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Seinfeld, ¿la “mejor serie de la historia”?

El precio de una risa, cuando la agresión cultural se presenta como “humor”

Los cuatro amigos, cínicos, aberrados, desvergonzados, presos por malos prójimos, en el último capítulo de la célebre serie

Los cuatro amigos, cínicos, aberrados, desvergonzados, presos por malos prójimos, en el último capítulo de la célebre serie

Jerry Seinfeld es un tipo simpático, un aparente gozón y un cínico desvergonzado. Es también un tipo ocurrente, con una capacidad asombrosa para percibir humorismo en los detalles normales de la vida y en las continuas idioteces, contradicciones, peleítas, anhelitos, etc. de la cotidianidad. Hay que confesar la verdad: vi a Seinfeld, lo vi mucho… y me reí, me reí a carcajadas. Pero hay que precisar, dar los matices exactos: de vez en cuando, hubo que tragar grueso, para poder recibir el beneficio de una media hora de idioteces que te ayudaran a descargar la mente embotada. Esto llegó a su final, de manera abrupta, un cierto día en que la agresión cultural se nos hizo evidente, mostró su cara, abrumó todo aprecio y me hizo volver sobre mis pasos como espectador del cómico de Nueva York, del show sobre nada: sobre NADA, esto es, en el que se presenta como humor un desprecio de la vida estadounidense (y, por extensión, occidental), vita con lente nihilista. Es como el capítulo aquél de Married with Children, en el que se da la típica situación de los esposos que se molestan terriblemente, que no soporta, cada uno, la existencia del otro, que están CONDENADOS el uno al otro, que tienen libido, pero no atractivo, a los que les fascinaría “picar flores”, pero que son tan mediocres que, en la total inercia, no son siquiera capaces de “buscar y conquistar”; siendo representantes de la revolución sexual, son máquinas de libido dormidas, aturdidas, con el soporífero de la total inacción y completa falta de esperanza: están CONDENADOS el uno al otro… y se desprecian. Van a un hotel y es un fraude; terminan en un tribunal, por avatares de la “comicidad” de los sitcoms de la televisión judeo-freudi-gringo-marxista, y, al final, tienen una gran recompensa, gratificación sexual, por motivaciones externas: el coito fue realizado bajo el estrado del juez, símbolo de la justicia, la virtud, la verdad, el orden civil, profanado, sometido a la revolución, en un solo acto… He aquí una primera coordenada de Seinfeld, en esta esfera es que su programa se considera por muchos del ámbito televisivo como “la mejor serie de la historia”…

Ahí, Seinfeld no es tan ocurrente, no tiene tanta chispa, no es tan prolífico en su sacar humor de lo cotidiano: hacen falta las coordenadas y la audacia para push the envelop, traspasar los límites. En el cinismo total de un revolucionario, en el desencanto típico de alguien que detesta la cultura en la que vive, a la que puede ver desde afuera, esa “audacia” no es tal, es mera expresión de desprecio. Pero hay un mérito aquí. Chespirito una vez dijo que, en México, siempre se exaltaba a Cantinflas, pero que era la hora de que se le reconociera como alguien que se puede poner al lado de Mario Moreno, el súper sabio, el 777, etc. Puede que Roberto Gómez Bolaños tuviera razón, puede que exagere su propio valor (para mí, él es un grande y un personaje de mi casa); pero aquí esto es sólo un ejemplo: en el ámbito de los cínicos, “audaces”, profanadores “humorísticos” contemporáneos de nuestra cultura, Jerry Seinfeld debe ser puesto con los grandes, po más que sea muy obvio que, en muchos pasajes, él estaba tomando de Woody Allen, Berlin, Phillip Roth. Roth libera shiksas (modo en que los judíos se refieren a las mujeres gentiles) mediante un modo de sexo realizado POR desprecio de la moral cristiana; Seinfeld se refiere a la gran atracción que Elaine Benes despierta en judíos, por ser shiksa, precisamente: ¿quiere Seinfeld decir aquí que el judío siente una atracción sexual, no por la shiksa, sino por la profanación de la moral evangélica? No puedo decirlo, pero vale la pena ponerlo como hipótesis; al final del artículo, puede que muchos piensen así. Yo lo considero muy probable, pero no quiero adivinar y, por más pruebas indirectas que tenga, no tengo ninguna directa. Sabemos que, el declarado por Time Magazine genio del humor, pederasta, protegido de Hollywood, al que le gustaban sus propios hijos adoptivos, varones y hembras, Woody Allen, ganador del Oscar, le fascinaba el asunto de schtutpa una shiksa, como dice en Annie Hall. Aquí está la “genialidad”, la “audacia”, la genealogía, la comunidad entre estos “cómicos” de Nueva York, del NY Times, de las televisoras estadounidenses, de Hollywood. Es Phillip Roth celebrando a Isaiah Berlin por transformar la Navidad, por esconder su verdadero sentido: Natividad del Señor, detrás del festival de la nieve, el invierno, los muñequitos de nieve (personificados, con nombre propio: Jack Frost)…

Pero tengo que presentar las credenciales de Seinfeld, si digo que se equipara a Roth y Allen, tengo que sustentar mis pretensiones. Bueno, la mejor manera de empezar es contrar aquel capítulo de Seinfeld en el que mis ojos fueron abiertos por el asco. Todos lo saben, Seinfeld es una serie que trata de la vida cotidiana de Jerry y de sus tres amigos, tan insustanciales y mezquinos de espíritu como él; o, más bien, haciendo competencias: en lo de mezquino, el ganador es el pana George Costanza; en insustancial, el compinche, Kramer; el loco, Kramer, again; la “moderna”, sexualmente liberada, feminista, ecologista, etc., la ex novia, Elaine Benes; el criticón, cínico, señorito, que huye del compromiso, Seinfeld; el aberrado: difícil, un cuádruple empate. De eso trata el capítulo. Hacen una apuesta sobre quién es capaz de estar TRES, 3, días, SETENTIDÓS, 72, HORAS sin sexo, sea con otras personas, sea en solipsismo. Horrible, ¿no? ¡Tres hombres y una mujer en semejante degradación de la humanidad…! Bueno, esperen, falta lo más espantoso. Con las horas, la inquietud se apodera de los tipos, que no pueden ni dormir por las noches, atacados por la libido imparable. El signo de haber sucumbido es un sueño tranquilo; el de haber aguantado un día más, el insomnio. Ninguno duró tres días; Elaine, piltrafa de mujer, vio en el gimnasio a un Kennedy y fue directo a “touch herself”… ¿Es o no audaz Seinfeld? ¿Es o no tan audaz como sus mentores, Roth y Allen? Forman, de hecho, la trilogía del sabor: cine, Allen, literatura, Roth, y televisión, Jerry: el marco completo de la industria gringa del entretenimiento. Seinfeld ES la “mejor serie de la historia”…

En una oportunidad, la magnánima Elaine pelea con una peruana de una tienda, llamada Putumayo, y se va a otra, 5 de mayo, se forra con 20 kilos de tela con diseños y artesanía incaica, que le va a restregar a su adversaria, que resultaba ser la dueña de ambas tiendas: ja-ja-ja. Cuando Jerry la ve así ataviada, le dice, en castellano: “hola”: Iberoamérica es india, ladies and gentlemen. Y la agresión cultural como humor sigue su curso. En otro capítulo, repiten los personajes, como estribillo, ante determinadas situaciones, de manera burlesca, la cita evangélica: “todo Reino dividido contra sí mismo…”, que Jesús lanzó contra los fariseos que lo acusaban de endemoniado: ¡¡¡¡¡¡ja-ja-ja!!!!!! En otro, Jerry es llevado por una mujer a romper la costra de su cinismo; lo que lo convierte en una máquina de cariño desbocado e impertinente, en un llorón, en un sentimental, al que le importan los otros y sus sentimientos, a esto reduce la moral y la caridad y el amor personal, el amor de amistad que es el único en el que se puede realizar un ser humano: ¿quién puede ser moral sino un afeminado llorón? Ja-ja-ja, cómico. Otra vez, Seinfeld se molesta porque una mujer que le gustaba se había casado… y con un tipo al que despreciaba; logra que se divorcien, para después dejar eso así, pues la mujer no le interesaba: ja-ja-ja, muy chistoso, ríanse. En un capítulo, hay un homosexual que presenta aspectos negativos, George y Jerry lo notan y lo expresan, por lo que, a continuación, se pasan todo el capítulo diciendo “not that there is anything wrong with that”, “no es que eso tenga nada de malo”: lo que parecía un ataque a la homosexualidad, era sólo la ocasión para promoverla: ja-ja-ja. Elaine tuvo, increíblemente, un novio con el que duró unos meses: un retrasado mental llamado David Puddy; duraron su rato, pero no estuvo exento de vicisitudes: se dejaban, volvían, peleaban por cualquier cosa, se montaban cachos, peleaban, para dejarse y que la infidelidad no fuera, “técnicamente”, cachos.

Una vez, Elaine hizo una caricatura para The Newyorker. La misma trataba de una queja de un cerdito, un cochinito. Y no tenía sentido. Me parece muy factible que se tratara de una alusión a Phillip Roth y su Portnoy’s Complaint, La queja de Portnoy. En otros lugares, las alusiones se multiplican y se hacen obvias. Muchas veces, se trata de evidentes agresiones al Cristianismo. Una vez, Puddy le asegura a Elaine, con un fuertes tonos irracionales, acompañados de su estupidez, que ella se iría al infierno, por no creer en Cristo; van a un juego deportivo, disfrazados de los diablos de no sé qué ciudad o universidad, se encuentran por la calle, de noche, a un cura, que se desquicia por el miedo, por haber visto a satanás: creencia irracional… yyyyy, ja-ja-ja, el Cristianismo entero está condenado [¿juntamente con el judaísmo, que también afirma la existencia del diablo?]… En otra oportunidad, el intragable padre de George Costanza, Pepito, inventa una fiesta sin sentido, sustitutiva de esa otra fiesta sin sentido: la Navidad; la llamó Festivus, se reunían familia y amigos a insultarse y sacarse en cara todos los agravios que les vinieran a la memoria: es la fiesta que podía inventar esta aberración de la inventiva “humorística” humana: ja-ja-ja, tenemos el odio Rothiano a la Navidad, expresado con el humor de estos genios del humor de la industria del entretenimiento gringa. Y Seinfeld da más homenajes a sus maestros, el último que deseo citar: Elaine se engancha con un novio psiquiatra-psicólogo, el cual es invencible porque, en cuanto tal, era capaz de ver detrás de las personas, cualquier intención oculta, cualquier motivación, al tiempo que, por lo anterior, era capaz de convencer a cualquiera de cualquier cosa y era EL HOMBRE MADURO Y RACIONAL: tenemos, pues, la veneración de Allen al psicoanálisis (pues de verdad valora algo: las gratificaciones sensibles y lo que sea destructor de la cultura cristiana, como se ve, por ejemplo, en una de sus últimas películas, Medianoche en París), puesta con los matices cómicos, dignos de Deconstructing Harry, Los enredos de Harry, de Jerry: ja-ja-ja. Y, si bien Seinfeld no muestra su odio o, al menos, su rechazo a sus padres y la religión de esto, el judaísmo, si muestra una relación con éstos en la que lo mejor es que estén lo más lejos posible, en Miami, y que, ni por asomo, se les ocurra mudarse a Nueva York…

Así, volvemos a nuestras dos preguntas iniciales: 1) Seinfeld afirma que el judío ama la shiksa como mero medio de profanación de la cultura cristiana, como lo hace Phillip Roth. Mi respuesta se mantiene: no sé si sea tan virulento; lo que sí sé es que él quiere profanar la cultura cristiana, occidental. Lo que nos lleva a la segunda pregunta: 2) ¿está Seinfeld al nivel de Roth y Allen o no? Se puede completar con esta otra: ¿no estarían, por ejemplo, los realizadores de Married with Children al mismo nivel que Seinfeld, no tienen ellos los mismos títulos? Bueno: por partes. Seinfeld, como estos realizadores y otros muchos, está en la misma línea que Roth y Allen. Si está a su nivel o no, la respuesta es compleja. En cuanto agresores que ponen su agresión como humor, todos están en el mismo nivel, todos son igualmente malvados. Ahora, en cuanto a la técnica de logro del mal, es muy factible que el mayor sea Roth, ganador de todos los reconocimientos, luego venga Allen y finalmente Jerry; pero no es ninguna gratuidad ponerlos en la cúspide juntos, por encima de los demás realizadores de la industria del espectáculo gringa, cada uno en su ramo particular.

La respuesta a estos bastardos, a estos promotores del sexo como profanación de nuestras mujeres, de estos revolucionarios, de estos prohombres, fautores, de la revolución, punta de lanza de la misma, es la rebelión. Es lo que nos queda, hermanos, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA, EN ESTOS TIEMPOS DE REVOLUCIÓN…

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2 comentarios

  1. Barry dice:

    Toma una Polar Ligth y desenrrollate.

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