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Marginalidad Cultural Ilustrada: EL MAL de nuestro mundo

El peor efecto de la revolución, una profunda corrupción

Disturbios de Londres: logro revolucionario: destrucción de la familia, drogas, alcoholismo, vidas destruidas. Marginalidad cultural ilustrada, eso es la revolución...

Disturbios de Londres: logro revolucionario: destrucción de la familia, drogas, alcoholismo, vidas destruidas. Marginalidad cultural ilustrada, eso es la revolución…

La forma peculiar de marginalidad cultural que se ha “cultivado” en el ambiente descreído y desmoralizado de la revolución “ilustrado”-sexual, de la ausencia de familia, filicidio y homosexualidad, y de las drogas estupefacientes y psicotrópicas: a esto es a lo que se enfrenta, en mayor medida, nuestra rebelión, la de la esencia.

Para entender bien ésta, hay que explicar lo que se quiere decir con el término “marginalidad cultural ilustrada”. Ello requiere, primero, dilucidar qué es la marginalidad; luego la cultural y, finalmente, la ilustrada. Posteriormente, se debe hacer el análisis, en relación al tema, lo que no es ninguna hazaña, una vez definido el término, ya que su sentido va precisamente en relación a esta materia de estudio. Así, pues, ‘marginalidad’ proviene de margen, es la condición del marginal, del que queda al margen, es lo que queda por fuera, excluido. Típicamente, cuando se habla de marginalidad, se trata de los económicamente excluidos, de los que no se integran al aparato productivo de la comunidad, o de los que se segrega, por razones culturales, étnicas o raciales. Aquí se va a un nivel más profundo y estable, mucho menos dependiente de los avatares de lo práctico y contingente. Se trata de una exclusión de una persona de la cultura, de la civilización o (inclusiva, sin dudas), más hondamente, de la humanidad. No es una exclusión relativa, es la ausencia de la humanidad, del modo en que se dé en una sociedad, en un espíritu humano, inteligencia, voluntad y corazón, que forma parte de esa comunidad sólo por accidentes del ser, es decir, porque le tocó nacer y vivir dentro de su territorio. Ésa es la marginalidad cultural.

Ahora falta su última dilucidación, la explicación del adjetivo ‘ilustrada’, con la que se modifica gramaticalmente, por cuanto es una variante real y trágica de la general. En efecto, la marginalidad cultural es una tragedia por sí misma, todo hombre debería poder elevar su espíritu, a medida que su sociedad se eleva, por la labor de construcción secular que se da en la sociedad; y hay unos que quedan ausentes de los bienes más importantes de la misma, mientras innumerables veces quedan también privados de los corporales más básicos. Pero un mero marginal no es necesariamente una amenaza ni un infeliz ni un corrompido. El ilustrado es ya otra cosa, es lo que en Venezuela se conoce como un “malandro”. Es un mero marginal cultural, que se encuentra con las drogas psicotrópicas, la revolución sexual, como doctrina [de Sade, Freud, Marcuse, Reich, para todos, incluso los marginales] y en sus manifestaciones “artísticas”, en películas de televisión y cine y en vallas publicitarias, etc., la avaricia capitalista y la envidia marxista. Es uno al que la humanidad le importa un pepino (o dos o tres o ninguno, es lo mismo), pero al que los impulsos más bajos dominan con potencia nunca vista, ni en los peores retratos de Calígula, Nerón, Heliogábalo, de Sade, Shelly, Lord Byron y demás paradigmas históricos de depravación humana, todos juntos. Es un Frankenstein, estimulado por drogas no soñadas por Mary Shelly. Sin una familia que pueda servirle de referencia, en la sociedad del matrimonio y el divorcio express, peor aún, del todos contra todos, del amor libre, del amor de discoteca, del condón y “Ave maría, líbrame del sida”; y sin Dios, sin Iglesia, sin Redención o en la que la Redención es un asunto del Cristo que me forjo, a lo Lutero, y la interpretación “libre” de la Biblia y el “cree mucho y peca aún más”, este hombre no tiene ninguna estructura posible y ninguna posibilidad de enterarse de que hay nada fuera del cieno. Sus clases de gramática, poesía, historia, filosofía, formación cívica provienen de la pseudo-música anteriormente descrita: “en cuatro, en cuatro”, del reggaetón, o “hacer el amor con otro” o “quiero ser tu jinete”, de la salsa erótica, “si quieres ser rico, tienes que ser una p…”, del rap, o “virtual diva” o “sexy robótica” y así sucesivamente. Es un violento asesino, un ladrón y un completo antisocial, que llega a niveles espeluznantes. Matará por un celular, un par de zapatos, un cigarro, una mirada “fea” o nada en absoluto, puro placer, como comerse un chocolate. A muchos, esto parecerá exagerado, pero es la realidad de muchos pobres hombres en Los Ángeles, Nueva York, Caracas, Bogotá, Río de Janeiro, Santiago de Chile. Y, muchas veces y cada vez más, no sólo es mal de personas de bajos recursos, sino de libidinosos adictos a las drogas de clases más afortunadas económicamente, malcriaditos corrompidos de familias deshechas, pues nacieron desechables; es la vulgarización, en una sociedad en que lo vulgar es dura, brusca, salvaje, cruelmente delictivo. La inmensa mayoría de la población en América (española, anglosajona, francesa u holandesa), a todo evento, aunque no llegue a estos niveles de corrupción, posee una forma “degradada” de marginalidad cultural ilustrada.

En Europa, continente con comunidades políticas milenarias y cuyos procesos de asimilación étnica (musulmanes aparte) se hallan muy avanzados desde hace varios siglos, el fenómeno se presenta de manera muy distinta, con los suicidios suecos, con formas de adicción al sexo y las drogas; mas, en ese continente, también hay un rápido proceso de corrupción social.

Los eventos que tuvieron lugar en Inglaterra, en agosto de 2.011, dan un buen ejemplo de cómo lo mal llamado “ilustrado” tiende a disolver la sociedad, convirtiendo eso tan hermoso, el ser humano, en una verdadera piltrafa de sí. Muchachos, miles de muchachos, en todo el país, gran parte de la juventud británica lanzada a la calle, primero, con la excusa de la muerte de Mark Duggan en Tottenham, por parte de una policía que quería apresarlo, y, luego, por diversión o por aprovechar la ocasión para hacerse de un TV nuevo o un ipad o algo por el estilo, o todo junto…

Muchachos que, en su mayoría, son hijos de la revolución, de la revolución sexual: decididamente, la “ilustración”, con su guerra a Dios y a Cristo y a su Iglesia, aparecen sin dudarlo. El fruto más granado de la pseudo-ilustración, el que le ha venido a dar la victoria mundana y temporal, la revolución sexual, aparece como causa poderosa generadora de marginalidad cultural ilustrada, la defección de la vida civil y la humanidad: 40% hijos naturales son estos muchachos ingleses. Con enormes índices de alcoholismo y consumo de drogas entre ellos, la revolución vuelve a aparecer. La promoción inglesa de la revolución por la desmoralización, en todos los países, desde hace tres siglos, parece, por fin, pasar factura a la gran metrópoli revolucionaria … Hubo quienes quisieron esconder la naturaleza del fenómeno, pero no se puede esconder lo inocultable: “Definiendo los enfrentamientos como una ‘llamada de atención’, el premier ha identificado las causas de los enfrentamientos como un ‘colapso moral’ de la sociedad británica, una expresión que ya había usado en noviembre de 2007, cuando todavía en la oposición, describió, durante una conferencia, su estrategia para combatir la creciente mentalidad violenta del país […]. Según el Specialist Crime Directorate de Scotland Yard, Londres cuenta hoy con 257 ‘street gangs’ o bandas callejeras” (Paul de Maeyer, La guerrilla urbana hace reflexionar a Inglaterra, Zenit.org, Roma, 23 de agosto de 2011. Cita a: The Telegraph, 10 de agosto; Business Insurance del 15 de agosto; Philip Johnston en el Telegraph, 9 de agosto; Melanie Phillips, en el Daily Mail del 11 de agosto; Joanna Bogle, en la web MercatorNet, 12 de agosto; Brendan O’Neill en Spiked, 9 de agosto; The Daily Mail, 11 de agosto; The Age, 10 de agosto).

Inglaterra, pues, está a una generación de un colapso sin precedentes. No queda mucho más a otras sociedades europeas, igualmente arrasadas hasta sus cimientos, en todo, menos en la apariencia exterior. Ésta es, pues, la ilustración, llevando al hombre a la madurez, luego de la infancia espiritual en la que consiste la religión. Una fuerza que demuele lo que era grande, hasta llevarlo a niveles increíbles de marginalidad cultural.

Los problemas más graves de hoy (y vaya que hay problemas, muchos y muy grandes) son éste de la marginalidad y, más aún, la ceguera para identificarlo como tal, en toda su extensión y significado. Políticos, académicos, empresarios y demás líderes de la sociedad son incapaces de ver el nivel existencial de las comunidades, mucho menos, pues, éste de la marginalidad cultural ilustrada. Sólo se ven derechos humanos, “ineficiencia” o malos balances económicos, delincuencia, corrupción. No se ve la ausencia de humanidad que está, incluso, para rematar, en la base de los anteriores, lo mismo que del anti-patriotismo, las demás formas de inmoralidad, desdén por lo público, egoísmo salvaje-avaricia-envidia-disensión social.

En verdad, jamás he oído a persona alguna durante mi vida hablar de la marginalidad cultural, mucho menos de la ilustrada, como el principal problema de las sociedades del mundo de hoy. La verdad es que lo es, no sólo por la tragedia que significa que una sola persona permanezca ausente de la humanidad y su valor en su espíritu, sino por las enormes masas de personas que viven en esta verdadera privación de lo más necesario para un ser humano. De esa manera, la falta de sagacidad está en omitir dar un rumbo profundo a la sociedad y o bien olvidarse del “progreso” o ponerlo en un plano secundario. Falta de sagacidad es no velar por la decencia de espectáculos públicos, vallas publicitarias y televisión. Por esa vía, las pérdidas llegan a ser irreparables. Como, además, es el “tono” de la sociedad, aún los que no caen en drogas o no llegan a ser animales sexuales, viven en la falta de educación.

Éste es un enemigo principal, el efecto más terrible de la revolución de la oscuridad. La respuesta es la rebelión, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

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