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Dos Caballeros de la Noche surgen: Batman y el Hombre Nuevo

Batman surgió de la virtud; el “hombre nuevo” de algo muy distinto

Batman: justicia en sentido general, virtud orientada al bien común, y piedad heroicas: un caballero heroico

Batman: justicia en sentido general, virtud orientada al bien común, y piedad heroicas: un caballero heroico

Estoy en meditación. Cualquiera cree que estoy durmiendo, debo ser un mendigo, viviendo debajo de un puente, durmiendo en la plaza pública. La procesión va por dentro. Un amor a la verdad, al orden, a mis hijos, a mis estudiantes. ¿Qué será lo mejor, qué será? “Ya les mostré lo que fue la revolución sexual, la revolución sex, drugs and rock and roll: Forrest Gump y Jenny; ya han probado algo de la gran mentira del materialismo contemporáneo y qué pude significar hoy una verdadera li-be-ra-ción: The Matrix; el capitalismo ha sido presentado, con toda su vaciedad: Wall Street; el new age y la caída de la religión ‘subjetiva’ tendrán su exposición en Avatar; la música revolucionaria ha sido develada, con algo de su historia. Falta una buena probada del comunismo, para que tengan un cuadro medianamente completo de Nuestro Tiempo, de lo que es ‘contemporáneo’ de la cultura contemporánea. Han oído hablar de ideologismo y de los beats y de Kinsey. Necesito una buena presentación del comunismo: The Inner Circle, del ganador del Oscar Tom Hulce, ¿servirá? ¿O será mejor The killing Fields?”.

Por ahí revolotean mis pensamientos: The Inner Circle da una semblanza personal

Éste es el paso triunfante de los hombres nuevos, de esos caballeros oscuros: el paso de los campos de la muertes, de los campos de exterminio

Éste es el paso triunfante de los hombres nuevos, de esos caballeros oscuros: el paso de los campos de la muertes, de los campos de exterminio

e íntima de Stalin y su círculo más cercano, su crueldad universal, dirigida no sólo a los millones que aniquiló en hambrunas inducidas, en su alianza con Hitler para iniciar la Segunda Guerra Mundial, en los campos de esclavitud y exterminio, sino, incluso, a sus más allegados colaboradores, su gusto por humillarlos, por, eventualmente, hacerlos correr la suerte de los ‘enemigos del pueblo’, el destierro al Archipiélago Gulag, como lo llamó Solzhenitsyn, su aniquilación, por cualquier asunto, sin descartar los humores. Es como dijo Hannah Arendt de Hitler: el totalitarismo es como un ejército de ocupación: la arbitrariedad, el odio, el no ver ningún bien en la sociedad que se domina al propio antojo, ésa es la ley, un caos en el que cualquier bien puede terminar arrasado, como si fuera quemar un fósforo o dejar caer la ceniza del cigarro consumido. Es The Terminator: “con él no se puede razonar, no se pude negociar, él no siente dolor o remordimiento o miedo; y absolutamente nunca se detendrá hasta que estés muerta”.

The Killing Fields es otra opción excelente. En ella, se ven los horrores de los jemeres rojos, la milicia de Pol Pot, que asesinó, en 4 años a la cuarta parte de la población de su país, más de 2 MM de personas. En ella se ve en qué consiste una revolución cultural destinada a comenzar desde cero un país: la memoria es mala, quien recuerde algo bueno antes de la revolución, alguna existencia camboyana antes de la victoria revolucionaria está muerto; quien sea de edad para recordar está en peligro, de seguro, morirá tarde o temprano. Los niños son los “protagonistas”, ellos deben llevar adelante la revolución, chiquitos de 10 años, de 9, serán los asesinos de esos contrarrevolucionarios, de esos “memoriados”, sus padres… Los campos del exterminio son campos sin fin de arrozales, campos sin fin de cuerpos insepultos, podridos, campos sin fin de fosas comunes, sótanos de los campos de la muerte. Y uno recuerda a Quique, a monseñor Henrique Figueredo, actual Administrador Apostólico del sur de Camboya: ahí hay 10 millones de minas “sólo mata-gente”, esto es, bombas diseñadas para dejar lisiado, sin matar, para causar todo el dolor posible, condenando al mutilado a pasar por maldito ante todos sus vecinos. La película da la clave: como todas las revoluciones, la camboyana se comió a sus padres, después de comerse a sus hijos; como la francesa se comió a Phillipe Egalité, a Dantón, a Robespierre, después de aniquilar a media Francia y lo mejor de la tierra de Santa Genoveva… Como todos estos espasmos de negación del orden del mundo que son las revoluciones modernas y postmodernas del Occidente que abandonó a Cristo. La revolución camboyana, dice un comunista de la película, “no cree en el pueblo”; por eso se vengó, por eso puso las minas.

Tengo ejemplos de comunismo arrasador en el cine, ¿no es así? Ejemplos históricos, casos patéticos, testigos hablando, testigos vivos todavía hoy, imágenes frescas. Pero no me decanto por ellas. Tengo una exposición magistral, resumida, no patética, heroica y muy certera: Batman III: el Caballero de la Noche surge. El genio de Christopher Nolan se tomó el trabajo de apuntar una MÁS al orden civil. Después de que en Batman Inicia nos pusiera al Caballero que vence el miedo e impone la justicia con misericordia y generosidad por sobre la venganza, la privación de entrañas de compasión, de perdón y de segundas oportunidades; después de que, en esa primera entrega, nos mostrara el heroísmo de un líder social, Thomas Wayne, salvar a Ciudad Gótica o el de la hermosa Rachel a salvar a Bruce Wayne y precipitar su conversión en el símbolo incorruptible de aquél que usó su miedo contra aquéllos que se aprovechan de los débiles e indefensos para prosperar contra la justicia. Luego de que, en El Caballero de la Noche, siendo llevado al límite de la resistencia, sacrificando todo, le diera la oportunidad al pueblo de demostrar al más insensible malvado que la decencia es natural al hombre común, incluso en las circunstancias más extremas, que hasta el delincuente más desalmado puede mostrar piedad heroica… Christopher Nolan muestra a un Batman que ya esconde poco quién es su sujeto personal, el RICO Bruce Wayne, quebrado física y moralmente por la vida de heroísmo sobrehumano que se trazó, por una generosidad literalmente DES-comun-al y gigantesca, quiebra financieramente y revela que le importan un pepino las pequeñeces de los juicios del mundo, la fama, la gloria personal, la comodidad, incluso esta vida mortal, el honesto amor conyugal. Bruce Wayne es, sin dudas, recurriendo a su increíble piedad filial y ciudadana, un santo, esa piedad tendría que completarse con la religiosa, pero su sublimidad sólo puede reclamar esta última. Bruce Wayne es un santo, repito. Y en su última aventura como enmascarado encaró, enfrentó, a su peor enemigo, al más potente, al más traicionero, al que mejor lo conocía, al que surgió del sitio más inesperado, con el aliado más fuerte e invencible… Y Bruce Wayne tuvo que enfrentar una revolución comunista…

La película tiene, muy marcados, tres actos y un epílogo. El primer acto presenta el estado actual de los asuntos de Ciudad Gótica: 8 años de paz y prosperidad, basados en una ley dictada sobre la base del mito “Harvey Dent”, no construido sobre toda la verdad, sino, como sabemos, sobre una tergiversación. Gordon (Gary Oldman) tiene remordimientos, está solo y deprimido, está al borde de caer de su sitio como comisionado de policía. Bruce Wayne (Christian Bale), como dije antes, se encuentra sumido en la melancolía, quebrado moral y físicamente. El mal se ha reagrupado y parece ser dirigido por un tal Dagget, un empresario inescrupuloso, capaz de robar, así ROBAR, la fortuna de otros, sobre todo si son competidores. Gatúbela, Selina Kyle (Ann Hathaway), es una ficha mercenaria de Dagget, con una habilidad y un cinismo extraordinarios… en realidad, su cinismo es impulsado por un tremendo resentimiento, del tipo del que mueve a un marxista cualquiera y lo pone de manifiesto a Bruce Wayne, en un pequeño discurso en una fiesta en la que sucede que se encuentran (costará una enormidad a Batman redimir a Selina y, en ese proceso, proceso de perdones heroicos, como todo lo del Caballero, es donde parece transparentarse más que en ninguna otra parte el carácter cristiano de Batman): “tienes mucho, dejas poco a los demás, la pagarás”. Pero Dagget tiene un ejército, aparentemente mercenario, a su disposición, su jefe es un hombre extraordinario, de extraordinaria fuerza, habilidad y carácter: el enmascarado Bane (Tom Hardy)…

Pero Batman cuenta con aliados viejos y nuevos. Alfred (Michael Caine), a punto de no resistir más la presión de ver a su quasi-hijo lanzado a peligros que lo superan. El brillantísimo Fox (Morgan Freeman), su lugarteniente en las empresas Wayne, proveedor de todas las herramientas impresionantes de Batman. Ésos son los viejos. Los nuevos son Robin (Joseph Gordon-Levitt), John Blake, quien se desempeña como policía de Gótica y es ascendido a detective por el comisionado Gordon, para enfrentar el mal presente. Y Miranda Tate (Marion Cotillard), una empresaria que preservará empresas Wayne, una vez que Dagget le eche el guante. Y sólo resta mencionar a un personaje, al subjefe de policía Peter Folley (Matthew Modine), encarnación del tonto que cree que los tiempos horribles son equivalentes a esas circunstancias revueltas normales en toda sociedad, ésas que dan lugar al dicho: “río revuelto ganancia de pescadores”: los tiempos horribles son, como dice Gatúbela, no “río revuelto”, sino “TORMENTA”, huracán, que se llevará a muchos, sobre todo los desavisados, al torpe de Foley.

Alfred advierte a Bruce: Bane es un antiguo miembro de la Liga de las Sombras de Ras al Ghul, un tipo tan extremo que fue expulsado de la misma: y cualquiera que sea muy extremo para Ras al Ghul es una amenaza imponente. Es un niño nacido en el mayor y más oscuro abismo, del que emergió, cuando los más machos fracasaron: un rival más que extraordinario, fuera de lote. Alfred abandona, luego de tratar de disuadir a Bruce de enfrentarlo, revelándole la verdad sobre Rachel y su haber elegido a Dent por sobre Bruce. Fin del primer acto…

Segundo acto: la tormenta arrasa, Bruce Wayne se sume en las simas del mundo. Bane asalta Wall Street y toda la policía lo persigue, cuando Batman reaparece… El tonto de Peter Foley cree que podrá sacar rédito de atrapar al asesino de Harvey Dent. En vez de enfrentar la amenaza, una capaz de retar de semejante modo a toda la estructura institucional de Ciudad Gótica, a pesar de la advertencia de Robin, decide perseguir al “Caballero Oscuro”. Selina Kyle da a Dagget la pieza que le faltaba para desvalijar, desplumar y despalillar a Wayne y éste le paga dándole a conocer que su parte del trato, el limpiar su nombre, el excluirla de todo registro policial del mundo, es incumplible: ella también fue estafada. Pero ella es más fuerte, puede vengarse, si no fuera porque aparece Bane… Batman, quien con una nueva herramienta de Fox, un aparato extraño de transporte aéreo, The Bat, El Murciélago, evadió a la policía, llega justo a tiempo para salvarla de una muerte segura. Pero el daño estaba hecho…

Bane espera. Dagget toma los bienes de Wayne, salvo su casa. Pero Miranda interviene y se salvan, momentáneamente, la compañía y, principalmente, una fuente secreta de energía que Bruce tenía bien resguardada, que conlleva peligro, ya que su núcleo, inofensivo en sí mismo, puede ser transformado en una bomba de neutrones.

Estando así la situación, interviene Bane. Primero, se desembaraza del tonto de Dagget: “te pague una fortuna”; “¿Y tú crees que eso te da derecho sobre mí?”: le destroza la garganta… Luego viene Batman, que lo enfrenta y recibe de él más de una paliza: a golpes, lo acaba; le muestra que él es la venganza de Ras al Ghul, que destruirá a Ciudad Gótica; que tomó sus empresas, que tomó su arsenal y que tomará su reactor de energía, para convertirlo en bomba… Le quebró su espíritu, después de quebrar su cuerpo: él se preguntaba qué sucumbiría primero. Lo llevó al abismo del que él surgió; no lo mató, le hizo sufrir un gran dolor: vería a Gótica destruirse a sí misma y vivir de falsas esperanzas, hasta su completa aniquilación. Él restauraría, como decía Ras al Ghul, el equilibrio de la civilización. Luego de llevada a cabo su obra, le daría permiso para morir.

Es aquí donde empieza la revolución, todo se da con rapidez vertiginosa. Toman Industrias Wayne y el reactor, que transforman en bomba… de tiempo y con detonador. Hacen que la policía baje a las cloacas a atraparlos y las hacen explotar, dejando tapiados a miles de agentes del orden. Matan a centenares en un juego de fútbol americano, entre los que estaba el alcalde de Gótica. Tratan de matar a Gordon, pero éste escapa, ayudado por Robin. La bomba atómica es el instrumento de la liberación de Ciudad Gótica, de su “pueblo”, de eso que los comunistas llaman “pueblo”, esa entidad dejada a propósito en la nebulosa de la indefinición, para sacarle el máximo provecho como arma manipuladora.

Discurso revolucionario I, desde el campo de Fútbol: “tomen el control de su ciudad, libérense, somos los agentes de su liberación, nuestra herramienta es una bomba nuclear que estallará si nos obligan, pero no se preocupen, un miembro del ‘pueblo’ tiene el detonador. Libérense, rebélense, pero no se atraviesen en nuestro camino, que los libertadores pueden destruir a los liberados”. Ésa es la esencia.

Luego, suelta a los presos, a los que estaban presos bajo la ley Dent, a la que desprestigia leyendo la confesión de Gordon yyy… Discurso II: “Están ahí [en la cárcel] por una mentira, por un engaño. Vayan, obtengan lo que es suyo, lo que les quitaron los ricos, corruptos; destruyan esta cárcel, este símbolo de la opresión. Nombraremos tribunales populares. ¡¡¡Enfádense, irrítense, enójense, embravézcanse!!!, vayan contra esos ricos, esos opresores. La policía dejará de ser una banda de cachorros de la burguesía, de los ricos. Esos tiranos, serán juzgados en nuestros tribunales. Tiranos, opresores, corruptos; decadentes poderosos: sufrirán, serán juzgados; sus bienes serán nuestro botín. Vayan, acaben con esos opresores, explotadores. Láncenlos adonde ellos nos lanzaron a nosotros”. Como decían los revolucionarios de cierto país, un país muy muy lejano, hace mucho mucho tiempo: “ahora van a saber lo que es ser pobres”.

Así formó su ejército revolucionario, con los presos. Así formó su tribunal revolucionario, con la ley del odio. Así se ejecutó la revolución, con el saqueo, con el robo masivo de los bienes de un número indeterminado de personas, lanzadas a la calle, con sus familias… ¿Y la justicia? Cillian Murphy, el Espantapájaros, el siquiatra loco, Crane, citando ante sí, autoridad autonombrada, a audiencias de dictado de sentencias de muerte, uno tras otro, a todos los hombres de bien de Ciudad Gótica… y a algunos otros, que no hay idilios aquí.

Cayó la noche. Fin del segundo acto.

Tercer acto. La contrarrevolución. El rico, el industrial, Bruce Wayne, el Caballero de la Noche, surge, resurge… de sus cenizas, sepultadas en el centro de la Tierra.

Llevado por el miedo y una recta indignación exorbitante, Bruce Wayne se levantó, se curó de la paliza que hasta la columna vertebral le había dislocado y, luego de tres intentos, logró lo que sólo otra persona había logrado: salió del abismo, del infierno en la Tierra.

Entre tanto, la revolución cumplía tres meses: los desafortunados policías que lograron escapar de las cloacas ahora son objeto de cacería; todo rico es saqueado en sus bienes, hay robos y destrucción masivos; para obtener comida, hay colas interminables, que recuerdan el “Mar de la Felicidad Caribeña” o algún rincón de aquel océano sin fin que fue el mundo tras la Cortina de Hierro…; la economía en total parálisis. Como para que no queden dudas, Nolan pone a dos de sus personajes principales a decirlo con todas las letras: Fox: “olvídense de la revolución”, y Gordon: “independientemente del yunque y el martillo”, ambos: “la bomba explotará en cualquier momento”…

Llega Batman y varias líneas narrativas brotan de este hecho prodigioso. 1) Está, primero, la contrarrevolución: los buenos se tendrán que organizar para enfrentar al mal desatado, al ejército de Bane, los presos liberados, el odio y el resentimiento convertidos en virtudes renovadoras radicales de la humanidad. 2) Íntimamente vinculado a lo anterior, como un aspecto prominente suyo, está el asunto de la bomba: hay que evitar que explote o, al menos, que destruya a la ciudad. 3) Está, en tercer lugar, el asunto de la rivalidad personal de Batman y la Liga de las Sombras y Bane. 4) Está la redención de Gatúbela. 5) Está la reivindicación existencial de Bruce Wayne… Pero todos estos problemas son aspectos de la trama, que no pierde unidad, y se resolverán por el mismo heroísmo de Batman y sus aliados.

Se dan las batallas, los policías son liberados de las cloacas y serán el frente antirrevolucionario; el Bat será la artillería necesaria para vencer el arsenal de Fox, robado por Bane; el perdón y la confianza contra toda sensatez ordinaria redimirán a Gatúbela-Selina Kyle. Batman enfrenta a un Bane incrédulo ante la determinación de aquél, que lo llevó a reponerse y triunfar del Abismo y de las lesiones físicas y psicológicas que le infligió… y, sin salir de su asombro, es derrotado por él; cuando sucede lo inesperado: Miranda Tate, la buena mujer de empresa, la heroína, es la hija perdida de Ras al Ghul, es Talia al Ghul, en momentos en que el mal parece vencido, ella da, en una maniobra de su sola mano, el contragolpe. Parece, de nuevo, que todo está perdido, una súper bomba atómica está por explotar, en 5 minutos. Batman usa, de nuevo, al Murciélago y se la lleva lejos. La bomba explota lejos: estamos a salvo, ha triunfado el bien… pero, queda aquella sensación familiar a quienes aman a Frodo y al Señor de los anillos: y al “¡¡¡FRODO!!!” jubiloso sigue un “¡Frodo!” lleno de lágrimas de tristeza, pues nuestro héroe, el que nos rescató del abismo, sucumbió en su heroísmo. Y, de nuevo, surge otro “¡¡¡BATMAN!!!” de alegría más profunda, ante el hecho heroico, el hecho de generosidad y piedad: esa muerte no queda sin resurrección… Es la muerte del que tiene el amor más grande, el del que da la vida por sus amigos, dice Jesús en San Juan (Jn. XV,9)… Escena poderosa…

El heroísmo, piensa Robin, debe ser publicado, la gente debe saber quién la salvó. Gordon le replica: “ellos lo saben, fue Batman”, un Batman reivindicado ante la opinión pública. Pero no saben que ese héroe es uno de esos ricos que hace nada tenían por la peor plaga, de hecho, el más rico de todos los ricos… uno en el que esa consideración estaba en un tercer plano, como capacidad para obrar el bien; uno al que la vida, el ejemplo y la muerte de sus padres, unido al heroísmo de su amor, Rachel, convirtieron en una tensión hacia los bienes superiores que contempla la piedad… Su testamento y voluntad final lo reflejan claramente… Pero Batman no murió, The Bat tenía piloto automático, no se sabe cuándo ni cómo, él saltó del aparato de transporte aéreo. Luego de salvar a Selina de sus demonios internos y de limpiar su nombre, se perdió con ella, en alguna parte del ancho mundo…

***

Éstos son los hombres nuevos, los niños de la patria, cuando se haya llevado a cabo el proyecto comunista: nada de estructuras opresivas, nada de Iglesias, nada de empresas, nada de familia, nada de estados... Pura materia y nada

Éstos son los hombres nuevos, los niños de la patria, cuando se haya llevado a cabo el proyecto comunista: nada de estructuras opresivas, nada de Iglesias, nada de empresas, nada de familia, nada de estados… Pura materia y nada

Así, ésta es una historia que muestra el resurgir de un Caballero de la noche y el surgimiento de un Señor Oscuro. El primero ya quedó bien descrito. Vamos a decir algo del segundo ahora. En El Caballero de la Noche, la presión del Guasón no logró que los Gotiquianos, cometieran crímenes terribles bajo el miedo y en circunstancias de anomia. En El Caballero de la Noche surge, Bane y Talia mostraron que ellos sabían más: lo que no pueden los anteriores lo logran la avaricia, el resentimiento, el nihilismo proclamado y otras maneras de excitación de las pasiones y de promoción del vicio, entre las que no es menor la promoción de la lujuria y un falsísimo nacionalismo, por parte de los que creen que las naciones son instrumentos de opresión de los oligarcas. Así surgen Jemeres rojos, así surge la miríada infinita de esos prójimos humanos, de esas milicias, de esos escuadrones de la muerte, de esos “colectivos” armados, de esos despojados de la humanidad, de esos desalmados… Así nos aseguramos de que nazcan, aunque ya estén bien grandes, sin que vuelvan a entrar en el vientre de sus madres (cfr. Jn. III,3-7), los “hombres nuevos”, señores oscuros, señores de la noche… de la noche de la humanidad…

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1 comentario

  1. Juan Carlos dice:

    Una pregunta: ¿por qué sus hipótesis (al menos las que yo he leído en este blog) tienden a la religiosidad? Es decir, todo lo bombardea de conceptos relacionados con la santidad. ¿De alguna manera quiere convencernos que el cristianismo, o la religión que sea que practique, es legítima y verosímil?

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