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Monthly Archives: agosto 2014

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La claudicación de la clase media II: veneingleses capitalistas

Una amenaza: en el desastre actual, cree que la solución es economía liberal, un mono con una hojilla

Dagget y Bane, después de hacerse con las acciones de Bruce Wayne, a la manera capitalista. De hecho, en la película, este es el símbolo vivo del capitalismo

Dagget y Bane, después de hacerse con las acciones de Bruce Wayne, a la manera capitalista. De hecho, en la película, este es el símbolo vivo del capitalismo

Hay otra versión de los veneingleses, los capitalistas bravos y comprometidos, puede que les importe Venezuela, puede que no, lo que indudablemente gana su adhesión total es el capitalismo. De hecho, si les importa Venezuela, normalmente, es por alguna función de esta ideología.

Éstos tienen costumbres extraordinarias, les gusta hablar de trabas a la actividad económica, todo mal del mundo es una traba a la “libertad” (entendida como ausencia de trabas) económica. Son fuertes gnósticos y maniqueos: el mal es el socialismo, esto es, todo lo que no sea total cart blanche, licencia para matar, para los más poderosos de entre los empresarios; y el bien es el contrario. Y las “trabas” son como la corrupción total de la materia y el mundo según Valentiniano o Basílides (gnósticos pseudo-cristianos del siglo II); y la “libertad”, así como su “ciencia”, es decir, la economía liberal-capitalista, son como la total numinosidad de la gnosis y el Pléroma original; y entre ambos no hay términos medios ni concesiones.

El mundo estará bien si se logra la libertad económica: la apertura de una puerta franca para que los empresarios hagan lo que les dé la gana; que no haya controles de precios, impuestos a los ricos y a las actividades comerciales e industriales, que nada sea público, que no haya estabilidad laboral, que los sindicatos estén prohibidos y desprestigiados, que no haya sueldos mínimos protegidos por el gobierno, que no haya supervisión estatal de la estructura de sueldos, de los ambientes laborales, de la jornada laboral, de los precios de las mercancías, que los jueces nunca se entrometan en las relaciones de los empresarios con el resto de la sociedad, sino para darle la razón a ellos, que el gobierno sólo sirva para dar créditos a los empresarios, proteger sus ganancias (Locke), velar por su correctas relaciones (salvo que uno sea tan poderoso que pueda, sin aspavientos, comerse a los más chiquitos). Hugo Farías, veneinglés superlativo, llamaría a esto la plenitud de la libertad.

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La claudicación de la clase media

En un colegio católico, le dije a un muchacho: “canta el himno nacional”, y se lanzó: “ooh, say, can you see?”; le dije que cantara el Gloria al bravo pueblo y me respondió: “¡qué raya!”

Un veneinglés, un yuppi cualquiera, en la esquina de los bolsas sin valores, en El Rosal, 1992

Un veneinglés, un yuppi cualquiera, en El Rosal, 1992

Don Mario Briceño-Iragorry escribió La traición de los mejores, sobre las manipulaciones egoístas de los venezolanos con mayores dones de la Fortuna, de la oligarquía caraqueña y valenciana, que se arrimaron siempre al poder, que beneficiaron al tirano, al hombre fuerte que se asomaba en el horizonte, para moverlo hacia sus propios fines. Nuestro más grande intelectual del siglo XX (muy posiblemente, segundo sólo de Bello, en la totalidad de nuestra historia), nuestro más grande historiador, asegura que eso se manifestó desde los tiempos de Páez, hasta el día en que escribió tal obra, pasando por los intelectuales positivistas y los potentados de la primera parte del siglo XX, lisonjeros de Castro y Gómez. Hoy hay que dirigirse a otro fenómeno, uno de no menor importancia, sobre todo en la Venezuela petrolera, en la que se abrió una brecha inmensa para que millones alcanzaran en oportunidad de crecimiento personal a aquellos pseudo-aristócratas de antaño (aristos, significa ‘mejor’, en superlativo, y ésos no califican para el título). La claudicación de la clase media es un nuevo aspecto del drama nacional.

Wall Street, Gecko y Fox, ídolos de los veneingleses

Wall Street, Gecko y Fox, ídolos de los veneingleses

En otras ocasiones, he hablado de los otros dos rasgos más devastadores: la marginalidad cultural ilustrada (cáncer que invade, hoy por hoy, a todo el cuerpo social y que se erige como epidemia mundial) y, peor aún, la ceguera de los responsables frente a esta catástrofe humanitaria, vergüenzas para la especie humana.

La claudicación de la clase media. La misma, que yo sepa, ha tenido una violenta mutación; o, más bien, la cepa original ha crecido y tomado rasgos que no eran evidentes o necesarios en su etapa incipiente. En los años 70, con los orígenes de Fundayacucho, la claudicación era un asunto de talleres de orientación sobre vocación profesional. No hubo gente de clase media que tomara la senda de las carreras sacrificadas y que constituyen apostolados, religiosos o civiles. Los jóvenes de clase media, en la época de la hecatombe hippie, se mandaron más por el lado de la búsqueda del dinero fácil, de las carreras en las que “hubiere”, las que fueran puentes de fortuna. La deserción fue, a todo efecto relevante, total. Ya no hubo curas, militares, maestros, funcionarios públicos, jueces, provenientes de sus filas. Apenas los médicos, obligados por el “rural” de ley, ejercían un servicio “desinteresado” a su patria. Las consecuencias no son de menor alcance. Esos puestos quedaron desiertos, sólo los peores promedios del bachillerato terminaban, por ejemplo, en las aulas de las escuelas de educación; sólo gente (de valor, sin duda) procedente de estratos bajos, escapando de la marginalidad, llegaban a esas posiciones, muchas veces, provenientes de establecimientos educativos públicos, deficientes, que no tenían la calidad de los privados, en especial, de los mantenidos por órdenes religiosas. Quizás, la ola de modernismo en la Iglesia haya tenido alguna influencia, ya los curas no estaban transmitiendo el amor cristiano con vocación de servicio hasta el martirio, sino, tal vez, alguna versión de Freud, mezclado con Marx, Heidegger y algún hijo de Comte. Pero eso no puede ser todo, pues, en otros países, la Iglesia recibió los mismos embates y la gente no abandonó a su patria de manera tan cruel: los nuestros estaban ahí, sólo porque había oportunidades infinitas de hacerse millonario, sin muchos inconvenientes. De ahí a la corrupción, el paso era corto. Pero de eso se tiene que hablar más tarde.

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