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Bert Schneider, ganador del Oscar, y el comunismo hollywoodense

Bertie gana el Óscar por Hearts and Minds y da su gran discurso, oda a la lealtad y la piedad: pura virtud

Bertie gana el Óscar por Hearts and Minds y da su gran discurso, oda a la lealtad y la piedad: pura virtud

Cuando Hollywood estaba de capa caída, salió Bert con Easy Rider, ícono de la contracultura y, convirtiéndose en un huracán, llevando consigo a Nicholson, Polanski, Brando, Peter y Jane Fonda, Dennis Hopper, Bob Rafelson, Candice Bergen, Warren Beatty, Shirley MacLaine, Leonard Bernstein, siendo el brujo que, con su baile, trajo la lluvia de dólares, parió al “New Hollywood”, un hito en la historia de la “Meca del Cine”. Infinidad de veces, yo uso a James Cameron y Steven Spielberg, por ejemplo, para mostrar rasgos del Hollywood de hoy. Son tan representativos, que nadie puede dudar de que sus tiros sean tiros de “The Industry”. Si ves a esos monstruos que rodeaban a Schneider y vivían “al calor de su llama”, te darás cuenta de la trascendencia de Bertie: sin dudas, es un grande de Hollywood de todos los tiempos. Eso sin contar que su papá, Abraham, Abe, fue presidente de Columbia Pictures y él es EL FRUTO de su padre. Con Schneider, pues, podemos rastrear un poco de la historia de Hollywood, un poco de su traición a los Estados Unidos, un poco de su traición a la humanidad, un poco de su ser revolución pura.

Veamos, Bert Schneider, fue el financista principal de The Black Panthers Party (BPP), de Huey Newton, Eldridge Cleaver y compañía. El Eldridge Cleaver que aseguraba que el acto más importante de liberación negra era violarse a una mujer blanca, seguido de matar a un policía (aunque fuera negro, como muestran los hechos). El Newton que mató al policía de Oakland John Frey, el 17 de octubre de 1.967, a sangre fría y a muchos más; el traficante de droga, el que extorsionaba comerciantes y tenía mujeres trabajando de prostitutas para mantenerlo y pare de contar. Bertie, de hecho, encubrió a Newton, lo alojó, cuando estuvo fugitivo, le proveyó transporte y manutención, cuando estaba on the run. Cuando Newton mató a Frey, cuando fue preso, Cleaver y Schneider le organizaron la defensa, legal y de RRPP. Siguieron siendo amigos, incluso aunque Newton se jactara de haber matado a esos policías a propósito y aunque dijera con desprecio que no se arrepentía ni sentía ningún remordimiento…

Se preguntarán: ¿Qué une a un blanco rico de Hollywood a un nacionalista negro Black Power? Bueno, que el negro Black Power no era, precisamente, un nacionalista; sino un extremo comunista: “Bert Schneider craved rebel cachet, Huey Newton his cash. The very Hollywood tale of the producer and Black Panther”: “Bert Schneider anhelaba el cachet de rebelde, Huey Newton, su dinero” (http://www.salon.com/2012/06/09/true_hollywood_story_the_producer_and_the_black_panther/). ¡¡¡JÚRAMELO!!! No hace falta, manito, lo puedes ver en wikipedia, si quieres, si no crees en mi palabra, en la del artículo que cito y en absolutamente todo el mundo; lo que no vas a encontrar ahí es la asociación Schneider-BPP.

Pero el carácter revolucionario y traidor de Hollywood, que puede mostrarse a cada paso que da, es más que evidente en el incidente que voy a relatarles, luego de una introducción necesaria. Una vez, vi a un soldado gringo, que había estado prisionero en Vietnam, que fue torturado por el Vietcong hablar en un programa televisivo. Es muy raro, pues los veteranos de Vietnam no tienen mucha cabida en “The Industry” o en tv gringa, manejada también por gente de la misma ralea. Por supuesto, estaba hablando en EWTN, de ahí la rareza. Hablaba de su conversión al Catolicismo, luego de la experiencia bajo los virulentos comunistas. Hubo algo que me llamó mucho la atención. A él lo que más le dolió fue que los “charlies” le aseguraban que Estados Unidos los acababa fácilmente, pero que tenían la guerra perdida (los gringos) a causa de la traición que tenían adentro: los comu-hippies. Dentro de este marco sucede un hecho trascendental en la historia de “The Industry”, del cine hollywoodense, y de la humanidad: la entrega del Oscar de 1975. Bertie ganó por el documental Hearts and Minds (1.974), sobre la guerra de Vietnam. Ganó semejante malandro, que daba, a diestra y siniestra, cheques por 10 mil dólares a las Panteras Negras. Ganó este miembro del jurado del festival de cine de Moscú del mismo año. Uno se pregunta, entonces, por el verdadero sentido de la Guerra Fría. Uno se pregunta, con Voegelin, cómo se puede ser tan estúpido como para entregarle mucho más de medio mundo a los bolcheviques, cuando todavía era un paseo acabarlos, en los años 40 y principios de los 50. Uno se lo pregunta, porque, si hay algo muy cierto, es que los gringos no tienen nada de gafos (en venezolano, tontos, quedaos, lentos, espesos); no ésos, que mandaron a Caracas a un señor Voght como delegado a la reunión de la Liga de las Naciones a decir que estaba bien la guerra, la contracepción y el aborto, “porque en el mundo sobran un tercio de las bocas” (Mario Briceño-Iragorry, Aviso a los Navegantes). Pero la cosa no queda, para nada, en el otorgamiento del premio, no en 1.975, no en el año en que la Guerra de Vietnam fuera ganada por los hippies, aunque éstos estuvieran ya de retirada de la escena, quedando más la resaca.

La Guerra no la gana el Vietcong, la ganan los hippies, no se olvide, o la alianza de los vietnamitas y los gringos traidores. Eso iba a tener su poeta, según el dicho griego: “no hay héroe sin poesía heroica”. Bertie era el poeta; la entrega del Oscar era la ocasión. A uno le da risa: la ceremonia de los óscares siempre ha sido un espectáculo, con su toque de farsa: a lo Sofía Loren siendo la encargada de darle el Óscar de mejor película a La Vita e Bella y a Benigni: “¡¡¡Roberrto, ganaste!!!”, muy sorprendida… Así llegó el “discurso” de agradecimiento de Bert Scneider: leyó un telegrama de los negociadores de la Paz en Vietnam que estaban representando a Ho Chi Minh en París, un telegrama en el que agradecían a todos los “pacifistas gringos”, liderados por el Hollywood de Bert Schneider, “por todo lo que han hecho por la paz. Saludos de amistad a todo el pueblo Americano” (“for all they have done on behalf of peace. Greetings of friendship to all American people”). Antes de leer el telegrama, dijo que “es irónico que este premio llegue en momentos en que Vietnam obtiene su libertad”…

Frank Sinatra reaccionó, dijo que, por supuesto, ésa no era la postura de “The Industry” y de “La Academia”. Pues estaba muy equivocado. Bert Schneider era el representante de las posturas de esas asociaciones, como estaba por averiguar ése sobre el que “raindrops fall on his head” pero no llora, puesto que “I’m not supposed to stop the rain by complainning; because I’m free”. Un verdadero e indiscutible representante de Hollywood, Warren Beatty, una de las personas más premiadas y celebradas de aquella comunidad, le salió al paso, acompañado de otra que puede decirse que es su par, su hermana Shirley MacLaine, y lo acabó: cállate, “viejo republicano”. Ése fue el grito de esa persona que ha sido el único “artista” que ha sido nominado como actor, guionista, director y productor por una película, en dos oportunidades (Orson Welles lo hizo una vez: por ciudadano Kane).

Bertie tuvo su defensa, no tuvo que moverse, para eso tenía un lacayo, 15 veces nominado al Oscar. Beatty recibió esa múltiple nominación por dos películas: Heaven Can Wait y Reds. Reds, Rojos (como en: “COMUNISTAS”), hace que aparezca, de nuevo, la Guerra Fría. Es sobre el partido comunista gringo y la revolución bolchevique; actúan, qué raro, Beatty, Nicholson y Diane Keaton. La vi hace muchos años. Pero lo que más recuerdo es a Keaton, pidiéndole ayuda a Nicholson para tal necesidad, y comentándole sobre la revolución y “el hombre nuevo”, su tono histérico, extático, aunque diabólico: “todos están contentos, toda la gente es mejor, todo es bello, ya no hay pecado ni envidia”, algo así. A lo mejor, el personaje representado, Louise Bryant, se sentía así, a lo mejor Keaton creía en eso, con un poco de carga sexual incluida… en ambos casos: ¿no es una suspensión de todo orden la revolución? ¿No es verdad que, al suspender lo que no se puede suspender, lo primero que aparece es las pasiones bajas? Keaton, esa reina de El Padrino, no podía no ser revolucionaria años 60; Louise Bryant, comunista, anticristiana y feminista radical, era amiga de Alexandra Kolontai, quintaesencia de la rusa bolchevique-feminista liberada… La película es de 1.981, ¿qué pasó, ya los EEUU no estaban en guerra con Rusia, ya no había espías, infiltrados, saboteo, traidores [como los esposos Ethel y Julius Rosenberg, entre muchos]?

Uno puede darse una idea del compromiso hollywoodense, viendo a Roman Polanski, abusador de menores, perpetrando sus fechorías casa de Jack Nicholson, on the run, y convertido en víctima por Hollywood; y está más claro, cuando uno ve las películas satánicas de Polanski: el bebé de Rosemary y la última puerta, sobre todo el primero, gran ícono hollywoodense. O a la misma Shirley MacLaine comprometida en el comunismo y en el new age, de manera macha. Su compromiso con la revolución sexual y su virulencia anticatólica. O se puede citar su apología y promoción de los ESTUPE-FACIENTES.

Así nos vuelve a aparecer Bertie, que en paz descanse el pobre desgraciado, que Dios haya tenido misericordia de este malvado. Bertie fue todo eso… hasta el fin de su vida. Yendo a fiestas drogado hasta las medias, con pollitas más jóvenes que sus nietas. Éste es Bertie, representante de Hollywood, aunque Frank Sinatra no se hubiera enterado. Bertie el comunista, amigo de new agers, drogo, revolucionario sexual, que apoya a Ho Chi Minh y a Huey Newton, por sobre el país en el que nació, creció e hizo toda su vida y por sobre sus leyes. Pura revolución, representante de Hollywood.

Ojo al ver las películas. Son magos de esconder el mal, tras efectos especiales y sandeces pseudorománticas o pseudoheroicas o pseudolibertarias. A la rebelión, a estudiar, para ganar en mentalidad crítica. A ser libre de verdad y no  borregos. A la rebelión, la única verdadera, la rebelión de la esencia…

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