de Inglaterra, ahora parece que su jefe es Nichols, el pro-gay). La información viene de fuente muy fidedigna, del blog del Padre Ray Blake, de la misma Inglaterra, de un artículo publicado hoy, llamado Intriguing o Intrigando (http://marymagdalen.blogspot.com/2014/11/intriguing.html).

El libro trata sobre la elección del Cardenal Bergoglio como Papa. Y trata de las intrigas del jefe de Ivereigh, al frente de un grupo de clérigos europeos, que se hacía llamar el Team-Bergoglio; y que se encargó de hacer un largo Lobby para llevar al Papado al Arzobispo de Buenos Aires. La idea era llevar al frente las ideas “liberales”, esto es, anticatólicas de esta macolla.

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Hans Kelsen, positivista: ser vs deber; voluntad de poder y derecho

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental, en el último siglo; . Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: todo es pura materia, no hay ninguna formalidad, ningún orden, vale tudo, como dicen los brasileños

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental, en el último siglo; . Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: todo es pura materia, no hay ninguna formalidad, ningún orden, vale tudo, como dicen los brasileños

El 22 de marzo de 2009, el Papa Benedicto XVI se dirigió al Bundestag, al parlamento federal alemán, el cuerpo legislativo nacional más poderoso de Europa. Era una ocasión muy especial, el Papa alemán, uno de los profesores universitarios más influyentes de ese país desde la postguerra, se dirigía al Parlamento de su tierra natal y amada. Era un paso crucial, si se tienen en cuenta la importancia de Alemania en la unidad de Europa, la trascendencia de Europa en el concierto internacional, en la geopolítica, y, en consecuencia, en las relaciones, incluso familiares, en todo el mundo. Si no me creen, vean lo que pasó en Nicaragua: en 2006, ese país, por unanimidad de la Asamblea Nacional, aprobó una Constitución que proscribía el nefando crimen del aborto; las presiones de Alemania, de Europa, por órgano de la Canciller alemana, Ángela Merkel fue aplastante[i]. En África, ha habido réplicas idénticas de la actuación alemana en Nicaragua: en materias de aborto, homosexualidad y otros asuntos de moral sexual (llamada hoy “salud reproductiva”: ‘salud’ en cuanto muerte e inmoralidad, ‘reproductiva’, entendida como ‘sexo’; entones: ‘muerte e inmoralidad sexual’). Aunque todavía está sobre la balanza el destino de las naciones africanas… teniendo en cuenta el carácter global de las sombras que se ciernen hoy sobre las personas y las familias, la debilidad material de las sociedades africanas, las divisiones tribales y los genocidios que han producido (resabios de la acción de los pseudo-ilustrados europeos, abuelos de estos posmo de ahora), la típica debilidad moral de los dirigentes que sienten la presión de los problemas sobre sus hombros, la susceptibilidad de manipulación que se da en circunstancias como éstas, la posibilidad cierta de manipulación de los modos de ascenso al poder de las personas en estas sociedades y, en fin, el poder material de europeos y gringos y sus aliados, no le auguro una larga resistencia a los pobres negritos queridos del África subsahariana. Más aún, tomando en cuenta la presión del Islam en zonas amplias de este subcontinente, la presión de las religiones animistas supersticiosas (madres de nuestras santerías, candomblé, vudú, umbanda, etc.), por una parte; y, por la otra, el hecho de que éste es el continente de la expansión más admirable de la Iglesia (se triplicaron los fieles en 30 años) y el continente de los obispos fieles, a los que detesta el masón-cardenal Kasper, las perspectivas se cierran más y más. Y, en la misma proporción, se ve la importancia de la Unión Europea y del Parlamento federal alemán. Se ve la importancia del discurso del Papa Benedicto, cuyo nombre “natural” era Joseph Ratzinger.

El centro del discurso tiene que ver con los ejemplos que puse. El Papa quería llamar la atención de la responsabilidad de los parlamentarios, de los legisladores, y su necesaria sujeción al bien según la verdad, al derecho natural, al orden de las cosas y al orden de las relaciones sociales, según su naturaleza, a la manera como lo captaron con tanta fuerza los juristas romanos, influidos fuertemente por Aristóteles (vid. Theodor Viehweg, Topik und Jurisprudenz; y Tomás de Aquino, Comentarios a la Ética a Nicómaco, libro V). Cuando presenta, en su discurso lleno de espíritu académico, el contrapunto, habla del positivismo jurídico y toma como su representante ejemplar a Hans Kelsen y la absurda separación entre el ser y el deber, sólo concebible en un radical nominalismo: como el que reina en el Occidente posmo. Vale la pena citar a Benedicto XVI, de manera completa, se verán la importancia de Kelsen y los términos esenciales del problema:

Para el desarrollo del derecho, y para el desarrollo de la humanidad, ha sido decisivo que los teólogos cristianos hayan tomado posición contra el derecho religioso, requerido por la fe en la divinidad, y se hayan puesto de parte de la filosofía, reconociendo a la razón y la naturaleza, en su mutua relación, como fuente jurídica válida para todos. Esta opción la había tomado ya san Pablo cuando, en su Carta a los Romanos, afirma: “Cuando los paganos, que no tienen ley [la Torá de Israel], cumplen naturalmente las exigencias de la ley, ellos… son ley para sí mismos. Esos tales muestran que tienen escrita en su corazón las exigencias de la ley; contando con el testimonio de su conciencia…” (Rm 2,14s). Aquí aparecen los dos conceptos fundamentales de naturaleza y conciencia, en los que conciencia no es otra cosa que el ‘corazón dócil’ de Salomón, la razón abierta al lenguaje del ser. Si con esto, hasta la época de la Ilustración, de la Declaración de los Derechos humanos, después de la Segunda Guerra mundial, y hasta la formación de nuestra Ley Fundamental, la cuestión sobre los fundamentos de la legislación parecía clara, en el último medio siglo se produjo un cambio dramático de la situación. La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término”.

Hasta aquí, de una manera muy general, el Papa expone cómo fue que las ideas de los grandes clásicos griegos, juntamente con los estoicos y los neoplatónicos (en medida mucho menor) y los jurisconsultos romanos,  llegaron a informar al pensamiento cristiano y, así, se constituyeron en una parte esencial del espíritu de nuestra civilización occidental. A diferencia de casi toda otra religión en el mundo, el Cristianismo decidió irse, con San Pablo, San Juan, San Justino, San Ireneo, Clemente, Orígenes, San Ambrosio, San Agustín, tras una síntesis de lo mejor del pensamiento humano y de la Fe bíblica. Esto llegó a su apogeo, cuando, en el siglo XIII, luego de las traducciones impresionantes, en España y el sur de Italia, de los árabes, los griegos y de absolutamente todo el mundo, la gran creación de la humanidad, la gran creación institucional del brillantísimo Cristianismo (lo de “oscurantismo” es calumnia diabólica), la universidad, se lanzara a asimilar, analizar, poner en cuestión, incorporar, rechazar, tomar, superar, etc., toda la ciencia humana que se había acopiado hasta ese momento. Pero, entonces, con los siglos, se llegó a la crisis y la ruptura. De ella, habla el Papa:

Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista de naturaleza adoptada hoy casi generalmente. Si se considera la naturaleza – con palabras de Hans Kelsen – ‘un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos’, entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que tenga de algún modo carácter ético. Una concepción positivista de la naturaleza, que comprende la naturaleza de manera puramente funcional, como las ciencias naturales la entienden, no puede crear ningún puente hacia el Ethos y el derecho, sino dar nuevamente sólo respuestas funcionales. Pero lo mismo vale también para la razón en una visión positivista, que muchos consideran como la única visión científica. En ella, aquello que no es verificable o falsable [alusión bastante directa a Karl Popper] no entra en el ámbito de la razón en sentido estricto. Por eso, el ethos y la religión han de ser relegadas al ámbito de lo subjetivo y caen fuera del ámbito de la razón en el sentido estricto de la palabra. Donde rige el dominio exclusivo de la razón positivista – y éste es en gran parte el caso de nuestra conciencia pública – las fuentes clásicas de conocimiento del ethos y del derecho quedan fuera de juego. Ésta es una situación dramática que afecta a todos y sobre la cual es necesaria una discusión pública; una intención esencial de este discurso es invitar urgentemente a ella”.

A esa discusión es que pretendo aportar algo con este trabajo y dando a conocer el mismo a los lectores de mi blog y a mis compañeros abogados; en especial, a mis amigos queridos y compañeros de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas. Por eso, tomo como ejemplo de la influencia de Kelsen a su acción sobre el derecho venezolano, según la pude ver, estudiando derecho y filosofía en ese país y ejerciendo el derecho en mi patria amada, por 14 años… El caso dicho, puesto luego de esta presentación y del discurso de Benedicto XVI, evidentemente, puede servir como ilustración importante para cualquier régimen jurídico contemporáneo.

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Tradicionalistas, sigamos razonando: subsistit in, libertad religiosa y diálogo ecuménico

Sus invectivas, mayormente, están fuera de foco

“Subsistit in”, Lumen Gentium 8, una nueva visita, guiada por Santo Tomás

A las puertas de Mordor, unos pocos hombres son rodeados por un ejército muy superior. La valentía y el desprecio de esta vida, para realizar su sentido, son enormes y generalizadas. Sólo con estas disposiciones de parte de sus defensores, la Iglesia saldrá del abismo presente

A las puertas de Mordor, unos pocos hombres son rodeados por un ejército muy superior. La valentía y el desprecio de esta vida, para realizar su sentido, son enormes y generalizadas. Sólo con estas disposiciones de parte de sus defensores, la Iglesia saldrá del abismo presente

Miren lo que dice Santo Tomás del Verbo encarnado, en la parte III de la Suma Teológica, cuestión 2, artículo 4 (en los artículos 2 y 3 está más desarrollado el mismo tema: escojo este artículo, precisamente, por su concisión), que copio directamente de la página del profesor Enrique Alarcón, de la Universidad de Navarra: “Respondeo dicendum quod persona sive hypostasis Christi dupliciter considerari potest. Uno modo, secundum id quod est in se. Et sic est omnino simplex, sicut et natura verbi. Alio modo, secundum rationem personae vel hypostasis, ad quam pertinet subsistere in aliqua natura. Et secundum hoc, persona Christi subsistit in duabus naturis. Unde, licet sit ibi unum subsistens, est tamen ibi alia et alia ratio subsistendi. Et sic dicitur persona composita, inquantum unum duobus subsistit”. La persona de Cristo es simple, en cuanto a la naturaleza divina, en cuanto ES Dios, simple como no podemos concebir. En cuanto a la persona o hipóstasis, sustancia, sujeto,  SUBSISTE EN dos naturalezas: ES Dios y hombre, es decir, SUBSISTE EN la naturaleza humana y en la divina. De donde, aunque SEA uno SUBSISTENTE, ES, sin embargo, una y otra naturaleza, en virtud del SUBSISTIR. Como dicen en mi tierra, báilenme ese trompo en la uña: como les he dicho, cualquier filósofo aristotélico, teólogo tomista, vive en un universo, el real, en el que no es problema decir que la Iglesia de Jesucristo ES, SUBSISTE EN, la Iglesia Católica. Para abundar un poco más, por si todavía tienen dudas, vean lo que dice en el artículo 8, de la misma cuestión: “unio importat relationem divinae naturae et humanae secundum quod conveniunt in una persona”: según el texto, que después explicita más, la unión de las naturalezas en la Persona divina del Verbo, CONLLEVA (importat) relación entre las naturalezas que “conforman” una Persona. La relación entre las naturalezas ES la unión, pero aquí dice que CONLLEVA. Como dicen en inglés: go figure, ¡imagínate esa vaina!, traducen en mi tierra: subsistir en y por sí es algo propio de la sustancia, sentido principal del ser; conllevar, por otra parte, no es, digamos, un término ontológico, metafísico.

Después de esto, ¿qué vamos a decir, que a Santo Tomás hay que incluirlo en la lista de los que hablaron de manera ambigua para confundir e inducir a la herejía? Discúlpenme si soy estridente, pero el que diga eso, más bien, pasa a la lista de los desubicados del mundo. Entonces, díganme, ¿cuál es el problema con el número 8 de la Lumen Gentium, no será que hace falta un poco de colirio en nuestros ojos, para que no los tengamos turbios al ver lo que hace la Iglesia?

La libertad religiosa… en el estado ¿laico?, no, laicista

El Concilio llamó a reconocer la libertad religiosa. Eso, aparentemente, según ustedes, viola el dogma católico. Vamos a ver: Jesucristo es el mesías, sin Él, no hay salvación; Él es la única revelación completa del único Dios verdadero (Jn. XIV,6 y 9). Además, la Iglesia es el camino que Él estableció, es su Sacramento, su Esposa, su Cuerpo Místico (entre infinidad de pasajes, el más comúnmente citado: Ef. V,22-33; cfr. Tim. III,15). Extra Ecclesiam nulla salus. Todo esto es verdad, ¿quién lo duda?, será un pelagiano, que cree que nos salvamos sin la gracia; o un luterano, que dice, negando como el 80% de la Biblia, que, como Jesús es el único Mediador, la Iglesia no pinta nada; o un new age, que, como cree que no hay pecado, cree que no se necesita ningún redentor; o un ateo, que cree que nos morimos y nos “aplastamos”; o un hinduista-budista-orientalista, que creen en la reencarnación, el karma y el dharma. Si eres cristiano de verdad, crees que fuera de la Iglesia no hay salvación: y, si eres cristianos de verdad, estás, en lo que se refiere a tu religión, en la “verdad completa” (Jn. XVI,14): de eso no hay duda. La única duda, en este caso, procede de ignorancia, de estar completamente imbuido en otra tradición, de modo que, de manera no culpable, tengas barreras sólidas para aceptar la verdadera Fe, de la ignorancia, pura y simple, o de alguna culpa.

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Por qué peleamos

El honor de Cristo es irrenunciable, su Amor arde en nuestros corazones

San fernando, Rey de España. Luchó por la Fe, Luchó por España, por la Cristiandad. Un grande de Cristo. Su amor lo consumía, jalonaba su lucha, de la tierra al cielo

San Fernando, Rey de España. Luchó por la Fe, luchó por España, por la Cristiandad. Un grande de Cristo. Su amor lo consumía, jalonaba su lucha, de la Tierra al Cielo

El otro día, estábamos en una discusión por la web sobre el asunto de los llamados “matrimonios homosexuales”. Podría haber sido cualquier otro tema de actualidad acuciante, todo este ataque a lo sagrado, por ejemplo, el abandono arrabalero de lo Alto; cambiado por los “lugares altos”, donde, en lugar de que el Verbo Encarnado se sacrifique por la humanidad; la humanidad es inmolada en el altar de hombres autodeificados de manera usurpadora. Ha podido ser por la matanza arrolladora de bebecitos lindos: un motivo seguro para esperar un pronto castigo de inconmensurables proporciones, literalmente. Los motivos abundan, en estos tiempos de revolución. Un amigo me preguntó: “Estimado Carlos, creo que el ‘debate’ sobre la homosexualidad es irrelevante e inútil. Irrelevante porque si los católicos son tan gays como el resto del mundo entonces sólo 1,8% de los 1200 millones de católicos lo son. Es decir, unos 21 millones en un mundo de 7000 millones de personas. Hay más personas sin acceso al agua potable en Sur América o trabajadores esclavos en el mundo que católicos gay. Y es inútil porque la Iglesia no va a cambiar su doctrina sobre la homosexualidad, ni las personas que no creen en la existencia de la naturaleza humana van a cambiar de opinión por lo que diga un sínodo o una encíclica”. Luego se dirigió a mi hermano: “Creo que un sabio como tú, que ha puesto a tantas personas en contacto con la majestuosa tradición aristotélico-tomista, hace un mayor bien mostrando la verdad que discutiendo con movimientos que impulsan agendas ideológicas. Quizá el único argumento que quepa en estos casos es el de Jesús ante al interrogatorio de Herodes”, id est, el silencio.

Yo le tuve que responder, como los apóstoles en los primeros años, “no podemos callar estas cosas, lo que hemos visto y oído”. “Eje, [compadre], te voy a responder rápido, porque es fácil y porque tú dices que no hay que discutir y argumentar. Hay que discutir y argumentar, no para convencer a Michelangelo Signorile de que es malo destruir a la familia o a los que sacaron la declaración de Yogyakarta de que la conciencia no es una cosa fuera de este mundo que puede manipular la plastilina material a su absoluto antojo, no. Hay que discutir, entre otras cosas, para empezar, porque hay gente que está a la expectativa ante estas cosas y callarse es mandarla a los lobos; segundo, porque un hombre, un macho de verdad, no ve que ultrajan a un número indeterminado de personas y se queda callado e impávido: lucha; tercero, porque uno tiene hijos y el mundo que les vayamos a entregar no puede ser uno en que los Michelangelos Signoriles y los Brunos Fortes hagan y deshagan a su antojo, por lo menos, verán a su papá matándose como los campeones por salvaguardar su honor, ¿me entiendes? Y hay un bono: con eso, a lo mejor se difunde un poco por ahí la racionalidad, tan de capa caída en este mundo post-‘racionalismo’“, id est, en el que el “racionalismo” arrasó con la razón.

Después añadí: “Ah, se me olvidaba, los homosexuales de Argentina deben ser como 400 mil, los que se ‘casaron’ después de la legalización de sus uniones serán 20 mil, si acaso. Irrelevante, ¿no? ¿Qué puede ser más irrelevante? Te equivocas: esa legalización es una demoledora de moralidad y racionalidad en Argentina. Lo mismo en todas partes. En Chile está bajo ataque, alguien tiene que hacer algo”. Lo mismo se aplica, como dije antes a todas partes. En mi Venezuela de mi alma, en mi alma Venezuela, mi madre patria, padre y madre, tierras de mis padres y mis abuelos, está fuertemente aplastada: habrá que recuperarla, que luchar hasta el completo “auto-desgaste”, cuando se abran los caminos.

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Bruen y el derecho post-nietzscheano

6 ilegitimidades jurisprudenciales gringas acaban con la racionalidad en el mundo entero

Racist Margaret. En nombre de su odio, la emprendió contra la moral, para destruir la sociedad, corrompiendo a la mujer. A engendros como éste es que Kasper y compañía quieren que la Iglesia de Jesucristo dé su aprobación

Racist Margaret. En nombre de su odio, la emprendió contra la moral, para destruir la sociedad, corrompiendo a la mujer. A engendros como éste es que Kasper y compañía quieren que la Iglesia de Jesucristo dé su aprobación

Hace unos días, tuve una discusión de ésas… una discusión de las que te arrancan el corazón. No era la primera vez que un estudiante llegaba a los extremos a los que llegaron estos hijitos míos, nada por el estilo, pero, por primera vez, me di cuenta de hasta dónde llega la hecatombe revolucionaria. De unas premisas, se sigue válidamente la conclusión correspondiente sólo si ésa es mi verdad. Dos más dos es igual a cuatro, sólo si ésa es mi verdad. Si no hay verdad, si no hay orden, si no lo podemos conocer, se impone lo que a cada quien le parezca, lo que le dé la gana, sólo si ésa es mi verdad. No ha quedado parado nada ante el ataque revolucionario, no ha quedado en pie la lógica. No hay un concepto, una intención mental, una dignidad: el principio de no contradicción es verdadero, si ésa es mi verdad, es principio si es mi verdad, es el primer principio absolutamente ineludible para decir lo que sea, para pronunciar, siquiera mentalmente, una palabra, ¡¡¡sólo si ésa es mi verdad!!! Ésos, los enemigos, los demonios, han logrado el éxito más apabullante que hubiera podido soñar un Diderot, un Marx, un Nietzsche. Dios no puede hacer lo contradictorio (Contra Gentiles, I, 84), pero los revolucionarios, los antropoteístas pueden más: ellos pueden negar el principio, contradecirse, etc.: ¿no es eso lo que pide la ortopraxis de Marx? Por supuesto, esto requeriría un libro entero para explicarlo, pero, en términos sencillos: ellos no incurren en contradicción estricta, eso es imposible; y Dios no hace lo contradictorio, porque eso repugna al ser y la perfección, por lo que repugna a Dios, como el mal. Lo que importa, no obstante, es que la gente ha llegado a tal nivel, que ya nadie es capaz de ver este tremendo escamoteo y su peligro imponente.

James Bruen[i], un abogado escritor, compañero del gran Michel Jones en Culture Wars Magazine, hace una exposición fantástica, fuera de serie, del modo en que la revolución aplicó estos principios, desde la Corte Suprema de los Estados Unidos, como ya había confesado el guerrero cultural Leo Pfeffer, jactándose de la paliza que los revolucionarios habían dado a la Iglesia Católica, para imponer el mal al mundo entero, desde el poder y la influencia y el dinero gringo. No se engañen, hermanitos, que no los ofusque la envidia, la revolución se impuso en Estados Unidos y… de gringolandia, para el mundo…

Bruen comienza por describir de manera que un chiquito pueda entender lo que es el escepticismo, el postmodernismo, el nietzscheanismo. “Es un modo de pensar que ha llegado a ser general en el Occidente. De acuerdo con el postmodernismo, nosotros creamos nuestra propia realidad; no hay verdad”.

Nuestro intelecto vive por la realidad. Nosotros, como personas, seres conscientes, vivimos por la realidad, pues somos conscientes por el intelecto, él es nuestro rasgo más esencial. La realidad, en cuanto inteligible, es la luz del intelecto y la fuente de su estructura: por eso, el arte imita a la naturaleza: la realidad es una estructura de imponente consistencia, ella nos enseña el principio de no contradicción, el del tercero excluido; el del que el todo es mayor que las partes; todo efecto se sigue de una causa, la causa es anterior al efecto; la proporcionalidad entre fines y medios; la razón del medio procede, depende, de la razón del fin; causa y efecto son proporcionados; lo bueno es lo apetecible, lo bello lo deleitoso, etc. La realidad es la fuente, es el horizonte, el origen de la conciencia, pues el intelecto despierta al captarla, al distinguir en ella sus seres, de donde capta su primer principio; y, así, es su bien primario y fundamental. La mentira, el error, la alucinación, cualquier desviación de ella, es un gran problema, hasta la locura, pasando por borracheras, estados de estupefacción (de causas naturales o inducidos artificialmente), etc. La realidad tiene una consistencia impresionante, quien la desconoce introduce tremendas distorsiones. Es lo que dice Solzhenitsyn. “la historia es un río; éste tiene sus propias leyes que gobiernan su flujo, sus curvas, su serpenteo. Entonces viene una gente inteligente que dice que el río es un estanque y debe ser desviado a otro canal mejor; todo lo que se debe hacer es escoger un lugar mejor y cavar un nuevo cauce para el río. Pero el curso de un río no puede ser interrumpido –pártelo unos centímetros y él ya no fluirá más–. Y se nos dice que el cauce debe ser desviado forzosamente varios millares de metros. Los lazos entre las generaciones, lazos de institución, tradición, costumbre, son los que mantienen las márgenes del cauce del río unidas y sostienen a la corriente en flujo […]. Puede que sean incognoscibles [las leyes que gobiernan el flujo del río]. A todo evento, no se hallan en la superficie, donde cualquier tonto lleno de ocupaciones puede buscarlas. Las leyes de la sociedad humana perfecta sólo se pueden encontrar en el orden total de las cosas. En el propósito del universo. Y en el destino del hombre (Alexander Solzhenitsyn, August 1914, Farrar, Straus and Giroux, New York, 1.971, pp. 410-411).

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