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(In-)Cultura de la chabacanería VS. el Misterium Tremendum

Se hinca ante peloteros pinchados y no se arrodilla ante Dios

Parménides, padre de la metafísica y de nuestro conocer lo inmaterial: él supo bien  la inmensidad de lo divino, su infinitud y santidad

Parménides, padre de la metafísica y de nuestro conocer lo inmaterial: él supo bien la inmensidad de lo divino, su infinitud y santidad

Un amanecer, Pitágoras, luego de pasar toda la noche meditando sobre la unidad, se retiró tembloroso ante el misterio… Algo parecido ocurrió a otro grande de entre los precursores de la ciencia: Platón: el Ateniense se asombraba ante el hecho de que uno y uno fueran dos, que se pudieran reunir en una unidad nueva más amplia, que los reunía, que era real, por encima de sus respectivas unidades. Hoy en día, uno mismo, como muchos antes, se pasma ante el hecho increíble que dejó a Sócrates en plena fecundación: no crecemos porque se peguen carnes a las carnes y huesos a los huesos, la asimilación de materia por nuestro cuerpo no es mera adición mecánica, es algo muy superior a la suma de uno y otro, que totalizan dos, el átomo es más que mera contigüidad material, la molécula supone formalidades superiores, la célula es una totalidad impresionante y subir de ahí, por tejidos, órganos, aparatos, a la unidad del ser vivo que asimila los nutrientes y los hace partes reales de sí nos deja casi fuera de combate… Pero viene un muchachito y publica un libraco de 500 páginas sobre la unidad y ni se asoma que pasara por las perplejidades del maestro Jonio, mucho menos por las de Platón o las de Sócrates…

Vivimos en una época impresionante. La época de la insolencia, hermana siamesa de la ceguera espiritual… El materialismo toma caras terribles, en la interpretación del mundo, pero también en la moral de las personas: un mundo de gente dispuesta a vender su alma por unos cuantos papelitos verdes… Mientras tanto, multitudes se rinden en adoración a un jugador de pelota o una “modelo”, una que pone su cara bonita o no tan bonita para que le tomen fotos, con tal o cual ropa puesta, vaciedad total la de estos modelos… Puede también que se idolatre a algún “artista”, “cantante”, de pseudo música, o actor, en películas en las que lo que importa son los efectos especiales y los colores y el “sex appeal” de los actores… Es igualmente posible encontrar a innumerables obnubilados porque hay un aparatico que tiene unas lucecitas: los adelantos de la “ciencia”, de la tecnología, querrán decir: el “progreso”, ya no necesitamos a Dios. Lo de la “música” no es de poca importancia: una cosa inspirada por la divinidad para la divinidad y para elevarnos a Ella, usada como arma del desorden, el vicio y el materialismo: la corrupción de lo mejor es la peor: rock and roll, salsa, pop music, reggae, reggaetón, hip hop, rap y pare de contar: un arma de inmensa potencia revolucionaria, “chabacanizadora”, perdónese la horripilancia del neologismo.  Y la promoción activa y directa de la “libertad”, una especie de afirmación universal de la deificación, que va desde las posibilidades de tener sexo como se quiera, hasta crearse su propio dios o, aún, panteón y ponerlo donde uno quiera: fuera, dentro; y hasta matar al fruto de las antedichas relaciones sexuales; y hasta fabricar muchachitos sin sexo… jijijiji…

Así, uno va a Misa y ve a las personas sin arrodillarse, ni siquiera en el momento de la Consagración, en el momento más sublime que se pueda imaginar: Encarnación, Cruz y Resurrección en un solo acto, frente a nosotros: Dios-hecho Hombre, el Sentido de todo lo que es y mucho más, el Infinito… y ni una rodilla en tierra ni un temblor del ser ni de los músculos ni un remezón… Uno les dice: “arrodíllense”, “silencio” y no entienden y ponen mala cara. Pobres, no han entendido. Ellos son niños, sus padres mismos son víctimas. Nunca se enteraron, les dijeron todo lo contrario. No saben lo que es lo Sagrado, no saben que, ante Dios, se dobla toda rodilla. No saben lo que sabía Rudolph Otto. Que Dios es el Sobrecogedor, atraviesa todo el ser y va en todas las direcciones hacia el infinito y es mucho más, pues Él Es en la Trascendencia. Es Misterium Tremendum. ¿Cómo nos comportaríamos si estuviéramos con San Juan, Santa María y las otras dos Marías frente a Jesús en la Cruz? Muchos de éstos ni se enterarían de que algo inmenso está ante ellos, no podrían, el trabajo de bloqueo llegaría a sus entrañas… o, más bien, estaría como una caparazón bajo su piel, que impediría toda profundidad, condenando a sus existencias al vacío… Prueba: La Misa es la Cruz, ellos lo oyeron en la catequesis y les resbaló, no entró por sus poros; y, habiendo resbalado, fue a dar al suelo…

Éste es uno de los grandes lamentos del ser, del ser en el mundo de hoy. Los que lo saben, sufren por el reino de Dios, que quiere ser para todos, para felicidad de todos. Y los que no saben, las víctimas, pues, en su vaciedad, sólo les queda la anestesia: drogas, alcohol, divertimento… A las indignidades del primer párrafo de este artículo y a las del anterior, añadamos: Parménides muestra que la distancia del no ser al ser es infinita de modo que, puesto que hay ser y es lo que conocemos, el horizonte de nuestra mente, es impensable el no ser; y sale una caterva de gnósticos autoproclamados salvadores de la humanidad, Nietzsche y Heidegger entre ellos (vid. Introducción a la Metafísica de Heidegger), y se preguntan, con aires de grandes pensadores: “¿por qué el ser y no la nada?”: aires de grandes cacaos o, más bien, grandes cochinos: “stultorum numerus infinitus est”… Tales de Mileto da el paso decisivo en la ciencia: se da cuenta de que las cosas tienen naturalezas estables, universales, fundamentos universales de modos de actuar, intrínsecos –además–, no pertenecientes a causas animistas, por ejemplo, e inteligibles por el hombre, es decir, descubre que hay ciencia y todos sus fundamentos; Platón y Aristóteles llevan esto hasta un nivel muy elevado de estudio reflexivo, lógico y metafísico; la física sigue su curso por milenios… y vienen unos de los últimos tiempos a arrogarse el título de “padres de la revolución científica” y otros peores se dan el “honor” de destructores (en sus mentes) del conocimiento racional de la realidad… Pensar que, hoy, en esto consiste el último grito del “progreso”, al menos para una multitud sin fin… Hay indignidades como para mil libros…

Esto es la revolución tiránica de nuestros días, el totalitarismo que destroza las posibilidades del hombre, en especial, de elevarse a una santidad que Dios le promete y le da, con que sólo él acceda a entregarse en sus Manos amorosas. Se requiere de rebelión. Es muy urgente e importante, lo que se pierde es demasiado: la contracepción evita que Dios se cree hijitos; esta chabacanería del “progreso”, el vacío existencial y las drogas estupefacientes, le quita hijitos ya creados, posibilidades de tremendo crecimiento a personas ya existentes… Es indispensable la rebelión, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

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