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El archipiélago gulag del Gigante Comunista-mammón chino

En los laogais, puedes ser esclavo o proveedor de tus propios órganos

Harry Wu, el Solzhenitsyn chino, campeón de la libertad, ganó el título a costa de enormes sufrimientos: que Dios se los recompense

Harry Wu, el Solzhenitsyn chino, campeón de la libertad, ganó el título a costa de enormes sufrimientos: que Dios se los recompense

A Solzhenitsyn, le dieron su Nóbel por su Archipiélago gulag, por denunciar a los campos de concentración soviéticos. A Harry Wu, le sale ver al mundo arrodillado ante el mammón chino. ¿Por qué? Porque el mundo adora a mammón, sobre todo en estos tiempos en que los revolucionarios materialistas y nihilistas dominan casi totalmente el panorama. “Pero Rusia dominaba mucho también”, me dirán. Sí, pero Rusia estaba en una guerra por el control ideológico del mundo, en la que los materialistas gringos querían imponer su propio materialismo; ahora, China es, simplemente, el negocio del año para todo el mundo y no importa más nada. Es bastante desolador, Wu tiene que ver cómo el mundo se rinde ante el mammón que esclaviza a niños y mata gente para vender órganos, siendo el mammón que lo metió 19 años en esos campos, que lo torturó reiteradamente, que lo quiso doblegar existencialmente, solo por ser católico; el mammón que hizo todo esto… ¡¡¡porque él dijo que había sido injusta la invasión de Budapest por los rusos en 1.956!!! Es devastador, porque el bello gobierno de Mao, el mammón chino, obligó a todos los seres queridos de Wu a testificar en su contra, mientras que su mamá, para no hacerlo, se suicidó, ¿quién sabe después de cuántas torturas y amenazas? (cfr. En China sigue habiendo campos de concentración, Zenit, 05-10-06).

Es muy impresionante, compras un balón de fútbol y dice “hecho en China, sin trabajo esclavo” o “sin trabajo infantil”: oh, oh, oh, es que hay que hacer la aclaratoria. Y la F1 va a China y el mundial y el COI y Detroit acaba de declarar su quiebra, porque las empresas automotrices gringas emigraron a donde el mammón chino, porque las japonesas y las europeas lo hicieron también. No hay patriotismo ni conmiseración con tus propios hijos, cuando se trata de rendirte ante mammón. Viene el gobierno chino, mata a los hijos no primogénitos de la mujeres chinas y no hay Planned Parenthood ni Jane ni ONU-mujer ni nada que salga en defensa de las mujeres, de su libertad; ergo 1, mammón puede hacer lo que le dé la gana, sobre todo porque es comunista, evidentemente; y, ergo 2, ‘libertad’ significa ‘poder matar’ no poder ser sometida a la “esclavitud de la familia y la entelequia ‘amor’”. Vienen las familias indias y las chinas y matan a sus hijas, para tener un solo hijo varón, y no hay quien defienda a las chiquitas, pues las organizaciones dichas defienden la ‘libertad’, no la vida… y, una vez más, el Gigante Comunista-mammón puede hacer lo que le venga en gana… “¿y los indios?” Bueno, si ésos se portan como el Gigante Comunista-mammón, pase, que lo hagan también.

¿Y entonces? Entonces está Harry Wu, luchando por que la palabra ‘laogái’ salga en todos los diccionarios… sin mucho éxito, digo, porque la RAE, por ejemplo, no responde a semejante petición, de semejante personaje. Claro, en un país como China que saca, en 1.959, un documento con la estrategia para acabar con la Iglesia en Cuba, y que él mismo aplicó la estrategia, que consiste, fundamentalmente, en cortar los lazos de los católicos chinos con Roma, crear una “Organización Patriótica” o Iglesia Oficial y tildar de traidor a todo fiel a Roma, en un país así, el católico Solzhenitsyn chino, Wu, lo que ha llevado es palo. No se diga nada de lo que le ha pasado fuera de China: entre la Iglesia y el Gigante Comunista-Mammón, el Occidente revolucionario, nihilista, marxista, nietzscheano y materialista, gnóstico-ideológico, no tiene ni que escoger: no representan alternativas. Dice Wu, por ejemplo: “En los «laogais» sufre un número indefinido de millones de hombres, mujeres y niños obligados a trabajar en condiciones inhumanas, con el único objetivo de ofrecer beneficios al gobierno chino y a las numerosas multinacionales. Pero no acaba ahí. Hay ejecuciones en masa con la consecuente venta de órganos humanos. Se ha difundido la explotación de niños obligados a trabajos forzados. Las diversas Iglesias y comunidades de creyentes sufren amenazas y represalias. Los abortos y las esterilizaciones forzadas se practican ampliamente. Existe un difundido abuso de la psiquiatría como instrumento de opresión política. ¡Son graves violaciones de los derechos humanos que constituyen la realidad de la China actual! Realidades ignoradas por los medios de comunicación del mundo libre que no quieren causar molestias al comercio internacional”. Pobre, en verdad, que China sea mammón, influye… y mucho, pero, ¿cuánto influye que sea el Gigante Comunista? Aaaaahhh, eso ya te da un cuadro, ¿nooo?

Esto es la hermosa revolución. La respuesta es Cristo, hermanos, la respuesta está en su Iglesia. La respuesta es la rebelión, la única verdadera rebelión en esta oscuridad modernista, gnóstica, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

 

Les copio entera la entrevista que dio Wu a Zenit, en el 2.006, de donde sale el artículo de arriba, mi comentario:

En China sigue habiendo campos de concentración

Entrevista a Harry Wu, director de la Fundación de Investigación Laogai

ROMA, jueves, 5 octubre 2006 (ZENIT.org).- Al inicio del tercer milenio existen todavía campos de concentración como los «gulags» soviéticos y los «lagers» nazis. Se encuentran en China y se llaman «laogais».

Desde 1992, una organización sin ánimo de lucro, la Laogai Research Foundation está documentando los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos en estos campos de trabajo chinos.

El director de la Fundación de Investigación Laogai es Harry Wu, que pasó 19 años en los «laogais» con la acusación de haber criticado la invasión de Hungría por parte de los soviéticos. Todos sus parientes y amigos fueron obligados a denunciarlo como contrarrevolucionario. Su madre se negó y se suicidó.

Según la Fundación, el «laogai» es un sistema de campos de concentración, introducido por Mao Zedong con el objetivo de utilizar a los prisioneros como esclavos. Se calcula que desde su constitución estos campos han acogido al menos a cincuenta millones de personas, y que no existe un chino que no conozca al menos a una persona que ha sido internada en los mismos.

La Fundación, que ha denunciado también las ejecuciones públicas para extraer los órganos de los prisioneros ajusticiados, las persecuciones por motivos religiosos y la aplicación coactiva de la política reproductiva en China (la «ley del hijo único»), ha recogido una amplia y sólida documentación para demostrar que en los «laogais» se comete la mayor parte de las graves violaciones de los derechos humanos de China.

El 28 de octubre próximo, Harry Wu participará en Milán en un congreso titulado «Ziyou» («Libertad»), organizado por los Comités para la Libertad. En esa ocasión presentará la edición italiana de su libro «Laogais. Los gulags de Mao Zedong», cuyo título en inglés es «Laogai: The Chinese Gulag»

Para profundizar un tema tan candente, Zenit lo ha entrevistado.

–¿Cuáles fueron los delitos por los que fue usted condenado a 19 años de prisión en un «laogai»?

–Harry Wu : Estudiaba geología en la Universidad de Shangai. Quería profundizar mi formación y no participar en la actividades de adoctrinamiento de la Liga Juvenil Comunista. Me permití criticar, hablando con amigos estudiantes, la invasión de Hungría por la Unión Soviética. Siendo también católico y de origen alto-burgués, fui considerado como un «contrarrevolucionario de derechas». Este fue el delito oficial por el que fui condenado a 19 años de «laogai».

–¿Cómo logró resistir sin ceder a la desesperación?

–Harry Wu: En mi libro «Bitter Winds» («Vientos amargos») expliqué cómo pasé mi vida en los «laogais». En el texto relaté que gracias a mi testarudez, a la fuerza interior y a la oración no cedí a la desesperación. Vi cómo se suicidaban muchos amigos, cómo morían de hambre o eran asesinados. Sufrí la tortura y el aislamiento forzado, en muchas ocasiones me privaron también del alimento. Y todo esto por un reato de opinión, porque juzgué injusta la invasión soviética de Hungría.

–Ser católico, ¿le ayudó o hizo más dura la persecución?

–Harry Wu: Ciertamente hizo que fuera más dura. Ser creyente era y es un crimen en China, excepto si se participa en la Iglesia Patriótica oficial controlada por el partido.

–¿Por qué ha escrito el libro «Laogai. Los gulag de Mao Zedong». Qué objetivos pretende alcanzar?

–Harry Wu: El libro es una traducción de mi primer libro publicado en 1992 en Estados Unidos «Laogai. El gulag chino» «Laogai: The Chinese Gulag», que llevó a la atención del mundo esta trágica realidad. Un horror que existe todavía. El objetivo es el de hacer saber al mundo lo que sucedía y lo que sucede hoy en los «laogais». Repito a menudo que el día en que la palabra «laogai» aparezca en los diccionarios, como es el caso de los términos «lager» y «gulag», podré morir en paz. He logrado algún resultado. El Diccionario Oxford y el Duden Woerterbuch han añadido la palabra «laogai». Estoy tratando de hacer lo mismo con otros diccionarios.

–¿Cuál es la situación de los derechos humanos en China y cuáles son las condiciones y los riesgos que corren los católicos?

–Harry Wu: Sencillamente trágica. En los «laogais» sufre un número indefinido de millones de hombres, mujeres y niños obligados a trabajar en condiciones inhumanas, con el único objetivo de ofrecer beneficios al gobierno chino y a las numerosas multinacionales.

Pero no acaba ahí. Hay ejecuciones en masa con la consecuente venta de órganos humanos. Se ha difundido la explotación de niños obligados a trabajos forzados. Las diversas Iglesias y comunidades de creyentes sufren amenazas y represalias. Los abortos y las esterilizaciones forzadas se practican ampliamente.

Existe un difundido abuso de la psiquiatría como instrumento de opresión política. ¡Son graves violaciones de los derechos humanos que constituyen la realidad de la China actual! Realidades ignoradas por los medios de comunicación del mundo libre que no quieren causar molestias al comercio internacional.

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