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El Auschwitz ruso

Con una diferencia: no fueron 6, sino 65 millones de muertos

Magadan, uno de los campos de concentración   erigidos por Stalin, millones fueron sepultados en él. En estos campos consistía la economía soviética, en buena parte: mataron a decenas de millones, para hundir en la miseria a centenares de millones, hipootecando el futuro de una gran y milenaria nación cristiana: bien por la revolución, grande, viva Marx

Magadan, uno de los campos de concentración erigidos por Stalin, millones fueron sepultados en él. En estos campos consistía la economía soviética, en buena parte: mataron a decenas de millones, para hundir en la miseria a centenares de millones, hipootecando el futuro de una gran y milenaria nación cristiana: bien por la revolución, grande, viva Marx

“Magadan fue fundada por Stalin en 1938 como centro administrativo del inmenso complejo de campos de concentración de Siberia. En estos campos de trabajo forzado vivieron y murieron unos 65 millones de personas que vivían en las condiciones más indignas de esclavitud. Eran prisioneros políticos y religiosos que, en su mayoría morían. Entre los prisioneros se encontraban miles de sacerdotes y obispos que murieron martirizados” (Sacerdote narra historia de sobrevivientes de campo de concentración ruso, Zenit, 05-09-06). Si quieren tener una idea de cómo era vivir en estos Gulags, vean la película The Way Back o Un largo camino a la libertad (a la que le hago una reseña en este blog: Cuando el amor y la dignidad son invencibles: Largo Camino a la libertad), del director Peter Weir, con: Ed Harris, Jim Sturges, Saroirse Ronan, Colin Farrell. “Sobre los prisioneros recaía el hambre (había, incluso, ciegos de desnutrición), una recompensa, la vigilancia, las condiciones infrahumanas, el clima, el agotamiento del trabajo sin descanso y los 13 millones de kilómetros cuadrados de una de las regiones más inhóspitas del planeta: Siberia”, digo allí.

“‘We witness’ (Testificamos) es el título del libro en el que el P. Michael Shields, autor del mismo, cuenta la historia de 25 sobrevivientes del campo de concentración de Magadan, la prisión de Siberia que fue tumba de miles de prisioneros políticos y religiosos” (Zenit, ibíd.). El padre Shields lleva 20 años viviendo en Magadan (tenía 14 a la hora de publicar su libro) y, desde que llegó, ha estado reuniéndose con los sobrevivientes del Gulag, ha estado recogiendo sus historias y tratando de que recuperen la conciencia de su dignidad, que fue arrebatada y sepultada por décadas de ignominia e infamia totalitaria. ¡Hace tan poco tiempo que estos campos estaban en pleno funcionamiento…!

Esto es la revolución, un aplastamiento de la humanidad. Es muy, muy, muy de admirarse la impresionante ductilidad de la revolución, su ser serpiente de mil cabezas y una Hidra, a la que cortas una y salen dos más, mil veces más virulentas que la anterior. En Memoria e Identidad, Juan Pablo II llama “erupción de mal” a los totalitarismos genocidas del siglo XX. Pero advierte que es peor el mal que pone a millones de mamás a matar a sus hijos, entre otras cosas. Eso es una imprecisión que puede ser nefasta: el aborto o el “matrimonio homosexual” o la “libertad” sexual o la “liberación femenina” no son fenómenos esencialmente distintos del comunismo o el nazismo, son nihilismo modernista y postmodernista desatado. De hecho, son la herramienta más fabulosa creada por los totalitarios para aplastar al bien, con los aplausos millones de los “liberados” en el fondo.

Mientras tanto, hay que contemplar a dónde puede llegar el corazón humano sin Dios, a dónde podemos llegar abandonados en el mundo, sin ejemplos edificantes, sin la educación del intelecto en el orden, sin la educación de la voluntad y los apetitos sensibles en la virtud. El padre Shields cuenta que miles de obispos y sacerdotes murieron en este horror: eso era de la esencia de la operación: los amigos del orden del mundo tenían que ser considerados “enemigos del pueblo” por los magos gnósticos, por el más grande de todos, Stalin, y sus secuaces. Así es como ser enemigo de Stalin equivale a enemigo del pueblo; y es enemigo de Stalin, reo de las penas más degradantes, cualquiera que ose decir que Stalin no es Supermán, mínimo, si no alguna forma de deidad atea (ojo, hacer notar la contradicción podía significar la muerte, luego de muchas décadas sepultado…). Eso sin contar que, el archipiélago Gulag, como lo llamó su más ilustre huésped, Solzhenitsyn, fue sólo una de las formas de exterminio que consiguió el tiranazo: el Holodomor ucraniano, la muerte por hambruna inducida de más de 10 MM de personas, en 3 años; o el genocidio directo de muchos, como la totalidad de los hombres de Katyn, un pueblo polaco que cayó bajo los soviéticos en la II Guerra Mundial (ver la película de ese nombre), ejecutados en masa y echados en fosas comunes por el Ejército Rojo, o alguna otra. Y eso sin contra que todo esto es nada comparado con la hecatombe del aborto, con más de 1.500 millones de filicidios en los últimos 40 años. Y la revolución sexual todavía tiene mucho que dar a la humanidad…

Esto es lo que queremos evitar, lo que queremos combatir, contra esto ess que hay que rebelarse, en la única genuina rebelión en estos tiempos de oscuridad, de totalitarismo revolucionario, LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

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