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Rubén Blades: ¿sabes por qué “en Latinoamérica matan al…”? (6): Venezuela y Hans Kelsen

Venezuela es la mezcla de maquiritares, timotocuicas, caracas, guaiqueríes, caribes, tamanacos, chacaos, goajiros y pare de contar, en guayuco, nada de estado nacional; pero también es la “república” ilustrada: con razón hay tanta gente tan confundida

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental y venezolano, en el último siglo; siguiéndolo a él, habría que decir que Venezuela fue constituida por Chávez. Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: la justicia no existe, la ley puede decir lo que sea y hay que obedecerla, punto...

Hans Kelsen, el prohombre del derecho occidental y venezolano, en el último siglo; siguiéndolo a él, habría que decir que Venezuela fue constituida por Chávez. Su doctrina es de lo más favorable al totalitarismo: la justicia no existe, la ley puede decir lo que sea y hay que obedecerla, punto…

El 22 de septiembre de 2011, Benedicto XVI dio un discurso ante el parlamento alemán. Se trataba de las relaciones entre ley y moral. El contrapunto elegido por el Papa no tenía nada de casual, se trataba del pensador más influyente en el derecho occidental en los últimos 100 años. De acuerdo con Kelsen, el hombre no es libre, está sometido a la causalidad física, que presenta cadenas infinitas; además, la ciencia del derecho se refiere al hombre como cosa susceptible de ser imputada “arbitrariamente” por alguna ley. Como la ley es producto de catos humanos, no es “arbitraria” en realidad, ya que no tenemos arbitrio, por supuesto, pues nuestros movimientos son productos de cadenas causales infinitas y yo no estoy escribiendo, sucede que hay un pedazo de materia que, por cadenas causales infinitas, está oprimiendo pedazos de otro trozo de materia, que, por una convención, que no deciden, sino que sucede, de la misma manera, a otros pocos de materia, llamamos computadora. La “convención” es llamada lingüística, por otra “convención”… y así al infinito… Claro, es muy científico decir todo esto, esto es ciencia, ciencia del derecho, además; como lo es que el hombre es un rematado egoísta y que debe dejar de ser interpretado como si fuera hombre, es decir, antropomórficamente. A esto se enfrentaba el Papa, éste es el pensador más influyente de los últimos 100 años… de revolución oscura, porque Kelsen, hermanitos, es pura revolución: Kant, Marx, Comte, Nietzsche están plenamente representados en su síntesis. Él es el pensador más influyente, sin duda alguna, en el derecho venezolano. Según él, la ley se debe cumplir, por una categoría kantiana, que es, vista en el espejo, la hipótesis básica de la ciencia del derecho y la piedra angular del sistema jurídico. Él tiene toda una explicación respecto el origen de las patrias, muy distinta de la que di en el artículo anterior. Hay que verla, porque, cuando un revolucionario habla de Amerindia, habla como los bobos, sin pensar en fundamentos y lo hace, para colmo y como vimos, de manera muy inciherente: nos constituimos en la independencia, nos constituimos en la prehistoria “indígena”, somos indios y “progresistas-pseudoilustrados”… y paremos de contar.

Así, pasando al meollo del asunto, según Kelsen, la comunidad política se constituye al ser dictada, por el vencedor de la última revolución (no busques una particular, se trata de la última, en general), una Constitución, en el sentido –valga la redundancia– del constitucionalismo occidental moderno, pues los súbditos del Estado se adhieren al ordenamiento del vencedor. Para Kelsen, pues, la comunidad no se funda en una sustancia social vinculada a lo divino, la justicia y la verdad; se funda en un hecho “físico”, como la revolución; uno azaroso, como la victoria de los revolucionarios; y otro que es mezcla de “física” y azar: la “eficacia” del régimen, más bien, de las leyes positivas dictadas. Mas, en último término, la base de todo, como dije, es una hipótesis “científica” que, siendo reconocidamente irreal, delega en el ordenamiento eficaz la necesidad de que sea cumplido, le presta el rasgo categórico del deber. Veamos si es verdad que la comunidad se “constituye” de tal modo.

Consideremos ejemplos adecuados. El caso de Venezuela es perfecto. Cuando lo que ocurre es una declaración de independencia puede parecer que Kelsen está en lo correcto. Pero el asunto no es tan sencillo. Venezuela se constituyó como unidad política, más allá de la antigua provincia de Venezuela, cuando fue creada la Capitanía General, en 1.777. Luego obtuvo su independencia, en 1.810; más tarde, cuando se formó la Gran Colombia, era sólo una parte de esa totalidad; y, en 1.830, fue cuando definitivamente se estabilizó como entidad independiente.

Ahora, las instituciones civiles que daban cierto sentido a la vida republicana, en la época posterior al pacto Pombo-Michelena (por el que, después de dividida la Gran Colombia, Nueva Granada, la actual Colombia, y Venezuela, se dividiera el territorio de aquella entidad, entre éstas), venían, mayoritariamente, de tiempos anteriores a la Capitanía General: las ciudades son casi todas de los siglos XVI y XVII, aunque también del XVIII; las Universidades, de Caracas y de Mérida, de 1.725 y 1.793, respectivamente; el seminario, del siglo XVII, aunque la cédula que lo creaba la firmó Felipe II, en 1.593, a pedido del enviado a la Corte Simón Bolívar; una cierta conciencia de unidad de la población (que fue el caldo del que surgió el mito de la unidad nacional, que mantuvo a la República unida, cuando nada más podía hacerlo, en el desbarajuste del siglo XIX, hasta la tiranía de Gómez, que al menos esto tuvo de benéfico), de la lucha contra los piratas, desde el siglo XVI al XVIII como dice Mario Briceño Iragorry, en Tapices de historia patria; el regionalismo, que después fuera el fundamento psicológico que prestaba racionalidad a los movimientos federalistas; los cabildos; la Iglesia; las instituciones educativas inferiores; los hospitales; los pueblos de misión, etc. Todas estas instituciones clave en el siglo XIX y, la mayor parte de ellas, todavía hoy, tienen su origen en el período hispánico. De modo que, a pesar de la Independencia y del nacimiento de la República, tan importante para todos los venezolanos hasta nuestros días, es decir, a pesar de esos hechos, que tienen virtud constitutiva, sin duda, el país no se entiende sin revisar lo que de constructivo tuvo la Colonia. La leyenda negra, tan preponderante, al menos, en la historia popular, por regir la historia de los programas de bachillerato, es el grave defecto de nuestra historiografía, que no permite que nos entendamos y que comprendamos nuestra institucionalidad civil y su sentido.

Así es, pues, como se muestran, desde un punto de vista, inadecuadas las hipótesis de Hans Kelsen sobre el tema de la constitución de una comunidad. Pero el ejemplo venezolano da para mucho más. Desde 1.811 hasta hoy, en nuestro país ha habido un número importante de revoluciones, muchas de las cuales han tenido éxito y han dictado nuevos ordenamientos jurídicos, al menos parcialmente, pero con la importante particularidad de que han dictado constituciones. Así, si Kelsen tuviera razón, la historia de Venezuela, hoy en día, tendría que reducirse a lo que ha sucedido de diciembre de 1.999 hasta hoy; y sus antecedentes remotos se situarían en la sentencia de 19 de enero de 1.999, que abrió el camino al proceso constituyente de ese año, y al decreto de 2 de febrero de 1.999, que lo inició efectivamente. De esa manera, por ejemplo, no podríamos entender las razones de que en nuestra academia domine de manera muy importante el positivismo cientificista, pues las causas de esto se remontan a la reforma que de la Universidad de Caracas (hoy Central de Venezuela) hiciera Antonio Guzmán Blanco (presidente de Venezuela de 1870 a 1887, sin contar que, habiendo ganado la Guerra Federal, dirigió al país desde 1863, mediante sus marionetas Juan Crisóstomo Falcón y Linares Alcántara). Y, por tal razón, perderíamos buena parte del sentido histórico de la aceptación de la obra del mismo Hans Kelsen en nuestro país.

Así, que alguien me explique, de Venezuela, de Chile, de cualquier país hispanoamericano, de Méjico (que veremos en el próximo artículo junto a Polonia) cómo es que somos indios y occidentales a la vez, sin ser españoles, siendo el caso que los españoles lo que representan en la historia es una invasión usurpadora, digna de todo denuesto, por demás… Puro oscurantismo revolucionario, estupidez brava, increíble, impresionante, la de los que escupen para arriba y mean contra el viento… La única respuesta es la sabiduría, la sensatez, el amor propio que impide toda traición: LA REBELIÓN DE LA ESENCIA…

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