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La Sociedad de los Poetas Muertos: Percy Shelley vs. Cristo y el logos menor, el colegio, la tradición, los papás y todos los que se vengan

Cristo, Logos mayor, Sabiduría creadora y salvadora, y su aliado, el logos menor, orden del universo y ley natural del corazón humano, son bochados por el poeta revolucionario, en esta obra maestra del cine, que los presenta como tiranos, antipáticos y brutos, obtusos

La apoteosis de Keating, su encumbramiento, señal de su victoria: había "liberado" a los muchachos

La apoteosis de Keating, su encumbramiento, señal de su victoria: había “liberado” a los muchachos

Se abre la cámara y reluce el horondo estandarte: TRADITION, el más importante de los pilares de la gran escuela de Welton, en los Estados Unidos. Su director va a inaugurar el año escolar y comienza preguntando: “¿cuáles son los cuatro pilares?”, “tradición, honor, disciplina, excelencia”. Se trata de un colegio centenario, que manda a sus estudiantes a universidades de la Ivy League, la liga universitaria de la Nueva Inglaterra, Harvard, Yale, etc., lo más prestigioso entre las clases dominantes de los Estados Unidos. Éste es el escenario de La Sociedad de los Poetas Muertos (DPS), la película dirigida por Peter Weir y escrita por Tom Schullman, de 1989.

Como siempre en Hollywood, se comienza por las presentaciones de rigor. Los personajes: profesor John F. Keating (símbolo de lo “decente” de los 60, Robin Williams). Muchachos: Neil Perry (Robert Sean Leonard), Todd Anderson (Ethan Hawke), Charlie Dalton-Nuwanda, Knox Overstreet, Cameron (the rat), Meeks, Pitts. Mr. Nolan. El profesor de latín. El papa de Neil (Kurtwood Smith). Otros muchachos de la clase: relleno. Chet Danbury (hijo de unos amigos de los papás de Knox Overstreet). Chris (novia, prometida, de Danbury, que Knox Overstreet se lanza a conquistar).

Para los muchachos, el colegio es Hellton (juego de palabras: hell, infierno, por Well, bien) y sus cuatro pilares: excremento y otras cosas así, que sonaban parecido a los verdaderos: “travesty (farsa), horror, decadence, excrement”. Estudian: química, un fastidio; latín, mecánico; trigonometría, el fastidio mecánico. El colegio Welton está en una pradera increíblemente bella, tiene una construcción de arquitectura convencional, aunque muy bonita, con una torre gótica, a la que le sacan un resaltante primer plano, al principio de la película; por dentro, los detalles son góticos. Es un colegio de ricos gringos, pero sin Dios ni Cristo, que no es nombrado en toda la película; mientras que no hay ningún símbolo religioso, rezan una sola vez. En una oportunidad, Keating, cuando están arrancando la introducción del libro de poesía, dice: “no se irán al infierno, no es la Biblia”: una de tres referencias directas al Dios, al Dios verdadero, en la película… Pero, no obstante eso, Él está en todo el ambiente; y hay referencias a divinidades otras, por todas partes. Los malos de la película, en realidad, son Welton, en cuanto institución, su espíritu, sus cuatro pilares, Tradición, en especial, y los papás, que quieren decidir un destino capitalista-convencional para sus hijos. El papá de Neil es el prototipo del papá tirano-bruto: él llega a editor del periódico del colegio, pero el viejo lo obliga a dejar el puesto, porque se tiene que concentrar en sus materias, para llegar a Harvard, de donde saldrá médico; tiene que hacerlo, no obstante que él saca, de todas maneras, puras Aes en todas las materias. Overstreet y Dalton se burlan y Neil replica: “sí, está bien, señor futuro abogado y señor futuro banquero”.

Así se presenta un primer grupo de personajes de referencia, incluido el colegio Welton para señoritos. Viene la segunda parte de las presentaciones, la más importante: el profesor John F. Keating, maestro de literatura, de poesía. Luego de un paseo por las “TRADICIONALES” clases de Hellton, se presenta a los muchachos en un salón de clases, con un cuartico, una especie de sacristía académica, a un lado del estrado del profesor. De ahí sale, de manera calculadamente tardía, silbando, el profesor Keating. Atraviesa de lado a lado, en diagonal, el aula y llega a la puerta, la cual atraviesa. Todos están desconcertados, mirándose las caras. A los pocos segundos, Keating reaparece: “¿qué esperan?, vengan”. Se paran frente a una pared llena de retratos de cursos del pasado, antiguas promociones de Welton, escuela más que centenaria, como recordó el Mr. Nolan en el acto inaugural del curso: “el mejor colegio de los Estados Unidos”. Vienen, claro, con sus libros de poesía. Keating se presenta: “yo soy el Capitán, si se quieren dirigir a mí, deben llamarme de esa manera”. Walt Whitman se dirigía a Lincoln de esa manera: “Oh, captain, my captain”; los muchachos debían decirle así a Keating: “oh, capitán, mi capitán”.

Keating pone a Pittsie a leer un poema: “Para los vírgenes, para que aprovechen al máximo el tiempo”, de Byron (muy apropiado, dice Keating): “gather the rosebuds while ye may, that old time is still a flying, and that flower that smiles today tomorrow will be dying”, “regojan los capullos mientras puedan, que el viejo tiempo todavía vuela; y esa flor que sonríe hoy mañana morirá”. La primera lección de poesía es, a la misma vez, una lección de moral, porque es también una lección de antropología; y, al desplegarse con la película, será una lección de teología y de política. Keating, de verdad, iba por todo: “this is a battle, a war, and the casualties could be your hearts and souls”, “esto es una batalla, una guerra, y las víctimas pueden ser sus almas y sus corazones”, dice en una clase. La moraleja del poema no es que el autor estuviera con prisa (por acostarse), como dice el impetuoso Charlie Dalton, no, sino ese viejo adagio al que se enfrentó San Pablo: “comamos y bebamos [y forniquemos], que mañana moriremos”: carpe diem, aprovechen el día. Los muchachos de las fotos, ahora no son almas del Cielo (o del infierno), son “fertilizante bajo tierra”, a la manera de los funerales ecológicos; son “comida de gusanos”. Así, pues, “carpe diem, aprovechen el día, muchachos, hagan de sus vidas algo extraordinario”. Es 1959, un año antes del comienzo de la década en que tuvo lugar la revolución sexual, el poema leído es del pornógrafo Byron, los muchachos de las fotos están, como los discípulos de Keating, “llenos de hormonas”. “Algo extraordinario”: “vayan emprendan le revolución, rebélense, abandonen a sus papás y a Welton…”. Ya se desplegará más…

Los muchachos lo ven raro, pero interesante. Todd lo ama desde el principio… al igual que Charlie.

***

Knox Overstreet va a una cena casa de unos amigos de sus padres, los Danbury, unos ricos locales, con un hijo de su edad, Chet, rey del fútbol americano. “Qué fastidio”, al parecer. Peeeeroo, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, Dios”. En casa de los Danbury está Chris, “la muchacha más bella que he visto en mi vida, estoy completamente enamorado: ella… será mía”, anuncia. “¿La viste desnuda?”, pregunta Charlie. Y todos se quedan admirados: ES LA NOVIA DE CHET DANBURY, rey del fútbol americano. Carpe Diem!!!

***

Segunda clase de Keating. La introducción al libro de poesía del doctor J. Evans Pritchard. Se trata de un estudio positivista, fuertemente tal, respecto de la importancia, la perfección y la grandeza de un poema, con base en parámetros supuestamente matematizables y susceptibles de interpretarse como funciones y de graficarse en coordenadas cartesianas. Keating da el veredicto, como los pilares de Hellton, ese estudio es “EXCREMENTO”. Welton dice: excellence, los muchachos dicen excrement: ésa es la palabra que usa Keating: en una película sobre poesía y revolución, en que excellence va asociada a tradición, y excrement a revolución, por supuesto, esto no es casualidad. Los muchachos tenían que arrancar del libro a J Evans Pritchard, Phd., no debían temer, no irían al infierno, no era la Biblia (esto tampoco es casualidad, en el suspiro antes del alarido revolucionario, con el movimiento de los derechos civiles ya rugiendo en el trasfondo, la mención a la Biblia está preñada de sentido, en esta película atea, nihilista). Y lo más potente es la asociación, a la manera típicamente revolucionaria, de fenómenos contradictorios, pero que tienen en común el ser del DISGUSTO del revolucionario: la Biblia y el positivismo reunidos en la TRADICIÓN, que es EXCREMENT: toda una belleza…

Luego, Keating le informa a sus pupilos: las ideas cambian al mundo, por eso se debe estudiar poesía, no porque sea “linda”, sino “porque somos miembros de la especie humana y el ser humano está lleno de pasión, porque la medicina, la administración, el derecho [las carreras de sus tres alumnos que hablaron de su futuro], la ingeniería, son quehaceres nobles, sólo necesarios para mantenerse vivos. Pero la poesía, la belleza, el romance, el amor, son las cosas por las que vivimos. Nos preguntamos, como lo hizo Whitman, ‘¿por qué yo, por qué la vida?, éstas son las preguntas que siempre surgen. De los trenes infinitos de los sin fe, de las ciudades llenas de los necios, ¿qué bien hay en esto, en mí, en la vida?’ La respuesta: que estamos aquí y la vida existe y la Identidad; y porque una poderosa obra se escribe y tú puedes escribir un verso, una poderosa obra se escribe y tú puedes escribir un verso, ¿qué verso quieres ser tú?” Después de todo, no es tan nihilista la película, hay sentido de la vida, es la vida misma, que nosotros estamos vivos y que cada uno es cada uno, idéntico a sí mismo, nada fuera de la vida es sentido de la vida. La conclusión posterior: es una vida con la nada como sentido, esto es, una vida que afirma el sentido en concordancia con el nihilismo, que lo niega; pero, eso sí, es una vida bella y poética y romántica, una vida humana, llena de pasión… Después se preguntan que por qué Sartre dijo que el hombre es una pasión inútil… No sólo es nihilismo, es un nihilismo presentado en una contradicción tras otra.

El profesor de latín se ha hecho amigo de Keating, se sientan juntos en el comedor del colegio y conversan mientras almuerzan. Cuando estaban arrancando a Pritchard, este profesor entró a poner orden, creyendo que era una tremendura de muchachos sin vigilancia, cuando era asunto de Keating. En el almuerzo de ese día, luego de las oraciones, el latinista le pregunta por eso al literato. Aquél cree esto imprudente, los muchachos se ilusionarían y eso es peligroso. Keating le dice cínico y que los sueños son lo que LIBERA… ¡lo que LIBERA!, ¡El tema, el tema de la revolución! Y la revolución estaba por llegar al colegio para señoritos Welton…

***

En el mismo almuerzo, Neil llega con un anuario viejo: de la época de Keating en Hellton. En él destaca que era capaz de cualquier cosa y parte de la Sociedad de los poetas muertos. Le preguntan, luego, qué es eso. Primero, algo que no agradaría a la administración presente de Welton. Segundo, un grupo de muchachos que se reunían a leer poesía, a los clásicos, puro revolucionario: el porno Shelley, inspirador de los beats y, por tanto, de la revolución de los 60, Thorueau, Whitman. Pregunta-exclama Overstreet: “¡¿un poco de tipos leyendo poesía?!” “NO, sólo un ‘poco de tiiipoos’, ahí los espíritus se elevaban, las mujeres se desmayaban, se creaban dioses, se chupaba la médula a la vida”. NADA MAL”. No, nada, concuerdan estudiantes y profesor. Era un grupo de románticos; no era, eso sí, una “sociedad griega”, ¿una fraternidad tradicional universitaria gringa, quizás, o una referencia directa a la cultura clásica, símbolo de la tradición, se tratará de un referencia compleja, que incluye ambos blancos? Muy seguramente, esto último sea la respuesta.

En la cueva del indio, los poetas crean dioses, elevan el espíritu, subvierten la realidad

En la cueva del indio, los poetas crean dioses, elevan el espíritu, subvierten la realidad

Neil funda la nueva DPS y hace que los demás accedan a adherirse a la misma. En la noche, se escapan y comienzan esa sociedad secreta. Se reúnen, usando un ejemplar de un libro sobre “Cinco siglos de poesía” con el poema de Thoreau normativo de la Sociedad antigua escrito a mano en la primera página: “yo fui al bosque para vivir deliberadamente, para vivir profundo y chuparle toda la médula a la vida; para sacar todo lo que no fuera vida, para no tener que mirar atrás, al morir, y ver que no había vivido”. Perry, Dalton y Anderson adoran a Keating, cada uno a su manera. Dalton va a la reunión, liberándose, como él creía que satisfaría al profesor: llevo un poema propio, escrito en el Centerfold de la Play Boy de ese mes. Era, pues, una sociedad secreta, subversiva, en forma: a lo Massini y a lo Marx del manifiesto comunista. Termina la reunión con la lectura de un poema, con acompañamiento de tambores: visiones de un rebelde en una vida salvaje en el Congo.

***

Volvemos a clases de Keating… a las increíbles clases de Keating, que no son de poesía, son de filosofía: “¿Para qué es el lenguaje?”, “¿para comunicar?”, “No, para ‘levantar’ mujeres”: increíbles clases de Keating; ¿de filosofía?, nooo: de ideología revolucionaria. Son como aquéllas de las que hablaba Platón, las de los sofistas, como la de aquéllos que eran como demagogos con caramelos para infantes: no cabe duda, entre éstos y un médico, con medicinas de sabor horrible y cauterios dolorosos, por quién se decantarían los niños de las siguientes décadas, cuando los Keating, los Sartre y los Reich del mundo se convirtieran, en colegios, universidades, revistas, televisión y el cine, en los maestros de, hasta ahora, tres generaciones de hombres occidentales. Al final, invita a sus muchachos a subirse a un escritorio, para ver el mundo desde un punto de vista distinto: “cuando crean que saben algo, véanlo desde otro punto de vista”: no se engañen, no hay verdad, hay perspectivas nietzscheanas… Y, al leer un texto, nos informa a todos, a nosotros, los espectadores, a sus alumnos de la sala de cine, así como a los ricos de Hellton, al leer, no hay que ver qué dice el autor, qué piensa, cuál sea “su punto de vista”, tenemos que ver qué pensamos nosotros. Como en las clases de exégesis textual en los últimos treinta años: no hay texto, no hay naturaleza, no hay leyes, puede haber una constitución, pero en ella, cada quien lee lo que quiera. Como en la sentencia Planned Parenthood vs. Casey (1992), de la Corte Suprema de los Estados Unidos, la definición máxima de la revolución cultural: “en el corazón de la libertad está el derecho a definir el concepto propio de la existencia, del sentido, del universo y del misterio de la vida humana”: somos dios, después de todo, no hay una realidad consistente que nos detenga: no hay texto, lo que importa es el punto de vista de cada quien. Y el lenguaje no es un asunto de comunicación, sino de seducir mujeres: “increíbles clases, es verdad, Platón, es verdad, arzobispo Fulton Sheen, cualquier muchacho, sin un papá preparado para el huracán, preferiría esto a tener que esforzarse por conocer y conformarse al orden consistente de la realidad toda”…

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Aquí viene una de dos partes poéticas. Unas tomas panorámicas, acompañadas de música, no de fondo, sino protagonista. Todo empieza así: Meeks y Pitts ponen a funcionar un radio de transistores, armado por ellos. Al comenzar el rock and roll, Meeks anuncia: “let’s free America”, “vamos a liberar a Estados Unidos”. El siguiente liberado, luego de Charlie Dalton, es Neil Perry, que decide actuar, aunque su padre le hubiera prohibido realizar actividades extraacadémicas: aplica para participar en Sueño se una noche de verano, de William Shakespeare: carpe diem. Es libre, su papá ha sido señalado como el enemigo… por supuesto, ese tirano… Por su parte, Todd, el apocado, será liberado también, Keating lo liberará.

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En una de sus increíbles clases, Keating lleva a los muchachos a patear balones de fútbol-soccer mientras leen versos de poemas famosos. Charlie es el único que lo hace bien, sin complejos, como el liberado que era: chuta y grita con potencia, liberándose aún más, “¡¡¡debo ser un verdadero dios!!!”…

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Neil obtuvo el papel de Puck; y lo va a interpretar haciendo trampa, falsificando una autorización de su papá: muy liberado, un completo libre, el muchacho…

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La liberación de Todd. Keating ordenó escribir poemas para leer en clase en voz alta. Knox se inspira en Chris, novia de otro. Pasan a leer otros y, por fin, Keating hace que Todd Anderson se levante. Él intentó escribir algo, pero, como a todos los apocados, le parece que todo lo suyo está exento de valor. Keating lo va a liberar a la manera en que Carl Rogers liberaba a sus presas, perdón, clientes, perdón, pacientes, por aquella época. Lo primero que tiene que hacer es gritar, literalmente, dar un alarido, para desinhibirse. Aunque cuesta esfuerzo y maña, Keating lo logra, Todd grita y ahí empieza todo. Luego cierra los ojos y describe a Walt Whitman: un loco de dientes babeantes, que dice verdades, verdades de nuestra precaria condición, a la que nunca alcanzan sus recursos, que es indigencia… Todd, poeta, lleno en su interior de este tipo de poesía existencialista, es LIBRE…

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La apoteosis de Keating. En un partido de fútbol, un equipo está integrado, entre otros muchachos, por todos y cada uno de los integrantes de la DPS. Suena el himno a la alegría de Beethoven, no en el fondo, como protagonista: el romántico Beethoven es asociado a los poetas contemporáneos Shelley y Byron. Keating ha alcanzado su altura, luego de liberar a Perry, Dalton y Anderson. Sus alumnos lo cargan en triunfo por toda la bellísima pradera de Welton-Hellton. De ahí arriba, sólo puede caer. Dalton comenzaría el tortuoso camino…

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En el auditorio de Hellton. Mr. Nolan está enfurecido. Alguien usó el periódico del colegio para introducir subversión. Un

Una llamada para Mr. Nolan: es Dios, dice que tiene que subvertir el colegio

Una llamada para Mr. Nolan: es Dios, dice que tiene que subvertir el colegio

desubicado ha pedido que acepten mujeres en Welton. La investigación será exhaustiva, promete el director. Suena un teléfono, atiende Charlie: “Mr. Nolan, es para usted, es Dios, dice que acepte mujeres en Welton”. La tercera reunión de la DPS nos presenta a un Dalton tocando el saxofón y recitando su poesía: “hay que hacer, ser, más”. En la cuarta, Charlie está desbocado: se presenta con un par de muchachas bastante mayores, que deben ser aceptadas en el club, y se cambia el nombre: Nuwanda. Había que hacer más, iba a cambiar al colegio, como a la sociedad secreta; como en los clubes y salones subversivos de los siglos XVIII y XIX, en la DPS hay un aire de irrealidad, que hace que la gente crea que todo es posible. Knox se inspira y decide llamar a Chris, que lo invita para la fiesta de cumpleaños de Chet Danbury. Charlie se lanza de cabeza contra Welton… Su confesión es seguida de un interrogatorio de Mr. Nolan, dándole porrazos y exigiendo respuestas: “¿quiénes conforman la DPS, a qué se dedican, quién los alentó?” Neil y los demás están aterrados, llega Charlie, le preguntan: “¿qué les dijiste, Charlie?”; “maldición, Neil, mi nombre el Nuwanda”; sonrisa cómplice y todo sigue bien: el secreto está a salvo.

***

Otra increíble clase de Keating. Unos muchachos caminan por un patio, a la manera militar, con ritmo, todos iguales. Keating los apabulla, hacer eso es ser un borrego, “un gregario”, dirá Nietzsche, en Humano, demasiado humano. Hay que ser no-conformistas, inconformistas, no pueden dejar que nadie les diga que nada que hagan sea “baaaaad!”, “maaaaaaloo”. Los invita a todos a caminar según sus propias maneras, buscando su paso. Se lanzan a hacer como gallinas, perros, caballos y quién sabe qué más. Platón se habría deleitado como nunca: después de todo, esto era una confirmación radical de la más importante de sus prescripciones políticas: no se debe cambiar las reglas de la música, un cambio de un centímetro trae fuertes alteraciones a las sociedades. Santo Tomás lo sabía también. Más tarde, lo averiguaron los “progresaos”: Nietzsche, Reich, el partido comunista ruso (que mandó a todos los comunistas del mundo a producir música revolucionaria, sin la que no hay revolución, en 1927)… Charlie Dalton era totalmente libre, no salió a caminar, era el menos borrego de todos. La revolución estaba en camino…

Knox Overstreet estaba muy revolucionado. Va a la fiesta de Chet Danbury, que parecía más una fiesta de los años 70 u 80; se deja emborrachar por dos compañeros de este último y termina aprovechándose de un descuido y besando a una dormida Chris. Lo capturan y le dan una paliza…

***

La tormenta comienza a formarse, los elementos empiezan su conspiración. Después del episodio de Nuwanda y la admisión de las mujeres en Hellton, Nolan visita a Keating en su minúscula oficina. Lo recrimina, le pregunta por la clase de caminata en el patio, deja ver sus sospechas sobre la DPS, le recuerda que los muchachos son impresionables y que el colegio busca TRADICIÓN, que, en este caso, se asocia a DISCIPLINA. En la escena, estos dos pilares, asociados, se contraponen a no-conformidad, en la boca del mismísimo Keating. Éste, además, está consternado, por la reprimenda a la que está siendo sometido… Keating está bajo la lupa, está señalado, cualquier resbalón, cualquier pretexto, le traerá problemas. Por eso, va y visita a Dalton; no le pone preparo, no, le advierte que tiene que ser astuto, que hay tiempos para la audacia, para la temeridad, y tiempos para asechar como el predador. Además, si lo expulsaran, no tendría la oportunidad de asistir a sus clases: ja-ja-ja… un poco de humor revolucionario, para que se vea que a la revolución corresponde la alegría.

Mr. Perry captura a Neil. Una amiga le pregunta por la participación de su hijo en la obra. Se queda mudo, ha sido avergonzado, desobedecido y engañado, falsificando su autorización. “Fue Keating, ¿no?, él te puso en esto”. “Tengo puras Aes, ¿cuál es el problema? Además, la obra es mañana, no puedo renunciar” “Yo te digo cómo se hace: renuncias ya, renuncias y ya, punto”…

***

The downfall, cae Mr. Keating. Neil va a su oficina a pedirle consejo a Capitán, que vive como un monje. Keating está en Hellton y no en cualquier otro lado porque es un santo de la generosidad y la cultura: “ama enseñar”. El muchacho plantea el problema, su malvado papá, el plan sobre su vida… “Enséñale quién eres, muéstrale tu pasión; si no entiende, ya saldrás del colegio y te irás”: rebélate, libérate, quítate de encima a ese tirano. No hay una palabra de piedad y de agradecimiento al padre, eso es blasfemia, en labios revolucionarios: Dios, patria y padres no merecen nuestro respeto, esos símbolos de la tradición, de la moral, de nuestra dependencia, de nuestro no ser dios, de nuestro no ser los amos del universo, del orden del mundo, de la disciplina… de la CONFORMIDAD, de que la verdad no depende de mí ni de MI PASIÓN… Rebélate, manda bien lejos a tu papá. Mientras tanto, astucia, paciencia, ya vendrán tiempos de audacia… Hubiera empezado por ahí… ¡¡¡aaaah, noooo, no podía!!!, habría hedido a imposición del orden, a querer imponer su paso, a obligarlos a la conformidad: la contradicción en el corazón revolucionario: no hay orden, por eso Stalin tiene que castigar…

Knox sigue en su vía de liberación revolucionaria: va y le lee un poema a Chris en su colegio, está determinado a bajar del burro a Chet, hijo de los amigos de sus padres…

Neil decide llevar hasta el final la mentira. Actuará en la obra. Mientras tanto, sus compañeros se preparan para ir a verla al teatro. Todd ya se muestra liberado, conversador y participativo, hasta haciendo bromas y dándose de trompadas con los otros en el baño. Charlie, perdón, Nuwanda se pinta un símbolo de la “virilidad” en el pecho, que volverá locas a las chicas: el papi castigador. Chris aparece en Welton, le va a pedir a Knox que la deje… que Chet lo va a matar: ha caído el pajarito y va a asistir a la obra, de pareja, con su liberado poeta muerto…

En el teatro, Neil arrasa, es un Pacino o, quizás, un Kenneth Branagh en ciernes. Tenía la vana esperanza de que su papá se hubiera marchado a Chicago. Vanidad y soplo de viento: el papá se aparece en el teatro; y espera, con una resolución ya tomada… Neil continúa y llega al último parlamento, que parece a propósito para su situación presente: “si hemos hecho algo mal, enmendaremos, perdónennos…”. No serás perdonado: el tirano de su papá se lo lleva y le anuncia que el plan ha cambiado, que su estupidez forzó su mano, que sus estudios se alargarán otro número de años. La mamá, otra víctima del papá tirano-bruto, de esta sociedad patriarcal, que deberá también ser liberada, llora impotente. A Neil no le queda otro remedio: coge el revólver de su papá y se lanza una descarga en la boca. La promesa del señor Perry ha cegado su vida… y todo por su tirana culpa, perverso.

Se instala una “investigación exhaustiva”, que no es más que una casa de brujas para desviar la responsabilidad de Hellton y su TRADICIÓN-disciplina-excremento y su falta de honor. El papá tirano-bruto también la necesita, exactamente por las mismas razones. Aquí, la DPS sufre otra deserción, Cameron ya no se maneja en solidaridad con sus amigos, es un maquiavélico juvenil, una rata, que venderá al club, para salvar su pellejo, piensa Charlie, perdón, Nuwanda. No iba tan descaminado, sólo que el objeto no era ningún muchacho, sino Keating, “el mismísimo Capitán”, que llevó a Neil al suicidio, con toda su porquería. Nuwanda no aguanta la injusticia y le cruza un gancho de derecha: Nuwanda está expulsado. Otra baja para la DPS. Cuando termina la investigación, con la pesada mano de Mr. Nolan, de Hellton y de los tiranos papás, la sociedad ha sido reducida a cenizas y todos vendieron a Keating, el liberador revolucionario.

***

La reivindicación. Nolan asume interinamente las clases del caído Keating. Del libro de poesía, sólo han visto a los románticos, los

La victoria final de Keating, el triunfo de la libertad, mi capitán

La victoria final de Keating, el triunfo de la libertad, mi capitán

trascendentalistas (-abolicionistas) y poco más, saltando mucho de lo que el mismo compila. El profesor decide comenzar desde el principio, desde la introducción de J. Evans Pritchard, Ph.D. Llega Keating a buscar sus cosas, Nolan le permite pasar: craso error. Cuando va de salida, Todd Anderson explota y le asegura que él nunca quiso firmar la declaración que lo incriminaba, pero que lo habían obligado; Keating trata de responder, pero Nolan ahoga todo gesto, por ahora… Keating enfila para la puerta del salón, cuando Todd Anderson se encarama en su pupitre y dice en voz alta: “Oh, Captain, my Captain”, Nolan estalla, sin ninguna consecuencia, Knox Overstreet sigue a Anderson y luego una serie de otros muchachos, más de medio salón, ante la mirada atónita de Cameron y del tirano Nolan. Keating agradece: “gracias, muchachos, gracias”. Escena emocionante, la liberación tuvo lugar, las almas y corazones de sus pupilos triunfaron, Keating es reconocido. Y, mientras, por el momento, todo parece que su victoria no llegaría lejos, en el horizonte se preparaban nubarrones sobre la cultura, nubarrones que presagiaban un futuro mundanamente brillante para ese profeta John F. Keating…

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