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Para salvar la ciudad, la ley natural

Es la única salida; ergo, estamos en peligro

María Denisse Fanianos de Capriles utilizó su espacio en El Universal para dar voz a una víctima de un matrimonio homosexual (29-09-10). En los días sucesivos (30-09 y 4-10 del 10), aparecieron en ese mismo periódico sendas respuestas a dicho texto; uno de Alicia Hernández y el otro de Naibet Soto Parra, respectivamente. Vamos exponer y analizar esta discusión, a ver qué sale.

Alicia Hernández

La señora Hernández carga su artículo de gran cantidad de adjetivos contra la señora Capriles. Dice que lo que hace es un “pseudo artículo”, pone un “reduccionista análisis”, ésta está llena de “homofobia” y sus argumentos son muy “mezquinos” y deja entrever que es irrespetuosa e intolerante. De resto, usa cuatro argumentos. 1) El 70% de los sidosos son heterosexuales. 2) Entre curas católicos, hay abusadores de menores, como Murphy (el que puedo llamar “monstruo de Milwaukee”) y Maciel. 3) Hay muchos padres heterosexuales que maltratan a sus hijos. 4) Peor que entre homosexuales, es que los niños crezcan entre gente como la señora Capriles, una intolerante. En realidad, ninguno de estos argumentos tiende a mostrar absolutamente nada. Es decir, en el mejor de los casos, el del sida o el de los heterosexuales que maltratan a sus hijos, se presentan lo que en lógica se llama falacias: estos dos, la falacia del accidente, como cuando, en el chiste, cortadas todas las patas de la cucaracha, ante su desacatamiento de la orden de caminar, el investigador concluye que, sin patas, la cucaracha se queda sorda. Es decir, ¿cómo es que la homosexualidad es admisible porque hay sida o porque el hombre, el ser humano, es capaz del mal? Habría que decir que, si hay mal y ellos lo pueden conocer, entonces el bien en conductas humanas no está sometido a determinaciones arbitrarias, sino a un orden natural. Su testimonio, señora Hernández, bien analizado, se vuelve contra usted, al menos, como una propuesta para discutir, porque él supone que hay orden y que lo podemos conocer. Entonces, independientemente de las opciones arbitrarias, habiendo la capacidad para conocer el bien y el mal, ¿la homosexualidad es una conducta admisible por parte de los seres humanos?

Los casos de los curas pedófilos son una perla. Fíjese el lector, en Chile, por ejemplo, así como en Holanda o en Estados Unidos, una de las grandes luchas actuales es la de la admisión de la pedofilia, como “opción sexual” arbitraria. Ahí están la NAMBLA (North American Man-Boy Love Asociation) y el partido de los pedófilos de Holanda. La NAMBLA, como sucedió en 1.973, cuando se excluyó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la asociación psiquiátrica de los Estados Unidos, está a punto de conseguir la victoria: los psiquiatras dirán que eso no es enfermedad mental. Entonces, ¿confiamos en una gente que acusa a los curas pedófilos, malos sin dudas (pero pocos, también sin dudas, por eso esta autora cita a tres), con una mano, pero que, con la otra, trabaja para legalizar eso de lo que acusa a los curas? O sea que es bueno, pero no, y malo, pero no, según las personas. Falacia ad hominem.

En lo que se refiere a la proporción de personas con sida, el argumento es una perla. La mayoría de los sidosos son heterosexuales, ¿verdad? 7 a 3, es la proporción, ¿no? Bueno, resulta que la población que no es homosexual está entre el 98 y el 96,5%. De modo que el 2 a 3,5% de los homosexuales1, en cifras reales, le da una paliza a los heterosexuales. Fíjese el lector: los infectados de sida son, aproximadamente, el 0,48% de los habitantes de la Tierra2. Según las cifras de la señora Hernández, cerca de 0,35 de ese 0,48% son heterosexuales; o sea, como el 0,36% de los heterosexuales. Mientras que, del 3% homosexual, como el 0,15 de los infectados le corresponde a los homosexuales; es decir, el 5%, más o menos. Esto es, una incidencia unas 14 veces superior, según las cifras de la argumentadora. Como que salió perdiendo.

NAIBET SOTO PARRA

Del artículo de esta señora, lo que se puede recoger son adjetivos y ataques, para ser honestos. La señora Hernández trata de argumentar. Ésta, la señora Soto, no aporta ni un solo argumento. Lo que es de subrayarse es la denominación que da del grupo que representa. Dice que habla a favor de los “LGBTI”. En un principio, este grupo era el de los “LG”; luego, el de los “LGB”; más tarde, “LGBT”; ahora vamos por “LGBTI”. Y las siglas seguirán aumentando; y les voy a decir por qué. En Australia, se hacen listas y se actualizan cada cierto tiempo de las tendencias sexuales; la última vez que supe, la lista iba por 22 “géneros”. Y eso es lo normal, ya que, según los ideólogos de “género”, “La orientación sexual se refiere a la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, o de su mismo género, o de más de un género, así como a la capacidad de mantener relaciones íntimas y sexuales con estas personas. La identidad de género se refiere a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales” (Declaración de Yogyakarta del lobby gay, citada en: Boletín semanal del Population Research Institute para Iberoamérica, del 14-06: OEA: venta y compra de lobbies al mejor postor). Así, los lesbian, gay, bisexual, trans e inter tienen una fecundidad potencialmente infinita, en cuanto la manipulación de la plastilina que es la realidad en sus manos, ya que no hay orden y todo tiene que quedar sometido a un arbitrio ciego. Eso era lo que decía Platón, en el pasaje citado de Leyes, cuando aseguraba que si no se reconoce un orden, que tiene que ver con los fines naturales, en este caso, del acto sexual, no hay quien detenga la fila infinita de las aberraciones.

La Respuesta a las señoras

“En efecto, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras” (Rom., I,20), a saber, el orden de la naturaleza y su dependencia ontológica respecto del Creador.

Estas máximas, obedecidas, serían la salvación de todas las ciudades: nadie sembrará una semilla de hijos ilegítimos y bastardos ni con los varones, yendo en contra de la Naturaleza, una semilla estéril” (Platón, Leyes, 841d).

Estos epígrafes sirven para disipar lo que creo son tres equívocos típicos, introducidos por ciertos ideólogos: 1) el Cristianismo, doctrina de Cristo, es de Amor, luego, acepta la homosexualidad; luego, el Catolicismo es infiel a su Maestro, porque es un fanatismo homofóbico. Recomiendo la lectura del resto del primer capítulo de la Carta a los Romanos, saldrían todos de su error: dice, entre otras cosas, que ésos que apartan a Dios y se quieren poner en su sitio, ideólogos gnósticos, “cometen toda suerte de torpezas” (v. 28), cuya lista es encabezada por éstas: “los entregó Dios a sus pasiones vergonzosas, pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra natura; e igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en concupiscencia de unos contra los otros” (vv. 26-27). 2) La homofobia es un asunto de fanáticos religiosos. ¿Cómo cabría Platón en semejante categoría lógica? 3) Los grandes maestros, Platón, por ejemplo, fueron homosexuales, ¿qué, Platón fue un homosexual que se opuso con tanta fuerza a lo que, según declara, es una aberración capaz de hacer sucumbir a la comunidad política? O sea que era un violento contradictorio y, por eso, es uno de los más grandes clásicos de la historia de la humanidad.

Claro, de esta primera aproximación al tema, surgen dos críticas obvias, una para cada uno de los primeros equívocos disipados: 1) El primero se refiere, precisamente, a que, entonces, toda la oposición a algo mucho más profundo que la homosexualidad, la pretensión de caos absoluto en materia sexual, el convertir en ley eterna cualquier fantasía que se le ocurra a cualquiera que tenga algún tipo de indeterminación de identidad, es asunto de fanatismo religioso; como si ser religioso fuera ser irracional, en lugar de ser uno que reconoce un sometimiento obvio del hombre a Dios y su orden en la Creación. Y de eso se trata, el pasaje de San Pablo es una oda a la racionalidad y a la capacidad humana de conocer naturalmente el sentido de su vida y del cosmos (orden, en griego) todo, hasta llegar a Dios. 2) Se trata de una argumentación ad hominem, un argumento de autoridad, la de Platón. No, ésa no es la idea, de lo que se trata es de mostrar que esto no es asunto de fanáticos, sino de gente que ama el orden natural, que sabe que el hombre, la humanidad, sólo se puede salvar si vive conforme a él y, por eso, lo vive y quiere defenderlo con todas sus fuerzas, como lo hizo Platón, según se ve.

El punto clave de la discusión radica, en último término, en qué es el ser humano, hombre y mujer, y qué es el amor que los une. Ahí está la batalla de los que defienden el orden natural. Lo demás es adorno, incluso evidencias tan importantes como la proporción de los sidosos. En el ámbito de la antropología, pues, hay que decirle a la persona con tendencias sexuales desviadas que él o ella no es, para usar el gramaticalmente infausto término, “homo”. Un ser humano no se define por el apetito sexual, aunque éste pertenezca al hombre, en cuanto animal que se reproduce de manera sexuada, en cuanto mamífero, inclusive. Lo distintivo del hombre es su inteligencia y su voluntad, su capacidad de conocer la verdad, el bien y la belleza, de lo ínfimo hasta Dios, de conocer que los conoce, de ser consciente de sí y de su proporción con ellos y de vivir conforme a ellos libremente. Y, más todavía, el hombre tampoco se reduce a eso, lo más alto y lo más distintivo suyo: es mucho más rico. Empero, todo lo demás que guarda en su ser, debe ser ordenado por esa espiritualidad suya. Amamos a los hombres, pero reconocemos lo que haya de bueno o malo en todos. Lo bueno, para ver que hay esperanza y para amarnos y buscar la felicidad juntos, en comunidad; lo malo, para luchar contra eso, para que todos seamos más y más felices, conformes con el sentido de nuestro existir. Hay heterosexuales malos, porque, por supuesto, los vicios humanos no se reducen a sexualidad desviada. Pero, si no se reconoce que hay vicio en lo vicioso, no se podrá nunca ayudar al que padece de estas cosas. Luego, pues, podrán venir los adictos a diversos objetos; luego, otros, con otras torpezas. Hasta que no haya ley, pues todos tenemos derecho a definirnos, sin ninguna referencia a ningún orden; y, sobre todo, tomando como referencia ese aspecto único en que consiste el vicio que nos domina. O hay orden y lo podemos conocer y amar y, por tanto, hay moral humana, ya que el hombre posee al nacer una esencia, que no se puede quitar nunca de encima y que está sometida al orden de un Ser superior, que es Infinito y Perfecto y nos conoce y nos ama infinitamente por lo que sabe y ama nuestro bien infinitamente más que nosotros mismos.

Hay que formarse, para hacer lo que manda San Pedro, para dar razón de nuestra esperanza. Hay que poder responder con cariño y amor a la gente. Pero también hay que combatir con firmeza a el mal revolucionario. Estudiar, amar. Esto es la única verdadera rebelión, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…


1 Vid. el estudio Mitos acerca del homosexualismo, en: www.aciprensa.com/Familia/homosex-mitos.htm; y toda la documentación aportada por www.FactsAboutYouth.com del American College of Pediatricians.

2 Onusida, según wikipedia the free enciclopedia, dice que son un poco más de 33 MM, de 7.000 MM de personas en el mundo.

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