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Sólo es química y física, uo-oh, de tu cuerpo y mi cuerpo… y una técnica para convertirse en La Cantante, Orgasmopermanente

¿Qué nos queda? Que la estupidez, hoy por hoy, es mundial y se llama, también, ‘ciencia’…

Hablan los científicos

Helen Fisher, cuando dice que ama su trabajo con pasión, quiere decir que, al pensar en la oxitocina, segrega grandes cantidades de oxitocina

Helen Fisher, la más importante científico del amor, cuando dice que ama su trabajo con pasión, quiere decir que, al pensar en la oxitocina, segrega grandes cantidades de oxitocina

Cindy Hazan es una gran científico, con fama mundial en su área de trabajo, las relaciones hombre-mujer, macho-hembra, será mejor decir. Aunque trabaja en Cornell, en la universidad de esa ciudad del estado de Nueva York, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, podemos ver a gente hablando de ella en Chile o Venezuela y aparece en artículos de wikipedia en una cantidad de idiomas, empezando, claro, por el inglés y el castellano. Cindy, gran maestra de progreso, ciencia, modernidad, nos da una de las claves del universo: “El amor posee un tiempo de vida lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño. En términos de la evolución, no necesitamos de corazones palpitantes y sudor frío en las manos” (citada por: Efraín Castillo, La química acaba, ¿Y EL AMOR?, publicado en: http://www.eluniversal.com/estampas/anteriores/080209/tendencia). Por supuesto, se trata del ‘amor’ como hormona-neurotransmisor-impulso eléctrico cerebral, de eso es de lo que habla nuestra amiga y maestra… respecto de la cual, recomendamos, “no estén queriendo casarse con ella, muchachos, no anda para compromisos”. Según ella, el hombre es una “máquina de amor”, “que no tiene otro objetivo primario que el de la procreación para preservar la especie” (ibíd.).

Helen Fisher, quien, según en.wiki, es la principal investigadora biológica del amor y la atracción humana, asegura que eso (la atracción física del enamoramiento y su base hormonal) es amor, aunque no el único tipo de amor, que el mismo tiene etapas, que, luego de la atracción vehemente de la primera etapa del romance, puede venir la etapa del afecto. La autora de “Anatomy of Love, le da dos años [al “amor” como efervescencia hormonal]. ‘Dos, tal vez tres. Durante esta etapa, que yo llamo estar locamente enamorado, usted experimenta un aumento de los niveles de norepinefrina y dopamina en el cerebro, al igual que testosterona, dado que se presenta también un enorme deseo sexual’, dice. ‘Cuando pasa a la fase del afecto, donde tiene un incremento de vasopresina y oxitocina, las otras hormonas regresan a su normalidad. La mayoría de las parejas en esta etapa tienen menos sexo que aquellas en la etapa del enamoramiento’. La frase “adicto al amor” se aplica a las mujeres y los hombres que desean ardientemente la excitación (y el sexo) del enamoramiento, y van flotando de un romance intenso al siguiente, dejando tras de sí una cantidad de personas que buscaban una relación duradera, con el corazón roto”. Como tiene un tiempo de caducidad tan corto, por eso somos fieles, al parecer: “esa cumbre de químicos corporales disminuye a medida que pasa el tiempo, probablemente porque el cerebro produce menos sustancias o porque los receptores del organismo se adormecen. El amor se deteriora y evoluciona, y este avance es lo que nos permite establecer distinciones entre varias parejas potenciales o conservar la energía del apareamiento y enfocarla sólo en una pareja” (La química acaba, ¿Y EL AMOR?, cit.). También por eso, esta heroína de la humanidad tiene recetas y técnicas para prolongar el enamoramiento, dar celos, hacerse el duro, viajar, pelear, cosas así, para que la gratificación de la pasión se sostenga, para que el cerebro permanezca activo.

Empero, la fidelidad como que viene de otra fuente, según grandes científicos alemanes, avalados por la Academia de las ciencias estadounidense. Sí, científicos de la universidad de Bonn lo han descubierto: como producimos una hormona llamada oxitocina, conocida “popularmente” como la “hormona del amor” que nos hace atractiva nuestra jeva, nuestra cuaima, la mujer, el pellejo, el cuero, la mina, la costilla, entonces no le montamos cachos, cuernos (Una hormona del cuerpo está relacionada con la fidelidad masculina, en: http://www.eluniversal.com/vida/131125/una-hormona-del-cuerpo-esta-relacionada-con-la-fidelidad-masculina). Hermoso. Hay, entonces, un gran científico mejicano, de la UNAM, que quiere producir el elixir del amor, que por tanto tiempo buscó la humanidad y que ayudaría a prolongar los matrimonios, vendría, eso sí, en spray (Científicos están cerca de desarrollar elixir del amor, en: http://www.eluniversal.com/2007/07/26/ccs_art_cientificos-estan-ce_376494).

Es más, médicos israelitas y holandeses, de las universidades de Negev y Ámsterdam, dirigidos por el doctor Shaul Shalvi, publicados por periódicos españoles, por el ABC, muestran que el interés por el bien común es un asunto de esa hormona oxitocina (Las mentiras de la «hormona del amor», en: http://www.abc.es/ciencia/20140407/abci-mentiras-hormona-amor-201404071157.html).

¿Qué nos queda? Que la estupidez, hoy por hoy, es mundial y se llama, también, ‘ciencia’…

“¿Pero todos son así de estultos?”

Obviamente, la respuesta es NO, un NO rotundo. Si tú encuentras a una “científica”, que quiere prolongar sus orgasmos, que quiere vivir en la intensidad de la pasión, para la que es una opción entre otras cambiar de pareja cada 2 años para mantenerte con la adrenalina, la oxitocina, la testosterona, los estrógenos, etc., a millón, tú no te encontraste con una científico, te encontraste con una ninfómana que sabe de biología. O, a lo mejor, te encontraste con una revolucionaria sexual, que ama algún modo de tiranía. Bien lo dijo Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz, aunque en otro sitio (en Ends and Means, 1.937), no hay materialistas, nadie cree en eso: “al filósofo [hay que ser audaz para llamarlo así] que no encuentra sentido en el mundo no le interesan exclusivamente los problemas meramente metafísicos. A él le interesa también probar que no hay razón válida por la que él mismo, personalmente, no debería hacer como le plazca o por la que sus amigos no deberían tomar el poder político y gobernar en la forma que consideren más ventajosa para sí mismos. Las razones voluntarias [para el empirismo anglosajón, apetitivas, en general y, principalmente, sensibles], en tanto que opuestas a las intelectuales, para sostener las doctrinas del materialismo, por ejemplo, pueden ser predominantemente eróticas, como en el caso de Lamettrie […] o predominantemente políticas, como en el caso de Karl Marx”.

Pero hay científicos, hay gente, hay filósofos, no todo es puro inmoral y gnóstico. Fíjense en este modo de hablar: “Cuando sentimos cualquier emoción, ya sea mala o buena, el cuerpo puede sufrir algunas alteraciones en su funcionamiento. En el caso del enamoramiento, la alegría o de que se sienta atracción por una persona, el cerebro genera ciertas sustancias, específicamente oxitocina —hormona relacionada con los patrones sexuales— y adrenalina —hormona que tiene como función aumentar la presión arterial—, que procuran estas respuestas: taquicardia, opresión en el pecho y sensación de vacío en el estómago, etc. Es normal que se presenten estos síntomas, que generalmente la gente reconoce como estados de ansiedad, miedo o temor. Los enamorados casi siempre experimentan algún cambio en su comportamiento y funciones orgánicas, pero no todas las personas responden a estas emociones o sensaciones de la misma forma o con la misma intensidad, no todos lo vivimos igual” (¿Por qué aumenta el ritmo cardiaco cuando estamos enamorados?, en: http://www.eluniversal.com/2011/02/14/dbvia_esp_por-que-aumenta-el_14A5160211). Aquí está clara y netamente distinguida la emoción de su base física y del comportamiento que genera. Un loco negaría la base física, tendríamos que ser ángeles; pero es, quizás, más inadecuado aún decir que la emoción se reduce a las hormonas. Bien por este médico venezolano, por el psiquiatra José Adolfo Cejas.

Pero, pudiendo presentar mil casos de gente honesta y sensata, hay uno que me encontré por casualidad, que me gustó grandemente. La doctora Rosaurora Cárdenas, médico sexólogo del Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela. Según ella, “La etapa más intensa de toda relación de pareja dura entre seis meses y un año. Después se estabiliza y esa segunda parte de la química del amor dura entre tres y cinco años. Tras ese período la producción de neurotransmisores se estabiliza y las estructuras cerebrales se acostumbran a la presencia de esas sustancias. Pero esto es un proceso natural que demuestra que la relación de pareja no es un asunto meramente animal o biológico“. “El amor es un concepto subjetivo y no se basa únicamente en la atracción física. El amor tiene otras cosas importantes como el compromiso, el respeto, el afecto, la identificación de virtudes en el otro para tenerlo cerca. Cuando una persona tiene una relación estable, puede comunicarse adecuadamente con su pareja, se siente querida y emocionalmente llena, pues puede decir que está enamorada, aun cuando el hormigueo de la atracción física inicial haya bajado”. “El amor que mantiene unida a la pareja es el que perdura en el tiempo y no el hormonal. Si se acaba por la pérdida de atracción física, entonces no es amor y nunca lo fue“. “Lo fisiológico debe ir de la mano de las satisfacciones emocionales o de lo contrario se acabará el amor. A muchas parejas se les acaba el boom de la química y en ese momento comienzan a darse cuenta de los problemas que han estado escondiendo por largo tiempo tras la aparente excitación de las pasiones. Ahí aparecen las frustraciones de los que no se sienten comprendidos por sus pares, el resentimiento por las infidelidades, o peor aún, las culpas de quienes no han podido crecer con esa relación de pareja. Cuando eso ocurre, muchas veces viene la ruptura” (La química acaba, ¿Y EL AMOR?, cit.).

ESFUMADA LA PASIÓN, CON TODO Y SUS HORMONAS, SU BASE FÍSICA, APARECE LA REALIDAD: HAY O NO AMOR.

Un vistazo analítico a nuestros científicos, a los citados arriba

Una mirada somera y a vuelo de pájaro muestra inequívocamente que los citados “científicos” tienen lo que se puede llamar, siguiendo a Daniel Dennett (aunque volteándole la tortilla), un caso agudo de psicología folk, lo mismo que un caso patético de metafísica folk. Ellos puede que sepan mucho de biología, nadie discute eso, pero, en antropología filosófica y metafísica, están lo que se llama en Venezuela RASPAOS, reprobados. Los de Bonn se felicitan de encontrar la causa de eso digno de valoración y estima: la fidelidad, porque, nos imaginamos, hay relaciones humanas que reclaman modos específicos de amor y justicia. Cógeme ésta científico de Bonn: la justicia, las relaciones, la fidelidad, ¿son asuntos materiales? Se supone que quien dice que el amor es la hormona es un fuerte materialista. Bueno, eso es un materialismo folk. ¿Por qué? Porque amor y hormona no caben, como especificidades formales determinadas, en un mundo que sea pura materia: decir que todo es pura materia y después tratar de explicar el amor es lo más ridículo que pueda hacerse: si todo es materia, no hay amor y, por tanto, no hay nada que explicar. Es más, si todo es materia, no hay explicaciones, ni quien explique ni a quien, porque no hay quienes ni entendimientos que entiendan, etc. El resto de los científicos citados incurre en ingenuidades semejantes, pero considero ineludible destacar esto que dice Helen Fisher: supuestamente, discriminamos entre parejas potenciales y concentramos la energía sexual en una sola pareja, es decir, somos fieles, porque esas energías caducan rápidamente. Es decir, ella trata así a la fidelidad, como un asunto de conservación de la energía o, más bien, de entropía sexo-energética en nuestro cuerpo. Ya eso es asombroso, ya eso vale para no creer en materialismos; pero lo realmente ridículo es la violenta inconsistencia en su modo de hablar: SOMOS y HACEMOS, nosotros, cada persona, según una libertad real, que usa de estas energías, tratando de dosificarlas. Hay yo, hay libertad, hay yo y libertad distintas de las hormonas, pero las pasiones son hormonas y todo se reduce a ellas, hasta el yo que usa de ellas: ahí se los dejo.

Con esa mirada analítica, parece que basta. Pasemos a lo más importante.

Una metafísica de las pasiones y del amor

Lo primero, pues, que salta a la vista, al estudiar este tema hoy en día, yendo a los círculos de los “líderes” de la cultura, los científicos, es la tremenda estulticia que reina casi sin rivales en todo el panorama. Estos señores, sin duda, saben enormidades, cantidades navegables, impresionantes, de fisiología. Yo recuerdo a mi amiga Rachel, mi vecina del piso de arriba en Baltimore, Maryland, EUA, era una biólogo, que había estudiado años para obtener licenciatura y maestría en biología celular y estaba comenzando, la última vez que la vi (hace 20 años), un programa doctoral de seis años en la prestigiosa Universidad de Johns Hopkins, ahí en Baltimore. Era una muchacha inteligente, supongo que sabría una barbaridad de ese tema. Los científicos citados arriba sabrán tanto o más de sus temas que mi amiga. Ahora bien, los pobres tienen una tremenda cojera o, más bien, tienen una multitud de enfermedades y mutilaciones e invalideces, los pobres: se llama nominalismo modernista, antropoteísmo ateo de la voluntad de poder, materialista-idealista, progresista, psicologista, ideologista, historicista, autodefinicionista (caso extremo del ideologismo, de la voluntad de poder antropoteísta: nos auto-producimos, no dependemos de nada, no hay nada que nos defina, nos definimos nosotros mismos, a cada paso, sin ataduras, con una voluntad desligada, incluso, de nuestras propias definiciones anteriores, no se diga nada de la patria, la familia, el sexo, la cultura, el año en que nacimos, la edad, la biografía, etc.), racionalista-irracionalista, cientificista, inmanentista, nihilista, sensualista. Los pobres viven en una in-cultura así; trabajan en universidades en las que los departamentos de “filosofía” están llenos de “filósofos” así, a los que ellos creen, en lo que se refiere a la filosofía, han leído a Kuhn y a Feyarabend, etc. Así, en su objeto, la fisiología, son unos fenómenos, lo malo es cuando pretenden que todo sea fisiología o que ellos pueden, con fisiología, sentenciar sobre lo que sea, aunque sea algo muy alejado –o máximamente alejado– de la fisiología, como lo es la justicia, la fidelidad, el amor personal, voluntario, el conocimiento, especialmente el intelectivo, la libertad, así como los presupuestos y las implicaciones antropológicas y metafísicas de éstos. Por eso, como dijimos, los pobres, muchas veces, hacen algo muy parecido, al menos, al ridículo… De esos temas, precisamente, vamos a hablar ahora.

Lo primero que salta a la vista de cualquiera que estudie estos temas, empezando por los científicos que emprenden la aventura metafísica guiados por sus compañeros ideólogos de los departamentos de filosofía (Helen Fisher, los de Bonn, Hazan, Rosaura Cárdenas o cualquiera), es que 1) se siente 2) un determinado tipo de pasión (amor, miedo, esperanza, alegría, ira, tristeza, etc.) y 3) ante determinado objeto que 4) se nos presenta al conocimiento (sea por su presencia actual o por la consideración ayudada por la memoria) o al que tendemos de manera NATURAL (como los bebés recién nacidos a la comida que aún no conocen: algo que da mucha rabia a los autodefinicionistas-antropoteístas gnóstico-ateos de la voluntad de poder, la naturaleza). Vamos a considerar estos rasgos de la pasión y quedará clarísimo, como el agua, que la pasión es irreductible a base física. Después, para completar, veremos otros problemas importantes de este tema, luego de lo cual no quedará piedra sobre piedra del materialismo, en cuanto tal, que no es lo mismo ni se escribe igual que la fisiología de la base física de la pasión.

4, 3) Un materialista folk, uno que admite relaciones en el mundo, siendo las mismas irreductibles a materia, pues, para colmo, la mayoría de ellas es cognoscible sólo con la inteligencia. Muy bien, el materialista folk creerá que sale del problema reduciendo toda relación a cuestiones que estudia la ciencia física. Así, los “psicólogos” funcionalistas dicen que el conocimiento se reduce a ciertas impresiones físicas: la vista a luz reflejada en el iris, la pupila, la retina; las vibraciones sónicas en el oído, eso sería oír, etc. Eso e impulsos eléctricos. Los genialmente inteligentes no se dan cuenta de que formamos palabras a partir de lo visto y oído y que nos referimos cognoscitivamente a cosas irreductibles como lo universal y lo necesario: la causa es anterior al efecto; o lo abstracto, sobre todo si se trata de cosas universales y necesarias, como 2+2=4; o lo pasado de lo que no tuvimos experiencia, que conocimos por libros de historia: Jesús en la Cruz. Y pare de contar. La referencia intencional de nuestra alma a la realidad es irreductible a física a nada como mecánica, luz, termodinámica, electricidad, magnetismo, etc. Si así fuera, sus pretensiones mismas serían objeto físico y eso es ridículo, el objeto físico no es consciente de sí.

Ahora bien, la pasión se siente ante un objeto conocido, por lo que, en lo que se refiere a este presupuesto, la pasión no es reductible a materia. Lo mismo sucede en cuanto a ella, en sí misma, pues, siendo un acto intencional del alma, un acto con un objeto fuera de sí no es lo mismo que el objeto sobre el que recae. En el caso del amor, el objeto sería mi esposa o mis hijos y mis amigos y demás familiares y mis alumnos, todos los católicos, en cuanto tales, mis enemigos, etc.; mi acto de amar no se identifica con mis amados, es intencional, se refiere a ellos, de manera real, y, realmente, ME refiere a ellos. Luego, no puede ser pura materia. Es como dice el psiquiatra venezolano citado arriba, José Adolfo Cejas: cuando siento la pasión, produzco las hormonas… pero sentirla no se reduce a ese acto fisiológico.

2) Esto queda también claro cuando se ve que las pasiones se especifican, se diversifican por la especie: no es lo mismo amar a mis enemigos que tenerles miedo o entristecerme de que me odien de manera injusta; aunque pueda ser un mismo objeto, las respuestas son específicamente diversas. Si se especifican, tienen determinaciones formales, esto es, inmateriales, cualitativas o sustanciales, por lo que no pueden ser pura materia. El asunto llega mucho más lejos. Vamos a tomar a las hormonas y todo material biológico, neurotransmisores y demás: oxitocina, adrenalina, serotonina, endorfinas, testosterona, etc. Se distinguen formalmente; pero eso da lugar a cosas muy divertidas: ellas se dan en todo hombre, de manera universal, cada una es cada una, a pesar de los diferentes ADN; tan es así que los fisiólogos hacen ciencia de ellos, les atribuyen causas y efectos estables, predicen cuándo aparecerán y qué se seguirá de ellos, sin importar el individuo humano del que estén hablando: impresionante orden inmaterial, universal y necesario; nada de particular, caótico, contingente, puramente individual y sometido al acaso, como sería si se tratara de pura materia: no, se trata de lo específico, no de lo individual.

Y hay todavía más: los fisiólogos hablan de glándulas, a las que podemos aplicar los mismos razonamientos, tienen naturaleza, se dan en todos, son específicas, en cuanto pertenecen a la especie humana y en cuanto se distinguen unas de otras de manera específica, en su ser, en sus causas, en sus efectos (producen tal hormona, en tales y cuales circunstancias, con un orden asombroso)… Y EN SU ESTAR INCARDINADAS EN ORGANISMOS. Ellas no son unos géisers que sueltan agua caliente con minerales según ciertas circunstancias termodinámicas; ellas son órganos de un ser unitario, aunque no sea una simplicidad total: el animal cuya es la glándula no es una mónada conceptual ni un espíritu puro, una simplicidad total, es un organismo; de modo que ella es parte de un aparato, de un sistema, y éste es parte de un animal, que es un todo entero, algo compuesto por multitud de partes, que tienen que estar en composición con algo completamente simple, a nivel sustancial, o no guarda unidad, pues no le puede venir del número inmenso de las partes materiales. Así y por todo esto, se pueden estudiar las enfermedades de la glándula y las enfermedades del animal que consisten en un problema glandular (son dos aspectos de la misma problemática: el problema de la parte, en cuanto tal, y el mismo problema, en cuanto ella está en un todo).

1) Así se llega al último problema que consideraremos. Los que dicen que el amor, por ejemplo, es pura hormona, para decir que todo es pura materia, a la manera folk, es decir, con inconsistencias asombrosas y ridículas, generalmente pretenden que el ‘hombre’ no sea la unidad de la que hablamos arriba; hay quienes, como Daniel Dennett, niegan que exista el yo, la vida, la libertad, la conciencia: “no hay yo, lo digo yo; ni hay libertad, esto que estoy diciendo es algo que yo no determino, sino que me sucede; es que no hay yo para que ME suceda algo; además, no hay ‘decir’ de modo que no está sucediendo nada, porque, como no hay yo, yo no lo estoy diciendo…”. Así de sabios son los sabios de este mundo, los que rechazan la sabiduría, humana y divina. Así, hay quienes dicen que la conciencia es una ilusión, quedando en el aire quién sea el iluso; o que no pueda haber ilusiones, pues, sin conciencia, no puede haber ilusionados. Del mismo talante son los que niegan a la pasión algo más que la base física, para decir que todo es materia: sería una sensación que no siente nada ni nadie, gracias a una glándula que no es tal ni es parte de ningún todo. Todo esto en nombre de un hábito mental, la ciencia, que está a punto de mostrarnos que los hábitos mentales no existen, porque no existen las mentes. Qué excelencia, ¿verdad? Es asombroso.

Pero, por esta línea, tenemos que volver a encontrarnos y habérnoslas con Helen Fisher y las demás personas de su talante, líderes indiscutibles de esta etapa de nuestra civilización, en su etapa revolucionaria anti-cristiana. Sabiendo, claro, que son líderes, porque, evidentemente, son revolucionarias. La revolución te quiere a ti, te quiere tragar, te quiere drogo, te quiere sin estabilidad de ningún tipo, sin familia y sin virtud, sin libertad, te quiere zombi. La revolución quiere que tu ideal de vida sea mariposas en la barriga y tremendos orgasmos. Para eso, necesitas brincar de un amante a otro. Te necesita bien hollywoodense [ojo: los productores iberoamericanos son bastante peores, en general, que Hollywood]: “hola, ¿qué tal? Tas bueno…. Ah, ah, ah, uh, qué rico, qué rico, ah, ah, uh, uh, dale, dale, dale, aaaaaaaahhhhhh…. Te amo, ¿cómo es que te llamas tú?… Ay, no te puedo decir que te amo, sino hasta los tres años de vivir juntos [sin caasaaarnooos]… Quiere que vaya a conocer a sus papás, qué presión, después de 5 meses viviendo juntos… Ay, nos separamos, luego de una prolongada relación de 8 meses viviendo juntos; nunca conocí a sus papás, a lo mejor por eso fue que viví 8 meses con un asesino en serie y me enteré cuando mató a mis 10 mejores amigos. Qué cosa, tengo mala suerte con los hombres”…

Eso es la revolución, materialismo y locura, pero todo muy “científico”… formas “científicas”, de alta tecnología, de agresión y subyugación, de totalitarismo, bajo el aplauso de los oprimidos, que se creen liberados, con drogas y “amor” “libre”. ¡¡¡¡¡Se requiere rebelión, rebelión, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…!!!!!

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1 comentario

  1. Es la mas pura verdad, gracias por estos 14 años! y nuestros tres hijos maravillosos, tan maravillosos como tu!

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