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Progreso Vs. Cristianismo, la gran batalla

Inquisición, cruzadas, enemistad hacia la ciencia, Galileo, oscurantismo, todo al descubierto

En la guerra que no toma prisioneros, Galileo es usado como arma por los enemigos de su amada Iglesia, contra ésta, precisamente: pobre, una de las memorias más ultrajadas de la historia

En la guerra que no toma prisioneros, Galileo es usado como arma por los enemigos de su amada Iglesia, contra ésta, precisamente: pobre, una de las memorias más ultrajadas de la historia

I.- Nosotros venimos de la época en que la civilización occidental europea triunfaba, luego de la caída del Imperio romano, de varias oleadas de invasiones bárbaras, que duraron más de seis siglos. Esos bárbaros son los Godos, los Sármatas, los Vándalos, los Hunos. Luego, los Lombardos; y, finalmente, los magiares, los fineses, muchos eslavos, los búlgaros y, más que cualquier otro, los temibles normandos, que irrumpieron desde Escandinavia, de repente, como sin razón, y parecieron llenar al mundo en un santiamén. Cada vez que parecía que levantaría cabeza Occidente, venía otra oleada, que parecía hacer sucumbir todo. En el siglo XI, sin embargo, la victoria parecía asegurada: la civilización, saldría adelante. No sin antes, claro, acabar con muchos problemas, entre los que no es el menor el feudalismo, un barbarismo que, naciendo de Roma, se arraigó mucho, en una época en que, merced a las invasiones, no parecía que hubiera más salida. Pero Papado, Imperio, monarquías nacionales, monasterios, las parroquias y obispados y ciudades mostraron que el impulso civilizador era imparable. Se trata, entonces, de las páginas fundamentales de nuestra historia, los albores. Pero también de algo extremadamente luminoso, lo que somos, que es, si no lo más alto, de lo más alto que ha habido en esta Tierra nuestra…

II.- Ahora bien, hoy en día esto no se reconoce. De hecho, si vemos bien, la historia ignora este período, que va del siglo IV al XIV y se lo despacha como si fuera una sola unidad histórica monolítica: la “edad media”, que sería “el oscurantismo”. Además y para completar, las cuentas que se dan de esta historia incluyen ridiculizaciones, descarados anacronismos, falsificaciones y demás bellezas. “La edad media, oscurantista, fanática, bajo el malvado tirano de Roma, el Papa; con sus cruzadas, la inquisición, sin arte, con su gótico; sin contar con los abusadores monjes, las canonjías corruptas y el pueblo, en la miseria”. Añadamos: “ja, ja, qué oscurantista, la tierra plana, la tierra el centro” y muy poco más: esto es el cuadro de la cultura popular sobre la época del nacimiento de la civilización, de nuestros primeros padres, del surgimiento de una de dos sociedades totalmente cristianas del mundo, de, repito, una de las sociedades más luminosas, si no la más, que haya habido. Muchos cristianos hijos de la rebelión luterana creen que hacen un servicio a su cristianismo, asumiendo esta imagen secularista y anticristiana y falsa de la historia. Se hacen eco de enemigos de la verdad, de enemigos de Cristo, de gente que dice lo que dice porque quiere denigrar de todo vestigio cristiano: un gran servicio se hacen a sí mismos, en cuanto cristianos…

III.- Para que se pueda reconocer bien lo que es aporte de este primer período de Occidente a la humanidad, hay que remover algunos obstáculos, algunas mentiras y errores patentes sobre lo que sea el hombre, una sociedad sana, el sentido de la historia.

1) Falsificaciones históricas. Vamos a ponerlas, en una retahíla:

A) El término “edad media”: en la historia no hay “edades”, como si la humanidad siguiera una sola línea: a. “antigüedad” (toda civilización del área geográfica de Persia a España, anterior a la caída de Roma); b. “edad media”: Europa, de la caída de Roma al siglo XV, quizás; c. “Renacimiento”, período, supuestamente, anticristiano, preparación para la “modernidad”; d. “modernidad” del siglo XVII, “la revolución científica” hasta el siglo XX; postmodernidad, la crisis total de Occidente, de tipo moderna, pero, en vez de optimista, pesimista, sobre el carácter del gnosticismo moderno: estos dos se mezclan de la maneras más diversas: de los marxistas y nietzscheanos a los de Huxley y futuristas de los más locos y radicales (Sobre este tema: Toynbee, Estudio de la historia, Daniel Rops, Cathedral and Crusade, datos en bibliografía: DB).

La tal “antigüedad” abarca al menos 8 civilizaciones (sumérica, egipcia, minoico-micénica, siro-palestina, persa, babilonia, griega helénica, Roma) y un número indeterminado de sociedades bárbaras, de mayor y menor importancia histórica; desconoce y excluye lo que no se pueda ver desde un punto de vista euro-moderno-céntrico: China, Japón, la India, América precolombina y pare de contar. Como categoría histórica no tiene sentido, salvo en un hegelismo o un marxismo radical: una visión de la historia en la que el siglo XIX prusiano, en el caso de Hegel, es el culmen de la historia. ¡¡¡Esto sí que no es oscuro!!!

a) “Edad media”: término inventado por el bibliotecario vaticano, “renacentista”, humanista, en 1.475. Llegó a ser de uso común apenas en el siglo XX. Indica una falsedad brava, euro-moderno-céntrica: “hay dos luces: Grecia-Roma, la antigua, y la ‘modernidad’, la nueva; en el medio está el oscurantismo, el Cristianismo”. Sobre el “oscurantismo”, hablaré abajo.

b) “Renacimiento”: el nombre denota lo mismo del punto anterior: el “oscurantismo” es un estar sepultado, se renace, al superarlo: una cuestión sin ningún fundamento. Claro, se dice que los renacentistas eran anticristianos: ¿cuál? El cura Erasmo o el Mártir Santo Tomás Moro o el fiel Rafael. Hubo, eso sí, mucho mago y astrólogo y etc. “renacentista”: Reuchlin, Giordano Bruno, Paracelso, John Dee, Pico dela Mirándola, etc. Éstos sí son oscurantistas, metidos en magia negra y cosas así (Jones, The Jewish Revolutionary Spirit, DB). De lo demás, hasta los magos eran, aunque sea, parcialmente cristianos; y la expresión “Renacimiento”, como reviviscencia de lo helénico tiene sentido no fuera del cristianismo, sino como un intento de vivir un cristianismo intelectual fuera de las escuelas de teología, de la escolástica decadente, fuertemente influida por Ockham.

c) De la modernidad y de la posmodernidad, hablaré abajo, cuando hable de la así autoproclamada “ilustración” (es decir: acción de educarse e iluminarse, en los términos de los radicales éstos: abandonar a Dios, especialmente, a Cristo, tratado de impostor, comúnmente en el XVIII, y a su Iglesia: la “tiranía” [vid. Voegelin, Dawson, Jones, obras citadas en bibliografía]).

B) El “oscurantismo”. Acusación: “la Iglesia oscurantista y malvada mató a Galileo, el bueno, espíritu libre, porque era muy inteligente y ponía en la picota sus mentiras oscurantistas con la ciencia, mostrando que la Tierra no es el centro, sino el Sol: se murió diciendo ‘pero se mueve’”. “A Copérnico también lo persiguieron”. “Es que la religión y la ciencia se excluyen, como estos cristianos son unos oscurantistas, quieren acabar con la ciencia para volver a dominar a las masas con su superstición” (sobre esto, vid. Duhem y Crombie, obras citadas en bibliografía). Claro, intencionalmente, puse la acusación a un nivel muy “popular” y en boca de ateos anti-Dios y anti-cristianos. A lo mejor, así, los que se dicen cristianos y creen que atacando a la Iglesia cortan rabo y oreja, como los toreros, se dan cuenta de cuánto se atacan a sí mismos al hacerse eco de la propaganda mentirosa anticristiana. Por otra parte, hay que advertir: OJO, no se habla mal de los ateos, sino de los radicales que quieren acabar con la mayoría de las poblaciones de los países que es cristiana o creyente: un 30% de la población mundial, en el caso de los cristianos, y un 98%, en el de los creyentes en general.

La acusación, en honor a la verdad, es tonta hasta niveles estratosféricos o siderales o galácticos. Vamos a ver:

Se trata de “oscurantista” a la sociedad que engendró a las universidades, el mayor logro institucional humano, desde el nacimiento de las repúblicas civilizadas y de la Iglesia universal y las parroquias europeas: el vehículo más apto para la investigación y transmisión del saber que haya parido la humanidad: muy oscurantista. Se trata de “oscurantista” a la sociedad que tradujo a Aristóteles, Platón, Alfarabí, Averroes, Avenpace, Al-Juarismi (de cuyo nombre provienen las palabras álgebra, algoritmo y guarismo), Avicena, Galeno, Hipócrates; a la sociedad que comenzó, por primera vez en la historia, a disecar cadáveres para estudiar anatomía, en la universidad de Padua (AC Crombie); a la sociedad que recibió a Tolomeo y ¡a Aristarco de Samos!, ideador de las primeras hipótesis heliocéntricas de la historia (siglo III antes de Cristo [Crombie]), la sociedad que tradujo y asimiló y transmitió en sus universidades en menos de un siglo, ¡¡¡tiempo record!!!, toda la ciencia universal que se había hallado hasta ese momento (Dawson). Se llama oscurantista a una sociedad que concibió al amor y la cultura corteses (aunque eso venía, en realidad, de la España islámica: el poeta Ibn Hazm [Dawson]). Se llama oscurantista a la sociedad que, aplicando la geometría al arte, descubrió la perspectiva en pintura: el Maestro D’Isacco, Giotto [Rodolfo Papa]. Se llama oscurantista a una sociedad que parió al arte cristiano, con su realismo, de Giotto al Impresionismo (éste, obviamente, no es cristiano y prepara el arte de finales del XIX y el XX, pero todavía se halla en el límite del espíritu que movió al arte occidental, desde el siglo XIII), pasando por el Renacimiento, el Barroco, el Rococó, el Churrigueresco, que parió al mudéjar: ¿en nombre de qué, de los vanguardismos posmo? Se llama “oscurantista” a la sociedad que inventó el pentagrama, la notación musical y los acordes, etc. Se llama oscurantista a la sociedad que inventó el arte de marionetas (“pequeñas Marías”). Es oscurantista la sociedad que dio lugar a la primera revolución industrial del mundo, la del molino, de los siglos XII y XIII; ésa cuya productividad agrícola sólo fue igualada en el XVIII y superada en el XX (Jean Gimpel). Es oscurantista la sociedad de los grandes descubrimientos geográficos, de la gran expansión de las fronteras (desde las misiones del franciscano Juan de Plancarpino, en el XIII, a los grandes navegantes portugueses y al más grande de todos, Colón, a la circunvalación de la Tierra de Magallanes-Elcano). Es oscurantista la sociedad de las grandes sumas filosóficas y teológicas, porque, por supuesto, creer en Dios es ser oscurantista… o creer que hay un orden y lo podemos conocer, que podemos estudiar científicamente la realidad, como pensaba Lutero…

“Bueno, no, ésos no son los problemas”. La pregunta, entonces, es, “¿cuáles lo son?, ya que no se trata del arte, de la música, del teatro, de la filosofía, de la poesía, de los modales finos”. El asunto es que no fue una sociedad científica y sí religiosa. Ya vemos: lo dicho sobre la asimilación de la ciencia universal no vale. El problema es una serie de fábulas: “mataron a Galileo” y “porque decía que la Tierra gira alrededor del Sol”, “rechazaron  Copérnico”, “les mandaron la Inquisición”, “decían que la Tierra era plana”, “practicaron la guerra santa: las cruzadas”. Por supuesto, nosotros vivimos en la era post-revolución científica, que no debe nada a nada anterior. No sirve de nada que Galileo fuera católico o que Copérnico fuera un cura polaco, formado en una Italia cristiana, no. Los persiguieron, por científicos. Como tampoco sirve que la hipótesis helio-céntrica, de Aristarco, fuera popularizada, sobre todo, por un obispo de Lyon del siglo XIV, Nicolás de Oresme (Crombie)…

Bien, bien, vamos a responder ya: a Galileo nadie lo persiguió por científico, mucho menos en nombre de Tolomeo, de sus epiciclos y toda su construcción geocéntrica, o de Aristóteles y sus esferas homocéntricas (heredadas e Platón [Duhem]): en esa época una y otra construcción no eran más que hipótesis “igualmente” plausibles, el ideador de las órbitas elípticas, sobre las que Newton (cristiano protestante) aplicó sus cálculos para poner su sistema de atracción universal, Johannes Keppler (cristiano protestante), dijo que a él le convencía Copérnico porque le daba esperanzas de llegar a explicaciones causales sobre el cosmos, por encima de las meras construcciones hipotético-matemáticas (vid. Crombie, Duhem). De Tolomeo, Santo Tomás, en el siglo XIII, ¡en la Suma Teológica! (I, q. 32, a. 1, ad 2º), asegura que, entre dos modos de hacer ciencia, una estrictamente tal, demostrada, y otra meramente hipotética, pura construcción matemática para salvar los fenómenos (los datos de los sentidos), lo de Tolomeo correspondía a este último. El cardenal Belarmino, doctor de la Iglesia, el gran “perseguidor”, en las fábulas, de Galileo, conocía esto que dice Santo Tomás y, como un padre, se lo recordaba al físico italiano (Duhem). Así, puestas las cosas en su sitio, de 10 jurados que tuvo Galileo, tres votaron por él, y el Papa fue su defensor, aunque Galilei lo atacó personalmente, de manera bien malagradecida y con toda falta de respeto, en el Diálogo sobre los dos sistemas sobre el mundo (Messori). Además, lo que se discutía era el problema de las hipótesis copernicana o tolemaica, pero porque Galilei quería modificar la teología, la interpretación de un pasaje del libro bíblico de Josué, por su hipótesis heliocéntrica. Al final, se le condenó a vivir en su casa, de la que salía de vez en cuando y en la que recibía visitas, él aceptó muy tranquilamente su condena… y murió de viejo, con su hija monja a su lado, cristiana y santamente… Claro, sí es verdad que a Galilei se lo juzgara en nombre de un aristotelismo descaminado, que hubiera irritado grandemente al Estagirita. Pero ese peripatetismo (tendencia a seguir la filosofía de Aristóteles) fue fundado por los protestantes, quienes lo pusieron en práctica al perseguir a Kepler; además, fue ciertamente un fenómeno pequeño en la Europa del final del XVI y principios del XVII, aunque infectara a científicos importantes y cercanos a la corte papal, que fueron los que se enfrentaron a Galileo y prohibieron, por poco tiempo las Revoluciones copernicanas (en 1613 [Duhem]). Este panorama no hace “oscurantista” a la Iglesia, como se verá mucho más ampliamente en seguida. Y, por cierto, respecto de eso de que es oscurantista quien crea que la Tierra es el centro: hoy sabemos, por Einstein (Física, aventura del pensamiento, Editorial Salvat, Biblioteca Científica Salvat, Barcelona, 1986), que, dado un sistema de referencias, puedes sacar todos los cálculos relevantes referidos al movimiento local y, por tanto, no tiene ningún problema cinemático el que pongas a la Tierra, a la Luna, Júpiter o al río Amazonas en el centro… Y, finalmente, por lo anterior, el asunto de las hipótesis helio o geocéntricas se resolvió mucho después y hoy sabemos que el Sol tampoco es el centro… siquiera de la Vía Láctea…

Sobre la planicie de la Tierra y Colón: ¡qué desastre de OSCURANTISMO es esta acusación! Hay que ser oscurantista para lanzarla: ya en la Academia platónica sabían que la Tierra era un esferoide y habían calculado, con bastante competencia, su perímetro… Santo Tomás habla del problema en Aristóteles y de cómo el Estagirita no distinguía entre argumentos físicos demostrativos y argumentos meramente hipotético-matemáticos: el oscurantista trataba así a un clásico de la Antigüedad luminosa: ¡JA!… El problema con Colón es que éste pensaba, de manera muy ignorante, que la Tierra tenía un perímetro como el que tiene, pero sin el océano Pacífico y América: si no se hundió, fue porque chocó con ésta, creyendo que había llegado a la India… Dense una idea. Por cierto, se dice que Colón quería dinero, billete, oro: FALSO, cualquiera que lea su diario verá sus sueños: la evangelización total del mundo, venciendo a los árabes, por el frente y la retaguardia, con mucho oro, eso sí, proveniente de la India… Y, así, la llegada del Reino de Jesucristo (David Brading, Orbe Indiano, Fondo de Cultura Económica, México, 1.992)…

Es bueno que una civilización se lance así a la estulticia histórica, al oscurantismo verdadero, ¿verdad?, a negar sus raíces, a renegar de su ser (Vid. Mario Briceño Iragorry, Mensaje sin destino, en: Obras Completas, Ediciones del Congreso de la República, Caracas, 1.989), en nombre del ateísmo fanático (ideológico) y otros odios. A decir de la institución que la formó y que la educó que es oscuridad y que debería desaparecer de la historia. Nada que ver con que la educación pública, ¡en el mundo!, fuera inventada por un monje católico: San José de Calasanz. No importa que la ciencia “moderna” provenga de la Iglesia, que el principio de inercia, por ejemplo, hallara su “mejor antecedente” en el ímpetus de Juan Philópono, genio bizantino (Crombie); o que la óptica fuera fundada, prácticamente, por Teodorico de Freiberg, el primero que, en 1.296, describiera el Arco Iris y sus causas (vid. A. C. Crombie, Historia de la ciencia, de Agustín a Galileo, Alianza Editorial, Madrid, 1993). No importa que la historia del principio de atracción universal relatara algo muy diferente de algo como “la revolución científica” y que, de hecho, el primer sistema de atracción universal fuera de un católico, 40 años anterior al de Newton: Roberval (Duhem). No importa que un monje agustino sea el padre de la genética moderna: Mendel; o que un fiel como Pasteur sea el padre de la microbiología o que Fresnel, el gran óptico, fuera católico también. No importa que el católico Claude-Louis-Marie Navier desarrollara las consecuencias de la hipótesis de la atracción molecular. No importa que la hipótesis expansiva del universo, madre de la del Big Bang, fuera “inventada” por Lemaitre, un cura belga; no importa que Pascal o Descartes fueran católicos. No importa que todos estos prohombres de la ciencia sean católicos: Torricelli (gran hombre de la mecánica y la estática), Mersenne (físico, matemático y cura), Gassendi (ídem, cura), Fleming (escocés inventor de la penicilina), Fermi (ítalo-estadounidense gran cultor de la física cuántica, desarrolló el reactor nuclear), Roger Boscovich (jesuita yugoslavo, padre teoría atómica moderna: describió a los átomos, siguiendo a Leibniz, quien, a su vez, seguía a Aristóteles, como centros de campos de fuerza, influenció a Michael Faraday, Maxwell y Kelvin decisivamente, éste último dijo que era un boscovichiano decidido), Atanasio Kircher (egiptología), Marconi y Roberto Landell de Moura (inventores de la radio), Marie Curie ( descubridora de la radiación), el reloj y los anteojos (desarrollados por la Cristiandad). Nada importa, en la pasión partidista-ideológica, aparte de “ecrasez l’Infame”, derribar a la Infame, como decía Francois Marie Arouet, Voltaire.

ELLOS TIENEN EL PODER Y, COMO DICE ORWELL, “QUIEN CONTROLA EL PRESENTE CONTROLA EL PASADO, QUIEN CONTROLA EL PASADO CONTROLA EL FUTURO”…

Un dato más, increíble: la ciencia no tiene valor por la práctica, tiene valor de suyo; pero, ADEMÁS, tiene valor práctico. Así, la astronomía, ciencia sumamente valiosa en sí misma, tiene, para colmo, mucha utilidad: muy probablemente, la mayor de las utilidades que tenga sea la de servir para medir el tiempo de manera exacta. El calendario depende de tablas astronómicas. Así, en el año 46 antes de Cristo, se promulgó un calendario que estuvo vigente por más de 1600 años: el Calendario Juliano, que se llamó así por haber sido promulgado por Julio César. Pero, en 1578, se promulgó el calendario que usamos hoy, el más perfecto que haya habido, fruto de una gran exactitud en los cálculos astronómicos: ESTE CALENDARIO SE LLAMA GREGORIANO, POR HABER SIDO PROMULGADO POR EL PAPA GREGORIO XIII. Las oscurantistas Inglaterra y otras naciones europeas (los protestantes), se tardaron más de dos siglos en aceptar el calendario del Papa, por oscurantistas, dominadas por la ideología, pero terminaron rindiéndose ante la evidencia: ¿qué tal?

C) La Inquisición. Hablar sobre este tema debería tomar, aunque sea, un mínimo de 100 páginas, aún en este curso, pero voy a decir solo unas pocas cosas muy significativas. Empecemos por las cifras: se habla de los millones de muertos: qué bárbaro, ¿cómo podemos ser tan ignorantes para que se nos mienta tan descaradamente, con la cara tan lavada, y no tener cómo responder? Pongamos como ejemplo a la Inquisición más denostada: la española. Desde que los Reyes Católicos la tomaron, no la Iglesia, los reyes, OJO, duró unos 400 años, en los que se juzgaron unas 50 mil personas, 125 al año, creo que ni el 10% de cualquier tribunal de cualquier país actual (vid. Datos numéricos, sobre la base de los archivos históricos reales, en este sitio: La masacre de la Inquisición española: miles de juzgados y muertos). Además, se juzgaban muchas cosas, no sólo materia de Fe. Pero, en cualquier caso, sólo unos 4 mil fueron condenados a muerte, en ese largo período: sólo un porcentaje pequeño fue ejecutado. Eso, sin contar que, la mayor parte de las veces, lo que se buscaba era el arrepentimiento y, con éste, bastaba para que la gente se librara de otros asuntos. Además, el tribunal, en una sociedad religiosa tenía pleno sentido, ya que, como era el caso, la defección por ahí podía implicar que la persona estuviera en tratos traidores con potencias extranjeras o subversivos… Y, finalmente, piensen: los usureros de ayer y hoy, por ejemplo, atacan a la Iglesia, pues ella no permitía sus verdaderas trampas para esclavizar, para aplastar, para engañar y meter en trampas horrendas a pobres e incautos: cualquier semejanza con la realidad actual es un mero asunto de herencia cultural…

D) Las cruzadas. Acusar a la Iglesia por las cruzadas es como acusar a la policía por haber metido presos a los asaltantes, violadores, secuestradores y asesinos que se metieron al edificio, violaron a unas y otros, secuestraron a otros, nos robaron a todos y asesinaron a unos cuantos. O la Cristiandad occidental se defendía o el Islam la arrasaba, no hay término medio: sólo hay que ver el destino de Constantinopla de 1.453: cayó ante los turcos de Saladino y fue parte de su imperio (junto a toda Grecia) hasta 1.918, al final de la Primera Guerra Mundial; o el parao que les echó Carlos Martel en Poitiers, 732, por el que no pudieron tomar Europa, luego de que tomaron casi toda Asia, África y España; o España, 711-1.482: tomada por los musulmanes. ¿Qué, cuál es, entonces, el problema? ¿Eres un ateo que se lamenta de que el trabajo que él quiere realizar, acabar con el Cristianismo, no lo realizara otro antes que él, a saber, los musulmanes? Si tu respuesta es no, pero todavía tienes problemas con las cruzadas, puede que estés un poco fanatizado o estés pensando en otra cosa: en las “cruzadas internas”: en las cruzadas que se hicieron dentro de un país de la Cristiandad, frente a algún problema interno. Tu caso tiene un ejemplo paradigmático: los albigenses, los cátaros de Languedoc, sur de Francia. Primero: la Iglesia los toleró por más de un siglo; segundo: Santo Domingo fue mandado a razonar con ellos; tercero: ellos se dedicaron a prometer que abandonarían sus malos caminos… y a mentir al hacerlo; cuarto: el que los arrasó fue el rey de Francia, harto de tanta mano blanda contra estos subversivos radicales; quinto: ése es el caso: estos tipos eran una claudicación de la humanidad, mucho más de la vida política, mucho más del reino de Francia, unos subversivos, secesionistas, terroristas, etc. Eran algo intolerable. Sólo una propaganda muy anticristiana puede ponerse del lado de estos tipos en el caso mismo y en el juicio histórico…

2.- Toynbee y la equivalencia entre civilizaciones. Un punto central del mundo de hoy es esa creencia condescendiente de la propia superioridad del mundo de hoy: el mundo del progreso, el mundo de la democracia, la tecnología, los derechos humanos… ¿No somos superiores, dado que tenemos industria mecanizada y computadoras, telecomunicaciones? NOOOOO, como dijo hace 80 años el historiador inglés, el más importante del siglo XX, sin dudas, Arnold Toynbee, las civilizaciones no se hacen con computadoras ni con máquinas de ningún tipo ni con métodos de producción industrial ¡¡¡ni siquiera con alfabetos!!! La civilización, la forma más alta de sociedad humana se forma con un  tipo de vínculos que son específicamente humanos, en una medida mayor que los de cualquier sociedad.

3.- Así, como dice Toynbee mismo, las civilizaciones son todas “contemporáneas”: no se puede decir que una sea más “progresada” que otra; todas son ámbitos de desarrollo de lo humano, de articulación cívica, de desarrollo institucional, de encuentro humano…

4.- Voegelin, por el contrario, encuentra que hay articulaciones más altas que otras, en la medida en que lo humano se haga más diáfano y más claro su relación con el mundo, con su orden y su Hacedor. Por eso, ve en Grecia, merced a los clásicos, sobre todo, pero a toda la obra de hallazgo de la ciencia, de la inmaterialidad, del alma como sensorio de trascendencia, de la sabiduría, de la teología, de la política y de su responder al orden cósmico-teológico, a la sociedad más alta, hasta un punto histórico… En efecto, él ve en la Cristiandad latina a una sociedad que recoge lo dicho y hecho por los griegos y llevado mucho más lejos, por la acción de Cristo. Ve la universidad, la Iglesia, su universalidad y lo que ella significaba, y al gobierno civil, netamente separados; ve a Dios como participando de la philía politiké, ve a los gobernantes como responsables por sus acciones ante la realidad de un orden que los excede y los mide, ve al hombre completamente superior al cosmos y así reconocido por todos, ve una dimensión humana que escapa de la política y, por tanto, su libertad asegurada de un modo superior a nada visto antes. Podemos agregar que, ahí, se ve una neta distinción de lo público y lo privado: de lo gubernativo y lo sapiencial y lo religioso. Etcétera. Ahí hay una sociedad en la que el hombre puede hallar un ambiente propicio para un desarrollo de su personalidad y sus capacidades en todas direcciones y con verdadero fomento humano. De ahí que se dé tanta luz como se describió arriba… ¿Y la sociedad de hoy? Ya no se reconoce la superioridad del hombre sobre el cosmos sensible, merced a la miríada infinita de los materialismos; se han perdido sus dimensiones superiores; se ha perdido su dignidad, de modo que todo el discurso sobre los derechos queda como cáscara vacía; se ha perdido la dimensión religiosa, que se quiere execrar; ya no se ve el sentido de la universidad: se perdió lo sapiencial y su valor, se perdió el valor de la discusión racional, se perdió que haya algo más que oficios funcionales, se perdió lo que une a las disciplinas intelectuales, la metafísica y la teología. El hombre ha venido a ser algo menos que la materia, menos que elementos con naturaleza definida de la tabla periódica: materia inerte, sin cualidades, sólo puesta del modo en que sucede que está por un puro azar que, en el colmo de la incoherencia, dicen que está gobernado por una ley (la ley de leyes) llamada ‘evolución’. Vino a suceder lo que dijo Voegelin: olvidadas la “revelación” clásica y la Revelación cristiana, caído el mundo en el materialismo actual, que no es un mero materialismo, sino uno en el que se ha rechazado la mayor sabiduría, el hombre va camino de las peores tiranías, ¿o ya llegó? Sí, ya llegó, evidentemente (vid. artículos Revolución cultural, origen y genealogía, hasta el porno y el sex, drugs and rock and roll, Modernos ¿Presocráticos? Ojalá, no estaríamos al borde del abismo).

5.- No es otra cosa este mundo actual, mundo de crisis: drogas, familias rotas, lazos rotos, pérdida del sentido, guerras inauditas, totalitarismos y genocidios: ¿Progreso?

6.- La religión del progreso. Los progresistas se creen, como dicen en mi tierra, la última pepsicola del desierto, como se ha dicho y como es obvio para cualquiera que viva en el mundo de hoy, en este mundo descalabrado. De hecho, creen que la esclavitud más impresionante jamás vista o las máquinas más mortíferas jamás vistas o las hambrunas más terribles jamás vistas o los totalitarismos más opresores y genocidas jamás vistos son un gran AVANCE DE LA HUMANIDAD. Pero, ¿qué es progreso? ¿Se refiere a la moral, a la tecnología? ¿Qué es, lo que se le ocurra al ideólogo de turno? Los radicales revolucionarios franceses, que pensaban que el tiempo se contaba antes y después de su genocidio, juraban que la tiranía, el hambre, la guerra se había acabado, con su tumbar “trono y altar”, con su igualdad y su “moral”. Hoy se vende más una película futurista-tecnológica, bajo la etiqueta universalmente justificadora: la ciencia. ¿Qué es progreso? Es escatología cristiana secularizada: es tomar el sentido lineal de la historia, característico de la Biblia (opuesto al cíclico de toda otra sociedad), con la victoria de Jesucristo al final y decir que se trata de un paraíso en la Tierra; gobernado por la ideología del gnóstico respectivo y que se alcanzará luego de un suceso mágico, la revolución, en la que la humanidad quedará transfigurada. Es una religión profética, una religión con un sacerdocio, con un Cuerpo Místico (el Partido), con escrituras, con triunfo final y escatología. Eso es.

Así, quedan removidos los obstáculos para hablar de la Cristiandad latina, de Occidente y su historia y orígenes, mostrando sus inmensos logros… No será la sociedad absolutamente perfecta, nada humano lo es, pero no es la basura que nos VENDEN. Tuvo vicios, errores, defectos, imperfecciones, carencias, hoy, en la etapa actual de nuestra sociedad, tenemos unos útiles, unas herramientas pragmáticas fabulosas, que nos encantan; pero pongámonos serios: la época actual, con ésas y algunas otras cosas buenas, es testigo y protagonista, según los casos, de las más grandes atrocidades jamás vistas, no en balde es la época de la ansiedad, la depresión, la ruptura, el suicidio, la destrucción de la familia, el vacío existencial, la Torre de Babel y paremos de contar. Mientras que nos muestra, a la misma vez, las consecuencias del espíritu cristiano desplegado por el mundo: la red católica de asistencia a enfermos, desamparados, ancianos, huérfanos, la red de educación católica y la Iglesia misma como obstáculo contra toda inmoralidad: nada de oscuro por este lado. Entonces, veamos sin prejuicios a esa etapa inicial y fundamental de nuestra civilización, viendo cómo recoge los aportes de otras tres sociedades, entre las más luminosas que haya dado nuestra humanidad… Eso se los pongo en estos dos artículos [que empiezan, como verán, con un sarcasmo, como este mismo escrito]: La herencia del oscurantismo (I), La herencia del oscurantismo (II).

***

La lucha está en pie, parece que estamos perdiendo, parece que no valemos, somos muchos más pero nos dominan miserablemente y nos han infiltrado hasta la médula, todo el mundo, hasta la mayoría de nosotros, cree sus mentiras, estamos hundidos, al parecer… Pero no podemos perder, porque las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella. Porque Él está ahí, porque Él es nuestro capitán y Él es invencible. En Él, con Él, tras Él, con nuesta Cruz a cuestas, con valentía, emprendemos la rebelión, la verdadera, la REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS HORRIBLES TIEMPOS DE REVOLUCIÓN…

Bibliografía:

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  1. C. Crombie, Historia de la ciencia: de Agustín a Galileo, Alianza Editorial, sexta reimpresión, Madrid, 1.993.

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– La teoría física, su objeto y estructura, Herder Editorial, Barcelona, 2.003.

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Tras la Virtud. Editorial Crítica, Biblioteca de Bolsillo. Barcelona. España. 1.987.

George Orwell, 1.984. Ediciones Destino. 3ª Ed. Barcelona. 1.974.

Rops, Daniel:

El Pueblo de la Biblia. Ediciones Palabra. Colección Arcaduz. Madrid. 1.989.

Jesús en su Tiempo. Ediciones Palabra. Colección Arcaduz. 2ª Ed. Madrid. 2.000.

La Iglesia de los Apóstoles y los Mártires. Ediciones Palabra. Colección Arcaduz. Madrid. 1.992.

The Church in the Dark Ages (en Francés: L’Eglise des temps Barbares), JM Dent and Sons Ltd, London, 1.959.

Cathedral and Crusade, E. P. Dutton and Co., Inc., New York, 1.957.

The Protestant Reformation. 2 Volumes. Doubleday Image Book. Garden City, New Cork, U. S. A., 1.963.

– la Reforma Católica.

Toynbee, Arnold:

Estudio de la Historia. Compendio de Somervelli, revisado por Toynbee. Alianza Editorial. Buenos Aires. 1.991.

Vieweg, Theodor:

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Vicens Vives, J.:

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Voegelin, Eric:

– “Order and History III, Plato and Aristotle”. En: The Collected Works of Eric Voegelin. Luisiana State University Press. Baton Rouge and London. 1.991.

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Waldstein:

Introducción a la Teología del cuerpo de Wojtyla-JPII.

Stefan Zweig:

“Erasmo de Rotterdam”. En: Obras Completas. Tomo III, Biografías II. Editorial Juventud. Barcelona. 1.953. pp. 411-553.

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