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La estafadora asesina del Código Da Vinci

Si lo que dice Dan Brown es verdad, la Iglesia debería ser clausurada. ¿Lo es, la que fundó Cristo?

La Familia Corleone: de acuerdo con los enemigos de la Iglesia, ella no es más que esta organización delictiva... o sí: más poderosa, la más poderosa. Espera, eso fue lo que dijo el propio Ford Coppola, en el Padrino III. ¿Ves?, no vamos tan lejos de la realidad

La Familia Corleone: de acuerdo con los enemigos de la Iglesia, ella no es más que esta organización delictiva… o sí: más poderosa, la más poderosa. Espera, eso fue lo que dijo el propio Ford Coppola, en el Padrino III. ¿Ves?, no vamos tan lejos de la realidad

Uno de los rasgos clave de la obra de Dan Brown, uno de los autores que más libros han vendido en la historia, es la imagen que presenta de la Iglesia actual. La Iglesia es, según Brown una institución asesina, poderosa, cínica, mentirosa, fanática. Es tan poderosa, fanática y asesina que los miembros del Priorato de Sión, portadores de la verdad que derribará a “la mentira más grande de todos los tiempos”, que Jesús era un mortal, profeta cultor de la “divinidad femenina” y esposo muerto y no resucitado de María Magdalena y padre de su hija Sara, corren grave peligro, por ser capaces de desenmascararla, de sacar a la luz la mentira que es ella. Los últimos años en la biografía de Dan Brown son una refutación de tal imagen… En el presente artículo, veremos asuntos de salud, educación, moral, poder, economía. En todos éstos, se dicen cosas, ¿no? Que la Iglesia es oscurantista, que es enemiga de la ciencia, que tiene mucho poder, que es rica, que, si donara sus riquezas, se acabarían los pobres del mundo. No se trata, ahorita, de que hizo la Inquisición, eso es del pasado, se trata de la imagen presente. Por supuesto, en esa imagen, pasada o presente, se revela el mismo espíritu: la inquisidora, será una malvada, asesina, mentirosa, siempre. Eso es lo que dice Dan Brown…

Lo bueno de esto del ataque de Brown es que él recoge, en el Código Da Vinci, por ejemplo, una lista de críticas contra la Iglesia de ésos que hacen que los católicos vayan por ahí, llenos de vergüenza y oprobio. Y está bien, pues, si ante esta retahíla del odio y la ignorancia, no tienen respuesta, entonces, en su propio analfabetismo, que sufran. Pero, si no quieren perder su Fe y quieren saber su dignidad y, aunque en un mundo de total falta de formación, vivan sin poder contestar, pero sabiendo que eso es insostenible, que Jesús es Dios y que, dado eso, todo lo demás tiene que ser desmentido, entonces, Brown sirve para introducir la imagen real de la Esposa de Jesucristo: no María Magdalena (como dice Brown con una mendacidad impresionante), sino la Iglesia Católica, su Cuerpo Místico. Con eso, todos los libelos mentirosos, rodarán por los suelos. Así, bendito sea Brown, como el pecado original: “feliz culpa, que nos mereció tal Salvador” (Pregón Pascual).

El asunto es que existe la pretensión, explícita o implícita, de mucha gente, entre ellos Dan Brown, de que la Iglesia es una organización delictiva. Una organización delictiva es una que tiene como fin conscientemente trazado el de delinquir; o, dicho en otros términos, que tiene como idea directora alguna finalidad contraria al bien o al orden públicos o a las buenas costumbres. Según los que acusan a la Iglesia de ser una asociación de tal naturaleza, desde luego, Ella tiene como su objeto y razón de ser el delinquir. Los ideólogos propagandistas, polemistas, contra la Iglesia, al menos desde Guillermo de Ockham (y su, entre otros, Sobre el gobierno tiránico del Papa, 1.339-1.340) hasta nuestros días, pasando por Martín Lutero, Zwingli, Cromwell, Newton, David Hume, Voltaire, Adam Smith, Nietzsche y tantos otros, han tenido un éxito asombroso. Es así como hoy en día son lugares comunes todas éstas calumnias y son tan frecuentes las invectivas contra la Iglesia. El éxito más grande ha venido a ser el que tanta gente tenga como por algo descontado el que la Iglesia es una institución delictiva, una banda de mentirosos traicioneros, que han estado asesinando y estafando a la pobre gente por dos milenios. He aquí a Dan Brown.

Lo que esto implica es que, en todos los sitios en que la Iglesia opera legalmente, esto es, con permiso de las autoridades, o bien las mismas están engañadas o bien son conniventes con el espíritu delincuencial de la misma. Tal vez, el caso sea exactamente el contrario: el partido comunista y otras organizaciones dañinas son sostenidas por los estados hoy, por su connivencia con los desafueros de éstos; y la Iglesia, que se opone a ellos, es perseguida, por eso mismo, o abiertamente o velada y judicialmente y por las mentiras de los medios, la literatura, el cine (como en el caso de la novela que estamos comentando)… Como quien está acusada en Occidente de asociación delictiva es la Iglesia, la persecución no es un pensamiento descabellado. Y, por eso, hay que hacer algo, urgentemente.

Se debe entonces echar un vistazo a lo que es la Iglesia, a lo que hace, a lo que promueve, el día de hoy, en todo el mundo, no sólo en países de tradición católica. Además, hay que ver de una manera somera y sumaria la estructura del poder terreno en el mundo contemporáneo.

La Iglesia es la Esposa y Cuerpo Místico de Jesucristo, su Sacramento, el signo sensible y eficaz de su Obra salvadora, de rescate y santificación. Ella está para enseñar la Verdad sobre Dios y su Salvación; para administrar sus misterios, sus sacramentos, fuentes de gracia. En la Iglesia se reza, se hace uno amigo de Dios, con una amistad filial, con el Amor de un amigo, que es hijo; de un hijo, que es amigo; con el amor con que preferimos a Dios antes que a nosotros mismos. Eso es la Iglesia, nada más. Pero vivimos en el mundo de Dios, en el que la naturaleza es su obra; en el que el hombre es la cúspide; en el que el hombre vive en relación, en sociedades que, o son políticas o tienden a la política, perfección de toda sociedad humana. Vivimos en un mundo en el que, en la sociedad humana, hay arte, ciencia, articulación institucional, familia, amigos, enamorados, diversión, aspiraciones, nobles e innobles, relaciones económicas, sentido intramundano y trascendente. Vivimos en un mundo muy complejo. Ese mundo es todo de Dios; ese mundo es todo del hombre; es, per se, de Dios; y del hombre, por herencia. Este mundo, todo del hombre, es del hombre, para Dios; es de Dios, para el hombre: y no es un juego de palabras, Dios lo creó, es suyo, pero nos puso a nosotros en su cúspide, para que lo usáramos, para que lo gozáramos, pero eso sólo es posible respetando sus leyes y sus leyes son santidad intrínseca, es decir, una cierta referencia sacramental, una cierta memoria del origen en el Misterium Tremendum, el Numinoso, Inefable, Sobrecogedor… Y, en ese mundo, con su Iglesia como casa y hábitat, tenemos que ser inmensamente felices, santos, gozando de él, en santidad. Así, como todo lo humano es potencialmente santo, si se ciñe a la naturaleza y a la gracia, en todo, entonces, la Iglesia puede tener algo que decir, pues todo lo humano le compete, pues le compete todo lo de Dios. Y eso se ve más claramente, cuando destacamos que Dios se hizo hombre para santificar todo lo humano, para enseñarnos todo, para rebelarnos la medida de nuestro ser, para revelarnos todo lo de Dios y su Amor Salvador. Entonces, el Cristianismo y el cristiano tienen una vocación: llegar a todo lo humano y transfigurarlo, según el genio de la sociedad, en la gracia, que no anula la naturaleza, sino la cura, la perfecciona, la eleva, la santifica… No es la Iglesia una institución de servicio social; pero la Iglesia, sin dudas, es la mayor servidora de la sociedad, de toda la historia… y por paliza. Vamos a ver esto, en el mundo actual. Así veremos la tremenda mentira de los acusadores, al estilo de Dan Brown y de tantos otros. Así veremos el tremendo empuje de la institución más perseguida, la más calumniada, la más denostada, la más atacada. Y veremos la gran injusticia; y veremos cuán “orgullosos”, agradecidos y en deuda, nos tenemos que sentir, por ser sus hijos, porque Dios nos ha hecho semejante gracia, semejante regalo: el de contarnos entre sus hijos queridos, sus miembros, en la gran Madre de todas las madres del mundo, al modelo de la Virgen, Madre de Dios.

La Iglesia, en estos momentos, en Venezuela, por ejemplo, tiene todo un sistema educativo, desde el jardín de infancia a la universidad, que beneficia a más de un millón de personas. De Fe y Alegría a los colegios Don Bosco, San Ignacio y Los Arcos; del Patronato San José de Tarbes, al Colegio del mismo nombre o al Santa Rosa de Lima, La Concepción o el Mater Salvatoris; y de esos colegios a las universidades, Católica Andrés Bello, Santa Rosa de Lima, Monteávila, Pontificia Católica del Táchira o los seminarios, como el de San Pedro en La Guaira. La UCV, todos lo saben, viene de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, que viene, a su vez, del Seminario Santa Rosa. Y todo el sistema educativo del país, viene de estas dos instituciones y de los pueblos de misión coloniales. Como en Venezuela, toda Iberoamérica; quizás haya países en los que los índices sean mucho más altos, como Méjico y Perú o Chile.

Pero sigamos viendo, en otras partes del mundo. La India, pongamos por caso: “1.095 millones de habitantes tiene La India, hindúes en un 80,5% y musulmanes en un 13,4%.
Más de 220 millones siguen viviendo bajo el umbral de pobreza. Según datos que recordó recientemente el cardenal indio Ivan Dias, los cristianos sólo representan el 2,3% de la población (1,8% del total de habitantes del país es católico), pero atienden el 20% de toda la educación primaria del país, el 10% de los programas comunitarios de alfabetización y sanidad, el 25% de la atención de los huérfanos y viudas, y el 30% del cuidado de los discapacitados, leprosos y pacientes con Sida. La gran mayoría de los beneficiarios de estas instituciones pertenecen a religiones distintas del Cristianismo –o a ninguna–” (Zenit, 16-06-06).

En Vietnam, en los últimos 350 años, ha habido más de 150 mil mártires.  Francisco Xavier Nguyen Van Thuan, Obispo de Saigón durante la Guerra en ese país y predicador del Papa Juan Pablo II, estuvo 13 años preso, de los cuales ¡9! estuvo en aislamiento, por el solo crimen de ser católico. ¿No habría sido más fácil para él renegar de la fe, en favor del comunismo? ¿Será que un predicador del Papa puede ser un simple fiel engañado y pasar tanto tiempo en situación tan adversa?

En la España de la Guerra Civil, hubo 6.000 sacerdotes y religiosos asesinados a sangre fría. En el Méjico de la Guerra de los Cristeros (1.927-29) hubo otros miles de mártires. En la II Guerra Mundial, lo mismo; los más prominentes de los cuales quizás fueron San Maximiliano Kolbe y Santa Edith Stein. Pío XI, con la ayuda de su Secretario de Estado, el Cardenal Eugenio Pacelli (quien luego fuera Pío XII), redactó la encíclica “Mit Brennender Sorge”, que fue la primera condena internacional del Nazismo, muy anterior a cualquier condena de potencia occidental alguna, muy anterior, por supuesto, a la de la Inglaterra de Chamberlain: ¡¡¡y Pío XII es calumniado como “el Papa de Hitler”, cuando fue su mayor opositor y salvó a más de 800.000 judíos durante la Guerra!!! Mientras que a Stalin y a la Rusia comunista se los tiene como a enemigos de los nazis, cuando fueron sus aliados, ¡¡¡hasta 1941!!!, y la invasión a Polonia fue conjunta, fue una repartición, entre Hitler y Stalin, que cometieron todo tipo de asesinatos y demás barbaridades…

La Europa actual, la secularizada que conocemos, la casi atea, la egoísta y sin hijos, llegó a grande, gracias a la obra de la Iglesia. Basta ir y ver que sus grandes monumentos son Iglesias. Que el gran arte, de Leonardo, Miguel Ángel, Donatello, Rafael y Bernini, de Velásquez, el Greco y Goya, de Durero (luterano), es arte Cristiano. La música, de los cantos gregorianos a Bach y Vivaldi, y de ahí en adelante, es cristiana también. La más grande literatura es la de Cervantes y el Siglo de Oro, de Dante y Manzoni, de Shakespeare, todos católicos. Mientras hoy en día se revuelcan el arte, la arquitectura, la música y la literatura en el cieno posmo, en los vanguardismos, la grosería, la geometría, el materialismo y pare de contar… En Teología desde Tomás de Aquino, de Buenaventura, de Duns Scoto, de Guillermo de Ockham, de Suárez, de Vittoria, los maestros de pensamiento son católicos; y el pensamiento moderno y posmo, con su ideologismo antropoteísta, es un callejón sin salida, una calle ciega, una calle de distrito rojo, sin alumbrado, que, en su camino a la desesperación, se ha llevado por el medio a toda la humanidad. La academia, de las escuelas catedralicias de Carlo Magno y las monacales de San Benito a las grandes universidades del siglo XIII, quizás, para la estructura institucional de la civilización, el mayor aporte de Occidente, junto con la separación de la esfera religiosa y la civil, también debida a la Iglesia. La primera revolución industrial, del siglo XII; las revoluciones científicas, del siglo XIII en adelante, pasando también por Copérnico y Galileo y la escuela de medicina de Padua, que fue la primera en estudiar anatomía diseccionando el cuerpo humano. Por la conservación de la cultura clásica, que fue tan perfecta que, a pesar de no ser Grecia y Roma lo mismo que Occidente, los occidentales creen, casi en su generalidad, ser continuación de la cultura de la gran civilización Helénica, cuando, en realidad, en la época del esplendor, nuestra civilización superaba, sin dudas, a la romana o la griega helénica. Por lo que constituyó el Papado como estructura supranacional para el surgimiento de los estados nacionales y el abandono del feudalismo.

En lo que se refiere a los Estados Unidos, el Cristianismo protestante es la clave principal, aunque el Catolicismo pone elementos fundamentales, aún cuando en ese país, al igual que en Europa, se hayan olvidado de hecho tan importante. En efecto, “un europeo ilustrado, quizás tocado por el agnosticismo[i], visitó los Estados Unidos durante el siglo XIX. Él aseveró: ‘[…] no hay país en el mundo donde la religión cristiana retenga una influencia mayor sobre las almas de los hombres que en [los Estados Unidos de] América’[ii]. Entre las principales causas que tienden a mantener la república de los Estados Unidos, Tocqueville da un lugar de honor a la religión cristiana. Primero que nada, la misma forma democrática de la sociedad se debe a la religión puritana de los primeros anglosajones que se asentaron en el norte de América[iii]. Pero los católicos en los Estados Unidos y en el siglo XIX ‘constituyen la clase más republicana y más democrática’. Y la causa de esto es que ‘en puntos doctrinales, la fe católica coloca a todas las capacidades humanas sobre el mismo nivel […]; no escucha ningún compromiso con el hombre mortal […]. Si el Catolicismo predispone al fiel a la obediencia, ciertamente no lo prepara para la desigualdad; pero lo contrario ha de decirse del Protestantismo, el cual de modo general tiende a hacer independientes a los hombres más que a concebirlos como iguales’”[iv].

África no está para nada excluida de la labor impresionante del Catolicismo. Por eso, en este continente, la Iglesia “muestra una realidad ‘decididamente más dinámica’, pues en esos 26 años los católicos pasaron de unos 55 millones a 149 millones. La cifra de católicos, por cada cien habitantes, creció de 12,4 a casi 17” (Zenit, 10-05-06). Y la razón de ello se puede ver en estas dos pequeñas muestras. En primer lugar, este año, siendo el continente más pobre y, por eso, el que ha recibido más ayuda de las Obras Misionales Pontificias (O. M. P.), también ha mostrado ser de lo más generoso, aportando en sus colectas una cantidad que no es despreciable (450 mil dólares; víd. Zenit, 23-05-06). La segunda muestra es ésta: “El canciller de la diócesis de Ndola (Zambia), P. Alick Mbanda, señaló que la Iglesia en ese país cumple un papel clave en la lucha contra el SIDA sin comprometer sus enseñanzas tradicionales […]. Durante su visita a la sede de la organización Ayuda a la Iglesia que Sufre, el sacerdote explicó cómo los programas católicos para combatir el SIDA han sido vitales para alcanzar el descenso de VIH en un país en el que se estima unas 1,2 millones de personas infectadas en una población de unos 11 millones de habitantes […]. Con la ayuda de líderes laicos, la Iglesia ha elaborado programas de catequesis para jóvenes, en los que se aborda el riesgo del VIH, sobre todo, en relación con el comportamiento promiscuo. Los líderes animan a la gente que se quiere casar a hacerse primero la prueba del SIDA, y para los infectados, los obispos están diseñando un plan para una especie de granja donde puedan alojarse, recibir asistencia social y medicinas. ‘Finalmente, hemos empezado a vislumbrar un pequeño progreso’, comentó el P. Mbanda. ‘El número de personas infectadas no se ha incrementado, y gracias a la campaña que estamos llevando a cabo para solucionar el problema, las cifras por fin están cayendo’, añadió y resaltó la importancia de la oposición de los obispos del país a los métodos anticonceptivos y la insistencia en la abstinencia: ‘Hay algunas ONG que dicen que la gente debería utilizar preservativos, pero el problema es que con los preservativos se da vía libre a la promiscuidad. De hecho, empeora el problema’, recordó el sacerdote y recalcó la importancia de la fe en acción: “No podemos limitarnos a predicar el Evangelio y hablar sobre la Misa sin vivirlos. Vivir el Evangelio y predicarlo resulta difícil si no conectamos con los problemas de nuestros tiempos”, precisó” (Aciprensa, 29-05-06).

Y es que la Iglesia es la organización en el mundo que ayuda en mayor medida a los enfermos de SIDA, como muestra el informe del cardenal Lozano Barragán ante las Naciones Unidas. En efecto, “Uno de cada cuatro enfermos de sida es atendido en el mundo por un centro católico, según ha podido comprobarse en Reunión de Alto Nivel sobre esta pandemia celebrada por la Asamblea General de las Naciones Unidas del 31 de mayo al 2 de junio. En el encuentro tomó la palabra, en representación de la Santa Sede, el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, quien ilustró además la obra de prevención que promueve la Iglesia, basada «en la información y educación hacia conductas dirigidas a evitar la pandemia» […]. Al explicar con números la acción de la Iglesia en este campo, reveló que ‘el 26.7% de los centros en el mundo para tratar enfermos de VIH/SIDA están dentro de la Iglesia católica’ […]. Al hablar de la prevención, explicó que ‘somos conscientes de que el papel de la familia en el campo de la formación y de la educación es indispensable y eficaz’. ‘La educación e información las damos también a través de documentos, conferencias e intercambios de experiencias y prácticas’, constató. ‘Para el cuidado y asistencia de los enfermos acentuamos la capacitación de médicos y personal para médico, de capellanes y voluntarios; combatimos el estigma, facilitamos el diagnóstico, el “counselling” y la Reconciliación. Proveemos los antiretrovirales, los medicamentos para evitar la transmisión vertical materno filial y el contagio sanguíneo’, siguió informando. ‘En el ramo de la atención y acompañamiento al enfermo evitamos los contagios, atendemos a huérfanos y viudas, a los presos, ayudamos a la reintegración social de estos enfermos y colaboramos con los Gobiernos y demás Instituciones que se ocupan de la pandemia, tanto a nivel ecuménico como civil’, siguió diciendo” (Zenit, 05-06-06). Y, en 2014, la ONU respondió: la Iglesia debe cambiar sus doctrinas de conformidad a la gracia y la ley natural, en la preservación de la familia y el buen orden de las relaciones humanas, especialmente en lo que se refiere a la viva conyugal y a la paternidad-maternidad y al sexo, y abandonar el celibato por el Reino; el ariete para semejante intento de abrir brecha en las defensas fue la pedofilia de una cantidad de sacerdotes, cuando lo increíble es que esos horrores proceden de la aceptación del modernismo freudiano, en este caso, por enormes sectores de los episcopados de muchos países occidentales[v]

Por otra parte, la acusada de “oscurantista”, también en esta materia resulta gravemente calumniada. Se pueden recordar los datos apuntados arriba: colegios, universidades, artes plásticas, arquitectura, música, atención a los enfermos, filosofía, teología y ciencias, a través de toda la historia, han sido promovidas por la Iglesia, como por más nadie en la historia. Vidas dedicadas a la santificación y la transmisión al mundo del mensaje del Evangelio serían puntos todavía más importantes; pero de ningún modo se pueden separar unos y otros, pues a quien ama a Dios, Amor, Bien, Verdad y Belleza infinitos, le resulta de lo más amable todo lo bueno, verdadero y bello del ser humano. Pero quiero traer también una muestra sobre este punto de las ciencias, alrededor del cual gira este asunto del “oscurantismo”: “Benedicto XVI ha nombrado a dos prestigiosos profesores de física miembros ordinarios de la Academia Pontificia de las Ciencias. Uno de ellos es el alemán Theodor Wolfgang Hänsch, Premio Nobel para la Física en el año 2005, profesor de Física en la Universidad Ludwig-Maximilians, en Munich, y director del Max-Planck-Institut-für Quantenoptik, en Garching. El otro nuevo académico es el estadounidense Edward Witten, profesor de Física en el Institute for Advanced Study de Princeton, Nueva Jersey […]. La Academia Pontificia de las Ciencias fue fundada en Roma en 1603 con el nombre de Academia de los Linces (Galileo Galilei fue miembro), y está compuesta por ochenta «académicos pontificios» nombrados por el Papa a propuesta del Cuerpo Académico, sin discriminación de ningún tipo. Tiene como fin honrar la ciencia pura dondequiera que se encuentre, asegurar su libertad y favorecer las investigaciones, que constituyen la base indispensable para el progreso de las ciencias. La Academia se encuentra bajo la dependencia del Santo Padre. Su presidente, elegido por cuatro años, es desde 1993 Nicola Cabibbo, profesor de Física en la Universidad La Sapienza de Roma, y ex presidente del Instituto Nacional Italiano de Física Nuclear” (Zenit, 21-06-06).

La Doctrina Social de la Iglesia, que es poco conocida, debería serlo más. Y debería conocerse más la tremendamente positiva influencia que la misma ha traído al mundo. En Hispanoamérica fue ella la que inspiró las legislaciones laborales, de modo que se pusiera una contención a abusos patronales, como los que hubo en Europa en todo el siglo XIX; lo cual ha sido de la mayor importancia para que el comunismo no ahogue a nuestras repúblicas (hasta ahora), para ponerle a éste cierta contención, en un área del planeta de semejantes niveles de pobreza y marginalidad cultural. También fue un gran impulso para el movimiento sindical (en EUA, por ejemplo, éste fue, por tradición, preponderantemente católico), para el respeto de la propiedad, no entendida como un absoluto, como en el liberalismo, así como para un tratamiento bajo la perspectiva de la justicia distributiva de las relaciones sociales y para abrir campo a la libertad personal, en todos los ámbitos (no sólo el económico), bajo una concepción de los deberes para con la comunidad (de nuevo, muy diferente esta libertad de la absurda y tendiente al aplastamiento del débil del liberalismo), merced al principio de subsidiariedad. Todo inspirado en la enorme experiencia de la Iglesia, la filosofía clásica, el derecho romano, los problemas que suscitan las enfermedades de la sociedad moderna, con sus ideologías demoníacas, materialistas, cientificistas, economicistas, de la injusticia radical y las tremendas distorsiones.

La Iglesia defiende la vida del no nacido, del recién nacido, del enfermo terminal y del anciano, de los débiles, en una palabra. Se enfrenta a los hitlerianos de nuevo cuño, que quieren investigar con el hombre y promover la eugenesia y aniquilar a los que ya no sirven, es decir, a los que construyeron el mundo donde vivimos, esto es y evitemos todo eufemismo, a nuestros padres. Muestra que el enfermo terminal tiene gravemente comprometida su libertad, por lo que una decisión de suicidarse no es, ni puede ser, “libre”. Defiende a la familia de los incesantes ataques que se le dirigen, desde tantos lugares, desde los que destacan los promotores de las “formas alternativas de familia”. Lucha contra la promiscuidad. Defiende a los pobres y los atiende. Pide libertad religiosa para todos, ¡también para los musulmanes, a pesar de toda la persecución de cristianos en países de mayoría islámica y de todas las ganas de tantos de desaparecer del mapa de la tierra a los seguidores de esa religión! He aquí la causa más profunda de toda esta persecución solapada o no tan solapada, de la gran promoción que personajes abyectos, autores mediocres literariamente y marcados mentirosos en cuanto historiadores, como Dan Brown, reciben de las más altas esferas del poder.

Los países más poderosos del mundo de hoy son los Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Alemania, Japón, Australia, Canadá, China, La India, Corea, Francia, Italia, los del Mar del Norte y, se podría decir, el Islam reunido (por todo el poder bélico que puede alcanzar un grupo de pueblos con una base común y con un gran número de personas dispuestas a todo para defender su fe). Ninguno es católico. Y no sólo eso. Inglaterra, desde 1556, luego de María Tudor y desde su media hermana Isabel I, odia a la Iglesia; y en este país está prohibido que reine un católico. Los Estados Unidos son hijos de Inglaterra; y en ellos hay hoy unos personajes que se llaman a sí mismos “liberales”, que se dedican a perseguir no a los católicos, sino al Catolicismo: si alguien, por poner uno entre centenares de ejemplos, pone una clínica católica, van ellos y lo obligan a practicar abortos, para lo que se sirven de los jueces. En ese país, en nombre de la libertad religiosa, alguien puede dedicarse a insultar a una comunidad católica y ésta no se puede defender, precisamente por la libertad religiosa. En China, el gobierno comunista, como no podía aniquilar a las varias decenas de millones de católicos, los persiguió y se formó una iglesia “católica china” sometida al gobierno. En Rusia, los católicos son unos pocos, muy distantes entre sí, en el país más extenso del mundo, y han pasado y pasan muchas penurias de todo tipo. En Japón fueron perseguidos por siglos, hasta bien avanzado el siglo XIX: hubo miles de mártires, japoneses y de otras nacionalidades (quizás el más conocido sea San Pablo Miki); y su mayor comunidad de fieles, asentada en Urakami, La Colina de la Redención, fue barrida del mapa, cuando los Estados Unidos soltaron su segunda bomba atómica, en agosto de 1945, la llamad bomba de Nagasaki, que fue de Urakami, suburbio de esa ciudad. En La India han sido perseguidos y está prohibido, en casi todo el territorio de la federación, el convertirse. Francia actualmente es la Francia postrevolucionaria, postilustrada. En el Mar del Norte la situación tampoco es ninguna maravilla. En Alemania, el país de Lutero, tampoco es un paraíso para el Catolicismo. En los países islámicos el cristianismo en pleno es odiado; los musulmanes confunden “occidental” con “cristiano”, en tanta lucha, los pobres cristianos árabes, iraquíes, libaneses, turcos, egipcios, libios, iraníes, etc., no la tienen nada fácil. Se puede añadir otro “etcétera”. Los católicos no dominan país alguno en el mundo.

Las grandes ideologías, el marxismo y el “liberalismo” se consideran antagonistas del cristianismo. Hollywood es marcadamente enemigo del mismo, especialmente de la Iglesia; desde películas como Carrie hasta Gotzila se burlan de símbolos cristianos; y precisamente de eso es que se trata esta serie de escritos. HBO, Cinemax, Sony, Hallmark, la BBC, MTV, Nacional Geographic, The History Channel, Discovery, etc., entre las grandes compañías del gran espectáculo, se han declarado anticatólicas abiertamente, algunas en repetidas oportunidades. La Iglesia no es dueña ni administra ninguna gran compañía: Microsoft, Ferrari, Mercedes, Siemens, BMW, Wallmart, Procter and Gamble, General Motors, Ford, Honda, Toyota, Mobile-Exxon, Texaco, British Petroleum, Chase Manhatan Bank, Chemical Bank, los bancos suizos y japoneses, CNN-Time Warner-AOL, Nabisco, Unilever, Nestle, Nokia, IBM, Hewlett Packard, Nipón Electric Company, Mitsubishi, los grandes laboratorios médicos estadounidenses y alemanes, las compañías productoras de armas, y un largo “etcétera”, están todas fuera de las manos de la Iglesia.

Y, entonces, ¡¿cómo nadie puede hablar del gran poder de la Iglesia corrupta y demás sandeces, si ella está bastante lejos de cualquier poder terreno?! ¡¿No se da cuenta, quien esto lee que, cuando cree en cosas como éstas, cree a la manera de los borregos, en puntos sin sentido, puros clichés de los enemigos de Dios?! ¡¿No debería preguntarse de dónde sale toda esta basura y responderse, al menos, de manera similar a como se hace aquí arriba?! Pero, ¿y dónde queda Dan Brown? ¿No es en el más completo descubierto y, ahí, en el descrédito total?

Atacada, asediada, perseguida, como lo predijo, su divino Fundador, la Iglesia es la institución más antigua de la Tierra; es la más luminosa, la que más sirve y ha servido al hombre. La que lo sacó de la oscuridad. Es, además, la única institución realmente universal. Y todo esto, aún en una de las más tremendas crisis de su historia dos veces milenaria. La Iglesia es realmente nuestra Madre y el punto donde es más patente la gran novedad de Jesucristo, la entrada con fuerza de la Eternidad en el tiempo, la materia sobre la que el santo tiene que trabajar. Las calumnias son incesantes, los ataque inmisericordes. Incluso, la traición se hace sentir, hasta en los más altos niveles de la Jerarquía, como dije en el artículo anterior (El sínodo de los obispos católicos de Kasper: la tormenta se asoma en el horizonte). Lo que nos queda es la lucha, el dar a conocer la verdad, para lo que, primero, tenemos que averiguarla, estudiarla. Tenemos que armarnos de valor y dejar atrás la vergüenza y tenemos que vencer las reticencias que han nacido de nuestra tibieza y de nuestro aceptar las mentiras contenidas en los ataques, en esperpentos como el Código de Brown. Tenemos que darle duro. Tenemos que rebelarnos contra la IN-cultura contemporánea del ateísmo aliado del gnosticismo y el paganismo. Tenemos que dar la respuesta adecuada. Y SÓLO HAY UNA VERDADERA RESPUESTA, LA REBELIÓN, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS TERRIBLES, DE MENTIRA E INJUSTICIA, TIEMPOS DE REVOLUCIÓN…

[i] Ibíd. Ver: Democracy in America (New York: Alfred Knopf, 1953) Vol. 1, 310.

[ii] Religion and the Nation. Ibíd. Ver: Democracy in America, 1: 303.

[iii] Ibíd. Ver: Democracy in America, 1: 290 and 300. Unfortunately, the great knowledge that Tocqueville gained of the United States is paralleled only by his great ignorance of the civilization of Spanish America in general and of Mexico in particular.

[iv] Ibíd. Ver: Democracy in America, 1: 300-301.

[v] Patrick Guinand, Modern Psychology and Priest Sex Abuse, en: Culture Wars Magazine, May, 2004, LINK.

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